El tiempo era oro y Mu debía pensar rápidamente lo que tendría que hacer para ayudar a Athena en su idea descabellada, pero era como si su mente estuviera en blanco total.
—Creo que tu idea de hablarles al final es lo mejor. Solo debería ir a despedirme de los demás dorados, yo estoy casi segura de que entenderán y asunto arreglado. No le demos largas al asunto —sugirió Saori con seguridad, viendo cómo quería comenzar a oscurecer.
Mu siguió en silencio mientras miraba hacia abajo, luego arriba y a los lados, pero nada surgía y su serenidad se estaba yendo por la borda. Él más que nadie sabía que sus compañeros armarían un escándalo y terminarían reteniendo a Athena a toda costa. Eran demasiado obstinados, ella no tenía idea.
De pronto se le ocurrió ver hacia el frente y allí estaba la única respuesta que el universo le estaba ofreciendo para que nadie se diera cuenta:
A lo lejos, dentro de la casa de Aries, con lo que la tenue luz del sol dejaba ver, Kiki practicaba sus habilidades psíquicas para cambiar de forma. En esos momentos se había convertido en él con todo y armadura; ese chico estaba mejorando sin lugar a dudas.
Kiki se paseó con la frente en alto por la entrada de la casa de Aries y en cuanto vio a dos peones, comenzó a darles órdenes. Aquellos dos hombres obedecieron sin titubear las órdenes del que creían era el caballero dorado Mu. Asintieron mil veces y se fueron de allí haciendo mil reverencias.
Mu abrió un poco más sus ojos ¡Eso era! El poder de ilusión que cambiaba por completo la forma de quien lo utilizaba era la solución, y no había nada que lo convenciera de lo contrario. Él y su discípulo podrían hacer algo al respecto durante un mes. Los días pasaban como agua en un río, sería pan comido.
En ese pensamiento estaba el dorado cuando Kiki, de un momento a otro, al querer hacer un movimiento de combate tropezó con su capa y volvió a la normalidad, pero solo del cuerpo, quedando con la forma de la cabeza de Mu y su cuerpo de niño. El santo de Aries se llevó la mano a la frente de la decepción, pero una voz lo hizo sobresaltar:
—Mu, hace rato te estoy diciendo mil opciones y pareciera que no me estás escuchando —Saori se cruzó de brazos para esperar que reaccionara el caballero.
—Sí, sí... la estaba escuchando, solo que, creo que ya tengo la solución, Athena —dijo tratando de sonar firme con sus palabras.
«Si esto sale mal soy hombre muerto», caviló el santo dorado.
—Verá, este es el plan —Mu llamó a Kiki y los tres en voz baja armaron el plan maestro para que Athena pudiera así escapar del Santuario.
—Maestro Mu, ¿eso quiere decir que ya pasé el examen para utilizar los poderes telequinéticos iniciales por fin? —inquirió Kiki con emoción y una amplia sonrisa.
—Pues... técnicamente harás tus prácticas finales en telequinesis básica con esta misión —El muchachito saltó de la dicha y Saori comenzó a preocuparse con esa mini conversación e intervino de inmediato.
—No te lo puedo creer, ¿crees que saldrá bien?—habló Saori con nerviosismo —. Es decir, Kiki tendría que saber a la perfección...
—...Athena, no tenemos tiempo para ensayar nada. Usted solo seguirá lo que dijimos al pie de la letra y fin de la conversación.
—Bueno, bueno... confiaré en ti y en tu buen criterio, pero por si acaso, en este momento les dejaré de mi cosmo, para que todos aquí sientan mi presencia y no sospechen. —Saori elevó sus manos y esparció las estelas de su cosmo en todo el Santuario; cada resquicio estaba lleno de la presencia de Athena —. Ahora transforma mis vestiduras y me iré en un tris hacia el jet.
Dicho y hecho, ni siquiera hubo un solo movimiento de parte de Mu, simplemente cerró sus ojos y el blanco vestido de Saori se había convertido en un sexy traje azul de azafata. Aparte de su uniforme portaba lentes, medias y zapatillas; su largo cabello estaba recogido en una trenza francesa, además lucía debidamente maquillada.
Saori se ruborizó ante su cambio de look, agradeció con una reverencia rápida y salió corriendo en dirección al jet. Mu suspiró con preocupación y pidió a su discípulo que usara sus poderes. Kiki se limitó a abrir los ojos como platos y obedeció.
«Ahora viene la parte difícil. Este será un mes demasiado largo», pensó el santo de Aries mientras observaba a Athena irse hacia el destino que eligió.
Los minutos pasaban y no había señal de Athena por ninguna parte. El reloj de pared hacía su característico tic tac y cada segundo parecía taladrar los oídos de los santos dorados, que no habían hecho más que esperar, pero la paciencia se iba acabando. Nadie decía palabra alguna, mas no era necesario notar el estado anímico de los jóvenes caballeros.
Milo se encontraba sentado en el suelo, de brazos cruzados y a cada tres segundos volteaba hacia el reloj. Aioria caminaba de un lado a otro como león enjaulado y comenzaba a desesperar a Shaka, quien era el único sentado adecuadamente en una silla y tamborileaba la mesa con ansiedad, mientras que Aldebarán estaba parado en la entrada del templo y vigilaba para ver si Athena hacía su aparición en cualquier momento. Pasaron otros tres segundos y el silencio fue abruptamente interrumpido.
—Esto es inaudito —espetó Aioria entre dientes, revelando la furia que comenzaba a invadirlo —. Ya es de noche y Athena nada que aparece, me parece muy descortés.
—Aldebarán, ¿aún no viene? —prosiguió Milo, mientras el santo de Tauro volteó y negó de inmediato.
—Algo debió haberle pasado —intervino Shaka con serenidad —, recuerden que se estaba despidiendo de los santos de bronce —se encogió de hombros.
—Suena razonable —esbozó Aldebarán, sin quitar la vista del panorama de afuera.
—No te hagas el comprensivo, Shaka, que no te queda bien —escupió Aioria —. Piénsenlo, ya le dimos un tiempo prudencial y nos está tomando el pelo.
—Bueno, viéndolo de ese modo, quizá nuestro compañero de Leo tenga razón —asintió Milo con el ceño fruncido —. Todos sabemos que para despedirse no se necesita más que decir adiós, agitar la mano y punto, se acabó.
—Gracias, Milo. Al fin alguien dice algo coherente —respondió Aioria —. Algo me dice que esta reunión comenzará con una lista interminable de quejas, ya no con... ¿Cómo se llama esa palabra que repite tanto el buen Mu?
—¿Diplomacia? —agregó Shaka con indiferencia.
—Exacto, diplomacia —Aioria chasqueó con su mano derecha—. Al diablo con esos requerimientos, aquí se necesita dejar en claro las cosas desde el principio para evitar problemas en un futuro.
—Bueno, solo te recuerdo que estamos ante nuestra diosa, no es cualquier persona y no puedes hablarle pesado aunque quieras —debatió Shaka.
—Eso es lo de menos cuando hay una injusticia, además tú sabes que estoy controlando mi temperamento, las cosas ya no son como antes y ustedes son testigos —afirmó Aioria y todos se veían a los ojos con un poco de incredulidad, pero no comentaron nada.
—Bueno... —carraspeó Milo mientras se levantaba—. Yo creo que iré a verificar que Athena venga. Ahora les traigo noticias.
—Tú no vas a ninguna parte, ese no era el acuerdo de esta reunión —intervino Aioria bloqueándolo con su brazo.
—Entonces quizá nos quedemos esperando aquí para siempre —respondió Milo con frustración—. Además Athena no anda sola, ¿qué hay de Mu? Él nos dio su palabra de escoltarla hasta acá. Quizá él sea el que nos deba las explicaciones.
—Ey, eso es cierto —afirmó Shaka —. Ese carnero nos debe una buena explicación, porque al final todo esto es para presentar oficialmente a Athena ante todo el Santuario el día de mañana y para hablar de las nuevas directrices que regirán este lugar —Milo y Aldebarán asintieron.
—¿Saben qué? Esos dos me van a escuchar cuando los encuentre —dijo Aioria, dispuesto a salir en busca de Athena y Mu.
—Te acompaño —secundó Milo y comenzó a caminar detrás de Aioria.
—Yo también voy —agregó Shaka mientras se levantaba de su silla.
—Tráiganme noticias cuanto antes —dijo Aldebarán aún recostado en la pared de la entrada del templo.
—Tú vienes con nosotros —Lo empujaron entre todos. El santo de Tauro rodó los ojos y comenzó a caminar.
Los cuatro hombres con armaduras marcharon si mucho un par de pasos, y no pudieron dar uno más, porque ante ellos la figura delicada de su diosa y del santo de Aries se hicieron presentes. Todos quedaron estáticos; la esperada reunión al fin estaba por comenzar.
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Continuará...
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Hola, agradezco a quienes han leído los capítulos anteriores, sus lindos comentarios me motivan a seguir adelante. Esta vez agradezco a Karisss, por su bello comentario y espero que te agraden los capítulos que vienen ¡Saluditos! n.n
