Disclaimer: Naruto y todos sus personajes siguen siendo propiedad de Masashi Kishimoto TT_TT
Beta: aazwj2
Advertencias: Shonen ai
Sasuke
A pesar de que los chavales se habían portado bien, hoy se le estaba haciendo especialmente larga la mañana.
Después de pasar todo el fin de semana con Naruto… Tenía unas ganas casi insufribles de volver a verlo.
Aunque en realidad era cuestión de horas: habían quedado por la tarde en su casa, cuando saliera de trabajar.
Y se iba a traer al niño.
Al final, la tarde anterior acabaron rodando por la cama, y se fue al traste el plan de enseñarle el barrio. Claro que no se iba a quejar, Sasuke ya lo tenía más que visto, y le resultaba mucho más interesante explorar su cuerpo y compartir calor.
No obstante, eso era un punto que, si bien ya había supuesto que iba a ser algo problemático, iba a tener que poner más esfuerzo en ello de lo que en un principio había pensado. Aunque lo encontraba normal: siendo la primera vez que Naruto tenía una experiencia así, era lógico y razonable que le asaltara el miedo. Pero le empezaba a molestar un poco que cada vez que Naruto tenía un sentimiento así, de dudas o miedo, saltara enseguida a la defensiva. Como si solo tuviese dos estados de ánimo: o alegre, o enfadado.
Le hacía preguntarse qué tipo de educación había recibido para que no pudiese reconocerse ni a sí mismo la tristeza, el miedo, una herida emocional…
En sí Naruto no tenía maldad, pero iba a tener que trabajar en ese aspecto si quería mantener una relación sana con él. Para dramas sin solución, ya tenía a su padre.
No queriendo pensar en eso ahora, se concentró en corregir las pocas redacciones que le quedaban. Se había relajado en exceso, y se las debería haber devuelto hoy a sus alumnos.
Y aún le faltaba preparar los exámenes de la semana siguiente…
Cuando se dio cuenta de que había terminado, dio un profundo suspiro y miró la hora. Aún le quedaban alrededor de diez minutos para poder irse, pero no era tiempo suficiente para poder concentrarse en empezar a diseñar cuestionarios.
Con algo de cansancio, se levantó de su sitio para ir a encaminarse al baño. Al volver a la sala iría a por una botella de agua, o un té.
—...que él empezó a insultarme delante de todos! —oyó a un chico gritar al final del pasillo.
—¡Porque eres un puto mentiroso! —respondió otro.
—Chicos, no hace falta gritar ni insultarse. A ver…
—Hey, Sasuke —le saludó un compañero que pasó a prisa por su lado, encaminándose a la sala de tortura.
—Buenas.
No le haría ninguna ilusión tener que estar en el pellejo de la jefa de estudios en ese momento, ni del profesor de turno que iba en su ayuda. Aquellos siguieron dando voces mientras él se alejaba en dirección al baño.
No entendía cómo había podido cambiar tanto el ambiente en el instituto en apenas veinte años. Cuando él estaba en secundaria, muy rara vez alguien se metía en problemas tan gordos como para que se los tuvieran que llevar a los despachos de dirección y, aún así, sólo se lo había escuchado decir a otros. Su clase era bastante tranquila, y a excepción de uno o dos —que seguramente tenían problemas en casa— los profesores no echaban a nadie a la biblioteca prácticamente nunca.
Quizá tuviera que ver con que donde él fue al instituto era un pueblo. Medianamente grande, pero pueblo al fin y al cabo. Aquí en la ciudad los niños parecían haber perdido el norte, preocupándose más por asuntos de adultos que de disfrutar de su infancia.
Pero en fin, él no podía hacer más de lo que ya hacía. No es que fuera especialmente gruñón, pero alguna vez había tenido que detener la clase para tratar problemas que tenían los chicos, y de alguna manera le hacía sentir que podía cambiar las cosas de esas almas perdidas en el camino de la vida. Era su forma de protesta contra el mundo. Su "revolución" encubierta.
Por eso —además de por su propio interés—, iba a intentar convencer a Naruto para que se llevara a su sobrino lo más lejos posible de la perversión de la urbe. Los niños de pueblo no es que fueran exactamente la definición andante de la inocencia… pero al menos estaban más alejados de las drogas, y problemas innecesarios a esas edades.
Para cuando regresó a la sala de profesores, los gritos al fondo del pasillo habían cesado, en su lugar ahora un murmullo que sugería que de alguna manera estaban consiguiendo calmar los ánimos de los chicos. Bien por la jefa. Cuando no estaba de mala leche, sabía ser disuasoria y buena intermediaria.
—Hola, buenas tardes —lo saludó una chica que había junto a la puerta.
—Buenas, ¿buscas a alguien?
—Ah, no, estoy esperando a la profesora de informática —sonrió levemente, agachando la mirada.
Sin más, sonrió de vuelta y entró a la sala para recoger sus cosas. Quedaban pocos minutos para que sonase el timbre que daría fin a su jornada, y no podía estar más ansioso por volver a casa.
Sasuke
Cuando vibró su reloj, al saltar la alarma que había puesto después de comer, se sobresaltó al haberse quedado absorto con los ejercicios que estaba preparando. Habían pasado las últimas dos horas demasiado deprisa, quedándole ahora poco más de media hora para ducharse y arreglarse antes de que llegase Naruto. Ahora debía de estar saliendo de trabajar, e iría a buscar al crío. Tenía que darse prisa.
Se encendió un cigarro mientras se apagaba el portátil, y se llevó de la mesa el plato sucio y los cubiertos que había usado para comer. Tras darle una profunda calada, lo dejó en el cenicero junto a la pica, y a prisa se puso a fregar.
Algo de mucosa en la garganta le hizo toser bastante fuerte. Le hacía preguntarse si era sólo por el tabaco, o si estaba poniéndose malo.
"Tienes que dejar de fumar", se abroncó a sí mismo.
Y más aún ahora.
Si Naruto finalmente decidía irse con él a vivir… Debería dejar de fumar al menos en la planta de arriba. Y si podía evitar que le viera Menma, mejor. No quería ser un referente así para el niño. Si tuviera delante suya a su yo de quince años, de seguro que al menos le daría un barrido visual, mirándole por encima del hombro con desprecio. Por aquel entonces no dejaba que nadie se acercara a su habitación fumando. Y si había entrado su padre, o algún amigo de su hermano, enseguida se daba cuenta por el pestazo que quedaba tras ellos.
Sin embargo ahora…
Tras terminar de fregar, y darle la última calada al cigarro, recogió el portátil y se encaminó al piso superior, dejando el aparato sobre el escritorio de trabajo que tenía en la habitación de streaming.
Le resultó cuando menos llamativo que Naruto no entrase ahí el día anterior, cuando subió a cotillear mientras dormía. Había notado un par de libros mal colocados en la estantería de su habitación y, sin embargo, ni siquiera había abierto la puerta de ese cuarto.
No es que le importase realmente que hubiera estado indagando por ahí. No tenía nada que esconder. Quizá incluso podría prestarle un par de doujinshis que tenía, a ver si así se animaba a experimentar cosas nuevas.
No pudo contener una risilla maliciosa, camino de su cuarto, al tratar de imaginarse la cara que pondría si leía alguna de esas historias. La mayoría eran bastante normalitas, pero alguna que otra tenía por ahí que se había sorprendido incluso él mismo con lo fetichistas que podían llegar a ser algunos autores. Y Naruto, viendo cómo era, que se sonrojaba por nada…
"Tengo que guardarlos bajo llave", se hizo la nota mental.
No quería que por accidente el niño cogiera uno de esos… A saber qué traumas le podría crear.
Sentimiento que quedó reforzado cuando, no mucho después, llegó Naruto, y se los quedó observando a ambos mientras sacaba al niño del coche.
—¿¡A dónde vamos!? —preguntó emocionado Menma dando saltitos.
—¡Estate quieto y ten cuidado! —lo regañó sin siquiera girarse a mirarlo.
Debía de haber salido, de nuevo, con mal humor del trabajo. El niño ni se había acercado al borde de la carretera, y tampoco venían coches. Obviamente, Menma no entendía por qué Naruto le había hablado así, y por un segundo se quedó inmóvil, mirando a Sasuke, casi como si fuera a romper a llorar.
—Ven aquí, peque —lo llamó al tiempo que se acuclillaba.
Extendió los brazos hacia él, y Menma no se lo pensó dos veces y salió corriendo para echársele encima.
Con cuidado, se incorporó con el bicho en brazos, y le dio un beso en la mejilla.
—¿No me das un beso?
Aquél se lo quedó mirando, mordiéndose un dedo y con una sonrisa de pícaro que no se la aguantaba ni él… Hasta que finalmente se inclinó para devolverle el beso, y escondió la cara contra su hombro riendo por lo bajo.
Momento en el que Naruto cerró el maletero, con la mochila del crío y una bolsa colgadas de un brazo, y metiéndose la cartera en un bolsillo con la otra.
Y con el ceño fruncido.
—¿Quieres echarte un rato? Podemos salir luego.
—¿Vamos al parque?
—Claro, Menma —contestó rápido al bicho para que no se desesperase. —En un rato vamos.
Lo sujetó con cuidado para que no se cayera ya que se puso a hacer aspavientos emocionado. Pero aunque se alegraba de que Menma pareciera a gusto con él, no podía quitarle el ojo a Naruto, que algo ofuscado pasó de largo hacia la entrada de la casa.
—¿No me dices ni hola? —preguntó Sasuke preocupado.
Cuando Naruto paró en seco y se giró sorprendido, supo que no se había dado ni cuenta.
—¿No te he saludado?
—No.
Ambos se quedaron ahí de pie sin apartarse la mirada, Menma comenzando a cantar algo ininteligible.
—No me he dado cuenta…
Con lentitud, acortó la distancia que les separaba y se inclinó para besarle en la mejilla.
—Lo siento.
Con un profundo suspiro, dio un pequeño bote para agarrar mejor a Menma y entrar en casa.
—Cierra el coche —le dijo adelantándose.
—Ay, sí…
Con otro suspiro, dejó a Menma en el suelo, y lo llevó de la mano hasta la cocina.
—¿Cuándo vamos al parque?
—Después de que meriendes —le sonrió. —¿Te gusta el yogur de limón?
—¡No! —hinchó los mofletes.
Con brío, Menma se fue acelerado hasta el frigorífico y lo abrió, poniéndose de puntillas. Aunque en un primer momento lo pilló por sorpresa, enseguida fue a cogerlo de nuevo en brazos para que viera lo que tenía… Pero dudaba que le gustase nada: tenía yogures de limón, naturales, y unas pocas manzanas. Iba a tener que añadir a sus compras algo más dirigido al paladar infantil…
—Yo quiero un petisis…
—Lo siento, peque, no tengo de eso.
Como si hubiera apretado un interruptor, el bicho pasó de estar tan tranquilo a llorar como desesperado en menos de dos segundos.
Momento en el que Naruto apareció por la puerta.
Sintió como si se le congelase la sangre. Esperaba por todos los dioses que Naruto no se pensase nada raro…
—¿Qué pasa ahora, Menma? —preguntó con cansancio en la voz.
Con afecto, le puso la mano en la cabeza y le hizo un ademán a Sasuke para que le diera al niño, aquél enganchándose a su cuello casi al instante.
—Quiero un petisis —repitió entre sollozos.
—Ahora te saco uno —le sonrió levemente.
Menma no tardó ni diez segundos en recuperar el aire, dejando de llorar casi en el acto.
—¿Qué ha pasado? —le preguntó Sasuke, apoyándose en la encimera.
Naruto levantó un momento la mirada, quizá debatiéndose entre si contarle la verdad o soltarle alguna excusa, pero al parecer debió de darse cuenta que una mentira no iba a colar.
—Lo de siempre… —murmuró al tiempo que sacaba de la mochila de Menma un yogur.
"De fresa", tomó nota mental.
—...Sakura y el tío del almacén se vuelven insoportables cuando discuten. Y hoy me estaban pidiendo informes por todas partes y no había manera de concentrarse. Me he tenido que quedar más de un cuarto de hora más para terminar cuando me han dejado solo.
—Y… —apretó los labios sin saber cómo decirlo. —¿No te has planteado buscarte otro trabajo?
—No —dijo tajante.
—¿Por qué no?
—Porque pagan bien, tengo contrato fijo, y si hago bien mi trabajo puedo ascender en unos años.
—¿Quieres ser ejecutivo?
—Realmente no, pero pagan bien.
Sasuke suspiró profundamente, apiadándose de él. Un trabajo así de desgastante, por mucho que pagasen…
—¿Qué? —preguntó a la defensiva.
—Nada. Que no te das cuenta de lo que te hace ese trabajo. Necesitas cambiar de aires, o por lo menos unas vacaciones.
—¿Qué quieres decir?
—Antes le has gritado —hizo un ademán con la cabeza hacia el niño—, y no había hecho nada. Lo has dejado a cuadros al pobre.
Como si hubiese visto un fantasma, Naruto pareció perder el color de la cara y se giró a mirar con detenimiento al niño, que comía ignorando su conversación.
—Menma, ¿es verdad que te he gritado?
—Unn… —asintió levemente sin mirarle, con el labio sobresaliéndole.
—Perdóname…
Por un momento, Sasuke se quedó sin aire al ver cómo Naruto estrechaba al niño entre sus brazos, con el dolor reflejado en su rostro. Se le oprimía el pecho de ver ese gesto en él. Le hacía recordar por qué Menma estaba a su cuidado, y de seguro que Naruto estaba pensando en eso mismo.
Sus pies se movieron solos para llegar junto a él, y le puso la mano en la espalda con suavidad para que sintiera que estaba ahí.
—¿Quieres comer algo? Puedo hacer chocolate.
—No…
De forma distraída, Naruto comenzó a pasarle la mano por la cabeza al niño, peinándolo con los dedos.
Sin embargo, no pasó ni un minuto cuando se levantó de golpe y marchó hacia el salón.
—Voy al baño —dijo con la voz entrecortada.
Sasuke sólo pudo suspirar profundamente, con la vista perdida por donde se había marchado.
Empezaba a entender por qué habían obligado a Naruto a salir de fiesta la noche que se conocieron…
—Tengo hambre —murmuró Menma cogiéndole de la manga.
Con otro suspiro, cogió en brazos al niño para enseñarle lo que tenía de embutido, y con fingida calma le hizo un bocadillo, y le encendió el televisor del salón para distraerle un rato con los dibujos.
Y en cuanto se cercioró de que se quedaba ahí absorto, subió para buscar a Naruto.
Llamó primero a la puerta del baño que había en el pasillo, y al ver que no estaba ahí, se encaminó hacia el baño de su cuarto. Si bien no tuvo que ir más lejos del marco de la puerta. Lo encontró ahí, sentado en el borde de la cama, con la cara hundida en sus manos.
Se le removían las entrañas de verlo así, pero no sabía cómo iba a reaccionar ante su presencia…
—Naruto —lo llamó en un murmullo para hacerse notar.
Tal y como se había temido, aquél dio un respingo y nervioso comenzó a secarse la cara con la manga del jersey, sorbiendo por la nariz.
No se atrevía ni a preguntar qué de todo lo que podía imaginarse era por lo que estaba llorando, así que tampoco podía decir nada para aliviarle. Optó por sentarse a su lado, pasarle el brazo por la espalda y tirar levemente de él para abrazarlo. Y aunque en un primer momento pareció reticente, finalmente apoyó la cabeza en su hombro.
—¿Y Menma?
—Viendo la tele, no te preocupes.
Se pasó un buen rato acariciándole por el brazo, apretándole contra él, ahí en silencio, hasta que Naruto se calmó un poco.
Le parecía terrible que un chico tan joven, con toda la vida por delante, tuviera que estar sufriendo ataques de ansiedad tan fuertes por culpa de las expectativas del imaginario colectivo.
¿Y qué si cambiaba de trabajo? ¿Por qué creía que no iba a encontrar un sitio donde le pagasen lo mismo, o incluso más, y que fuera un entorno sano, o al menos no tan tóxico? ¿De verdad se pensaba que iba a trabajar en esa empresa hasta que se jubilase? Porque si era así, iba apañado… En los tiempos que corrían, bien porque le despidiesen, que la empresa quebrase, o porque le cambiasen el jefe y le acosaran —había escuchado ya de todo en las noticias—, muy difícilmente se iba a quedar ahí más de diez años.
Cierto que la opción de que quebrase la empresa era bastante improbable, pues siendo una multinacional con bastantes beneficios, mucho tenían que cambiar las cosas para que decidiesen cerrar.
Pero igualmente… No era un trabajo que mereciese ponerlo al borde de la histeria.
—¿Quieres echarte un rato?
—No… —murmuró, aferrándose fuerte a su cintura.
—Pues lávate la cara y salimos un rato a dar un paseo.
Con cuidado, le dio un beso en la cabeza, esperando que dijese algo. No lo veía con muchas ganas de hacer nada, pero tampoco le iba a dejar que se quedara en casa encerrado. Estando así, lo mejor era que le diera el aire fresco en la cara y que viera cosas nuevas, gente nueva, otras opciones…
—¿Crees… —comenzó a preguntar Naruto, agarrándose fuerte a él—, …que lo estoy haciendo mal?
Sin saber a qué se refería exactamente, le puso una mano en el pecho y con cuidado empujó levemente para que se apartara un poco y poder mirarle a la cara.
—¿Qué quieres decir? —preguntó controlando el tono de voz para intentar transmitirle algo de calma al tiempo que le secaba las lágrimas de las mejillas.
—Con Menma… —agachó la mirada. —Nunca había cuidado de un niño, y siempre me pregunto…
De repente, se encogió de nuevo y comenzó a temblar y a hiperventilar.
—Respira, Naruto —le puso la mano en la espalda.
Sin saber muy bien qué hacer, lo atrajo de nuevo hacia sí para abrazarlo fuertemente. Debió de funcionar pues Naruto rompió a llorar, pero al menos volvió a respirar de una forma menos errática.
Bueno. Era evidente que Naruto necesitaba ayuda, porque todo se le estaba haciendo una pelota enorme.
Pero por lo pronto, mientras no lo reconociera él mismo, sólo se le ocurrían dos formas de hacer que se le pasara el ataque de ansiedad: o con una pastilla, o con un par de caladas a un porro. Y para la segunda opción tendría que esperar un buen rato a que Suigetsu se lo trajera.
Así que, separándose de él muy a su pesar, se levantó con fingida calma para ir al baño y buscar en el cajón de las medicinas a ver si le quedaba alguna pastilla relajante. Y sí, aún le quedaban unas cuantas de diazepam.
—Naruto, ¿eres alérgico a las benzodiazepinas?
—¿A las-... A las qué? —preguntó entre sollozos.
Si no lo sabía, seguramente no lo era…
—¿Tienes problemas respiratorios? —le preguntó acercándose a él.
—¿Cómo qué? —inquirió confuso.
Bueno, a lo tonto estaba desviando sus pensamientos hacia otra cosa, y comenzaba a respirar de forma menos alterada.
—Como asma, bronquitis, laringitis —aquel negó con la cabeza a cada cosa que decía.
Atento a sus gestos y con cuidado, se arrodilló delante de él para poder mirarle aunque se encogiera, y sacó un blister mientras Naruto recuperaba el aire.
—Es diazepam —le empezó a explicar al tiempo que se lo ponía a la vista. —Es un relajante muscular y se usa también para la ansiedad. Si te pones una pastilla debajo de la lengua, estarás más tranquilo en un rato.
Algo torpe, Naruto se irguió un poco y cogió el blister.
—Sólo una —añadió Sasuke.
—¿Por qué tienes de esto? —preguntó a la vez que sacó la pastilla, antes de echársela a la boca.
No pudo sino suspirar profundamente.
Contestar esa pregunta era abrir la caja de Pandora…
—Porque a veces yo también tengo ataques de ansiedad —dijo en un murmullo.
Ambos se quedaron mirando a los ojos durante largos segundos. Veía en sus ojos la curiosidad de preguntar y, aún así, no salía de su boca ni una palabra.
Y no sabía si alegrarse o no de que no le venciera la curiosidad.
En algún momento iban a tener que hablar de los problemas que tenían si querían que su relación funcionase. Y no es que Sasuke quisiera ocultarse de Naruto, sin embargo no sabía si ése era un buen momento para hablar de sus inseguridades. Más aún teniendo en cuenta que en cualquier momento Menma se iba a aburrir de la televisión e iba a interrumpirlos… o quizá no, pero le estresaba un poco pensar que pudiera entrar por la puerta de la habitación en medio de una conversación que le era incómoda per se.
Con profundo suspiro, deslizó las manos por los muslos de Naruto, aferrándose a su cintura y dejando reposar la cabeza contra su vientre.
—A veces siento miedo de que me vean por la calle con otro hombre… —susurró. —No es sólo que me pueda cruzar con algún gilipollas y me metan en una pelea…
Sin saber cómo seguir por todos los recuerdos que invocaba, tragó con fuerza y lo abrazó más fuerte, intentando buscar el valor para expresarse. Valor que encontró cuando la mano cálida de Naruto se posó en su espalda, y le apretó contra sí.
—...es que hay policías que conocen a mi padre, y si él se entera…
De nuevo, dio una profunda bocanada de aire para dejarlo salir controladamente. No quería tener que tomarse una pastilla él también.
—Sigo sin entender cómo un hijo puede tener ese miedo de su padre —murmuró Naruto.
Le escuchó hacer un ruido raro, quitándole la mano de la espalda, y cuando Sasuke se irguió, Naruto estaba tapándose la boca.
—¿Qué pasa?
—Casi se me cae la pastilla —rio tras la mano.
No pudo sino sonreír y menear la cabeza, decidiendo levantarse de ahí y sentarse él también en el borde de la cama, hombro con hombro con Naruto.
—Cuando éramos pequeños, mi padre era muy duro con mi hermano —susurró sin ser capaz de apartar la mirada del suelo.
Recordarlo era casi casi como estar de vuelta en el cuartel donde vivió de pequeño, sintiendo la pesada presencia de su padre sobre ellos. Porque una mirada bastaba para saber que como osara decir una palabra, le iba a caer un guantazo a él también.
Por lo general, como aún era pequeño, por aquel entonces su padre le prestaba más atención a Itachi hasta que con dieciocho años se fue de casa y lo dejó a él solo con el marrón… Pero muchas veces había tenido que presenciar las broncas que le echaba, y alguna vez también estuvo delante cuando le daba un bofetón. Y aún a día de hoy seguía sin saber qué era más duro: recibirlo, o ver a su hermano recibirlo.
Todo por las malditas expectativas.
Y como el niño que era, lo único que quería era que su padre se sintiera orgulloso de él, y aunque a él no le exigía tanto, siempre intentaba ser mejor que su hermano. En lo que fuera: en las notas de clase, en competiciones deportivas, ayudando en casa… Daba igual en qué, pero quería tener ese reconocimiento.
Por supuesto, Itachi no pudo soportar esa presión y se fue de casa en cuanto pudo. Entonces su padre se empezó a fijar más en él, intentando sobornarle con regalos para que siguiera el camino que Itachi no terminó.
No hace falta decir que, de nuevo, sus ánimos se vieron truncados cuando Sasuke se aproximaba a la mayoría de edad, y no mostró intenciones de unirse a la policía militar.
Su padre no se peleó con él como hizo con Itachi, pero desde entonces comenzó a ignorarle: ya no se quedaba a charlar con él después de comer, no le pedía que fuera con él y con su madre a comprar…
Para Sasuke fue una decepción tras otra. Más aún cuando comenzó a darse cuenta de que le gustaban los chicos, y fue entonces que empezó a prestar más atención a cómo se expresaba su padre, y el odio que parecía desprender contra el colectivo. No tendría más de quince años en aquel momento.
Y claro… A ver cómo explicaba en casa que no tenía intenciones de casarse, ni de tener hijos, y que —en aquel entonces— prefería relacionarse con chicos. Con los años se dio cuenta de que, en realidad, el sexo de la otra persona le daba bastante igual siempre que pudiera tener un vínculo emocional…
De cualquier modo, este tipo de disyuntivas no era algo que pudiera verbalizar, así que la relación en casa, especialmente con su padre, se fue enfriando con los años.
A día de hoy, se comunicaba mayormente con su madre, e intentaba evitar ir a su casa. En Navidad porque no había más alternativa… Pero ni por esas Itachi acudía. La última vez que se vieron, hacía ya más de un año, y porque fue a verlo a la capital. Si no, ni eso.
El tacto cálido de Naruto lo trajo de vuelta al presente, entrelazando sus manos con suavidad.
—Mi familia está rota… —murmuró. —A mi hermano apenas lo veo, y mi madre vive en el pueblo de aquí al lado y no me atrevo a poner un pie en esa casa —le contó en un murmullo. —No sé si sería capaz de escuchar a mi padre decir maricón una vez más para insultar a alguien y no levantarme y darle una hostia. ¿Qué hará si se entera algún día? Con lo extremista que es, capaz y le dice a la gente que nos conoce que estoy muerto.
De nuevo, cogió aire profundamente y lo dejó salir de forma controlada para evitar alterarse.
—Lo siento… —susurró Naruto.
—No te disculpes. No es tu culpa.
—Ni la tuya tampoco —aseveró apretando su mano.
De repente, se quedó con la mente en blanco por un momento.
¿Se había estado culpando a sí mismo? ¿Sentía culpa por tener relaciones homosexuales?
Lentamente se giró a mirarle a los ojos, vislumbrando la determinación en ellos. Sus pupilas se dilataban cada vez más a medida que pasaban los segundos, y no pudo sino preguntarse qué podría estar pensando para que su mirada se tornara tan intensa. Casi pareciera que le estuvieran cambiando incluso de color, cambiando el tono a uno más oscuro.
Y en un pestañeo, Naruto le besó tenuemente en los labios.
Momento en el cual sintió movimiento a su lado, y al girarse vio fugazmente la cola de Cleo, que corrió por la cama y desapareció, y ni dos segundos después apareció Menma por la puerta.
—Hay un gato —comentó con cara de pillo.
—No es un gato, es una gata —lo corrigió Sasuke, haciendo un ademán para que se acercase. —Es mía. Se llama Cleo.
—No me deja cogerla —cambió su gesto por uno más triste.
"Maldito extorsionador", maldijo en su mente.
Si él mismo hacía eso de pequeño, no lo recordaba. Era bastante complicado ignorar esos ojitos llorosos, aún a sabiendas de que muy probablemente lo hacía a propósito.
—Es que no te conoce todavía —le explicó Naruto, sentándole en sus piernas. —Tienes que portarte bien con ella, ¿eh? Que le puedes hacer daño.
—Nooooo —lloriqueó el niño.
—Sííí —lo contradijo Naruto. —Si le pegas o la agarras muy fuerte, le hace daño igual que a ti. Así que, si la tocas, con cuidado, ¿vale?
—Unn —asintió enérgico.
Y, observador como él solo, Menma dejó descolocado a Naruto.
—Tito, ¿por qué estás triste?
Con los labios entreabiertos, el susodicho permaneció en silencio sin poder apartar la mirada del crío, al parecer sin saber qué contestar. Ya podía notar el estrés subiéndole por los hombros…
—El tito está cansado —contestó Sasuke en su lugar.
—Pues que duerma —le contestó sin apartarle la mirada a Naruto.
Sin querer, se le escapó una risilla que trató de disimular.
—Pero es que si se duerme ahora, ¿quién te lleva a casa?
—Tú —apretó los labios reprimiendo una sonrisa, cambiando su atención a él.
Un cosquilleo agradable le recorrió el pecho. No sólo es que el niño aceptara su presencia… Es que, al parecer, le incluía ya en el grupo de personas en las que podía confiar.
Sinceramente, había pensado que algo así tardaría en ocurrir, quizá meses.
Si el niño le aceptaba como parte de su familia…
Extendió los brazos para incitarle a que se fuera con él y, para su sorpresa, no lo dudó ni un segundo.
—Pero yo tengo que quedarme aquí en mi casa… Cleo necesita que alguien le eche de comer —le explicó con una sonrisa comedida.
No se podía creer que estuviera teniendo esta conversación con el niño. No lo había pensado… Pero quizá al que tenía que convencer para que se vinieran a vivir con él, no era a Naruto, sino a Menma.
—Pues te la traes también —contestó al tiempo que se le echaba encima, abrazándole por el cuello.
—¿Y no es más fácil si nos quedamos todos aquí? —le planteó al niño, mirando a Naruto fijamente.
—Noooo —estiró los brazos para alejarse y mirarle a la cara. —¡Tú no tienes petisis!
Tanto Naruto como él, soltaron una carcajada.
Si todos los problemas fueran así…
—Pues vamos al supermercado y compramos.
—Ah, bueno. Entonces vale —sonrió ampliamente.
Era una sonrisa de felicidad absoluta. Como si acabaran de resolverse todos los problemas de la vida.
Si tan sólo pudiera conseguir que Naruto sonriese así más a menudo…
De nuevo, el niño hizo algo que no hubiera podido esperarse, y que le hizo gracia por dentro, al mismo tiempo que le produjo congoja de que se hubiera dado cuenta del estado de Naruto.
—Ale, tú te quedas a dormir —le dijo a Naruto al tiempo que le daba unas palmaditas torpes en el hombro. —El tito Sasuke y yo nos vamos a comprar y luego te venimos a cuidar. Así que ponte bueno, ¿vale?
Sin querer reprimirse más, abrazó a Menma y le dio un fuerte beso en la mejilla, que provocó que el bicho riera y se pusiera colorado.
De verdad, no había conocido nunca un niño tan encantador. Casi pareciera saber qué palabras usar exactamente para tener a todo el mundo comiendo de su mano.
Al menos a Sasuke, ya se lo había ganado.
.
.
.
Continuará…
06/06/23
