Año 49
Patrick Arden - 17 años - Distrito 11.
Empezamos a bajar por el estrecho pasillo, Zoe va a mi lado, toda seriedad y distancia. Hay agentes de la paz en ciertos puntos y ella tiene que proyectar profesionalismo. Yo no puedo dejar de echar miradas a todos lados, las habitaciones que nos rodean aguardan a los demás tributos con las puertas abiertas, pero, una vez que entran los chicos con su estilista, se cierran automáticamente.
Casi hasta el final está mi cubículo, puede que esté respirando mis últimas bocanadas, pero me niego a ser fatalista. Cuando al fin estamos a solas ella me da un breve apretón en la mano y levanta sugestivamente su mirada hacia una esquina de la habitación. Me tomo unos instantes antes de mirar en la dirección que me indica, una luz roja parpadea sobre una cámara en la esquina superior de la pared. Captado, aunque así lo parezca, no estamos solos. Dentro la habitación está dividida por un biombo plateado, la antesala tiene un par de sillones y una mesita de centro con bocadillos y bebidas diversas. Todo se ve muy moderno con tonos grises metalizados, paredes de un blanco inmaculado y una iluminación que raya en lo incandescente.
—Sírvete lo que quieras, Patrick —me indica con indiferencia. Con esa actitud distante nadie sospechará que anoche suspiraba entre mis brazos—. Ya voy a preparar tu uniforme.
Se va al pequeño vestidor y yo doy un repaso a lo que hay servido en la mesa, aprovechando la oportunidad. De eso se trata, frente a mí habrá siempre dos opciones: un obstáculo a superar o una herramienta que utilizar, mis elecciones tienen que basarse en el provecho que les pueda sacar.
Al poco rato me llama, ha colocado sobre la ropa el brazalete que llevo de amuleto. Tras la inspección y aprobación del mismo me lo pidió para darle una capa de barniz. Sé que fue una excusa para darme un regalo, algo que me ayudará allá adentro. Mientras me empiezo a cambiar Zoella se va detrás del biombo, para darme intimidad. Al tiempo me da algunas recomendaciones sobre los implementos del uniforme. Luego se acomoda en el sillón, dándole la espalda a la cámara y con un tono mucho más confidencial me dice lo que realmente me importa:
—Patrick, escucha bien, no pueden oírnos, acá no hay micrófonos, pero la cámara registra todo. Así que no reacciones de más, sigue vistiéndote, pero presta atención. Cuando gires la unión del brazalete verás que puedes abrirlo. Dentro he puesto seis cápsulas de las que usa papá cuando tiene guardias largas en el hospital, si tomas una cada noche te mantendrá despierto y alerta, es importante que te mantengas hidratado en todo momento. Y cuida que no te vean o ambos estaremos en problemas... Me gustaría hacer más por ti... Quiero que vuelvas, espero que vuelvas.
No parece mucho, pero sin aliados que puedan hacer guardia mientras yo duerma, es una oportunidad valiosa. Le doy las gracias quedamente y después de vestirme nos sentamos frente a frente, conscientes de que nuestra verdadera despedida ya fue. Sin embargo, está nerviosa, su pierna no deja de sacudirse rápidamente. Ojalá pudiéramos cambiar de lugar, pienso.
Pasan escasos diez minutos antes de que las luces empiecen a parpadear, Zoe me conduce al punto indicado para el lanzamiento. Yo le agarro la puntas de los dedos un segundo, no sé si le quiero dar ánimos a ella o infundirme una poca de valentía. En el último momento Zoe me dedica una sonrisa y el tubo sube a mi alrededor, separándonos.
Supongo que subirá, pero más bien empieza a descender lentamente. La oscuridad se cierne a mi alrededor y yo me empeño en mantener el control de mi respiración y mis cinco sentidos atentos.
Un resplandor azulado me rodea, fuera del tubo una ciudad submarina nos recibe en su seno. Es todo muy al estilo Capitolio: vidrio, metal y mucha iluminación artificial. Fuera de la gran cúpula que nos mantiene respirando puedo ver un enorme ser, cabezón y con ocho brazos, que nada rítmicamente, ignorando lo que ocurre acá dentro. Cuando caigo en ello me doy cuenta que mi atención no debe dispersarse en el extraño mundo fuera de la sino en los demás chicos que como yo empezarán a luchar en 10, 9, 8...
¡Hola!
Alpha: Cecily no tuvo suficiente suspicacia y al final sí que subestimó a Defiance, también tiene mucho mérito que en sus condiciones Defiance haya concebido una trampa así, además ella no recibió ningún regalo tras el banquete. Respecto a Cayden estaba en una situación sobre la que no sentía ningún control y se dejó rebasar por tantas emociones, tristemente no encontró apoyo real en nadie, y es que los juegos más que de solidaridad y empatía van de competencia y egoísmo. Imagino que respirar ese gas tóxico debe ser muy doloroso, debe sentirse como respirar fuego. Concuerdo con que Beetee no le debía nada, sin embargo lo marcó la experiencia y como mentor va a estar muy atento a las crisis emocionales de sus futuros tributos.
Queda claro que nuestro vencedor en la edición anterior fue Beetee Latier, de 16 años, D3, futuro participante del 3er QQ. Ya está el blog actualizado, me gustó la idea de mantenerlo afrodescendiente como en las pelis.
El intento de suicidio de Cayden fue frustrado, ella no sabía que había cámaras que la monitoreaban en todo momento; todos en el piso 3 se quedaron pasmados cuando un grupo de agentes de la paz (seguidos por un equipo médico) irrumpieron en el departamento y derribaron las puertas de la tributo. La chica fue internada y se trató de estabilizarla (respirador artificial, broncodilatadores, esteroides... en fin...), como quedaba muy poco tiempo para la entrevista no pudo presentarse. Para el inicio de los juegos arrastró secuelas respiratorias y estaba aún muy afectada por las medicinas que salvaron su vida, un esfuerzo del todo inútil ya que murió en el baño.
Ya para el próximo capítulo tenemos el segundo vasallaje, y hasta ahora no se me ha ocurrido qué voy a narrar, espero poder continuar con este lindo ritmo de actualización, nos estamos leyendo.
SS.
