Recorría los pasillos como alma en pena, ya hacía bastante que la torre del reloj había marcado el toque de queda, se detuvo frente a una ventana en forma de arco en una torre que no recordaba haber visitado antes, el viento entrante secaba las lágrimas que se derramaban de sus ojos azules. Esa tarde había ido a visitar a su Rorro en la enfermería y la perra de Granger estaba a su lado, y él en su inconsciencia había llamado a Hermione y no a ella, a Ella que se preocupaba por él, que lo había acompañado en forma incondicional donde él quisiera ir, acaso a Granger no le bastaba con tener a Krum y a Harry, quería a su Rorro también...

Se había perdido la cena, tampoco había vuelto a los dormitorios para no tener que encontrarse con nadie, a cambio se había dedicado a vagar por el castillo hasta llegar donde se encontraba ahora, cuando una voz grave y profunda la sobresalto

-Señorita Brown puede explicarme qué hace a esta hora rondando en los pasillos-

Snape había tenido un día de mierda, el chico Weasley había encontrado la manera de tragarse unos chocolates con amortencia, que ni siquiera eran para él; y Slughorn en su infinita sabiduría casi lo mata con un trago envenenado. Por Merlin darle alcohol a menores de edad, en que estaba pensando; y de no ser por el maldito Potter que de alguna manera se le quedó en su cráneo de Gryffindor, para que sirve un Benzoar, el pelirrojo estaría muerto.

Además había tenido que preparar las pociones para evitar daños duraderos en la cabeza de incendio, como si hubiera algo que salvar en ese cerebro y tuvo que ser él, porque Slughorn el actual "Maestro" de pociones estaba demasiado asustado para servir de algo. También había tenido que acompañar a Albus a dar la noticia a los Weasley mayores, asegurándoles que su precioso retoño se pondría bien; motivos por los cuales se había perdido las comidas del día, y los elfos a los que les había prohibido la entrada en sus dominios, llámense laboratorio, dormitorio o sala de estar, ya que prefería encargarse el mismo de sus propios quehaceres, le habían bloqueado la entrada a las cocinas, por lo que no había probado bocado en bastante tiempo, aparte de los dos últimos dulces que le quedaban de su último viaje a su ciudad de origen; y ahora se encontraba haciendo las rondas que Slughorn no podía hacer debido a su condición abatida.

Vago por los pasillos sin preocuparse mucho por revisar los armarios, nichos y lugares oscuros, por hoy los malditos mocosos podían irse al infierno si es lo que querían, que después se ocuparán de las pequeñas consecuencias. No se molestó en apagar su varita o en silenciar sus pasos, era mejor que huyeran, por que si atrapaba a alguien le quitaría todos los puntos de la casa, incluso si era un Slytherin, oyó los susurros y los pasos de los que se alejaban de él, hasta que el completo silencio se hizo en los pasillos, decidió terminar sus rondas pero antes se dirigió al lugar que había encontrado en su juventud, un corredor perdido en la parte más antigua del castillo cerca de la torre del reloj donde las aulas vacías, hace mucho en desuso hablaban de tiempos en que la cantidad de magos y brujas era mucho mayor.

El final del pasillo terminaba en una ventana donde se veían los terrenos de Hogwarts, pero no estaba sola, recargada en la repisa, una joven de largas piernas que no pudo evitar mirar, mostraba la mayor parte de sus muslos, ya que aquello que tenía puesto apenas tenía el derecho de llamarse falda, no llevaba túnica y dudaba que fuera el uniforme lo que portaba. Se acercó un poco más y unos suspiros ahogados indicaba que estaba llorando, nunca había sido bueno consolando a nadie menos aún a su madre que se escondía de él para que no la notara, no sabía porque pensaba en esto ahora, definitivamente había sido un mal día.

Al acercarse más pudo reconocer los rizos rubios que brillaban bajo la luz de la luna

-Señorita Browm, puede explicarme qué hace a esta hora rondando por los pasillos-

Lavender se dio la vuelta; sus ojos azules, rojos por el llanto de toda la tarde, sus mejilla cruzadas por las lágrimas, sus labios carnosos, azules por el frío que entraba por la ventana, apenas tenía una blusa blanca que bien podía llamarse transparente, dejando ver su brasier de un rosado similar a su piel...

Snape no prestaba demasiada atención a los primeros años, a no ser que se destacarán por algo, o fueran realmente buenos en su clase, y los dos o tres primeros ensayos que que le presentó esta bruja fueron... Aceptables, pero luego prefirió la popularidad al cerebro. Distraído en sus pensamientos solo pudo preguntar

-¿qué le pasó Señorita Brown?-

-yo profesor, es que- ella bajo la voz

-Wesley- respondió Snape con un suspiro sufrido, mientras cerraba los ojos y se tocaba el puente de su gran nariz.

-Siii él es mi novio y prefiere a esa come libros de de Granger y...

-ahorreme las explicaciones- la interrumpió antes de que continuará con sus chillidos - yo no soy su paño de lágrimas y no veo porque tenga que llorar por la zanahoria con patas, solo veo otra chiquilla de Gryffindor, que cree que por ser bella se puede comer el mundo y olvidar que tiene cerebro, piense Señorita Browm antes que sea demasiado tarde, no es la primera vez que la encuentro a deshoras en los pasillos y en actividades poco académicas, aunque es la primera vez que la encuentro sola, vaya a su torre y preocúpese de sus estudios, sé que tiene suficiente cerebro para destacarse tanto como sus compañeras-

Lavender miró a Snape, quizás por primera vez, ojos oscuros con intensa mirada que penetraba el alma, sintió el tono apasionado en su voz mientras le hablaba, como una caricia que recorría su piel con sus palabras. ¿acaso le había dicho que era inteligente y capaz? Nadie le había hablado así antes. Rodeo al mago oscuro que no se movió ni un ápice, su largo cuerpo, su olor a plantas a menta, a algo dulce que no supo identificar, el corredor era estrechó y el ocupaba la mayor parte, pasó rozando sus pechos contra el cuerpo de él, mientras se perdía en los pozos profundos que eran los ojos de Snape, dio dos pasos alejándose de él sin dejar de mirarlo, se volteó y ya iba a echar a correr cuando su voz la detuvo

-y Señorita Brown-

-sí Señor-

-30 puntos menos de Gryffindor-

Esa noche Lavender Brown, soñó con manos de largos dedos que recorrían cada palmo de su cuerpo, rozando sus pezones, deslizándose por su vientre, enterrándose entre sus piernas, girando el punto de su cuerpo que hace que la conciencia se pierda, haciéndola gemir hasta perder la voz. Se despertó temblando, empapada en sudor, su corazón latiendo tan fuerte que podría jurar que sus compañeras de dormitorio podían oírlo...

Al llegar a las mazmorras Snape se desplomó en su sillón favorito junto a la chimenea -incendium- apuntó su varita y las llamas surgieron; entre las sombras danzantes, en los pensamientos de Snape se colaron rizos dorados, ojos azules, pechos firmes, piernas largas, muslos que deseaba tocar, entre los cuales quería enterrarse, piel suave entre sus dedos, gemidos en sus oídos y aroma al sexo de una mujer en su nariz. Así lo encontró la mañana todavía en su sillón y con un duro problema más abajo de su vientre del que tenía que hacerse cargo inmediatamente.

Lavender llegó temprano al desayuno, no pudo evitar mirar la mesa en el frente, buscando una figura oscura que no estaba presente.

En la primera clase trato de concentrarse mientras que su amiga Parvati Patil le contaba los últimos chismes, harta del parloteo, se levanto de su puesto y se sentó junto a Granger, que como en la mayoría de las clases se sentaba sola -como esta Ron- le preguntó.

Hermione sorprendida le respondió educadamente - mejor, Harry está con él, tal vez más tarde le den el alta de la enfermería-

-Gracias Granger, espero no te moleste si trabajo contigo- la miro con grandes ojos y arrepentimiento en su voz

-Hermione, ese es mi nombre, llevamos suficiente tiempo compartiendo dormitorio como para llamarnos por nuestros nombres- Lavender acepto gustosa la rama de olivo que le ofrecía Hermione.

En el receso entre clases, conversaron largo y tendido sobre lo que pasaba entre ellas, de Ron le dijo que solo eran amigos y que si bien en algún momento le había interesado, consideraba que era demasiado inmaduro para ella, Lavender le dijo que ella era consciente que Ron había comenzado con ella para darle celos a Hermione, pero realmente se había apegado a el, ya que se sentía bien que alguien se preocupara por ella, pero reconocía que Ron era un imbécil por utilizarla.

En la clase de pociones se sorprendieron al encontrar a Snape, al parecer Slughorn, no se encontraba bien, tuvieron que trabajar en grupos de a uno por lo que pudo concentrarse en ver al profesor de pociones y pensar en las diversas posiciones en las que se lo podría encontrar mientras se lamia los labios.

Snape no pudo evitar mirar a la bruja rubia, aunque tenía bien puesta su túnica, no dejaba de pensar en lo poco que llevaba puesto la noche anterior, se encontró con sus ojos y aquella forma en que lo miraba como si quisiera comérselo ¿cuándo había sido la última vez que una mujer lo había visto de esta manera? La respuesta era Nunca. Pero esta pequeña mujer, porque ya no era una niña, se lo estaba comiendo con los ojos y sin el menor atisbo de vergüenza.

Al salir de clase Hermione se unió a ella -te gusta gusta el profesor Snape- le preguntó de repente

-¿Snape?- solo pudo atinar a decir

-creo que hay más en él de lo que deja ver- continuó divagando Granger -si pudiera acercarme, no dudaría en hacerlo, creo que es muy inteligente y tiene una gran colección de libros-

-¿libros?, como sabes eso Hermione

- bueno, puede que me allá perdido en las mazmorras en mi tercer año y accidentalmente entre a su sala privada- respondió Hermione mientras se miraba las manos

-¿accidentalmente, Hermione?- preguntó Lavender

-puede que haya necesitado unos ingrediente del almacén de pociones y accidentalmente- enfatizó -encontré la entrada a su sala de estar-

- ¿y sabes cómo entrar?- preguntó la rubia mientras formaba una idea en su cabeza

Hermione se limitó a responder con una sonrisa cómplice.

~~~~~~~~

Durante la semana Lavender observó al profesor de defensa, no sólo en sus clases, también durante las comidas en el gran salón y en cada momento en que lo podía encontrar, caminando en los pasillos, leyendo en la biblioteca, pudo verlo varias mañanas dirigiéndose muy temprano al despacho del director con algunos frascos de pociones.

Snape no pudo olvidar a Lavender desde la noche que la encontró en el pasillo, sus piernas, sus muslos, las piedras de sus senos que resaltaban en la delgada blusa. Cuantas mañanas se había despertado imaginando el sabor de su piel, el olor de ella que persiguió al pasar a su lado.

Habían pasado meses si no años, desde la ultima vez que sintió el calor de una mujer, junto a su cuerpo, rodeando su miembro. ¿Cuánto tiempo? Desde mucho antes que al maldito señor oscuro se le ocurriera volver... Y ahora, esa encantadora bruja no hacía sino aparecerse en sus pensamientos; en sus clases había optado por sentarse en los puestos de adelante junto a la Señorita Granger y justo frente a él en gran comedor. Se la encontraba en los pasillos, el la biblioteca, por Salazar como si alguna vez antes visitará esta dependencia de la escuela, la maldita chica tenía la sutileza de un dragón y así le era imposible dejar de pensar en ella.

Lavender esperó pacientemente una oportunidad para llevar acabo su plan y cuando se presentó no dudó en ejecutarlo, sabía que el profesor había salido del castillo e iba a esperarlo...

Esta había sido una noche particularmente desagradable para Severus Snape, la serpiente bípeda lo había llamado y al no recibir noticias nuevas sobre los planes de la orden del pollo de fuego, le había recordado su deber con un par de crucios y luego lo había despedido. Fue derecho a su antiguo vecindario a provocar a algunos muggles ebrios en el pub local.

Ahora solo quería llegar a sus habitaciones, acostarse y ojalá no despertar jamás, pero primero tendría que pasar por el almacén de pociones para contrarrestar el cruciatus.

En su sala no tenía mucho, un sillón junto al fuego en el que acostumbraba a leer, estantes de piso a techo que ocupaban dos paredes de la habitación, se encontraban llenos de libros y algunos valiosos ingredientes de pociones que no dejaría en el almacén para que desaparecieran misteriosamente y un escritorio donde calificaba lo que los estudiantes osaban llamar ensayos.

Su mirada se detuvo en su escritorio, en unas piernas bien formadas mostrando la mayoría de su suave piel, más arriba unos generosos pechos que amenazaban con escapar de su estrecha blusa y por lo que veía no llevaba sostén, y una sonrisa de labios rojos con un chupete en la boca complementaban la imagen

-qué demonios hace...- Snape no alcanzó a terminar la frase, cuando la bruja rubia salto del escritorio y lo jaló sentándolo en el lugar que ella ocupaba antes

- ¿profesor que le pasó?- preguntaba mientras sacaba su varita y empezaba a curar los cortes que tenía en sus pómulos, nudillos, cejas y nariz.

Snape sorprendido por la acción se dejó hacer -no sabía que sabía usar una varita más allá de los encantos de belleza Señorita Brown-

-Lavender profesor, y ya que ha estado comiéndome con la mirada la última semana, bien podría llamarme así y mi tía es medí maga y me ha enseñado curación en los veranos desde que tengo una varita y por cierto estas heridas no fueron infringidas con magia.

Snape sintió la magia de la chica mientras lo curaba, fuerte, poderosa, estaba segura que ni ella misma era consciente de ello, ciertamente la subestimaban, parecía que nadie más veía más allá de su exterior.

-Señori- unos ojos azules lo desafiaron con la mirada - Lavender creo no soy el único con una mirada hambrienta esta semana y tiene razón, no son heridas por hechizos...

Lavender se coló con ayuda de Hermione, en la sala de Snape a través del almacén de pociones; en la puerta Hermione vio los estantes llenos de libros y suspiro con anhelo, luego se dio la vuelta, puso su mano sobre el hombro de Lavender le dio un leve apretón y salió del almacén de pociones.

La bruja rubia se quitó su túnica y se acomodó en el escritorio frente a la puerta por lo que ella sería lo primero que viera, cuando oyó sus pasos se acomodó en la pose más sugestiva que podía pensar, se sentó de perfil sobre el escritorio, dejando que su corta falda se deslizara hasta no cubrir casi nada, puso su mejor sonrisa y un chupete en sus labios y cuando la puerta se abrió esperaba encontrar la figura del imponente profesor, pero encontró un hombre algo golpeado, su ropa desgarrada en varios lugares y su rostro cansado, como si llevara el peso del mundo sobre él. Salto del escritorio y no lo dejo continuar con la frase a la que no presto atención, sacó su varita del dobladillo de su falda y empezó a curar sus heridas, cuando no quizo usar su nombre, lo desafío con su fría mirada azul y él claudicó.

-Lavender- su nombre en su voz como un susurro que acariciaba su piel la hizo temblar

-tiene razón profesor, tal vez lo haya estado mirando un poco más de la cuenta- la chica que hasta el momento había tenido su colombina el la boca, la saco y la pasó por los labios de Snape, empujo un poco hasta que él abrió su boca y la saboreo, luego se la quitó y la llevo a su propia boca -tal vez quiera un poco más profesor, sabe mejor en mis labios-

Snape sentado en su escritorio vio la sonrisa que le brindaba la chica, que carajos, suficiente se había jodido en los últimos años y lo que le faltaba por venir. La atrajo hacia el entre sus piernas y con una mano amasó sus nalgas, mientras que con la otra quitaba el caramelo de la boca de ella, la acercó y probó sus labios con los suyos, saboreando con su lengua el dulce de cada rincón de su boca, cuando un gemido salió de Lavender el la apartó un poco, para luego pasar el dulce aún húmedo que tenía en su mano, por el cuello de la chica, deslizarlo por su clavícula y llevarlo entre sus pechos; se acercó a la bruja de ojos azules y con su boca y lengua siguió el dulce camino hasta llegar a sus senos, levantó su rostro para ver el sonrosado de ella y sentir cómo temblaba bajo su toque, una risa malvada afloró en sus labios y mientras Lavender se sostenía de las piernas de Snape , el paso un dedo por el,frente de su blusa y los pocos botones que la sostenía desaparecieron, dejando visibles sus senos, le dio nuevamente la colombina a probar a Lavender para luego pasarla por sus senos y sus pezones y proceder a probarlos; se dio la vuelta con Lavender en sus brazos y la acostó en su escritorio sin dejar de pasar la lengua por sus duros pezones y chupar sus senos hasta hacerla gemir -Más Snape por favor- deslizó su boca hasta llegar a su ombligo, subió sus manos por la suave piel de sus piernas, colocándose entre ellas, levantó su falda hasta revelar su ropa interior color verde que deslizó fuera de ella y luego guardo en su bolsillo, pasó sus manos por los muslos de la bruja sintiéndola temblar, bajo su rostro entre sus piernas y con sus dedos apartó los rizos rubios para abrir los los labios y pasar su lengua por su punto central.

Lavender no pudo evitar gritar, aferrando sus manos en el borde de escritorio, nunca en su vida había sentido algo así, ella había dado placer a los chicos con los que había salido, lo sabía porque habían vuelto a buscarla, pero ninguno le había devuelto el favor, ni si quiera sabía que era posible sentir tanto placer. Sintió los ágiles dedos de Snape en sus pezones, mientras su experta legua giraba su clitoris hasta que pudo tocar las estrellas con sus manos como si se saliera del cuerpo...

Snape la vio tendida en su escritorio, sus pechos al aire, sus piernas abiertas y una fina capa de sudor en su piel y sintió su miembro erecto rogando por salir.

-Señorita Brown, está a tiempo de irse si quiere, piénselo bien porque luego no abra marcha atrás...-

Brown se levanto del escritorio, miro el rostro del mago, sus ojos brillaban como llamas negras, su respiración entrecortada y su obvia erección pidiendo ser liberada.

- llámeme Lavender o Lava si lo prefiere y quiero todo de usted profesor.-

Severus no lo pensó dos veces, se acercó a Lavender, desabrocho su pantalón dejándolo caer al suelo, bajo sus calzoncillos negros y se enterró en el caliente cuerpo de la bruja que lo esperaba.

Los ojos de Lavender se abrieron al verlo pero no tuvo tiempo de pensar cuando lo sintió dentro de ella llenándola completamente, salió de ella para volver nuevamente, llevo sus dedos a su centro de placer mientras con la otra mano amasaba sus senos, enterró sus propias manos en los glúteos de él para no perder el contacto, pudo sentir como el placer la invadía nuevamente...

Snape sintió la magia saliendo de ella invadiéndolo, acariciándolo, era como si nadie la hubiera tocado antes y todo ese poder se lo estaba entregando a el, decidió corresponderle y dejó que su propia magia la bañara, haciendo que cada terminación nerviosa de la bruja de ojos azules explotara de placer.

Severus se derramó dentro de ella dejando caer su cuerpo sobre la chica.

Mientras Lava envolvía sus brazos alrededor del cuerpo de el, apretándolo contra ella, no queriendo dejarlo ir. Granger tenía razón, en Severus Snape había más de lo que dejaba ver.

Snape se incorporó un momento después, dejando a Lavender incapaz de moverse de su escritorio, no volvería a calificar un trabajo sin pensar en ella tendida en el.

Se arreglo su ropa y camino hacia un estante tomando un frasco lila de una caja de pociones, se volteó a mirarla y seguía en la misma posición -Lava, confió en que sepa cuidarse, sin embargo nunca ha ido a la enfermería por esta poción-

Ella escuchó como la llamaba y se le calentó la sangre, volvió a mirarlo para ver el pequeño frasco que le mostraba -mi tía me las suministra, la tomo puntualmente todos los meses-

Snape dio un paso hacia ella -no es que no confíe en su tía, pero prefiero que siga tomando las pociones que yo preparo, si esta situación va ha repetirse-

Lava estiró su brazo, esperando recibir el frasco en en su mano, pero él se acercó a ella y lo sostuvo en sus labios mientras ella bebía el líquido algo espeso y de sabor agradable, mucho mejor que el que le daba su tía, una gran sonrisa iluminó su rostro que le transmitió a Severus todo lo que sentía.

Snape no acababa de llegar al estante a devolver el frasco, cuando las llamas de la chimenea se volvieron verdes y la cabeza de Albus Dumbledore seguido por todo su cuerpo atravesó la red flu, rápidamente voltio a ver su escritorio donde no quedaba ningún rastro de la bruja medio desnuda que se encontraba en el.

-Albus que te trae por aquí esta noche- Severus se dirigió a su sillón junto al fuego y le ofreció una pequeña e incómoda silla que tenía reservada para sus "invitados" inesperados.

Dumbledore se sentó en la pequeña silla, pudo haberla transfigurado pero su magia no atravesaba el mejor momento -fuiste convocado, y hace ya un tiempo que regresaste al castillo y...

- y no te he dado mi informe- lo interrumpió Snape

- solo quería saber cómo estabas, si estabas herido...-

- no hubo mayor daño- le dijo a Albus mientras se aseguraba de mantener la la atención del mago mayor sobre él. -solo quería saber los planes de la orden, y al no poder decirle nada nuevo me recordó cuál era mi deber-

-Bien muchacho, no creo que tenga que recordarte tu deber para conmigo, sabes lo que debes hacer cuando llegue el momento-

-por su puesto Albus, como podría olvidarlo- Snape cerró los ojos y recargo su cabeza en el respaldo de su sillón.

-es necesario Severus, es por un bien mayor-

-es tiempo que te retires Albus, es tarde quiero descansar y tú deberías hacer los mismo-

-yo ya no tengo remedio muchacho- lo decía mientras levantaba su brazo dejando ver su mano marchita, a la vez que descorchaba un frasco pequeño y bebía su contenido -hasta mañana Severus- Dumbledore se levantó de la incómoda silla.

-Albus una pregunta antes de que te marches, ¿cómo es que pareces saber dónde están todos los Griffindors?

- todos no mi muchacho, solo Harry y sus más cercanos-

- Los estas espiando, tienes algún tipo de hechizo sobre ellos-

- Los estoy cuidando, Severus, aunque sospecho que la Señorita Granger ya lo sabe, ya que no ha vuelto a colarse en la sección restringida. Sin embargo no ha hecho nada para impedir mi cuidado-

-También a Longbotton y la chica que está saliendo con Wesley-

-Longbotton no es del interés de Tom y la chica Browm apenas es una entretención para el joven Wesley, lastima que no haya heredado el cerebro de su tía, fue una Ravenclaw ahora es sanadora en SanMungo sabes, o el de su madre, fue una Hufflepuff bastante destacable-

-creo Albus que es hora de irte a descansar, estás dejando escapar bastante de tus pensamientos-

-consecuencias de las pociones que me estás suministrando muchacho, pero si es mejor que me vaya- Dumbledore se levantó y se dirigió hacia la chimenea.

- claro Albus, antes que reveles demasiado de tus planes y tengas que obliviarme-

-hasta mañana Severus, recuerda, mañana hay salida a Hogsmeade y te necesito revisando los permisos de los muchachos-

- en tus sueños Albus- pero este último comentario de Snape, no llegó a oídos del mayor que ya había desaparecido en las llamas verdes del flu.

Cuando Lavender escuchó el sonido del flu activándose, salto del escritorio y se escondió bajo el, convocó su capa de donde la había dejado, sin siquiera utilizar su varita, de lo cual no se percataría en el momento, sino mucho tiempo después.

Por una grieta en las uniones de la madera del mueble podía observar y alcanzaba a oír a los dos magos, el director se sentó dándole la espalda a ella pero no a una gran distancia, por lo que podía ver cómo uno de sus brazos colgaba inerte al costado de mago mayor, y por lo que le había enseñado su tía, esa no era cualquier maldición y cuando este levantó el brazo y su manga cayó, pudo ver que el daño se extendía más allá de lo que se podía ver, muchas de las cosas que había visto y oído, empezaban a tener sentido.

Cuando el director se marcho, Snape vio salir a una bruja medió vestida de su escondite bajo su escritorio -dígame Señ... Lava, que tan buena es guardando un secreto...-

~~~~~~~~~~

Ya era media mañana y los mocosos aún no habían aparecido para su tan anhelada salida, poco a poco los primeros Hufflepuff empezaron a salir, algunos Ravenclaw y Slytherin les siguieron, quedando atrás los ruidosos Gryffindor.

-Señorita Browm, su permiso- le dijo cuando pasó a su lado

-ya soy mayor de edad profesor, no necesito permiso-

-Déjalos pasar Severus- intervino Minerva -ocúpate de tus Slytherins, que yo lo haré de mis Leones-

Snape la miró con burla en sus ojos, al parecer Minerva aún no le perdonaba haber ganado la apuesta en el último partido de Quidditch,

Lavender se alejó de sus maestros y cuando estuvo segura que su jefa de casa se había retirado, sacó un chupete de caramelo, lo metió en su boca y se aseguró que su profesor de defensa que no le había quitado sus ojos de encima, viera como lo metía y lo sacaba de su boca, luego pasó su legua por sus labios, le sonrió, dio media vuelta y tomó el camino a Hogsmeade.

Snape se deleitó viéndola, ansiaba besar sus dulces labios pero tendría que esperar a la noche cuando regresara de su salida, tal vez el siguiente periodo escolar no sería tan malo...

A quien trataba de engañar, iba a se un infierno, pero al menos no estaría solo.

Dio la vuelta sobre sus talones y dejó que su capa ondeará mientras regresaba al castillo.