Año 20

Kane Walker - 17 años - Distrito 1.


Me cuesta un poco reconocerme, vestido de gala a la moda del Capitolio y totalmente restablecido tras haber pasado casi un mes en el estadio.

La verdad es que apenas me parezco físicamente a mi antiguo yo, cuando desperté, más de una semana después de salir de la arena, me encontré con algunas modificaciones al mirarme al espejo: me borraron todas las cicatrices del cuerpo, las que me gané en los juegos y las que les precedían, mis músculos lucían más prominentes, el tono de mi piel y de mi cabello más claro y resaltaron el lunar que tengo junto al labio superior. Afortunadamente los cambios han sido para mejor, según Gianna fueron sugerencias de mis patrocinadores y, dado que les debo la vida, trato de acostumbrarme.

Sonrío y sonrío... ni queriendo podría dejar de hacerlo, seguramente mi cara se dividirá permanentemente en dos. No es para menos, esta es mi noche, esta gran fiesta es en mi honor y me vale estar rodeado de desconocidos, me importa poco no reconocerme del todo cuando me topo con mi reflejo en los cristales, me da igual que mis mentores hayan juzgado prudente dejarme por mi cuenta, que Gianna se haya retirado a sus habitaciones hace una hora y que Elliot haya desaparecido desde el principio.

No importa.

Ya no les necesito, ahora estamos en igualdad de condiciones. Ahora también soy un vencedor y mía es la gloria.

Hay quienes podrían pensar que me siento solo, pero no es así. Al contrario, estoy en mi ambiente, precisamente para esto me preparé mi vida entera: para vencer, para los banquetes, las galas, las fotos, los húmedos besos de las damas más adineradas y prestigiosas de Panem... Si bien me han preparado una docena de fiestas antes, esta es la que verdaderamente cuenta. La del Capitolio.

Debo admitir que de vez en cuando me invaden incómodos pensamientos en los que es Viola quien está aquí en mi lugar, pero los refundo mientras bailo o río chistes que pocas veces entiendo, no tiene sentido pensar en lo que pudo ser y no fue. Quizá me debería sentir diferente respecto a todo esto, la verdad 23 chicos murieron, incluyendo a Viola que, aunque no era mi compañera, fue una gran aliada, para su desgracia no fue igual de buena como contendiente.

Soy yo quien ganó. Soy yo quien salió. Y soy yo quien merece todo esto e incluso más.

De tanto en tanto Yeandra aparece para presentarme a destacadas personalidades, sobre todo gente que apostó por mí. Justamente ahora se acerca con tres hombres bastante conocidos en Panem... Me quedo boquiabierto, sin saber cómo comportarme con ellos, no todos los días conoces a tres importantes políticos, a hombres que llevan sobre sus hombros la responsabilidad de dirigir el país.

— Kane, querido mío, debes sentir un gran honor de haber sido patrocinado por toda una casta presidencial —Ronronea Yeandra representando, absolutamente llena de dicha, su papel— Has logrado lo que nadie antes, que estos tres caballeros coincidan por fin en algo, por supuesto ya los conoces, pero formalmente quiero presentarte al expresidente Dionisius Heavenly, el señor presidente Jacobus Lambert, y por supuesto el candidato presidencial para nuestras próximas elecciones el señor Coriolanus Snow.

Los tres hombres se turnan para estrecharme la mano, mientras las palabras permanecen atoradas en mi garganta. No sé qué decirles.

—Eres un chico afortunado, Kane. — Me dice el más joven de los tres, mirándome de una manera que, por alguna razón, me cohíbe y eriza la piel de mi cuello.

—Por supuesto que sí, sin duda no podíamos dejar que tanto... potencial... se perdiera en la arena, eres el más destacable vencedor que tenemos desde hace tiempo, además te han sentado muy bien las modificaciones que ordené al equipo médico.

—Muchas gracias, espero no defraudar la confianza que pusieron en mí, de verdad les agradezco todo su apoyo.

—Todos esperamos que sepas ser agradecido, de hecho, a media noche tendrás la oportunidad de demostrárnoslo, Kane. — Sonríe Snow y algo en su expresión me advierte del peligro, sin embargo, los tres se retiran y yo me voy a seguir disfrutando de la gala.

Logro olvidarme del breve encuentro, mientras bailo, bebo y río. El tiempo se esfuma y casi a las doce la avalancha de invitados empieza a marcharse, es entonces que Gianna hace acto de presencia, parece preocupada, no puedo siquiera imaginar por qué, y me es imposible empatizar con nada que no sea dicha.

—Kane, quiero decirte algo.

—Tú dirás...— Le respondo zalamero. Ya no la siento como alguien superior, ahora somos iguales.

—Tienes fijado un encuentro con Lambert, sólo quiero darte un consejo...

—No creo necesitar más de tus servicios como mentora, Gianna. Ya gané...

Ella frunce los labios y sé que se traga algún insulto, pero luego parece pensar mejor lo que me dirá, me toma del brazo y me arrastra hasta un rincón como a un niño indisciplinado, y yo le dejo hacer porque la verdad muero de curiosidad. No quiero que nada me tome por sorpresa y su experiencia me ha ayudado a llegar hasta aquí, no soy de los que desperdician una ventaja.

—Entonces escucha a una amiga: Tu deber es complacerlos, ni siquiera pienses en decirles no. Ellos tienen tu futuro y el de los tuyos en sus manos, de ti depende el destino de todos los que amas. En cuanto entres a aquella habitación borra la palabra no de tu vocabulario y tan sólo complácelos.

Y sin decir más me deja, con una gran inseguridad abriéndose paso por mi pecho, sin tener ninguna certeza sobre qué me aguarda, pero presintiendo que no será nada bueno.

Nunca he sabido lidiar con la curiosidad, así que, aunque aún faltan más de veinte minutos subo a la sala que me han indicado y abro un poco la puerta para echar un vistazo. Dentro están Snow y Heavenly, ataviados con unas sencillas togas, charlando y bebiendo. El más joven es quien nota mi presencia, se gira hasta mirarme y me indica que entre y cierre la puerta.

De pronto me siento claustrofóbico e insignificante, sólo malos pensamientos se apoderan de mí, pero ninguno acierta a adivinar lo que se me viene encima:

—Desnúdate, Kane. — Ordena Heavenly desde su lugar, mientras Snow sigue con su mirada cada uno de mis movimientos, sonriendo de lado.

Yo palidezco ante la exigencia, miro a la cara a los dos hombres que tienen mi vida y mi felicidad en sus manos, su seriedad y aplomo no dejan lugar a dudas: están hablando en serio. Y obedezco, no tengo opción. Siento mi cara enrojecer y las lágrimas llenan mis ojos. La vergüenza que siento no conoce fin cuando vislumbro el amplio lecho en el fondo de la habitación y al presidente Lambert degustando unas fresas con crema, totalmente desnudo.

¿Dónde quedó la felicidad de hace diez minutos? ¿Dónde está la gloria? No soy más que un esclavo a merced de los deseos de los amos... ¿Cómo pude ser tan estúpido...?


¡Hola de nuevo! Por acá ya con el año 20, acercándonos al primer QQ.

Si se lo preguntan, Aaron ganó los 19° juegos, aunque Kenya (la tributo del 6, su última contrincante) le dio bastante pelea, finalmente se enfrentaron cuerpo a cuerpo y Aaron se impuso. Los vigilantes de ese año casi no intervinieron en los acontecimientos en la arena, he ahí otra anormalidad de aquellos juegos. Con Aaron quise plasmar un cambio generacional, por lo menos en este distrito profesional, en donde ya no toman los juegos como un castigo impuesto, los lavados de cerebro del Capitolio (en las escuelas) y de Baxter y compañía (en la academia) ya están rindiendo frutos.

Kane descubre de mala manera que no todo era como le prometieron. La verdad este capítulo está inspirado en un relato más corto que escribí para el reto Filosofía y Letras del foro Hasta el Final de la Pradera, en el cual Kane estaba orgulloso de haber ganado, sin experimentar sentimientos de culpa, disfrutando de su recompensa, pero no podía imaginar lo que le esperaba.

¡Gracias a todos por leer! ¡Nos vemos en el próximo juego!