Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es la prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
Thank you, CaraNo, for allowing us to share this amazing story in Spanish.
4 – FORKS EN AGOSTO
BPOV
Pasó una semana y la vida era… una locura.
Fiel a su palabra, Alice nos eludió como a una plaga.
Charlie también me eludió a toda costa.
Solo tomó un día el que toda la población de Forks se enterara de mis moretones, y aunque solo se rumoreaba que era la elegida de Edward Cullen, la gente de inmediato asumió que él fue el que me había golpeado. No importó que lo defendiera y les dijera a esos cabrones que no fue Edward. Eso por supuesto condujo a que preguntaran por Edward y yo, y si el rumor era cierto. ¿Era yo la elegida de Edward Cullen? ¿Y Rose era la elegida de Emmett Cullen?
Rose y yo no respondimos una mierda.
Y los hermanos Cullen seguían siendo un misterio en Forks, ya que nadie jamás los había visto. Solo a sus coches.
A los coches se les veía a menudo.
Estacionados justo afuera de la escuela. Casi todos los días.
Además, Rose y yo habíamos encontrado regalos en nuestros casilleros de la escuela todas las mañanas. Y no estamos hablando de flores y chocolates aquí. No, estamos hablando de cosas de las que no podían haberse enterado sobre nosotros.
Sin hacer 'investigación'.
O acecharnos.
Ya no necesitaba que Rose me diera cigarrillos. Encontrábamos una cajetilla de Davidoff en nuestros casilleros cada tercer día. Y luego estaba mi goma de mascar favorita de sabor cereza, el refresco favorito de Rose, cajas de almuerzo de restaurantes en Port Angeles, iPods llenos de la música que nos gustaba, y el día después que se me cayó mi bálsamo labial cereza en un charco afuera de la escuela, había uno nuevo en mi casillero.
Nos daban cosas para pasar el tiempo, como los iPods mencionados. Revistas, libros, e incluso pases falsos para salir de Educación Física o alguna otra clase que odiáramos.
No era un cortejo ordinario.
Pero el problema era que a Rose y a mí se nos estaba haciendo difícil ocultar el hecho que nos encantaba. Nos gustaba abrir nuestro casillero cada mañana para encontrar lo que los hombres sabían sobre nosotras. Como el día que encontré una botella de mi Snapple favorito y una tarjeta de memoria llena con la música clásica favorita de Edward, junto con un pase para salir de Trigonometría.
El hombre me conocía, y comencé a no odiar que muy probablemente descubrió esta información al… bueno, no tenía idea, pero dudaba que la hubiera obtenido legalmente.
Rose estaba igual, y era casi imposible que ocultara la sonrisa cuando Emmett le había dejado una pequeña canasta con champú, acondicionador, perfume, crema para rostro, y gel de ducha. Todos ellos los favoritos de Rose que nunca podría pagar, y nuevamente, no nos pregunten cómo, pero al parecer Emmett sabía que su champú y acondicionador se habían acabado en su casa.
Obviamente nos asustamos por un segundo, temiendo que los hombres hubiesen instalado cámaras o algo parecido, en nuestros malditos baños, pero Emmett dejó una nota.
Decía, No te preocupes, hermosa. No se invadió tu privacidad.
/Emmett.
Y confiamos en él, en ellos.
Hechiceros.
O sea, sabían demasiado. Sabían lo que nos gustaba, sabían qué odiábamos de la escuela, sabían qué necesitábamos, y sabían qué no podíamos pagar, y nos lo daban. Solo así.
Claro, lo hacían para conseguir que nos ablandáramos con ellos. No había duda de ello. Prácticamente nos compraron. Pero podrían haberlo hecho de la forma en que muchos hombres lo hacían; con flores, chocolates, y joyería cara.
Pero no lo hicieron. Nos compraron cosas que nos gustaban, ya fuera un paquete de goma mascar o una caja de almuerzo de un restaurante… porque sabían que no nos gustaba lo que ese día servían en la escuela.
Rose y yo examinamos detenidamente dónde podrían haber conseguido esa información, y la única respuesta que se nos ocurrió fueron las cámaras en la escuela. Pero no tenían audio, así que eso tampoco tenía sentido.
Suponemos que los chicos pueden hackear… lo que sea… bueno, son criminales. Hacen ese tipo de cosas, ¿no?
Rose sugirió que podrían enterarse por el supermercado, ya que también tenían cámaras allí. Y supongo que eso podría servir, o sea, ahí es donde compramos los Snapples, los bálsamos labiales, y todo eso.
Como sea…
Nuestra principal preocupación hoy es Rose.
Mañana es su cumpleaños número 18, y ya sabemos que Emmett se presentará a su cena del sábado.
*o*o*o*
"¿Encontraste algo divertido en tu casillero hoy?" Rose preguntó al tomar nuestros asientos para el almuerzo.
"Una cajetilla de cigarrillos, más goma de mascar, y una nota," respondí.
Era la primera vez que había recibido una nota, y… me provocó cosas.
"¿Qué decía?"
No pude ocultar mi sonrojo.
"Decía, 'Eres hermosa'."
Rose asintió y bajó la mirada, concentrándose en su ensalada de pollo.
Las dos pensábamos lo mismo.
Nos estábamos ablandando con ellos, y lo odiábamos. Lo aborrecíamos.
"¿Alguna idea de lo que pasará mañana?" Pregunté, cambiando eficazmente de tema… al menos un poco.
"Solo que Emmett estará allí para cenar con… una pregunta."
Sabíamos qué significaba eso.
Emmett le pediría que se casara con él y el padre de Rose le diría que aceptara.
"Podemos vernos mañana por la noche, ¿verdad?" Preguntó.
"Por supuesto." Asentí. "¿En nuestra mesa de picnic a las ocho?"
"Suena bien."
Desearía poder darle algo, pero así era todos los años. Nuestras familias no estaban forradas de dinero, y nuestras insignificantes mesadas se iban en ropa y cosas necesarias.
*O*O*O*
Hablé con Rose esta mañana, le deseé un feliz cumpleaños, y después de eso, había estado… paseándome. Limpiando la casa, y preparé los almuerzos de Charlie para la próxima semana—todo para pasar el tiempo. Y no sé cuántas veces había revisado el reloj de la sala.
Es solo que estoy… preocupada por ella. Sentada allí en su pintoresco comedor con sus padres… y Emmett Cullen. No, es imposible que esté disfrutando de su cumpleaños. Una adulta. Dios, ahora es una adulta.
El último día de agosto.
Y soy la siguiente. En trece días.
Afortunadamente, terminé de limpiar la casa para cuando Charlie llegó, así que me retiré al segundo piso donde seguí limpiando.
No habíamos cruzado palabra desde que me abofeteó, y no tenía intención de decirle nada. No importa que el moretón casi haya desaparecido. Siempre recordaré el día que no solo me entregó a un criminal, sino también… Dios, todavía no puedo creer que me golpeó. Nunca lo creí de él.
Para cuando terminé con el baño, era un desastre sudoroso, pero necesitaba hacer mierdas, de otro modo me volvería loca. Y cuando una vez más revisé la hora, vi que eran las seis de la tarde.
¿Ya se lo había pedido?
¿Ya estaba Rose comprometida? ¿Será una Cullen?
Respiro profundo.
Limpié la habitación de Charlie.
Limpié mi habitación.
Tocaron la puerta en la planta baja.
"¡Ve a abrir la puerta, Bells!" Escuché que Charlie gritó.
Había cambiado. Muchísimo.
Con un suspiro, bajé fatigosamente las escaleras, y recogí mi cabello desordenado en una cola de caballo.
Abrí la puerta… y deseé no haberlo hecho.
Era Edward.
Una vez más, elegante, vestido de negro. Increíblemente guapo, como siempre.
Yo, por otro lado… llevaba puesto un par de jeans viejos con tantos agujeros en ellos que yo… bueno, tenían muchos agujeros en ellos de cualquier forma, además… una camiseta gris raída, holgada y poco favorecedora. Con unos cuantos agujeros en ella también. Claro, es de mí de quién estamos hablando después de todo.
"Hola, Edward," le dije. "¿Qué te trae por aquí?"
No habló al principio. Solo me miró de la cabeza a los pies, con el ceño fruncido.
Estaba avergonzada.
"Aunque siempre te ves preciosa… debo preguntar si tu padre no debería alentarte a comprar ropa nueva." Me miró a los ojos cuando dijo la última palabra.
Era el mismo maldito murmullo. Nada condescendiente… solo… ¡Dios, por qué demonios suena tan preocupado! ¡Debería tomar sus palabras como un insulto!
"Lo haría si pudiera, Edward," respondí impaciente. "Pero no estamos forrados de dinero… Me sorprende que no lo supieras ya."
Dejó escapar una risita silenciosa antes de responder. "Sé muchas cosas, admito eso. Pero no tenía idea que tu padre te descuidara tanto."
Apreté mis dientes. "Seguramente no viniste a darme consejos sobre moda."
"No, no es así," suspiró. "Y no es consejo. Solo quiero ver que cuiden de ti apropiadamente."
Maldito sea él y su preocupación.
"Estoy aquí para invitarte a ser mi cita en la cena de compromiso de mi hermano y Rosalie el próximo sábado."
Comprometidos. Están comprometidos.
Palidecí.
El próximo sábado… eso era seis días antes de mi cumpleaños. Oh, Dios.
"Um, esa es decisión de Charlie," murmuré al mismo tiempo que le hacía un gesto a Edward para que entrara. "Deja le hablo."
Dejé a Edward en el pasillo y en seguida localicé a Charlie en la sala donde tenía los ojos pegados a la televisión.
"Edward Cullen está aquí," le dije en voz baja. "Desea hablar contigo."
"Hmph," fue su respuesta al levantarse.
Lo seguí en silencio al pasillo, escuchando cuando Edward le decía a Charlie—con frialdad, tajantemente—que Emmett y Rosalie se habían comprometido esta noche, y que había una cena en la mansión Cullen la próxima semana.
"Claro, como sea." Charlie se encogió de hombros.
Estupendo.
Charlie nos dejó entonces. Así como así. No le importó una mierda.
Me quedé mirando al piso, pensando, preguntándome, cómo o qué cambió en Charlie.
"Isabella."
"Sí," murmuré, levantando mi cabeza para verlo.
Me encontré con preocupación. Y un ceño fruncido.
No me sorprendió.
"Él no te ha hecho nada más, ¿verdad?"
Tragué con fuerza y desvié la mirada al suelo. Odiaba, odiaba, odiaba, que le importara.
"No."
Suspiró profundamente. Uno de esos suspiros donde sabes qué quiere decir algo, pero no lo hace.
"¿Algo más?" Le pregunté.
"Vas a encontrarte con Rosalie a las ocho, ¿verdad?"
¡Jesús, ¿cómo demonios sabe eso?!
"¿Por qué preguntas?" Me reí sin humor. "Ya lo sabías."
"Emmett me dijo que Rosalie tenía planes de encontrarse contigo."
Oh. Supongo que eso tiene sentido.
"Permíteme llevarte," me dijo.
No preguntó. Me dijo. Joder, aún con gentileza, pero no fue una pregunta.
Por qué demonios no, pensé.
"Claro," dije con un suspiro, tomando mi chaqueta del armario.
No importa que sea agosto. En Forks siempre hace frío.
"¡Voy a estar en la escuela con Rose!" Le dije a Charlie antes de salir con él.
Dios, de verdad estaba frío afuera.
"¿No tienes frío?" Solté.
Pero en serio, tenía sus brazos descubiertos, y realmente estaba helando.
"No por pasar solo unos minutos afuera," respondió, sonriendo un poco al abrirme la puerta.
Cuando los dos estábamos sentados, decidí simplemente hacerle la puta pregunta.
"¿Cómo saben todas las cosas que nos gustan a Rose y a mí?"
Sonrió con suficiencia al salir de la entrada, y al principio, creí que no me respondería.
"Emmett y yo hackeamos el banco, y conseguimos acceso al historial de su tarjeta de crédito. También las seguimos de ida y vuelta al supermercado."
Me eché a reír.
Maldición, en serio, me eché a reír. ¡Este tipo estaba loco! ¡Malditamente lunático por el amor de Dios!
Jesús, era gracioso. ¡Realmente hackearon su entrada!
"Lo encuentras gracioso, ¿eh?" Sonrió con suficiencia.
"Sí," solté una risita, tratando de calmar mi trasero. "Joder, ustedes dos están locos por hacer eso, ¿sabes?"
Y no me sorprendió. Después de todo, Rose y yo habíamos pensando en algo como eso.
"Eso no lo discuto," se rio entre dientes. "Pero oye, teníamos curiosidad," agregó encogiéndose de hombros.
Encogiéndose de hombros. Como si hackear en un banco no fuera gran cosa.
Y voy a casarme con él.
Cristo.
"Podrían haber preguntado," repliqué, tratando de ocultar mi diversión.
"Mm." Asintió. "¿Pero alguna de ustedes habría respondido?"
Uhmmm.
Estaba perpleja.
Porque tenía razón. Rose y yo no los habríamos complacido con respuestas honestas si nos hubieran preguntado sobre lo que nos gustaba y lo que no.
"No significa que deberían infringir la ley," señalé.
"No, no debimos haberlo hecho," concluyó.
Pero lo hicieron.
Viajamos en silencio por un rato, y traté de no sentirme… contenta. Pero era difícil. Difícil odiarlo. Difícil verlo como solo un criminal.
"¿Responderías ahora?" Preguntó en voz baja al detenerse en una luz roja. "Si preguntara algo sobre ti, ¿responderías?"
Lo haría. Pero no quise admitirlo.
Por otra parte, tampoco quería que infringiera las leyes por mí.
"Depende de la pregunta," decidí.
No pasó mucho tiempo antes que preguntara, "¿Tienes algún sueño para el futuro?"
Jesús, no empezó con algo sencillo.
"¿Qué pasó con 'cuál es tu color favorito'?" Me reí entre dientes.
"Ya sé eso." Me guiñó un ojo.
Me guiñó un ojo.
Tragué con fuerza.
"¿Y cuál es?" Pregunté cuando se echó a andar otra vez.
Pregunta capciosa, porque tenía dos.
"Azul y verde."
Maldición.
"Supuse que eran esos, de todos modos, a juzgar por cómo luce tu habitación."
¿Qué. Demonios?
"¡¿Irrumpiste en mi habitación, Edward?!" Chillé.
Se encogió un poco por mi chillido, pero el cretino seguía sonriendo. Esa sonrisa de lado que… mierda, me jodía.
"Culpable de los cargos." Asintió. "No te preocupes, no leí tu diario."
Hijo de perra.
Bueno, confié en él ya que no escribo en un maldito diario, pero Jesús, ¿qué tan franco puede ser un pendejo? Es esta su forma de conseguir que me agrade, porque no está funcionando.
"Jodido pendejo," bufé alcanzando mis cigarrillos.
Sin decir nada bajó mi ventanilla.
"Qué boquita tan sucia," dijo con una risita.
Apreté mis dientes cuando el calor me invadió, y todo era por él. Por verlo divertido, o sonriendo, o riendo… incluso esa sonrisa engreída suya. Era todo él.
"¿Nunca usas malas palabras?" Pregunté.
"Sí."
Y lo dejó así. No explicó más. Para nada.
Cretino.
"Me haces sentir frustrada," le dije antes de dar una calada.
"¿Por qué?" Preguntó con curiosidad.
"Porque no te comprendo."
"Todo lo que tienes que hacer es preguntar, Isabella."
Muy sencillo. Todo lo que tengo que hacer es preguntar.
"¿Y responderás?"
Asintió cuando dobló hacia la escuela. "De una forma u otra. Puede que no sea la respuesta que estás buscando, pero sí, responderé."
Dios, es críptico.
Devanándome los sesos por algo qué preguntar, se me ocurrieron unas cuantas preguntas. ¿Perciben el sarcasmo? Tenía millones de preguntas.
"¿Cuándo es tu cumpleaños?" Pregunté primero.
"El 20 de junio. Hace poco cumplí veinticuatro."
Solo faltaban quince minutos para las ocho, así que no me sorprendió cuando el lote estaba vacío.
"¿Tu color favorito?"
"El verde," respondió al estacionar el coche, cerca de nuestra mesa de picnic.
"¿Tu música favorita?"
"La música irlandesa. Y la clásica, lo que tú ya sabes."
Tiene sentido, supongo. El tipo es irlandés. Y sí, por la tarjeta de memoria que me dio, sabía muy bien qué tipo de música clásica le gusta.
La misma que a mí.
"¿Tocas algún instrumento?" Pregunté.
"Sí." Asintió. "El piano, la guitarra, y el silbato de estaño."
Wow.
Estoy impresionada.
Joder, pero no estoy admitiendo eso.
"¿Qué es un silbato de estaño?"
"Una flauta irlandesa," respondió antes de encender un cigarrillo.
Tantas cosas irlandesas.
Encarándolo más de lleno al girar mi cuerpo en su dirección, le disparé la siguiente pregunta en la que pude pensar. "¿Tu hermano toca algún instrumento?"
"Sí. La guitarra, el banjo y la mandolina." Sonrió con suficiencia, imitando mi posición para quedar frente a mí. "Es divertido verlo tocar la mandolina."
Al tratar de imaginar a Emmett tocando un instrumento tan pequeño, tampoco pude evitar reírme. Los hombres no son pequeños, después de todo.
"¿Cómo a ti con la flauta?" Bromeé.
"Cierra la boca, princesa." Jugando me fulminó con la mirada. "Soy lo máximo con ese instrumento."
Princesa.
"Voy a tener que ver eso," dije riendo. "O sea, ¿cuánto mides, 1,88? ¡Y tu hermano es casi un gigante!"
Sí, no podía esperar a verlos tocar esos instrumentos tan pequeños.
"Mido 1,91, muchas gracias, y Emmett mide lo mismo. Pero sí, es un poco más grande. El tipo ama ejercitarse."
Definitivamente podía verlo.
Los dos estaban malditamente musculosos pero los brazos de Emmett eran… gigantescos. Mmm, pero los bíceps de Edward también son jodidamente espectaculares.
Cambia de tema, Bella.
Ah sí, hablando de eso…
"¿Por qué me llamas Isabella?" Pregunté con curiosidad.
"Es tu nombre, ¿no es así?" Sonrió.
Maldita sea esa sonrisa.
"Pero sabes que todos me llaman Bella," señalé.
Asintió de forma pensativa al expeler el humo por su nariz.
Eso me pareció sexy. Como el demonio.
"No te llamaré como no me has pedido que lo haga."
Oh.
Así como ambos llaman a Rose, Rosalie.
Son caballerosos, y no darán eso por sentado.
Pero irrumpir en mi habitación es aceptable.
Maldición…
Hubo unos golpecitos en mi ventanilla entonces, y miré hacia allá para ver a Rose parada ahí.
Fue como una ducha fría.
Había estada sentada aquí, no solo conversando con Edward Cullen, sino que lo había… disfrutado… inmensamente… me reí, bromeé y le tomé el pelo. Y él hizo lo mismo.
Mierda, habíamos empezado a conocernos. De verdad.
"Creo que acabas de darte cuenta de lo que hemos estado haciendo," escuché que dijo Edward en ese momento. "¿Verdad?"
Maldita sea.
Cabrón perceptivo.
"Um, sí," murmuré al mismo tiempo que alcanzaba la manija de la puerta.
Antes de abrir la puerta, dije sin mirarlo, "Gracias por el aventón."
"No hay problema, Isabella."
Dejé el coche.
"Hola," dijo Rose, viendo a Edward marcharse.
"Hola," respondí débilmente.
Nos dirigimos a nuestra mesa en silencio, y luego alcancé a ver su dedo anular derecho.
"¡Puta madre!"
