-Enfermarse por falta de alimentos, ¡Los jenízaros siempre alimentan bien a los esclavos!.- La pelinegra mascullo eufórica. El rubio refunfuñó, mientras masticaba sus frutas recién proporcionado.- Morir por inanición cuando dispones de alimentos, ¡Por lo menos sé creativo para morir! - Bill rio levemente ante el comentario.
Después de una visita en la enfermería, la doctora escuchó sus síntomas y reviso el interior de sus parpados determinando una enfermedad causada por la falta de alimentos necesarios, por lo que le recetó infusiones, alimentación y mucho descanso para que se pudiese recuperar pronto. Tenía mucha suerte de que su linaje fuera fuerte, si no la enfermedad lo hubiera consumido en días, y hubiese muerto llegando al palacio.
"Al menos, sé el porqué me sentí tan débil en los brazos de ese turco y sus hormonas lograron someterme con facilidad" Pensó el rubio al escuchar el dictamen médico de los labios de la Delta. Habían acatado las órdenes de la doctora y, tomando varias frutas picadas, se dirigieron a la biblioteca.
Durante el trayecto, y después de la breve regañada de la pelinegra a Bill por sus ayunos mortales, Sarabi le explicaba a Bill sobre la jerarquía del palacio, así como la familia del sultán. El Cipher no había considerado la existencia de una esposa del sultán, por lo que al saber de la existencia de Wendy, y su embarazo de 6 meses, sus planes se amplificaron.
Intentaba aprovechar el exceso de información, pero los pensamientos del rubio eran un caos que se convergían en un mismo pensamiento: Venganza. El emperador turco, la cabecilla de la raza otomana, el jefe del imperio que atacó su aldea, estaba a su alcance, al igual que su familia, no dudaría en usar sus habilidades para hacerlo sufrir de todas las formas posibles hasta que ruegue por dejar de existir.
Su ejército había acabado con su familia, sus amigos e inclusive su amor.
Lo justo era que pagará con la misma moneda.
La delta, recogía varios libros y papiros de entre las estanterías del enorme cuarto de aprendizaje, mientras seguía dándole información al Cipher, haciendo comentarios entre dientes sobre su estado de salud - Quisiste hacerte el valiente y mártir, ¡Cuando tienes tanto potencial!.
-¿Solo por eso hiciste el trato? ¿Por qué tengo "potencial"?- Enfatizó la palabra, dando a entender que se refería a su linaje.
-¡Si y no!- Sus palabras contradictorias causaron confusión en el omega. La Delta suspiró fastidiada y más molesta de lo que se encontraba- No desperdiciaría mi tiempo, ni mi vida en una persona que no tiene la madera para el amo Dipper. ¡Además, tú y yo tenemos un trato!
-Un trato que no sabes si va a funcionar- Musitó. Las palabras arrastradas fueron escuchadas en los sensibles oídos de la Delta, y dándose la vuelta rápidamente, se dirigió al omega que terminaba sus últimas piezas de fruta picada.
-¡Oh! Claro que funcionará- La heterocroma soltó todo su cargamento en la mesa donde el oji-ambarino comía, causándole un susto por el ruido estruendoso. Los Ojos bicolores observaron con sorna al rubio y palmeo la pasta de los libros en una clara señal. -Y yo me encargaré de eso.
Bill rodó sus ojos con fastidio. Tenía que estudiar y aprender sobre la sociedad y la cultura de los turcos, y mucho, mientras más aprendiera, mejor podría controlar la situación, sea cual sea. Suspiro pesadamente y tomó el primer libro de la pirámide que le había traído la mujer. Al notar la portada, frunció el ceño al notar garabatos escritos en él. Estaba en otro idioma. Estaba por quejarse, hasta que fue interrumpido por la pelinegra.
-El primer paso, es el idioma. Tienes que aprender el idioma natal del amo Dipper. Aprenderás turco otomano. - La risa jocosa del rubio, disgusto de cierta manera a la pelinegra, y cruzó los brazos esperando una buena explicación para no azotarle en las manos con su bastón.
-Ya hablo mi idioma natal, y el sultán me entiende.- Respondió divertido. No quería perder el tiempo aprendiendo el idioma del enemigo.
-¿Y solo te quedarás con ese idioma?.
-Ya takze govoryu pau-russky.-
-Svoloch, lentyay- La delta comenzaba a frustrarse. -Sé condescendiente. Te beneficiará en este imperio de leones sedientos de poder.
-No necesito aprender cosas estúpidas como el idioma o el arte de esta cultura, necesito ganarme la confianza del sultán. Aprovecharme de su bondad, me ayudará a manipularlo fácilmente, conquistar este imperio será lo de menos y puedo hacer que hasta el trono sea tuyo.- La Delta golpeo con fuerza y ambas manos, la mesa donde se encontraban los libros, llamando la atención del Cipher, observando con asombro por la ira de la mujer.
-¡Si serás idiota!- Sus colmillos comenzaban a salirse de sus bordes, mientras que sus ojos resplandecían en colores oscuros llenos de furia. A pesar de la apariencia fiera de Sarabi, Bill no se inmutó y sonrió satisfecho con la reacción salvaje de la mujer.-Siquiera conoces el Corán ni las reglas de esta región y i¿hablas del trono como si fuese cualquier cosa?! ¡¿No pudiste ser más idiota?!.
La diatriba fue interrumpida al estruendo de las puertas. Una omega castaña de cabellos lacios, jadeaba con cansancio y buscaba con la mirada por dentro de la habitación, hasta que sus ojos marrones encontraron a la pelinegra confundida.
-¡Allah'a şükür! İşte buradasın - La recién llegada fijó su mirada a la silueta masculina que acompañaba a Sarabi, y tomando una elegante postura, prosiguió -Efendimiz gitmek üzere. Ikindi namazı için her şeyi hazırlamalıyız.
Sarabi asintió y la omega se retiró a prisas, cerrando las puertas detrás de sí.
- ¿Quién era ella? ¿Qué fue lo que te dijo? - El rubio fijó su mirada por donde la omega femenina se había retirado.
- Se llama Melek, y sabrías de qué hablaba si hablaras nuestro idioma- Soltó sardónicamente, causando un ligero gruñido en el rubio al entender la indirecta. - Debemos movernos, sígueme.
La Delta se encaminó a lo profundo de la biblioteca, y ante la mirada curiosa del rubio, empujó el último estante con libros viejos, descubriendo un pasaje oculto.
-Entre el acuerdo que tuvimos, me pediste los secretos de este palacio.- Se reverenció con ironía ante la mirada fastidiada de Bill, quien solo vio la entrada oculta con desconfianza. -La existencia de estos pasadizos, solo yo y el amo Dipper lo conocemos. Pronto te enseñaré todos, pero ahora quiero que veas esto. - Y sin más empujó al rubio a la oscuridad inminente del oculto lugar.
-¡¿Qué demonios crees que haces?!- Masculló el Cipher al notar como la pelinegra ingresaba al lugar y tiraba del mueble, reincorporándolo en su lugar.
-Guarda silencio- Le reprendió la pelinegra - Te enseñaré a la familia real.- y tomando la muñeca del omega, comenzó a subir las escaleras de forma meticulosa.
Las paredes empolvadas y las esquinas cubiertas de telarañas le daba un toque tétrico al escondite en el que se desplazaban con rapidez. Bill no entendía nada de lo que sucedía, y solo se dejaba llevar por la pelinegra por entre los pasillos antiguos que se escondían entre las paredes.
De repente, la delta se detuvo y regresando su mirada a Bill, colocando su dedo índice entre sus labios, indicándole guardar silencio absoluto. El omega asintió y fue entonces que, abriéndose paso entre las gigantescas telarañas que cubrían la entrada de la habitación, ingresaron de forma silenciosa.
Un cuarto abandonado con muebles rotos y polvorientos les dio la bienvenida. El rostro de desagrado del rubio fue intercambiado por uno de asombro al divisar como Sarabi levantaba un cuadro colgado en la pared, descubriendo una rendija de ventilación. Indicándole que se acerque, diviso entre los finos agujeros, lo que se escondía en el lado contrario de la pared: una elegante habitación de paredes recubierta de tonos azules con dorados se divisaba del otro lado del escondite. Sirvientes, lacayos y algunas otras personas lograba divisar dentro del cuarto, hasta que sus ojos se posaron sobre las tres mujeres paradas a la mitad del lugar.
Justo en el centro de la habitación, formados en una fila y con desazón, la familia real esperaba paciente al castaño para despedirse: La madre sultana, Mabel y Wendy. El viaje hacia las tierras del sur era un camino largo y peligroso, pero necesario.
El tema de la guerra civil, que se propiciaba como una plaga ante la incertidumbre de la expansión religiosa, provocaba que el mismo sultán fuera a apaciguar los problemas de sus comunidades establecidas. Sus tropas estaban listas para partir, ahora solo esperaban que su líder se despidiera de los suyos como la tradición mandaba.
El sultán fue presentado con el vocero, apareciendo en la habitación de la misma forma elegante y majestuoso que se presentaba a sus súbditos. Sus oficiales lo escoltaban con altivez y orgullo: una alfa rubia de ojos celestes y un alfa pelirrojo de ojos castaño oscuros.
Los presentes en la habitación se inclinaron con respeto y fue cuando Dipper se acercó a su madre, tomando sus manos y besándolos con cariño.
-Ana sultan, Allah'ın izniyle döneceğim.- predicó.
Toda la escena fue observado por un par de ojos ambarinos. No entendía el idioma, pero sí entendía las miradas y las acciones de las presentes. Los espías observaban con suma atención todo lo que sucedía en la habitación real, por las pequeñas aberturas de la rendija que las cubría de su delito.
-¿Ana sultan?- Susurró Bill, Sarabi inmediatamente cubrió su boca y siseo. No debían subestimar ni arriesgarse ante los agudos oídos de los presentes. Cipher rodó los ojos y tomando las manos ajenas, sin despegarlas de su boca, regreso su mirada a las personas de la habitación.
"Castaña… Mayor… ¿Madre?". Las palabras se escucharon en la mente de la pelinegra, siendo clara la relación de lo que sucedía. Bill le transmitía sus pensamientos. Sarabi asintió.
Después de unas breves palabras en turco, el Pines se dirigió a la castaña, quien tomó su mano derecha, la besó y la colocó en su frente.
"¿Más familia?" La delta volvió a asentir.
Dipper se desplazó hacia la pelirroja y comenzó a acariciar su vientre abultado mientras recitaba algunas palabras en su idioma. De entre el confuso vocablo, "Wendy" era la que más resonó en las sienes del rubio, pues comprendía que ese era el nombre de la omega pelirroja.
"Rojo… Wendy… ¿Esposa?" La Delta asintió ante su pregunta.
"Cachorro… Tiempo… ¿Falta?" Sarabi levanto 4 dedos.
Al terminar, El castaño mayor habló en voz alta, todos vitorearon las palabras del alfa y elogiaron su nombre. Cuando el breve bullicio se terminó, todos se reverenciaron y el sultán se retiró.
Bill separó las manos de la delta, más no las soltó, y observó como los presentes se dispersaban ante la ausencia de su monarca. Sus orbes ambarinos, que resplandecían con malicia, se posaron en la rubia bien vestida, notando miradas ávidas de ella con las de la castaña gemela del sultán.
"Castaña… Rubia… ¿Juntas?". La heterocroma negó.
El Cipher soltó las manos de la Delta y se alejó con cautela de la rendija donde espiaban.
No tenía más que ver.
Tenía suficiente información para planificar su plan y el tiempo le abundaba ahora que el castaño no estaría cerca. Por ahora se enfocaría en aprender todo lo que el tiempo le rinda, pero sobre todo, llevaría a cabo su primer paso al sultanato:
Derrocar a Wendy y su cachorro.
-oO◊Oo-
-En el harem, la madre sultana es la que tiene el control absoluto- Dictó la heterocroma en ruso, mientras degustaba de un pequeño cubo delokum bien salteado en azúcar. - Cuando el amo Dipper no este en el palacio, ella lleva las riendas. - El rubio apuntó lo recién dicho por la Delta, en el libro que la misma le había regalado. -Bien, ahora díselo a Murak.
Había pasado una semana desde que el sultán había partido, y las clases intensivas de Sarabi habían comenzado. El idioma, la jerarquía, la cultura e inclusive los mapas de las ciudades del imperio se convirtieron en su rutina de aprendizaje diaria.
En el harem las cosas se le complicaron al convivir con otros omegas y Deltas de diferentes razas, y se forzó a sociabilizar bien con cada uno de ellos, si que sus planes fueran un éxito, lo mejor era que se llevará bien con todos y dar una buena impresión de ser un "omega sumiso" y manejable. De los únicos omegas que no habían simpatizado con él, eran aquellos que dormían en el segundo nivel del harem. Los "favoritos" del sultán, omegas comunes e inferiores, que poseían su propio cuarto y sus propias sirvientas, y aunque no eran muchos, podrían generarle problemas en sus planes a futuro. Ya luego se encargaría de esos presumidos y presumidas.
Ahora su meta principal era dominar por completo el turco, así se evitaría complicaciones en la comunicación. Para no desperdiciar tiempo, en sus "tardes libres" se la pasaba en la cocina con Sarabi, ya que esa hora era su almuerzo. Practicaba y escribía todo lo que podía, preguntándole a la pelinegra sobre sus dudas.
Bill suspiro profundo y dirigió su vista a la omega castaña que los acompañaba en su almuerzo. Murak, la omega institutriz del palacio, encargada de enseñar el arte y los modales a todos aquellos que se relacionaban o servían a la familia real, le miraba de soslayo y con desdén, mientras masticaba tranquilamente su bocadillo, degustando el dulce sabor en su paladar. El Cipher, se aclaró la garganta y prosiguió.
-Padişahın annesi haremden sorumludur.- Dijo con seguridad.
-Padişah yokken sarayı kim yönetir?- Le preguntó la omega, poniendo toda su atención en el rubio.
-Sultan anne. Padişahın atası.- Respondió el Cipher.
-¡Perfecto!- Interrumpió la Delta con orgullo en ruso. -Tú acento es casi perfecto- ella tomó el libro donde escribia bill, observando las palabras escritas en turco - Tu caligrafía es entendible, aunque aún te falta práctica y vocabulario, pero eso lo irás adquiriendo con el tiempo.- Sarabi acercó el plato de dulces que degustaban las institutrices, ofreciéndoselo como premio y siendo bien aceptado por el cortesano.
Si algo debía admitir el rubio, era que los dulces de esa recesión eran deliciosos.
-¿Algo que quieras agregar, Melek?
-Seguro- La omega de ojos marrones, enderezo su postura y se dirigió a la Delta con un toque de ira. -Deja de endilgar tu trabajo. Enséñale tú y déjame descansar tranquila.- Una mueca de sorpresa se formó en el rostro de la Delta, mientras que Bill intentó reprimir una carcajada por el comentario de la omega.
-¡Oh vamos, dulce ángel! ¡Es solo una práctica! Y Bill necesita practicar mucho.- Se defendió.
-Hay demasiadas personas que hablan turco en este país, búscate a alguien más.
-Tú eres turca, ¿Quién mejor que enseñar turco, que una nativa hablante?
La castaña gruñó levemente indicando su fastidio. Sasabi suspiró al entender su cansancio.
-Bill, cariño.- El nombrado se estremeció y regreso su mirada hacia la omega que le llamaba - Ve a descansar, es tarde. Mañana empezaremos con tu aprendizaje con el violín.
Cipher asintió, y tomando sus cosas e inclinándose levemente, abandonó el lugar.
-No entiendo por qué tanta insistencia con que ese omega- Melek le habló a Sarabi en polaco - ¿Por qué quieres que sea mejor que todos los demás? ¿Que no debemos ser imparciales ante las decisiones de nuestro señor?
-Tú más que nadie sabes el porqué. - Respondió a la defensiva y rápidamente la pelinegra, en el mismo idioma. -¿Que acaso no quieres un poco de diversión para el amo Dipper?
-No confió en él, y menos con lo de la última vez.- Una mirada de enojo contenido se dirigió a su acompañante -¿Quieres que las cosas terminen como la última vez?
-No lo hará, mi hermana fue estúpida, pero yo no.- Masculló, tomando otro poco cubo de lokum de la bandeja -El amo Dipper, se merece lo mejor, pero también le hace falta un poco de su propia medicina.
-¿Cómo te atreves?- El comentario despectivo de la Delta le hizo enojar, pero rápidamente, Sarabi se corrigió.
-¡Vamos será divertido! ¿O no quieres que el amo Dipper sé dé unos besitos con el cortesano Bill?- El asombro y el rubor de la omega, fueron causa de risas hilarantes en la Delta.
Aquellas risas estruendosas lastimaron los agudos oídos del rubio, quien se escondía en una esquina y escuchaba la entendible conversación.
La Delta y la Omega se llevaban bien, eso era claro, pero ¿Por qué ella no era abierta con él de la misma manera con la que Sarabi? ¿Qué se trababan ellas como para estar hablando de él? Su cabeza le comenzaba a dar vueltas ante sus repentinos pensamientos, por lo que frotando sus sienes, se dirigió al harem, dispuesto a tomar una necesitada siesta.
Ya mañana tendría todo el día para descubrir más de la castaña institutriz y su relación con su peona.
