Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.

Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish.


5 – FORKS EN SEPTIEMBRE

BPOV

"¡Puta madre!"

Esa… cosa… en su dedo era… ya sabes, gigantesca.

¡Gigantesca!

"Déjame verlo," jadeé, estirando mi mano para agarrar la suya.

"Lo sé, puedes verlo desde la puta luna," dijo con un suspiro.

Le creí.

Era… maldición, o sea, era… precioso y fascinante, pero mierda, era inmenso. Enorme.

Casi le pregunté si esa cosa era real, pero… bueno, he visto sus coches, su ropa…

Jesús.

Dios, es muy brillante.

No puedo dejar de mirarlo.

Pero entonces salí del trance.

Rose está oficialmente comprometida con Emmett Cullen.

"¿Cómo fue?" Pregunté en voz baja al soltar su mano.

Maldita sea, esa cosa debe haber costado más que… una docena de casas en Forks. Jesús

"Um, vino a casa a cenar," murmuró. "Y, uh, después, pidió verme en privado, así que, mis padres dejaron la habitación…"

Rodeándola con un brazo, la abracé mientras se sorbía la nariz durante el resto de su historia.

"Me dijo que no podía esperar a ser mi esposo, y luego… me dio el anillo. Dijo, 'Será un honor casarme contigo, Rosalie… Y pasaré el resto de mi vida asegurándome que eres feliz y estás bien cuidada'. Y enseguida él… puso el anillo en mi dedo… y besó mi mejilla."

Rose lloró.

Lloré con ella.

De repente era muy real. Estaba sucediendo.

La próxima semana seré la cita de Edward para su cena de compromiso. La cena donde celebraremos su futura unión. Una unión a la que Rose no tenía otra opción más decir que sí.

Y yo pasaría por lo mismo. Pronto.

¿Nos estamos ablandando con los hermanos Cullen?

Sí. Desafortunadamente.

Saben cómo ser encantadores. Son peligrosamente atractivos. Pero no hay amor. Ni sentimientos románticos. Ni mutuo afecto. Y aunque puede que nos lleven de viaje a países exóticos… seguiremos siendo esposas de criminales. Esposas de hombres que se rumorea tienen vínculos con la familia Masen en Chicago. Esposas de hombres que cometen delitos en vez de ganarse la vida honestamente.

Será una vida de ostentación y glamur, pero todo será tan malditamente falso. Podría incluso ser peligroso, ¿quién sabe?

En realidad, no tenemos idea de qué hacen los Cullen, pero dudo que sea algo trivial como robar en tiendas.

Robando tiendas no consigues los coches lujosos que conducen.

*O*O*O*

Rose y yo pasamos los siguientes dos días solo… hablando, pensando, preguntándonos… llorando. Sintiendo lástima de nosotras mismas.

No nos sorprendió tener regalos en nuestros casilleros el lunes. Pero ya no tuvieron el mismo efecto. Tal vez porque finalmente lo asimilamos. Y no solo nos íbamos a casar, sino que íbamos a casarnos pronto.

Llegó el miércoles, y era solo otro día. Los coches de Edward y de Emmett estaban estacionados afuera de la escuela, hubo rumores sobre a quienes estaban eligiendo los hombres, hubo más rechazo de parte de Alice, hubo clases aburridas, y hubo regalos. Un Snapple, un almuerzo elegante, y… un pase para salir de Educación Física. Claro, me sentí agradecida por ese, porque Dios sabe que odio Educación Física, pero estoy muy deprimida para… hacer algo, para pensar en… algo. Simplemente muy deprimida.

*O*O*O*

Estaba ligeramente soleado afuera, por lo que Rose y yo optamos por almorzar mejor en nuestra mesa de picnic junto al estacionamiento.

Caminamos en silencio, pero sabía lo que Rose pensaba al respecto.

En toda la escuela se habían escuchado rumores los últimos tres días. Todo porque una chica de nombre Lauren había alcanzado a ver el anillo de Rose, y ahora todos pedían ver la mano que ocultaba con guantes tejidos.

"¿No tienen una vida?" Rose murmuró cuando tomamos asiento afuera.

Seguí su línea de visión y vi los dos coches negros, estacionados al otro lado de la calle.

No podías ver dentro de los coches, por supuesto, pero eso no impedía que algunos estudiantes lo intentaran. Y vaya que lo hacían a menudo. Todo el mundo quería un vistazo de los misteriosos Cullen.

De pronto ya no tenía hambre, y tiré el contenedor del elegante almuerzo a la basura.

Con suerte Edward lo notó.

Con suerte Emmett notó que Rose hizo lo mismo.

Sí, hoy estábamos resentidas.

Cabrones.

Solo quiero… patear sus traseros. Tal vez.

"Quizás deberíamos ir allá y decirles que se vayan a la mierda," sugerí.

"Como si fueran a hacernos caso," Rose bufó. "Además, si lo hacemos, toda la escuela se enteraría que somos nosotras las elegidas."

Cierto.

Pero… ¿y si eso no me importa?

"Voy para allá," le dije con firmeza.

"Adelante. Yo me quedaré aquí, fumando como una chimenea."

Con un gesto determinado de cabeza, dejé a Rose junto a las mesas y crucé el estacionamiento.

Por supuesto, no pasó mucho tiempo antes que unos pocos estudiantes vieran la dirección a la que me dirigía, pero yo estaba demasiado molesta para que me importara. Y cuando cruzaba la calle, y Edward abría la puerta de su coche deportivo, no me importó que mis ojos se llenaran de lágrimas. Solo tenía una pregunta, y podía hacerla a pesar de todo.

A la mierda las lágrimas.

"¿Isabella?"

Sí, él estaba muy confundido en este momento.

"¿Por qué estás haciendo esto, Edward?" Pregunté cuando llegué a él. "¿Por qué ustedes son tan jodidamente persistentes? ¿Y por qué demonios nos están acechando? ¿No tienen nada mejor qué hacer?"

De acuerdo, más de una pregunta.

No me respondió al principio.

Solo se quedó allí, recargado en su coche, y tenía los brazos cruzados sobre su pecho.

Con el ceño fruncido. Analizándome.

La misma ropa negra.

¿No tenían otra ropa?

"No hay mucho que hacer en un pueblito jodido como este, no." Sonrió con tristeza.

Jodido. Era lo más cercano a una maldición que le había escuchado decir.

"Y sabes por qué hacemos esto, Isabella."

"No, en realidad no," dije con los dientes apretados al mismo tiempo que limpiaba unas lágrimas traicioneras.

"Lo hacemos porque las queremos a ustedes dos."

¿Y qué demonios ha pasado con la reciprocidad?

Conozco la sociedad en la que vivimos. Sé que los hombres son primero. Pero… ¡mierda!

"¿Qué pasa con lo que nosotras queremos, entonces?" Grazné, sin molestarme ya en limpiar mi rostro. "¿Qué pasa con lo que Rose y yo queremos?"

No respondió.

"¿No te importa que ni siquiera le agradas a tu futura esposa?" Continué. "¿No te importa que—?"

Me interrumpió al agarrar mi brazo, y luego acercarme a él. Rodeó mis hombros con sus brazos, enterrando mi rostro eficientemente en su pecho. Y estaba… muy impactada para… reaccionar.

Al principio.

" me importa," susurró contra mi sien. "No tienes idea lo mucho que me importa, hermosa. Pero que esto funcionará."

Yo… no podía funcionar.

Mis sentidos estaban invadidos por él. Por todas partes. Por todo mi cuerpo. Su aroma almizclado. Su cuerpo musculoso. Sus brazos en torno a mí. Su calor. Sus palabras. Su… todo.

"Te haré feliz, Isabella. Lo prometo," continuó, todavía susurrando. "Quiero darte todo lo que quieres, pero… mierda, sé que seremos perfectos juntos."

Lloré en su pecho. Odiándolo. Agradándome. Detestándome a mí misma por ceder. Aborreciéndome por agarrar su camisa en un puño. Odiándolo más por presionar sus labios en mi sien.

Amándolo igual.

Odiándome por reaccionar como lo hago cuando habla, cuando me toca, cuando él… simplemente existe. Todos esos escalofríos. El contener la respiración. El deseo de… recibir más.

"Necesito que confíes en mí," susurró.

¿Confiar en él? ¿Cómo podría hacerlo? ¡Ni siquiera lo conozco! Y lo que sé no es bueno.

"Conóceme, al verdadero yo." Fue como si estuviera leyendo mi mente. "Deja que te lleve algún lado esta semana, y podemos hablar… conocernos mejor… Charlie no dirá que no."

Pero… tú eres… no eres un hombre honesto.

Suspiré pesadamente, asimilando todas sus palabras… y simplemente estaba… agotada. Cansada y exhausta. Demasiado joven para lidiar con esto. No estoy preparada para casarme. O… tal vez lo estoy, pero no con un hombre que no conozco. No con un hombre que infringe las leyes.

Suspiré otra vez. Relajada.

Lo olí.

Odiándome.

Um…

"Dijiste mierda," murmuré contra su pecho.

Lo hizo, ¿verdad?

"¿Eso fue lo que captaste de todo lo que dije?" Se rio entre dientes y me soltó.

Pero no me soltó del todo. Primero, limpió mis mejillas con sus pulgares, y contuve otro escalofrío. Y luego bajó sus manos, y tomó las mías.

Las apretó suavemente al repetir, "Deja que te lleve a algún lado."

Malditos ojos verdes. Maldito rostro jodidamente hermoso.

Um, ¿cuál era su pregunta?

Oh, cierto.

"¿Cuándo?" Pregunté, mordiendo mi labio.

"¿Mañana? Me gustaría mostrarte una parte de quién soy realmente."

"¿Cuántas leyes vamos a infringir?" Dije con un resoplido.

Sonrió.

"Ahí está esa insolencia. La echaba de menos."

Agaché la cabeza para ocultar mi sonrojo.

Hormonas traidoras.

"Bien," murmuré. "Mañana."

"Perfecto. ¿Te recojo a las siete?"

Asentí, todavía viendo mis zapatos.

Murmuré una despedida entonces, y lo único en lo que podía pensar al volver a la escuela era…

Eso no salió como lo había planeado.

*O*O*O*

Cuando Rose y yo llegamos a la escuela un día después, todos habían concluido que los Cullen nos eligieron. Ya no había forma de negarlo. No cuando prácticamente me expuse ayer con Edward. Y Rose estaba harta de las preguntas sobre por qué demonios usaba guantes en clase, así que solo nos dimos por vencidas y confirmamos la maldita cosa.

En fin, llegamos a nuestros casilleros, y lo que encontramos no fue nada más que una nota. Ambas diciendo más o menos lo mismo.

Cuando llegues a casa, hay un paquete esperándote. Te veré esta noche, hermosa. /Edward

Cuando llegues a casa, hay un paquete esperándote, Rose. Te recogeré a las 6:45 pm. /Emmett.

Sí, claro que comparamos las notas.

Y sí, Rose le dijo a Emmett que estaba bien que la llamara 'Rose'.

Pero ellos están comprometidos.

Como sea…

No tenemos idea qué significa, pero casi suena como si fuéramos a una cita doble, sobre todo porque Emmett va a recoger a Rose solo quince minutos antes de cuando Edward debería recogerme.

No hay forma que conduzca su Aston entonces, pensé. Solo dos caben en esa cosa.

Pero la idea de una cita doble es en realidad muy positivo. Puede que sea más fácil relajarme si Rose está conmigo.

*O*O*O*

Uhmmm…

Bien, así que um, sí, había un paquete esperándome cuando llegué a casa.

Ropa. Y una bolsa. Zapatos. Um, y un esmalte de uñas.

Primero que nada, realmente esperaba que Edward no hubiera elegido esto, porque eso lo haría muy… ya saben.

Porque estamos hablando de Louis Vuitton, Dior, Marc Jacobs, y True Religion. En color azul y blanco, recibí un par de jeans, un suéter, una bolsa, y un par de bailarinas.

Oh, y el esmalte de uñas.

Y Rose llamó, gritó, que había abierto su bolsa. Las mismas cosas en la suya. En color negro y rosa. Un par de jeans negros, un suéter rosa, una bolsa Burberry, esmalte de uñas… zapatos…

Los chicos no eligieron eso, ¿o sí?

Dios, espero que no.

Pero, en cualquier caso, lo traigo puesto ahora, e intento no gritar de felicidad al sentir mi nueva ropa, pero es un poco difícil porque Rose y yo no hemos podido comprar ropa nueva en más de seis meses, y lo que comprábamos… bueno, es jodidamente seguro que no era cachemira y cosas como esa.

Muy suave… increíblemente suave. El único problema es que no puedo usar un sujetador con este suéter blanco, porque solo tengo tres sujetadores y todos son negros, lo que significa que se verían debajo de esta blusa.

Aunque, en realidad no importa. No soy precisamente voluptuosa. Mis cositas respingonas no necesitan un maldito sujetador.

Además, la cachemira es el maldito cielo contra tu piel.

Y odio a Edward por hacer que use esto. Muy lujoso. Suave. Cómodo.

Lo odio.

El cabrón me está comprando, y no puedo soportar eso. Me hiere. Pero lo que más duele es el hecho que prácticamente puedo escucharlo decir, "Solo quiero que tengas lo mejor."

Sé que diría una mierda como esa.

El timbre sonó entonces y ya que Charlie no estaba en casa, corrí a abrir la puerta…

Um, ¿eh?

Lo que vi… no era lo que esperaba.

"Tú eres la encantadora Isabella, ¿eh?"

Es un niño.

Con acento irlandés.

"Sí, ¿y tú eres?" Me reí entre dientes, porque el niño se veía genial.

El hombrecito llevaba puestos unos pantalones cargo cortos—a pesar del frío—una camiseta, unos tenis caros, y un fedora. Sí, leyeron bien; un fedora.

"Mi nombre es Alec." Sonrió, ofreciéndome su mano. "Soy el primo de Eddie y Em."

¿Em? ¿Eddie?

Oh, Dios. Maldición, es adorable. También me encanta su acento.

"Encantada de conocerte, Alec," solté una risita al estrechar su mano.

"A ti también, cosita linda." Me guiñó un ojo.

¡Oh. Dios. Mío!

¿Cosita linda? Jesús…

"¿Puedo acompañarte al coche?" Preguntó, ofreciéndome su brazo.

"Claro," me eché a reír, levantando la vista para ver a un Edward muy divertido parado junto al BMW que creía era de Esme.

"No eres tímido, ¿verdad?" Sonreí después que cerré la puerta con llave detrás de mí.

"Nah, soy así de genial."

"Muy bien, suficiente, cachorro," Edward se rio entre dientes cuando llegamos a él. "Métete al coche, ¿quieres?"

"Sí, jefe," Alec responde simulando un saludo militar.

Creo que amo a ese niñito.

Pero entonces veo a… Edward más… de lleno… mierda.

El hombre traía puestos un par de jeans, por todos los santos. Y no solo eso, sino que traía puesto un suéter gris con cuello en v… y maldita sea, se veía delicioso. Jesús, el hombre incluso estaba usando tenis.

Entonces, ¿este es Edward realmente?

"Uhm."

No fui yo. Ese fue Edward.

Estaba… huh, um, mirando.

Ni de cerca mi rostro.

Para ser franca, el tipo se estaba comiendo mis tetas con los ojos.

"Edward," le dije.

También troné mis dedos, por si acaso.

"Uhm, sí," murmuró, viendo finalmente mi astuta sonrisa.

Fue algo divertido verlo con menos… control.

Sacudiendo su cabeza un poco, para sí mismo, creo, reaccionó.

"Isabella," suspiró, frotando la parte de atrás de su cuello. "Te ves…"

Esperé.

Por cuatro segundos más.

Entonces, después de soplar aire de sus mejillas, dijo…

"Jodidamente preciosa."

Creo que morí un poco.

"Entra al coche, Tush (1)," escuché que Alec dijo entonces.

¿Tush? ¿Primero 'cosita linda' y ahora Tush?

Dulce Jesús.

"Ya escuchaste al hombre." Edward me guiñó el ojo, al parecer volviendo a su confiada personalidad.

"¿Tú no vas a llamarme Tush?" Pregunté, arqueándole una ceja.

"Si me permites darte un apodo, no sería Tush, no," se rio entre dientes.

¿Tush no? Entonces, ¿por qué él—no tan sutilmente—inclinó su cabeza para echarle un vistazo a mi trasero?

Dios, este de verdad es un nuevo Edward, pensé al entrar al coche.

Sonreí cuando vi a una Rose divertida del otro lado de Alec.

Por cierto, escuché a Edward maldecir bajo su aliento antes de cerrar la puerta.

Creo que le gusta mi trasero.

Creo que me gusta que a él le guste mi trasero.

"Ey, Tush." Alec sonrió con suficiencia. "Conoces a Sweet Cheeks (2), ¿verdad?" Asintió con su cabeza en dirección a Rose.

"Sí," me reí entre dientes, sacudiendo mi cabeza. "Hola, Ro."

"Hola, Bella," dijo con una risita. "Me alegra que al fin estés aquí. Este niñito ha estado… muy sugerente."

"¿Pueden culparme, damas?" Preguntó. "Estoy sentado aquí… entre ustedes dos… ¿Pueden culpar realmente a un chico?"

"Oh, Dios mío," me eché a reír. "¿Cuántos años tienes, Alec?"

"Tiene doce," respondió Emmett por él riéndose entre dientes mientras encendía el coche. "Solo ignórenlo. Y hola, Isabella."

"Hola, Emmett." Sonreí.

Los malditos hoyuelos, lo juro.

Y Jesús, Alec también los tenía.

"Pshhh, no pueden ignorar al todopoderoso Alec, Em. Van a dejar sus traseros por mí."

En primer lugar, amo a este niño.

En segundo, ¡ese acento!

Cristo.

"¿Sabes qué, Alec? Tal vez lo hagamos." Sonreí.

"Absolutamente." Rose asintió.

"Mierda, no debimos haberlo traído, Em," Edward se rio entre dientes desde el asiento del pasajero.

"Ni lo digas," Emmett bufó.

Estaban diferentes. Los dos. Malditamente casuales, de pronto.

Y enseguida lo noté…

"¡Demonios, Emmett, ¿traes puesta una sudadera?!" Exclamé.

"Claro," se echó a reír. "Lo notaste, ¿eh?"

"¿Cómo no podría hacerlo? ¡Y tú, Edward, no creas que no noté que tras puestos unos jeans! Creí que tendría un maldito ataque al corazón," bromeé.

Edward me dio uno de sus deliciosos guiños por el espejo lateral, y Emmett… resonó una alegre carcajada.

Mierda, las cosas eran diferentes.

"Así que, ¿a dónde vamos?" Rose preguntó después de unos minutos.

"Edward compró una pequeña cabaña a las afueras de La Push," respondió Emmett. "Vamos a mostrarles nuestro lado irlandés."

Eso llamó mi atención.

"¿Eso quiere decir que puedo verte tocar la mandolina?" Bromeé.

"¡Hermano! ¡Mierda, ¿le dijiste?!" Emmett se carcajeó dándole un puñetazo a Edward.

Maldijo. Dijo mierda.

Solo… digo.

"Por supuesto," Edward se echó a reír… y le devolvió el puñetazo.

Estaban siendo hermanos.

Tanto Rose como yo sonreímos de forma genuina.

¿Qué demonios nos pasaba?

"Como mis primos no han tenido la cortesía de responderte, Tush, tendré que intervenir," respondió Alec tranquilamente. "Sí, cariño, habrá música, pero no con la mandolina."

¿Ahora soy cariño? Y con ese adorable acento suyo.

"Eres lindo, lo sabes, ¿verdad?" Le dije con una risita.

"Na, gracias, Tush. Y tú te ves como una diosa, lo juro."

"Jesús," Edward se quejó. "Dame un respiro, ¿quieres, Alec? Ya estoy teniendo problemas para conquistarla"

Oh, cómo me sonrojé.

No se imagina que me está conquistando.

Sin importar en lo que eso me convierta, lo está… consiguiendo.

"Entonces, tal vez debería enseñarles cómo tratar a las damas, ¿eh?" Alec sugirió. "No quiero faltarle al respeto, jefe, pero después de todo ya llegué a primera base con una chica, y ustedes dos no."

¿Qué. Demonios?

"¡CIERRA LA PUTA BOCA, ALEC!" Gritaron tanto Emmett como Edward.

Rose y yo nos miramos la una a la otra con ojos como platos. Con la boca abierta. El paquete completo.

¿Primera base? Eso es besar. ¿Cierto?

Pero ellos tenían… veinticuatro y veinticinco años…

¡¿CÓMO ERA ESO POSIBLE?!

"¿Dije algo de más, chicos?" Alec preguntó.

"¡SÍ!" Emmett rugió.

"¿Tú qué crees?" Edward espetó.

Recargándome en mi asiento, solo…um… me quedé en blanco… por un rato. O sea… ¿no han besado a una chica?

Wow.

Claro, yo tampoco he besado a un chico, pero solo tengo diecisiete años, y no lo tengo permitido. Bueno, supongo que ahora sí, ahora que Edward me está cortejando oficialmente, pero… maldición… apenas empiezo a acostumbrarme a la idea de él. El afecto tendrá que esperar un montón.

Bueno, hasta la noche de bodas.

Dios, no quiero pensar en eso ahora…

"¿Ya has besado a una chica, Alec?" Rose se rio entre dientes, aparentemente desesperada por aligerar la tensión.

Para ser honesta, no había notado la tensión, pero cuando alcancé a ver a Edward en el espejo lateral, y a Emmett… Cristo, se veían como si estuvieran sufriendo, y de no haber sido por la oscuridad, podría haber jurado que los vi sonrojarse a ambos.

"Sí, Sweet Cheeks," afirmó Alec. "Le he dado el francés a mi Maggie un par de veces allá en Chicago. Un día me voy a casar con esa chica, lo juro."

¿Allá en Chicago?

Oh, Dios.

Con duda y aprensión, miré a los ojos de Edward en el espejo lateral, y lo vi examinándome de cerca.

"Alec es el hijo de la hermana de nuestra madre," dijo Edward, con sus ojos aún fijos en los míos.

El hijo de la hermana de su madre.

Entonces, ese sería un Masen.

"Alec y su hermana gemela, Nessa, llegaron ayer para pasar un par de semanas aquí," agregó.

"Sip, tía Esme nos está dando clases particulares," Alec habló. "Mamá y papá tienen algunos problemas en Chicago, así que por eso estamos aquí."

Por alguna razón no creo que estén teniendo problemas maritales…

"Su apellido es Masen," Rose dijo bajito.

"Sí, cariño. ¡Seguramente has escuchado de nosotros!" Se echó a reír.

El niño se rio.

Edward siguió examinándome.

Emmett hizo lo mismo con Rose.

El resto del viaje fue en silencio.


(1) Tush es una palabra en inglés para 'trasero'.

(2) Alec llama Sweet Cheeks a Rose, lo que significa 'mejillas dulces'.