Año 58

Corey Lake - 17 años - Distrito 10.


Al fin me dejan salir del cubículo en que me han rehecho al gusto del espectador capitolino. Afuera todo es color, movimiento y ruido. Yo lo que quiero es algo de soledad, silencio y de paz. Aunque intento aceptar la situación en la que me encuentro, todavía estoy asustada por todo esto que, si a ver vamos, no ha hecho más que empezar. Al mismo tiempo siento que debo tomar el control sobre lo que más pueda. Para empezar, debo calmar el temblor de mis manos. Las froto a los lados de mi cuerpo, sintiendo la suavidad de las telas de mi traje. Cuando noto que mi piel está menos húmeda, comienzo a caminar lentamente hacia mi carruaje.

A los chicos del Siete los han disfrazado de hadas del bosque y ya están sobre su carro, vestidos en una amplia variedad de tonos de verdes y marrones, con vetas doradas, unas alitas brillantes y la piel cubierta de polvos irisados. Ambos parecen estar por encima de este mundo, son altos, delgados y guapos. En cambio yo soy una triste pastora, mi atuendo no tiene nada de llamativo, aunque las telas que me cubren son mucho más delicadas y costosas de lo que alguien en su sano juicio podría utilizar para trabajar en el campo.

Hay más tributos, pero aún no han llegado todos. Algunos están rodeados por sus equipos de preparación, que les dan los toques finales a sus atuendos.

Doy una vuelta y me sitúo por delante de mi carruaje para contemplar a los dos corceles. Al igual que los demás caballos, están sumamente calmados a pesar del estruendoso entorno, su pelo sedoso y brillante es de un suave tono marrón, las crines y las colas de un negro brillante. Se nota que se han aplicado a fondo al acicalarlos. Me ahogo en la mirada de uno de los animales, es un remanso de paz al que me quiero aferrar. Acaricio su hocico y, tras un rato así, él me deja acercar mi cabeza a la suya. Se siente tan bien. Luego le dedico unos mimitos a su compañero, hasta que llega Quincy con su estilista diciendo que es hora de subir al carro. En este breve lapso, la actividad se ha desbordado y casi todos ocupan su sitio.

Se empieza a escuchar el compás de los tambores que inaugura el desfile. Mi corazón termina adoptando aquel ritmo que poco a poco va acelerando. Las compuertas se abren y alcanzamos a escuchar los vítores del público del Capitolio. Gritos, chillidos y cornetas se unen en un estruendo abrumador. Salen los primeros carros y los demás van tomando las posiciones correspondientes.

Cuando enfilo hacia las compuertas puedo ver la enorme pantalla que va retransmitiendo todo. El público está enloquecido con el chico monstruoso que el Distrito Dos ha enviado este año, y mi corazón se aprieta en un puño. Por todos lados gritan su nombre: Calibán. Mide casi dos metros y su pecho ancho y musculoso reluce por el aceite con el que lo han embadurnado. Su atuendo es muy raro y no tiene nada que ver con el de su compañera, va vestido con una túnica de retales desparejados de pieles de distintos animales unidas con gruesas puntadas de hilo negro, muy ajustadas a su torso. Un llamativo cordón de pelos dorados enmarca su pecho en un corte en v, realzando su marcada musculatura.

Los carros siguen su curso así que trato de mantener una sonrisa y saludar, pero pronto pierdo la motivación, nadie parece reparar en nosotros, ni en los que vienen atrás, prácticamente sólo hasta el carro del Siete les llamó la atención.

Mi compañero se envara en cuanto llegamos al centro del círculo de la ciudad, levanta el rostro sacando la barbilla con soberbia y no aparta la mirada de Snow. Al notarlo yo empiezo a temblar. No puedo creer que me haya tocado un rebelde como compañero. No quiero que llame su atención hacia nosotros y no entiendo qué le pasa que no sabe asumir su lugar. ¿Para qué confrontar a alguien que con un chasquido puede destruir nuestras vidas? Solo me queda suplicar que su actitud pase desapercibida, pero sé que es mucho pedir, los comentaristas y narradores están atentos y desmenuzan cada detalle en los diversos programas dedicados a los juegos. Me arrincono hacia el costado contrario para que no nos vinculen y escucho atenta la intervención del presidente. Como todos los años nos da la bienvenida a la nueva edición de los juegos con su típica sonrisa macabra, su cabello ha encanecido en los últimos años pero no hay ni sombra de debilidad en él. Su puño de hierro sigue machacando a los distritos. Y eso es algo que ningún adolescente airado va a poder cambiar jamás.


¡Hola!

Ya de regreso tras una pausa más prolongada esta vez, se me complicó un poco el panorama con el inicio de clases de Sebas-chan y no tuve mucho tiempo libre.

Muchas gracias, como siempre, a todas las que me dejan comentarios (Dani, Pau, Alpha), me anima muchísimo leerlas y me incentiva a continuar.

Nuestra ganadora de la edición anterior fue la misma chica que se enfrentó a Xander, se trataba de Wiress Jules de 18 años (D3) quien tuvo varios brotes psicóticos en la arena cada vez que debía confrontar a otros tributos, lo cual contribuyó a que los venciera. Ella más adelante volverá a representar al D3 en los juegos en el 3er QQ.

Nos seguimos leyendo...

SS.