Notas de la Autora: Holis! Aquí trayendo un nuevo capítulo! Espero que sea de su agrado, y disculpen la tardanza, trate de actualizar la semana pasada, pero por mi trabajo me vi muy saturada. Igual aquí ya lo traigo y espero sea de su agrado! También aclarando unas preguntas que me hicieron: Mi plan es terminar esta historia y hacer el total de 7 que tenía pensadas, pero mi salud no ha andado muy bien y de pronto mis tiempos de actualización han variado un poco a diferencia de las otras dos historias pasadas.

Es por esto que estoy muy agradecida con quienes me siguen y apoyan constantemente, dejándome sus comentarios para animarme a continuar. Realmente sin esas personitas hermosas, quizás ha estas alturas ya habría parado la historia dado que mi salud no ha sido tan buena, pero sus comentarios siempre apoyándome y animándome, contándome lo que les gusta de mi historia y sus teorías, es lo que me anima a seguir. Por eso muchas gracias a SofDrarry, Malena, CIELO-BL, Abril Elena, susigabi, Macka14 y DANTE77. Ya saben que les contesto en la parte destinada a ello, y una disculpa a quienes no puedo contestarles, pero si me comentan de forma anónima, no me es posible hacerlo. Igual los menciono aquí en los agradecimientos!

Ahora si, pásense a la historia, y espero sea de su agrado!

Disclaimer: Ya saben que nada de este mundo me pertenece, todo es de la queridísima J.K. Rowling, yo solo lo manipulo para mi entretenimiento :D


Capítulo 4: El Más Buscado

- No es tan complicado, pero si es cansado – le explicó Sirius mientras se ponía en el centro del escudo – Ven, acércate, necesitas estar aquí para enseñarte como deberás hacer en el futuro – añadió, haciéndole un gesto con la mano a Harry, al ver que permanecía de pie al margen del escudo.

En cuanto Harry entro al escudo, pudo sentir como si un viento fresco le recorriera haciéndole estremecer ligeramente, como si aquel aire pudiera atravesar cada partícula de su cuerpo.

- ¿Lo sientes? – le preguntó Sirius, y Harry asintió con la cabeza mientras se miraba las manos – Es la magia que está conectándose contigo y que hay en este lugar, de cada ancestro Black – le siguió explicando el mayor – A partir de ahora, tú también podrás sentir cualquier cambio en las barreras, cualquier interferencia que intenten hacer en la misma, o a la gente que entre y salga de esta casa, pero no podrás controlarla hasta que te unas a ella –

- ¿Hasta que me una? – repitió Harry mirando a su padrino confuso.

- Hasta el momento en que yo falte – le aclaró, y Harry no pudo evitar estremecerse ante aquella sola perspectiva – Cuando eso suceda, la casa te reconocerá como el Jefe de Familia de la Casta Black, y entonces cuando vengas aquí, tendrás que contribuir con parte de tu magia para reforzar las barreras. De esa forma, la casa te reconocerá como el dueño, y ahora si podrás controlarlas –

- Espero que eso no pase pronto… - murmuró Harry incómodo, lo que hizo sonreír a Sirius.

- Esperemos que no, Cachorro, tengo toda la intensión de verte crecer y casarte – le aclaró Sirius, acariciando su mejilla, lo que hizo sonreír al menor – Y ahora continuemos. Tienes que tener bien presente lo que quieres hacer con la barrera, para que esta responda –

Los siguientes minutos, Harry vio a Sirius desplegando un gran caudal mágico que nunca imagino que tuviera, y sintió la magia del lugar respondiendo a él. Sintió también como las barreras se movían, se reforzaban, como Sirius las analizaba a cada centímetro, confirmando su solidez y fuerza. A través de estas barreras, también pudo saber el lugar exacto en donde se encontraban Remus, Draco, Hermione y Dobby.

Cuando Sirius termino, suspiro cansado, y Harry mismo descubrió que se sentía cansado luego de sentir tanta fluctuación de magia a su alrededor.

- Hemos terminado – le informó Sirius – Regresemos con los demás ahora –

- Esta bien – convino Harry, y apenas se acercó a la pesada puerta de madera, esta se desvaneció. En cuanto los dos salieron, la puerta volvió a aparecer sólida en su lugar – Ese lugar está diseñado para contener y permitir el flujo de la magia por el resto de la casa, ¿Cierto? – le preguntó

- Así es – confirmó Sirius – Hacer un lugar así requiere de mucho trabajo y magia, pero ayuda cuando quieres proteger el lugar de una manera eficaz, sobre todo, cuando ya tienes generaciones de hacer esto, porque entones el lugar es mucho más fuerte y seguro –

- Si, ahora me doy cuenta – comento Harry – Nunca hubiera imaginado que las barreras de la casa fueran tan fuertes, si no lo hubiera visto –

Sirius sonrió divertido ante sus palabras, acariciando su cabello.

- Si quieres, la próxima vez que regrese, puedes venir conmigo – le ofreció.

- Si, me gustaría – aceptó Harry sonriendo animado – Aunque debo confesar que pese a que yo no hice nada, me siento muy cansado –

- Es normal, porque estuviste rodeado de un flujo constante, antiguo y muy fuerte de magia, y aún eres pequeño, así que tu magia no se ha terminado de desarrollarse por completo – le explicó Sirius divertido – Conforme crezcas, veras que será más fácil –

- Eso espero – comentó Harry divertido.

- Veras que si – le aseguró Sirius, al mismo tiempo que llegaban a la sala donde los otros les aguardaban.

- ¿Todo listo? – pregunto Remus.

- Todo listo – confirmó Sirius asintiendo con la cabeza – Así que ahora es mejor que cada quien regrese a su cuarto para descansar, porque a nosotros dos en verdad que nos hace falta, ¿Verdad, Cachorro? –

Harry se rio, asintiendo con la cabeza.

- La verdad si – convino.

Hermione tenía mil preguntas, pero podía ver en el rostro de su amigo que en verdad se veía cansado, así que sólo asintió con la cabeza, y junto a los demás subió al piso de arriba para ir a su habitación.


- ¿Aún no sabemos cómo escapo? – le preguntó Minerva a Dumbledore. Su expresión siempre severa, ahora reflejaba la preocupación que sentía.

- No, aún no. Alastor todavía no se ha puesto en contacto desde la última vez – le respondió el mago mayor mientras miraba por una de las ventanas la oscuridad de la noche.

- Que haya logrado escapar no es nada bueno, Albus, no, cuando sabemos que Voldemort poco a poco está recuperando su fuerza – comentó la bruja con esa preocupación que sentía.

- Lo sé. Ahora deberemos estar mucho más alerta – opinó el mago.

Justo en ese momento, una luminiscencia plateada atravesó la ventana, haciendo a ambos dar algunos pasos hacia atrás, y frente a ellos, se materializo el Patronus de un ave rapaz.

- Cornelius Fudge va hacía Azkaban – informó la voz gruesa y dura de Alastor Moody a través de su Patronus – Hay mucho movimiento en el Ministerio en estos momentos, pero aún no se sabe cómo es que Peter Pettigrew escapo – y después, el Patronus suavemente se desvaneció.

- Tendremos que esperar un poco más, antes de obtener información más precisa – comentó Albus – Regresemos mejor a nuestras habitaciones –

Minerva asintió con la cabeza, mirando preocupada el lugar en donde el Patronus había desaparecido. No creía poder dormir esa noche.


El Primer Ministro se encontraba aún en su oficina pese a lo tarde que era. Todavía tenía bastante papeleo pendiente por revisar, para tenerlo todo a primera hora del día siguiente, por eso mismo no había podido irse como bien le habría gustado, sobre todo, con ese desagradable clima que había. Dirigió su mirada a la ventana, viendo la tupida lluvia que caía, y suspiro pesadamente. Iba a volver a sumergirse en los papeles, cuando una tos que esperaba jamás volver a escuchar, le hizo saltar en su asiento.

- Al Primer Ministro de los Muggles. Necesitamos Reunirnos con Urgencia. Sinceramente, Fudge – anuncio una voz dura, y el Primer Ministro supo de inmediato de dónde provenía, aunque le habría gustado mucho estar equivocado.

Dirigió su mirada al retrato pequeño y sucio que estaba al fondo de la habitación, donde un hombrecillo con aspecto de rana y una peluca larga y plateada le observaba atento.

- Eh… Bueno… - pensó en un primer momento en negarse, en inventar cualquier excusa, nada convencido de ver a aquel hombre, pero supo que nada de lo que dijera, lo disuadiría – Supongo que si… -

Trato de no mostrarse sorprendido o asustado, cuando las verdes llamas se alzaron en la chimenea vacía, permitiendo salir a aquel hombrecito que trastabillo un poco antes de recobrar el equilibrio, mascullando algo por lo bajo antes de alzar la mirada. Venía empapado de pies a cabeza, y se veía bastante molesto y alarmado.

- ¡Ah, Primer Ministro! – exclamó - ¡Qué bueno que siga aquí!, ¡Me alegro tanto! –

El Primer Ministro no podía decir lo mismo. En esos momentos más que nunca, lamentaba terriblemente el no haberse retirado más temprano, y se comprometió a que desde el día de mañana, sin importar qué, se retiraría a su hora.

- ¿Qué puedo hacer por usted? – preguntó, aunque realmente era lo último que quisiera preguntar. Se obligó a tratar de sonar tan amable y tranquilo como en realidad le gustaría poder sentirse en aquellos momentos.

- Vengo de Azkaban. ¡Todo es un caos allá!, los Dementores incluso están alterados, pero es normal, ¡Jamás un recluso se les había escapado! – mascullo Fudge, exprimiendo su sombrero en forma de hongo, antes de sentarse en una de las sillas frente al Primer Ministro – Por eso he acudido a usted. Este recluso es muy peligros, sabemos que asesino a varias personas bajo las órdenes de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado, y ahora que ha escapado, necesito que ponga su foto en todas las noticias Muggles. De esta forma, si alguien lo ve, podrán informarnos para ir en su búsqueda –

El Primer Ministro sólo miraba a Fudge confundido. Jamás había oído nada de ningún Azkaban, mucho menos sabía qué demonios era un Dementor, o a quien se refería con El-Que-No-Debía-Ser-Nombrado, aunque tampoco tenía la menor intensión de preguntar.

- ¿Y quién es el recluso? – preguntó en cambio.

- Su nombre es Peter Pettigrew – le informó Fudge, y sacando su varita, hizo un movimiento con la misma, apareciendo frente al Primer Ministro un cartel con la imagen del recluso, un hombre bastante delgado y ligeramente calvo. Su cabello marrón y sus ojos azules parecía que de alguna extraña forma habían perdido su brillo, notándose opacos, incluso sus cabellos se veían ligeramente cenizos en algunas zonas y los ojos hundidos. Más que peligroso, aquel hombre le pareció al Primer Ministro alguien asustado y loco.

- ¿Y dice que este es un peligroso asesino? – quiso confirmar, mirando a Fudge con cierto escepticismo.

- No se deje llevar por la imagen – le advirtió con severidad Fudge – No es fácil escapar de Azkaban, de hecho, hasta ahora desde que se fundó, nadie había escapado de ahí, y lleva muchos años en funcionamiento. Además, burlar a los Dementores no es cosa fácil. Ni siquiera sabemos cómo es que lo ha conseguido, sobre todo porque la prisión está en medio del mar –

- Suena complicado… - convino el Primer Ministro, tratando de imaginarse una prisión que no podía realmente imaginar. Volvió a ver la imagen de aquel asesino, notando entonces el número de teléfono – Muy bien, publicaremos su imagen en todos los noticieros, y agregaremos este número de teléfono para que, si alguien lo ve, de aviso –

- Muchas gracias por su ayuda – le dijo Fudge, aliviado ligeramente de saber que contarían con ese apoyo para poder tener ojos en el Londres Muggle – En cuanto nos llegue cualquier aviso, nuestros Aurores se dirigirán a la ubicación para capturarlo –

- ¿Aurores? – no pudo evitar preguntar el Primer Ministro en esta ocasión.

- Ellos son nuestra fuerza del orden. Es lo que para ustedes serían sus policías – le explicó Fudge poniéndose de pie – Bueno, habiendo arreglado esto, me marcho. Aún tengo muchas cosas que hacer. En cuanto Pettigrew quede capturado, se lo haré saber –

El Primer Ministro también se puso en pie, mirándolo aún confundido e inseguro.

- Esta bien… - dijo simplemente, pensando que lo mejor que podía pasarle, era que aquel hombre se marchara ya de su oficina.

- Espero que no volvamos a vernos, Primer Ministro – comentó Fudge mientras lanzaba un puñado de Polvos Flu a la chimenea, y las llamas verdes aparecían - ¡Adiós! – y cruzo las llamas desapareciendo de inmediato.

- Yo también lo espero… - murmuró a la soledad de su despacho el Primer Ministro, antes de dejarse caer en su cómoda silla con un pesado suspiro. Miró fijamente aquella imagen que Fudge le había dado, de aquel hombre que en realidad no parecía tan peligroso como el otro había asegurado, pero no se había sentido en autoridad para contradecirle.


Hermione no había podido dormir casi, así que en cuanto amaneció, bajo a la sala a esperar a que los demás llegaran, tratando de leer para distraerse, aunque estaba tan distraída en sus propios pensamientos, que no era capaz de prestar atención al libro. El primero en bajar fue Remus.

- Buenos días – la saludo amable.

- Buenos días – respondió de inmediato la castaña sonriéndole.

- Iré a la cocina para preparar el desayuno en lo que baja Draco – le informó.

- ¿No nos acompañaran Harry y Sirius? – le preguntó Hermione al escuchar aquello.

- No creo que Harry despierte pronto, y Sirius definitivamente no lo hará – le respondió Remus – Lo que hicieron ayer causa un buen desgaste mágico, y necesitaran dormir para reponerse –

- Ya veo… - murmuró la chica - ¿Quiere que le ayude? –

- No te preocupes, seguramente Dobby ya casi termina – comentó divertido Remus.

- Esta bien – convino Hermione asintiendo con la cabeza, y se quedó ahí sentada leyendo mientras Remus se iba.

A los pocos minutos bajo Draco.

- Madrugaste, Granger – observó, yendo a sentarse con elegante tranquilidad a uno de los sillones de una plaza.

- Realmente no pude dormir – le confeso la chica haciendo una mueca.

- Lo imagino, pero si no descansas, recuerda que eso afecta la claridad de pensamiento y tu velocidad de respuesta tanto intelectual como física – comentó Draco.

- Es que no puedo dejar de pensar en lo que sucedió anoche. Que ese hombre haya escapado… Y es el culpable de que asesinaran a los padres de Harry… Era uno de los mejores amigos de su padre y los traiciono… - murmuró, mirando el libro con tristeza.

- Ha Harry no le servirá que le estés dando vueltas a eso – le hizo saber Draco con simpleza – Es un hecho que él fue el culpable de que sus padres terminaran muertos, y resulta obvio que no le agrado saber que escapo, pero lo que él va a necesitar de nosotros es que estemos listos para ayudarlo si algo se presenta –

- En eso tienes razón… - convino Hermione suspirando suavemente.

- Quita esa cara, Granger, lo harás sentir incomodo – le advirtió Draco – Él no necesita nuestra lastima –

- ¡No es lástima! – se defendió la chica mirándole ceñuda – Me siento mal de que Harry tenga que pasar por estas cosas que le pueden traer malos recuerdos… –

- Eso es lastima, Granger – observó Draco con seriedad – Y Harry no necesita eso, necesita saberse apoyado y respaldado por nosotros –

Hermione aparto la mirada a su libro apenada, pero diciéndose que Draco tenía razón, debían mostrarse firmes para poder ser un apoyo para Harry como ahora iba a necesitar.


Los pasos resonaron en aquellas escaleras, antes de que unos suaves golpes llamaran a la puerta.

- Adelante – permitió la voz tranquila de Dumbledore, y Minerva abrió la puerta, entrando y haciéndose a un lado para permitir el paso al Ministro de Magia Cornelius Fudge, que venía acompañado de 3 Aurores altos y corpulentos de rostro severo que vestían túnicas azul oscuro con los bordes ribeteados en plata. El escudo del Ministerio era visible en la parte superior izquierda de la túnica, y en el hombro derecho se podía apreciar una letra A formada por dos varitas cruzadas en color dorado, bajo la cual había dos botones con un grueso lazo que colgaba ligeramente unido a ambos. Dos de aquellos Aurores llevaban aquellos botones y el listón de color plata, mientras que el tercero lo llevaba en color bronce.

Entre aquellos imponentes magos, el Ministro se veía aún más pequeño de lo que en realidad era. Quizás incluso hubiera pasado inadvertido, si no fuera por la túnica purpura, y aquel horroroso sombrero en forma de hongo color verde lima.

- Ministro – saludo Dumbledore desde detrás de su escritorio.

- Dumbledore – respondió éste al saludo, asintiendo con la cabeza con un gesto rígido y un semblante tenso – Necesitamos hablar –

- Usted dirá – concedió Dumbledore señalando uno de los dos asientos frente a su escritorio.

- Necesitaría que habláramos a solas – agregó Cornelius, mirando de reojo a Minerva.

- Me retiro – comentó la bruja, y haciendo una ligera inclinación, salió del despacho.

- Entonces que sea a solas – convino Dumbledore luego de ver a la Profesora salir, y dirigió una significativa mirada a los magos detrás de Cornelius, que los miró, antes de suspirar pesadamente.

- Esperen afuera – ordeno con molestia.

Los magos, sin decir nada, salieron del despacho, y una vez a solas, Cornelius se sentó en la silla.

- Hay una situación de la que debemos hablar – comenzó no bien se sentó – Se me ha informado que Peter Pettigrew escapo de Azkaban –

Albus se mostró ligeramente sorprendido pese a que era una noticia que ya sabía.

- ¿Y cómo es que un prisionero de tan alta peligrosidad, logro escapar de una prisión que se dice que es la más segura en todo el mundo? – preguntó tranquilo.

Cornelius hizo un gesto de nerviosismo.

- ¡Aún es una prisión muy segura! – comentó con firmeza – Todavía no sabemos cómo es que pudo escapar, pero lo estamos investigando. Y aun así, no es por esto que he venido. Poco antes de que escapara, me toco hacer una visita para revisar el caso de un prisionero, y al pasar por su celda, lo escuche hablando entre sueños sobre matar a Harry Potter –

Escuchar eso, hizo que el semblante siempre tranquilo y amable de Dumbledore se ensombreciera ligeramente. Fijo sus azules ojos en los del ministro, y con sus habilidades de Legeremante, entro en su mente, viendo aquella visita, el terror que recorría a aquel hombrecillo al encontrarse en ese lugar, y escuchó al pasar por la celda que Peter ocupaba, su voz que murmuraba una y otra vez como un manta: "Voy a matarte. Voy a matarte Harry Potter. Así mi señor me perdonara, así podré tener su misericordia". Imaginaba que Harry podría correr algún peligro con Peter fuera de Azkaban, pero no esperaba percibir ese odio tan marcado.

- ¿Dumbledore? – le preguntó Cornelius, nervioso al verle así de serio, y ante aquellas palabras, Dumbledore parpadeo, cortando el hechizo mientras negaba suavemente con la cabeza.

- Avisare a Sirius y Remus. Ellos son su familia, así que deben estar al tanto, de ese modo podrán cuidarlo mejor – le respondió al Ministro – También organizare todo para que Harry no corra peligro una vez que tenga que regresar a Hogwarts –

- Si, muy bien – convino Cornelius asintiendo varias veces con la cabeza – Pero también hay algo más –

- ¿Qué? – le preguntó Dumbledore, aunque no muy convencido de querer saberlo.

- Necesitamos avisar a la comunidad mágica, tu sabes, para poder desplegar al cuerpo de Aurores, y dado que tenemos muchos motivos para creer que va detrás de Harry Potter, quiero disponer de los mejores elementos para que lo escolten, tanto durante su periodo de vacaciones, como en Hogwarts – le hizo saber Cornelius, tratando de mantenerse firme pese al nerviosismo que sentía.

- Me temó que eso no será posible – negó Dumbledore – Sabes que no hay necesidad de eso. Sirius nunca estuvo de acuerdo en que los Aurores protegieran de forma alguna a Harry –

- Si, sé eso, y no estuve nada de acuerdo – le recordó Cornelius con gesto ofendido – Pero estamos hablando de una situación muy diferente. La vida de Harry Potter puede peligrar. Hay un prisionero muy peligro suelto, que sin duda lo buscara –

- La casa Black es lo suficientemente poderosa como para que Harry se encuentre seguro mientras duren las vacaciones – le hizo saber Dumbledore – Y Hogwarts también es bastante seguro –

- ¿Te recuerdo que el año pasado algunos alumnos fueron atacados? – observó testarudo y molesto Cornelius – No creo que Hogwarts sea tan seguro –

- Pero en este momento sabemos que Harry puede correr peligro, así que podemos tomar las medidas necesarias – comentó Dumbledore sin querer ceder.

Cornelius apretó los puños furioso. Siempre tenía la impresión de que Dumbledore no respetaba al Ministerio de Magia, que hacía lo que le daba la gana, y creía que podía ir por encima incluso del Ministro, y era una sensación que sobre todo había tenido, en todo lo relacionado al tema de Harry Potter. Cuando El-Que-No-Debía-Ser-Nombrado fue derrotado, él personalmente fue el designado para ofrecer protección para el bebé Harry; Fue la primera vez que conoció a Sirius Black, que se negó en redondo a recibir la ayuda, asegurando que la única ayuda que necesitaban era la de Dumbledore, que junto a él se encargarían de proteger al hijo de los Potter, y que si necesitaban contactarlo, fuera por medio del Director. Eso no dejo muy bien parado al Ministerio, pero no presionaron demasiado al respecto, sobre todo porque en aquellos momentos estaban mucho más ocupados tras la caída de El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado. Ahora sin embargo, un peligroso prisionero había escapado, y si no demostraban el poder y la presencia del cuerpo de Aurores, la comunidad mágica comenzaría a presionar. Aquella vez hace años no dijo nada, no era el Ministro, pero en esta ocasión lo era, y no aceptaría quedar en ridículo.

- Quiero hablar con Sirius Black – demando – Pídele que venga, lo puedo esperar aquí en tu oficina –

Dumbledore le miró atentamente, sabiendo lo que pasaba por la mente del Ministro de Magia en aquellos momentos. Contuvo aquel suspiro que casi se le escapaba.

- Muy bien. Dame unos minutos para contactarlo – le pidió, y se levantó, acercándose a la chimenea donde lanzo polvos Flu, pero no menciono en voz alta el nombre – Grimmauld Place – murmuró apenas lo suficientemente alto como para que Cornelius no pudiera escucharle, y cuando las llamas se volvieron de un color verdoso, metió la cabeza.


Al sonido de las campanillas, Dobby se apareció de inmediato, y luego de conectar la chimenea, vio el rostro de Albus Dumbledore aparecer, pero no tuvo tiempo de decir nada, pues Sirius entro corriendo a la habitación seguido de Remus, ya que habían estado muy alertas de cualquier aviso que les llegara.

- ¿Qué sucede, Albus? – quiso saber el pelinegro.

En aquel momento también llegaron corriendo Harry, Draco y Hermione, a quienes miró Dumbledore antes de dirigir su atención a Sirius.

- Estoy con el Ministro de Magia en este momento. Quiere que vengas a mi oficina para poder hablar contigo, Sirius – le hizo saber, y aquellas palabras ensombrecieron el rostro del pelinegro.

- Yo no tengo nada que hablar con él – espetó con frialdad el Gryffindor.

- Te recomendaría que acudieras – fue toda la respuesta del Director, lo que hizo que Sirius gruñera inconforme.

- Si crees que es lo mejor, iremos – intervino Remus.

- Entonces aquí los esperó – convino Dumbledore, segundos antes de que su cabeza desapareciera de las llamas.

- Iré yo – le hizo saber Sirius a Remus mirándolo – Tú te quedaras aquí cuidando de Harry –

- ¿Qué quiere el Ministro? – se animó a preguntar Harry.

- De seguro ofrecerte su protección – mascullo Sirius.

- ¿Y eso es malo? – preguntó Hermione confundida.

- En cierta forma lo es – respondió Remus mirando a los chicos – El Ministerio de Magia no está tan bien organizado como nos gustaría, y tiene muchas fugas de información. Durante la primera guerra, muchos prisioneros fueron asesinados bajo la custodia del Ministerio sin que se supiera como sucedió. Luego de que Voldemort cayera, la Ministra de ese momento ofreció protección para Harry por cualquier posible venganza, pero aceptar habría sido mucho más peligroso –

- Porque dentro del Ministerio había infiltrada gente que seguía a Voldemort – observó Draco.

- Así es – convino Remus.

Hermione observó a Draco con ligero asombro. Aún no se acostumbraba del todo a escucharlo llamando por su nombre a El-Que-No-debía-Ser-Nombrado, y aunque ella misma había tratado de armarse de valor, aún no era capaz de hacer eso.

- ¿Estarás bien yendo solo? – le preguntó Remus a Sirius.

- Si, sólo iré a decirle que no necesitamos ni queremos su ayuda y ya. No pueden obligarnos a aceptarla, y bajo ningún concepto dejare entrar a Aurores desconocidos a mi casa – sentencio Sirius con firmeza – Espero no tardar – y agarrando un puñado de Polvos Flu, los hecho al fuego – Oficina del Director en Hogwarts – pronuncio, y cuando las llamas se volvieron verdes, se adentró en ellas desapareciendo.

Todos se quedaron unos segundos más ahí mirando, hasta que por fin Remus hablo.

- Supongo que dado que esperaremos a que Sirius regrese, lo mejor que podemos hacer es sentarnos – observó mientras iba a sentarse en uno de los sillones de una plaza.

En silencio, Harry, Draco, Hermione y Dobby hicieron lo mismo, sentándose en los sillones en espera de que Sirius regresara, para saber lo que había pasado.


Cuando Sirius Black llego a la oficina del Director, su mirada se centró en aquel hombrecito que le miró con falsa firmeza.

- El Director Dumbledore me dijo que deseaba verme – comentó acercándose hasta el centro del despacho, pero no avanzo más.

- Así es. Deseaba hablar con usted – le dijo el Ministro poniéndose de pie para acercarse apenas unos pasos.

- ¿Sobre qué? – preguntó Sirius, aunque ya imaginaba de lo que hablaría.

- Lamentablemente, necesito informarle que el prisionero Peter Pettigrew escapo de Azkaban – informó con cierto nerviosismo que intentaba mantener a raya sin mucho éxito.

Sirius se permitió mostrar el coraje que había estado sintiendo desde que se enteró de que aquel desgraciado había escapado.

- ¡¿Cómo es eso posible?! – exigió saber con tono frio y serio - ¡¿No se supone que está en la prisión más segura?! –

- Azkaban sigue siendo una prisión muy segura, señor Black – le aseguró Cornelius, aunque titubeó un poco – Aún estamos investigando como fue que el prisionero Pettigrew logró escapar, pero mientras eso sucede, hemos decidido que lo mejor sería ofrecerle a Harry Potter una custodia de los mejores Aurores del Departamento –

- ¿Temen que venga a matarlo? – le preguntó Sirius con dureza.

- Sólo estamos siendo precavidos – le respondió Cornelius, sin ser capaz de decirle a aquel hombre lo mismo que le había dicho a Albus sobre lo que escucho decir a Pettigrew – Si llegara a presentarse, entonces los Aurores lo interceptarían y lo capturarían para regresarlo a Azkaban –

- No necesitamos la ayuda de los Aurores – le hizo saber Sirius con firmeza.

- Estamos hablando de un prisionero muy peligroso – le recordó Cornelius algo exasperado.

- Si sus Aurores no han podido capturarlo aún, no usaran a mi ahijado de carnada – mascullo Sirius molesto.

- ¡Jamás pretenderíamos tal cosa! – se defendió de inmediato Cornelius, mirándolo indignado – ¡Sólo estamos preocupados por la seguridad del joven Potter! –

- No necesitan estarlo. Soy suficientemente capaz de mantener seguro a mi ahijado. Lo he hecho durante todos estos años sin su ayuda – le recordó el pelinegro con cierta indiferencia.

- ¡Pero este es un caso especial! – trato de convencerlo Cornelius.

- ¡Pues no permitiré la entrada de los Aurores a mi casa! – sentencio Sirius.

Cornelius le miro frustrado y molesto, apretando los puños, tratando de contener todo lo que muy seguramente podría decirle a ese hombre que no estaba siendo razonable para ayudarles a hacer un mejor trabajo.

- Sirius, en este momento tienes bajo tu cargo a Draco Malfoy y Hermione Granger, ¿No? – intervino Dumbledore.

Sirius le miró, tratando de descubrir lo que trataba. Asintiendo con la cabeza.

- Si – respondió.

- Cuando llegue el momento de que regresen a Hogwarts, no estaría de más permitir que el Ministerio se encargue de transportarlos y escoltarlos – comentó, ante lo que Sirius gruño y Cornelius sonrió ampliamente con satisfacción – De ahí en más, sabemos que tanto en tu casa como en Hogwarts, Harry se encontrara seguro –

La sonrisa de Cornelius desapareció ante eso.

- Hogwarts es muy grande – observó, no queriendo comentar frente a Sirius Black, los sucesos del año pasado.

- Tomaremos las medidas necesarias para poder estar al pendiente de Harry – le hizo saber Dumbledore con tranquilidad.

Cornelius apretó los labios con frustración.

- Por si Peter llega a intentar presentarse en Hogwarts, lo ideal sería dejar que algunos de los Dementores estén ahí para capturarlo – comento.

- A Hogwarts no entraran – declaró con firmeza Dumbledore.

- ¡Es una locura pensar en dejar que esas criaturas estén en un colegio lleno de niños! – mascullo Sirius mirando al hombrecillo con molestia – Si eso pasara, tenga por seguro que prestare mi queja ante el consejo estudiantil y el Ministerio, y sé que otros padres también lo harían –

Ante tales palabras, Cornelius se atraganto.

- No pensaba en dejar que estuvieran dentro del colegio – aclaró de inmediato – Se quedarán afuera, pero estarán alerta por cualquier cosa que pase –

- Eso espero – mascullo Sirius.

- Me alegra entonces que hayamos podido llegar a un acuerdo – comentó Dumbledore con tranquilidad - ¿Hay algo más de lo que desee hablar conmigo, Ministro? –

- No, ya no… - respondió el hombre, mirándolo ligeramente resentido – Me marcho, aún tengo muchas cosas por hacer –

- Espero que no tarden en atrapar a este bastardo – le hizo saber Sirius con frialdad, ante lo que Cornelius asintió con la cabeza varias veces nervioso.

- Si, sin duda lo haremos – respondió – Me marcho – y antes de que dijeran algo más, se apresuró a irse.

Sirius y Dumbledore no dijeron nada de inmediato, esperaron a que el Ministro se alejara lo suficiente para que no los escuchara hablar.

- Se ha ido – le hizo saber en un determinado momento Dumbledore.

- ¡No estoy de acuerdo con que los Aurores sean los que nos escolten a la estación de King's Cross! – se apresuró a hacerle saber en cuanto escuchó aquello.

- Imagino que no, Sirius, pero creo que será lo mejor – le hizo saber Dumbledore – El Ministro me comentó algo que no podemos pasar por alto –

- ¿Qué? – quiso saber Sirius mirándole atento.

- Me dijo que unos días antes de que Peter escapara, hizo una visita a Azkaban, y al pasar por su celda, escucho a Peter hablando entre sueños, y hablaba de matar a Harry para tener la misericordia de Voldemort –

- ¡Voldemort jamás mostrara misericordia ante una alimaña como él! – espetó Sirius enfurecido.

- Lo sé, pero no estás viendo lo importante – le hizo ver Dumbledore – Peter dejaba entrever que sabe que Voldemort no está muerto, y que puede regresar en algún momento –

- ¡Maldito desgraciado! – bramo Sirius furioso - ¡Que se atreva a acercarse y lo matare con mis propias manos, sin magia de por medio! –

- Debes mantenerte tranquilo Sirius – le pidió el mago – ¿Cómo es que sabe que Voldemort está vivo y planea regresar?, es una buena pregunta, pero por ahora no tiene mayor relevancia su respuesta. Como sabemos que planea buscar a Harry, debemos tomar eso en consideración, por eso te propuse que aceptaras que los Aurores los escoltaran. Te recuerdo que la Orden aún no tiene suficientes personas para poder encargarnos de esto por nuestra cuenta, además, si todo sale bien, puede que algunos de los Aurores que los escolten se unan a nosotros luego en un futuro –

- ¿Por qué? – quiso saber Sirius.

- Moody ha estado hablando con algunos Aurores que le parecen buenos prospectos para unirse a la Orden, pero algunos quieren conocer a Harry antes de tomar cualquier decisión – le explicó el mago mayor.

- ¿Conocerle? – repitió el pelinegro - ¿Y eso en que tiene que influenciar su decisión? – preguntó sin comprender.

- Muchos han escuchado hablar del Niño-Que-Vivió, pero casi nadie lo conoce, así que es normal que sientan esa curiosidad – le explicó Dumbledore.

- Estúpido eslogan que inventó el Ministerio – mascullo Sirius – Además, no deberían tomar la decisión de unirse a la Orden, en base a conocer a un niño –

- Debemos considerar que en un futuro, ese niño se convertirá en su Líder, Sirius, sin mencionar la Profecía que existe, así que tomando en consideración esos factores, no es tan descabellado que quieran conocerlo primero – observó Dumbledore con tranquilidad – Además, estoy seguro de que si lo hacemos de esta forma, ellos mostraran más lealtad hacía Harry cuando llegue el momento de que tome su lugar –

- Tampoco me agrada del todo la idea de que sepan sobre la Profecía – mascullo el pelinegro inconforme – Más vale que no vayan a querer presionar a Harry, pese a todo, aún es un niño, y yo no voy a permitírselos –

- Tenemos mucho cuidado con eso – le aseguró Dumbledore asintiendo con la cabeza – Y no les estamos diciendo la Profecía completa, sólo lo mismo que a los señores Weasley –

Sirius suspiro pesadamente.

- Esta bien – acepto - ¿Han sabido algo más sobre Peter? –

- Aún no – negó Dumbledore – Moody nos avisó por la noche que Cornelius iba de camino a Azkaban para revisar la fuga, pero fue todo lo que hasta el momento nos ha avisado –

- Ya veo. Muy bien, entonces si es todo, me retiro – comentó.

- De acuerdo – convino el mayor – Cualquier cosa, los mantendré comunicados –

- Bien – aceptó Sirius, acercándose entonces a la chimenea para poder regresar a su casa.


Cuando salió de la chimenea, no le asombró ver a todos en la sala esperándole.

- ¿Qué paso? – preguntó Harry de inmediato.

- El Ministerio quería poner Aurores custodiándote – le respondió dejándose caer en uno de los sillones con molestia – No acepte, y Dumbledore tampoco acepto que estuvieran los Aurores en Hogwarts, pero aceptó que te escoltaran cuando vayamos a la estación de King´s Cross –

- ¿Y eso será seguro? – preguntó Draco.

- Dumbledore me aseguró que entre los Aurores que escoltarían a Harry, hay algunos que muy probablemente se unan a la Orden – les explicó, sin querer comentar sobre la intensión que tenían de conocer a Harry, para que éste no se sintiera presionado.

- Eso es bueno – comentó Hermione animada.

- En cierto modo si – convino Remus.

- Aún habrá Aurores dentro de la escolta que pueden no tener buenas intenciones – observó Draco.

Sirius asintió con la cabeza.

- El día que nos marchemos, deberemos mantenernos alerta – comentó – Quizás lo mejor es que cuando el momento llegue, si aún siguen aquí, regresen cada uno a su casa, para que lleguen a la estación acompañados de sus familias y no vayan a correr peligro –

- Eso no – se negó Draco de inmediato – Podríamos ayudar –

- Y podrían correr mayor peligro – observó Remus – Si algo pasa, tendremos que dividirnos mucho más para poder protegerlos a ustedes también –

- Y si vamos sólo con Harry, podremos enfocarnos en protegerlo sólo a él si algo malo pasa – agregó Sirius.

- Ellos tienen razón. Lo mejor será que el día previo al regreso a Hogwarts, regresen a sus casas – comentó Harry.

- ¡¿Pero Harry?! – protesto Hermione - ¡Podemos ayudar! –

- Y pueden correr peligro también – observó Harry mirándola tranquilo – Necesitamos pensar detenidamente en lo que hacemos. Arriesgarnos sin sentido, sólo complicará las cosas. Yo agradezco mucho que ambos quieran ir conmigo para ayudarme, pero saben que será mejor si sólo voy yo –

- No me agrada eso – mascullo Draco inconforme.

- No, lo sé y lo entiendo – aceptó Harry mirándole – Yo sentiría lo mismo, pero en este momento, lo que necesito de ustedes es que se mantengan al margen. Pueden esperarme a la entrada de la estación si quieren, pero saben que esta es la mejor forma de proceder. Ya habrá otros momentos en los que me puedan acompañar –

Ni Draco ni Hermione se sentían conformes, pero sabían que Harry tenía razón, así que no protestaron.


Los siguientes días, los periódicos comenzaron a difundir la noticia del escape de Peter Pettigrew, y la comunidad mágica comenzó a mostrarse insegura y asustada, exigiendo protección al Ministerio, y que atraparan cuanto antes al prisionero.

Cuando llego el 31 de Julio, trataron de festejarle a Harry con normalidad, aún pese a que los ánimos de todos se mantenían un tanto lúgubres. Draco y Hermione mandaron a traer los regalos por correspondencia. Draco le regalo un tablero de ajedrez, mientras que Hermione le regalo un libro sobre duelos, y de esa forma, el cumpleaños número 13 de Harry pasó sin mayores sobresaltos.