Notas de la Autora: Que pena, han pasado varias semanas sin que actualizara. En verdad lo siento mucho, pero mi salud no ha sido la mejor, y he necesitado tomarme un poco de tiempo para mi, para no terminar internada y operada antes de tiempo... Igual no crean que me olvido de esta historia, aunque si les soy sincera, creo que iré un poco más lenta de lo que me hubiera gustado. Espero puedan tenerme paciencia. Tratare de seguir subiendo dos veces al mes, pero si mi salud no me ayuda, por lo menos tratare de actualizar una vez al mes... En verdad una disculpa, sobre todo a todos aquellos que se toman su tiempo en dejarme sus comentarios!
Y pasando a los agradecimientos, gracias a Macka14, Abril Elena, CIELO-BL, Malena y SofDrarry! (Que alegría verte aquí!), prometo que tratare de hacer lo posible por seguir manteniendo mi ritmo anterior de actualización, pero si no, espero puedan tenerme algo de paciencia y seguir al pendiente para cuando mi historia actualice, dejándome como siempre sus comentarios que me animan!
Y ahora si, les dejo para que pasen al siguiente capítulo!
Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D
Capítulo 3: La Fuga
Snape salió de la mente de Harry mientras éste se dejaba caer de rodillas, con las piernas y los brazos temblorosos.
- ¿Estas bien? – le preguntó Draco, acercándose para hincarse a su lado.
Hermione también se acercó. Ella y Draco iban 3 veces a la semana a la casa de Harry; Dos de esos días practicaban Oclumancia con Snape, y el tercero practicaban duelos con Sirius. Aquel día tocaba Oclumancia.
- Si… - apenas y jadeo Harry, aunque no fue capaz de levantar la cabeza.
- Deben dejar de estar husmeando por los pasillos – comentó Snape con seriedad, lo que atrajo la atención de los tres.
Harry hizo una mueca. Snape estaba tratando de entender aquellos bloqueos en la mente de Harry, y por ello, estaba hurgando en su mente más de lo que al ojiverde le habría gustado, y aunque intento mantener esos recuerdos lejos del alcance del Profesor, simplemente fue imposible.
- ¿Husmeando? – repitió Hermione insegura.
- Se refiere a nuestras salidas para ver ese espejo extraño – le explicó Harry con un hilo de voz.
La chica se ruborizo al escuchar eso, y fue incapaz de sostener la mirada del Profesor sabiéndose culpable.
- El espejo Oesed no es un espejo en el que debieran centrar su atención – les reprendió Snape.
- ¿Oesed? – repitió Hermione.
- ¿Así se llama? – preguntó Draco.
- ¿Nunca descubrieron cómo funcionaba el espejo? – les preguntó Snape con una mueca de desapruebo - ¿Qué no se supone que son de los alumnos más inteligentes en Hogwarts? – comentó con ironía – El Espejo Oesed no es un misterio, es una cuestión de lógica –
- Ni siquiera sabíamos que se llamaba Oesed – murmuró Hermione apenada – Buscamos en muchos libros, pero no encontramos nada al respecto –
- No todas las explicaciones que pueden necesitar, las encontraran en los libros, señorita Granger – les aclaro Snape mientras se cruzaba de brazos mirándoles con seriedad – En ningún libro encontraran nada de ese espejo, porque es un tesoro único de Hogwarts –
- Ahora tiene sentido porque los meses de búsqueda no dieron resultados… - mascullo Draco indignado.
- Creo que debemos replantearnos el considerarlos como alumnos muy inteligentes, si no pudieron descubrir el funcionamiento de un espejo como el Oesed – mascullo mirándolos con severidad.
Draco frunció el ceño, sintiéndose picado en su orgullo ante tales palabras.
- Aún nos falta mucho por aprender – se justificó.
- No lo dudo – comentó Snape con ironía – Pero ya se los dije, esto no es cuestión de conocimiento, sino de lógica, el espejo mismo te revela lo que es desde su nombre –
Los tres se miraron entre sí, aún confundidos, pero trataron de encontrarle el sentido a las pistas que Snape les estaba dando.
- No sabíamos que se llamada Oesed… - murmuró Hermione pensativa.
- Pero esa palabra ya la había escuchado antes – agregó Harry.
- Si, venía en la inscripción que tenía el espejo en la parte superior – les recordó Draco.
- ¿Cómo decía? – preguntó Harry.
- Es que estaba en un idioma extraño… - se excusó Hermione al no recordar el texto.
- No es un idioma extraño, es un juego de palabras – les aclaró Snape rodando los ojos – ¡Por Salazar, usen más ese cerebro que tienen! –
Hermione lo miró resentida de sus palabras.
- Eso intentamos… - murmuró.
Draco saco su varita, y como hiciera Voldemort, pero él usando letras plateadas, escribió en el aire Oesed, mirando el texto un momento.
- Ahora entiendo… - murmuró Harry de pronto, y Draco asintió con la cabeza. Agito suavemente su varita, y las palabras cambiaron su orden, comenzando por la última letra para formar la palabra Deseo.
- Estaba invertido – murmuró Hermione asombrada.
- Si su nombre es Deseo, ¿Eso significa que su poder es mostrar lo que la gente desea, sea lo que sea? – le preguntó Harry a Snape.
- Algo así – contesto Snape negando con la cabeza, pero más satisfecho de ver que los chicos estaban comprendiendo – En realidad su poder es el de mostrar los más desesperados y profundos deseos de nuestros corazones, aquellos que inclusive nosotros mismos tratamos de negarnos –
Los tres chicos se quedaron callados, mirando atónito al Profesor de Pociones, y cada uno ruborizándose en diferente medida al comprender que lo que habían estado viendo, era lo que más deseaban en el fondo de su corazón.
Quizás de todos, Draco fue el que más se ruborizo, al recordar que cuando vio con Harry el espejo casi al final del segundo año, se había visto a si mismo besando a Harry. En ese entonces aún no tomaba completa consciencia de que Harry le gustaba, pero pese a ello, ya era algo que su corazón anhelaba…
- ¿Draco? – le preguntó Harry al verlo así de rojo, y el rubio saltó, apartando la mirada incómodo.
- No pasa nada – se apresuró a aclararle.
- Terminemos el entrenamiento de hoy – les apremió Snape para atraer la atención de los chicos – Y no quiero enterarme de que han seguido yendo a ver ese espejo. No es bueno –
- ¿Por qué? – le preguntó Hermione confundida.
- Porque la gente se olvida de vivir – le respondió Snape – Como aquello que te muestra el espejo es el más grande anhelo que tiene tu corazón, muchos se han perdido en la contemplación de esos deseos, y se han olvidado de vivir para poder llegar a hacerlos realidad, o sobre todo, se han enfrascado en la contemplación de aquel deseo, cuando lo que anhelan es algo imposible –
- ¿Usted ha visto ese espejo? – se animó a preguntarle Harry, y Snape le sostuvo la mirada por algunos segundos, antes de asentir con la cabeza - ¿Y que vio? – se volvió a animar a preguntar, aunque sabía que existía la posibilidad de que su pregunta no obtuviera una respuesta.
Snape le contemplo otros largos segundos en silencio, sin ningún gesto que delatara lo que pensaba o lo que sentía.
- A tu madre viva – respondió entonces, haciendo sentir a Harry asombrado.
- Creo que yo vi a mis padres… Pero nunca estuve seguro… Sólo tenía la sensación de que podrían ser ellos – le quiso contar.
- Que no los hallas visto es lo mejor – le hizo saber Snape – Porque eso significa que no es un deseo que halla en tu corazón, que tu corazón está satisfecho y tranquilo con lo que sabes de tus padres, con las imágenes e historias que tienes de ellos –
- Pero usted ve a mi madre… - no pudo evitar observar Harry ante aquellas palabras.
- Ya te lo dije, cuando ese espejo muestra algo que ya es imposible obtener, es ahí cuando se vuelve peligroso si no sabes separarte de ese espejo y de lo que muestra – le respondió Snape con cierta frialdad – La gente olvida su vida, se centra solo en observar el espejo para poder ver aquello que saben que les es imposible alcanzar, y con el tiempo pierden la cordura, consumiéndose en la pena y el dolor, por eso ese espejo es tan peligroso. Mejor enfoquémonos en terminar el entrenamiento de hoy – agregó, queriendo desviar el rumbo de la conversación que estaban teniendo – La Profesora McGonagall me informó que van a necesitar de este mes para las preparaciones que necesitan antes de intentar transformarse en Animagos por primera vez, así que reanudaremos el entrenamiento una vez que regresen a Hogwarts en Septiembre –
- Si, está bien – convino Harry, animado al recordar que en efecto, mañana comenzarían todos los preparativos.
- Y ustedes dos – quiso agregar Snape mirando severamente a Draco y a Hermione – No quiero que anden secundando a Harry para que salga luego del toque de queda, aun cuando tengan esa Capa de Invisibilidad, ¿Quedo claro? –
Pese a que nada más se dirigía a Draco y a Hermione, incluso Harry se removió incomodo ante la penetrante mirada, y los tres asintieron con la cabeza de inmediato.
- Bien, entonces continuemos – decidió Snape, satisfecho de verlos asentir.
- No se preocupen, señor Granger, cuidaremos muy bien de Hermione – le prometió Sirius al padre de la castaña.
- Si por favor. Yo no entiendo mucho sobre lo que van a hacer, pero mi hija me dijo que necesita estar en un ambiente controlado, además de que ahí estará la Profesora que los va a guiar en este proceso – comentó el padre de Hermione.
- Así es – confirmó Sirius asintiendo con la cabeza – Nosotros estaremos al pendiente de ellos, y la Profesora McGonagall es quien guiara el proceso de ellos –
- Bueno, pues entonces esperemos que tengan éxito y ella pueda regresar a pasar algo de sus vacaciones con nosotros, si no, entonces igual nos mantendremos en contacto – comentó el padre de Hermione mirando a su hija.
- Descuida papi, te escribiré cada dos días. Harry dijo que me prestara a Hedwig para que lleve la carta – le hizo saber Hermione.
- A ella le gusta entregar la correspondencia, así que será feliz con llevarles la carta – convino Harry asintiendo con la cabeza.
- Muy bien, entonces estamos en contacto, y si no tienen éxito antes de que inicie el curso, entonces te veremos para las vacaciones de navidad, ¿De acuerdo? – le preguntó su padre a la chica, que asintió con la cabeza.
- Si todo sale bien, ya para esa fecha debería poder regresar a casa sin problema, porque ya habrían pasado muchos meses para que se presentara la tormenta eléctrica – le explicó Hermione, pero su padre sólo le sonrió amable, pues aún se hacía bolas con esas cosas que su hija le explicaba de aquel extraño mundo.
- Entonces cuídate mucho y pórtate bien – le pidió, acercándose a besar la mejilla de su hija.
- Si papi – convino Hermione besando también la mejilla de su padre.
El hombre iba a pasarle la maleta que llevaba cargando, pero Sirius se adelantó al ver eso.
- Descuide, yo la llevare – le hizo saber, tomándola antes de volverse para mirar a Harry y a Hermione - ¿Están listos? – les preguntó.
- Si – contestaron ambos.
- Entonces tomen la cuchara – les pidió mientras les tendía el cubierto, que se apresuraron a tomar Harry y Hermione.
- ¡Nos vemos luego papi! – se despidió la castaña, agitando la mano justo en el momento en que sintió el tirón en el ombligo.
Su padre se quedó con la mano alzada, mirando aún asombrado como su hija y aquel hombre con su ahijado habían desaparecido. Aún no terminaba de acostumbrarse al mundo mágico, y se preguntó si algún día lo haría.
- Me alegra que tus padres hubieran accedido a que pasaras el resto de las vacaciones aquí de ser necesario – le dijo Harry mientras seguía a Sirius hacía la habitación que le destinarían a la castaña.
- A mí también me alegra. Así podremos enfocarnos en el proceso para la transformación – comento Hermione sonriendo – Aunque estoy un poco nerviosa –
- Yo creo que les irá bien – opinó Sirius – Son chicos muy inteligentes y comprometidos, además, están recibiendo la mejor ayuda y dirección con Minerva, así que sin duda podrán lograrlo –
- Yo también creo que podremos lograrlo, aunque si estoy algo nervioso – confeso Harry sonriendo divertido.
- Es normal – comentó Sirius, abriendo la puerta de la habitación donde la chica se quedaría, para entrar y dejar la maleta sobre el baúl que había a los pies – Listo, aquí te quedaras, Hermione, espero que te guste –
- Es muy hermosa y espaciosa – le aseguró Hermione sonriéndole mientras admiraba la habitación – Muchas gracias, señor Black –
- ¡Por Merlín, no me digas señor Black, me haces sentir viejo! – le pidió el mayor haciendo un gesto de escalofríos – Me llamo Sirius, y de preferencia háblame de tu –
- Si, porque lo que menos quiere Sirius es sentirse viejo – comentó divertido Harry.
- ¡Porque aún no estoy viejo, niño! – se defendió Sirius fingiéndose ofendido, mientras alborotaba el cabello de Harry, que se rio divertido ante el gesto.
Justo en ese momento, el sonido de campanillas se escuchó.
- ¡Quizás sea Draco que ya viene! – exclamó Harry animado - ¡Vamos Herm! – y salió corriendo de la habitación.
- Con permiso Sirius – le dijo la chica, algo apenada de dirigirse así al hombre, antes de salir detrás de Harry.
Sirius sólo sonrió, y salió con tranquilidad detrás de ellos, sintiéndose bien de ver a Harry tan feliz, de ver que tenía dos amigos en los que confiaba tanto, y que mostraban su interés y preocupación por ayudarlo en aquello que se le presentaba enfrente.
- Muy bien, ¿Tienen todo listo? – les preguntó Minerva, observando los frascos y los ingredientes frente a cada uno de los chicos. Lo que podía ser recolectado, ya había sido recolectado, y lo que no, como la gota del rocío, plateado, se obtendría en unos días.
- Si – respondieron los tres al unísono.
- Perfecto. Recuerden que una vez que comiencen, no deben interrumpir el proceso. Será largo y deberán tener mucha paciencia, pero si lo hacen bien, al término de estos 30 días, sólo restaría esperar la tormenta eléctrica – les volvió a explicar Minerva con paciencia – Cuando la tormenta comience, vendrán de inmediato, y cada uno se resguardara en la mazmorra que tenga su nombre. Con el primero que iniciare será con Harry, luego con el joven Malfoy, y al último con usted señorita Granger. ¿Alguna duda? –
- No – respondió Hermione mientras Harry y Draco negaban con la cabeza.
- Bueno, entonces dejemos que esta sea la mazmorra donde hará su proceso Harry, y salgamos con las cosas para que cada uno ocupe una de las otras mazmorras – les indico Minerva, y ayudo a Hermione a llevar su material, mientras Harry ayudaba a Draco.
Hermione tomó una de las mazmorras y dejo las cosas en una mesita que ya estaba preparada, mientras Draco hacía lo mismo en otra de las mazmorras. Una vez que terminaron, salieron al pasillo con la hoja de Mandrágora.
Minerva hizo un movimiento de su varita en cada una de las puertas, grabando el nombre de quien la ocuparía.
- Estoy nerviosa… - murmuró Hermione mientras veía a la Profesora hacer.
- Esta es la parte más fácil de todas Granger, sólo mantén la hoja en la boca – comentó Draco con tranquilidad.
- Hemos practicado mucho durante el año pasado, y leído mucho para este momento, lo haremos bien – le animó Harry sonriéndole.
- Listo. Ahora salgamos con la hoja de Mandrágora, para que cuando salga la luna llena, la puedan poner en su boca – les indico la Profesora una vez que termino, y salieron al patio trasero, mirando el oscuro cielo cubierto de nubes – Recuerden que esta es la parte que requiere más paciencia y control, y si todo sale bien, quizás inclusive antes de que entren a su tercer año de Hogwarts, puedan convertirse ya en Animagos –
- Eso sería excelente – opinó Draco sonriendo orgulloso de pensar en lograr algo así con tan solo 13 años, y antes de iniciar su tercer curso.
Minerva observaba el cielo, y al ver la luna brillar por fin entre las nubes, miró a los chicos.
- Es hora de ponerse la hoja en la boca – les indico, y al puntos, los tres hicieron lo que la bruja les indicaba – Recuerden, mucha paciencia y control, que es lo que necesitaran en esta fase para no terminar escupiendo por accidente la hoja o pasándosela. Ahora pueden irse a dormir, haciendo los ejercicios que estuvimos practicando de concientización del cuerpo para que no vayan a comerse la hoja. Cuando pase el mes, regresare para apoyarlos con la mezcla que tendrán que hacer. Por ahora, pueden irse –
Los tres asintieron con la cabeza y regresaron al interior de la casa. Remus que salía al patio, les sonrió y acaricio cariñoso el cabello de Harry, antes de acercarse a la bruja.
- ¿Todo listo? – le preguntó.
- Todo listo – confirmó la mujer asintiendo con la cabeza.
- Vamos adentro entonces para que tomes una taza de té – le ofreció el castaño, lo que hizo sonreír a la mujer.
- Que amable, pero no quiero molestarlos – le dijo.
- No es ninguna molestia – terció la voz de Sirius desde la entrada de la casa, donde se encontraba apoyado en el marco – Estas ayudando a Harry con algo muy importante. Nuestra hospitalidad es lo menos que podemos ofrecerte –
Minerva le miró apenas unos segundos, antes de asentir con la cabeza.
- Entonces me permitiré aceptar esa taza de té – convino.
Entraron a la casa, donde Dobby se apresuró a servirle té y unas galletas, al igual que a Sirius y a Remus.
- Gracias Dobby – le dijo Sirius.
- Me alegra ayudar – le respondió Dobby orgulloso de sí mismo antes de irse para dejarles platicar.
- En verdad gracias por estarlos ayudando – le quiso decir Sirius – Pero sobre todo, porque sé que no estuviste de acuerdo con que el Ministerio no se enterara cuando ellos pudieran adoptar sus forma Animaga –
Minerva suspiro suavemente luego de darle un trago a su bebida.
- No, no estuve de acuerdo, pero entiendo el punto que ustedes ven en todo esto – le hizo saber, mirando un momento su té, antes de mirar a ambos hombres – Sé lo importante que puede ser, y la diferencia sobre todo que puede hacer, el que nadie conozca este tipo de información –
- Así es, eso puede ser la diferencia para ellos entre morir o poder huir si llega a darse el momento – convino Remus asintiendo con la cabeza, gesto que Minerva repitió.
- Por eso acepte – les hizo saber – Estamos entrenando a estos jóvenes con la intensión de que sobrevivan a esta guerra, y el poder convertirse en Animagos es sólo una herramienta más que tendrán para alcanzar ese objetivo. Aún no olvido que cuando el Ministerio estuvo bajo el control de Voldemort la primera vez, el dato de los Animagos registrados les ayudo a matar a muchos magos y brujas –
Sirius asintió con la cabeza ante ese comentario.
- Lo sé. Que mis datos no estuvieran en el Ministerio fue lo que me ayudo a escapar en varias ocasiones sin que sospecharan de mi forma Animaga – comentó.
- Yo a diferencia tuya, tuve que abstenerme de usar mi forma Animaga, porque más que una ventaja, se convertía en una desventaja – observó Minerva con tristeza – Es por eso que estuve de acuerdo en que esto se mantuviera al margen del Ministerio –
- Es un gran paso el que están dando – comentó Remus antes de morder una de las galletas.
- Lo es – confirmó Minerva – Si lo logran, serán los más jóvenes de Inglaterra en conseguirlo –
- Esperemos que sea así. Son jóvenes muy comprometidos y decididos, deberían poder hacerlo con la instrucción tan buena que han tenido de tu parte – opinó el castaño, lo que hizo sonreír suavemente a la mujer.
- Pudieron haber tenido la instrucción de Dumbledore y habría sido aún mejor – comentó ésta.
- No lo creo. Si Dumbledore te pidió que lo hicieras, seguro sabe que quien mejor puede enseñarles eres tú – le aseguro Sirius – Y eres de las mejores, incluso lo lograste a una edad muy temprana gracias a tu control y perseverancia –
- Esperemos que ellos también puedan lograrlo – comentó Minerva.
- Esperemos que si – convino Sirius asintiendo con la cabeza – Yo confió en que así será –
- De todas formas, la parte más difícil de todo esto es esperar la tormenta eléctrica, ¿No? – preguntó Remus curioso - Por qué no sabemos cuándo será, y ellos deben estar alerta –
- Así es – confirmó Minerva asintiendo con la cabeza – Pero esperemos que pueda ser antes de que regresen a Hogwarts, o eso complicara la situación un poco –
Cuando la siguiente luna llena llego, los tres habían logrado mantener su hoja de Mandrágora en la boca, por lo que Minerva fue para continuar el proceso, recordándoles cada paso que seguía, y supervisando que lo hicieran de la forma correcta, hasta el momento en el que dejaron reposando la mezcla en cada una de las mazmorras, en espera de que llegara la tormenta eléctrica.
- Espero que podamos convertirnos en Animagos antes de que tengamos que regresar a Hogwarts – comentó Hermione cuando subían las escaleras.
- Si no hay tormenta eléctrica antes de eso, ¿Qué es lo que haremos, Profesora? – quiso saber Harry mirando a la bruja.
- El Profesor Dumbledore preparara un lugar especial para que puedan continuar con el proceso de transformación, pero lo preferente es que todo quede terminado antes de que regresen a Hogwarts – les explicó.
- Si, esperemos que la tormenta caiga en estas fechas – intervino Remus que se había acercado una vez que subieron de las mazmorras.
- Se están pronosticando climas lluviosos para los siguientes días, así que esperemos que tengan suerte – convino Sirius animado.
- De igual forma deben recordar que cada mañana y tarde deben pronunciar el hechizo que aprendieron. Es muy importante – agregó la bruja mirando a los niños, sintiéndose satisfecha al verlos asentir con la cabeza, por lo que dirigió su atención a Sirius y Remus – Bueno, creo que es hora de retirarme para que todos ustedes puedan descansar – agregó.
- Muchas gracias por tu tiempo y ayuda, Minerva – le dijo Remus, mientras él y Sirius la guiaban al pórtico desde donde podría desaparecer.
- ¡Por fin podré dormir sin tener que estar atento a esa hoja! – comentó Harry animado, estirándose cuan largo era. Aunque había crecido más, no dejaba de notar que todavía Draco era más alto que el por algunos centímetros, no demasiados, pero era algo que no se podía negar, y que no terminaba de hacerle completa gracia.
- Lo sé. La primera noche me costó muchísimo dormir, y tenía tanto miedo de despertar y descubrir que por accidente me la había pasado – les confeso Hermione apenada.
- Obviamente te falto practica entonces – comentó Draco.
- Vamos Draco, se nota que tampoco la pasaste tan bien – comentó Harry divertido, y sin pensarlo, paso la yema de sus dedos por debajo de los ojos, donde unas ligeras y apenas perceptibles ojeras comenzaban a notarse.
Draco se ruborizo ante el tacto, y tomó la mano de Harry con toda la intensión de apartarla de su rostro, pero al final ni siquiera la soltó, se quedó pensando mientras la miraba, en lo suave que sentía su piel pese a ser un chico.
- ¿Draco? – le preguntó Harry, mirándolo confundido de ver que parecía que el rubio se desconectaba, y cuando éste parpadeo ante aquellas palabras, Hermione se rio divertida.
- En verdad que te vas a las nubes en segundos – comentó la chica, ante lo que Draco soltó a Harry y ligeramente ruborizado, apartó la mirada.
- Cállate, Granger – mascullo comenzando a caminar – Mejor vámonos ya a dormir. En verdad estoy cansado –
Harry miró curioso la espalda de Draco. No supo porque, pero la forma en que el rubio tomo su mano le hizo sentir un ligero escalofrió.
- ¿Ahora tú también estas en las nubes, Harry? – la voz bromista de la castaña lo saco de sus pensamientos, y parpadeando, negó con la cabeza, negándose a pensar nada más sobre aquello.
- No, pero Draco tiene razón, estoy cansado y quiero dormir – comentó, y ambos siguieron al rubio escaleras arriba.
Las suaves campanillas comenzaron a sonar con insistencia, y a los pocos segundos Dobby se apareció. Vestía una camisa larga y aguada que le cubría por completo, y un gorrito de noche. Estaba aún bastante dormido, pero conecto la chimenea.
- ¿Si? – contesto.
La cabeza del Profesor Snape apareció en la chimenea, y miró al Elfo por unos segundos confundido, antes de recordarse que no debería estar pendiendo el tiempo.
- Trae a Black y a Lupin – le ordeno – Es una emergencia de la Orden –
No necesito decir más, al escuchar eso, Dobby comprendió a qué Orden se refería y lo importante que eso era. Sus ojos se abrieron como platos.
- ¡Enseguida! – chillo, y desapareciendo, apareció a los pies de la cama donde ambos hombres dormían, Remus en brazos de Sirius, cubiertos por la cálida cobija que era lo único que los cubría - ¡Señor Black, señor Lupin, deben despertar de inmediato, es una emergencia! – les llamó con su voz chillona y ansiosa, haciendo saltar a ambos hombres en la cama, que sin pensarlo y en un acto reflejo tomaron las varitas apuntando al Elfo - ¡No deben lastimar a Dobby!, ¡Dobby no quería asustarlos! – chillo éste asustado, cubriéndose la cara con los brazos, temblando.
- ¡Lo siento, Dobby, lo siento! – se apresuró a disculparse Sirius, agitando su varita para encender la luz, mientras Remus se cercioraba con pena, de estar bien cubierto por la cobija – Es sólo que nos asustaste, no esperábamos que aparecieras de pronto dentro de nuestro cuarto de esta forma –
Al escuchar eso, Dobby saltó, recordando el motivo por el cual estaba ahí.
- ¡El Profesor Snape apareció en la chimenea! – les explicó de inmediato y con prisa - ¡Dice que es una emergencia de la Orden! –
Remus y Sirius apenas e intercambiaron una mirada al escuchar eso.
- Dile que bajamos en un momento – le indico al Elfo, que se apresuró a desaparecer, apareciendo a los pocos segundos frente a la chimenea, donde la cabeza del Profesor seguía.
- Ya vienen – le informó.
Snape sólo asintió con la cabeza, y a los pocos minutos vio a ambos hombres aparecer en pijama.
- ¿Qué sucede? – preguntó Sirius.
- Escapo – fue toda la respuesta de Snape, pero ninguno de los dos tuvo que preguntar a quien se refería. La dura seriedad en aquel rostro, y la forma tan gélida en que fueron dichas aquellas palabras, bastaron para que supieran de quien hablaba.
- Estas bromeando… - murmuró Sirius pálido.
- Nos acaba de informar Moody – respondió simplemente Snape.
- ¡Maldito desgraciado! – bramó Sirius, dando una patada al suelo furioso, pero Remus tomó su brazo.
- Baja la voz, los niños están dormidos – le recordó, antes de mirar a Snape - ¿Cuáles son las instrucciones? –
- Sólo que vigilen a Harry. Dumbledore dice que lo mejor es que le des una repasada a las barreras que proteger Grimmauld Place – le indico Snape a Sirius – Aún estamos tratando de investigar cómo fue que logró escapar de Azkaban. Si tengo noticias se las haré saber – y sin mayores palabras, su cabeza desapareció de entre las llamas, dejando a Sirius y Remus mirando aquellas llamas que volvían a ser rojas.
- Si lo encuentro, lo matare con mis propias manos… - mascullo Sirius, con un brillo tal en sus ojos a causa de la furia y del fuego que miraba, que el gris parecía en aquellos momentos plata liquida.
- Sirius, debes tranquilizarte. Nuestra prioridad no es ir tras él y lo sabes, nuestra prioridad es y siempre ha sido proteger a Harry – le recordó Remus.
- ¿Protegerme de quién? – quiso saber Harry, y ante su voz, ambos hombres saltaron, volviéndose para ver que no sólo Harry estaba ahí en pijama, sino Draco y Hermione.
- Deberían regresar a dormir, chicos – comentó Remus acercándose con toda la intensión de llevarlos a sus cuartos, mientras Sirius apartaba la mirada al fuego, no queriendo que Harry viera la expresión que había en su rostro, aunque Harry ya la había visto.
- ¿Qué paso? – presiono Harry sin moverse de su lugar, y al ver aquello, Draco y Hermione permanecieron a su lado, aunque Hermione se sentía insegura de estar ahí en un tema que le parecía que sólo concernía a aquellos dos hombres y Harry.
- Escuchamos mucho alboroto y nos levantamos – se animó a comentar pese a todo.
- Si algo está mal, creo que lo mejor es que sepamos – agregó Draco, que pensaba que si algo o alguien atentaba contra la vida de Harry, lo mejor era saberlo.
- No sé si eso sea lo mejor… - murmuró Remus mirando a Harry inseguro.
- Igual se enterara… - comentó Sirius con la mirada perdida en el fuego – Mejor que sea por nosotros –
- ¿Qué paso? – se animó a preguntar Harry al escuchar decir aquello a su padrino, mirándolos atento.
Remus hizo una mueca, y aspiro hondamente el aire, antes de soltarlo en un suspiro.
- Entonces sentémonos – les indico señalando los sillones – Dobby – agregó, mirando al Elfo que se había mantenido callado y aparado en un extremo de la habitación - ¿Puedes ayudarme a preparar té? – le preguntó.
- ¡Si, por supuesto! – respondió el Elfo con un pequeño brinco, antes de apresurarse a la cocina.
Harry se sentó en medio del sillón de 3 plazas, por lo que Draco se sentó a su derecha, y Hermione a su izquierda, mirando a ambos hombres.
- ¿Y bien? – preguntó el ojiverde.
Durante unos segundos, ninguno de los dos dijo nada. Por primera vez, Remus no sabía cómo dar una noticia, así que agradeció en cierto modo, cuando fue Sirius el que rompió aquel tenso silencio.
- Peter Pettigrew escapo de Azkaban – les informó sin moverse de donde estaba, dándoles la espalda mientras miraba fijamente el fuego.
- ¡¿De Azkaban?! – repitió Draco mirándolo atónito.
- Pero eso es imposible… - murmuró Hermione mirando con los ojos abiertos de par en par a ambos adultos - ¡Nunca nadie se ha escapado de esa prisión!, ¡Azkaban es la prisión más segura que existe! –
- ¿Cómo? – preguntó Harry, y tanto Draco como Hermione le miraron con asombro, porque aquella pregunta fue hecha con más calma de la que podrían haber esperado, más calma de la que incluso ellos mismo eran capaces de sentir en aquel momento.
- Aún no lo sabemos – le explicó Remus mirándolo curioso – Severus sólo nos informó que había escapado para que estuviéramos alerta, ya que es probable que intente buscarte. Supongo que en el transcurso de las horas o los días podremos tener más información –
Harry asintió con la cabeza ante sus palabras.
- ¿Y qué es lo que haremos? – preguntó.
- Mantenerte seguro hasta no saber qué es lo que planea – le respondió Sirius mirándolo por fin, y era tal la determinación y seriedad en su rostro, que Harry no protesto como bien habría querido hacer.
En ese momento se apareció Dobby llevando galletas y té, que sirvió en tazas para ofrecer a cada uno de los presentes. Al final, se quedó con una taza propia, y se mantuvo cerca, dispuesto a escuchar para saber si necesitarían ayuda de su parte.
- No es bueno moverse sin un plan, y realmente no sabemos ni siquiera como es que pudo escapar – agregó entonces Remus, yendo a sentarse a uno de los sillones individuales, luego de darle un trago a su taza – Lo mejor es esperar a tener la información, y sobre eso tomar decisiones, por lo que de momento lo más importante es como bien dijo Sirius, mantenerte seguro –
- ¿Cómo obtendrán la información? – quiso saber Harry.
- Moody se encargará de eso. Ya no es tan activo como antes en el cuerpo de Aurores, pero aún tiene una buena posición además de muchos contactos – les explicó Remus – Conforme obtenga la información, se la hará saber a Albus –
- Y Albus se encargara de informarnos a nosotros – agregó Sirius.
- Entonces sólo nos queda esperar – comentó Hermione, mirando su taza de té antes de darle un sorbo.
- En parte – confirmó Remus.
- ¿Por qué en parte? – preguntó Draco confundido.
- Aún hay algo que se debe hacer, pero eso sólo puede hacerlo Sirius – aclaró el castaño.
- ¿Qué? – quiso saber Harry mirando a su padrino.
- Necesito supervisar el estado de las barreras que custodian la casa, para confirmar que todo estén en orden y que Peter no vaya a poder entrar – le explicó Sirius.
- ¿Cómo se hace eso? – se animó a preguntar Hermione curiosa.
- Ese tipo de preguntas no se hacen, Granger – le censuro Draco mirándola de reojo.
- ¿Por qué? – preguntó la chica confundida e insegura ante la observación.
- Preguntar eso, es casi como si estuvieras pidiendo una llave para poder entrar a la casa cuando quisieras – trato de explicarle Harry.
- ¡Oh!, Lo siento…! ¡No pretendía…! - murmuró la chica apenada.
- No te preocupes, Hermione – le pidió Sirius restándole importancia – Son cosas a las que no estas acostumbrada al no vivir en el mundo mágico. Así que no puedo explicar el cómo, pero a groso modo lo que sí puedo decir es que todas las casas mágicas, sobre todo las más antiguas, tienen un núcleo de protección en algún lado de la estructura, que es lo que mantiene las barreras. Sólo el Jefe de Casa sabe dónde está y como funciona. Cuando el momento llega, también es información que se le transmite al Heredero, y como Heredero Legal, Harry, creo que es un buen momento para enseñártelo – agregó mirando a Harry, que le regreso la mirada asombrado.
- ¿Y cuándo lo haremos? – quiso saber animado.
- Debe ser hecho lo más pronto posible – le respondió Remus sonriéndole suavemente – Vayan. Nosotros los esperaremos aquí –
Aun asombrado, Harry asintió con la cabeza y se levantó.
Hermione tenía muchas ganas de ir, pero al ver que Draco no se movió de su lugar cuando Harry se levantó, se obligó ella misma a permanecer sentada.
- Estoy empezando a darme cuenta de que la casa es más grande de lo que había pensado – comentó Harry mientras seguía a su padrino por un pasillo, luego de entrar en una pared oculta.
- Si, lo sé – aceptó Sirius sonriendo divertido – La casa es más grande de lo que a simple vista se ve, y tiene incluso lugares para ocultarse en caso de algún ataque inesperado, algo así como habitaciones seguras. Más adelante te mostrare donde están, pero esos son lugares donde sólo la familia Black puede resguardarse. Siendo el Heredero Legal, también podrías usarlos, pero ni Draco ni Hermione podrían –
Harry hizo una mueca al escuchar eso, sin dejar de seguir a su padrino en ningún momento.
- Esperemos que nunca sea necesario – comentó.
- Esperemos que no – concordó Sirius, deteniéndose por fin frente a una pesada puerta de madera negra que no tenía picaporte alguno – Llegamos – le informó, y Harry observó que en el marco de la puerta, con elegantes letras grabadas sobre la madera, rezaba el lema de los Black: Toujours Pur.
- ¿Y cómo entraremos? – preguntó curioso.
- Esta puerta sólo se abre ante el Jefe de Familia, y sólo él puede entrar, así que cuando la abra, para que tú también puedas entrar, o para que se abra ante ti en algún futuro, la magia de la casa deberá confirmar primero que en efecto eres un Heredero –
- ¿Cómo será eso? – quiso saber.
- No duele, pero no creo ser capaz de describirte lo que se siente. Necesitas sentirlo tú mismo – le explicó Sirius sonriendo divertido, y sin decir más, apoyó ambas palmas de las manos sobre la puerta de madera.
Harry sintió una corriente cálida de aire rodeándolos. También una ligera sensación de cosquilleo recorrerle la piel, y vio que de pronto la puerta simplemente se desvanecía como humo.
Sirius dio un paso dentro de la habitación, y cerrando los ojos, dejo que la magia del lugar le rodeara, reconociéndole, uniéndose a ella antes de volverse a mirar a Harry, tendiéndole la mano.
- Dame la mano, y entonces entra – le indico.
Harry no lo dudo, tomó la mano de su padrino, aunque al hacerlo sintió un cosquilleo en la palma de la mano. Cuando atravesó el quicio de la puerta, de pronto sintió como si alguien le hubiera golpeado el estómago. El aire escapo por completo de sus pulmones, y sintió como si el suelo bajo sus pies desapareciera, permitiéndole una caída libre.
Los primeros segundos no fue capaz de ver nada, sólo negro a su alrededor. Entonces, formas y colores comenzaron a aparecer, pero él caía tan rápido que era incapaz de diferenciarlos con exactitud. Lo siguiente que registro fue como si de pronto se sumergiera en agua, y un pensamiento de pánico lo asaltó, sólo para darse cuenta al jalar una bocanada de aire, que podía respirar dentro de esa agua.
Muchas voces comenzaron a escucharse entonces, todas voces de hombres, y la mayoría de hombres grandes. Miró alrededor, tratando de encontrar la fuerte del sonido, hasta que una voz se destacó entre ellas, y pudo ver una mano tendida a pocos centímetros de él.
- Toma mi mano, Harry – le indico Sirius, y Harry se aferró a aquella mano como si de una tabla en medio del mar se tratara.
De pronto todas esas sensaciones cesaron, y aturdido, cayó al suelo de rodillas, jadeando y temblando, pero sin estar mojado, de hecho, no parecía inclusive haberse movido del lugar donde estaba cuando todas aquellas sensaciones comenzaron.
- ¿Estas bien? – le preguntó Sirius hincándose a su lado, secando amablemente el sudor de su frente.
- Si… - apenas y pudo responder entre jadeos, mirando entonces a su padrino - ¿Qué fue eso? –
- La evaluación que hizo la casa de ti – le explicó Sirius sonriéndole – Descuida, sólo se siente así la primera vez –
- Menos mal… - murmuró Harry, y con ayuda de su padrino se puso de pie, comprobando que aún le temblaban un poco las piernas, pero que podía mantenerse de pie.
- ¿Quieres que esperemos un poco? – le preguntó Sirius atento.
- No, está bien, puedo continuar – le aseguro Harry, y Sirius le miró un poco, antes de asentir con la cabeza. Saco la varita, y agitándola, al punto se prendieron las velas que estaban sobre los candelabros de las paredes, iluminando una enorme habitación que estaba rodeada del techo al suelo por un papel tapiz en el que podían verse rostros y nombres.
Asombrado, Harry se acercó a aquel papel, mirando las imágenes de rostros que ahí había.
- Sirius Black – leyó, viendo con curiosidad que la imagen del rostro que ahí se mostraba, no era la de su padrino, y que a diferencia de las otras imágenes que se veían a color, esta se veía en tonos grises, además del hecho de que tenía dos fechas bajo el nombre - ¿Era un pariente tuyo? – aventuro, mirando de reojo a Sirius, que se mantenía cerca de él, pero algunos pasos por detrás.
- Así es – confirmó Sirius asintiendo con la cabeza, mirando el papel tapiz ligeramente pensativo – Este es el árbol genealógico de los Black. Cada que un Black nace, muere o se casa, este árbol lo registra sin que nadie tenga que intervenir –
- Vaya… - murmuró Harry asombrado, y siguió mirando un poco más, queriendo encontrar la imagen de su padrino – Entonces eso significa que inclusive estas imágenes son creadas a base de magia, ¿Cierto? – preguntó, al notar que algunas imágenes mostraban jóvenes, y otras a adultos o viejos.
- Así es. Siempre te mostrara el aspecto que tiene o tuvo la persona que aparece ahí – le explicó Sirius.
- En verdad es asombroso… - comentó Harry, y sonrió ampliamente al encontrar a su padrino. Aunque también pudo verse a sí mismo plasmado ahí con una línea que lo vinculaba a su padrino, su atención derivo en una imagen a la misma altura que la de Sirius, donde se mostraba el rostro de un joven, aunque en tonalidades grises más claras que el resto – Regulus Black… ¿Tuviste un hermano? – le preguntó atónito.
Sirius miró la imagen de Regulus en el tapiz, y su mirada se perdió ahí por algunos segundos en los que no respondió.
- Si, lo tuve – dijo al fin.
- Pero… ¿Qué le paso? – se animó a preguntarle Harry, no muy seguro de que pudiera estar haciendo esa clase de preguntas, pero queriendo saber más al respecto.
- Voldemort lo mato – le explicó Sirius, y aparto la mirada de aquel lugar, llevándola al otro extremo de la habitación.
- Lo siento… - murmuró Harry al escuchar aquello, imaginando por el comportamiento de su padrino, que ese no era un tema fácil de tratar.
- No te preocupes, no lo sabías – le restó importancia Sirius, acariciando y alborotando en el proceso su cabello, aunque Harry aún le miraba inseguro.
- ¿Puedes contarme sobre él? – le pidió, preguntándose si estaba bien hacer un pedido de ese tipo.
Sirius hizo una mueca, y su mirada regreso a la imagen de Regulus en el tapiz.
- No creo que sea buena idea, Cachorro – comentó – Él no era una buena persona, y no murió por una buena causa –
- Pero dijiste que Voldemort lo mato… - observó Harry confundido.
Sirius suspiro pesadamente, y cerró momentáneamente los ojos.
- Lo siento, si no quieres, no tienes que hablarme sobre él – le aseguró Harry al verlo así, no queriendo incomodar o lastimar a su padrino, pero Sirius sonrió suavemente, y abrió los ojos mirándolo.
- Esta bien. Es sólo que, aunque ha pasado mucho tiempo, aún me duele hablar de él… Remus dice que es porque no hablo lo suficiente de él, pero tampoco hay mucho que explicar – le hizo saber Sirius antes de mirar de nuevo la imagen de Regulus en el tapiz – Era mi hermano menor, y cuando tome la decisión de irme de la casa, no pude llevarlo conmigo… Toda la responsabilidad cayó sobre él. Luego me entere por medio de Snape que se convirtió en Mortífago a instancias de mis padres, y al poco tiempo fue asesinado –
- Pero… - murmuró Harry aún más confundido.
- Era un Mortífago, pero parece que debió haber hecho algo mal, porque lo último que supimos fue que otro Mortífago lo mato por órdenes de Voldemort – le aclaró Sirius.
- Pobre… - murmuró Harry, mirando el tapiz con tristeza.
- Si, pobre… - convino Sirius con cierta amargura en la voz, por lo que Harry se acercó a abrazarlo.
- Lamento haberte hecho recordar eso – se disculpó.
- Descuida, Cachorro, estoy bien – le aseguró Sirius devolviéndole el abrazo – Pero será mejor que nos enfoquemos en las barreras para poder regresar pronto con los demás, ¿De acuerdo? –
Harry asintió con la cabeza, y separándose de Sirius, le dirigió una última mirada a la imagen de Regulus, antes de seguir a su padrino al centro de la habitación, donde estaba plasmado en el suelo una imagen enorme del escudo de los Black…
