Los siguientes días, o noches, Raven compartió con Bruce y los demás la información que había ido recolectando desde sus días en Jump City. Sobre la gente que había sido convertida y las posibles razones. Rumores de cómo lucía la Reina. Datos sobre las habilidades que tenía… Todo lo que podía recordar y sobre lo que sabía que ellos podrían deducir, como ubicaciones que ella podría estar utilizando u otros mafiosos que podría estar controlando.
No fue sorpresa, claro, cuando los ataques a humanos empezaron a aumentar con solo el pasar de los días. Incluso antes de que Raven llegara —Tim comentó en algún momento —, parecía que cada vez aparecían más y más cadáveres a plena luz del día. Los cuerpos tenían claras señas de haber sido secados hasta la última gota, otros fueron torturados. Tanto así que muchas personas ya habían salido a declarar sobre las "extrañas criaturas" que merodeaban y acechaban por las noches. Era una suerte que todavía no hubiera cundido el pánico en Gotham.
Barbara, con los brazos cruzados y el ceño fruncido, había comentado que si seguían así, no pasaría mucho tiempo hasta que declararan toque de queda.
Raven exhaló, apoyando una de sus manos en la ventana y viendo a través de ella. Tenía una poderosa visión, pero eso no quería decir que podía ver más allá de los muros que rodeaban la mansión. Sin embargo, sabía que era más que probable que ellos ya estuvieran afuera en las calles, patrullando e investigando.
Ella se relamió los labios y tragó saliva. Sus sentidos estaban a flor de piel y ella sabía exactamente por qué.
Y entonces, los confiados pasos de Damian Wayne la hicieron girar sobre sus talones antes de que cometiera alguna locura.
Él frunció el ceño cuando ella abrió la puerta de su habitación sin que él hubiera llamado, pero todo rastro de confusión pronto se evaporó en el aire cuando sus miradas se conectaron.
Claro, no era raro para el vampiro saber cuándo alguien estaba cerca.
"Voy a patrullar," él le informó. Su voz seria, sin lugar a cuestionamientos ni dudas.
Y esta vez fue ella la que frunció el ceño, inclinando la cabeza en confusión. Su padre le había ordenado vigilarla, y Raven dudaba que eso incluyera dejarla sola en la mansión con el dulce y viejo mayordomo.
Pero Damian solo dió media vuelta.
"Si lo que nos has dicho es cierto, no harás nada que no debas," él continuó, no importando que ella no hubiera dicho nada aún.
La verdad era que no era una decisión tomada a la ligera. Damian había estado observándola durante los últimos días como había sido ordenado y lo único raro en su comportamiento —aparte de todo el asunto de ser un vampiro colaborando con cazavampiros —era que no había hecho ni el más mínimo esfuerzo por buscar o ingerir sangre de algún lado.
Raven era una chica tranquila. Demasiado tranquila como para que no dudara de sus motivaciones. Esta era una prueba.
Además, ya había advertido a Alfred de lo que planeaba hacer.
Sin embargo, él no había dado más de un paso cuando ella lo tomó del brazo, logrando inclinarlo hacia atrás.
"Espera."
Para ser un no muerto, sus manos eran increíblemente cálidas, Damian pensó al ver su piel pálida contrastando con la suya de color canela, antes de alzar la mirada otra vez.
"Déjame ir contigo."
"¿Qué?" definitivamente eso no era algo que él hubiera esperado escuchar. Sus cejas juntas fueron una clara señal para Raven.
Ella se relamió los labios una vez más y dudó de si lo que iba a decir a continuación tendría un efecto más negativo que positivo, pero la verdad era que ya no lo soportaba y todo lo que escuchaba, todo lo que sentía —los animalitos corriendo, las ollas siendo movidas por el mayordomo, los latidos del corazón de Damian —no la dejaba pensar con claridad.
Se estaba volviendo peligroso.
"Por favor," ella pidió. "Me muero de sed—"
La reacción de Damian fue veloz, prácticamente arrancando su brazo de su agarre y desenvainando su espada en un solo movimiento que, aunque Raven fue capaz de percibir, no hizo el más mínimo esfuerzo por detener.
Su espalda golpeó la fría pared y pronto su antebrazo la sujetaba justo por debajo del cuello.
Raven tragó saliva, de pronto muy consciente de su cuerpo casi pegado al suyo, y de cada ligero movimiento que podría o no tocarla en cualquier momento.
Tomó todo de ella mantenerle la mirada aun cuando él acercó peligrosamente su espada a su rostro, con el brillo reflejado en la hoja.
"¿Qué? ¿No es tan buena si no está fresca?" él preguntó refiriéndose a las bolsas de sangre que le habían ofrecido cada desayuno que estuvo con ellos, obviamente no esperando una respuesta. "¿Creíste que te llevaría voluntariamente conmigo para que así puedas cazar personas desafortunadas?"
Raven amplió los ojos, volviendo en sí y no dejando que la sed se apoderara de ella.
"Por supuesto que no," ella contestó firmemente, pero no hizo el intento de liberarse de su agarre. La voz de Damian, tan cerca como estaba de ella, la estaba manteniendo lo suficientemente cuerda y alerta. "No sé qué hicieron para conseguir esas bolsas, pero yo no bebo sangre humana."
Damian apretó su agarre, incrédulo de lo que Raven le decía por más de que ella le mantuviera la mirada sin dudar.
Hasta donde él sabía, era cierto que un vampiro no moriría por no ingerir sangre. Sin embargo, no morir no significaba algo bueno, solo significaba que podrían enloquecer en cualquier momento y comenzar una masacre llena de locura. Había pasado antes, Damian no dudaba que pasaría de nuevo.
Estaba en su naturaleza cruel de depredador, no bastaba con una dieta.
Pero la criatura frente a él todavía no bajaba la mirada y él se vio obligado a preguntar:
"¿Qué quieres decir?"
Su voz fue desconfiada. Claro que Damian no le creería de buena a primeras. No obstante, cómo ya parecía haberse convertido en costumbre, Raven no se dejó intimidar y en cambio, sólo ofreció la mejor explicación que le vino a la mente en ese momento.
"No necesito beber sangre humana a menos que sea un caso de vida o muerte," ella dijo, volviendo la mirada a la espada de él y pidiendo en silencio que la soltara.
Frunciendo los ojos, Damian no percibió ningún tipo de hostilidad de parte de ella, por lo que decidió ceder. Lentamente, él dió un paso atrás, pero no envainó su espada ni bajó la guardia y su mirada nunca dejó la de ella.
Al menos no lo hizo hasta que Raven volvió a relamerse los labios, cuando él notó lo secos que estaban.
"Solo déjame acompañarte," ella pidió una vez más.
Y Damian tuvo que admitir que su curiosidad fue superior a su recelo cuando aceptó con un asentimiento.
Pero…
"Un solo paso en falso, y serás polvo antes del amanecer," le advirtió.
Raven sabía mejor que pensar que era una amenaza vacía.
"Entiendo que cambió de planes respecto a la señorita, joven maestro," las palabras teñidas de indiferencia del mayordomo por el intercomunicador lograron que Damian casi hiciera una mueca.
Su tono delataba que no estaba nada sorprendido por lo que había hecho, más bien como si se lo hubiera esperado desde un principio, y eso no era algo que le hiciera gracia a Damian en lo absoluto.
"¿Debería informar al amo Bruce de su cita nocturna?"
"Por el momento agradecería la discreción, Pennyworth," Damian contestó, buscando con la mirada a Raven. Puede que fuera infantil, pero no tendría que soportar la burla del mayordomo si no fuera por ella.
Ambos habían dejado la mansión. Si bien su objetivo principal había sido patrullar por las zonas que su padre y los demás habían descartado como posibles puntos de cacería, ahora estaban en un callejón sin salida, básicamente en la puerta trasera de un bar que no se le ocurría mejor idea que botar su basura y desechos en un lugar que obviamente no era para eso.
Y en medio de todas esas bolsas de basura, estaba la vampira, buscando algo que él no podía comprender.
"Entendido, joven Damian. Regrese temprano."
"TT."
Damian exhaló y dejó de apoyarse en el muro del callejón cuando la comunicación se cortó para acercarse a la vampiresa. La vio agachada, con algo entre las manos y frunció el ceño cuando supo lo que estaba pasando.
"Eso es asqueroso," Damian le dijo sin reparo alguno cuando la sangre de la rata que había atrapado se escurrió entre sus dedos.
Ella tragó lo que bebía y por primera vez en lo que se conocían evitó mirarlo a los ojos, encogiéndose, como si estuviera avergonzada.
"Créeme, si no tuviera que hacerlo, no lo haría," ella contestó en voz baja, aún dándole la espalda, y Damian inclinó la cabeza a un lado.
Raven sintió su mirada en su nuca y se removió incómoda, tratando de terminar lo antes posible con el animal para poder deshacerse del cuerpo y lavarse.
Raven detestaba la sangre. La de humanos, la de animales. Para ella todas sabían igual y eran igual de asquerosas.
Pero sabía que no podía vivir sin ella. Sabía que eso solo era un sueño imposible.
Desde muy joven había entendido que más que un alimento, la sangre era como una droga vital para las criaturas como ella. Un fuerte sedante que evitaba que sus sentidos los hicieran explotar de sobre estimulación. Un analgésico que garantizaba sus habilidades sin que estas la agobiaran.
La única diferencia era que para sus compañeros de raza, la sangre humana probablemente sabía diferente. Quizá más dulce, o quizá simplemente mataban y morían buscando, tratando de encontrar la sangre más dulce, obsesionándose con diferentes versiones cada día.
Rumores decían que mientras más especial el humano, mejor sabría su sangre. Especial era algo subjetivo, no obstante, y hasta ahora nadie sabía a lo que se refería, o al menos no se lo habían dicho.
Sin embargo, para ella, un solo sorbo bastaba para mantenerla por más de una semana. Como medicina, Raven jamás querría más de lo mínimo. Pero dudaba que fuera lo mismo para los demás vampiros, que ya habían sucumbido a la oscuridad de su sed.
"La manera más fácil de vivir bien es bebiendo sangre humana," ella terminó diciendo, poniendo el cuerpo de la rata sobre una bolsa negra aplastada para posteriormente limpiarse la boca con el dorso de la mano.
Damian la observó acomodar el cuerpo del animal sobre el resto de la basura. No lo dejó tirado ni lo escondió entre otros desechos, sino lo colocó como si se tratara de una mascota que acababa de morir, como si se sintiera profundamente mal por haberle hecho lo que le hizo, antes de oírla continuar.
"Pero una vez empiezas, no hay vuelta atrás. Mientras más bebes, más quieres. Los de clase baja pierden la cordura fácilmente, a los de clase alta no les importa ser más maquiavélicos para obtener lo que buscan."
"Pero es la primera vez que bebes sangre desde que viniste con nosotros," él comentó, recordando el carmesí de su mirada cuando él sangró durante su batalla contra el vampiro en el almacén. "Probablemente desde antes."
Ella tragó saliva notoriamente.
"No es lo único que puedo comer, pero de vez en cuando tengo que aplacar la sed," ella explicó volviendo a mirarlo. "Jamás bebería de humanos, aunque."
Damian frunció los ojos.
No era una información de la que él estuviera consciente. De hecho, dudaba que su padre o alguno de sus hermanos hubiera escuchado algo así antes, o que otros vampiros lo hubieran hecho. La comida común, cocinada o preparada, no era algo que las criaturas de la noche pudieran ingerir con normalidad. No podían procesarla y no podían vivir sin beber sangre humana porque sus habilidades decaían drásticamente o se volvían como animales rabiosos —en el peor de los casos. Y aún así, la criatura frente a él no se veía ni se había visto mal o más débil en lo absoluto.
Ella brillaba de algún modo, a comparación de los otros vampiros con los que se había cruzado e incluso entre humanos, Raven emitía algo diferente. Místico casi, aunque eso no era algo que él fuera a decir en voz alta.
Pero eso solo lo hizo cruzarse de brazos mientras la observaba, pensando. Era como si cierto pedazo de información estuviera tratando de salir a la luz. Tratando de iluminarlo y, sin embargo, era muy pequeño e improbable como para lograrlo.
¿Es siquiera posible?
"Mira," ella llamó su atención, entonces, levantándose y dando media vuelta para encararlo. Su capa bailó sobre su cuerpo, y terminó cubriéndola desde sus hombros hasta sus pies, ocultando sus brazos manchados de sangre. "Sé que no es común, pero—"
Raven se detuvo abruptamente. Sus cejas juntándose en concentración cuando un sonido captó su atención.
"¿Qué está mal?" Damian quiso saber también, poniéndose en guardia al poner una de sus manos sobre su espada rápidamente.
Pero aunque Raven hubiera tenido tiempo de explicarlo, no lo hizo. Sin pensarlo dos veces ni preguntar, ella estiró el brazo para tomar a Damian de la muñeca. Él no tuvo tiempo de demandar saber qué estaba haciendo cuando ella, de un solo impulso, se elevó hacia el techo del edificio que tenían al lado.
Cualquiera pensaría que al ser un lugar alto y con el peso extra de otro cuerpo, ella tendría que ejercer más fuerza y por lo tanto, el aterrizaje sería estruendoso o torpe, pero en su lugar fue delicado, casi como si solo hubiese levitado hasta ahí con Damian a remolque.
Y no lo soltó hasta que ambos estuvieron al otro lado del techo. Él, frunciendo el ceño y esperando una explicación, y ella mirando hacia la calle, buscando algo. Ella estaba alerta y Damian podía decirlo claramente por la tensión en sus hombros.
Fue entonces que el celular de Damian vibró en uno de los bolsillos de su utility belt.
"Damian, ¿dónde… estás?" y la voz de Tim fue lo primero que oyó al contestar. Su voz estaba entrecortada, como si no hubiera señal en donde estaba.
Damian se tardó un segundo en responder. Dudoso de si Alfred lo había delatado. Sin embargo, al oír ruido de fondo, como de una batalla —aunque solo podía distinguir a Jason insultando y disparando sus armas —, decidió preguntar "¿por qué?" en lugar de especificar su ubicación.
"Vampiros… traficando… Huyeron en una van blanca," lo que sea que Tim estaba diciendo, Damian solo pudo descifrar la mitad. Él tuvo que cubrirse el otro oído para intentar oír mejor por más de que el problema no fuera de su lado. "Desde… se dirigen… afueras de Gotham—! ¡Tú estás más cerca…!"
Lo siguiente que pudo oír Damian fue un golpe seco y luego silencio. O Tim había sido golpeado o lo que sea que utilizó para llamarlo se había caído. Como sea, llamarlo de regreso no era una opción.
Damian observó su celular. No había tiempo para volver a la mansión. Podría llamar a Alfred y pedirle que opere la computadora, pero, tan talentoso como el mayordomo era, tampoco estaba seguro de cuánto tardaría eso.
Él tomó aire. Tampoco sabía la ubicación de sus hermanos con exactitud, por lo que no podía predecir qué camino estaban tomando los vampiros para salir de la ciudad.
Como sea, tenía que empezar a moverse. Una van blanca era lo que buscaba—
"Ahí," pero entonces Raven, que había estado en silencio por un buen rato, señaló hacia una calle.
A esa hora el tráfico era menos que ligero, por lo que no fue difícil detectar el movimiento errático de un auto blanco, como si el conductor estuviera apresurado.
"Vamos."
Y antes de que pudiera decir algo, Raven ya se había lanzado del techo, calculando el momento exacto en el que la van pasaría justo por la calle frente a ellos. La poca gente que había a esa hora de la noche, casi madrugada, gritó, y no fue para menos, pues la criatura que había aterrizado, esta vez con la suficiente fuerza como para romper el suelo justo frente al auto, estaba oculta bajo su capucha y emitía una presencia tan fuerte que hasta se sentía en el aire.
La van no pudo hacer más que girar hacia un lado de la calle, haciendo sonar sus neumáticos contra el asfalto con tanta fricción que hasta pareció que salía humo.
Todo en cuestión de segundos.
Damian parpadeó ante la demostración de poder, casi aturdido y sabiendo que tal ostentosa entrada iba a costarles la discreción. Sin embargo, rápidamente recuperó la compostura para también dejarse caer, disparando su batclaw en medio de la caída para apaciguar su aterrizaje.
Para ese momento, los vampiros que habían estado conduciendo la van ya habían salido. La sensación que daban era completamente diferente a la de Raven, pero no por ello menos peligrosa.
Probablemente eran vampiros de clase media, ya que si bien sus irises estaban teñidas de rojo sangre, parecían mantener suficiente cordura como para seguir las órdenes de los que estaban enfrentando Jason y Tim.
Damian desenvainó su espada. Tenían que terminar con eso rápido.
"Liberen a los humanos que tienen ahí," él comandó, no necesitando señalar la van para que ellos supieran a lo que se refería.
Pero uno de los vampiros, el más alto, solo dirigió su mirada a Raven.
"¿Por qué te resistirías a tu naturaleza?" él preguntó, como si ya supiera quién era ella y qué era lo que estaba haciendo, por más de que la expresión de Raven dijera todo lo contrario. "Uniendo fuerza con un cazador, nada menos."
Ella mostró sus garras, dando un paso adelante y mirando por una fracción de segundo a Damian.
"Hagan lo que el cazador dice."
"Eres tan fuerte," sin embargo, el vampiro siguió hablando. De sus manos también crecieron garras y sus ojos brillaron, buscando intimidar de cualquier forma a alguno de los dos. "Es una pena que hayas decidido ser etiquetada como traidora—"
Pero Raven fue más rápida, lanzándose al ataque sin previo aviso. Sus garras fueron rápidamente interceptadas por las del otro vampiro, que había estado callado, empujándola hacia un lado y haciéndola perder el balance.
"¿Si bebo tu sangre, me haré tan fuerte como tú?" el segundo vampiro preguntó, pero no tuvo tiempo de escuchar alguna respuesta, porque pronto se encontró esquivando los batarangs de Damian, cuyas explosiones le dieron tiempo a Raven de crear distancia.
"Me ofende que se olviden de mí," Robin comentó.
Los vampiros parecían fastidiados. No había peor desgracia que perder contra un humano.
Pero ellos no retrocederían. Si ganaban eso, si mataban a la traidora y convertían al cazador en un sirviente, serían promovidos. Podrían beber la sangre de un vampiro de clase alta. Podrían elevarse en la jerarquía existente de su especie.
Raven sabía que alguien les había prometido eso. Era lo que siempre hacían después de todo. Y no había que subestimar la ambición de un vampiro.
Ni siquiera la de ella.
Así que, ambos atacaron.
La batalla no duró mucho. Con el segundo vampiro convertido en cenizas tras ser atravesado en el pecho por Robin y el vampiro más charlatán siendo sujetado por el cuello por Raven.
Mientras ella lo ahorcaba lo suficiente como para que no pudiera moverse, Robin fue a liberar a las víctimas. Con su espada golpeó el seguro de la puerta de la van, y aunque no pareció haber movimiento por unos segundos, pronto la puerta fue abierta y adentro se encontraron personas de todas las edades: adultos, adolescentes e incluso niños, todos amordazados. Probablemente algunos eran familiares de otros.
El corazón de Raven se encogió al verlos salir uno por uno. Podía oír los latidos de sus corazones asustados, así como podía sentir sus presencias reducidas mientras evitaban el contacto visual. Sus dedos, casi tornándose blancos, se apretaron con más fuerza al cuello. La única razón por la que no lo había eliminado era porque sabía que si habían salido de uno de los escondites que habían rastreado, tenía información sobre la Reina.
Ella volvió a mirarlo, consciente de las sirenas que se aproximaban.
"¿Cómo pueden hacer esto?" ella cuestionó, agitándolo un poco, como si eso fuera a hacer que se explicara mejor.
El vampiro la miró a los ojos y luego a su mano. Raven le dejó el espacio suficiente para que pudiera hablar, oyendo los pasos suaves de Damian caminando hacia ella.
Por supuesto, nada la preparó para lo que escucharía a continuación:
"Del mismo modo en que tú mataste a tu madre y a aquellos que fueron a buscarte."
Y Raven vio rojo. La frustración rápidamente convirtiéndose en ira, la ira rápidamente haciéndose incontrolable.
Si ella gritó, no lo supo. Si sus ojos se tornaron carmesí ante la sangre del vampiro, tampoco le dio importancia. Lo único que su mente fue capaz de registrar fue la fuerza con la que golpeó al vampiro en la cara, destrozándole —más que seguro —toda la mandíbula y parte del cráneo. De hecho, atravesándole la cabeza con el puño, logrando que todo un charco de sangre oscura cayera al suelo y manchara sus zapatos.
Todo en cuestión de segundos.
Las personas que habían rescatado jadearon. Los niños entre ellos gritaron, y si no hubiera sido por la calidez de la mano de Damian sobre su hombro, que la hizo volver en sí, Raven probablemente habría atravesado su pecho a continuación.
Él no mostraba ninguna expresión particular. No fruncía el ceño como siempre, ni parecía sorprendido o enojado. Solo la miraba, esperando algo.
Y sus manos empezaron a temblar cuando entendió lo que había pasado, justo cuando los policías llegaron.
"Yo… Lo siento. No quise…" Raven dejó caer al vampiro y retrocedió un paso, y luego otro.
Por una fracción de segundo miró alrededor. Algunos de los policías ya habían sacado sus armas y la miraban con atención y precaución. Los niños y jóvenes que habían rescatado se habían quedado paralizados, sus corazones latiendo a mil.
De pronto, Raven sintió que todos la estaban mirando. No solo mirando, sino juzgando. Llenos de miedo y hostilidad y recelo.
Damian frunció el ceño. Los ojos de Raven mostraban terror ante lo que estaba pasando. No solo eso, su respiración parecía estar acelerada. Como si…
"¡Robin!" pero entonces Damian escuchó la voz de uno de sus hermanos. Tanto Red Hood como Red Robin habían llegado a la escena en dos motocicletas diferentes, cada uno observando con discreto asombro toda la escena que había ocurrido.
Tim frunció el ceño cuando vio el cuerpo del vampiro en el suelo.
"¿Qué carajos?" pero fue Jason quien se expresó primero, básicamente dejando caer su motocicleta a un lado como si no importara. "¿Qué diablos pasó aquí?"
Pero ya no había tiempo para explicaciones cuando Damian notó que Raven ya no estaba ahí. Bajo circunstancias normales hubiera pensado que había escapado, o que los había traicionado. Y aunque, de hecho, Damian no dudaba que era una posibilidad, el recuerdo de la expresión desesperada de Raven logró que lo pensara dos veces.
Así que sólo exhaló, apuntando desinteresadamente con su espada al cuerpo del vampiro.
"No morirá con eso y lo saben," él dijo antes de disparar su batclaw al edificio más cercano. Su sangre no se había vuelto oscura, pero no negra, lo que significaba que pronto iba a regenerarse. "Nos vemos en la mansión. Tenemos que hablar."
"Tenemos que hablar, en efecto," fue lo único que alcanzó a oír al elevarse.
Gracias al rastreador que había puesto en la capa de Raven más temprano esa noche, fácilmente pudo localizarla con la ayuda de Alfred desde la cueva, quien lo guió hasta uno de los edificios más altos de todo Gotham City, del cual se podía ver casi media ciudad.
Raven no se inmutó aun cuando apareció a su lado sin previo aviso. Por el contrario, ni siquiera alzó la mirada y solo abrazó más sus rodillas junto a su pecho cuando el viento sopló fuertemente sus capas.
Ninguno dijo nada por un buen rato.
Y luego Raven tomó aire.
"No la maté," ella dijo. Siendo consciente de que si hubiera hablado un poco más bajo, Damian no habría sido capaz de escucharla por el viento. "Pero fue mi culpa que ella muriera."
Raven todavía recordaba ese día vívidamente. El cómo esos vampiros habían irrumpido en su casa buscándola. El cómo su madre se había interpuesto para ayudarla a escapar…
Puede que Arella no haya sido la persona más estable mentalmente, pero amaba a Raven como una madre amaría a sus hijos.
"Yo solo había salido unos minutos. Quería ser normal por un rato. No sabía que me estaban buscando," Raven apretó los labios y sin mirarlo agregó: "Fueron los primeros vampiros a los maté."
Lo vagamente que recordaba haber dejado sus cuerpos abandonados, sin embargo. No ser capaz de evocar lo que había sucedido claramente. Eso era lo que más le aterraba.
Damian se acercó a ella lentamente, ignorando la preciosa vista de la ciudad iluminada de noche. No iba a decir todavía que era raro que la hubieran seguido. Él desconocía cómo operaba la que se hacía llamar la reina de los vampiros, pero el que la hubiera mandado a buscar, específicamente a ella, notoriamente no se alineaba con lo que habían descubierto hasta ese momento.
¿Quizá se debía a que la reina había pensado que Raven sería fácil de manipular? Damian lo dudaba.
Había algo que no le estaba diciendo o quizá algo de lo que ninguno de ellos dos era consciente, pero, extrañamente, él pensó que eso era algo que podía esperar.
"Mi madre fue convertida en un sirviente," él dijo entonces, logrando que ella alzara la cabeza en su dirección y lo buscara con la mirada. "Cuando recién empezaba yo a trabajar junto a mi padre."
La historia no era tan larga. Aunque su madre había sido una cazadora extraordinaria, perder la vida en un trabajo como el suyo no era raro.
Sin embargo, grande fue su sorpresa cuando él y su padre tuvieron que enfrentarse a ella, completamente convertida y sin control alguno sobre sus acciones. Ninguno era de mostrar sentimientos y la verdad era que él dudaba de lo que sentían sus padres el uno por el otro, pero aun así la batalla fue más agotadora mental que físicamente.
Él apretó las manos en puños. No solo la habían derrotado, sino también humillado. El vampiro que había hecho eso ya se había convertido en polvo hace años, pero no era algo que pudiera perdonar fácilmente. No cuando él había sido tan débil al dejar que su padre lo salvara de su madre.
"No creo que sea algo de lo que se pueda sanar."
Raven lo observó por unos segundos en silencio.
"¿Por qué me dices esto?" en lo que a ella respecta, él muy bien ya podría haberla declarado una enemiga más de la humanidad.
Pero Damian solo se encogió de hombros y volvió la mirada hacia la ciudad, antes de dar media vuelta por completo.
¿Por qué le decía todo eso?
Ni él mismo lo sabía.
"Tenemos que volver antes de que padre y los demás salgan a buscarnos," él dijo, y cuando solo sacó su batclaw, mas no lo disparó, Raven supo que la estaba esperando.
Un sentimiento cálido y burbujeante en su pecho la hizo sonreír ligeramente. Que la haya ido a buscar, que le dijera sobre su madre, que no la acusara de asesina a pesar de tener tanto rencor contra criaturas como ella…
Aunque sospechara de ella…
Raven supo que era su manera de decir que la entendía.
Ella se levantó entonces, sintiendo la brisa en sus mejillas. Si él la oyó acercarse, no lo demostró cuando Raven apoyó su frente en su espalda.
"Gracias, Damian."
Damian no se movió, y quizá incluso dejó de respirar por unos segundos, siendo sorprendido por la calidez que de pronto sintió al escucharla decir su nombre, llamarlo, por primera vez. Todo se detuvo y solo fueron ellos por ese momento, iluminados por las luces distantes de la ciudad, observados únicamente por las estrellas casi invisibles. Ellos, en un mundo quieto y sereno.
Pero ese segundo de sorpresa pasó, y el tiempo y el mundo continuaron avanzando a su alrededor.
Tenían que volver, así que él asintió una sola vez.
"Vamos, Raven."
