Disclaimer: Naruto y todos sus personajes siguen siendo propiedad de Masashi Kishimoto TT_TT

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Advertencias: Shonen ai


Sasuke

Aunque le hubiera gustado quedarse todo el día tirado en la cama con Naruto, cuando se fue acercando el mediodía, y ya que Naruto había sacado a colación de nuevo el tema de que se quedase con él, consiguió convencerlo para vestirse e ir a su casa.

No tenía nada que esconder ni de lo que sentirse avergonzado… y, sin embargo, sentía que el estómago se le fuera a escapar por la boca.

La casa era un poco grande para él solo, y en comparación con el piso donde vivía Naruto, no era demasiado acogedora: en el salón tenía el sofá, una mesa de café frente a este, la televisión en un mueble que estaba más bien vacío, una mesa de gran tamaño para celebraciones —que usaba más frecuentemente para hacer manualidades que para lo que en realidad la había comprado—, la chimenea y poco más; la cocina era algo más cálida porque no era tan amplia, y la ventana que daba al jardín la hacía más interesante, pero tampoco tenía ahí nada innecesario, como imanes o fotos. Ni siquiera tenía una televisión, como había visto que tenía Naruto y mucha gente, de esas pequeñas, ni nada que no fuera para usar en la cocina.

Las únicas estancias en las que había puesto un poco de cuidado eran su dormitorio, su baño, y la habitación del ordenador, donde hacía los directos.

Por eso no entendió que Naruto se quedara en el recibidor mirando todo con detenimiento una vez desactivó la alarma.

—Ostras, Pedrín.

—¿Qué?

—Nada —se metió las manos en los bolsillos y caminó a paso lento hacia el interior—, que desde fuera no parece tan grande.

—Hmmm…

Cierto. Eso fue algo que también le sorprendió a él la primera vez que entró, cuando fue a ver la casa con el vendedor.

Con cuidado, se agachó y abrió la puerta del transportín para dejar que Cleo saliese. La gata no dudo ni medio segundo, y antes de que pudiera pestañear ya la tenía dando vueltas alrededor suya, restregándole el lomo por las piernas y ronroneando, mirándole a los ojos e iniciando el camino hacia la puerta de la cocina que daba al jardín.

—¡Buaaaah! —exclamó Naruto.

—¿Qué pasa?

Sasuke regresó sobre sus pasos para encontrar a Naruto boquiabierto, sentado en el sofá y la mirada en la chimenea.

—¿Es de verdad? —señaló con el dedo.

—Sí.

—¿¡Y funciona!?

—Claro…

Con brío, Naruto se puso en pie de un bote y se le acercó con paso acelerado. A puntito estuvo Sasuke de dar un paso atrás cuando vio que se le acercaba sin detenerse, cual locomotora.

—¿La enciendes? —le preguntó apenas a un palmo de su cara.

—¿Ahora?

—Unn —asintió enérgico.

—¿Tienes frío?

Sasuke se mantuvo en silencio esperando una respuesta. Cierto que estaban en pleno invierno, si bien las temperaturas aún no habían bajado tanto —cosa que cambiaría en pocas semanas—. Así que, una de dos: o Naruto era un friolero, cosa que dudaba pues en su casa iba con manga corta sin calefacción… o simplemente era un pirómano.

—Porfa… —le pidió juntando las manos a modo de ruego.

Hubo de suspirar profundamente ante la cara de cachorro abandonado que le puso, y aunque era perfectamente consciente del chantaje emocional al que le estaba sometiendo…

—Vale…

—¡Yey! ¿¡Dónde tienes la leña!?

—... Pero ahora no. Más tarde.

—¡Jo! —se quejó cruzándose de brazos.

—No seas malcriado —le recriminó.

No pudo aguantar la risa cuando aquél le sacó la lengua con fingido rencor. Se dio media vuelta para regresar a la cocina, y abrió la puerta del jardín, Cleo la primera en poner una pata fuera.

De un vistazo rápido se cercioró de que el comedero que tenía para los pájaros siguiera en su sitio, colgado de una rama del árbol que había en una esquina, y salió al porche, comprobando que ningún animal hubiera marcado los cojines de las sillas. Contras de vivir cerca del campo. Pero bueno, merecía la pena.

—Jolín, qué guay…

Se giró un tanto encontrando a Naruto bajo el marco de la puerta, escudriñando todo con la mirada.

Aún recordaba esa misma reacción cuando él atravesó esa puerta la primera vez, así que se mantuvo en silencio, dejando que Naruto se embriagara con las sensaciones de salir a un espacio más o menos abierto, a la vez que privado.

De mientras, Sasuke buscó con la mirada a la monina, encontrándola caminando junto al muro, deteniéndose a olfatear de tanto en tanto por el césped.

El sol aún estaba alto, así que decidió sentarse un rato ahí mientras se fumaba un cigarro, Naruto caminando por el jardín hacia donde estaba la gata. Si bien aquella parecía tener ganas de jugar, pues en cuanto Naruto estuvo lo suficientemente cerca como para poder acariciarla, se puso en guardia y salió corriendo enflechada hacia la otra punta, tumbándose en la hierba y vigilando los movimientos de Naruto, moviendo la cola de un lado a otro, como si estuviera a punto de saltar sobre su presa.

Naruto no debía de haber tenido nunca una mascota, ya que volvió a intentar acercarse a Cleo con idéntico resultado.

—¿Qué le pasa? —le preguntó con desespero. —¿Por qué no me deja acercarme? En casa me dejaba tocarla.

—Está jugando.

—Aaahh…

De repente, una sonrisa zorruna se le dibujó en la cara a Naruto, y se dio media vuelta para salir corriendo detrás de la gata. Y él era el que no quería salir de la cama… Sólo de verlo correr de un lado a otro hacía que se sintiera agotado.

Tras terminarse el cigarro y ver que Naruto aún seguía quemando energía a lo loco, se tumbó en la hamaca, cubriéndose los ojos con el brazo, y decidió relajarse tomando el sol hasta que Naruto se cansara. No sabía si era por la actividad sexual de los últimos días, pero se sentía agotado.


Naruto

En uno de los sprints que hizo Cleo para zafarse de él, se fue directa hacia la puerta de la cocina y desapareció. Estuvo esperando unos cuantos segundos, mientras recuperaba el aliento, pero no hacía por salir y empezaba a notar los músculos de las piernas agarrotados, así que decidió dar por finalizada la sesión de boberías. No recordaba cuándo fue la última vez que hizo ejercicio y no quería pensar en las agujetas que le iban a salir después.

Hacía rato que no veía a Sasuke, por lo que se encaminó él también hacia la cocina, deteniendo sus pasos al ver un bulto en el porche de reojo, y al girarse lo encontró ahí tumbado en una hamaca.

—¿Sasuke?

Con sigilo, se acercó a su lado, se acuclilló junto a él y le observó durante unos segundos.

Respiraba de forma pausada, aunque algo sibilante, seguramente por haber estado fumando. Si pudiera dejar de fumar con la misma facilidad que él…

Con un suspiro, se inclinó y le apartó el pelo para besarle en la frente. Le resultaba curioso, y a la vez agradable, que a pesar de fumar lo que consideraba demasiado, Sasuke siempre olía bien: si no era el champú, era la fragancia del detergente con el que lavase la ropa, o alguna colonia de olor suave, como de flores.

Al abrir de nuevo los ojos, fue como despertar de un largo sueño. Le hacía sentir perezoso. Se pasó la mano por la cara y respiró profundamente para intentar despejarse, aterrizando de nuevo en el presente: antes de salir de su piso, Sasuke le dijo que iban a dar un paseo por el barrio y, aunque le sabía mal, no iba a dejar que ahora se durmiera y le dejara solo.

—Sasuke, despierta —susurró, paseándole la mano por el pecho.

—Ya voy…

A duras penas pudo contener una carcajada al verlo fruncir el ceño y cómo poco a poco se le iba formando un puchero. Debía de estar soñando.

Y no pudo insistirle. Le pareció cruel despertarle, más aún cuando Sasuke tuvo que lidiar con Menma cuando le dejó tirado por quedarse dormido el viernes.

Verdaderamente, debía de haber sido un fin de semana agotador para él: entre el niño, sus amigos, y la cama…

Sasuke parecía ser de lo más tranquilo, y no se había quejado ni una vez. Así que decidió dejarlo dormir un rato, y tras darle un fugaz beso en la mejilla, se levantó y se encaminó hacia el interior.

Cleo seguía sin aparecer, por lo que aprovechó las circunstancias para ir a curiosear un poco mientras la buscaba. No iba a meter las narices donde no le llamaban, pero supuso que asomar la cabeza por las estancias no sería un problema. Sasuke le habría hecho un tour por la casa igualmente.

De cualquier modo, Sasuke no parecía tener mucho apego por lo material, así que —aunque hubiese querido— tampoco había mucho en lo que olisquear. Al menos eso pensó hasta que abrió una puerta de la planta superior que estaba entornada, y vio el tinglado que tenía montado ahí: un escritorio con dos monitores, una silla de oficina, algunas figuritas de a saber qué, lámparas por todas partes, y aún más cables. Le daba muchísima curiosidad por ver de cerca todo eso. Sin embargo, hizo de tripas corazón y volvió a entornar la puerta. Si se tropezaba, o si cogía algo y se le escurría de las manos y se rompía lo que fuera, ya veía a Sasuke escupiéndole fuego por la boca, con razón. A saber lo que debía de costar todo eso.

Pensamiento que le hizo recordar la noche que se conocieron y lo que le dijo de un set up nuevo. Ahora entendía lo que había querido decir en realidad. Ahí sería mejor que no entrara Menma, si es que de verdad se iban a vivir todos juntos…

Al sentir como una punzada, se pasó la mano por el pecho y se masajeó con la yema de los dedos.

Aún no se lo podía creer.

Tan sólo un par de semanas atrás, si le hubieran preguntado, hubiera respondido que estaba demasiado ocupado como para pensar siquiera en tener una relación de pareja, mucho menos embarcarse en algo tan serio como en lo que parecía estar metiéndose. Pero no quería separarse de él, si podía evitarlo.

Tras abandonar la habitación de ciencia ficción, siguió deambulando por el resto de la planta de arriba: dos habitaciones pequeñas, con camas individuales, en las que guardaba cajas y trastos; un baño con bañera; y una terraza techada donde tenía las cuerdas para tender, con un pequeño cuarto para la lavadora.

En verdad, era el tipo de casa que siempre había querido para sí. Lo único que le faltaba era la piscina para que fuera perfecta. Desde luego Menma sí que tendría espacio para corretear y divertirse, incluso al aire libre, sin necesidad de tener que sacarlo de casa. Tan sólo le daban algo de reparo las escaleras… Si bien, no era como si en casa de sus padres Menma no tuviera cuidado, así que…

Le sacó de sus pensamientos un sonido proveniente de la última estancia que le quedaba por ver. Y un escalofrío le recorrió toda la espalda. Si Sasuke hubiera subido, estaba seguro de que hubiera escuchado sus pasos por las escaleras y, en cambio, todo había estado sumido en absoluto silencio. Con enorme cuidado, fue dando pasos cortos hacia allá, intentando convencerse de que, antes que un fantasma, era más probable que fuese un ladrón. No obstante, el ruido que volvió a escuchar era como si se estuviera rascando algo, y aunque llegó a suponer a qué se debía, cuando vio un borrón pasar a toda velocidad junto a su pierna, no pudo evitar que se le escapara un grito y dio un brinco igual de desmesurado que el ritmo de su corazón.

—¡Joder! ¡Qué susto, Cleo!

Tenía que dejar de ver programas sobre cosas paranormales. Cada vez que veía algo de eso, luego pasaba sugestionado un mes entero.

Con la mano en el corazón, dio una profunda bocanada para recuperar el aire, y algo más tranquilo se encaminó de nuevo a su último destino…

… Quedándose boquiabierto al asomar la cabeza.

El dormitorio principal era incluso más espacioso que el que tenía él en su piso. Las paredes, de un azul pastel claro, le hacían sentir como si estuviera en medio del campo abierto, pero con las obvias comodidades de una casa, pues desde debajo de la cama salía una alfombra roja que tenía toda la pinta de ser de lo más suavecita. Cosa que le hizo detener sus pasos hacia el interior para quitarse las zapatillas y no ensuciar el cuarto, dejándolas junto a la puerta antes de adentrarse en él.

Y sí… En cuanto puso un pie encima, se regodeó durante unos segundos, cerrando los ojos. Era agradable caminar en algo tan mullidito, y hacía que no sintiera el frío del suelo.

Había un banquillo, en el centro del cuarto, al pie de la cama, donde se sentó un momento para observarlo todo bien, entrelazando las manos sobre sus piernas. Justo frente a él, había un armario empotrado que iba de pared a pared. En una esquina, un espejo de cuerpo entero. Junto a él, un sillón al lado de una mesita con una lámpara, y junto a ésta, una estantería pequeña con algunos libros.

Se acercó para echar un vistazo a ver qué tipo de cosas leía, si bien ya lo debería de haber supuesto teniendo en cuenta en lo que trabajaba… Un montón de títulos en inglés que parecían ser novelas y sobre las que no había escuchado nunca, libros de gramática, y algunos libros de arte también.

Uno a uno, fue cogiendo algunos para ver las portadas, pero ninguna le resultaba familiar. Sí le llamó la atención según se acercaba al final de la balda que en lugar de libros de arte, como los que uno encontraría en la biblioteca, gruesos, con pinturas clásicas o famosas, cada vez eran más finos y se asemejaban más a los dibujos animados de la tele, aunque más elaborados.

La curiosidad le venció cuando encontró uno con dos chicos en la portada con una pose bastante sugerente, y se sorprendió de que al abrirlo no se encontró con una colección de obras, ni un manual de dibujo… sino un cómic.

Empezaba a sentir que estaba metiendo las narices en algo bastante personal. Aun así, no pudo evitar ir pasando las páginas, mirando cada viñeta un poco de pasada. No había que ser muy inteligente para saber que era una historia de romance homosexual, con los dos chicos sentados demasiado juntos en un sofá, bebiendo cerveza y haciéndose ojitos…

Y aunque lo veía venir, le pilló de sorpresa al pasar otra página y ver un dibujo de cómo uno se le echaba encima al otro, manoseándole todo el paquete.

Ahí fue cuando decidió cerrar el libro de golpe, sintiendo que le subía el calor a la cara. Aún le quedaban bastantes páginas por hojear, pero no estaba del todo seguro de querer verlas, y de cualquier modo tampoco estaba seguro de que Sasuke estuviera de acuerdo en que cotilleara esos libros en concreto.

Así que volvió a dejarlo en donde lo había encontrado, y siguió inspeccionando la estancia. Ya no quedaba prácticamente nada por ver: una cómoda en un lado, la cama, y una mesita de noche al otro lado, junto a la puerta de lo que suponía era un baño.

Antes de ir a confirmar a dónde llevaba la puerta, se acercó a la cómoda para ver de cerca unas fotos que tenía ahí. No había visto nada personal en la planta de abajo, y le resultó llamativo que tuviera portarretratos ahí. Había tres marcos, uno en el que salía Sasuke con quien creía eran sus padres, todos vestidos muy elegantes, Sasuke con un diploma en la mano. ¿Su graduación? En otra tenía una foto de la gata, cosa que le hizo sonreír al ver que, sí, Cleo era especial para Sasuke, como un miembro de la familia. Y en la última foto, llegaba a reconocer a Sasuke, pero era bastante joven, quizás catorce o quince años, y había otro chico más grande con él en lo que parecía un día en el parque.

Cogió el marco y se quedó observando al chico de cerca, intentando adivinar quién era. De algún modo, le hacía recordar al mismo Sasuke y, aún así, no se parecían mucho. ¿Sería su primo? Quizá algún amigo del instituto. O quizá un ex…

No queriendo pensar en ello, dejó de nuevo el marco en su sitio, y se dirigió a la estancia adyacente confirmando que, sí, era un baño. Y a pesar de que no era nada del otro mundo —la bañera, el váter, el bidet, el lavabo con un mueble normalito y una estantería para sus cosas— se quedó un momento ahí de pie, intentando comprender por qué Sasuke tenía más colonias y cremas y geles de lo que le había visto a ninguna de sus ex.

¿Era normal entre los chicos y no se había enterado? ¿Tan dejado era él? ¿O quizás es que los chicos gays se cuidaban más? ¿O era una paranoia de Sasuke y ya está? De verdad no lo entendía. Como el día anterior. Con lo bien que llevaba el pelo, y luego se quejó de que le había hecho salir a la calle como un esperpento porque no tenía laca en casa.

De nuevo, se quedó pensando en si de veras era tan dejado y despistado, si había algo de lo que no se estaba dando cuenta en cuanto a su aspecto, mirándose al espejo. Sí que era verdad que le estaban empezando a salir ojeras… Pero con el trajín que llevaba entre el trabajo, la casa, y cuidar del terremoto, ninguna crema iba a quitárselas mágicamente. Y su pelo era bastante recio, por lo que no se le quedaban formas raras, y con sólo dejarlo secar al aire se quedaba perfecto.

Dándose un último vistazo general, se encogió de hombros y salió de ahí para irse directo a dejarse caer en plancha en la cama. El edredón era bastante suave, y no pudo evitar restregar la cara, regocijándose otra vez ante el gustito de algo mullidito y suave, acompañado de un agradable olor fresco, dejando escapar un profundo suspiro de alivio y cerrando los ojos para sumergirse en la sensación.

Volvió a abrirlos al notar un peso creciente posarse sobre su espalda, y se dio cuenta de que debía de haberse quedado dormido.

—Si querías echar la siesta, me lo podías haber dicho —susurró Sasuke, besándole por el mentón al tiempo que se apretaba contra él. —Tú aquí calentito y cómodo, y yo ahí de cualquier manera. Me va a dar tortícolis.

—He intentado despertarte… —se defendió.

Giró un tanto la cabeza para darle mayor acceso a su cuello. Oferta que no rechazó Sasuke, y que provocó que comenzara a sentirse acalorado.

—... Parecías cansado.

—Hmmm…

Sentía los latidos de su corazón golpearle con fuerza en el pecho, y la sangre recorrerle a toda velocidad. No sabía qué intenciones llevaba Sasuke, pero le estaba excitando sentir su cuerpo completamente pegado a su espalda, y los sonidos que hacía mientras le besaba por el cuello.

Quería mirar qué hora era, pues no podía quedarse demasiado tiempo: no sabía si era lo suficientemente temprano como para ir a ver lo que le quería enseñar Sasuke, pero en cualquier caso tenía que volver a casa para cuando volviese su madre con el peque.

Sin embargo, cuando Sasuke le dio un beso en la mejilla, y se apartó de encima… El sentimiento de abandono fue tan grande, que se le nubló el entendimiento, dándose la vuelta para ir en busca de sus labios.

—¿Quieres hacerlo?

Y aunque no le negó el beso, se le escapó la risa entre dientes a Sasuke.

—¿Otra vez?

Si bien su pregunta contradecía los hechos por completo, pues Sasuke intensificó el beso un tanto más pegándose a su cuerpo.

—Las veces que hagan falta —replicó en un jadeo.

La situación estaba escalando de forma acelerada, besándose con pasión y juntando sus cuerpos en un contoneo desenfrenado que le hacía sentir ansioso por lo que estaba por venir. Esto es, hasta que le agarró de la nalga para apretarlo más contra sí y Sasuke lo cogió de la muñeca para impedir que le tocase en ninguna otra parte.

—Sólo si quieres que te lo haga yo.

Y Naruto se quedó inmóvil ante la réplica.

El día anterior había leído muy de pasada en alguna parte que el sexo anal tenía sus inconvenientes… Y no sabía decir si era por eso que Sasuke no quería dejarle hacer a él, o si es que de verdad quería hacérselo porque quería…

"Por ahí…", tragó con fuerza, intentando imaginar cómo podría ser la sensación.

En cualquier caso, no pudo ahondar mucho en el pensamiento, pues Sasuke volvió a reír entre dientes, la mirada fija en él, al tiempo que le daba un corto beso en los labios.

—¿Qué pasa? —alargó una sonrisa torcida. —¿Piensas que se te va a caer el pene si te lo hago yo?

—¡No es eso! —le dio un empujón en el hombro, incorporándose de golpe para sentarse. —Es… No sé cómo decirlo —se echó el pelo hacia atrás, clavando la mirada en el suelo.

"Es… ¿qué?", se preguntó a sí mismo con preocupación.

Hacía un momento, cuando lo había tenido sobre su espalda, no se había sentido así de sobresaltado. Incluso el día anterior había sentido curiosidad por una situación así…

—Naruto… —lo llamó el otro, poniendo la mano sobre su mejilla para mirarle.

Y por un momento, sintió como si de un momento a otro fuese a dar un brinco y salir de allí corriendo, a pesar de que confiaba en Sasuke y en que no le iba a forzar. No entendía por qué estaba reaccionando de esa manera y, aún así, no podía evitar sentirse azorado.

—... Sabes que no tienes que hacer nada que no quieras, ¿verdad?

—Unn… —asintió levemente.

—Entonces, ¿a qué le tienes miedo?

—No es es-

Sasuke le cortó antes de que pudiera decir nada más, poniéndole un dedo en la boca, mirándole con seriedad. Tal era su gesto que le recordó terriblemente a la noche que se conocieron, y supo que de alguna manera estaba metiendo la pata.

—No chilles —dijo en un murmullo.

Sólo entonces se dio cuenta de que, sí, quizá estaba hablando un poco alto.

—Y no te pongas nervioso —añadió—, no te voy a obligar a hacer nada. Pero tienes que entender que yo también soy hombre y me gusta hacerlo tanto como a ti. Y no es que no me guste que me la metas…

Ahora sí, Naruto no podía seguir manteniendo esa conversación mirándole a los ojos. Menos aún cuando su gesto se tornó en uno más bien predatorio, y se inclinó un tanto más hacia él. No pudo sino taparle los ojos para evitar esa mirada. Sin embargo, lo único que consiguió fue que le saliera una sonrisa torcida a Sasuke.

—...Pero tampoco quiero que se me quede suelto y me de incontinencia.

—¿Cómo?

Durante lo que le pareció una eternidad, ambos se quedaron en silencio, Naruto dejando caer la mano para poder mirarle de nuevo a los ojos, Sasuke apretando los labios en una fina línea. Casi pareciera incómodo por darle una respuesta.

—Imagínate la goma de los calcetines.

—Okey…

No entendía qué tenía que ver con lo que estaban hablando hacía un momento, pero bueno.

—Si la estiras mucho, muy a menudo, al final da de sí y ya no se ajusta.

Vale…

—¿Y eso qué tiene que ver con-?

—Al culo le pasa lo mismo.

Parpadeando lentamente, comenzó a visualizar exactamente lo que le había explicado…

…Y comenzó a sentir un sudor frío recorrerle por la sien.

—¿Cuánto es… muy a menudo?

Sin querer, fue audible cuando tragó saliva, haciendo evidente su preocupación por el tema. No es que fuera especialmente activo… No obstante, aún se consideraba joven como para relegar el sexo a un par de veces al año.

Casi como si Sasuke hubiera podido leerle la mente, en el mismo momento que tuvo ese último pensamiento, estalló en una carcajada tan abrupta que hubo de apoyarse en su hombro para no caer de cara al suelo.

Una de dos: o le había tomado el pelo…

—Tranquilo, fiera —dijo entre risas—, muy a menudo quiere decir todos los días.

Aún no había tenido tiempo de procesar la información cuando Sasuke le empujó por el pecho, haciendo sitio para sentarse sobre sus piernas.

—Digamos que por una vez o dos a la semana no pasa nada —sonrió malicioso.

Fue entonces que dejó escapar con alivio el aire que había retenido.

—Joder, no me des esos sustos —se quejó poniendo las manos en su cintura. —Por un momento me has hecho pensar que me ibas a hacer jurar votos de castidad.

De nuevo, Sasuke comenzó a reír, aunque esta vez de forma comedida, abrazándose a él, y Naruto le devolvió el abrazo, ahora más tranquilo. Empezaba a darse cuenta de que le gustaba escucharle reír. Mucho. Le hacía sentir en paz. Incluso más de lo que se había sentido por la mañana, después de hacerlo.

Por eso, le apretó contra sí, suspirando profundamente, y rogando por poder quedarse así para los restos.

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Continuará


23/05/23