Año 43
Keelan Shepard - 17 años - Distrito 12.
El bastardo sonríe, con sus puños en alto, mientras espera que me recupere lo suficiente para reemprender su ataque. Pero los agentes de la paz, que en un principio aupaban la pelea, de pronto se apresuran en separarnos, se llevan al otro chico y a mí me dejan a solas. Me dejo caer al suelo, sollozando al ver a mi hermana tendida a unos metros de mí, con su vestido de cosecha hecho jirones y una herida sangrante en el costado de su cabeza. Un cañón hace eco en el valle…*
Todavía hay lágrimas en mis ojos cuando me despierto, lleno de ira y de dolor. Mis miedos se confabulan en estas pesadillas que no hacen sino recordarme qué día es hoy. Desde que mis hermanos empezaron a asistir al sorteo, al día de la cosecha le preceden malos sueños y tétricos recuerdos.
Salgo de la cama bruscamente, me desnudo y voy a darme un baño. El agua fría me hace estremecer y despeja un poco mi mente. Aún faltan varias horas para la cosecha, por lo que me pongo mi ropa de diario y salgo de casa procurando no despertar a nadie.
Es muy temprano aún y las calles de la veta están desiertas, la mayoría de la gente intenta descansar este día, si los nervios los dejan. Pero, desde que se llevaron a Clarissa, mi hermanita menor, yo tengo nuevas costumbres. Mi primera parada es la pradera, donde busco recoger las flores más coloridas.
El cementerio del distrito es tan triste, lúgubre y desastrado, que incluso los mausoleos de las principales familias de comerciantes están casi en ruinas, la maleza se ha ido apoderando cada vez más de los terrenos y por lo general nadie pone un pie ahí sino hasta que le toca enterrar a otro familiar.
Sin embargo, nuestros tributos caídos, entre ellos mi hermanita, tienen un destino diferente.
La mujer que hizo de mentora del Doce por tantos años murió poco después de los juegos de mi hermana, hace más de una década. No se puede decir que sea mucho lo que hizo por los chicos a quienes debió guiar durante los juegos, pero en sus últimos años pese a la desidia que tenía para consigo misma y que terminó por consumirla, destinó gran parte de sus ganancias en acondicionar en los terrenos adyacentes a la Villa de los Vencedores para hacer un camposanto para los tributos, ella decía que "sus" chicos merecían estar allí.
Con sus privilegios de vencedora logró importar desde el distrito Dos lápidas de mármol blanco, empleó a algunos artesanos locales para grabar los nombres en letras doradas. Ella, personalmente, se ocupó mientras pudo, de plantar flores y arbustos, pero el clima y el tiempo han arrasado gran parte de su trabajo y la maleza empieza a extenderse por el lugar.
Su muerte, sin embargo, además de impedir que se mantenga la tradición, hace imposible que los familiares visitemos "legalmente" esos predios, ya que sólo con invitación de un vencedor puede uno visitar la villa. Pero siempre hay formas para el que se empeña.
Me escabullo y dejo, quizá por respeto, una pequeña flor frente a cada sepulcro, en el más apartado está Clarissa, me arrodillo frente a su lecho, coloco las flores y le dedico una oración, tratando de no evocar la forma en la que aquel profesional acabó con ella en el baño de sangre, de aferrarme a los momentos que compartimos antes. Las lágrimas vuelven a acudir a mis ojos y este es el único momento y el lugar en que las dejo salir.
Antes de regresar a casa hago algunos intercambios en el quemador, en donde hay muy poco movimiento, debido a los agentes de refuerzo que llegan por la cosecha, no podemos ser tan descarados, pero me hace falta betún para adecentar mis zapatos y botones para remendar la camisa que Grace ha rescatado del baúl de reliquias que ha heredado de papá.
Vuelvo a casa, mentalizándome para desayunar, pero ya Marcus y Klint se han adelantado y no han dejado más que un pan de tesela de hace días y medio cuenco de avena enfriándose sobre la encimera. Me alegra haber ocultado la media barra de chocolate que intercambié en el colegio por algunos de sus cigarrillos, ya no me pesa tanto la travesura.
Lo cierto es que, a pesar de ser el menor, ya nadie vela por mí. Mamá decidió irse de casa tras la muerte de Clarissa y a los pocos meses papá murió. Ahora los hermanos que quedamos estamos bajo la tutela de Grace, que es la mayor, pero nadie parece querer hacer funcionar esta familia como tal. Más allá de compartir techo cada cual va a su aire.
Termino de comer, arreglo la camisa, lustro los zapatos, me echo en el sofá hasta que se aproxima la hora de la cosecha y entonces me visto y voy caminando a la plaza.
Todo son nervios en cuanto paso el registro y me reúno con mis compañeros del colegio, siempre hay quienes esconden sus emociones avergonzando a otros, por eso acudo con los minutos contados, para permanecer aquí lo mínimo posible.
El alcalde aún parece extrañar a nuestra vencedora, pues dedica mucho tiempo en su discurso a hacer énfasis en su ausencia, en como siempre hará falta su guía para los nuevos tributos. Cuando el escolta toma su lugar, en cambio, habla de renovación (como si fuera una novedad, de nuevo tenemos nuevo escolta, porque no suelen durar mucho en este Distrito que apenas ha rasguñado una vencedora, ahora ausente), de nuevos comienzos y de su firme convicción de que uno de los dos papelitos de las urnas será el del vencedor.
Marriot Nicholson es la chica escogida, va unos años por detrás en el colegio y es toda una diva, aunque esta vez, sobre el escenario, el horror deforme sus facciones, es lo suficientemente lista para no llorar.
Luego Callum elige al chico, y soy yo…
Mientras subo a la plataforma solo puedo aferrarme a la esperanza de que el nuevo escolta tengo algo de profeta y que sea yo quien regrese para cuidar del cementerio de tributos, pero sobre todo porque no estoy listo para morir.
¡Hola!
La verdad tenía una idea sobre este capítulo, pero con el tiempo se fue desdibujando, luego leí algo que me gustó mucho en el SYOT de Animales de Hueto (recomendadísimo), sobre como un vencedor que no ha salvado a ninguno de sus tributos lidia con esta situación y esto salió.
*En este fragmento de sueño Keelan revive la muerte de su hermana en el baño de sangre del año 33, pero se entremezcla con algunas peleas callejeras en la que ha venido involucrándose desde hace algún tiempo, cuyos principales apostadores son los Agentes de la Paz.
Nos leemos pronto,
SS.
