Año 56

Finley Maitland - 18 años - Distrito 9.


Después de finalizar el programa de entrevistas nos llevan a una fiesta en la azotea del centro de entrenamiento. La enorme terraza está decorada profusamente con un aire cálido y tropical, hay farolillos de papel colorido que le dan un toque místico, música animada y los equipos en pleno compartiendo un momento de relajación. Lo único que desentona es el motivo de la celebración, mañana dan inicio los juegos. Los aperitivos y bebidas abundan, pero solo los mentores y escoltas, los adultos propiamente dichos, tienen acceso al bar. Una maldita injusticia ya que ellos no se van a jugar el cuello a partir de mañana. Pero Josh, apiadándose de mí, me acerca varios tragos. Poco a poco, con la ayuda del alcohol, la cosa se ve menos trágica.

La mayoría de los tributos que han concretado una alianza parecen estar puliendo los últimos detalles. Los profesionales no dejan de reír y bailar, todos manifiestan una energía tan distinta a lo que han mostrado en los entrenamientos que no parecen los mismos chicos. La pista de baile parece ser su cornucopia, ningún otro tributo osa acercarse allí.

Lindsay y Evanna parecen mamás gallinas sobre Holly, sin darse cuenta de que están ahuyentando a la chica del Tres, que parece interesada en hablar con mi pequeña compañera.

Me tomo una bebida gaseosa, para disimular el aliento, y me acerco a ellas para permitir que dejen que Holly se desenvuelva por sí misma. Con semejante actitud ninguna de las dos parece ser una asesina experimentada, una vencedora.

—¿Has estado bebiendo? —se escandaliza Lindsay apenas repara en mis pasos erráticos.

—Un par de copas. Nada de lo que te tengas que preocupar.

—La verdad, Maitland, eres fuerte, pero nada listo —remata Evanna, tratando de jugar con mi ego.

—Ya lo sé. No es mucho lo que se pierde, ¿no?

—No hables así, ¿por qué no aceptas ir con Holly? —Retoma Lindsay, mirándome con una dulzura que no llega a conmoverme—. Es una buena chica, es de casa...

—No.

—¿Por qué?

—Porque prefiero estar solo y no puedo hacerme cargo de ella. Ustedes dos deberían darle un poco de cuerda —añado, señalándoles como Holly está muy cómoda hablando con la otra niña—. Déjenla salir de su protección, porque allá dentro solo contará con ella misma. Háganle un favor y ábranle los ojos esta noche. Y no se preocupen más por mí, estaré bien.

(...)

Un par de horas después, cuando regreso al departamento, Lindsay y Evanna están concentradas revisando algo en su tableta. Ambas se sobresaltan cuando entro dando traspiés en busca del minibar, se supone que debía estar en mi habitación hace bastante rato. Josh ha despertado un apetito que desconocía. Pretendo disfrutar lo que resta de la noche y beber hasta que no pueda sostenerme en pie; la verdad, falta muy poco.

—¿Qué crees que haces, Finn? Ve de inmediato a tu habitación y date un baño. En un rato te llevaré unas píldoras para el malestar.

—Yo voy a... —Intento explicar, aunque mi voz suena patosa y no va a la misma velocidad que mis pensamientos.

—A hacerle caso a tu mentora — me interrumpe Josh apareciendo detrás de mí y cambiando mi rumbo sutilmente. —Yo te acompaño.

—No quiero...

—Vamos, Finn. Esta no era la idea, solo quería que la pasaras bien en la fiesta, no que vayas hecho un desastre a los juegos.

—¡Y a ti qué te importa, maldita sea! —grito recobrando alguna lucidez—, no le estoy pidiendo ayuda ni consejo a ninguno de los tres... ¿Por qué no me dejan en paz?

Evanna y Lindsay se tensan ante mi arranque, pero Josh seguramente se las ha visto con gente peor que yo. En un movimiento rápido, me levanta sobre su hombro, presionando mi torso y haciendo que mi estómago dé un vuelco que está a punto de sacar todo el alcohol, y todo lo demás, de mi sistema, y me lleva a la ducha.


¡Hola!

La verdad tengo una fijación con Lindsay luchando con tributos difíciles, esta, pese a los años que han pasado tras su victoria, no es la excepción. Josh es un buen mentor, sólo pretendía aligerar la carga de Finley un poco, pero este le cogió el gusto al trago y se puso belicoso.

Daytona Duncan, la ganadora de la edición pasada, es la primera chica del Seis que vuelve a casa, tristemente pese a los esfuerzos de sus mentores nunca logra desengancharse de la adicción a la morflina, la volveremos a ver en el 3er QQ. Daytona mató a la chica del 9 poco después del baño de sangre, a un chico del 5 y se enfrentó en la final a la chica del 7, en la gira no logró dar los discursos en aquellos distritos. Tonya, su escolta, es un personaje detestable, siendo quien mantiene a los vencedores del Seis obedeciendo las directrices de Snow con mano dura y sin mostrar la gracia que conocimos en Effie.

Gracias por pasar, nos leemos pronto.

SS.