Notas de la Autora: Holis! Aquí esta el segundo capítulo! Espero sea de su agrado!

Sobre los comentarios, quiero agradecer a Macka14 x2, Abril Elena y CIELO-BL por seguirme incluso en esta nueva historia, espero este siendo de su agrado! Y también gracias a SeongCastle, espero que te guste y sigas estando por aquí haciéndote presente!

Así que espero que disfruten este nuevo capítulo! Saludos!

Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D


Capítulo 2: Caminos

Alzo la mirada del libro que estaba leyendo, y sus grises ojos se enfocaron en la negra y alborotada cabellera que estaba a pocos centímetros frente a él, ya que Harry se encontraba con la cabeza inclinada leyendo.

Sonrió sin poder evitarlo. Llevaba una semana viviendo bajo el mismo techo que el moreno, y aunque nunca se animaría a confesarlo en voz alta, le encantaba estar ahí. Disfrutaba mucho del tiempo que compartía con Harry, ya fuera estudiando, platicando, jugando, debatiendo o practicando, todo lo que hacían lo disfrutaba como no recordaba haber disfrutado de nada.

Y claro que sabía la razón de ello. A esas alturas ya no podría negar que el ojiverde le gustaba, y tampoco quería hacerlo. Ahora la cuestión era decidir cómo proceder. Sabía que no se atrevería a confesarle sus sentimientos a Harry en ese momento; Tan sólo de pensarlo sentía un hueco casi doloroso en el estómago, y las manos se le ponían heladas.

Pero sí tenía pensado declarársele, sólo que necesitaba dos cosas para poder dar ese importante paso: Encontrar el momento ideal, y reunir el valor que necesitaría, además, mientras más pensaba en eso, se dio cuenta de que debía arreglar la situación con su familia, de lo contrario, cualquier otro mago podría ser un mejor prospecto para el moreno de lo que lo sería él, y eso era algo que no podía permitirse.

Sintiéndose observado, Harry alzó la mirada, topándose con los grises ojos fijos en él, y Draco, sin siquiera darse cuenta, sonrió, pensando en lo mucho que le gustaba la forma en que brillaban aquellos ojos verdes cuando la luz del sol les daba, justo como en aquel momento que la luz entraba por los amplios ventanales de la biblioteca donde estaban leyendo. Era una lástima que aquellos lentes ocultaran el hermoso brillo.

- ¿Qué pasa? – le preguntó Harry confundido, y Draco se sobresaltó ligeramente al escuchar su voz, tan perdido como había estado en sus pensamientos.

Apartó la mirada hacía el libro, tratando de ocultar con todas sus fuerzas el rubor que de todos modos tiño sus mejillas de forma ligera.

- Nada, no pasa nada – se apresuró a decirle.

- Para no pasar nada te has puesto rojo – observó Harry mirándole escéptico – De nuevo estabas en las nubes, ¿Verdad? –

Draco se removió apenado de saberse descubierto.

- Sólo pensaba… - murmuró.

- ¿Y en qué pensabas? – presiono ligeramente Harry - ¿Ahora si me dirás? –

Ante aquella pregunta, Draco se mordió ligeramente el labio. No era la primera vez que Harry lo descubría "En las nubes", como solía decirle, pero hasta ese momento se había negado a contarle la verdad, y aún seguiría sin hacerlo, porque todavía no estaba listo para eso.

- Pensaba en lo sucedido con mi madre – respondió. No era la verdad completa, pero tampoco era una mentira, simplemente era una verdad a medias, porque sí había estado pensando en eso, simplemente no era solo eso lo que había estado pensando justo cuando Harry lo descubrió mirándole.

- ¿Y qué has pensado sobre eso? – preguntó Harry curioso. No creía que fuera esa la razón del sonrojo de Draco, pero si éste le contaba sobre lo sucedido con su madre, saciaría momentáneamente parte de su curiosidad, a final de cuentas, había sido una de las cosas que Draco no quiso contar con demasiados detalles cuando sucedió, y Harry no se sintió en derecho de presionarlo para saber. Quería que le contara cuando se sintiera listo para ello.

- Creo que debo hablar con ella para aclarar las cosas – le explicó entonces Draco, suspirando suavemente mientras cerraba el libro que había estado leyendo momentos atrás.

Harry sonrió al escuchar eso.

- Me alegra – le quiso decir, y Draco le miró, pensando sin poder evitarlo, en cómo la sola visión del moreno sonriendo de esa forma podía ponerle de buen humor.

- ¿Por qué? – quiso saber curioso.

- Porque te veías triste – le explicó Harry sin dejar de sonreírle – La mayor parte del tiempo no dices las cosas que sientes, pero así como tú me has ido aprendiendo a conocer a mí, yo también te he ido aprendido a conocer a ti, Draco, y sé que estabas triste luego de discutir con ella –

Draco sintió una mezcla de asombro y alegría ante sus palabras, y entonces si dejo salir la sonrisa que había contenido momentos atrás.

- ¿Y ya has pensado en lo que le dirás? – quiso saber Harry con curiosidad – ¿Hablarás también con tu padre? –

- Con mi padre aún no – le respondió Draco negando suavemente con la cabeza – Primero quiero hablar con mi madre. No sé lo que ella le ha dicho a mi padre en estos días sobre mi ausencia, pero considero que lo mejor será hablar con ella primero – le explicó.

- Si, quizás sea lo mejor – convino Harry, mirando hacía la ventana por algunos segundos, antes de regresar su mirada al rubio - ¿Y ya tienes pensando lo que le vas a decir? –

- Creo que si – le respondió Draco asintiendo con la cabeza – Estuve pensándolo mucho, y aunque estoy molesto de que me haya ocultado algo de esa magnitud, creo que necesito darle la oportunidad de explicarme porque lo hizo –

- Si, eso suena bien – concordó Harry, orgullos del rubio – Ella te quiere mucho. Si lo hizo, seguramente fue porque pensó que de esa forma te lastimaría menos, y que sería lo mejor para ti –

- Eso no le quita la responsabilidad de no ser sincera – objeto Draco pese a todo con cierta seriedad.

- Sé que no, pero dudo que podamos entender la magnitud de lo que sintió para tomar esa decisión, hasta que seamos padres – observó Harry, cerrando también su libro.

Draco no dijo nada, se limitó a mirarle. Ante aquellas palabras, no pudo evitar pensar en cómo se vería Harry cuando estuviera más grande y con pancita de embarazado, y esa idea le hizo ruborizarse bastante.

Harry lo miró confundido ante aquel nuevo rubor.

- ¿Qué pasa? – le preguntó.

- Nada – se apresuró a responder Draco, carraspeando un poco para aclarar la garganta que de pronto se le cerro – Sé que quizás no podré entender del todo por qué hizo lo que hizo – agregó, tratando de cambiar el hilo de la conversación – O que inclusive puede que no esté de acuerdo con su modo de proceder –

- Si, es verdad – convino Harry, sin querer presionar a Draco, a final de cuentas, estaba accediendo a hablar un poco más con él sobre ese tema, que sabía que era un tanto espinoso para el rubio – Pero escuchándola, podrás tomar la mejor decisión –

- Lo sé – confirmó Draco asintiendo con la cabeza.

Harry le sonrió.

- Creo que hay algo que puedo hacer, para ayudarte con este tema – le hizo saber.

- ¿Qué? – preguntó Draco confundido.

- Dobby – llamó Harry sin contestar a Draco, y a los pocos segundos, con un suave Plop, el Elfo se apareció a un lado de ellos.

- ¿Si, Harry Potter señor? – le preguntó solícito y animado Dobby.

Draco miró a Harry confundido, pero Harry simplemente miró al Elfo.

- Dobby, ¿Puedes hablarnos sobre el diario y sobre los motivos de Lucius al usarlo? – le preguntó, y ante aquello, el Elfo le miró inseguro, retorciéndose un poco las manos, antes de miraba de reojo a Draco con nerviosismo.

- Esta bien, Dobby – le dijo éste – Ya no eres el Elfo de mi padre. Guardar su secreto no es ya una obligación para ti –

- Además, no queremos saberlo para atacar a Lucius o afectarlo – le aclaró Harry – Queremos saberlo, porque de esa forma Draco puede comprender un poco más algunas cosas que han pasado en su casa. Creo que eso lo ayudaría –

Dobby se mostró aún un poco inseguro, pero aspiró aire hondamente y asintió con la cabeza.

- Dobby les contara lo que sabe – les hizo saber, y al escuchar eso, Draco no pudo evitar sentirse ligeramente ansioso por lo que vendría.

Harry asintió con la cabeza.

- Muchas gracias, Dobby – le dijo - ¿Podrías decirnos primeramente como Lucius obtuvo ese diario? –

Dobby sonrió al escuchar aquellas palabras de agradecimiento, porque antes nunca se las habían dirigido a él, pero ahora era algo más común de escuchar, y le gustaba.

- Lucius Malfoy ya lo tenía – le respondió.

- ¿Ya lo tenía? – repitió Draco confundido.

- Si – confirmó Dobby asintiendo con la cabeza – Dobby no sabe cómo, sólo que ya lo tenía. Un día lo saco, y mientras Dobby estaba ahí esperando indicaciones, dijo que ese diario poseía el poder de abrir la Cámara de los Secretos, para que una temible Bestia saliera y acabara con los sangre sucia que estudiaban dentro de Hogwarts, así que estaba buscando una manera de hacer llegar el diario hasta allá –

Draco se cubrió la cara con ambas manos al escuchar eso. Sabía que su padre odiaba a los hijos de Muggles, a él mismo lo había educado para odiarlos, y le había costado mucho trabajo aprender a tolerar la presencia de Granger cerca de él, pero de eso a querer matarlos, le parecía algo abismalmente distinto.

Harry miró a Draco preocupado.

- ¿Quieres que paremos? – le preguntó a su amigo al verlo así, pero Draco aparto las manos de la cara, negando con la cabeza mientras respiraba hondo.

- Necesito escuchar esto – le respondió – Síguele preguntando, por favor – pidió, sabiendo que él no sería capaz de hacer esas preguntas. Harry asintió con la cabeza.

- Entonces que el diario llegara a Hogwarts por medio de Ginny Weasley no fue un accidente, ¿Cierto? – siguió preguntándole al Elfo – Y él sabía que eso podría causar la muerte de alumnos –

- Así es – confirmó Dobby – Lucius Malfoy comentó un día que por fin había logrado mandar ese diario a Hogwarts, que por fin comenzaría a limpiar el mundo de los sangre sucia

- Hijos de Muggles, Dobby – le corrigió Harry – No digas sangre sucia. Es una forma ofensiva de hablar de la gente –

- ¡Oh, Dobby no lo sabía, señor! – saltó Dobby mirándole preocupado - ¡Dobby lo siente mucho!, ¡Dobby se reprenderá por esto inmediatamente! – pero cuando iba a comenzar a buscar algo con que golpearse, Harry se apresuró a sujetarle de la huesuda mano.

- ¡Dobby, ya no eres un esclavo! – le recordó con seriedad, mirándole a los ojos con tanta firmeza, que Dobby mismo le miró sin apartar los ojos – No te lo dije para que te reprendieras, te lo dije para que supieras cual es la forma correcta de decirlo, porque vas a tratar con magos que conoces como sangre sucia, pero si les dices así, los harás sentirse ofendidos, y eso te traerá problemas. Hermione por ejemplo, ella es una amiga muy querida para mí, y viene de padres Muggles; Sería lo que conoces como una sangre sucia, y no me gustaría que por no saber algo como esto, la hagas sentir mal al decir algo así. No importa la sangre, lo que importa realmente es la calidad de la persona, pero si se tiene que hablar del estatus de sangre, la forma correcta de decirlo es hijos de Muggles

- ¡Oh, Dobby entiende! – le aseguró a Harry asintiendo con la cabeza – ¡Dobby no volverá a decir esa palabra, para no ofender a los hijos de Muggles! –

Harry le sonrió ante sus palabras, soltándole.

- Gracias –

- ¡No! – le contradijo Dobby de inmediato – ¡Yo debería agradecerle a Harry Potter, porque me está enseñando como tratar correctamente con otros magos! –

Draco pensó que aquello era realmente extraño, pero no dijo nada al respecto.

- ¿Por eso decidiste venir a prevenir a Harry? – le preguntó en su lugar, y los verdes y enormes ojos del Elfo se dirigieron a él, mirándole con un poco de inseguridad antes de responder.

- En esa ocasión, Dobby escuchó a Lucius Malfoy decir que si tenía suerte, la Bestia podría matar a Harry Potter también – le contó, y Draco sólo pudo cerrar los ojos.

Jamás hubiera pensado que el odio de su padre hacía los hijos de Muggles fuera tan grande como para desear que murieran, pero no entendía por qué también deseaba que Harry muriera.

- ¿Por qué? – le cuestiono mirándolo de nuevo, pero esta vez Dobby dudo.

- ¿Qué pasa, Dobby? – le preguntó Harry al ver que no decía nada.

- Dobby no cree que Draco Malfoy deba saber esa respuesta – le dijo a Harry.

- Quiero saber Dobby, dime – le pidió Draco con firmeza.

Harry miró de reojo al rubio, sintiéndose mal por el rumbo que estaba tomando esa situación, pero sabía que Draco tenía razón, debía saber, porque solo de esa forma podría tener una conversación con su madre que le sirviera para aclarar el lugar en el que estaba parado, y lo que tendría que hacer desde ese momento en delante.

- Por favor Dobby, cuéntanos – le pidió también él, y el Elfo le miró unos segundos inseguro, antes de asentir con la cabeza, mirando de nuevo a Draco.

- Lucius Malfoy estaba enojado con Harry Potter, porque Harry Potter fue quien derroto al Señor Tenebroso, el mago al que por años su padre sirvió con orgullo – le hizo saber.

- A mí me dijeron que había sido obligado bajo la Maldición Imperius – no supo porque, pero tuvo la necesidad de decir aquello, sin embargo, Dobby negó suavemente con la cabeza, mirándole incluso con una cierta tristeza.

- Eso fue lo que Lucius y Narcisa Malfoy decidieron decirle a todo mundo, pero Lucius Malfoy sirvió al Señor Tenebroso por decisión propia – le explicó – Inclusive en algunas de las misiones que tuvo, Lucius Malfoy llevo a Dobby para que le ayudara –

- ¿Te llevo? – le preguntó Harry asombrado.

- Si – confirmó el Elfo asintiendo con la cabeza – La magia de los Elfos es muy fuerte, y puede burlar algunas defensas de los magos, así que había ocasiones en que necesitaba que le ayudara a entrar a algún lado o hacer algo, y entonces me llevaba con él –

Draco sólo pudo negar con la cabeza antes de cubrirse la cara con ambas manos.

Harry le miró hacer, antes de mirar al Elfo con tristeza.

- Muchas gracias Dobby. Era todo lo que queríamos saber, ya puedes irte – le dijo.

- Espero haber ayudado… – contesto Dobby un poco tímido, pero incómodo del tema que habían trato, decidió desaparecer de inmediato.

- ¿Estas bien? – le preguntó Harry una vez que el Elfo se fue, mirándole con tristeza.

- Mi padre está loco, Harry – murmuró Draco con desazón, sin descubrirse el rostro.

- No creo que loco sea la palabra – comentó Harry.

- ¿Y entonces cuál es? – quiso saber Draco apartando las manos para mirarle, y Harry sintió tristeza de ver aquel rostro siempre seguro y firme, ahora tan afligido.

- Tu padre no está loco, es un mago increíblemente inteligente, tan inteligente, que fue capaz de burlar una sentencia en Azkaban para poder vivir libre, y no sólo eso, nadie sabe que él fue el causante de lo que sucedió este año en Hogwarts – le respondió.

- ¿Estas apoyando a mi padre, Harry? – le preguntó Draco mirándolo atónito - ¿Al mago que esperaba que murieras este año? –

Harry no pudo evitar reírse suavemente al escuchar eso, pero negó con la cabeza ante la mirada realmente confundida del rubio.

- No lo apoyo, Draco, pero loco no está. Esa es una realidad – le explicó Harry sonriéndole tranquilo – Mejor que nadie debes saber que no es bueno subestimar a los que te rodean, sean amigos y sobre todo a tus enemigos. Además, realmente catalogamos a la gente como buena o mala, por cuestiones éticas y sociales que están estipuladas para permitirnos vivir en armonía, o por simple ideología, pero cuando una guerra surge, lo hace porque hay un grupo de personas que no están de acuerdo con la ideología de otros, que creen que lo correcto no es el camino que se está siguiendo, y buscan imponer su propio sentido de lo justo, de lo correcto, de lo ético –

- ¿Has estado estudiando sobre guerras? – le preguntó Draco, mirándolo asombrado por aquel discurso que realmente no ser esperaba, lo que hizo que Harry volviera a reírse divertido.

- No tanto así. Más bien he estado pensando mucho en lo que nos espera, y trato de entender el sentido de una guerra – le aclaró antes de mirar el techo, suspirando pesadamente antes de volver a hablar – Pero realmente he comenzado a llegar a la conclusión de que el único sentido que hay, es que dos grupos de personas chocan en sus ideales, y como cada una quiere imponer lo que cree correcto, eso desencadena las guerras. A final de cuentas, si te pones en el lugar de cada una de esas personas involucradas, encontrarás que su manera de pensar hace que sus acciones sean correctas, aunque sólo sea en lo individual –

Ahora fue Draco quien suspiro pesadamente.

- Entiendo lo que quieres decir. Por eso las guerras se vuelven tan desoladoras y crueles – murmuró.

- Así es – convino Harry mirándolo – Se tiene la idea de que el bando más fuerte es el que gana, pero eso no es verdad. Es el que gana, el que se puede declarar como el más fuerte, y en el transcurso de la guerra, como cada quien defiende sus ideales y su vida, y creen que es lo correcto, no dudan en matar a otros –

- A final de cuentas como ellos piensan que tienen la razón y van a ganar, es algo que pueden permitirse hacer – observó Draco – Al ganador nunca lo van a tratar como el malo, el malo será el quien perdió, porque el ganador puede escribir a su favor la historia –

Harry asintió con la cabeza, suspirando suavemente.

- Todo esto de la guerra es algo difícil de entender, ¿No lo crees? – le preguntó, pero Draco negó con la cabeza ante su asombró.

- No lo es – le contradijo – Lo es para quienes pueden ver la guerra desde afuera y tener un lugar neutral, para otros países por ejemplo, pero para nosotros que estamos involucrados, es muy claro: Los malos son aquellos que quieren matarnos o doblegarnos a su voluntad, justo como Voldemort –

Harry le miró largamente, asombrado de escuchar por primera vez a Draco llamando a Voldemort por su nombre, pero sonrió, sabiendo que el rubio estaba mostrándose cada vez más firme y decidido en el camino que estaba tomando.

- No creo que tu padre quiera matarte – le quiso decir pese a todo – Eres su hijo, su primogénito –

- Pero quizás si quiera doblegarme – observó Draco con seriedad, cruzándose incluso de brazos– Aún tengo mucho que pensar al respecto, porque tarde o temprano llegara el momento en que tenga que enfrentar a mi padre, pero primeramente tendré que enfrentar a mi madre –

- Tu madre te ama. No creo que vaya a ser un enfrentamiento como tal – quiso decirle Harry – Igual sabes que si lo llegas a necesitar, siempre puedes regresar aquí, aquí siempre habrá un lugar para ti – agregó, y Draco le observó detenidamente durante algunos segundos, antes de sonreírle suavemente.

- Gracias – respondió – Aunque espero no tener que seguirlos molestando –

- No digas eso, no fuiste una molestia – le aclaró Harry – Me encanto que estuvieras aquí, me divertí mucho en estos días – y sonrió ampliamente.

- Yo también – le hizo saber Draco asintiendo con la cabeza – Y ustedes se han esforzado por hacerme sentir como parte de la familia –

- Eres de la familia, Draco – le aclaró Harry con tranquilidad – Eres mi mejor amigo, eso sin mencionar que eres familiar de Sirius. Cuando ya no estés aquí todo el tiempo voy a extrañarte, así que tendrás que venir a visitarme seguido – agregó haciendo un puchero que Draco considero bastante lindo.

- Lo hare – le prometió – A final de cuentas, debemos de seguir practicando –

- Que así sea entonces – convino Harry animado con la promesa.


- ¿Listo? – le preguntó Sirius.

Draco aspiro el aire hondamente, y soltándolo, les miró entonces, asintiendo con la cabeza. Habían pasado dos días desde aquella platica que tuvo con Harry, y aún se tomó aquellos días para pensar sobre lo que había pasado, antes de tomar la decisión de regresar.

- Gracias por su hospitalidad – les dijo a los tres, haciendo una ligera pero respetuosa inclinación de cabeza.

- Fue un placer – contestó Remus sonriéndole amable.

- Buena suerte – le deseo Harry, mostrándole el pulgar derecho levantado en señal de ánimo.

Draco asintió nuevamente con la cabeza, y Sirius se acercó para ofrecerle de los Polvos Flu que había en el recipiente de porcelana. Tomó un puñado y lo arrojo a la chimenea, viendo como las flamas crecían de un color verdoso.

- Mansión Malfoy – pronuncio de forma clara, y dirigiendo una última mirada hacía Harry, dio un paso hacía las llamas, siendo engullido al momento por ellas.

Viajar por Red Flu no creía que fuera a gustarle algún día. Terminaba demasiado sucio para su gusto, y el camino era demasiado ajetreado y accidentado. Cuando por fin salió por la chimenea, aun cuando lo intento, trastabillo y cayó con una rodilla al suelo.

- ¿Estas bien, Draco? – le preguntó Narcisa, acercándose un poco, insegura de ser bien recibida.

Draco la miró, y asintió con la cabeza mientras se levantaba y se sacudía.

- Estoy bien – le respondió. Sabía que Lucius no estaba en ese momento en la Mansión, porque por carta, su madre se lo había hecho saber, por eso mismo eligió ese momento para ir a hablar con ella.

Narcisa asintió con la cabeza.

- Vayamos a una de las salas para poder hablar – le ofreció.

- Vamos – convino Draco, y siguió a su madre, sintiendo cierto nerviosismo por aquella plática que tendrían, aunque se obligó a mostrarse calmado y centrado.

Entraron en una de las salas, y Narcisa cerró la puerta con su varita para no ser molestados. Entonces se fue a sentar a uno de los sillones, mientras Draco se sentaba en otro.

Ninguno dijo nada al inicio. Ambos se observaron detenidamente, y contra todo lo que el rubio hubiera esperado, fue su madre quien hablo.

- Lo siento – se disculpó.

- ¿Por qué me mentiste sobre las lealtades de mi padre? – quiso saber Draco.

Narcisa no respondió de inmediato. Su mirada se dirigió a los enormes ventanales, y se perdió ahí por un momento.

- Hay algo que debes de entender antes de responderte a esa pregunta, Draco – le dijo, suspirando suavemente antes de mirarle de nuevo – Aquellos eran otros tiempos. El odio hacía los hijos de Muggles o los sangre mestiza era más marcado de lo que es ahora. Las clases sociales estaban más separadas, y los magos de sangre pura no se mesclaban para nada con quienes no fueran de su misma clase y posición, incluso, pensaban que los hijos de Muggles y sangre mestiza no debían tener derecho a usar la magia, que sólo debían servir y obedecer a los sangre pura. Yo crecí dentro de ese ambiente, y realmente pensaba que era la forma en que debían hacerse las cosas –

- Pero cambiaste de opinión, ¿No es así? – no pudo evitar preguntarle Draco, pensando en lo símil que eran esas palabras de su madre, a lo último que estuvo platicando con Harry dos días atrás en la biblioteca.

Narcisa asintió suavemente con la cabeza.

- Pero fue mucho después, y fue de forma gradual – le aclaró con una sonrisa apenada – Cuando era joven, y sobre todo cuando me case con tu padre, yo pensaba de esa forma, por eso mismo me case con Lucius –

- ¿Y entonces?, ¿Cuándo cambio tu forma de pensar? – quiso saber Draco.

- Comenzó conforme el Señor Tenebroso fue adquiriendo más poder. La forma, los métodos que uso, no los aprobaba, no pensaba que matando, torturando o asesinando, fuera el mejor camino para llegar al objetivo que deseábamos, pero creo que mi punto decisivo fue cuando tú naciste. Cuando me convertí en madre – le respondió, mirándole intensamente durante algunos segundos, antes de mirarse las manos, permaneciendo algunos segundos en silencio, antes de animarse a continuar – Fue ahí cuando me di cuenta que las cosas no estaban bien, que no éramos libres ni dueños de nada como se supone que seriamos, que vivíamos asustados, inseguros, temerosos de cada paso que dábamos, justo como aquellos a los que atemorizábamos, que a final de cuentas, nosotros también éramos sirvientes, y que esa era la vida que te esperaba cuando crecieras… –

Draco asintió con la cabeza, y por algunos minutos no dijo nada, perdido en las palabras de su madre.

- ¿Y mi padre? – preguntó - ¿Qué pensaba él?, ¿Cómo lo veía él? – ya sabía lo que Dobby les había dicho, pero quería escuchar a su madre, lo necesitaba.

Narcisa suspiro suavemente antes de volver a enfrentar la gris mirada de su hijo.

- Lucius estaba segado por la sensación de falso poder que consiguió al unirse a los Mortífagos – le explicó con pesar – Siguió al Señor Tenebroso con la seguridad de que los sangre pura eran quienes debían controlar el mundo mágico, y dejo que sus palabras le convencieran de que el método que usaban era el correcto. Creía tanto en lo que el Señor Tenebroso decía, que se esforzó por cumplir lo que le pedía, al grado de que se convirtió en uno de sus hombres de mayor confianza y rango –

Draco trago al escuchar eso, sintiendo un vacío en el estómago. Una cosa era saber que su padre había sido por voluntad propia un Mortífago, y otra muy distinta que había sido uno de los hombres de confianza de Voldemort. Ni siquiera pudo preguntar nada, y Narcisa entendió en el brillo de su mirada, el combate interno que estaba atravesando.

- Aun así, Lucius se encargó de cuidar y ver por su familia – le quiso contar a su hijo – Cuando el Señor Tenebroso me llamo a su servicio y me negué, de una u otra forma Lucius consiguió convencerlo de que mi servicio no era necesario –

- ¿Planeaba que tomaras la marca? – le preguntó Draco mirándola asombrado.

- Así es – confirmó Narcisa con un suave asentimiento de la cabeza – Pero tu padre escuchó mis palabras y respeto mi postura. Aún a día de hoy no sé cómo le hizo, pero consiguió que el Señor Tenebroso perdiera su interés en mí –

- Pero él si llevo la marca, y pensaba igual que el Señor Tenebroso – observó Draco - ¿Cómo podías estar con él pese a eso? –

- Porque lo amaba – le respondió con cierta pena la mujer, manteniendo la mirada en sus manos, así que no vio el asombro en los grises ojos de su hijo – Además, si bien no pensaba que la forma en que procedían era la correcta, si pensaba que los sangre pura eran quienes debían controlar el mundo mágico. Mi pensamiento no era tan diferente –

- Pero mataba gente – no pudo evitar cuestionarla Draco – El hombre a quien amabas era un asesino –

Narcisa cerró los ojos por unos segundos ante aquellas duras palabras.

- Lo era – confirmó con pesar, abriendo entonces los ojos para enfrentar la gris mirada – Pero también era real el amor que sentía por él –

Durante algunos segundos, Draco la miro en silencio. Antes, escuchar esa clase de declaración le habría hecho sentir orgulloso y feliz. Ahora sin embargo, le hacía sentir ciertamente confundido.

- ¿Y ya no lo amas? – no pudo evitar preguntar – Él sigue pensando de la misma forma, ¿No es así?, por eso hizo lo del diario, y sin embargo, tú me has educado para no seguir a Voldemort –

- ¡Draco, no digas ese nombre! – le pidió su madre estremeciéndose sin poder evitarlo.

- Ese es su nombre, madre, y es la forma correcta de referirse a él – le aclaró Draco con seguridad – Hacerlo de otro modo, es mostrarle un miedo que no debemos tenerle –

Narcisa contempló con asombro a su hijo, y bajo la mirada a sus manos.

- Te estas volviendo un mago muy valiente – comentó, lo que hizo sonreír suavemente a Draco sin poder evitarlo.

- Así me educaste, incluso me alentaste a permanecer al lado de Harry, aun cuando ya sabías que era posible que Voldemort regresara, y que él sería su enemigo – le recordó Draco, ante lo que Narcisa asintió suavemente con la cabeza.

- Aun lo amo – le dijo entonces, respondiendo a la pregunta que anteriormente le había hecho su hijo – Pero cuando eres madre, te das cuenta que tu primer deber es hacía con tu hijo, que debes cuidarlo por sobre todas las cosas mientras él crece y es capaz de cuidarse por sí mismo. Lucius tomo la decisión sobre el camino que quería seguir, y era consciente de lo peligroso que sería, pero tú eras solo un niño, y yo no iba a permitir que te metiera en esa clase de peligro –

- ¿Pensabas entonces darle la espalda? – le preguntó Draco mirándola con asombro, pero Narcisa rehuyó su mirada.

- No tuve que llegar a tomar una decisión como esa – le confeso con pena, sin querer confesarle a su hijo de aquel enfrentamiento violento que había tenido con su esposo, cuando se enteró que el Señor Tenebroso quería su promesa de que Draco le serviría – Porque cuando estábamos en esa disyuntiva, Harry derroto al Señor Tenebroso. Entonces pensé con alivio que todo había terminado, que las cosas se arreglarían, y me enfoque sólo en el futuro –

- Y aun así me educaste de esta forma – comentó Draco.

- Amo a tu padre, Draco, pero soy consciente de los errores que ha comido a lo largo de su vida – le quiso aclarar Narcisa, mirándole decidida – Y no quiero que tu cometas esos mismos errores, así que me encargue de educarte con esa intensión, para que no permitieras que tu ego o el poder te cegaran como le paso a tu padre. Eso casi le costó no sólo la vida, sino la libertad, su reputación, su orgullo y su fortuna –

Ahora fue el turno de Draco de mirar hacía la ventana, pensativo en las palabras que acababa de decirle su madre.

- Pero sabes que él no ha cambiado sus ideas – comentó.

- Esperaba que lo hiciera en el transcurso de los años – le confeso Narcisa con tristeza – Aunque si eso no pasaba, no creí que fuera a importar, porque con los cambios que había habido en el mundo mágico, él tenía mucho cuidado con las cosas que decía o hacía, y yo pensaba que no pasaría nada que pudiera poner a mi familia en la encrucijada en la que está hoy… –

- ¿Y ahora qué piensas? – quiso saber Draco.

- Lamento con toda el alma que mi familia se encuentre en esta encrucijada, pero no me arrepiento de la forma en que te eduque – le hizo saber Narcisa mirándole a los ojos decidida – Porque lo hice con toda la intensión de que supieras distinguir entre lo que te beneficiaria y lo que te perjudicaría. No quería que fueras una sombra de tu padre o estuvieras sumido a sus deseos como un títere, quería que pudieras tomar tus propias decisiones, que las supieras defender, para que de esa forma pudieras ser un digno Jefe de Familia en el futuro. Quizás lo único que lamento de todo esto, es que te hayas visto envuelto en una guerra, y que haya sido desde tan temprano –

Draco asintió con la cabeza ante sus palabras.

- Esto va a separar a tu familia, ¿Lo sabes? – le preguntó.

- Tengo la esperanza de que eso no llegue a suceder – murmuró la mujer.

- ¿Qué? – preguntó Draco, mirando a su madre confundido ante sus palabras, y ésta le miró algo apenada de sus palabras.

- Sé lo que va a pasar con mi familia si seguimos por este camino, Draco – le aclaró Narcisa – Pero también es cierto que esto apenas está comenzando. El Señor Tenebroso aún no regresa por completo, y guardo la esperanza de poder hacer que tu padre vea sus errores para que cambie sus ideas antes de que sea demasiado tarde –

- ¿Y si no? – siguió preguntando Draco.

Narcisa guardo unos minutos de silencio, mirando sus manos con tristeza.

- La forma en que te eduque, es la misma forma en que yo pienso – le contesto, mirándolo entonces – Si Lucius no cambia su forma de pensar, no puedo permitir que arriesgue a toda la familia –

- ¿Eso significa que te pondrás en su contra? – quiso saber Draco, sintiendo un nudo en el estómago al hacer esa pregunta, y supo por el brillo en los ojos de su madre, que quizás era una pregunta muy difícil de responder para ella.

- Soy esposa y madre, Draco. Amo a mi esposo, y amo a mi hijo, pero como te dije, mi primer deber es cuidar de ti, y seguir al Señor Tenebroso, no creo que sea la mejor forma de cuidar de ti – le respondió.

Draco asintió con la cabeza sin saber qué más decir de momento. Las decisiones que estaba tomando su madre, debían ser muy difíciles y duras para ella, y eso hacía que Draco la admirara, por el temple y la decisión con que estaba afrontando aquello, aunque al mismo tiempo se sentía mal de saber que estaba viéndose obligada a tomar una decisión que quizás ninguna persona quería tomar. Suspiro. Las guerras eran así, las guerras eran crueles y separaban de muchas formas a las familias; Esta era simplemente una de ellas.

- ¿Por qué me mentiste sobre las lealtades de mi padre? – quiso saber entonces - ¿Por qué me dijiste que lo hizo bajo la Maldición Imperius? –

- Porque trataba de mantener a mi familia lo más unida posible – le respondió Narcisa con tristeza – Como te dije, luego de que tu padre se librara de Azkaban, tuvo mucho cuidado con lo que decía o hacía. A todos les mantuvo la versión de que fue obligado por medio de la Maldición Imperius, así que yo simplemente secunde su versión. Si esta guerra no hubiera sucedido, quizás ni siquiera te habrías tenido que enterar hasta que como te dije, asumieras tu lugar como Jefe de familia –

- ¿Y eso no te parece mal? – le preguntó ligeramente indignado Draco – Soy tu hijo y aun así me estabas mintiendo –

- Lo sé, pero era una mentira que permitiría que mi familia siguiera unida, y desde ese punto de vista, no me pareció malo – le quiso explicar con cierta pena – No estuvo bien, y lo sé, pero si esta guerra no se hubiera dado, cuando te lo contara, tendrías una madures y perspectiva distinta, que te habrían permitido entender sin causar tanto conflicto –

- ¿Y porque decírmelo hasta entonces y no ocultarlo por siempre? – quiso saber Draco.

- No habría sido correcto que el siguiente Jefe de Familia ignorara un hecho como este, porque igual la gente habla, y te toparías con mucha de esta gente, así que era algo que a fin de cuentas deberías saber para estar preparado – le respondió.

- Dices que eso habría sido en caso de que la guerra nunca hubiera sucedido, pero está sucediendo, y aun así no me dijiste nada – la siguió cuestionando Draco.

- Porque deseaba tener a mi familia unida el mayor tiempo posible – le explicó – Sabía que por cómo te había educado, y sobre todo ante el camino que habías decidido seguir, podrías repudiar a tu padre al enterarte de su pasado, así que espera que cuando eso pasara, Lucius ya hubiera decidido seguir el mismo camino que tú, y de esa forma, lo pasado pudiera quedarse atrás –

Draco no dijo nada por algunos minutos más, pensando en las palabras de su madre.

- ¿Entonces aún no le dirás nada sobre el regreso de Voldemort? – le preguntó.

- Desde el año pasado he estado hablando con él – le hizo saber Narcisa – No le he dicho aún que es probable que vuelva. He estado tratando de plantearle diversos escenarios para mostrarle lo errado de su decisión en aquel momento, y tratando de que se dé cuenta de que seguir de nuevo ese camino no nos llevara a ningún lado –

- Pues parece que no está dando resultado, y el tiempo se te acaba – observó Draco.

- Lo sé – convino Narcisa suspirando suavemente – Pero aun así lo seguiré intentando. Sé que tu padre es orgulloso, pero también sé que ama a su familia, y confío en que tomara la decisión correcta cuando vea las cosas como son –

- Esperemos que sea así – comentó Draco, mirando a la ventana – Porque yo ya me he unido oficialmente a la causa de Harry –

Narcisa le miró asombrada ante eso, y abrió la boca para decir algo, pero luego la cerro, mirándose un poco las manos antes de hablar.

- Sólo cuídate mucho, por favor – le pidió.

- Lo haré, para eso estoy entrenando – le hizo saber Draco mirándola – Si ya tienes un bando definido, ¿Por qué no te unes entonces a nosotros? –

Suavemente, su madre le sonrió, pero negó con la cabeza.

- Nunca me uní a los Mortífagos aunque tu padre fue uno de ellos, porque nunca compartí su forma de hacer las cosas, y aunque es verdad que mi mentalidad está más hacía lo que busca el bando de Harry, no quiero tomar aún esa decisión – le explicó – Espero que cuando lo haga, tu padre pueda estar a mi lado tomando esa misma decisión –

- Que así sea entonces – concedió Draco asintiendo con la cabeza – Pero entonces quiero que sepas que firme un acuerdo de confidencialidad. No podré contarte ya nada si no eres parte de la causa –

Narcisa le miró de nuevo con asombro, pero asintió con la cabeza.

- Has lo que tengas que hacer, hijo – le contesto – Yo confío en ti, en tu juicio, y tratare de ayudarte en todo lo que me puedas decir sin faltar a esa causa –

Draco volvió a asentir con la cabeza, poniéndose entonces de pie.

- Entiendo en parte lo que hiciste – le hizo saber – No estoy de acuerdo, pero lo entiendo –

- ¿Y crees que podrás perdonarme? – le preguntó la mujer.

- Te perdono – le respondió.

Narcisa también se paró, y sonriéndole suavemente a su hijo, alargo su mano para acariciar su mejilla.

- Tienes 13 años, y aún eres un niño, pero te estas convirtiendo en un hombre del que sé que me podré sentir muy orgullosa – le hizo saber.

Draco le sonrió también suavemente ante sus palabras. Harry había tenido razón, su madre lo quería mucho, y agradecía a Merlín haber dejado de lado su orgullo, para hablar con ella y arreglar eso. Ahora sólo faltaba su padre…