GIROS: UNA VISTA AL PASADO

Es muy egoísta pensar que el humano es el único ser que existe en la tierra, hay personas que nacen con habilidades especiales y pasan las costumbres de generación en generación.

Conforme a la evolución de la humanidad donde todo es comprobado con el método científico se detuvieron ciertas creencias que no pasaban por dicho método, pero debe quedar claro que brujas, magos, hombres lobo, nahuales, espiritistas entre muchos otros, existen entre nosotros ocultos para no ser señalados ni criticados.

Izuku Midoriya, desde muy a corta edad podía observar seres que se supone ya partieron, siendo solo un niño de siete años su madre lo encontraba platicando solo, acción que la ponía temerosa a que tuviese una enfermedad mental. Pero todo cambió cuándo empezó a hablar con alguien que le decía papá, el padre de Izuku falleció mucho antes de que él naciera incluso no llegó a enterarse que él llegaría a este mundo nunca supo que Inko estaba embarazada.

Cuando ella le preguntó ciertos sucesos como dónde fue su primera cita, que sucedió cuando le propuso matrimonio o situaciones muy específicas donde solo lo vivieron ellos dos y su hijo respondió correctamente al preguntarle supuestamente a su padre, entonces creyó en la habilidad de su hijo, en uno donde podía hablar con almas o espíritus llámale como gustes.

Al pasar los años dicha habilidad solo fue el incremento nunca se detuvo, sin embargo el pecoso empezó a cuidar sus espaldas, se dio cuenta que lo que él hacía no era del todo normal, sus compañeros se burlaban si empezaba a hablar de la nada con alguien todos empezaron a llamarle loco o esquizofrénico.

En su adolescencia al ingresar la preparatoria se encontró con un compañero con una vibra extrañamente agresiva, entonces mantuvo su distancia y no quería nada de relación con él. A diferencia de ese chico rubio se notaba que le llamaba la atención y buscaba cualquier excusa para hablarle cosa que lo ponía nervioso.

Hasta que un día supo el porqué, su padre nunca se despegó de él, iba a todas partes y un día cuando les tocó hacer el aseo y estaban solos con ese chico rubio Bakugo, tomó uno de sus extraños collares donde por primera vez miro una luz roja que salía dentro de él el alma de su padre retrocedió e Izuku entró en pánico

—¡No! — se puso frente al alma —¡No lo lastimes! Es mi padre.

Katsuki curveo su ceja, comprobando que ese chico pecoso podía ver las almas.

— Punto número uno, no puedo lastimar a un espiritu. Punto número dos él ya no pertenece aquí, debe irse.

El peliverde mira a su padre con pesar, tienen años conviviendo mucho, le es difícil dejarlo ir.

—No, yo lo necesito.

—Ya veo, sus cadenas — apunta hacia los brazos donde se muestran pesados fierros —son por tu culpa. Estás siendo muy egoísta, él ya debe partir no pertenece aquí, déjalo descansar. — El pecoso cierra los ojos con fuerza para negar con su cabeza con gran velocidad. — Hey — se aproxima a sujetar esas regordetas mejillas que por tanto tiempo ha tenido ganas de sostener — estará bien y tú también, tiene suerte de continuar esa alma pura, lo has cuidado bien, pero si continúa aquí se hará un espectro y no querrás verlo tratar de lastimarte por querer controlar tu cuerpo.

El pecoso retrocedió para no tener contacto.

—¿Cómo sabes eso? ¿Cómo puedo creer en tí?

—Principalmente porque yo también puedo verlo, heredaste la forma tan peculiar y desordenada de su cabello. — Agita un poco su esponjoso pelo verde importando poco el espacio personal — además yo me dedico a esto, para que no existan los exorcismos ni nada de ello, debo equilibrar lo más que pueda al mundo. No somos tan diferentes.

El corazón de Izuku se sobresalto, bueno debe admitir que es la primera vez que le pasa eso pero ¿Y si le están jugando una broma?

—¿A qué te refieres?

—Tu raza y la mía nos relacionan, eres un ser de luz, llegaste a este mundo a ayudar, tienes habilidades sobrenaturales y puedo comprobarlo.

Toma su mano para ponerlo en su pecho, se miran directamente a los ojos y ahí es dónde de inmediato la mente de Izuku viaja, observa la familia de Bakugo, nota como se transforman en un canino grande, fuerte, feroz y aullador, un lobo. Sus entrenamientos, de como esos extraños collares sirven para combatir seres sobrenaturales de todo tipo.

Todas las dudas se despejaron, no estaba loco existe un mundo mucho más grande.

—¿Cómo hiciste eso?

El rubio le regala una sonrisa al gustarle la expresión que hizo.

—Yo no lo hice fuiste tú, hay dos partes del humano que no puedes engañar ni mentir, el corazón y la mirada, cuando haces conexión con ambos tienes una especie de visión, porque repito eres un ser de luz, mejor conocido como ángel caído. Tu misión es salvar a la humanidad evitando que se mezclen con lo espiritual.

El menor juega con sus dedos nervioso por la siguiente pregunta.

—Entonces tu, ¿Realmente eres...?

—Un hombre lobo, los mejores para combatir cuerpo a cuerpo. —Expresa con orgullo —Nuestra fuerza es la clave de la victoria. — Sujeta a Izuku de los hombros para hacerlo girar — Ahora, cumple tu primera misión, libera a tu padre y haz que parta a su descanso eterno.

Aún con pesar, se pone frente a él, quien solo observa atento.

—Papá — ladea su cabeza esa fría alma — he disfrutado mucho estos años contigo, creeme que nada me hace más feliz que tenerte a mi lado — concluye con un gran nudo en la garganta — pero pensar que no estás descansando, me llena de culpa. No tienes que continuar a mi lado, puedes irte, mamá está bien, yo igual nos cuidaremos juntos, así que ve a descansar. No tienes nada que hacer aquí, te libero de esta carga.— las cadenas se evaporan frente a ellos.

—Ahora dale el último adiós. — ordena Katsuki, da un leve empujón.

Izuku abraza a su padre, con lágrimas en los ojos, siente como poco a poco su presencia y energía desaparece.

— Gracias... Izuku — Se escucha por última vez la voz masculina en un eco, partiendo a la nada.

Unos leves sollozos salen del pecoso, limpia sus lágrimas pero de inmediato salen una tras otra.

—Lo hiciste bien — la mirada fría hacía su persona no parecía conforme con esa respuesta — se que te duele, pero tranquilo, después de que pase el duelo de su partida, pensarás con claridad, ¿Cuánto tiene de fallecido?

— Dieciocho. — Responde mientras succiona su nariz.

—¿Días? ¿Meses?

—Años, tiene dieciocho años que falleció, ni siquiera supo de mi existencia. — Concluye con dolor.

Katsuki se congeló ¿cómo puede ser posible tantos años y ese alma no se haya corrompido? No lastimó, dónde en general no hizo nada malo. Eso definitivamente no era normal, pero al parecer ese chico tampoco lo era. Ahí se dio cuenta de lo especial que era Izuku Midoriya y que sería un excelente compañero para sus combates sin darse cuenta que en el futuro sería también el compañero de su corazón.

•~•~•~•~•~•~•

Tal vez no es lo que querían pero fue lo que salió preferí explicar de dónde viene todo

~Naty Bemon


Tensión

—Después de todo... No era tan difícil, ¿verdad? —Dijo Midoriya, con tono altivo.

...

Katsuki estaba fuera de sí, llevaba meses peleando con quién fue su amigo de la infancia. Convertirse en héroes profesionales había traído muchísimas rencillas y ya no podían estar en una habitación sin discutir.

Ellos eran las estrellas gemelas de la UA, los novatos más prometedores, los genios del combate. Su rivalidad había llegado a un punto insostenible. En los cambiadores de la agencia de Endeavor, quedaron solos, discutiendo sobre la mejor forma de llevar el caso anterior, el uno al otro se reprochaba sin descanso que pudieron hacer un mejor trabajo.

Katsuki gritó que estaba harto de Izuku y el pecoso contestó que se sentía exactamente igual. Pero cuando el rubio se sentó en una de las bancas, bufando frustrado... Fue que su amigo atacó. Le tomó del mentón y en un segundo, ya estaba sentado si re su regazo a horcajadas, lo besó de forma muy apasionada, Bakugou quedó perplejo, lo único que su cuerpo atinó a hacer, fue estrujar con la mano izquierda la diminuta cintura del heredero del OFA y con la otra uno de sus glúteos.

—Kacchan me irrita muchísimo —dijo Midoriya—, porque todo el tiempo estoy pensando en lo bien que deben saber sus labios, en lo rico que debe ser estar en su cama y lo grande que debe tener su verga.

—Así que eres un maldito caliente, héroe Deku —el rubio sonrió sobrado, amaba a niveles descomunales la forma en que las cosas habían escalado en ese momento.

—No me culpes, mi amigo de la infancia es súper sexy —volvió a besarlo mucho más osado que al principio.

—Vamos a mi departamento, para que compruebes como se siente mi verga —acarició la endidura entre sus glúteos—, a ver si cumplo las espectativas de tus fantasías —terminó seductor.

—Kacchan me tiene muy mal —se levantó y bajó el cierre de la espalda de su traje—, ¿Y sí me das una probada en las regaderas?

~Fin~

AkmatRi


Creyente

Izuku era monaguillo desde los 10 años, era un fiel creyente y entregado a la casa virtuosa. Para él, el padre Katsuki era la persona más increíble del universo por lo que, a sus ahora 15 años, ansiaba tomar los votos y convertirse en su aprendiz.

El pueblo donde vivía era pequeño y había que subir una empinada montaña para llegar a la iglesia, el padre decía, que el camino era penitencia de la vida mundana, era el sacrificio que debían ofrecer antes de ser recibidos en la casa del señor.

Midoriya admiraba esas palabras, Midoriya las seguiría con toda fe y sin réplica alguna. Aquel hombre fornido y de cabello rubio estaba dotado de sabiduría y virtud... ¿Cómo no iba a adorarlo?

Quizá fue por ello que en la madrugada subió uno a uno los peldaños de la montaña, había peleado con su progenitora, ésta lo había abofeteado fuertemente y en medio de su sufrimiento el menor escapó; corrió cuán rápido pudo para alejarse de su casa, su madre iracunda no tuvo deseo alguno de perseguirlo. Midoriya recorrió las frías calles del pueblo, el lugar era amplio y antiguo, pequeños faroles adornaban las casas, pero ya todo estaba cerrado, no sabía sí podía tocar alguna puerta para pedir posada esa niche.

El único lugar donde estaba seguro que podía pedir refugio era en las faldas de su pastor. Sabía que la iglesia nunca estaba cerrada y que el padre Katsuki le recibiría con los brazos abiertos, así que uno a uno, subió por los innumerables peldaños, pero desde media montaña había algo extraño, una espesa neblina cubría el lugar aunque no era la época del año para que eso ocurriera, a Izuku desconcertó pero no le importó demasiado, necesitaba ser consolado por su ídolo por lo que siguió subiendo, aún le faltaba mucho camino por recorrer hasta poder abrazarlo.

Las tenues velas le daban un lúgubre aspecto al recinto, el menor entró un poco temeroso, había una sensación extraña en su vientre, no sabía si era la ansiedad de escapar de casa o el desesperado anhelo de buscar el confort en su pastor desde que puso un pie dentro, pero ello no le impedía seguir avanzando.

—¿Padre Katsuki? —Preguntó con la voz temblorosa al sentir un sepulcral silencio ahí dentro.

No había respuesta, Izuku escuchaba sus propias pisadas sobre el camino pulido que recorría, su corazón se aceleraba temeroso y el sudor de su frente comenzaba a escurrir.

—¿Padre? —Volvió a preguntar cuando estuvo cercano al altar, pero el eco de su voz resonando era la única respuesta.

Fue entonces que percibió un extraño sonido, uno tenue y entrecortado que venía directo del confesionario, aquel diminuto cuarto estaba aparentemente cerrado, pero por la ranura inferior de la puerta, del lado en que entraría el padre, se percibía una luz roja junto con un poco de humo.

—¡Padre! — el pecoso entró en pánico pues creyó que quizá una vela mal puesta había provocado un incendio.

Sin embargo, Izuku encontraría algo totalmente diferente.

Abrió la puerta del cuarto de golpe y la imagen fue tal que se quedó mudo.

¿Ese era el padre Katsuki? Se lo cuestionó al instante. Definitivamente tenía su ropa, tenía claro que esos eran sus ojos granate que tanto adoraba, pero había algo diferente, algo siniestro... el hombre tenía su traje levantado, sostenía entre sus manos un cosa enorme, Izuku no era tonto, sabía que ese debería ser su p*ne, pero aquella monstruosidad, con venas marcadas y una reluciente punta roja e hinchada era bestial para llamarla así; sumado a ello, esa luz roja que no entendía de dónde venía y el extraño humo que salía entre las respiraciones del rubio, todo era diferente ¡Pero no podía apartar la vista! Se sentía hechizado a él, su bajo vientre cosquilleaba de forma extraña, sus rodillas se apretaron y se relamió los labios ansioso.

—¿Izuku? ¿Qué haces aquí a estas horas? —preguntó el hombre, con la voz sofocada y siguiendo la estimulación a su miembro viril.

—¿Pa-Padre? —Izuku tragó saliva lentamente, su garganta estaba seca, no sabía que decir, el pánico se apoderaba de su sistema, pero había algo más, una especie de magnetismo contra el que no podía luchar, dio un paso al frente y volvió a relamerse los labios.

—Acercate más nene, te conozco desde pequeño, no tengas miedo de mí.

El pecoso asintió con un movimiento de cabeza y se acercó con titubeantes pisadas. Katsuki tenía las piernas abiertas y dirigió a Izuku en medio de éstas, a centímetros de su erección que seguía siendo estimulada sin decoro alguno.

—¿Qu-qué está haciendo padre? Mamá dice que si toco esa parte de mi cuerpo me iré al infierno, yo no quiero que nada malo le pase a usted —su voz era un poco chillona, no entendía sus emociones, tenía un terrible impulso por tocarlo.

Una estrepitosa carcajada resonó por cada rincón de la iglesia.

—Pero Izuku... el infierno es justo el lugar del que yo vengo —los ojos del hombre se afilaron un poco, se chupó sus labios evidenciando una lengua fina, bífida y anormalmente larga— no dejas de mirarme, ¿quieres tocar?

El joven Midoriya no sabía por qué, pero si, ansiaba muchísimo tocarlo, no le importaba el anterior argumento, sólo asintió, moviendo su cabeza de arriba abajo y con unos dulces ojos de súplica.

Katsuki le tomó ambas manos y le hizo ponerlas sobre su falo.

—E-es muy caliente —la voz del peliverde temblaba.

El hombre rubio sonrió macabro, metió dos dedos en la boca de Izuku forzando a su mandíbula a abrirse; un hilo de saliva escurría dificultoso de la cavidad haciendo que el firme pene se mojase al caer sobre él.

—Mueve las manos de arriba a abajo pequeño.

Izuku entendió la mecánica al instante, los bajos gemidos del padre guiaban sus acciones, el chico quería más, una voz que no entendía de dónde venía, le ordenaba complacer a ese hombre.

Sin previo aviso Katsuki acarició la entrepierna contraria y con un chasquido de dedos quemó las ropas que llevaba Midoriya para poder acariciar la piel directamente.

—Tal parece que tú también necesitas ayuda —lo pegó a sí al tomarlo por la cadera, haciendo que sus erecciones pudieran rozarse— juntas, acarícialas juntas.

El pecoso obedeció de inmediato, la sensación que le daba el pene de otro era majestuosa, tan caliente y envolvente. El miembro de Katsuki era de más del doble del suyo, tanto en largo como en ancho... la mente de Izuku era un caos, sus pensamientos estaban desordenados y difusos, quería más de esa cosa, olerla, besarla ¡Saborearla!

—Hazlo —dijo de pronto el rubio, cómo sí pudiera escuchar sus pensamientos—, chúpalo.

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AkmatRi


Usame

—Mírame Kacchan, esto es en lo que se convirtió tu amigo de la infancia —las carcajadas del villano de cabrllebera verde resonaban por toda la habitación.

Aquella había sido una misión casi suicida.

Sin conocimiento de causa, sin correcta preparación o coordinación, el equipo de Dynamight había ingresado a la guarida del villano más despiadado de todos. La forma en que Deku había hecho colapsar a la sociedad era terrible, había debilitado a los héroes de forma estrepitosa. Tomura era su mano derecha, estaban llevando al mundo al borde del colapso, por lo que en cuanto Bakugou se enteró de dónde se encontraba no dudo en asaltar el lugar.

Pero traite fue su aparición, pues al parecer, los estaban esperando, cómo sí aquel "ataque sorpresa* se hubiera originado por una invitación.

—Deku —ese nombre salió en forma de susurro—, creí que estabas muerto —el corazón del rubio latía desbocado—, recuerdo el ataque al centro comercial y tu nombre estaba en la lista de víctimas yo creí que nunca te volvería a ver.

Midoriya se sentó sobre su antiguo amigo y volvió a reír. Lo abrazó por el cuello, al tiempo que jugueteaba con sus mechones dorados en la parte posterior de su cabeza.

—Ese era el punto, desaparecer, para que nadie supiera de mis planes... pero la ansiedad me carcomía Kacchan, por eso te dejé un camino de migajas para vinieras hasta a mí —su risa no paraba, sonaba desquiciado—, ¿Y ahora... Que harás? Vas a detenerme, ¿eh héroe? —Preguntó altanero, como sí no tuviera todas las de ganar.

—¿Detenerte? No Deku, viví desesperado desde el primer día en que te creí muerto —estiró un poco el cuello, de forma que sus labios alcanzaron a rozar los del villano—, úsame.

El pecoso enarcó una ceja, pudo esperar muchas respuestas del héroe número uno de Japón, pero esa estaba fuera de lo planeado.

—¿En serio puedo usarte, Kacchan? —No negaría que era sospechosa esa propuesta.

—Si Deku, usa todo lo que quieras de mí —a decir verdad, lo anhelaba y amaba desde hace mucho tiempo.

Midoriya se chupó los labios y de forma descarada le acarició el p*ne por sobre la ropa —¿Seguro que puedo usar todo?

Bakugou soltó un suspiro ahogado y puso una mueca sumamente lasciva —sobre todo esa parte de mí, te pertenece sólo a ti.

AkmatRi

Imagen aportada por: Kenia Meylin Chavez


Amor y adoración hacia un Dios

Decían que en el lago habitaba una bestia terrible. Aquella que te atravesaría el corazón en un instante, que no dudaría en asesinarte y comer tus restos.

Pero no era del todo cierto.

Katsuki amaba esos rumores, pues mantenían a los curiosos lejos del lago, ese lugar que él visitaba desde pequeño, ese lugar donde conoció la admiración, el cariño, el amor... y la lujuria.

Bakugou jamás olvidaría que a los diesiseis años su tío intento hacerlo participar en una bacanal, se sentía mareado y asqueado con las esencias humanas entre mezcladas, corrió cuán lejos pudo de ahí y fue a refugiarse con la criatura del lago.

Izuku lo recibió con cariño, extendió sus brazos y el rubio se acurrucó en ellos, pero el pecoso sintió algo extraño.

—Hueles a sexo —dijo parco, luchando por contener sus celos.

—Debe ser, mi tío quiso hacerme parte de una de sus fiestas, pero escapé, todo me daba asco.

Midoriya apretó un poco más el agarre, no quería que el chico mirase su rostro, pues tenía una expresión asesina.

—¿Alguien te toco?

—Nadie, ya te dije que me escapé.

—¿No te gustan esas cosas, Kacchan?

—No sé Deku, jamás he hecho esas cosas, sólo sé que no quería hacerlo ahí, con esa bola de desconocidos.

Izuku sabía que era normal en grecia perder la virginidad a esa edad, pero no quería que nadie tocara a su tesoro, a su adorado y amado Katsuki. Era suyo, lo había sostenido en brazos desde pequeño, lo había visto crecer y embellecer aún más, no permitiría que nadie le pusiera las garras encima.

—¿Lo harías conmigo? —Preguntó sin rodeos.

Katsuki se sonrojó ante tales palabras y le miró con sorpresa.

—¿E-es en serio?

—Yo te amo —dijo seguro—, te he amado desde el primer día y he esperado para que estés listo.

Katsuki tragó saliva con dificultad, no podía negar lo atraído que se sentía hacía esa criatura.

—¿Cómo podríamos... hacerlo? —Preguntó algo apenado.

Izuku sonrió posesivo, acarició sus muslos y metió la punta de su cola bajo el indumento del chico.

—Soy una criatura que ha vivido cientos de años, te enseñaré y te daré más placer del que algún humano podría darte, no te arrepentirás, Kacchan.

El rubio asintió con un movimiento de cabeza y se dejó hacer. La cola de Izuku se enredo en sus pectorales, haciendo resaltar muchísimo sus p*zones, mismos que el peliverde mordió sobre la ropa, haciéndole gemir fuerte.

Pasó un rato siendo estimulado de esa forma y luego Izuku le enseñó una endidura en su cuerpo, se encontraba justo en el lugar donde Bakugou siempre se sentaba. El rubio metió dos dedos, sintió el calor del interior de Izuku, un líquido viscoso y algo moverse dentro.

—Sé que te imaginas como meterlo, usa mi agujero, diviértete con él, mientras yo preparo el tuyo.

Antes de que fuera penetrado, Izuku hundió la punta de su cola en ese lugar, para hacer que se llenara de su viscoso lubricante natural, luego, dejó a Katsuki hundirse en él, al tiempo que su cola jugaba con el an* del menor.

Bakugou estaba perdido en lujuria, usar a Izuku era mil veces mejor que masturbarse solo. Se sentía sofocado, adoraba desahogar sus impulsos con la criatura que le tenía enamorado y sobre todo, esa estimulación de su esfínter, realmente le estaba haciendo perder la coordura.

Pronto Katsuki eyaculó. Estaba jadeando como perro tras venirse e Izuku amaba verlo de esa forma. Lo besaba desesperado y no dejaba de jugar con su trasero.

—¿Te sentiste bien Kacchan?

—Si Deku, estar en ti es delicioso —jadeó lascivo, sintiendo como la punta de la cola del pecoso comenzaba a entrar en él—, ¿Me lo harás con eso?

—No mi amor, tengo algo mucho más especial —sonrió malévolo—, pero necesito prepárate bien —enredó su larga cola, de forma que tomó el cuerpo de Katsuki, haciéndole sentarse en su cara.

La lengua de Izuku era larga y un poco áspera, pero se sentía increíble en la entrada del rubio, llenándole de saliva y besos indecentes.

—Yo también quiero saborearte Deku —Katsuki luchó por inclinarse para alcanzar la endidura de Izuku y se sintió un poco sorprendido al ver salir algo de ahí.

Ambos se saboreaban con sus bocas, Katsuki jugueteaba con algo resbaloso que parecía un pequeño tentáculo al principio, pero conforme la estimulación incrementaba, aquel se agrandaba.

—Kacchan... necesito estar dentro de ti —susurró la serpiente, ávida de deseo.

—Si Deku, tómame —el rubio estaba perdido en lujuria. Tu ropa fue aventada a la orilla del lago, su cuerpo desnudo posaba sobre aquella monumental serpiente que ardía de deseo por él.

Bakugou cayó en cuenta de la enorme cosa que había salido a saludarlo y no pudo evitar sentir terror y excitación por lo que venía.

—Te haré sentir muy bien Kacchan, sólo yo voy a llenarte, nunca, ningún humano podrá complacerte.

Primero sus miembros de rozaban ansiosos mientras ellos se besaban desesperados. El de Midoriya seguía soltando sus líquidos que ayudaban a humedecer el contacto, la entrada de Katsuki palpitaba de ansiedad, necesitaba, desesperadamente, entregarse a esa criatura.

—Mío —evocó posesivo el peliverde, con un tono sumamente ronco y comenzó a introducirse en el chico.

Bakugou viró los ojos en blanco, apretaba los dientes, la presión de su interior era enorme, sin embargo, el placer era mucho mayor. Sus gemidos aparecieron sin control, su voz estaba siendo expulsada sin control, alabando a la criatura que le mostraba el sexo, el placer y por qué no, el amor también.

—Deku, dame Deku, dame mucho de ti, adoro esto, ¡Deku!

—Así mi amor, no dejes de decir mi nombre, me perteneces, no dejaré que nadie toque tu piel jamás, ¡te amo!

Bakugou sintió su interior ser llenado por la eyaculación de su par, el semen se desbordaba a borbotones y la criatura jadeaba junto a su oído.

—Quédate conmigo, no necesitas regresar allá, yo te daré inmortalidad, seremos uno por siempre, Kacchan.

Izuku le había llevado a una cueva, descansaban acaramelados, acariciándose y besándose mientras sus cuerpos se recuperaban de la faena.

—¿Por qué yo?

—Porque sólo puedes ser tú —lo miraba con esos jades penetrantes que parecían querer consumirlo—, desde que te vi la primera vez, mi corazón grita que quiere estar unido a ti, te amo.

El rubio sonrió soberbio, sabía que aquella criatura del lago era un dios caído, un ente de poder superior y sed de sangre. Se sentía superior, al ser deseado por él de esa forma.

—De acuerdo, me quedaré contigo Deku, más te vale atenderme muy bien —acarició el lugar exacto que se abría para mostrar su miembro reproductor.

—Lo juro por mi vida.

~Fin~

AkmatRi


••Midnight••

—¡Maldito bastardo, te entregué los mejores años de mi vida! ¡Y tú solo me dejas como un trapo viejo!, ¡Pues jodete, no te necesito!

Se salvó por poco de caer de bruces contra el suelo, lo mejor que pensó fue quitarse las botas con tacón y dejarlas botadas en algún lugar de la oscura calle. Estaba enojado, estaba ebrio, caminando solo por las calles de Gótica, después de que su novio, el mismo idiota que lo inició al crimen, terminará con él de una forma tan cruel.

Estaba dolido y alcoholizado, sus "amigas", no creían que lo habían terminado, todas dijeron que volvería corriendo a los brazos de Tomura cuando le chasquearan los dedos. Esas arpías no sabían nada. Él amaba a ese idiota, pero no se dejaría pisotear así, sabía que un chico como él se las arreglaría, no necesitaba a un imbécil a su lado.

Y se aseguró de hacérselo saber al mundo. En medio de una calle oscura un pervertido bajó de su camión de gasolina para vaciar su tanque, Deku aprovechó y robó el camión solo para estrellarlo contra la planta química que lo vió nacer como villano, saltando poco antes de que el vehículo atravesara los muros.

—No te necesito, Tenko —dijo al aire con las lágrimas surcando sus mejillas. Se arrancó de un tirón el collar que su ex le había regalado y lo arrojó en dirección a la explosión.

Esa noche, además de ganarse otra orden de arresto, Deku le anunciaba al mundo que estaba soltero, pues había destruido la planta que significaba sus comienzos en el crimen a lado de Shigaraki Tomura. Por desgracia para él, eso también significaba que la inmunidad que tuvo por años se había agotado, ahora más de uno estaría tras él y no para las cosas divertidas que él creía.

[…]

Por la mañana, mientras caminaba felizmente con su desayuno entre las manos,un grupo de oficiales, héroes y civiles comenzaron una carrera para atraparlo. Deku se movía con la agilidad de un gato, se escabullía entre los rincones por su cuerpo delgado y flexible, burlándose de los pobres que fracasaban en atraparlo. A pesar de sus intentos nadie fue capaz de alcanzarlo.

En vista de que se había deshecho de los molestos idiotas, se detuvo bajo los cimientos de un puente para disfrutar de su rico sándwich.

Creyó que había ganado, hasta que una pequeña explosión estalló en la viga que estaba a centímetros de su rostro.

—Manos arriba dulzura —ordenó el héroe más caliente que había conocido, Dynamight.

—Oh Dynamy, buenos días bombón —saludó con una sonrisa, levantando las manos.

—¿Qué tienes ahí?

—Mi desayuno, un rico sándwich de queso fundido, ¿quieres probarlo?

—No gracias, mejor baja para que pueda esposarte.

—Aww, ¿por qué?, si me he portado bien —dijo haciendo un puchero.

—Mmm dejame ver —bromeó el héroe, fingiendo buscar una excusa—. Por mandar a Uravity al hospital esta mañana, por destruir una planta química ayer y dejar a media ciudad sin energía eléctrica… ¿sigo con la lista?

—Ella se lo buscó, dijo que me vestía como una prostituta.

—Sí, es una mujer extraña, ahora baja de ahí.

—¿Y si hacemos un trato, héroe? —preguntó coqueto, batiendo sus largas pestañas—. Un beso por un día de inmunidad, ¿qué te parece?.

El héroe lo meditó un momento, sin quitar la sonrisa de su rostro.

—En lugar de un beso, ¿qué tal una cita?, ¿tú, yo, el mejor restaurante de la ciudad, este sábado, qué dices?

—¿Para que me metas a prisión?, no gracias.

—Oh vamos —renegó Dynamight—. Por supuesto no irás vestido como un villano. Solo seremos las personas debajo del disfraz.

—Perdóname si no te creo, pero eso suena muy sospechoso.

—Estoy hablando en serio, lindura —insistió el héroe—. Solo tú y yo.

Era arriesgado y muy estúpido, pero para demostrar que iba en serio Dynamight se quitó el antifaz, dejando ver su identidad secreta, se trataba de Katsuki Bakugo, el multimillonario más sexy de la ciudad.

—¿Puedes bajar de ahí para que pueda darte mi número de teléfono?

Deku lo miró con duda, pero finalmente aceptó, aterrizó frente al héroe con la gracia de una bailarina. Y Dinamight tuvo frente a él a ese villano que tenía vueltos locos a los hombres de Gótica. Deku era un verdadero fruto prohibido, su quirk era peligroso, él era astuto y llamativo, todas cualidades peligrosas cuando se trata de un villano. No lo diría en voz alta, pero Uravity tenía razón con la forma de vestir de Deku, su traje era ajustado, dejaba expuesto su brazo izquierdo y su pierna derecha, por donde dejaba salir su quirk, esas feromonas de olor dulzón que dormían a quien estuviera expuesto a ellas. Llevaba una capucha que emulaba las orejas de un conejo y por cómo saltaba entre los edificios, de verdad parecía uno de esos curiosos animalitos.

—¿Entonces, qué dices? —insistió el héroe, extendiendo una tarjeta de presentación.

Deku la tomó en el momento justo en que las sirenas de alarma de un edificio se activaban. Dynamight lo miró con duda, el otro respondió con una sonrisa.

—De algo tengo que comer, héroe —dijo Deku encogiéndose de hombros—. Además, unos cuantos cientos de dólares siempre le sobran a una ciudad tan grande.

—Te perdono por lo de la planta química y lo de Uravity, pero ahora en serio necesito esposarte —dijo mientras se ponía su antifaz de vuelta.

—¿Ni siquiera me dejarás terminar mi desayuno?

—No, date vuelta.

Con un puchero Deku aceptó, guardó su sándwich en el pecho de su traje y se dió la vuelta manteniendo sus manos en la espalda.

—¿Sabes lo que me gusta de los héroes? —preguntó coqueto, Dynamight respondió su pregunta con otra pregunta, y él estuvo feliz de responder—. Siempre te llevan a prisión sin lastimarte mucho, eso habla de su sentido de justicia, pero esta preciosura no puede ir a prisión, Dynamight.

En un rápido movimiento, Deku saltó hacia atrás, aterrizando sobre la espalda del héroe.

—Pensaré lo de la cita —susurró contra su oído. Dejó un beso en la mejilla del héroe y comenzó su huida, en el momento en que más héroes se unían a la persecución.

Dynamight quedó tendido debajo del edificio, con una sonrisa de tonto en el rostro, pues había estado respirando el quirk de Deku desde el primer momento.


Accidente con quirck

Katsuki era un héroe intachable, sin ninguna Mancha en su historia, pero era un maldito, pervertido en todo sentido, le encantaba sentir las caderas de un joven prodigio, a sus 27 años gozaba de la entrada de uno de 18 años.

Entre sus más pervertidas cosas que se le ocurrían, hacerlas realidad, era solo de comentárselo y él aceptarían sin objetar nada, ya lo había puesto rope bondage, esa sutil cuerda que resaltaba sus musculos y el tono de la cuerda resaltaba su encantador cuerpo, cuando le puso pinzas en sus pezones, ver aquellos botones más rojos que una cerveza le hacía saltar su polla…

Tan perfecto, tan lindo, con un culo y unas piernas enormes, cuántos soñaron con poder estar a lado del héroe número uno y este rogaba por estar a lado de un chiquillo que está por graduarse de la Universidad.

En la tarde, después de salir de la Universidad, iba caminando directamente a la casa del héroe, desde que se mudó solo su novio, cada que podía iba a su casa, su madre ya sabía que tenían una relación y lo apoyaba en todo.

A los ojos de su madre la relación que tenían ellos dos no era mal vista, solo que la diferencia de edad no la convencían del todo, Izuku se mostró tan determinado en su relación que con el tiempo fue aceptando de que Katsuki estaría en la vida de su hijo y era mejor apoyarlo.

Iba a la mitad del camino cuando chocó con una persona y esté activo su quirk, sintió una descarga eléctrica en su cuerpo, el chico solo se cayó al piso y un extraño color púrpura brillo en esos ojos Esmeralda. — Lo siento… — este se había disculpado y después huyó.

Izuku no dijo nada y alzó los hombros, siguió su camino, pero iba sintiendo un calor abrazador cuando llegó a la casa, sudaba como si estuviera en el mismo infierno, como si su cuerpo lo fuera, sentía sed y ni con agua podía saciarla.

Quizás si se acostaba y dormía un poco se le quitaría; sin embargo, fue la peor que pudo haber hecho, al oler el exquisito olor de Katsuki algo se empezó a mojar, a salir de su cuerpo, se dejó caer en la ropa que tenía aventada Katsuki en su cuarto.

— Mi amor estás en casa, ya llegué… — Katsuki había llegado, se había dado cuenta de que él peli verde estaba en su casa porque estaba su mochila en la entrada principal, la abrió sin querer encontrando el traje que le entregaron de la última modificación que había pedido por la aparición del nuevo quirk.

Subió las escaleras para ir a su cuarto y la puerta estaba abierta. — Kacchan… — Izuku estaba levantándose del piso.

— ¿Qué haces Zuz? Vi que tu traje ya te lo entregaron.

— Amor puedes traerlo, quiero que me digas tu opinión. — quería seducirlo, quería que lo follada tan duro, tan despiadado.

Sentía que se estaba ahogando en su propio deseo, quería que la abrazara, no podía respirar bien, su mente, su corazón y su cuerpo le pertenecía a Katsuki

Era una señal de advertencia, cuando Katsuki entró de nuevo a su cuarto, ver cómo se iba desnudando su encantador novio, ver cómo cada prenda caía al piso, tan sensual, estaba de espalda y solo volteo un poco, lo miraba apenas, la mirada del cenizo solo se posaba en el delicado cuerpo contrario.

El destello en la mirada era diferente en Izuku, el ritmo preciso del contoneo de sus caderas al caminar hacia perderse en la locura. Otra vez ese color púrpura tomaba posesión del color Esmeralda de los ojos de él peli verde. — Izuku ¿estás bien?— dijo en voz baja.

Se acercó a su cuerpo, lo jalo un poco, pues el mayor era mucho más grande que él, sus brazos pasaron por su cuello y le susurro al oído en cuanto lo tuvo cerca. — Claro qué si mi amor, estoy excelente. — le quitó su traje.

Volvió a caminar hacia el espejo para ponerse su traje, tan sutil pasaba sus manos por su cuerpo, poco a poco el deseo se iba apoderando de él cenizo, probar esos labios, dejar marcas en esa piel blanca, ahora su mente lo estaba traicionando, pues solo habían quedado en comer y el héroe le ayudaría con sus tareas, pero en ese momento estaba cayendo en la tentación de ese pequeño diablillo.

— Izuku en serio, ¿te sientes bien? Hay algo muy raro en ti. — su cordura le pedía a gritos reflexionar por el comportamiento de su novio. Este solo se había puesto la parte de arriba de su traje y volteo de nuevo hacia el cenizo.

— Me estás diciendo que ya no te gusto. — apenas un destello de una marca que estaba en la pelvis hizo un reflejo que hipnotizó a Katsuki. Algo le decía en cabeza le decía que fuera y que besara al dueño de su locura y con eso lo haría caer.

Camino lento hacia la cama, como si su cuerpo de Izuku trajera un imán, Katsuki lo seguía de cerca.

— Ven y bésame ahora. — demandó el pequeño, Katsuki hizo lo que pidió, ahora sus prendas eran quitadas, hasta que quedó completamente desnudo. Era tan adictivo, el reflejo de los ojos púrpuras de Izuku era hipnótico, el choque de sus caderas en la pelvis de él cenizo eran su perdición.

Ahora lo tenía donde quería. Jugaba con el cuerpo del menor, marcaba con sus manos las caderas contrarias. Los gemidos de Izuku volvían loco a Katsuki.

Quería tomarlo ya.

Un extraño líquido salía de la entrada de Izuku, quería probar tan exquisito mangar, un olor que lo atraía cada vez más a su cuerpo y su mente se ponía en blanco. Sus instintos de cogerlo y destrozar lo era lo único que ya tenía en la cabeza.

Bajo por el abdomen, hasta llegar a la entrada y ese líquido sabía a gloria las embestidas que daba con su lengua, hacían temblar el cuerpo de Izuku, tomó el cabello de Katsuki y lo enterró más en su entrada, la lujuria desbordaba por su cuerpo, lo retiro y de un solo movimiento se empaló él solo.

Las estocadas irregulares de Katsuki pegaba en diferentes lados, estimulando cada vez más. ~ Ka-Kacchan más Aahh más. ~ ese sonido era tan excitante, rogaba por más y más tendría. Su respiración cortada por la intromisión del falo de él cenizo lo provocaba más, se insertó en lo más profundo de Izuku. ~ Llena todo mi interior, hasta que quede embarazado, quiero que tu semen se desborde de mi entrada.

~ Mmng claro que si pequeño, aquí engendraras a mis hijos. ~ una fuerte estocada llegó más profundo, su polla de Katsuki se hacía más grande, más ancha, ocupaba todas las paredes de Izuku.

Se sentía tan delicioso, cada estocada estaban a punto de llegar al clímax los dos, el deseo era palpable en la habitación. Pronto la semilla de Katsuki se desbordó en agujero de Izuku y este término en medio de los dos. Le beso el cuello, se giró sin dejar salir la polla de Katsuki, sería una larga noche.

.

.

.

No solo lo fue esa noche, duraron casi una semana, el deseo y la lujuria no desaparecía, lo hacían en la regadera, en la tina, trataron de comer, pero terminaron follando sobre su Mesa, solo se hidrataban correctamente, pues solo pensaban en hacerlo, después de esos días se quedaron profundamente dormidos por un día entero.

Katsuki despertó primero, vio todo el desastre y solo pequeños detalles de Izuku en toda la casa, todo lo que habían hecho, solo se acordaba un poco. — ¿Pero qué mierda?, ¿Que paso?— vio el cuerpo de Izuku aún lado, marcado, sus mordidas y chupetones estaban por todo su cuerpo. — ¿Qué día es hoy? — Tomó su celular y había más de 100 llamadas de la madre de Izuku y de su agencia. Marco y se le cayó el celular cuando le dijeron que se había perdido por seis días.

Rápido se repuso y llamó a la madre de él peli verde, diciendo que se lo había llevado a su cabaña cerca de las montañas y dejaron los celulares, pedía una disculpa, pero la excusa era que no lo había visto por un par de meses y solo quería estar con su novio el tiempo perdido. Apenas sí le creyó la peli verde.

Ahora podía respirar, se dejó caer en la cama, quería recordar, pero por más que lo intentaba no lo hacía.

Izuku despertó. — Hola Kacchan. — su hermosa sonrisa y el destello Esmeralda de sus ojos se hacían presente.

— Hola mi amor. — El estómago de Izuku sonó muy fuerte. — Creo que tienes hambre, voy a preparar algo para que comas. — Izuku solo asintió. Se fue su novio e Izuku trató de recordar lo que había pasado, pero solo el extraño calor que sintió era lo que había en su memoria.

Se trató de levantar, pero un dolor punzante en su cadera lo detuvo, se levantó poco a poco y el semen de Katsuki se desbordaba, eso hizo que un sonrojo se apoderaba de sus mejillas. Solo negó y fue hacia el baño, tomó la camisa de Katsuki, le quedaba enorme y solo abrocho los primeros dos botones, fue al baño y se miró al espejo, se sorprendió tanto al ver su reflejo que se dejó caer.

El ruido que hizo alertó al cenizo y corrió para ver qué había pasado — Zuzu ¿está bien cariño? — le dio una punzada demasiado dolorosa en la cabeza de Izuku, se agarró fuertemente y Katsuki lo levantó, lo cargó y lo llevó a su cama. — Mi amor. — dijo alarmado.

— Ya se está pasando el dolor. — solo pequeñas imágenes de cada gemido, cada lugar, él pidiendo por más, era lo que recordaba. — Me puedes pasar mi celular por favor amor. — decía bajito y Katsuki solo lo abrazó.

— Deja que se te pase el dolor, tenemos que hablar. — Izuku tembló y si había cruzado la línea y Katsuki se había enojado con él, ¿Qué mierda había pasado?

— Dime, por favor, cometí un error, yo…

— No bebé, tranquilo sí, yo tampoco recuerdo mucho, lo que tengo seguro es que estuvimos aquí por seis días y antes de que te exaltes ya llame a tu madre, le dije que fuimos a la cabaña, todo está resuelto, todo está bien, vamos a darnos un baño y después a comer.

Izuku solo asintió, aún se atormentaba por no tener sus recuerdos, quería saber qué pasó en esos días.

Se dejó consentir por el resto del día, entre mimos, halagos, pusieron la casa en orden, pues todo estaba hecho un desastre, Izuku llamó a su mamá que aún no llegaría, tenían cosas que hacer. Su madre al escucharlo se quedó tranquila y le dijo que regresara pronto.

Estuvo con su novio solo dos días más, era lunes y tenía que asistir a la Universidad, el día transcurrió sin percances y con ello la semana, su novio se fue a una misión que duraría más o menos 9 días y la pesadilla para Izuku comenzaría.

Los nervios se disparaban mientras corrían las horas, su cuerpo temblaba y el extraño color púrpura aparecía, su vientre le ardía por más que buscará de donde venía, no podía encontrar el lugar exacto.

El calor de su cuerpo subía, quería llamar a Katsuki, pero de nada serviría, pues estaba en su misión y no podría contestar, tenía que esperar por él.

Su madre se preocupó porque no salía de su habitación y la única vez que pudo entrar siempre estaba presente el apodo que le daba al héroe, ella trató de localizarlo, pero era imposible, para desgracia su misión fue por más tiempo.

La mente de Izuku ya se había perdido, quería a Katsuki y lo encontraría como diera lugar. Salió por su ventana y activo su quirk, su instinto lo llevaría a donde estaba, así estuvo durante una hora.

Katsuki se encontraba saliendo de la Misión, aún se estaba en las instalaciones cuando un rayo verde se hizo presente y apagó todas luces, un aura atemorizante se sentía, sus compañeros no sabían qué hacer y él en un susurro dijo. — Deku?

.

.

.

El clima cambió, a estar uno muy frío, fuertes vientos azotaban las ventanas de aquellas instalaciones, se seguía viendo solo un rayo verde por dentro, uno de los colegas de Katsuki sacó una linterna y está fue apartada de su mano, una de las heroínas estaba muy cerca del cenizo, está sin querer tomó su brazo.

De un ágil movimiento se encontraba Izuku enfrente de Katsuki con la mirada de antes, sus ojos ahora eran púrpuras, sé Safo del agarre de la chica y caminó lentamente lejos de todos.

La lluvia caía con intensidad, mojaba su cuerpo, ahora podía ver a Izuku tan claro, las gotas que caían en él se esfumaba de lo caliente que estaba su cuerpo, Katsuki se acercó para tocarlo y sintió la piel tan caliente. — ¿Qué haces aquí? Te estás poniendo en peligro, estás enfermo Izuku, mírame.

Posó su mirada en él. — Estoy bien y que venga cualquiera tan siquiera a tratar de tocarme y lo pagará, solo tú puedes hacerlo… — se puso de puntitas para darle un beso, el cual fue correspondido, pero aún seguí confundido, ¿Quién le había dado la localización? Porque se encontraba de nuevo con ese color púrpura. — Pero veo que alguien ocupa más tu atención.

Izuku estaba molesto, su color de ojos ahora era un escarlata encendido, activo uno de sus quirks, los látigos negros salían de sus manos, era uno nuevo Kosei, uno del cual Katsuki no sabía que lo tenía, lo tomó de los brazos y con la fuerza lo puso de rodillas.

Ambas miradas conectaban, su entendimiento hasta ahora de los ojos de Izuku eran, esmeralda estaba tranquilo y ese era su novio, el púrpura cuando estaba condenadamente caliente y ahora el rojo furia total por no tomarle la atención que se debe. — Izu debemos hablar, cálmate por favor, vámonos de aquí, no está tan lejos en donde nos estamos quedando, ya salieron faltas los héroes que viste allá adentro, están ocupados y podemos.

Ya no pudo hablar, pues los látigos los envolvieron e Izuku de un salto llegó hasta donde salieron de la vista de todos, con su poder de flotar se iban regresando de nuevo pero esta vez con dirección a la casa del rubio.

En cuanto llegaron la puerta del cuarto fue destrozada por los látigos y Katsuki fue puesto con cuidado, pero aún seguía atado, los látigos parecían como si fueran tentáculos, iban y venían por todo su cuerpo, estrujaba cada parte, sus labios de Izuku ahora se lo devoraban, el ritmo subía de intensidad Katsuki ahora estaba desnudo.

Los látigos ahora masturbaban el pene de Katsuki arrancándole gemidos, gruñidos y una que otra maldición de su boca. Izuku ya estaba desnudo, pero solo la parte de abajo, pues traía puesta una sudadera del cenizo y no quería quitársela.

De nuevo la entrada del pecoso se lubricó, ese líquido salía de su interior, se subió arriba de Katsuki para montarlo, le dio la espalda, jamás habían intentado esa posición, su grande culo ahora estaba en su estómago, estaba sentado mientras masturbaba el pene de Katsuki, este ya estaba lubricando.

Izuku se preparó, levantó sus caderas para penetrarse él solo, la cordura de Katsuki se iba perdiendo en cada estocada, ver esa entrada chorreando líquido y ver cómo la penetraba.

Ya no podía más. — Zuzu, me encanta verte así, pero quiero ver tu rostro, por favor bebé. — muy atento a la petición se giró lentamente, en cuanto salió el pene de Katsuki su entrada chorreaba más lubricante, una sensación de satisfacción se formaba en el Cenizo.

Se levantó la sudadera para que Katsuki pudiera ver su pecho, sabían que partes de su cuerpo volvían loco al héroe. Volvió a alinear el pene de Katsuki para entrar de nuevo en él, ahora estaba hipnotizado, pues la marca estaba ahí, de nuevo volvían a cambiar el color de ojos al igual que perder su memoria de lo que hacían ahí.

Los jadeos, los gemidos de Izuku eran música bella para Katsuki, ya estaba de nuevo con la lujuria a flor de piel, sus dedos se sentían como si fueran mantequilla en cuanto los posaba en la piel blanca del peli verde.

~ Aah Zuzu mi cachorrito, tan apretado. ~ la entrada de Izuku se apretó, ya había quitado los látigos y eso lo aprovechó, pues cambiaron de posición, ahora él se enterraba en lo más profundo. Estaba a punto de terminar y los dientes de Izuku se enterraban en su hombro, eso le provocó satisfacción y más deseó.

Así continuaron una y otra vez hasta que se cansaron y cayeron rendidos en la cama.

En cuanto despertó, volvió a ver el mismo desastre, esta vez tenía más llamadas pérdidas y realizó las llamadas correspondientes a todos.

Esta vez sí tenía más recuerdos e irían a ver al doctor para qué encontrarán una respuesta...


"Enamorado del mejor amigo de mi hermano"

Katsudeku

Yamigogo

Omegaverse

Te doy a mi hermano, si tú me das al tuyo.

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Hacia cinco largos años de que se marchó, con sus maletas en mano y un montón de sueños a cuestas, que debido a su gran intelecto y disciplina tuvo la oportunidad de realizar.

Siempre fue un chico altanero y orgulloso de su persona, y no tenía nada que ver con que fuera un alfa dominante. Si no más bien, por qué desde pequeño quería ser el mejor. Brindar orgullo y honor a su familia que era su más grande inspiración.

Sus padres, Masaru y Mitsuki Bakugou, siempre fueron estrictos, pero bajo ninguna circunstancia impusieron sus deseos por sobre los de él. Lo criaron con muchísimo amor y con fuertes ideales de que con esfuerzo y trabajo podía fácilmente llegar donde se lo propusiera.

Con tan solo cuatro años, su primera meta apareció, cuando sus padres decidieron dejar de ser una familia de tres para convertirse en una familia de cuatro.

Con el nacimiento de Gogo, se prometió así mismo, ser un hermano ejemplar, uno digno de respetar y también de admirar.

Con tan solo cuatros años el término

"mejor" se grabó con un mantra en su vida y desde ahí no paró.

Y Mitsuki y Masaru Bakugou aunque exigentes, también eran sumamente complacientes y cada cosa que él quiso aprender o experimentar no estuvo lejos de su acción. Con el apoyo de sus progenitores logró inmiscuirse en un mundo lleno de sabiduría, se dio el lujo de vivenciar en varios ámbitos; académicos, artísticos, deportivos, etc. y en cada uno de ellos sobresalió.

Por eso, cuando estaba a finales de su primer año de universidad, a nadie en absoluto le sorprendió que haya sido seleccionado como uno de los pocos estudiantes becados para estudiar en el extranjero.

Arquitectura y diseño urbano; era la rama que decidió seguir. Entre una gama de profesiones geniales y renombradas, decidió guiarse por algo que realmente le gustaba y llamaba su atención. Por eso, cuando lo llamaron desde la mismísima Cambrigde no dudó ni un segundo en tomar la decisión de marchar.

Extrañaría su hogar y a su gente, sobre todo al enano mandón que tenía por hermano, pero de todos modos no era para siempre. Por lo que con la mente fría y con el corazón emocionado tramitó su traslado y se marchó.

Hoy, después de cinco largos años donde no visitó Japón, regresaba en gloria y majestad.

Seis meses serían los que se quedaría, porque aunque extrañara de sobremanera su nación, en Inglaterra le habían ofrecido un trabajo de en sueño en uno de los estudios Arquitectónicos más afamados por esos tiempos. Y él, como el ser brillante que era, no podía desperdiciar dicha oportunidad.

Sí, era un maldito mimado y hasta "consentido" (aunque él lo negara), pero tampoco era un idiota y hacer carrera allá, le daría a su currículum verdadero valor.

Por eso, desde el estudio, habían concedido darle tiempo definido para que viajara a su hogar, disfrutara de su familia y amigos y luego regresara con ánimos renovados a ser el flamante y talentoso Arquitecto Katsuki Bakugou.

"Señores pasajeros, bienvenidos al Aeropuerto de Tokio, Por favor, permanezcan sentados, y con el cinturón de seguridad abrochado hasta..."

Había divagado tanto en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta que estaban llegando, el maldito anuncio de aterrizaje sacándolo de su ensoñación. En pocas horas, vería a sus viejos, a su enano adorado y a sus idiotas pero leales amigos.

Por fin estaba en casa, por fin estaba en Japón.

(...)

Sus padres fueron en busca de él al aeropuerto donde una eufórica Mitsuki no perdió el tiempo en abalanzarse sobre su hijo y apretujarlo entre sus brazos. Su cachorro, su primogénito, su más grande dolor de cabeza pero a la vez uno de sus más grandes orgullos.

Lo extrañó tanto. Sus quejas, sus palabrotas, las peleas que mantenían en casa, que podrían parecer feroces, pero más bien, eran su forma de entretenerse y relacionarse por más raro que pareciera, pues Katsuki al igual que ella, tenía un carácter de la mierda.

Extrañó su presencia, su aroma, porque aunque el idiota fuera un Alfa Dominante, grande, de un metro ochenta y siete y noventa kilogramos, seguía siendo su pequeño cachorro, y lo sería hasta el día de su muerte.

—¿Terminaste? Quedaré jorobado si sigo en esta posición por un minuto más.—suelta burlón el alfa menor.

La omega lo suelta, dándole un pequeño zape por grosero. —Que no puedas aplazar este maldito momento tan bonito Katsuki.

El susodicho se soba la cabeza malhumorado, la vieja bruja seguía teniendo la mano como un plomo.

—Bienvenido hijo.— es Masaru, el que se acerca esta vez a su pequeño, y al igual que la omega, repite el abrazo. Menos apretujado y menos extenso pero igual de afectuoso.

—Los extrañé, viejos.— murmura despacio el menor, como que no pueda ser escuchado del todo.

Mitsuki y Masaru se dan una mirada cariñosa, al fin estarían todos reunidos en casa.

(...)

—Maldición, esta porquería parece un lata de sardinas.— reclama el rubio en el metro tren.

Aunque sus padres lo hayan ido a buscar al aeropuerto, el viaje en auto es mucho más tardado y engorroso. El tren en cambio, sólo demora una hora en llegar a Shizuoka, donde se encuentra su hogar.

—¿De qué hablas mocoso? ni siquiera está lleno.— habla la omega, mirando a su alrededor y notando como ni siquiera hay gente de pie en el vagón.

—No lo digo por los espacios vieja, sino por lo apestoso.— regaña arrugando visiblemente su nariz.

—Katsuki.— reprende severo, Masaru.

—Sabes que aquí, el uso de parche no es obligatorio a no ser que se esté cerca del celo o cuando la persona tiene una taza de feromonas demasiado llamativas.

—Tks, como sea, saben que detesto los olores. Así que aguántenme.

—Sólo no hagas comentarios así, quieres.

"Aunque hayan pasado los años, algunas cosas no cambiaban". Pensaba el alfa mayor.

Mitsuki ríe divertida.

– Y... cuéntanos mocoso ¿Dejaste alguna novia o novio por allá?– pregunta animosa la omega.

Katsuki no ha estado ahí, ni dos horas aún y ya siente por primera vez una vena palpitarle en la sien.– Dios madre, ¿a qué viene eso?.

—¿Cómo que a qué viene? Por el amor de horror Katsuki, tienes 25 años ¿qué tiene de raro que pregunte?

—No maldición, sabes que si tuviera a alguien se los hubiera mencionado en alguna llamada.

—Pues, qué lástima mocoso. Algún día quiero nietos.— suelta lastimera.

—Por Dios, soy muy joven aún bruja. Quiero hacer millones de cosas antes de ser padre o siquiera estar en un puta relación. Sabes que odio la cursilería y la dependencia con las personas.

Katsuki solía tener aventuras con lindos o lindas omegas, pero la verdad, nunca los tomaba en serio, pues tenía otras prioridades. Siempre dejaba en claro que era sólo pasarlo bien y nada más. No quería amarrarse a nadie.

Por ahora y desde siempre sus aspiraciones profesionales eran lo más importante para él.

No perdería el tiempo en enamoramientos.

No lo tenía, en seis meses más se marchaba.

Era sólo pasarla bien y nada más.

(...)

—¡Estamos en casa!— anuncia Mitsuki apenas ingresan a su hogar.

Katsuki contempla todo el lugar con nostalgia, su preciada casa, esa que le refugió desde su nacimiento.

No había cambiado mucho la verdad, seguía siendo linda, ordenada y pulcra, como acostumbraba a mantenerla su bruja madre.

—¿Dónde está el enano?— pregunta el alfa menor a sus progenitores. Esperaba que al entrar a casa, su hermanito aparecería de la nada a colgarse de él como siempre hacia.

—Katsuki, tu hermano ya no es un niño si te escucha llamarlo así, probablemente se enfadará.— le reprende Mitsuki.

—Ja, que miedo.— se burla.

—Tenía examen hoy, así que fue a la Universidad.— aclara Masaru.

En lo que el rubio sube su equipaje a su antigua habitación, sus padres preparan un exquisito almuerzo de bienvenida para su cachorro mayor.

—¡Ya estoy en casa!— Anuncia jadeando en la entrada del hogar, Gogo Bakugou, integrante menor de la familia.

—Oh, bienvenido hijo, ¿cómo te fue en tu examen?.— pregunta cariñosamente el castaño.

—De puta madre.— suelta exaltado, mientras registra el lugar de arriba a abajo con sus grandes ojos rojos.

—Katsuki está arriba hijo, ya bajará.— se apresura a aclarar Mitsuki, al percibir la ansiedad en el aroma de su hijo menor.

—En realidad ya bajé.— dice el alfa cenizo, al pie de las escaleras.

—¡Katsuchan!.—grita feliz, el menor de los Bakugou, aventándose encima de su hermano sin ninguna clase de cuidado.

—Mierda enano, pesas como el diablo, bájate de mi.— alega el rubio.

—No quiero, te extrañé mucho idiota. No puedo creer que estés de vuelta.—devuelve exageradamente alegre, Gogo.

Katsuki abraza a su hermano con cariño, por supuesto que él también lo extrañó. Su hermanito, muy parecido a él físicamente, pero lindo, extrovertido y además omega.

—Ya, ya mocosos, dejen sus cursilerías y lávense las manos para almorzar.—ordena la omega rubia, contenta de la interacción entre sus cachorros.

Gogo se resiste en soltar a Katsuki y éste en un actuar despiadado le pellizca en las costillas.

—¡Auch! maldito bribón, eso me dolió.—se queja el Omega, sobando la zona.

—Te dije que te salieras idiota.— ríe con mofa el alfa, mientras ya de pie, contempla mejor a su hermano.

Gogo está radiante, un hermoso Omega de figura llamativa y mirada coqueta, y eso por supuesto que lo cabrea de sobremanera.

—Estoy lindo ¿no?.—alardea de sí mismo el Omega, al notar la mirada de su hermano en su persona.

—Lo estás.— confirma el otro. —Pobre del maldito infeliz que ponga sus ojos en ti.— sentencia de forma seria.

Mitsuki suelta una carcajada a todo pulmón.

—Recién llegas y ya te pones posesivo, eres un chiste.— comenta divertida.

—Ahora almorcemos, podemos ponernos a tono mientras lo hacemos.– ordena la Omega, poniendo las platos calientes sobre la mesa.

La familia Bakugou se acomoda en el comedor y entre risas y conversaciones degustan de las delicias que tanto había extraño Katsuki en su estancia en Inglaterra. Nada se podía comparar a la gastronomía de Japón.

—Y... cuéntame enano, supongo que no tienes novio o ¿si?— insiste Katsuki con su hermano.

—Aunque me duela decirlo, no Katsuchan, no ha llegado la persona indicada aún.— dramatiza Gogo poniendo su mano en el pecho.

Masaru se ríe ante eso, sus hijos eran tan parecidos pero con una personalidad tan diferente, que era un verdadero deleite escucharlos conversar.

—No tiene novio, pero vaya que es popular.— agrega Mitsuki, sobrada de orgullo por la belleza de su engendro.

—Ah ¿si?— pregunta Katsuki levantando una ceja. No lo duda para nada, pues su hermanito es lindísimo, además de sociable, no podía esperar menos.

—Ajá, yo y mi mejor amigo somos muy cotizados hermano. Jeje.

—Hablando de eso, ¿cómo le fue a Izuchan en el examen?. Supongo que las noches de estudio valieron la pena.—menciona Mitsuki.

—Pfff, Zuzu es brillante mamá. Tu pregunta no va al caso.

—Alguien me puede explicar ¿quién es ese maldito y por qué tanta familiaridad con él?— interroga Katsuki desorientado.

—Más respeto con Zuzu, tonto.— reprende Gogo, apuntando con los palillos a su hermano.

—Aún no me explicas ¿quién putas es?

—Izuchan es un Omega de lo más lindo, mocoso, es amigo de tu hermano así que pronto lo conocerás, viene seguido a casa o Gogo va a su departamento para convivir.— explica Mitsuki de manera tranquila.

Gogo mira a su hermano de forma seria

—Por favor Katsuki, cuando lo conozcas, no te enamores. Odiaría que un gorila como tú, pusiera sus manos sobre él.—Molesta Gogo, sacándole el dedo de en medio.

—¿Que mierda?, ni que fuera la gran puta cosa.— Katsuki bufa enojado, soltando feromonas de irritabilidad.

—Hablo en serio hermano.— Gogo le mira imperturbable.— Puedes cogerte al Omega que quieras en lo que dure tu estancia aquí, pero jamás, jamás en la vida te perdonaré si te fijas en Zuzuchan.— advierte, parco, frío e impávido.

(...)

—¡¿Eres estúpido?!.— Gogo bufa colérico, dando vueltas por la sala de la casa, sin dirección aparente.

—La primera cosa que te pedí cuando trajiste tu maldito trasero a Japón, fue que no pusieras tus sucias garras en Izuku. ¿Que de eso no te quedó claro, jodido alfa caliente de mierda?

—¿Crees que hice esto para cabrearte?— pregunta angustiado Katsuki, quien no puede dejar de tronarse los nudillos por la ansiedad. —¡Me enamoré de él, maldita sea, ¿por qué mierda no lo puedes entender?!

Gogo está enojado, mucho a decir verdad, se pasea de un lado a otro moviendo la cabeza reiteradas veces en desaprobación.

Se lo advirtió, fue la primera cosa que hizo cuando su hermano llegó a Japón, pero como siempre, Katsuki no le hace caso a nadie, haciendo lo que quiere sin importarle un carajo las consecuencias.

—Go...

—¿Si? "Ni que fuera la gran puta cosa", eso fue lo primero que dijiste de Zuzu ¿lo recuerdas?.—interrumpe sin remordimientos.

—¡No lo conocía!

Gogo chasquea la lengua abatido —¿Te enamoraste de él?,¿le pedirás noviazgo?, ¿te quedarás en Japón?.— interroga con sarcasmo, el menor de los hermanos. —Por favor Katsuki.— le mira desafiante. —Todo el mundo sabe, que lo único que te importa es tu carrera, ser el mejor en todo lo que hagas y siempre haz dicho que un Omega jamás llegaría a tu vida a cagar tus planes. ¿Me equivoco?

Kstsuki no es capaz de responderle a su hermano, pues así era. Hasta hace cuatro meses atrás, así era.

Pero hoy, Katsuki está en una disyuntiva acerca de cuáles son sus prioridades.

Se enamoró de Izuku, eso es genuino y sucedió de una forma sorprendentemente rápida. Aún no recuerda con exactitud, en qué momento terminó de asimilarlo, pero lo único que tiene claro ahora, es que le quiere, que se siente bien a su lado y que quiere aprovechar el tiempo que le quede en su compañía, porque sinceramente, no cree ser capaz de renunciar a su futuro por muy enamorado que se sienta.

De cualquier manera, nadie tendría el derecho de culparlo, pues, toda la vida trabajó para llegar hasta donde está ahora.

Su establecimiento en Inglaterra, significa mucho para él, es el fruto de años de esfuerzo y constancia y si ha de ser honesto, nunca buscó enamorarse, mucho menos en Japón, mucho menos del mejor amigo de su hermanito.

Gogo lo odia y quizás con justa razón.

La vida de Izuku ha sido demasiado compleja, ha perdido suficientes personas en el camino y ahora viene él, a ofrecerle el cielo y la tierra, a ofrecerle una relación que no podrá mantener en el tiempo.

Entiende en cierta forma el disgusto de su hermano, pero nada de lo que hizo fue con intención de dañar.

Sí, fue egoísta, y tomó el cariño de Izuku con gusto, pero es que simplemente no se pudo negar. El Omega lo deslumbró en el instante en que lo vió, y aún con la advertencia de Gogo, cayó muy profundo.

—Déjalo ahora Katsuki, antes de que en dos meses más, lo destruyas con tu partida.

—¿Q-qué?

—Que lo dejes, estúpido.

—¿Pero que mierda?— gruñe molesto.

—Te estoy diciendo que estoy maldita mente enamorado de él, Gogo. — le mira suplicante. —Sólo déjame permanecer a su lado el resto de mi estancia aquí.

—Sobre mi cadáver, ¡¿quien putas crees que será el paño de lágrimas después?!.

Gogo sentencia y toma las llaves de su motocicleta, apresurado por salir de la casa.

Ira pura desprendiéndose de su cuerpo.

Necesita calmarse, necesita entender,

que el idiota enamorado de Izuku, es nada menos que su maldito hermano.

Mientras tanto, Katsuki se queda en la soledad de la sala, lamentándose consigo mismo. Lamentándose, por no haberle hecho caso a su hermano en primer lugar.

Lamentablemente, para mala suerte del Bakugou mayor, la tentación era demasiado grande.

Una hermosa tentación, de ojos verdes y sonrisa dulce.

(...)

A Gogo le encanta pasear en su moto, sentir la brisa fresca golpeando su cara cada que arranca el acelerador. Es casi como una terapia para él, especialmente, cuando se siente sobrepasado.

El menor de los Bakugou es un omega, un orgulloso omega.

Es hermoso, inteligente y tiene muchos admiradores guapos y codiciados, sin embargo, hace tres años atrás, por única vez en la vida, deseó con todas sus fuerzas, haber nacido alfa.

La primera vez que cruzó caminos con Izuku, fue en su clase introductoria a la universidad, y fue como si la deidad del amor haya hecho su aparición.

La flecha de cupido, se le clavó profundo en el corazón.

Se enamoró a primera vista de él.

Y Gogo sabía que estaba mal, un omega enamorado de otro omega era muy mal visto, casi como una aberración.

No obstante, ignorando eso, de todas las maneras posibles, buscó aferrarse a ese divino ser.

De simples conocidos pasaron a ser compañeros y con el tiempo se transformaron en mejores amigos.

Gogo entendió, que si no podía optar por el amor de Izuku, por lo menos se mantendría a su lado ofreciéndole su más sincera amistad y eso implicaba también, cuidar de él, correteando a cualquier alfa de mierda que intentara sobrepasarse con su amigo.

Eso, por supuesto que incluía a su idiota hermano.

Sobre todo a él.

Pues, para mala suerte del omega rubio, tanto la vida como la biología, le jugaron una mala pasada para con su primer amor.

Lo que no sabe el Omega, es que lo que está destinado a suceder... siempre encontrará una forma única, mágica y maravillosa para manifestarse.

(...)

—¿Kacchan?, ¿qué pasó?.— pregunta Izuku.

Actual fruto de la discordia.

Un precioso y amable omega.

El pequeño ladrón del corazón de los hermanos Bakugou.

Katsuki está más cabizbajo que nunca, parado en la puerta del hogar de Izuku.

Tiene un semblante triste, por lo que Izuku se preocupa al instante.

El alfa, ignora la pregunta inicial que le ha hecho, e ingresa al departamento con confianza, tomándolo de la mano para dirigirse al sillón y sentarse allí con él.

Necesita tenerlo cerca, sentir su calorcito y aspirar su exquisito aroma que le calma enormemente.

Izuku, no insiste en que el alfa le hable inmediatamente, en el poco tiempo que ha logrado conocerlo, sabe que no debe presionarlo.

—Gogo me odia.— confiesa el alfa,

después de minutos de silencio.

—Supo de nosotros y está muy molesto.

Izuku lo escucha atento, analizando la situación. Nunca imaginó que Gogo se enfadara tanto por algo como eso, pero de cierta manera, puede comprenderlo.

Izuku es huérfano, a los 13 años, sus progenitores murieron en un accidente automovilístico, y desde ese entonces,

el Omega y su hermano, se quedaron al cuidado de su padrino Yagi Toshinori, un alfa soltero y adinerado que era muy amigo de sus padres y que siempre amó a ambos como si fueran propios.

En ese tiempo, el hermano de Izuku, estaba cursando su segundo año de Universidad.

Mikumo era brillante y con la ayuda e influencias de Yagi, partió a EEUU a terminar sus estudios de Medicina.

Hoy en día, Mikumo trabaja en el

Hospital general de Boston y envía constantemente dinero para Izuku y pasajes de avión para que en las vacaciones le visite.

El Omega peliverde adora a su hermano, por lo que sin dudas, cada vez que puede viaja a América a ver a Yami, como le llama cariñosamente.

Si Izuku no ha tomado la decisión de irse definitivamente con él al extranjero, es por el simple hecho de que es un nostálgico de primera y jamás en la vida se permitiría abandonar a sus padres, Hisashi e Inko, que yacen sepultados juntos, en la cripta familiar en Shizuoka, Japón.

Por lo que la ira de Gogo, la interpreta como lo que es, el miedo profundo de su mejor amigo a que él sufra una nueva pérdida, pues cuando Katsuki retorne a Inglaterra, inevitablemente Izuku quedará sólo otra vez.

Ciertamente, Gogo siempre ha sido muy sobre protector con él, pero así como lo conoce tan bien, debería saber que él es lo suficientemente fuerte y maduro para comprender lo que significa un amor transitorio.

Izuku apenas tiene veintiún años, tiene toda la vida por delante para conocer a su alfa definitivo, y Katsuki, pues, él ya tenía su futuro estipulado, por lo que la relación de ambos, se estableció a priori, como algo fugaz y con fecha de caducidad, aunque no por ello, ha sido menos sincero y pasional.

E Izuku está bien con eso, siempre lo supo y por nada del mundo le pediría a Katsuki que dejara todo y se quedara con él, no tiene derecho, no tiene sentido, no le corresponde y así está perfecto.

—Oh Kacchan ¿cómo llevas eso?.

—De la mierda, está muy molesto y no quiere que siga viéndote. Yo le dije, le dije que quería pasar tiempo contigo hasta que me vaya

—¿Y tú qué quieres hacer?

— A que te refieres.— pregunta el alfa mirándole serio.

—¿A que si le harás caso a Gochan o seguirás conmigo?.— Izuku le interpela.

—Quiero estar contigo, todo el tiempo que nos quede.— contesta el alfa con total seguridad.

—Oh, cariño, ¿no será un problema para ti?, no quiero que Gochan esté enfadado con Kacchan en sus últimos días aquí.

Si es por mi no te preocupes, yo estaré bien.

Katsuki mira a los ojos a su Omega, y puede ver la sinceridad reflejada en ellos, no obstante, el que Izuku esté tan compuesto y le diga que está bien con alejarse antes de tiempo, le duele más

de lo que debería.

—¿Quieres terminar aquí?

—No, Kacchan, no deseó terminar, pero al parecer, ya nos llegó la hora.—le sonríe el Omega, mientras toma el rostro del alfa entre sus manos y le da un suave beso en los labios.

Katsuki se aferra a su cintura, y le devuelve el beso con afecto, maldice

al destino no haber conocido a Izuku

en otras circunstancias.

Lo ama y es tan profundo que le duele, porque sabe que no podrá conservarlo y eso le lastima.

—Me ofende que se te haga tan fácil dejarme.— le dice, y es genuino al decirlo.

Le preocupa que a Izuku se le haga tan fácil la despedida, porque a él le está costando una infinidad dejarle.

—Digamos que me he acostumbrado a las despedidas.— confiesa el Omega brindándole un linda sonrisa.

Quiere que Katsuki no tenga remordimientos para con él.

Quiere ser un buen recuerdo para Katsuki.

—Maldita sea, me enamoraste tanto, jodido pecoso.

—Tú también me enamoraste mucho, mi alfa explosivo…