Disclaimer: Naruto y todos sus personajes siguen siendo propiedad de Masashi Kishimoto TT_TT
Beta: aazwj2
Advertencias: Shonen ai
Naruto
Durante toda la semana, habían estado viéndose en casa de Sasuke. Lo habían acordado así para que Menma se acostumbrara al entorno, y para ver cómo reaccionaba al no acudir al parque donde solía ir. Naruto no tenía ni idea de cómo consideraba a los otros niños, y si hubiera alguno que considerase amigo, se veía venir el drama.
Sin embargo, le sorprendió al no hacer Menma ni una sola mención al respecto. No sólo eso, sino que había conocido otros niños en el barrio de Sasuke que lo habían aceptado en su grupo sin más, y con los que parecía llevarse bastante bien. El primer día que pasearon por allí después de la lloriquera que le dio, se acercaron a preguntarles si Menma podía jugar con ellos, y de mientras Sasuke y él se quedaron por allí cerca sentados en un banco, vigilando al terremoto y charlando un poco.
A ambos les pilló por sorpresa que Menma se pusiera a hablar de Sasuke como si fuera un miembro más de la familia. No sabía si su madre tenía algo que ver, pero era todo un alivio. No sabía cómo hubiera abordado ese problema dado el caso de que Menma se hubiera puesto irracional.
Una cosa menos con la que lidiar.
El otro tema era que Sasuke había conseguido plantar la semillita de la duda en su cabeza, aunque no le hubiera vuelto a insistir:
¿Le merecía la pena mantener el trabajo que tenía?
Bien era cierto que, si quisiera, hoy se dejaba el trabajo y mañana ya tendría uno nuevo en cualquier otro lugar: de camarero, en el campo, de dependiente, de mozo almacen… Pero no estaba tan seguro de poder conseguir otro trabajo de oficina con tareas similares, y le daba muchísima pereza tener que aprender de nuevo a funcionar en un puesto administrativo. Porque daba igual los estudios que tuviera… Cada empresa usaba programas diferentes, y las dinámicas eran diferentes también, y en ésta ya podía poner el piloto automático sin miedo a cagarla.
Claro está, hasta que ésos dos empezaban a discutir.
—¿¡Pero no me habías dicho que te dejara el pedido en esta bandeja!? —gritó Sakura a través de la ventana que daba al almacén.
—¿¡Cuándo he dicho yo eso!? —gritó de vuelta el otro.
—¡Ayer me dijiste que querías que te dejara aquí una copia de los pedidos con problemas!
—¡Pues aquí no quiero papelajos!
Incluso sentado desde su sitio, Naruto pudo ver cómo el energúmeno aquél cogió los papeles que Sakura le había dado, los hizo una bola, y se los tiró con saña.
Suerte que Sakura se pudo zafar a tiempo de que le diera en la cara.
Mala suerte de que la bola llegó hasta su escritorio y volcó su vaso de café.
—¡Me cago en la puta hostia ya! ¡Joder!
A prisa, apartó todos los papeles que tenía por ahí encima. Consiguió salvar la mayoría de que se ensuciaran, sin embargo no todos.
—¡Pero vamos a ver! —exclamó al tiempo que salía de la caseta.
De reojo pudo ver a Sakura petrificada en su sitio y, de frente, al otro tensándose a cada paso que daba hacia él.
Sentía las venas de la sien y del cuello palpitarle. Trabajo tirado a la basura por culpa de un gilipollas…
Sólo esperaba poder bajarle los humos sin perder los estribos.
—¿¡Tú cuántos años tienes!? ¿¡Cinco!? ¿¡Vas a entrar a hacer de nuevo los gráficos que llevo haciendo toda la mañana y que tú —le plantó un dedo en el pecho e hizo algo de presión—, acabas de joder con la puta bolita!? ¿¡Se lo vas a explicar a Ibiki!?
—¡Pero si es la pava esta que no se entera de nad-!
—¡No, tú no te enteras de nada! —le cortó. —¡Si quieres llamo a Ibiki para decirle que venga y que te lo explique él en persona porque Sakura sólo te comunica lo que él dice!
Aún sentía el corazón golpearle en el pecho con fuerza. Aquél estaba apretando los puños, y su cuello estaba tenso. Igual que antes de entrar en una pelea. Lo veía en sus ojos.
—No quiero escuchar ni un grito más —susurró levantando un dedo en advertencia.
Y al ver que la discusión parecía haber terminado, se fue a marchar a su sitio a enmendar todo aquel desastre…
—Ah, sí, Mizuki —volvió a girarse. —Si tienes problemas de trastorno de personalidad, ve al médico, porque ayer le dijiste a Sakura que te dejase los papeles en esa puta bandeja. Si cambias de parecer no es culpa de ella.
Ahora sí, el conflicto se dio por concluido —de momento— por parte de los dos, pues aquél cogió la transpaleta con un gesto bastante brusco y se dio media vuelta hacia el fondo del almacén, mientras que Naruto regresó a su sitio.
Sakura estaba todavía congelada, sin mover ni un músculo… Y Naruto sólo pudo pasarse una mano por la cara para coger aire e intentar calmarse. El café seguía goteando por el borde de la mesa y sentía que ésa era su paciencia derramada. Al paso que iba, cualquier día le daba un infarto.
Su atención quedó dividida cuando su reloj comenzó a vibrar… y vio que era una llamada de Sasuke.
"Le ha pasado algo", le dio un vuelco al corazón.
Sasuke sabía de sobras que estaba trabajando, y no le llamaría a estas horas por una tontería.
Se lanzó a sacar su móvil del cajón donde lo tenía guardado, y aunque sentía pánico de confirmar sus sospechas, no quiso tardar en contestar.
—Dime, Sasuke —intentó sonar calmado.
Aunque la mirada que le dedicó Sakura bien reflejaba el pánico que estaba sintiendo.
—¿Estás en la oficina? —preguntó en un susurro.
—Sí, ¿por?
—¿Sentado?
Extrañado, Naruto salvó los pocos pasos que había hasta su silla, y con contenida calma se sentó. ¿A qué venían esas preguntas?
—Ahora sí…
—Vale… —oyó cómo Sasuke cogía aire, cosa que le hizo sentir al borde de un ataque de nervios. —Naruto, escúchame con atención.
—Vale.
Algo dentro de él comenzó a agitarse.
Este momento… Casi casi pareciera como cuando su hermano…
—Estoy bien —musitó Sasuke—, pero he tenido un accidente con la moto.
A Naruto se le cortó la respiración, y de repente empezó a sentirse mareado. Y algo más debía pasarle porque Sakura se levantó a prisa de su silla y vino corriendo hasta él.
—¿Naruto? —lo llamó Sasuke.
Cuando abrió los ojos otra vez, apretó fuerte el teléfono que estuvo a punto de caérsele de la mano… y se encontró con la cabeza apoyada contra el pecho de la otra.
—Sí, perdona —apretó fuertemente los labios para intentar controlar los nervios. —¿Dónde estás?
—En el hospital privado. Mis padres están de camino.
Genial.
Su novio se la piña con la moto, y su suegro homófobo iba a estar allí, y él con un ataque de ansiedad que casi se desmaya.
Simplemente maravilloso.
—¿Puedo ir a verte? —preguntó con la voz temblorosa.
Al menos Sasuke sonaba normal… No podía estar grave si los médicos le dejaban hacer una llamada. Al menos quería creerlo así.
—Claro que sí, Naruto —respondió con voz suave. —Sólo… ya sabes…
—Sí, sí… Nada mientras estén ahí.
—Lo siento.
Con un suspiro, miró con la respiración contenida a su amiga, que había empezado a abanicarle con unos papeles. Debía de verse patético.
—No te disculpes, Sasuke. ¿Cómo estás?
—Pffff —rió por lo bajo. —De una pieza, que ya es bastante.
"Menos mal…", agradeció para sus adentros.
Si podía permitirse el lujo de bromear, mal mal no debía estar.
En ese momento fue que debió de bajarle toda la sangre tras el susto inicial… porque sin poder reprimirlas, las lágrimas comenzaron a brotar.
Se tapó la cara con la mano libre y giró la silla para que Sakura no le viera.
En serio que ese día iba de mal en peor…
—De verdad, Naruto. Estoy bien, pero ha sido un golpe bastante fuerte y me van a tener en observación unas cuantas horas. Pero es por protocolo. No te preocupes.
—Unn…
—Naruto…
—Dime.
Pasaron largos segundos en los que ambos se mantuvieron en silencio, Naruto a la espera de que Sasuke decidiese hablar.
—Dime —repitió impaciente.
—Mierda… —maldijo en un murmullo que le costó escuchar. —Ya han llegado mis padres —suspiró.
El entrecejo se le frunció solo, dejando escapar el aire por la nariz de forma contenida.
Le dolía pensar que si iba a verle, y sus padres estaban con él… No podría acercarse ni siquiera a darle un beso en la mejilla.
No era justo.
—Tengo que colgar, Naruto.
—Unn… Cuídate.
—Tú también. Avísame si vas a venir.
—Vale.
En el momento que se cortó la llamada y se apartó el teléfono de la oreja, comenzó a sentir unas palpitaciones en el pecho, casi como si el corazón estuviera desacompasado. La visión se le nubló y empezó a marearse. Cogiendo aire por la boca, se sujetó con la mano a la mesa, importándole bien poco que estuviera pegajosa con el café. Debía mantenerse sereno, de otra manera no iba a poder conducir para ir a verle.
—Naruto, ¿qué ha pasado? —preguntó preocupada Sakura.
—Sasuke ha tenido un accidente.
Sakura entendió perfectamente por qué estaba tan alterado, pues el silencio que siguió se le hizo eterno al no preguntar nada más.
Cuando se le pasó un poco el mareo añadió:
—Está en el hospital. Dice que está bien.
—Menos mal… —murmuró.
Sólo pudo asentir. No quería volver a pasar otra vez por eso…
Apretó los labios y cerró los ojos, respirando de forma consciente para regular su pulso y tranquilizarse.
Aunque estuvieran allí sus padres, aunque delante de su padre quizá Sasuke fuese distante… no pensaba quedarse al margen.
Y si había necesitado una señal para hacerle decidir si irse con él, era ésta.
Sasuke
Por lo general, en una situación así, se hubiera resignado sin más a aceptar la presencia de su padre. Pero no podía esperar el maldito momento en que le dieran el alta, y marcharse a casa para estar solo y descansar.
A cada momento que pasaba el dolor se iba intensificando, y se había negado a que le pincharan ningún analgésico. Que le llamasen loco, pero en un momento así, el dolor le era de alivio pues le recordaba que seguía vivo.
Cómo, no tenía ni idea. Si bien era cierto que nunca había escatimado en gastos en cuanto a las protecciones para la moto se refería: chaqueta, guantes, botas, espinilleras… y un casco carísimo, que seguramente era lo que le había salvado de reventarse la cabeza.
Al parecer, en el momento del impacto, había dado con la cadera en el capó del coche, y había destrozado el cristal con la cabeza. A saber a dónde iba el engendro ese saltándose un semáforo a esa velocidad. Y aunque sabía que la culpa era del otro por saltarse un semáforo en rojo…
Su padre dejó salir el aire por la nariz en un bufido, su gesto duro y frío. Para variar…
—La próxima vez mira antes de cruzar —le sermoneó otra vez.
Como si tuviera cinco años.
—Tenía el semáforo en verde, papá —repitió. —¿Yo cómo iba a saber que iba a venir un gilipollas y se iba a saltar el semáforo?
—Da igual que haya semáforos, tienes que mirar. Así no te pasarían estas cosas.
Sasuke contuvo la respiración girándose hacia el lado opuesto, dejando salir el aire de forma controlada para no estallar.
Como si su padre se parase a mirar en cada cruce señalizado si los demás se saltaban los semáforos o no.
"Gilipollas", le maldijo en su mente.
De seguro que si le hubiese pasado a él, ya estaría movilizando a todos sus conocidos de la policía local para empapelar bien al tío que le había atropellado. Pero claro… Es que Sasuke aún era un crío que no se sabía mover por el mundo…
—Ay, ya está bien, cariño. El chiquillo iba bien. Deja de culparlo.
Y aunque le irritaba que su madre también le tratase como a un niño pequeño… Al menos tenía las narices de contradecir a su padre cuando se ponía insoportable.
—¿Hola?
Se creó el silencio mientras los tres se giraban a mirar por donde había sonado la voz. Sus padres expectantes de que quizá viniera algún médico o enfermero. Sasuke, en cambio, se sintió dividido entre la emoción de tenerlo por fin cerca —habiendo reconocido su voz incluso antes de que asomara por la puerta—, y la ansiedad de que estuviera su padre ahí presente, si quizá se les escapaba alguna palabra de afecto, o algún gesto que les delatase.
—Pasa, Naruto —le dijo Sasuke.
Si bien aquél parecía venir precavido, pues no hizo por acercarse ni tan siquiera a darle la mano. Incluso saludó a sus padres antes que a él, a pesar de que podía ver claramente la angustia en su rostro.
Cosa que no hizo sino darle más ansiedad, pues quería abrazarle y besarle para que viera que estaba bien, o al menos darle la mano ya que con el collarín puesto, y los dolores que tenía por todo el cuerpo, sería algo complicado alzarse.
Y aunque odiaba con toda su alma esconderse…
—¿Cómo estás? —le preguntó preocupado Naruto.
—Bien.
—¿Cómo que bien? ¿Y eso? —señaló hacia su cuello.
—Protocolo —suspiró. —Ya te digo que en unas horas me darán el alta.
—Unn… —asintió levemente.
—Deberías ir a poner la denuncia luego —apuntó su padre severo.
—Sí, papá…
—Déjalo descansar hoy, Fugaku.
—Cuanto antes haga la denuncia, mejor. Si no, luego todo son problemas.
Su madre comenzó a replicar de nuevo, pero quedó en segundo plano tras sentir la mano de Naruto posarse en su hombro con cuidado. Pudo ver con claridad el momento en el que tragó saliva, y su mirada desprendía preocupación a borbotones. Ciertamente debía estar preocupado si…
—¿Has salido antes de trabajar?
—Unn… Hoy no podía más y cuando me has llamado… —dejó escapar un largo suspiro. —Le he dicho a mi madre que pase ella a recoger a Menma.
Sasuke le imitó y suspiró también. Ya le había dicho lo que opinaba de ese trabajo, así que no pensaba repetírselo.
Cuando sus padres dejaron de hablar, sintió la pérdida del contacto con Naruto, aquél alejándose levemente de su lado con disimulo.
Así pasaron las horas. Más bien en silencio gracias a que ahora, con la presencia de Naruto entre ellos, su padre cuidaba muy mucho de seguir machacándole con comentarios como los de antes. Naruto, por otro lado, no parecía llevar muy bien las esperas, pues no llevaba ahí ni un cuarto de hora, sentado en una silla junto a él, cuando empezó a darle un tic en la pierna. Cuando parecía ser consciente de ese tic, se forzaba a parar pero enseguida le salía otro, y se mordía el interior de la mejilla, o empezaba a darse golpecitos con los dedos en el brazo. De vez en cuando daba un suspiro, de irritación o resignación, a saber, tras el cual sacaba el móvil, a veces escribía algo, y vuelta a empezar.
Siendo así de nervioso como parecía, debía agradecerle la paciencia que estaba teniendo de esperar sin quejarse.
Paciencia que se vio recompensada tras salir su padre, a fumar seguramente, y al poco su madre dijo que iba a comprar agua.
Entonces Naruto, con una calma que no reflejaba nada la inquietud que veía en su mirada, se levantó y se acercó a él para inclinarse y besarle tenuemente en los labios.
—Me has asustado —le susurró.
—Lo siento.
Con dolor y algo de esfuerzo, pero con mimo, alzó la mano para acariciarle por la nuca, suspirando ambos casi al unísono. Si bien ese alivio duró poco, pues enseguida Naruto se apartó y volvió a sentarse. Aunque esta vez se trajo la silla algo más cerca.
—¿Cómo ha sido? No quería preguntarte con tu padre delante porque la cosa ya parecía tensa.
—¿Y cuándo no…? —suspiró de nuevo.
Intentó explicarle más o menos rápido lo que había sucedido, aunque ni él mismo lo había asimilado todavía.
En su cabeza todo había sido totalmente confuso. Un momento estaba mirando al frente, esperando que una mujer y un niño terminasen de cruzar la calle al otro lado del cruce —porque, para variar, habían apurado tanto que a él ya se le había puesto el semáforo en verde—, y al siguiente momento todo se volvió negro. Oscuridad total. Y vacío. Otro instante después, estaba viendo el cielo azul impoluto, con los edificios dando vueltas… Y al siguiente, aunque todo se volvió negro otra vez, pudo sentir el tremendo impacto contra el suelo, y cómo rodó por la inercia hasta que se detuvo, a saber cuántos metros más allá. Al menos quince, calculaba él.
Aunque lo peor de todo fue cuando tomó consciencia, ahí tirado en el suelo, de que había tenido un golpe con la moto… y su primer pensamiento fue en cómo le iba a decir a Naruto que se había quedado tetrapléjico por un accidente de tráfico, sabiendo que su hermano murió en uno…
Gracias a los dioses, todo se había quedado en un susto, y enseguida se dio cuenta de que podía mover los pies y las manos, y pudo respirar tranquilo. Aunque esto último no se lo quiso contar a Naruto para no preocuparle más de lo que ya estaba.
—Por suerte pasaba un policía de paisano, y llamó enseguida a la ambulancia y a una patrulla, y han pillado al tío antes de que pudiera pensar en largarse de ahí.
—Jolín… Menuda mierda.
—Unn… En verdad mi padre tiene razón. Debería ir a poner la denuncia en cuanto me den el alta… Pero creo que le van a ir dando. Ya iré cuando se me pase un poco todo esto…
—¿Quieres que vaya contigo?
—No es necesario, Naruto.
Contestó sin pensar. Por eso sintió como si le estrujaran las entrañas al ver la cara de decepción que puso. Como si no quisiera tenerle al lado…
Con cuidado de no forzar el hombro, pues seguramente lo tenía luxado, o como mínimo contracturado, giró la mano y la alargó hacia Naruto en un intento de que no se sintiera rechazado, aquél tomándola con igual cuidado, dándole un leve apretón.
—No es la primera denuncia que tengo que poner, y me van a tener ahí metido como mínimo un par de horas entre que me atienden, toman mis datos y escriben mi declaración. Añade al proceso que seguramente mi padre va a querer estar presente…
—¿Y si vas sin que él lo sepa?
—¿Y que se cabree aún más conmigo cuando se entere? —suspiró resignado. —No… Además, mal que me pese, él sabe de estas cosas y entre ellos se entienden.
—Como quieras… —murmuró agachando la mirada.
Naruto se quedó observando sus manos durante largos segundos, y Sasuke a él, sabiendo la causa de que se pusiera así, y aún así, sintiéndose incapaz de hacer nada al respecto.
Si sus padres supieran que Naruto era su novio, no tendrían que estar cogiéndose de la mano en secreto, ni esperar a estar a solas para darse un beso, o simplemente darse una caricia. Si sus padres lo supieran, no haría falta inventar ninguna excusa para que Naruto le acompañase a comisaría. Si sus padres lo supieran… no tendría que ponerse a pensar ahora en qué excusa inventar para que se fueran a su casa, y dejaran que Naruto se quedara para llevarle a él luego.
Y nada de eso quedaba en manos de Naruto, y podía discernir la frustración en sus ojos.
Ciertamente, era injusto.
Naruto y su madre, incluso el peque, le habían recibido con los brazos abiertos… Y Naruto tenía frente a sí un muro que tenía prohibido saltar por su propia voluntad.
Suspiró profundamente intentando visualizar cómo sería decírselo a su padre. ¿Le pegaría? ¿Lo echaría a empujones de su casa? ¿...Le prohibiría hablar con su madre? Esperaba por todos los dioses que no, y que aunque se le pasara por la cabeza hacerlo, su madre no le dejase de lado… Quería a su madre demasiado como para perder el contacto con ella, y menos por esa razón. Sería inhumano y aún así… veía a su padre capaz de hacerlo.
Tarde se dio cuenta de que estaba apretando los labios, con los ojos completamente húmedos.
—¿Qué te pasa? —preguntó preocupado Naruto.
¿Que qué le pasaba?
Pues exactamente lo que ocurrió en ese instante, y es que Naruto le soltó la mano a prisa al escuchar el clic de la puerta, sentándose contra el respaldar cruzado de brazos justo antes de que asomara su madre por la puerta.
Eso era lo que le pasaba.
Odiaba sentir la necesidad de tener que esconderse.
Todo con tal de no perder a su madre, ni crearle problemas a ella, porque estaba convencido de que su padre no se lo iba a tomar bien de ninguna manera.
—¿Cómo estás, hijo? —preguntó cuando estuvo a unos pocos pasos.
—Pues igual. Esperando que me dejen irme a casa ya.
—¿Quieres que me quede contigo esta noche?
La sangre se le heló.
Ésa era una posibilidad que no había contemplado y por supuesto que, si le decía que sí, Naruto definitivamente se iba a sentir rechazado.
—No hace falta, mamá.
—¿Cómo que no? Si apenas te puedes mover… —objetó cruzándose de brazos. —¿Es que se va a quedar alguien contigo? No será que tienes novia y no nos has dicho nada, ¿no?
Si no fuera porque tenía novio desde hacía un par de semanas, le hubiera parecido un plomazo que siempre estuviera intentando emparejarle con alguna chica.
Y a pesar de que no quiso ni mirar de reojo para no delatarse, podía sentir la mirada de Naruto sobre él diciéndole "venga, va, ¿que soy?".
Casi casi parecía un juicio donde le fueran a condenar al infierno, hiciera lo que hiciera.
—No, mamá, no tengo novia…
Podía sentir en ambos la decepción. Por motivos diferentes, pero ambos decepcionados igualmente.
Sinceramente, después de lo de hoy, se sentía más intranquilo que nunca. ¿Qué hubiera pasado si sus padres no hubieran estado y él hubiera quedado inconsciente? ¿Hubieran dejado los médicos entrar a Naruto siquiera? Porque por su puesto, sin un papel que dijera que eran pareja de hecho —como mínimo—, no le hubieran permitido visitarle, mucho menos le hubieran tenido en cuenta para tomar ninguna decisión.
Si quería que Naruto se fuera a vivir con él, que pudiera actuar como lo que era, su pareja… Iban a tener que casarse en algún momento.
—...tengo novio.
En el momento que esas palabras escaparon de su boca, pudo ver la sorpresa en su madre, y cuán rápido entendió la situación pues enseguida se quedó mirando a Naruto largo y tendido.
—Hijo, ¿lo dices en serio?
En silencio, su madre salvó la pequeña distancia que los separaba, visiblemente preocupada, poniéndole una mano en el hombro con cuidado.
—Unn… —cerró los ojos un momento al no poder asentir.
—¿Eres tú? —le preguntó directamente a Naruto.
Lentamente, Sasuke se giró a mirarle. Parecía estar en shock, pues tan sólo pudo asentir levemente con la boca medio abierta.
Asentimiento que imitó su madre para luego dirigirse a él.
—¿Quieres que lo hable con tu padre?
Entonces fue Sasuke quien se quedó con la boca abierta, sin saber qué responder, pues —de nuevo— no había sopesado esa posibilidad.
—Bueno… Tu padre puede esperar —suspiró cerrando los ojos.
Y en ese momento, Sasuke fue consciente del paso de los años en su rostro: las arrugas de expresión, la piel envejecida, manchas en las que no había reparado antes…
—Voy a decirle que me lleve a casa para traer tu coche, y ya que se quede allí, ¿vale? Avísame si te dan el alta.
No pudo siquiera decirle una palabra, cuando su madre se inclinó a darle un beso en la frente, recogió sus cosas y se marchó otra vez.
—¿Eso… —rompió el silencio Naruto, aún estupefactos ambos—, …es que se lo ha tomado bien?
—¿Creo?
Cuando volvieron a mirarse, no esperó encontrarse la preocupación otra vez. Aunque más que preocupación, casi pareciera miedo lo que veía en sus ojos.
Una vez salió del trance, de un bote Naruto cogió la silla y la pegó al borde de la camilla, agarrándole la mano e inclinándose sobre él.
—¿Tú estás seguro de lo que acabas de hacer?
—Unn.
—¿Y si deja de hablarte tu padre?
—Si esa es la única consecuencia… —suspiró profundamente. —No es con él con quien quiero vivir mi vida.
Eso sí debió tocarle la fibra a Naruto. A pesar de que no desaparecía la preocupación de su gesto, el labio le temblaba como si estuviera peleando por no sonreír, y un tenue rubor comenzó a asomarle por las mejillas.
Bueno…
Acababa de abrir la caja de Pandora.
Sólo esperaba, por todo lo más sagrado, no crearle ningún problema a su madre.
.
.
.
Continuará…
18/07/23
