"¿En qué estabas pensando?" la voz de Bruce Wayne hizo eco en toda la cueva, no porque estuviera alzando la voz, sino porque ninguno de los presentes había hecho ni un solo ruido desde que llegaron.
Raven tragó saliva, ubicada a solo unos pasos de Damian. Decir que la presencia de Bruce era fuerte para ser un humano era un eufemismo. Incluso para ser un cazador de vampiros, su presencia era claramente distinguible.
No había duda de por qué nadie conectaba las actividades nocturnas del Murciélago al multimillonario Wayne. Él sabía lo que hacía.
Raven se preguntó si acaso había entrenado con un vampiro, pero no lo dijo en voz alta.
"Me dijiste que mantenga un ojo en ella," Damian contestó, calmado sin embargo, ya acostumbrado a su padre. El tono plano que utilizó mientras cruzaba los brazos sobre su pecho, como si fuera una conclusión lógica, solo hizo que la tensión aumentara en el ambiente. "No podría haberlo hecho si iba solo cuando Drake me llamó."
"¡Ahora, eso es una maldita mentira!" Tim objetó, acercándose peligrosamente a Damian, como si eso fuera a hacer que él retrocediera. "Puede que hayan evitado las cámaras de la mansión, pero no la de las calles. Ustedes habían salido incluso antes de que Jason y yo encontráramos el escondite de esos vampiros."
"Oh, ¿estás por casualidad insinuando que el niño tuvo una cita con esta vampira?" y por supuesto, el comentario burlesco de Jason no faltó.
Aunque, Raven sintió que más bien lo hizo para aligerar el ambiente, ya que —hasta donde ella había podido ver y entender —esa normalmente era la función de Dick.
Para su no sorpresa, sin embargo, lo único que se ganó con eso fue que Damian rodara los ojos.
"Cállate, Todd," Damian chasqueó la lengua. "Si no hubiera sido por ella, no habría hallado la van o capturado a ese vampiro fastidioso."
El silencio atónito de todos no fue para nada disimulado.
"Espera, espera. ¿Nuestro pequeño Damian está halagando a alguien?"
Damian exhaló. Una de sus manos rápidamente yendo a su espada para desenvainarla.
"Repítelo y te corto la lengua," él amenazó, aunque Jason apenas pareció en guardia.
"Solo inténtalo."
"Seriamente, ¿qué está mal con ustedes?," Barbara se quejó, llamando la atención de todos, solo volviendo a verlos por medio segundo antes de seguir tipeando en la computadora. Aunque ella probablemente estaba haciendo otra cosa, la imagen en vivo de un noticiero mostraba claramente la calle en la que habían luchando, y los estragos que habían causado. "Causaron un gran alboroto. Por suerte no había cámaras de seguridad ahí."
Raven presionó los labios y se abrazó a sí misma. No estaba segura de en qué momento intervenir o si debía hacerlo. No le parecía justo que fuera Damian el que recibiera toda esa negatividad cuando fue ella la que lo había convencido de llevarla.
Pero al mismo tiempo, él en ningún momento había vuelto a mirarla.
No desde que le habló de su madre.
Raven lo observó por unos segundos, preocupada. Quizá había dicho más de lo que planeaba decir, o quizá realmente él no se había sentido tan cómodo con ella como ella con él, pero entonces… ¿Acaso solo ella había sido consciente del momento que habían tenido en aquel edificio en el centro de la ciudad?
La verdad es que se negaba a creerlo.
"Yo le pedí que me llevara con él," ella decidió hablar entonces, logrando que todos voltearan a mirarla. Ella presionó los labios y tomó aire, todavía no acostumbrada a ser el centro de atención. "Estaba hambrienta."
Batman frunció el ceño, pero fue Tim quien habló.
"Espera, espera," él dijo, alzando una mano y llevándola a su cabeza, antes de volver a mirar a Damian. "¿La llevaste a comer?"
"¿O la llevaste a cazar?" Jason frunció los ojos, olvidando por completo la broma sobre la cita, que podría muy bien haber continuado con aquella declaración.
Damian alzó una ceja, claramente ofendido, pero antes de que pudiera replicar, Raven decidió volver a intervenir.
"Una rata," ella dijo, bajando la mirada. No importaba cuántas veces lo había hecho, seguía siendo vergonzoso y asqueroso no solo para los estándares humanos.
Y por sus miradas, supo que tendría que explicarlo todo de nuevo.
Las miradas de Barbara y Tim eran escépticas, por decir lo menos. Bruce como siempre no mostraba ninguna emoción en particular y Jason solo parecía completamente indiferente.
"Nunca había escuchado algo así," Tim dijo, frunciendo los ojos y cruzando los brazos.
Bruce no comentó al respecto, pareciendo metido en sus pensamientos mientras se frotaba la barbilla.
"¿Y no te has contagiado de nada?" Jason fue el que hizo la pregunta fuera de lugar, pero a Raven no le molestó en lo absoluto.
De hecho, esperaba que alguien sintiera curiosidad sobre eso para poder aclararlo.
"Nunca. Y tampoco he contagiado a nadie de nada," ella explicó tratando de sonar lo menos perturbada posible.
Podría parecer raro, pero Raven nunca se había enfermado. Ni siquiera de gripe, por lo que una enfermedad contraída por animales era mucho menos probable.
Ella era inmune a lo que afectaba a los humanos después de todo.
Una vez más fueron rodeados de silencio, como si cada uno estuviera pensando en las probabilidades de que fuera verdad o mentira, hasta que un sonido agudo, similar al de una alarma, proveniente de la computadora llamó su atención.
Barbara fue la primera en llegar para apagarla, frunciendo el ceño.
"Parece que el recuerdito que nos trajeron Raven y Damian ya se regeneró lo suficiente como para moverse," ella dijo, antes de volver la mirada a Batman. "¿Qué deberíamos hacer?"
La respuesta fue inmediata.
"Vamos."
No debió sorprenderle que hubiera más de la cueva de lo que había visto hasta el momento.
Debió esperarlo, de hecho, que con solo presionar un botón, algo nuevo aparecería. Un nuevo camino, otra puerta, escaleras. Sí. Raven debió haberlo imaginado.
Pero no había sido así, así que solo empezó a caminar cuando todos los demás lo hicieron.
En el camino, Bruce habló sobre la identidad humana del vampiro. Un hombre que solía traficar drogas junto a una pandilla en los callejones de Gotham.
No había sido una gran amenaza como humano. De hecho, era probablemente el último en la jerarquía de la pandilla para la que trabajaba, por lo que fue el primero en ser convertido como parte de un experimento.
Curiosamente o no, el hombre fue convertido exitosamente. Aunque fuera un vampiro de clase media, igual era mucho más fuerte que un humano normal, por lo que no fue sorpresa cuando mató al líder de la pandilla y tomó su lugar.
"Realmente no puedo creer lo que ella dice," Raven escuchó más adelante, a Tim hablando cuando Bruce terminó de explicar el historial del vampiro. "Que solo haya bebido sangre de animales desde que fue convertida… ¿No es muy fuerte como para que sea verdad?"
Raven frunció el ceño. Sin embargo, no dijo nada al respecto cuando sintió un olor.
Un olor que hizo que se le secara la boca y se relamiera los labios cuando nadie la estaba viendo. Sus sentidos se dispararon por unos segundos antes de que pudiera calmarlos.
Y él que sí dijo algo, cuando todos llegaron a la otra área de la cueva, fue el vampiro que estaba apresado.
"Entonces ella debe estar muriendo por dentro," él dijo y Raven tragó saliva.
Su cabeza seguía teniendo un hoyo en el medio, básicamente desde su nariz hasta su frente, pero ya se podía ver la forma que empezaba a tomar al regenerarse. Al menos, era lo suficiente como para ver su sonrisa completa y parte de sus pómulos.
"Ugh," Barbara hizo una mueca y no era para menos.
La ropa del vampiro estaba sucia y rota, cubierta de lo que era sangre oscura y algunos líquidos que cualquier persona normal se negaría a reconocer. Sus brazos y piernas estaban atados a la silla, cada parte de su piel al rojo vivo por la aleación de plata que estaban usando para retenerlo.
Puede que sus ojos todavía no estuvieran en su cara, pero por cómo dirigió su cabeza hacia ellos, Raven supo que no era una pérdida relevante.
Especialmente cuando pareció dirigirse a ella aún cuando estaba segura que el vidrio especial entre ellos, que lo mantenía cerrado como a un pez, era polarizado desde su lado.
"Dime, niña, ¿no sientes la abstinencia?" él preguntó. "¿El cómo se seca tu garganta, el cómo de pronto parece que cada sentido de pronto trabaja al mil por ciento hasta querer romperte la cabeza con un martillo—?"
Raven apretó los puños.
"Déjate de tonterías," pero Batman lo interrumpió, golpeando el cristal y causando que hasta ellos, a excepción de Damian y Jason, se estremecieran. "Dinos lo que sabes sobre una vampiresa que se hace llamar la Reina."
El vampiro rió.
"Oh, ¿y qué ganaría yo con eso?"
Tim se cruzó de brazos.
"No morir," él dijo, ironía adornando sus palabras. "Junto a una hospitalaria vida en Arkham. Es una ganga, si me lo preguntas."
"Ha… Hahahaha!" el vampiro empezó a reírse con fuerza y no paró, como si alguien hubiera dicho un chiste muy gracioso. Raven se preguntó si es que acaso la parte que había perforado de su cráneo justo era la que controlaba sus emociones, ya que empezaba a ser más espeluznante que aterrador.
Ella tragó saliva y dio un paso adelante, inclinando su cabeza como si pudiera encontrar la mirada inexistente del vampiro.
"Sabías de mí y de lo que pasó con mi madre," ella frunció los ojos cuando la risa de él se fue apagando poco a poco, hasta solo quedar una sonrisa macabra. No había manera en la que no estuviera conectado con la Reina. Raven hasta se atrevería a decir que fue ella misma la que trabajó con su pandilla para experimentar con humanos estúpidamente ambiciosos. Él solo tenía que confesarlo. "¿Cómo—?"
"Oh, niña," pero él la interrumpió sin pena, quizá adivinando rápidamente lo que pensaba. "Todos sabemos de la traidora que no quiso aceptar la ayuda de la Reina—"
BAM.
Si el golpe que dió Bruce al vidrio había sido fuerte, el que dió Raven no tuvo comparación. Sus hermanos se prepararon en menos de un segundo y su padre frunció el ceño bajo la máscara, como si ella en cualquier momento fuera a perder el control otra vez, pero por su expresión dura y la falta de carmesí en sus ojos, Damian supo que no sería así.
El vidrio no tenía ni una sola línea cuando Raven separó su mano.
"Ser una traidora implicaría que en algún momento estuve de su lado," ella presionó los labios y pronto sus uñas se convirtieron en garras. Puede que la reacción de sus hermanos haya sido puramente instintiva, pero Damian no los culpaba cuando ella de pronto empezaba a liberar más de su fuerte presencia.
La sonrisa del vampiro atado desapareció de su dañado rostro.
"Estos cazadores son lo suficientemente piadosos como para ofrecerte una prisión en lugar de años de tortura. Yo no lo soy tanto," Raven tomó aire y Damian mantuvo su mirada en ella más que en el vampiro encerrado. No creía que fuera una amenaza de verdad. Todo su comportamiento y lo que le había dicho y mostrado indicaban que no era una asesina despiadada y que, por el contrario, era incluso más humana que muchas de las personas que él había llegado a conocer, pero no podía negar que lo que sea que estuviera haciendo, logrando incluso que su padre y él mismo colocaran sus manos en sus armas por si acaso, solo incrementaba la tensión que ya se había formado cuando llegaron.
Ella no le devolvió la mirada, sin embargo, y solo continuó hablando.
"Solo tienes que decirnos lo que planea."
Por unos segundos, quizá solo por un momento, pareció que el vampiro veía su peor miedo a través de la ventana polarizada. Su boca se torció y empezó a hacer fuerza contra sus restricciones, como si el dolor de su piel al rojo vivo ya no importara en lo absoluto. Si no fuera porque obviamente era un ser orgulloso, probablemente ya habría rasgado su garganta con un grito ensordecedor.
Pero no lo hizo, y entonces Damian percibió movimiento a su derecha.
Su padre le puso una mano en el hombro a Raven y como si la sacara de un trance, ella parpadeó un par de veces, volviendo sus garras a uñas normales y perdiendo el equilibrio.
Sin darse cuenta, Damian ya se había movido para ayudarla a estabilizarse, colocando una mano en su cintura mientras que con la otra la sujetaba del brazo. Raven le murmuró un gracias.
"Es suficiente," Batman dijo, solo para ignorarla cuando ella asintió y volvió a mirar al vampiro, que ahora jadeaba como si hubiera corrido una maratón en su subconsciente. "Dinos su objetivo."
El vampiro tomó aire por la boca. Al menos el agujero en su cabeza ya no dejaba ver el otro lado de la sala, sino el interior de su cráneo.
"... La ciudad," él dijo, entre cada bocanada de aire. "Ella quiere… tomar Gotham… Eso es lo que nos dijo."
Damian frunció el ceño, con Raven todavía apoyando su peso en él.
"Aunque quieran detenerla ahora, no es posible," el vampiro continuó.
"Eso ya lo veremos," declaró Batman, girando sobre su eje para dirigirse a la salida.
Jason, Tim y Barbara empezaron a seguirlo, comentando sobre las posibles ubicaciones en las que podría estar escondiéndose además de lo que harían a continuación con él y sobre cómo abordarían la situación sin armar una guerra en medio de la ciudad.
Damian también empezaba a caminar detrás de su familia, cuando Raven se separó de él con esfuerzo para apoyarse en el vidrio. Su rostro estaba pálido y también respiraba pesadamente.
Parecía que sufría.
Lo que sea que había hecho le estaba cobrando factura.
"¿Estragos de solo beber sangre de animal?" el vampiro comentó, muy consciente de que todavía no habían dejado la cueva. La sonrisa llena de sorna que le mostró probablemente solo fue destinada para molestarla.
"Tú…" pero ella lo ignoró sin pena. "¿Cómo supiste de mi madre?"
El vampiro de burló. "Todos saben de la traidora que la Reina fue a buscar personalmente, aunque debo admitir, por cómo te describieron, parecías más joven."
"¡Solo tenía 13 años!" ella alzó la voz entonces. La ira y frustración dejándose notar en su tono de voz. "Por supuesto que era más joven."
Y eso fue suficiente para que no solo Damian sospechara, sino que toda su familia volteara.
Barbara, que había estado a solo unos pasos detrás de Bruce, giró sobre su eje para luego esquivar a Tim y a Jason, y acercarse a él, poniéndose al frente como si quisiera protegerlo de pronto.
Damian frunció el ceño, pero Barbara no le prestó atención.
"Las fechas no cuadran," ella dijo. "Lo último que se supo oficialmente de Arella Roth fue hace 20 años."
"Además," Tim también regresó sobre sus pasos, cruzándose de brazos. "Los vampiros no envejecen. Desde que son convertidos, dejan de envejecer, pero tú no aparentas tener menos edad."
Raven presionó los labios, tardando en responder solo por unos segundos. Unos segundos en los que Batman y Red Hood también volvieron, ya sea por el chisme o porque realmente fuera algo muy relevante.
Y cuando lo hizo, su voz no tuvo la misma intensidad.
"Nunca dije que había sido convertida."
"¡HAHAHAHAHA!" la risotada del vampiro cortó el silencio que amenazaba con formarse.
Damian lo fulminó con la mirada, pero fue como si él solo fuera más estimulado.
"Así que de eso se trataba, ¡eres una mestiza!" él exclamó. "¡Una tan fuerte como un vampiro de clase alta, con razón la Reina te quería de su lado!"
Raven solo exhaló en respuesta, volviendo a enderezar su espalda como si ya se hubiera recuperado.
"Bueno, demasiado mal que no lo esté," ella dijo, volviendo a mirar a Damian. "Lo juro."
Teóricamente, que ella fuera una mestiza no afectaba al objetivo que compartían. Solo era un dato irrelevante que no había mencionado por el simple hecho de que no tenía nada que ver con lo que hacían, pero por alguna razón, por un momento, Raven se sintió culpable.
No decir algo no era una mentira, pero tampoco una verdad.
"No les servirá de nada su ayuda," el vampiro terminó de reír para agregar. "Se dice por ahí que la Reina es casi tan fuerte como Trigon. Ese pequeño truco que hiciste hace un rato, a ella no le afectará o a los locos que tiene bajo su mando. Ella…"
"¿Trigon?" Bruce repitió en un murmullo, solo siendo captado por Damian, antes de sumirse en sus pensamientos.
Trigon, el señor de los vampiros, era un mito. Una leyenda urbana de la que por mucho tiempo se habló tanto entre vampiros como entre cazadores. Una criatura tan poderosa que se decía había sido el primer demonio en bajar a la tierra para convertir a los que serían los primeros vampiros de sangre noble.
Más fuertes que los de clase alta, más salvajes que los de clase baja. Se suponía que habían sido criaturas incontrolables e irracionales que terminaron desapareciendo por agotamiento al desatar caos olvidando por completo que necesitaban de sangre para mantener sus habilidades, no si antes convertir a muchas personas normales en vampiros.
O se trataba de una descendiente directa, o solo era una charlatana con aires de grandeza. En cualquier caso, Damian y su familia en ningún momento se habían enfrentado a alguien que clamara tener tanta cantidad de poder, o siquiera que conociera a alguien así.
Sin decir nada más, su padre dio media vuelta y dejó al vampiro hablando solo, murmurando y elaborando incoherencias debido a su abstinencia.
Esta vez todos lo siguieron, incluyendo a Raven.
Cuando llegaron a la base principal de la cueva, ella se detuvo. Por un momento creyó que los demás le preguntarían sobre lo que había pasado, que pedirían explicaciones o que la acusarían de que estaba ocultando otras cosas, pero ninguno —salvo Damian, que pareció tener algo más que hacer —se detuvo con ella.
Raven tomó aire y se limpió las manos en su capa, fastidiada porque habían empezado a sudar y sobre todo, atormentada por lo que acababa de pasar. Su garganta se había vuelto a sentir seca por más del bocadillo que había tenido la noche anterior y tenía la sensación de que era debido a lo que había hecho para asustar a ese vampiro.
Raven se mantenía fuerte aun sin beber sangre humana, era cierto, pero sabía que todo tenía un límite. El vampiro que le había enseñado todo eso se lo había dejado lo suficientemente claro.
"¿Estás bien?" entonces la voz de Damian la hizo alzar la mirada, sorprendiéndola un poco.
"Solo… agotada," ella contestó, recobrando la compostura, pero pronto desviando la mirada como si eso fuera a hacer que la vergüenza que sentía desapareciera más rápidamente.
La mirada verdosa de Damian le hacía sentir que había hecho lo peor del mundo, cuando él había tratado con ella con tanta calidez.
"Bien," él dijo, asintiendo, solo para dirigirse a uno de los muebles del lugar para sacar algo. Desde donde estaba, Raven asumió que se trataba de más armas.
Sus manos se movieron rápido entre los cajones, en silencio, haciendo que Raven se preguntase si estaba bien dejarlo solo o si quizá debía esperarlo como él lo había hecho, pero no estaba segura de en dónde estaban parados ahora. Si eran solo conocidos que trabajaban juntos, o si ya podían llamarse amigos… Ella no sabía cómo preguntar.
Aunque, por los sentimientos que se arremolinaban en su pecho con una increíble velocidad y confusión, ella creía que era imposible que solo fueran amigos.
"¿Por qué no dijiste nada desde un inicio?" él cuestionó entonces, sin mirarla y con un tono indiferente como si solo buscara sacar un tema de conversación, aunque obviamente era más que eso.
Raven se encogió de hombros.
"Nunca me preguntaron," ella contestó a pesar de que sabía que no sonaba muy bien. Avanzó discretamente hacia una de las mesas y se apoyó en ella, mirando al suelo al continuar: "Sé que los mestizos son… escasos, y ustedes asumieron que había sido convertida, así que supuse que era lo más fácil."
Para no sentirse rechazada por algo sobre lo que no había tenido control.
Damian alzó la mirada hacia ella.
"¿Hay algo más que hayas omitido?"
Raven presionó los labios por un segundo.
Sí.
"No."
Si Damian percibió la duda en su voz, no lo demostró cuando de pronto se lanzó hacia ella, con su espada desenvainada.
Raven amplió los ojos y esquivó casi exitosamente, si no fuera porque tropezó en el último momento, cayendo de espaldas con la punta de la espada a unos centímetros de su nariz.
Ella le mantuvo la mirada desde el suelo, tratando de buscar cualquier indicio de enojo u hostilidad que le permitieran defenderse instintivamente, pero la expresión de Damian era serena. Divertida incluso, si Raven lo conociera mejor.
"¿Por qué fue eso?" ella preguntó, sentándose.
Damian se encogió de hombros.
"Tienes mucho que aprender y practicar si quieres conseguir justicia para tu madre," él le dijo, tendiendo una mano para que ella pudiera levantarse. Raven la tomó, notando la diferencia en el tamaño con la suya, y lo miró a los ojos. No había burla en ellos, sino solo sinceridad. "Fuerza bruta no basta."
Raven sintió ganas de sonreír.
Sin notarlo, ella se demoró en soltar su mano.
"No lo entiendo," Barbara dijo, mientras observaba en la tablet de Tim la interacción que Damian y Raven estaban teniendo. Nunca había visto a su hermano menor tan… abierto con alguien, y que ese alguien fuera mitad vampiro no le sentaba muy bien. Con sus ojos fruncidos, le devolvió el dispositivo a Red Robin y volvió a mirar a Red Hood, que ya se había quitado la máscara roja. "¿Cómo podemos confiar en ella cuando no nos dijo sobre su identidad?"
Jason se encogió de hombros.
"Para ser sinceros, Babs, ¿quién de nosotros dice su identidad de buenas a primeras?" él exhaló, agarrando una de sus armas para limpiarla. "Además, parece agradarle al niño, ¿no es esa una buena señal?"
"A Damian también le agrada su abuelo, y todos sabemos que ese hombre está loco," Tim comentó, arrugando la cara al recordar al hombre que a propósito buscó convertirse en vampiro para 'limpiar' el mal de los humanos.
"Touche."
"¿Tú no eras el más reacio a trabajar con ella?" Barbara acusó, sintiéndose ligeramente traicionada, a lo que Jason se encogió de hombros.
"Nuestros enemigos son los vampiros," él dijo, tal vez con la intención de simplificar su misión, pero pareciendo pensativo en su lugar. "Los mestizos están en una zona gris en lo que a mí respecta."
Barbara y Tim compartieron una mirada. Para una persona que odiaba tanto a los vampiros, era algo raro que admitiera eso con facilidad.
No tenían ningún registro de mestizos que hubieran sobrevivido tanto tiempo, después de todo. No sería raro desconfiar de ella o de lo que estaba diciendo, aún cuando ya no había otra posibilidad plausible para explicar sus claras diferencias con los vampiros normales a los que siempre se enfrentaban.
Quizá Jason y Damian habían empatizado con su historia.
Barbara suspiró y miró el lugar por donde Bruce había ido junto a Alfred mientras se quitaba por fin la máscara de Batgirl. Su dedo golpeó la mesa repetidas veces.
A veces deseaba tener un súper oído como los vampiros solo para que las reuniones secretas no fueran tan secretas.
Dentro de la gran biblioteca y a puertas cerradas, Bruce Wayne buscó uno de los escritos que no había leído desde que era un niño.
Con la ayuda de Alfred, ambos se ubicaron en diferentes estantes.
"Entiendo que esté preocupado por el joven maestro, amo Bruce, ¿pero era necesario dejar a los demás fuera de esto?" Alfred preguntó, ojeando el interior de uno de los viejos libros que había sacado.
"Esto no se trata de Damian, Alfred," fue lo que Bruce contestó, frunciendo el ceño cuando tuvo que pasar al siguiente estante.
La verdad era que no quería que los demás sobreactuaran cuando no era necesario.
El libro que el mayordomo cerró no solo hizo eco, sino que también soltó el suficiente polvo como para que Bruce arrugara la nariz.
"No. Se trata de la señorita Raven," Alfred suspiró. "Parece una buena chica, por más de que sea un vampiro."
"Ese es el asunto, Alfred. No es un vampiro," Bruce exhaló antes de volver a alzar la mirada. "Es una mestiza."
Hubo un par de segundos en los que Alfred asimilaba la información. Su ceño frunciéndose conforme avanzaba el tiempo.
"¿No estará insinuando…?"
Pero el teléfono de Bruce, que timbró de pronto, no le dejó terminar.
El nombre de su primer protegido apareció en la pantalla y Bruce pronto contestó.
"Leí tu mensaje," Dick dijo en lugar de saludar. "¿Estás seguro que es ella?"
"No," Bruce no tardó en responder. "Pero es por eso que necesito que lo investigues. Tienes que ir con Sebastian Blood."
"¿Qué?" la incredulidad en la voz de Dick fue totalmente notoria. Tanto así que si él hubiera estado frente a Bruce, fácilmente podría estar gesticulando con los brazos como normalmente lo hacía. "¿Realmente crees que ir a hablar sobre la profecía con el líder de un culto que venera a los vampiros es una buena idea?"
"No exactamente," Bruce casi rodó los ojos. Honestamente, era un trabajo que él mismo haría si no fuera por el hecho de que Dick estaba mucho más cerca a su sede principal que él. "No dije que fueras a hablar con ellos. Dije que investigaras," él se apoyó en uno de los muebles de la biblioteca mientras que Alfred pareció encontrar lo que estaban buscando.
"Oh, entonces tengo que ir por información. A robar información de una secta. Bien. Nada del otro mundo."
Su ironía casi lo hizo sonreír.
"Que no te descubran," él dijo a modo de despedida, pero antes de que pudiera colgar, Dick volvió a hablar.
"Espera, ¿qué pasará con Raven?" él quiso saber y a Bruce no le sorprendió.
Dick era un chico con un corazón de oro después de todo y seguramente ya se imaginaba que el esconder su naturaleza no había sido una buena jugada.
Pero Bruce no planeaba desaprovechar la oportunidad.
"Ella dijo que está de nuestro lado," él contestó simplemente solo para colgar al siguiente segundo, no dándole ninguna posibilidad a Dick de objetar o preguntar.
Dejando su teléfono a un lado, le hizo una seña a Alfred para que se acercara.
Su mayordomo trajo con él un libro viejo y delgado, incluso seguro apolillado. Un libro que Bruce no había abierto desde hace mucho tiempo.
"Sigue tan incompleto como la última vez que lo leyó, amo Bruce," Alfred advirtió.
Y Bruce asintió resignado. En su mente, el poema, que algún escritor de hacía siglos había dejado, estaba borroso, pero no por ello lo había olvidado.
Sin cuidado abrió el libro y encontró la única página que estaba desgarrada en el interior, la cual leyó una vez más después de tantos años.
El poema no tenía título ni autor conocido. La fecha era desconocida, pero un experto con el que había hablado años atrás, cuando todavía creía que la muerte de sus padres tenía que ver con dicha profecía, le había aclarado que era obvio que no se trataba de un vampiro noble cualquiera. Que había sido escrito durante la época del llamado Trigon.
Sonaba a un mito, como la historia de Atlantis o los dioses griegos. Pero la verdad era que los vampiros todavía seguían siendo un mito para la mayoría de personas, entonces ¿cómo asegurar qué había sido real y qué no?
Bruce frunció el ceño, leyendo el último verso que quedaba antes de que la hoja hubiera sido brutalmente cortada, como si el dueño original del libro lo hubiese hecho en un apuro desesperado.
…
Cuidado con la mestiza de la noche,
Su poder trae oscuridad y luz en derroche.
Un sendero de sangre y dolor se abre ante ella,
Dejando tras de sí solo ruinas sin huella.
…
Por muchos años había buscado la continuación del poema, intentado darle un sentido a la contradicción que los versos tenían, sólo para descubrir que ninguna persona normal conocía de su existencia. Solo las familias de los cazadores lo hacían y los Wayne eran los únicos poseedores de una parte del poema supuestamente profético.
Incluso dentro de su familia, solo Dick y Alfred eran conscientes de lo que implicaba. Por lo que no cabía la duda de que era algo completamente confidencial.
Así que Bruce tomó aire.
Si lo que suponía era correcto, al menos estaban a tiempo.
Utilizaría a la mestiza para derrotar a la que se hacía llamar la Reina de los vampiros, antes de que ella tuviera la oportunidad de destruirlos a ellos.
