Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.


Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.


Capítulo 28

—Allí estás, una de mis personas favoritas en el mundo —dije, mientras el rostro de papá aparecía en la pantalla de la computadora. Con una gorra de los Mariners puesta y una camisa escocesa desabrochada sobre una camiseta térmica, él lucía cómodo. Y un poco confundido. Bajo su bigote, su boca se curvó.

—¿Una de tus personas favoritas en el mundo? —La imagen de su rostro se sacudió cuando su mano se levantó hacia su pecho—. ¿Ya no soy tu favorito?

Como una táctica de anuncio de que había conocido a alguien, probablemente no era la más ingeniosa, pero no teníamos exactamente una charla de chicas con papá. De hecho, jamás había tenido la oportunidad, ya que ninguna de mis relaciones habían sido serias. Le había contado sobre Paul, simplemente porque habíamos estado juntos por unos años, pero solo me había referido a él como un amigo.

Pero ahora, estaba Edward. Mi todo. Y papá tenía que saberlo.

Incapaz de evitarla, una sonrisa apareció en mi rostro.

—He conocido a alguien.

Mis palabras fueron simples, pero cubiertas con suficiente emoción para comenzar un fuego. Algo que papá notó; sus cejas se elevaron, lo cual era un equivalente a mirar boquiabierto para él.

—¿Oh?

—Su nombre es Edward... Edward Cullen —dije, preguntándome si el apellido significaría algo para él.

No parecía así.

—Él también creció en Forks —admití, porque no podía exactamente esconder quién era Edward.

Papá levantó una mano para rascar bajo su gorra, y entonces se la quitó.

—Oh. Cullen. —Se pasó una mano por su cabello aplastado—. Te refieres... ¿al hijo del fiscal? ¿El hijo de Wallace Cullen?

Hice una mueca. No podía evitarlo.

—¿Tú, eh, lo conoces?

—Lo conocí una vez, sí. Creía que yo era gruñón y arisco. El hombre pasó la noche con cara de pocos amigos y discutiendo con todos.

Eso era decir algo, porque papá no era una persona chismosa.

—Eh, sí, Edward dijo que su padre es... complicado —dije con un suspiro fuerte—. Como sea, resulta ser que Edward también se mudó a Chicago.

—Sí —dijo papá, arrastrando la palabra mientras él visiblemente ataba los cabos, dándose cuenta que Edward era el imbécil del que me había quejado—. ¿El jefe de la secundaria?

—Ya no es mi jefe.

—¿También ya no es un bastardo imbécil?

¿Realmente había llamado a Edward eso?

—Ya no es un bastardo imbécil. Edward es... maravilloso, de hecho. Y no es nada como su padre. Me trata como si fuera una princesa. Quizás para sobrecompensar cómo solía tratarme. Nos hemos enamorado —añadí apresuradamente—. Papá, lo amo.

Su rostro era evasivo. O, quizás estaba asombrado.

—¿Te enamoraste de tu jefe?

—Bueno, él ya no es mi jefe.

Él me miró sorprendidamente.

—¿También conseguiste un nuevo empleo?

—No, sigo trabajando para la misma compañía. Solo que reporto a una persona diferente ahora.

Él gruñó.

—Entonces... déjame entender esto. ¿El chico que no podías soportar en la secundaria ahora es el hombre con el que tienes una relación?

Mis manos unidas estaban sudando porque estaba preocupada por cómo se vería mi situación. También porque era importante que él notara lo importante que Edward era para mí.

—Sé que suena loco —le dije—. Pero las personas cambian. Y, te dije que él ya no parecía ser el mismo imbécil que recordaba de la secundaria. Él... me tomó por sorpresa.

Eso era quedarse corto.

Pero papá no quería saber los detalles.

—¿Cuándo pasó esto? Quiero decir, nunca me has hablado de él.

Exhalé y agaché la cabeza.

—Eso es porque no sabía qué sentía por él. Al principio, simplemente estaba cegada con ira y furia vieja. Y entonces estaba aterrada cuando mis sentimientos comenzaron a cambiar, fue tan inesperado... y confuso. Era solo algo por lo que tenía que atravesar por mi cuenta —dije, mi voz tanto firme como gentil.

Por favor, pérdoname por no confiar en ti, papá.

—Pero, en realidad, hemos estado conociéndonos lentamente durante el último año. Mientras más aprendía sobre él, más rápido parecía enamorarme. Él es... todo para mí —añadió suavemente.

Él ladeó la cabeza.

—¿No, eh, no hay una política sobre relaciones donde trabajas?

Siempre listo. Nada pasaba desapercibido para mi papá.

—No está prohibido salir con compañeros de trabajo, no. Gracias a Dios, o hubiera tenido que buscar otro trabajo —dije con una risita corta, decidiendo no decirle sobre el tiempo de prueba. Edward ya tenía dos errores, como mi imbécil de la secundaria, y su papá, el imbécil—. Nuestros jefes están al tanto de nuestra relación. Edward y yo ya hemos analizado los pro y los contra. No hemos entrado en esto a ciegas o a la ligera.

Aún luciendo escéptico, papá masculló algo bajo su aliento.

—¿Qué?

—¿Entonces cuándo voy a conocer a este chico? —Las palabras apenas habían salido de su boca antes de que él se enderezara en alarma—. ¿Vendrá a casa contigo el próximo mes?

—Esa es otra razón por la que estoy llamando —dije con vacilo, sabiendo que él iba a estar decepcionado. También estaba llegando a un punto donde necesitaba revelar una parte del pasado de Edward sin realmente revelarlo—. Edward está distanciado de su familia allí. Si siquiera puedes llamarlos eso. Ellos... en realidad no lo son. No ha regresado a Forks desde que se fue hace más de diez años, y no tiene intenciones de volver. Jamás.

La boca de papá se abrió, luego se cerró, y entonces se volvió a abrir.

—Entonces tú nunca vas a volver, ¿es eso?

Mi garganta se cerró ante la expresión de ira en su rostro, en sus palabras.

—No, por supuesto que lo haré. Solo que... no este año —contesté solemnemente.

No quería dejar a Edward ahora mismo. Ni siquiera por una semana. Solo la idea de una separación me revolvía el estómago.

—Esperaba que condujeras a Seattle —rogué—. Quiero que conozcas a Edward. Quiero que lo conozcas, papá. Él es tan... él es importante para mí. Me hace feliz. Sí, ha tenido una vida desagradable, pero él lo ha superado todo. Él es mucho más que su pasado.

Tuve que parar para respirar; estaba hablando efusivamente como una adolescente.

—También es importante para mí que te agrade —añadí con determinación.

Papá tenía una sonrisa un poco adolorida en su rostro. Como si estuviera feliz y triste.

—Estoy decepcionado de que no vendrás a casa, pero sabía que conocerías a alguien algún día. Sabía que te enamorarías, y que las cosas cambiarían. —Se frotó el rostro con una mano—. Simplemente no creí que sucedería tan pronto.

—¿Tan pronto? —chillé con incredulidad—. Acabo de cumplir treinta años.

Su imagen dio un salto en mi pantalla mientras él agitaba una mano en el aire.

—Sigues siendo mi pequeña.

Sentí como si el aire hubiera sido arrebatado de mis pulmones. No era a menudo que papá se ponía sentimental, pero cuando lo hacía, él siempre me tomaba por sorpresa.

—Sí —susurré—. Por supuesto que lo soy.

Papá se encorvó sobre su teléfono, y el cuadrado en mi pantalla estaba cubierto con su rostro. Su rostro muy preocupado.

—Hace diez años. Alrededor de ese tiempo el hijo menor se suicidó —dijo con un tono pesado—. ¿El distanciamiento de Edward tiene algo que ver con eso?

Sí, nada le pasaba desapercibido a papá.

Cerré los ojos brevemente.

—Sí, pero realmente no puedo decir más que eso. No... es mi lugar.

—De acuerdo —dijo arrastrando las palabras, y me preguntaba qué estaba pensando, qué piezas del rompecabezas él podría estar haciendo encajar. Podía decirse que el pasado y la familia de Edward era oscuro, pero esperaba que él pudiera ver más allá de eso. Por mí. Por Edward.

—¿Puedo decir que espero que sepas lo que estás haciendo, al involucrarte con alguien que tiene tan poca figura paterna, que también está distanciado de su familia?

En un instante de segundo, pasé de suave y vacilante, a firme y protectora.

—Edward tiene una familia no oficial adoptada aquí en Chicago. Esme y Carlisle. Ella es una psiquiatra y él es pediatra. Los conocí en Acción de Gracias, y son maravillosos. Es parte de por qué él es tan maravilloso ahora, creo.

Mientras estaba hablando, el cronómetro en mi horno se activó, y eché un vistazo al reloj. Eran casi las siete, y Edward aún no estaba aquí.

—Espera un segundo, papá. Mi lasaña está lista.

Llevé mi laptop hacia la cocina y la coloqué sobre la encimera mientras apagaba el cronómetro y quitaba la lasaña del horno.

—Puedo conducir hasta Seattle el sábado después de Navidad —dijo papá, mientras regresaba a la pantalla—. ¿Eso funcionará?

—Sí. Gracias —dije con una enorme sonrisa de alivio—. Yo... ¡oh! Él está aquí, espera. ¿Sí?

Me apresuré a responder la puerta.

Edward se había cambiado por unos jeans y un suéter, y tenía un traje envuelto en plástico en una percha sobre su hombro. Él lucía cansado y maravilloso, jalándome hacia su pecho inmediatamente en busca de un beso profundo.

—Lamento llegar tan tarde —masculló contra mi mejilla.

—Está bien —dijo, mientras cerraba la puerta—. He estado hablando con mi papá. Sobre ti y la Navidad. De hecho, él sigue conmigo ahora mismo. ¿Quieres... verlo por un momento?

Una sonrisa rápida curvó su boca cuando vio mi expresión llena de esperanza.

—Por supuesto que quiero conocer al Jefe —dijo con una nota de diversión en su voz, mientras dejaba el traje sobre el respaldo de mi sofá.

Tomé su mano y lo llevé alrededor de la isla de la cocina y hacia el frente de mi portátil.

—Papá, él es Edward —dije, y sabía que él escuchó cómo acaricié el nombre de Edward—. Edward, este es mi papá, Charlie.

Eché un vistazo entre los dos mientras se estudiaban silenciosamente.

—Hola, Sr. Swan.

La esquina de la boca de mi papá se curvó hacia arriba.

—¿Eres fan de los Cubs?

Edward sonrió.

—Y de los Mariners —contestó.

—¿Alguna vez has pescado?

La mano de Edward en la mía se tensó ligeramente.

Dudaba que él siguiera haya jugado a lanzar la pelota con su papá.

—No —dijo, una admisión reservada pero determinada.

—Tendremos que rectificar eso algún día, entonces —dijo papá—. Hay varios lagos buenos alrededor de Seattle. El lago Arbor es pequeño, bueno para principiantes.

—Ya estoy deseando hacerlo, señor.

—Charlie está bien —dijo papá.

Entonces, con un último adiós para mí, cortó, diciéndome que nos vería pronto.

Mi sonrisa era tan grande que mis mejillas dolían mientras giraba en los brazos de Edward.

—¿Debería estar preocupado? —preguntó Edward.

—Para nada. Es una buena señal, que te lleve a pescar. Papá cuenta sus mejores historias cuando está en el agua. Estoy segura que se divertirá recontando la primera vez que atrapé algo... fue un desastre, en muchos aspectos. Aprenderás más sobre mí de lo que jamás querrías, estoy segura.

Él se inclinó lo suficientemente cerca para presionar sus labios contra mi oreja, y se me erizó toda la piel cuando habló.

—Imposible.

—Encantador.

~PJE~

Era un viernes por la tarde a finales de febrero, cuando aparté la mirada de la pantalla de mi computadora para encontrar a Colin Smith poniéndose cómodo en la silla de oficina al lado de la mía.

Apoyando sus codos sobre sus rodillas, él juntó sus manos y me dio una sonrisa.

—Felicitaciones. Han logrado superar el período de prueba —dijo agradablemente—. Y tu trabajo es tan excelente como siempre. Stuart y yo estamos orgullosos de tenerte trabajando para nosotros.

Mierda, no te pongas a llorar. Y no luzcas engreída.

—Gracias —dije, tragando fuerte—. Estoy agradecida de la oportunidad, tanto como empleada, y como relación de riesgo con Edward.

—Sí, tú y Edward nos han probado que estuvimos mal al dudar, pero correctos al darles una oportunidad. Ambos se han comportado sin reproches. Apreciamos que no tengamos que dejar ir a uno de ustedes.

—Y yo también —dije enfáticamente, mientras él se ponía de pie—. Entonces... ¿Stuart también está satisfecho? —No pude evitar preguntar, porque Stuart había sido reservado conmigo cada vez que nos cruzábamos.

—Lo estoy —escuché.

Jadeando, giré en mi solla para encontrarlo de pie detrás de mí. De alguna manera, él lograba lucir amargado y divertido.

—Espero que no seas del tipo que dice te lo dije —dijo arrastrando las palabras—. No puedo soportar ese tipo.

—Por supuesto que no —contesté con soltura, y entonces añadí suavemente—. Pero...

Él sonrió.

—De acuerdo, me merezco eso.

Me sentía tan ligera como un globo de helio. Iba a salir flotando de mi silla en cualquier segundo.

—Bueno, dejaremos que regreses al trabajo, entonces —dijo Colin.

Con una exhalación lenta y profunda, giré mi silla y los observé caminar hacia la oficina de Edward. Aparentemente, iban a darle las mismas noticias.

Alice se asomó por encima de la media pared que separaba nuestros cubículos. Sus ojos estaban cómicamente agrandados.

—Edward y yo logramos superar el período de prueba —medio susurré, medio grite—. Puedo mantener mi trabajo.

Ella golpeó su mano contra la superficie del estante.

—Gracias a Dios. No sé qué haría sin ti. O, qué hubiera hecho si te hubieran dejado ir. No hubiera sido bonito —gruñó suavemente—. ¿Quieres celebrar cenando una noche esta semana?

—Absolutamente.

Habían sido seis largas semanas, donde había estado consciente de cada mirada mía hacia Edward. De lo que le decía. De mi desempeño en el trabajo. De cualquier susurro o mirada posible. De cómo rápidamente algo podría salir mal, y cómo tendría que pagar el precio.

Para mi sorpresa, Alice había sido una aliada. Habíamos pasado muchos almuerzos hablando sobre mis preocupaciones y esperanzas sobre el período de prueba. Ella había estado horrorizada y molesta de que yo fuera la que tendría que pagar si algo salía mal. Por eso, ella había estado alerta por mí.

Hasta la fiesta de Navidad de la compañía, nadie había sospechado de mi relación con Edward. Incluso entonces, nos habíamos comportado más como amigos que como una pareja —no nos tomamos de la mano, no nos tocamos, ni nos besamos— solo nos sentamos juntos, simplemente hablamos. Si acaso, probablemente nos habíamos mirado por demasiado tiempo; pero él había estado tan adorable en su suéter festivo feo.

Y quizás aún habían efectos remanentes de cómo Tanya había sido despedida, porque luego de eso, nadie me había tratado con falta de respeto. Si alguien estaba hablando de mí, estaban siendo jodidamente discretos. Ben lo había mencionado, pero solo porque él confesó que él había sido la persona detrás de el despido de Tanya.

Estoy contento de haber ido a Jane en vez de a Edward —dijo él con una mueca—. Ni siquiera sospechaba que estabas con él. ¿Puedo decir... que estoy un poco decepcionada? Había... esperado que pudiéramos salir eventualmente.

Lo siento, Ben —dije suavemente.

Él se encogió de hombros.

Los chicos buenos terminan último, ¿cierto? Estoy acostumbrada a ello.

No eres el último. Eres excepcional. Eres del tipo que hace lo correcto, incluso cuando es difícil. Alguien va a notar eso. Y va a ser muy afortunada cuando lo haga.

Aunque seguía siendo amigable con Ben, él ya no me invitaba a almorzar. Queriendo respetar sus límites, no le había presionado al respecto.

Riley era la única otra persona que había mencionado mi relación, pero eso era porque él era imprudente y completamente intrépido.

¿Tú y Edward, hmm? —preguntó y resopló—. Debería haberlo adivinado, basado en lo protector que era contigo.

Riley, estuviste de acuerdo que te habías pasado de la raya ese día.

Solo digo —dijo—. ¿No tengo permitido hablar de ello?

No estoy interesada en hablar de ello. ¿Podemos concentrarnos en los bosquejos, por favor?

Él frunció sus labios y me dio una mirada extrañamente calculadora.

Tienes suerte, ¿sabes? Él es sexy. Inteligente. Dominante.

Riley.

Él levantó sus manos.

Está bien, está bien. Entonces. ¿Estás segura que ellos quieren este azul neón?

Como estaba hiperconsciente de cualquier cosa que tuviera que ver con Edward, noté el momento en que Colin y Stuart salieron de su oficina.

Aún intoxicada de euforia y alivio, me moví nerviosamente en mi silla, queriendo ir a él de la peor manera. Y estaba a punto de ceder al impulso cuando Edward se paró de su silla y salió de su oficina. Incapaz de apartar la mirada de sus penetrantes ojos, lo miré caminar hacia mí.

Alice llegó a él primero.

—Felicitaciones —dijo suavemente.

—Gracias —contestó, su mirada permaneciendo en mí mientras me ponía de pie para unirme a ellos—. Aunque estoy más agradecido por el bien de Bella.

Suave y encantador, su atención me rodeaba como una caricia, y ansiaba estar en sus brazos. Sí, estábamos en el trabajo, pero diablos. La adrenalina en mi sistema estaba haciéndome sentir como si acabara de volar sobre el listón en el salto con garrocha.

—Aparentemente, estoy aquí para tener novedades sobre Bailey's —le dijo a Alice.

—Oh, por supuesto —dijo—. La campaña VeEnBicicleta se encuentra en el Departamento de Artes Gráficas ahora mismo. Debería tener la versión final del video listo para revisión el lunes por la tarde. El martes a más tardar.

Sus ojos no abandonaron mi rostro durante todo el momento que Alice habló. Hasta que ella se aclaró la garganta.

—¿Quieren los dos bajar el tono un poco? Aún nos quedan varias horas antes de la hora de la salida.

Me sonrojé y bajé la mirada hacia los zapatos de Edward.

—El martes a más tardar —Edward repitió con una pequeña tos—. Eso estará ajustado, pero haremos que funcione. Ha sido difícil trabajar con Robert Bailey, lo sé.

Varias personas estaban mirándonos. Ben me divisó y me dio una pequeña sonrisa, mientras yo daba un paso atrás, hacia mi silla.

—Bueno, nos... vemos luego —mascullé con una última mirada a Edward.

Él me dedicó su sonrisa maravillosa, y mi corazón dio un salto. Jamás me acostumbraría a esa.

—Lo juro, ustedes dos podrían comenzar un fuego con sus ojos —Alice masculló de manera acusadora.

Hundiéndome en mi silla de nuevo, giré vacilantemente para enfrentar la pantalla de mi computadora. La primavera se acercaba, y Mootsie's Tootsie's quería algo acorde para promover sus zapatos—algo que pudiera funcionar en un cartel a gran escala en la tienda, en las redes sociales, y en los comerciales de televisión y radio.

Era todo un reto.

Y justo lo que necesitaba como distracción.

~PJE~

Aunque mi contrato terminaba a finales de abril, me mudé con Edward a mediados de marzo. En ese momento, estábamos viviendo prácticamente juntos de todos modos. Ya tenía ropa colgando en su armario, zapatos en el suelo, y mi secadora de cabello favorita se encontraba en su baño. Mi propio apartamento estaba oscuro y silencioso, y ya no sentía que pertenecía allí, incluso cuando estábamos allí. Redirigir mi correo hacia su dirección fue más fácil de lo que había anticipado y me hizo dar cuenta que había soltado un número de viejas preocupaciones. Me encontraba en esta relación con él en cuerpo y alma.

Acomodando los últimos portaretratos en el librero, di un paso atrás para admirarlos a todos. Había fotos de Edward, Anthony, Carlisle, Esme, Paul, y Embry. Y ahora, también estaba mamá, papá, y yo.

Los brazos de Edward rodearon mi cintura, jalándome hacia su pecho.

—Luce bien —masculló contra mi sien.

Deslicé mis brazos sobre los suyos.

—Así es. Y no importa lo que pienses, mi manta afgana luce perfectamente calentita y cómoda en el respaldo de tu sofá.

Él rio e intensificó su agarre.

—Me encanta ver signos de ti por todo nuestro apartamento.

Suspirando con satisfacción, estudié mi alfombra verde salvia con patrones bajo la mesa del comedor, la otomana color crema acolchada junto al sofá, y los candeleros de madera de sesenta centímetros de altura y de madera que había colocado alrededor de la sala. Un trío de almohadones en tonos verdes descansaban sobre el sofá, y mis pinturas abstractas favoritas de crema y óxido colgaban a los costados de la televisión.

—Me encanta también —confesé—. Es más un elegante andrajoso que un apartamento de soltero marrón monocromático ahora. Para las ventanas, quizás podríamos conseguir una de esas cortinas color beige como tenían en Gia's.

Él presionó su boca contra mi hombro.

—No podemos cubrir esta vista. ¿Podemos dejar que sean su propio arte?

—No las cubriría, solo serían adorno de ventana —dije, agitando mi brazo de manera dramática—. Cayendo románticamente hacia el suelo.

—Por favor. —Rio—. Cortinas que caen románticamente no.

—Está bien, pero quiero cortinas para el cuarto. Eso, o dormiré con un antifaz sobre mis ojos. Me gusta que esté oscuro.

—Podemos conseguir cortinas para el cuarto —aceptó, meciendo mi cuerpo lentamente de un lado a otro—. ¿Algo más?

—Copas de vino de plástico —dije con unas risitas—. Porque no importa lo mucho que intente no hacerlo, romperé las tuyas.

Él se estremeció exageradamente.

—No. Copas de plástico no —contestó, haciéndome cosquillas a mis costados y haciéndome chillar—. Reemplazaremos nuestras copas cuando lo necesitemos.

Me encontraba sin aliento por la risa.

—¿Lo que es tuyo es mío? —jadeé.

—Por supuesto. Siempre.

Giré en sus brazos y jalé su rostro hacia el mío.

—Te amo.

Nuestro beso fue profundo, lento, gentil, y me dejó sin aliento por otra razón.

—He estado pensando —dijo, llevándome hacia una de las ventanas que daba hacia el lago. Era el mediodía, y el cielo era de un azul claro con algunas nubes esparcidas. Habían varios botes en el azul más oscuro del agua; estos eran fascinantes de ver mientras se movían.

—¿En qué? —pregunté, mientras sus brazos me volvían a envolver.

—En mi herencia. Ser adoptado por Carlisle y Esme.

Mi corazón se detuvo, y entonces se reinició.

Edward presionó sus labios contra mi sien.

—Quiero darte una verdadera sensación de familia también. Algún día, quiero que sientas que Carlisle y Esme son tus suegros.

Ahora latía aceleradamente. Acabábamos de mudarnos juntos, y parecía que él ya estaba pensando el matrimonio.

—¿Y tú? ¿Quieres sentir que ellos son tus padres? —pregunté débilmente.

Porque él no podía hacer esto solo por mí.

—Sí. Escuché lo que dijiste esa noche —contestó, inclinándose para apoyar su mentón sobre mi hombro—. Que soy jodidamente adorable, ¿cierto?

Él me creía.

—Por supuesto, siempre —dije con intensidad.

—Lo siento ahora. Contigo. Y quiero estar libre de mi pasado. Del dinero —dijo, tragando fuerte—. Entonces... podría desvincularme de mis padres por completo.

Pasé mi agarre de su muñeca a sus manos. Su voz era tranquila y segura, pero su cuerpo estaba rígido, y no podía distinguir si era por angustia o determinación.

—¿Qué opinas de que cree una fundación en honor a Anthony con mi herencia? Podría fundar refugios del abuso para niños locales por todo Washington.

Su cabeza se levantó cuando giré en sus brazos.

—Eso es... eso es tan maravilloso y perfecto —dije, tomando su rostro en mis manos. ¿Por qué sus ojos parecían preocupados?—. En vez de que el dinero esté allí, podría ayudar a tantos niños. Alguien como tú o Anthony. Y sus familias. Me encanta la idea, Edward.

Sus hombros se relajaron.

—No estaba seguro de si estaba siendo jodidamente loco o no —mascullé mientras sus manos se levantaban para capturar las mías.

Nunca es loco querer ayudar a alguien más —le dije.

—Hay un refugio, Las Familias Saludables del Condado de Clallam, que es tan pequeño que operan en una pizzería Domino's —dijo, su voz llenándose de emoción—. Quiero decir, solo piensa en lo que cien mil dólares podría hacer por ellos.

Asentí felizmente, parpadeando para apartar las lágrimas que llenaban mis ojos, amando cómo el vacilo en su expresión cambiaba a entusiasmo.

—La última vez que revisé mi cuenta, mi herencia estaba cerca de los cinco millones de dólares, y tiene que ser significativamente mayor ahora. Eso quiere decir que será noticia que todo este dinero sea dado a las organizaciones benéficas locales. Definitivamente algo de lo que se enterará mi padre —añadió con voz entrecortada.

Lo miré con todo el amor y el cariño en mi corazón.

—Es perfectamente poético —le dije—. No solo estás ayudando a muchos otros, sino que es el perfecto vete al diablo. Y ya no tendrás que preocuparte de que el dinero esté sentado allí. Tampoco tendrás que preguntarte qué está pensando tu padre.

Él asintió y se encogió levemente de hombros.

Jalé su cuerpo hacia el mío, abrazándolo con todas mis fuerzas.

—Él no vale ninguna pizca de tu dolor —dije, tan suave como un beso.

Nos quedamos parados allí frente a las ventanas, solo abrazándonos, hasta que finalmente nos movimos hacia el sofá. Tomando su portátil de la mesa ratona, revisamos la cuenta para ver cuánto dinero tenía. Y entonces, hicimos una lista de todas las organizaciones a las que iba a ayudar.

Mañana, Edward finalmente reclamaría su herencia.

Era un paso monumental.

~PJE~

El siguiente pasó tres meses después, cuando Edward salió de la Corte del Condado de Cook como Edward Evanson. Esme caminaba a su lado, incapaz de soltar su mano, incapaz de contener las lágrimas.

—Siempre has sido nuestro, pero ahora bajo la ley también —dijo—. Es un gran sueño hecho realidad.

—Gracias —dijo Edward, soltando mi mano mientras jalaba a Esme y a Carlisle hacia un abrazo—. Gracias por querer ser mis padres.

Eso hizo que Esme comenzara a llorar nuevamente, y sonreí desde donde me encontraba observándolos.

Carlisle fue el primero en separarse de su ajustado círculo, y apartó a Esme de manera gentil y cariñosa.

—Dale un poco de espacio, Es. Estás mojando su camisa.

Ella se apartó de Edward, revelando una mancha mojada en el frente de su camisa blanca.

—Lo siento, lo siento —dijo con una risita, dándole unas palmadas en el pecho.

Edward buscó mi mano de nuevo, llevándome hacia su costado. Aunque él seguía sonriendo y lucía gloriosamente feliz, su labio inferior estaba tenso. Presionándome contra él, me incliné pesadamente hacia él, y su cabeza bajó hacia mi hombro. Enlazando mis dedos en el cabello de su nuca, intenté calmar los pequeños temblores que sacudían su cuerpo.

—Estoy tan feliz por ti —le susurré al oído, y él soltó un sonido suave, envolviendo sus brazos firmemente a mi alrededor.

Esme y Carlisle bajaban los escalones, sintiendo que necesitábamos un momento.

—Está hecho —masculló Edward, y entonces levantó la cabeza para encontrar mi mirada. Con lágrimas asomándose en sus ojos, él lucía perdido y encontrado, aterrado y seguro.

Levanté una mano para sostener su mejilla.

—Sigues siendo , cariño —le dije—. Jodidamente encantador, cada pizca de ti de adentro hacia afuera. No has perdido nada. Y ahora tienes una madre y un padre que te aman mucho.

Mirándome como si fuera su salvación, se inclinó contra mi caricia. Aunque podía ver que aún dolía—este nuevo casi tangible final con sus padres biológicos. Él no había escuchado de ellos cuando salieron todas las noticias sobre el dinero donado, y no habían disputado la adopción hoy.

Bien podrían haber estado muertos.

¿Cómo podías superar a un padre que jamás te amó? ¿O una madre que bebía para olvidar que existías en absoluto?

El tiempo podría mitigar el dolor, pero jamás podría sanar ese tipo de heridas.

—¿Qué crees que diría Anthony? —pregunté.

Edward exhaló temblorosamente, y entonces presionó un beso en la palma de mi mano.

—Él probablemente diría... que es el comienzo. No mires atrás —dijo, y había dolor y esperanza en su voz—. Anthony siempre buscaba el final del túnel.

—Chico listo.

Él tomó mis manos en las suyas, frotando sus pulgares por mis nudillos en una repetida caricia.

—Él estaría feliz por mí. Desearía... desearía que él estuviera aquí.

—Lo está.

Edward miró al sol con ojos entrecerrados, soltando otro suspiro pesado.

—Esta es la última vez que lloro por ellos.

—No tiene que serlo.

Su boca se torció.

—No me vendría mal adoptar un poco del optimismo de Anthony.

—Oye, ya estás allí —dije, gentilmente sacudiendo sus manos—. Siempre juegas para ganar, siempre. Si eso no es optimismo, no sé lo qué es.

Él me jaló hacia su pecho, y sus ojos brillaban mientras me miraba.

—Así es. Te tengo a ti, ¿o no?

Mi corazón se sacudió ante la expresión en su rostro—cariñosa e intensa.

—Oh, estoy muy seguro que yo soy la ganadora en este escenario.

La punta de su nariz rozó la mía.

—¿Vas a pelear conmigo por eso?

—Eres mágico —susurré—. Me transformaste de un dragón escupe fuego a una chica. Tengo todo lo que jamás creí que quería contigo. El amante más sexi del mundo, un mejor amigo en el que confío incondicionalmente, quien sabe cómo calmar mis preocupaciones y hacerme reír, y luego me sirve mole de pollo perfectamente cocinado en la cena.

Él bajó la cabeza para rozar sus labios contra mi oreja.

—Ya sabes, el pollo... tiene más triptófano que el pavo, el cual incrementa el apetito sexual. —Me mordió el lóbulo suavemente—. Y luego está el chocolate en la salsa de mole, el cual incrementa el deseo sexual.

—Como si alguno de los dos necesita eso —susurré con un estremecimiento.

Él dio un paso atrás sin soltarme, y entonces me dio una sonrisa torcida.

—¿Crees que a Esme y a Carlisle le importarían si nos saltamos la cena?

Tomando una página de su libro, le guiñé un ojo.

—Lo que sea que necesites, cariño.

Él soltó una carcajada, y entonces me dio una mirada de divertido arrepentimiento.

—No creas que no estoy tentado, pero Carlisle estaría decepcionado si nos saltamos su experiencia de restaurante tres estrellas.

Sonreí y arqueé una ceja.

—Sin mencionar lo mal que te lo harían pasar Paul y Embry.

—Jamás se detendrían.

—Vayamos a celebrar con tu familia —dije.

—Tú eres mi familia.

Sonreí cariñosamente ante eso, y entonces me di la vuelta ligeramente, jalando de su mano. Pero él no se movió, más que jalarme hacia él de nuevo, levantando y sosteniendo mis manos contra su pecho. Su mirada era intensa mientras me observaba, su agarre intensificándose con deliberación.

—Lo digo en serio, Bella. La vida es mucho mejor contigo en ella.

Ahora mis ojos estaban llenándose de lágrimas.

Apoyando su frente contra la mía, presionó un suave beso contra mis labios temblorosos.

—Mi chica hermosa —susurró, su aliento cálido haciendo cosquillas a mi barbilla—. Voy a pedir que te cases conmigo algún día.

Escucharlo no me asustaba. De hecho, me llenaba de amor y anhelo.

—Y yo voy a decir que sí —le susurré en respuesta.

Él me estaba dando su sonrisa deslumbrante, la que siempre me dejaba sin aliento y hacía que mis latidos se salieran de control.

—¿No más dudas de que estamos yendo demasiado rápido? —preguntó.

Negué con la cabeza, sosteniendo su mirada, ahogándome en ella.

—Eres mi indicado —le dije simplemente, segura de ello con cada fibra de mi ser... y totalmente robándome su frase.

Esto hizo que su mirada se suavizara.

Que su cabeza bajara hacia la mía, y olvidar que estábamos rodeados de personas.

Su beso, cuando llegó, era tan ligero como una pluma. Apenas allí, y aún así descargaba una corriente por mi sangre. Mi corazón era demasiado grande para mi pecho. Se sentía vivo, apreciado, lleno de esperanza, y tan enamorado que dolía. Todo por él, mi matón de secundaria que se había transformado en el compañero más amable.

Nos separamos lentamente, a regañadientes, y el mundo volvió a la vida de nuevo. El cielo era de un azul cobalto, el sol caliente sobre mis hombros y brillante en mis ojos. Los coches pasaban zumbando en la calle abajo, y las personas iban y venían a nuestro alrededor—nosotros el inconveniente en su camino.

A unos escalones más abajo, los padres de Edward estaban esperando.

Sorprendiéndome, me soltó y dio un paso atrás. Entonces, inclinando la cabeza con curiosidad, me ofreció una mano.

¿Vienes conmigo? Parecía estar preguntando.

Como si fuera a hacer algo diferente.

Coloqué mi mano sobre la suya, y él le dio un suave apretón.

Le di uno en respuesta.

Voy contigo.

Y entonces dimos otro primer paso juntos.