Año 59

Nylah Ligthner - 16 años - Distrito 5.


Ha sido toda una experiencia venir a estos juegos. Sí, sigue siendo una lucha a muerte, pero es la primera vez, hasta donde sé, que una arena de interior está repleta de recursos: comida, bebida, y hasta comodidades... Unas vacaciones todo incluido con el alucinante lujo del Capitolio en su máximo esplendor. Puedo decir que, sea cual sea el resultado, la experiencia valió la pena. Aunque la fiesta ya se va acabando, ayer tarde sonó el decimosexto cañonazo y deben estar preparando el programa de entrevistas para los familiares de los ocho finalistas.

En casa estarán tratando de encontrar a mi madre. Me pregunto si ahora, que me perfilo como una posible vencedora, seguirá renegando de mí. ¿Y los chicos? Sé que son muchos... ¿Con cuál me emparejará la prensa capitolina? Sin duda Caesar tratará de sacarse la espinita de las preguntas que no quise responderle en mi entrevista. Me gustaría ser una abeja zumbando por el Distrito Cinco a ver qué dicen de mí. Me saldrán admiradores o amigos hasta de abajo de las piedras. El Distrito no ha conseguido ningún nuevo vencedor en más de una década, y han sido pocas las veces que hemos alcanzado este punto en los juegos.

Esta tarde han convocado al banquete que será en el casino. Sé que en este punto nos quieren a todos allí y, pese a que no estoy necesitando nada, no pienso llevarles la contraria. Si mi memoria no me falla, quedan dos profesionales, ambas chicas; el chiquillo del Tres, que a saber cómo se las ha arreglado hasta este punto; los chicos del Siete y del Ocho y la pareja del Once. Va a estar muy dura la cosa, por lo que más me conviene no involucrarme. Como he dicho, los recursos no han faltado, ni en las habitaciones ni en los diferentes restaurantes, las armas han estado camufladas, pero también bastante accesibles.

Decido irme por las escaleras, para no andar anunciándole a todos mi ruta en el ascensor. Pero voy a quedarme escondida y no participaré, al menos hasta que caigan unos cuantos.

El casino está en el subsuelo. La puerta por la que he llegado y la del ascensor son las únicas entradas, esta última está flanqueada por un par de esculturas de niños regordetes con alas. La planta es inmensa de paredes de color marfil con paneles de madera oscura, columnas doradas, una mullida alfombra azul rey y montones de candelabros, colgantes y de pared, también dorados. Las velas dan una iluminación sutil y todo se ve muy elegante. En toda la estancia hay máquinas y mesas de juego, lo cual nos da poco margen de movimiento, pero también muchos escondrijos. Al fondo hay una chimenea enorme y una gran mesa estilo bufet, vacía por los momentos.

Entro con todo el sigilo del que soy capaz, mirando a todos lados antes de dar otro paso. Pero parece que he sido la primera en llegar. De repente Claudius vuelve a invitar a todos los tributos a venir al casino. Asustada doy un bote, tropezando con una silla y tirándola al suelo. Rápidamente la levanto para no dejar rastro de mi trayectoria y continúo mi camino. Me gustaría poder vigilar desde un lugar alto, pero es imposible subir a las columnas, no hay ventanas y las lámparas parecen demasiado frágiles para soportar mi peso. Tendré que meterme bajo alguna de las mesas. De igual manera sigo recorriendo todo para saber moverme cuando esto de verdad empiece.

Termino la ronda y decido esconderme cerca de la puerta por donde entré, así podré ver cómo están los que lleguen por allí, y siempre tendré la salida al alcance.

Los primeros en llegar son los del Once, van juntos, ella lo ayuda a caminar dejándole apoyarse en su hombro. Él está herido, lleva parchado un ojo y un brazo en cabestrillo. La chica parece un animalito asustado, por cómo levanta la cabeza oteando de un lado al otro. Ellos se esconden lo más cerca que pueden de la mesa grande.

Minutos después llega el del Tres, es bastante flaquito, pero alto, lleva una lanza y camina con prisa, mirando para todos lados. Cuando escucha el campanazo del ascensor se tira al suelo y rueda bajo una máquina de monedas. Las dos profesionales se ven regias, bien alimentadas, arregladas y armadas; hablan fuerte y caminan con la seguridad de que todo a su paso les pertenece. Este banquete es una pantomima, ninguno hasta ahora parece estar famélico o necesitar alguna medicina con urgencia. Pero los juegos han sido ya bastante largos. Mi corazón empieza a acelerarse, sólo faltan dos. Pasan unos diez minutos y no se aparecen.

De pronto una sirena empieza a emitir un sonido desesperantemente agudo. Una compuerta de acero, supongo, se superpone sobre mi ruta de escape y una especie de cubo del mismo material nos deja sin acceso al ascensor. Al mismo tiempo se apagan todas las velas y dos grandes pantallas en paredes opuestas se encienden. Podemos ver como fuera de aquí inicia una serie de explosiones que reduce a polvo toda la parte externa del hotel. Seguidamente escuchamos dos cañonazos y ahora solo quedamos en el juego los seis que estamos aquí. Las profesionales empiezan a desbaratar el lugar, arrojando sillas y escudriñando bajo las mesas. Definitivamente disfrutan los juegos.

Me arrastro para esconderme mejor, pero la sirena me está volviendo loca. Poco a poco desciende el ruido y es cuando noto que empieza a caer algo desde los ductos de ventilación en la parte alta de las paredes. Sea lo que sea hace un suave ruido de fricción y luego se escuchan pasitos. Con curiosidad me acerco y veo lo que son: una especie de naipes de 20 centímetros con las esquinas aserradas. También me fijo que en la parte baja de las paredes hay otros ductos por donde empieza a salir un gas de color rojizo. Todo parece superponerse en esta niebla diabólica. Escucho gritos, golpes y lamentos.

Salgo como puedo para tratar de respirar aire puro y me encuentro con la chica del Once, que acaba de levantarse, su compañero yace a sus pies con una máquina incrustada en la cabeza. Doy dos pasos hacia atrás y vomito. Ella no me hace caso y corre hacia el chico del Tres que trata de apuñalar a los naipes con su lanza.

Yo corro, tratando de alejarme de los demás tributos y de los mutos, hasta que siento un fuerte golpe en mi pierna, cuando me giro veo a la del Uno que me ha golpeado con un mazo. Se ha llevado algunos golpes en la cara, está sangrando y resopla como una bestia. Inmediatamente la del Cuatro salta por detrás de ella y la hala del cabello, empezando a golpearla con los puños.

No sé qué pasa, no logro entender, pero cuando recibo un corte en la parte trasera de la pierna, cortesía de uno de los naipecillos, algo en mí cambia: Una ira incontenible parece burbujear en mi interior y empiezo a luchar contra todo lo que me rodea.


¡Hola!

Me encantó escribir este banquete, espero que les haya gustado. El gas que liberaron en el casino actuaba al contacto con una herida abierta, haciendo que los tributos se pusieran muy violentos e irracionales. Las profesionales, por ejemplo, prescindieron de las armas y se atacaron a golpes. Como la mayoría de los chicos estaban en buenas condiciones, soltaron a los mutos (que en este caso son mecánicos) para que les hicieran un corte a los que no estaban heridos. Uno de los primeros afectados fue Mason del 11, pero no estaba muy fuerte como para hacer suficiente daño, al sentirse atacada su compañera lo mata dejándole caer una máquina de monedas en la cabeza. Nylah tampoco tenía ningún control sobre la situación, pero jugó a su favor que conociera el terreno, atacaba, pero también esquivaba y se escondía. Fue la única sobreviviente.

Alpha: Me gustan mucho los nombres ambiguos. De hecho, hace un par de ediciones, hubo un Cory varón del D11. Respecto a Wiress, salió algo trastornada de sus juegos y, pese al paso del tiempo, no se recupera del todo, me gusta pensar que Beetee fue su mentor y se encariñó con ella (no románticamente) al ser la primera chica que logra traer de vuelta. En la peli parece que ella es mayor, pero sabemos que la piel morena se conserva mejor ;-P

Dani: Me hiciste recordar lo que Johanna menciona sobre los tributos del 7 disfrazados de árboles en los últimos 20 años, supongo durante esa edición hubo una pequeñísima excepción. Y no, el grandote del año pasado se llamaba Calibán, Brutus ganó la edición en la que fueron Astoria y Kieran.

Me di cuenta de que se me pasaron los años y nunca introduje a Caesar que, para este punto, ya debe tener al menos una década como conductor del programa de entrevistas, pues ya estaba en el año de Haymitch.

En la edición 58 el vencedor fue Angus Hexner de 17 años, del D9, y con Nylah (vencedora de la 59) ya tenemos a los 8 vencedores del 3er QQ que Collins no nos presentó. Los restantes, que son canon, se vienen bastante seguidos. El blog se encuentra al día hasta esta edición.

Muchas, muchas gracias por su tiempo y más aún si se animan a escribir un comentario. Por cierto, se viene una actualización de una de mis historias viejas, me haría mucha ilusión que la leyeran. Nos leemos pronto...

SS.