Disclaimer: Los personajes de Twilight son propiedad de Stephenie Meyer. La autora de esta historia es Powered by 23 Kicks, yo solo traduzco con su permiso.
Disclaimer: The following story is not mine, it belongs to Powered by 23 Kicks. I'm only translating with her permission.
Capítulo 27
—Quiero hacerte el amor en tu cama esta noche —me dijo Edward unos días más tarde, el domingo. Aunque sus palabras fueron directas, su voz tenía un tono de leve súplica—. Quiero sumergirme en todas las áreas de tu vida.
Desde mi posición en su sofá, aparté la mirada de mi iPad y lo miré con una ceja arqueada. Vistiendo una camiseta gris clara y pantalones pijama a cuadros y sueltos, uno de sus pies descalzos empujó el mío cubierto por una media juguetonamente. Su cabeza estaba apoyada sobre uno de los almohadones del sofá del lado opuesto a mí, su cabello irresistiblemente desordenado. Y esos ojos. Sí, él sabía cómo utilizarlos. Medio cerrados, me daban una mirada que me hacía sentir amada.
—Ya nos hemos sumergido en la vida del otro —dije arrastrando las palabras en modo de broma, mientras los dedos de sus pies se deslizaban hacia mi tobillo—. Ya te como, duermo, y respiro. No que me esté quejando, porque no lo estoy. Me gusta estar contigo. Simplemente no creo que esté lista para hacer todo esto en mi apartamento.
—Creo que sí lo estamos —dijo, presionando todo su pie en la abertura de la pierna de mi pijama. De alguna manera, comenzó a jalar de mis pantalones—. Creo que tu apartamento se está sintiendo solo sin ti. Tu cama, especialmente.
Resoplé.
—¿Mi cama doble, en la que apenas cabrás?
Él jaló del costado izquierdo de mis pijamas, hasta pasar mi cadera.
—Esa misma —insistió.
Mis dedos sujetaron la cintura de mis pijamas. La cosa era que no podía moverla; él había logrado meter su pie en la parte ceñida de mis pantalones, y no se moverían.
—¡Oye!
—Bonitas bragas rosas —notó mientras su cabeza se levantaba un poco para mirarme con una sonrisa diabólica.
—Edward. No creo que sea una buena idea.
—¿Por qué? ¿Porque tienes miedo de que alguien nos vea? Alguien ya lo hizo, Bella, y fue afuera de mi apartamento.
—No quiero recalcar a las personas el hecho de que estamos juntos, ¿de acuerdo?
—¿Por si alguien nos ve alrededor de tu apartamento? Vamos. Tienes permitido vivir tu vida.
—¿Tengo permitido mantener mis pantalones puestos?
Él tomó la portátil de su estómago y lo dejó en el suelo a su lado, y entonces se sentó con facilidad. Envolviendo sus dedos alrededor de mis tobillos, me jaló hacia él hasta estar descansando contra su bulto semierecto, y mis piernas envueltas alrededor de su cintura.
—¿Tengo permitido dormir en tu cama? —me preguntó.
Diablos. El chico iba a presionar el tema.
Coloqué mi iPad en alguna parte detrás de mí sobre el sofá, y entonces deslicé mis manos por su firme y cálido abdomen. Su mirada bajó brevemente a mi vientre, donde mi blusa se había levantado a la altura de mis pechos. Mientras sus ojos regresaban a los míos, sus manos acariciaron los costados de mis costillas, los pulgares rozando de manera persistente justo por debajo de mi sostén.
—No estarás tan cómodo allí —dije con un suspiro, y me retorcí contra él porque no podía contenerme.
Sus dedos se flexionaron, su mirada seductora en llamas mientras comenzaba a endurecerse.
—Estaré contigo.
Contraje mis piernas a su alrededor, deslizándome arriba y abajo por su largo. Al bajar, mi movimiento bajó la parte superior de sus pantalones hasta la punta de su polla desnuda.
—¿Y vamos a tomarnos de la mano de camino al trabajo?
Había querido que mis palabras sonaran despectivas, pero salieron jadeantes y sexis.
Una sonrisa lenta apareció en su rostro mientras sus pulgares se movían por mis pezones.
—Definitivamente. Puede incluso que te jalé para besarte si alguien nos mira por un tiempo suficientemente largo.
—Oh, por Dios —exclamé.
Él asintió y se mordió el labio, entonces insertó las puntas de sus dedos bajo las tazas de mi sostén, levantándolo sobre mis duros pezones.
—Mierda, tienes las tetas más bonitas —susurró.
Se inclinó hacia adelante, bloqueando mi mirada de su polla, y entonces succionó un pezón en su boca. Solté un gritito y me arqueé un poco mientras él mordía y me besaba allí.
—Esta es la fase de comerte y respirarte —dijo contra la parte inferior de mi pecho, y solté unas risitas al mismo tiempo que dejaba un camino de besos hacia el otro lado—. Y podría comerte completa, hermosa. Por favor, di que puedo hacerte cosas malas en tu cama.
Era difícil concentrarse con su boca en mi pecho, con la manera en que sus manos se deslizaban para tomar mi trasero. Definitivamente increíble mientras me jalaba firmemente contra su erección, provocando que las chispas recorrieran mi espalda. Dios, él era bueno provocando.
Su cabello suave estaba rozando contra mi barbilla, y enterré mis dedos en este, empujándolo hacia atrás así podía ver su rostro. Encontré tal delicada maldad en sus preciosos ojos, y la manera en que me sonreía me dejaba sin aliento. ¿Cómo no podía darle lo que él quería?
—No juegas justo —susurré.
—Jamás lo he hecho —masculló en respuesta, zafándose de mi agarre para frotar su nariz a lo largo de mi mejilla—. Así que, será mejor que cedas. Mi siguiente paso es el predecible, y destruirá por completo tus defensas.
—Oh, no, no el predecible —dije, moviendo una mano para envolver mis dedos alrededor de la suave y caliente dureza. Flexionando sus caderas, embistió en mi palma—. Se siente peligrosamente cerca de explotar. ¿Qué más tienes?
Chillé cuando me volvió a acostar en el sofá, cerniéndose sobre mí. Luchamos como un par de adolescentes cachondos, nuestros cuerpos frotándose placenteramente entre sí mientras intentábamos hacerle cosquillas al otro. Siendo más fuerte, él era mejor, mejor al sujetarme mientras su boca se deslizaba de manera provocadora sobre mi pecho. Sus dedos estaban hundiéndose a mis costados al mismo tiempo que jalaban de mis pantalones pijamas incluso más. Levanté mis caderas para apartarlo de mí, y él fue capaz de bajar mis bragas hacia mis muslos. Entonces, casi sin aliento por la risa, lo ayudé a quitarlas por completo. Después de eso, ambos nos ayudamos a quitarnos el resto de nuestra ropa, hasta que nos encontrábamos desnudos y enredados, caliente y suaves contra el otro.
Sobre mí, apoyado sobre sus antebrazos y teniendo mis manos de rehén, deslizó su polla por mi humedad. Demasiado lista para él, levanté mis rodillas, abriéndome para él, invitándolo adentro.
—¿Cedes? —preguntó, aumentando el ritmo ligeramente.
Agh, se sentía tan bien. La cabeza ensanchada estaba frotándose contra mi clítoris de la manera más perfecta. Viéndola, sintiéndola, se movió de la misma manera una y otra vez, todo en ese ritmo exasperante. Si aceleraba solo un poco, podría satisfacer esa dulce necesidad...
—¿Bella?
Mis caderas se inclinaron mientras todo comenzaba a precipitarse dentro de mí.
Más rápido.
—¿Mhm?
Él detuvo sus movimientos, y parpadeé al mirarlo con confusión.
—¿Por qué paraste? —jadeé, y su rostro sexi y apasionado se transformó en uno de júbilo.
Diablos. Mi apartamento. ¿Él seguía con eso?
Bajé mis pies e, incapaz de detenerme, me presioné contra él, ansiando el movimiento húmedo.
—Sí, ¿de acuerdo? Sí, puedes pasar la noche conmigo.
Él alimentó ese deseo de nuevo —una, dos, tres veces— antes de bajar la cadencia de nuevo.
—Deja de parar —me quejé con un gemido, el cuál se volvió feliz mientras él se deslizaba por mi cuerpo.
—Eres adorable cuando estás cerca de correrte —me dijo, y presionó un beso de manera provocadora contra el interior de mi muslo—. Me pregunto qué más podría hacer que aceptaras.
—No, oh, no —mascullé mientras él se acercaba lo suficiente para que sintiera su aliento—. Quiero decir, sí.
Una firme lamida de su lengua provocó que se escapara un chillido de mi garganta. El movimiento se profundizó, y entonces subió justo donde lo necesitaba. Succionó mi clítoris en su boca, y entonces comenzó a lamer allí con un solo propósito, una acción que me hizo dar vueltas. Podía sentir mis extremidades temblar ante el ataque. Se venía; ya casi me encontraba allí...
—Quiero que vivamos juntos.
Con la garganta seca, el cuerpo sacudiéndose, lo observé con confusión. Necesité de más tiempo de lo que debería para que sus palabras se asimilaran de verdad.
—¿Qué, ahora?
Él soltó una carcajada corta, y entonces se inclinó para darme una lamida que hizo que mi cuerpo se sobresaltara con regocijo.
—No ahora, pero pronto. ¿Sí?
Su lengua estaba de vuelta, un fuego húmedo contra el ardor, y gemí mientras me atacaba fuerte y firmemente. Era tan bueno, pero...
—No puedes... ah... pedirme cosas... ahora.
—Piensa en ello. —Escuché antes de que estuviera de regreso nuevamente, llevando la ola dentro de mí a alturas imposibles. Tan cerca, justo allí...
—No pares, no pares, por favor, no pares —balbuceé, y no lo hizo.
Pero como él se había detenido tantas veces antes, la sensación estaba tomando más tiempo para acumularse... e iba a morir cuando llegara—iba a morir. Simplemente siguió creciendo mientras su lengua se adentraba aún más, volviéndose más firme, hasta que finalmente me envolvió como un mazo.
Un momento después, solté el agarre mortal que tenía en su cabello, aún jadeando como si hubiera corrido una maratón.
—No puedes decirme cosas como esa cuando estás haciendo eso —dije, sonando intoxicada—. No puedo concentrarme.
Él se levantó sobre sus rodillas, sonriéndome torcidamente antes de limpiar su boca. Entonces, sosteniendo uno de mis muslos, se deslizó dentro de mí con un movimiento ágil. Robándome un poco más de mi razón y mi concentración.
—¿Qué piensas de eso? —preguntó, moviéndose en mi interior fuerte y profundo. Inequívoca y maravillosamente tocando justo allí donde lo necesitaba—. ¿De que vivamos juntos?
Me contraje a su alrededor internamente, sintiendo un instante de satisfacción cuando él gruñó, luciendo como si estuviera en un hermoso dolor. Y entonces sus embestidas se volvieron más fuertes, más fuertes y precisas.
—¿Cómo... puedes... concentrarte en un momento como este?
—Mis habilidades son legendarias —dijo con una ligera tensión en su voz—. Y voy tras lo que quiero. En este caso, a ti.
Mientras más me contraía a su alrededor, más rápido y profundo sus movimientos se volvían. Pero, mis habilidades de concentración palidecían en comparación a las suyas, al menos mientras seguía dentro de mí, rozando mi punto G, y volviéndome loca.
—Ah —dije—. Tú... me... quieres.
—Te quiero.
Su voz era baja y dulce.
Sus ojos cariñosos e intensos.
—¿Todo... el tiempo?
—Mierda, sí. Te amo.
Me llenaba de amor por más de una razón. Habíamos pasado todos los días juntos el último par de semanas, y él aún quería más de mí. Era igual para mí, la sensación de que jamás tendría suficiente, el deseo intenso que tenía por él cuando no me encontraba a su alrededor. Y cada vez que estábamos juntos de esta forma solo solidificaba nuestra conexión. Las fibras de mi corazón estaban enredadas con las suyas. Mi cuerpo, el suyo. Y, Dios, sí que él sabía cómo utilizarlo.
Solté un chillido, arqueándome contra él mientras me adentraba cada vez más en la sensación. Parecía natural para él sujetarme en mi lugar mientras se movía dentro de mí, pero sus movimientos ágiles gradualmente se volvieron irregulares.
—Córrete para mí de nuevo —demandó, su tono ronco.
Con una mirada penetrante y oscura, me siguió. Incapaz de apartar la mirada de él, mi mano se contrajo de manera espasmódica alrededor de la muñeca que sostenía bajo mi muslo. Él giró ligeramente, presionando un beso contra el interior de mi tobillo, y lo sentí en todas partes. Un frenesí se abría paso subiendo por mis piernas y bajando por mi espalda, viniendo a por mí, y, oh, Dios. Se encontró en un punto en lo profundo de mi vientre tan poderoso que mi grito fue silencioso. Me encontraba tensa y temblorosa con este, mientras él se quedaba quieto y duro contra mí, gruñendo irregularmente ante su propia liberación.
Mi conciencia regresó para encontrarlo sobre mí, su nariz presionando contra mi garganta y su aliento caliente sobre mi pecho. Su agarre era casi fuerte alrededor de mi hombro, como si tuviera miedo de soltarme.
Pasé mis dedos por su cabello de manera reconfortante, entonces le di a una de sus mechas un jalón deliberado.
—Entonces, ¿vamos a tener todas nuestras conversaciones serias mientras hacemos el amor?
Levantando la cabeza, él se movió para besar uno de mis pezones, lamiéndome sin vergüenza.
—¿Por qué no? Nos pone a los dos en un humor agradable —respondió y me guiñó un ojo.
—No puedes usar tu encanto y tus legendarios movimientos sexuales para conseguir lo que quieres —le dije acusatoriamente, y entonces estallé en carcajadas ante la mirada de asombro en su rostro—. Sabes a lo que me refiero. Tienes que ser justo.
Él acarició la punta de mi nariz con la suya.
—Por supuesto que no. Y no lo haré, así que no puedes decir que no has sido advertida.
Intenté ignorar lo que sus ojos le hacían a mi corazón. Lo que esa sonrisa le hacía a mi estómago. Lo mucho que simplemente quería ceder. Porque tenía cosas que decir.
—Vivir juntos es un gran paso. Enorme. Quiero decir, pasamos nuestros días juntos en el trabajo...
—No pasamos nuestros días juntos mientras trabajamos —refutó, apoyándose sobre sus codos sobre mí—. Yo estoy en mi oficina, tú en la tuya. Y, ya no te reportas a mí.
—Pero, ¿cómo sabes que estamos listos para esto, Edward? Quiero decir, solo hemos estado juntos un mes.
Su rostro se iluminó con alegría. Mirarlo era como ser obligada a beber champaña.
—¿Cuántos días hemos pasado separados desde la primera vez que hicimos el amor? Uno. ¿Y qué dijiste sobre esa noche? Ese tiempo separados dolió más de lo que nos ayudó.
Él presionó su sonrisa contra la mía una, dos veces.
—No te estoy pidiendo que nos mudemos ahora; te estoy pidiendo que pienses en hacerlo pronto. Tan pronto como puedas, de todos modos. Quiero tu ropa en el armario junto al mío. Quiero ver tu cepillo en la encimera del baño. Quiero esa horrible manta afgana que tienes en el respaldo de tu sofá. Quiero dormir todas las noches con mi brazo a tu alrededor, mi mano sosteniendo tu pecho. Lo quiero todo, Bella.
Peligroso. Él era maravillosamente peligroso al pintar esas escenas.
—Ni siquiera has conocido a mi papá —chillé, mi garganta cerrada por la emoción—. Y mi contrato no se acaba hasta dentro de unos meses todavía. ¿Qué hay con mi cama? ¿Mi sofá? ¿Todas mis cosas?
Una de sus manos subió para acariciar el cabello a un costado de mi rostro. Con una mirada de cariñosa paciencia en su rostro, él deslizó un pulgar bajo uno de mis ojos.
—Me encantaría conocer a tu papá, cuando estés lista.
—¿Vendrás... conmigo a Seattle?
—Por supuesto. Forks no es negociable, pero Seattle está bien —contestó, el pulgar deslizándose por mi mejilla hacia la punta de mi barbilla—. Y, podríamos pagar el resto de tu contrato, o puedes quedarte con tu apartamento hasta que se acabe. Podríamos meter tu sofá y tu sillón en el cuarto de invitados, o podemos donarlos. El resto de tus cosas vendrán contigo.
Exhalé lentamente. No podía creer que realmente estuviera considerando esto.
—Mi estilo de decoración no encaja con el tuyo.
—Este lugar se convertirá en nuestro estilo, entonces.
—¿Y si no te gusta algo de mí? Algo horrible que solo descubrirás meses después de que haya donado mis cosas y haya dejado mi apartamento, y es demasiado tarde para regresar?
Él me dio una mirada de confundida diversión.
—Quieres decir, ¿la manera en que dejarás cabello en el drenaje? O, ¿cómo dejarás tus zapatos por todos lados? ¿Que quemarás el fondo de una de mis cacerolas cuando cocines arroz? ¿Lo fuerte que roncas?
Me sorbí la nariz. No podía verlo entre las lágrimas en mis ojos, pero...
—No ronco.
Sus labios rozaron mi oreja.
—Oh, pero lo haces. Suavemente, como un gato con sobrepeso. Es adorable.
—Dices eso ahora. Quién sabe lo que pensarás dentro de un año.
—Dentro de un año, estaré incluso más enamorado de ti, y seré incapaz de vivir sin ti o tus ronquidos.
Ambos secamos las lágrimas en mis mejillas, y entonces, descansando mi barbilla sobre su dedo índice, me hizo mirarlo.
—Te dije semanas atrás que eras mi indicada, Ojos de Tigre. ¿Sabes qué ha cambiado desde entonces?
Él se inclinó para presionar su boca contra la mía, y entonces movió sus labios por mi mejilla y hacia mi oreja.
—Nada —susurró—. Absolutamente nada, excepto que estoy incluso más seguro de cómo me siento. Ven a vivir conmigo. Pronto.
Su beso comenzó lento y cariñoso, y entonces se volvió un suave tanteo. El suave y húmedo satén de su boca hizo presión contra la mía intercalando entre leve y fuerte, como si preguntara: ¿Vendrías a vivir conmigo? ¿Me amas? ¿Me quieres como yo te quiero? Por Dios, me encantaba cómo él intentaba conseguir lo que quería—escabulléndose suavemente entre cada rincón de mi corazón, arrasando con mi resistencia.
—Te amo —dije contra su mandíbula barbuda, antes de presionar un beso allí. Bajando su cabeza, presioné mis labios contra su oreja—. Te amo. Por supuesto que vendré a vivir contigo. Pronto.
Con un sonido sospechosamente parecido a una risita, él se envolvió a mi alrededor en un abrazo con todo su cuerpo, plantando besos por todo mi rostro.
Amaba la manera en que me amaba.
~PJE~
Temprano la siguiente mañana, me aparté de la encimera en el comedor para encontrar a Tanya sonriéndome engreídamente mientras hablaba bajito con la mujer a su lado. Ellas se encontraban paradas justo en la entrada, así que iba a ser imposible irme sin pasar por su lado. Y Tanya podría haber estado hablando del clima, pero por la mirada sorprendida en el rostro de la mujer, sabía que era mucho más que solo el esperado pronóstico de nieve ligera.
Todo dentro de mí se detuvo, se cayó, y entonces se tensó.
Así comenzaba.
Respirando profundo, levanté mi barbilla y caminé hacia ellas. No iba a esconderme o actuar como cobarde. Edward me amaba. Él y los socios me apoyaban, diablos, e iba a comportarme de esa manera. Al diablo ella y la escoba que montaba.
—Buenos días, Bella —dijo Tanya mientras me acercaba—. ¿Cómo van las cosas en el departamento de Mercadotecnia ahora que ya no estoy?
¿Realmente esperaba que charlara con ella?
—Más tranquilo que nunca —contesté, esquivándola hábilmente.
—Oh, me imagino —coincidió, girando de manera secretiva hacia la mujer junto a ella. La boca de la mujer seguía abierta en sorpresa por lo que fuera que Tanya le había mencionado—. Estoy segura que sin mí en el medio, su jefe puede fácilmente concentrarse en lo que realmente importa.
Eso me detuvo en seco.
Susurros a mis espaldas era algo que no podía prevenir, pero si ella iba a ser lo suficientemente estúpida para enfrentarme una segunda vez, tenía que defenderme.
—¿Y qué sería eso, ya que pareces saber todo cuando se trata de mi vida y mi trabajo aquí?
Aunque estaba furiosa y temblando por dentro, no lo transmitía mientras observaba con indiferencia a Tanya.
Entonces, sentí mi agarre en mi café temblar ligeramente cuando me ganaron los nervios.
—Sé mucho más que la mayoría, es verdad —admitió con una voz tan fría como la mía, sus labios curvándose en una sonrisa. Como una víbora. Apenas me estaba conteniendo, mientras que ella disfrutaba de eso—. No lo estuve buscando, simplemente se me apareció. Pero mantengo mis ojos bien abiertos. Noto las cosas fuera de lo normal. Por ejemplo, cuántas veces fuiste llamada a la oficina de Edward durante los primeros cuatro meses de tu empleo. ¿Eran una empleada muy mala, o era algo más?
No podía creer que Tanya estuviera mencionado eso de nuevo. Esta vez, frente a alguien más.
¿Qué tan estúpida era ella?
¿Estaba volviéndose loca?
—Disculpen —dijo la mujer junto a Tanya mientras se escabullía. Creí que lucía nerviosa, y definitivamente incómoda.
Tanya estaba visiblemente consternada.
—Perdiste tu audiencia —comenté.
Entonces, con mi respiración saliendo irregularmente por mi garganta, me aparté de ella. Cada paso era algo que sentía por todo mi cuerpo mientras me dirigía hacia mi escritorio. El vello en mi nuca estaba erizado mientras sentía la mirada de Tanya seguirme.
Fue entonces que noté a la gerente de oficinas, Jane, caminando hacia mí. Con su cabello recogido firmemente en un rodete, sus anteojos posando a la mitad del puente de su nariz, y iPad en su mano. Claramente se encontraba en una misión. Cuando me vio, sus ojos parpadearon por un pequeño instante, antes de llevar su mirada a un costado y encontrar a alguien detrás de mí.
Casi me tambaleé del alivio.
—Tanya —Jane habló con un tono frío y firme que me sorprendió—. ¿Puedes venir conmigo, por favor?
Mi corazón comenzó a latir fuera de control ante la voz de Jane, la expresión en su rostro.
Implicaba problemas. Serios problemas.
Me apresuré por el resto del camino hacia mi cubículo, dejando gotas de café a mi paso.
Exhalando entrecortadamente, volteé hacia la media pared en mi cubículo, y observé cómo Tanya y Jane se dirigían hacia la oficina de Jane. Los pasos de Tanya eran rápidos, casi como si fuera a comenzar a correr, mientras que los de Jane parecían implacables y sin prisa detrás de ella.
Un sonido captó mi atención, y vi a Colin y a Stuart salir de la oficina de Colin. Ellos comenzaron a moverse rápidamente hacia el centro del piso, llamando a cada vicepresidente departamental al pasar por sus oficinas.
—Buenos días a todos —dijo Colin con una voz resonante—. ¿Podemos tener su atención, por favor?
Como en efecto dominó, un silencio se extendió mientras las personas comenzaban a ponerse de pie, y al verlos, las personas junto a ellas se paraban en una fila, y así sucesivamente.
Cuando Alice me dio una mirada preocupada, bajé mi taza de café y me incliné contra la pared baja de mi cubículo. Mi estómago estaba en alguna parte entre mi garganta y mis pulmones.
Todos sabían que algo pasaba inmediatamente.
Por un lado, ni Colin ni Stuart usualmente aparecían tan temprano. Por otro lado, los dos tenían expresiones imponentes en sus rostros. Lo que fuera que querían decirnos era serio.
A varios pasos detrás de Colin y Stuart, se encontraba una fila de sus vicepresidentes, quienes parecían acomodarse en una línea de defensa impenetrable. Luciendo jodidamente sexi en un Hugo Boss negro con una corbata color bronce que hacía juego con su cabello, Edward juntaba sus manos suavemente en una postura que era serenamente orgullosa y no comprometida.
—Se nos ha puesto al tanto de un incidente —comenzó Colin en voz alta sin un preámbulo. Sosteniendo un par de anteojos en su mano alzada, parecía una fuerza diligente vestido con un traje color azul marino y el firme cuello blanco de su camisa—. Alguien ha hecho comentarios inapropiados e intimidatorios a uno de ustedes frente a otros, y está siendo lidiado de manera acorde.
Jadeé mientras sentía la fuerza de las palabras en mi interior.
¿Esto era sobre mí?
¿Alguien había ido con Colin y Stuart sobre Tanya?
¿Fue Ben?
Quería voltear y mirarlo, ver qué decía su expresión, pero me encontraba tiesa.
—En caso de que haya pasado un tiempo desde que han leído el Manual de Empleados, dejennos reiterarles que tenemos una política de tolerancia cero contra todo tipo de acoso —añadió Stuart útilmente. O, hubiera sido útil si no estuviera frunciendo el ceño—. Eso incluye hacer insinuaciones sobre ascensos de puestos no anunciados frente a los demás.
Las piernas de Edward se separaron. Soltando sus manos, se cruzó de brazos sobre su pecho. Vi la expresión no comprometida y fría que tenía transformarse en una hermosa y formidable.
Mi corazón se aceleró y se aceleró.
—Tengo que advertirles —continuó Colin—. Si se los ve tratando de esparcir un rumor, o si alguien reporta que están esparciendo un rumor, habrán acciones disciplinarias inmediatas.
—Es también completamente posible que sean despedidos al instante —añadió Stuart con un gruñido bajo y una mirada fría.
No andaban con rodeos.
¿Eso quería decir que Tanya estaba siendo despedida?
—Probablemente no sea una mala idea familiarizarse de nuevo con las políticas del Manual de Empleados. Específicamente, las Políticas de Trabajo y el Código de Conducta —dijo Colin, de nuevo el policía bueno y Stuart el policía malo—. Aprendan qué tipos de comportamiento están prohibidos. Preferimos un ambiente de trabajo agradable donde todos puedan triunfar. Todos pongan de su parte para asegurarse de que se mantenga así.
—¿Alguien tiene alguna pregunta? —preguntó Stuart.
Hubo absoluto silencio en respuesta a sus palabras.
Estaba segura que todos estábamos completamente asombrados. Sabía que yo lo estaba.
—Eso es todo, entonces —dijo Stuart mientras jalaba de manera distraída del cuello de su corbata. Me daba la impresión que no importaba lo mucho que él ladraba, no le gustaba tener que hacerlo.
Colin levantó su mano sobre su cabeza.
—Gracias a todos. Me disculpo por comenzar el día así, pero queríamos asegurarnos que todos estén conscientes de esta política. Es importante que nos respetemos, ya que pasamos mucho tiempo juntos. Queremos que disfruten de trabajar aquí. Apreciamos su tiempo, y la dedicación a su trabajo. Gracias.
Los míos no eran los únicos pares de ojos que siguieron a los dos hombres mientras caminaban hacia la puerta cerrada de la oficina de Jane. Todas las cortinas estaban cerradas en sus ventanas y puerta, pero bien podían haber estado pintadas para práctica de tiro. Me ponía un poco mareada saber lo que estaba pasando ahora.
Tanya iba a tener que irse sabiendo que todos sabían lo que acababa de pasar con ella. Ellos no eran así, pero Colin y Stuart estaban dejando su punto bien claro. Uno que ninguno de nosotros estaba seguro que íbamos a olvidar pronto.
Con mis rodillas temblando, me hundí en mi asiento con fuerza.
¿Cómo se suponía que debía concentrarme ahora? Apenas podía formar una oración tras otra.
A mi lado, escuché el teclado de Alice comenzar a repiquetear... luego se detuvo... y entonces volvió a comenzar y a parar.
Yo no era la única.
Después de observar sin mirar a mi pantalla por demasiado tiempo, le envié un mensaje al teléfono de Edward.
No estoy segura de que pueda concentrarme.
Te amo, respondió, y podía ver por sus siguientes palabras que él se encontraba en Modo Jefe. Puedes hacer esto. Baja tu nariz y sigue asombrando a todos con tu trabajo. Así es cómo pateamos traseros. Eso es todo lo que necesitas para concentrarte ahora mismo. Suelta a todo lo demás. Ella no es tu problema, Bella.
Y un momento después: Pero sí, ella se irá, y por fin, diablos.
Me mordí el labio y le sonreí a mi teléfono. Edward no maldecía a menudo, así que cuando lo hacía, era jodidamente sexi.
Y entonces, hice lo que sugirió.
Ya fuera que ella se quedara y nos causara más problemas, o saliera por la puerta, tenía asuntos más importantes que Tanya por atender.
