Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
Thank you, CaraNo, for allowing us to share this amazing story in Spanish.
6 – FORKS EN SEPTIEMBRE
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La autora recomienda dos temas musicales para acompañar este capítulo:
*Scarborough Fair – Whistles and Guitar
*Cooley's Reel – Whistles and Guitar
Puedes encontrarlos en YouTube o en el grupo de AlePattz donde estarán ambos enlaces, puedes unirte al grupo desde el perfil de esta cuenta.
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BPOV
Cuando llegamos a la cabaña de madera en medio de la nada, Emmett y Alec empezaron a vaciar el coche, pero Edward se quedó.
"¿Puedo hablar contigo, Isabella?"
Asentí y seguí mirando al suelo.
"Estaré adentro," murmuró Rose.
Está bien.
Entonces, solo éramos nosotros dos.
"Toma," murmuró, ofreciéndome un cigarrillo encendido.
"Gracias," murmuré.
Una profunda calada. Exhalar. Qué puta mierda es esta…
"Pregúntame," dijo.
Cuando lo miré, lo dijo de nuevo, "Haz esa pregunta que te has estado muriendo por hacer."
Entendí.
¿Pero estaba preparada para escuchar la respuesta?
A la mierda, aquí vamos.
"¿Los rumores son ciertos? ¿Están relacionados con la familia Masen en Chicago?" Pregunté.
Una profunda calada. Exhalar. Por favor, di que no…
"Sí, es cierto. Estamos relacionados."
Mierda.
"Entonces… ¿están en algo así como… en la mafia?"
Esa fue la primera vez que pronunciaba la palabra. Mafia.
Me sonrió con tristeza, y dio una calada antes de responder. "Esa es una palabra siciliana. Solo hay una mafia, y esa es la siciliana."
¿Habla en serio?
"Malditas semánticas, Edward," siseé.
"No son semánticas, Isabella," insistió rotundamente. "Porque justo ahora, tu cabecita está llena de especulaciones, suposiciones, y falsas acusaciones."
Era la primera vez que no usaba su voz suave conmigo.
"Entonces, ilústrame, Edward," dije con sarcasmo. "¡¿Cómo pagas los coches caros, los Gucci y Burberry, las mansiones y todo eso?!"
"No dije que fuéramos ni de cerca legales, pero sí te digo que lo que sea que hayas inventado en esa jodida cabeza tuya, está equivocado," dijo con los dientes apretados, incluso apuntándome con su dedo.
Ahora estaba encabronado.
El bastardo no tenía derecho.
"Así que, ¿qué he inventado en mi linda cabecita?"
Una profunda calada. Exhalar. Por favor, sáquenme de aquí…
Se acercó, exhaló humo por su nariz, y cambió… de nuevo eran esos ojos dulces.
"Crees lo que has leído en los periódicos; que asesinamos personas, que traficamos con drogas y contrabando… que negociamos con diamantes de sangre."
Murmuró esas horribles palabras. Muy bajito.
Pero sí, eso es lo que he leído. Y sí, eso es lo que creo.
Seguí el juicio el año pasado. Conozco los cargos que enfrentó el hijo de Edward Masen; asesinato, robo de coches, robo a mano armada, fraude… la lista seguía y seguía, y recibió una sentencia de cadena perpetua por eso.
Liam Masen.
"Eso es lo que crees, ¿verdad?" Dijo Edward al apagar su cigarrillo.
Asentí y bajé la vista al suelo, y tiré mi cigarrillo.
"Sin embargo, eso es incorrecto. No todo, pero la mayoría lo es."
"¿No asesinas personas?" Pregunté con voz cansina, bajito.
"Yo no. Emmett tampoco lo hace…"
Ese no es un no…
"¿Pero…?" Dije evasiva, mirándolo.
"Nuestra familia en Chicago… lo que ellos hagan no tiene nada que ver conmigo o Emmett."
"Esas son pendejadas," le dije. "Si los Cullen no tienen nada que ver con los Masen, entonces, ¿por qué salieron en los periódicos? ¿Y por qué Esme testificó en defensa de Liam Masen?"
"Conoces tu mierda," se rio sin humor. "Pero evidentemente no sabes lo suficiente, porque si fuera así, también sabrías que mi madre no testificó en su defensa cuando se trató de los cargos de secuestro, asesinato y robo a mano armada."
"¿Por qué no?" Pregunté.
"Porque él era culpable de esos cargos," respondió simplemente. Incluso se encogió de hombros.
"¿De qué no era culpable?" Pregunté, siguiéndole la corriente, porque era seguro que creía que era culpable de todo.
"Contrabando, tráfico de diamantes, tráfico de drogas, y algunas otras cosas…"
Yo… no podía creer que estuviera aquí discutiendo esto.
No había forma de justificar el asesinato.
"Pero no has visto todo el panorama, Isabella," suspiró, acercándose aún más. "En primer lugar, existen razones… Y en segundo, yo no soy así. Mi hermano no es así. No matamos a nadie," imploró.
"¿Qué hacen entonces?" Pregunté, retrocediendo un poco.
Él lo notó y dio un paso hacia atrás… con una puta expresión herida que me mató.
Me odié por eso. Me aborrecí por permitirle que me afectara.
"Mi hermano y yo lidiamos con coches de lujo… principalmente. Todavía no puedo darte detalles."
Una respuesta simple. Solo… lo dijo. Como si fuera lo más sencillo de hacer.
Y no entendí nada.
"Robas, Edward."
No respondió.
¿Pero no asesinan?
¿No juegan con vidas humanas? ¿No lastiman?
"No traficamos con drogas, no asesinamos, no secuestramos… y no arrastramos a las personas a esta clase de vida."
Mi cabeza se levantó más rápido que la velocidad de una bala.
"¡¿No arrastran a las personas, Edward?!" Dije furiosa. "¡Entonces, ¿qué demonios están haciendo conmigo y con Rose?!"
"No serán parte de eso," explicó en seguida. "Tú y Rosalie nunca serán parte de lo que Emmett y yo hacemos."
¡Pendejadas! ¡Estaremos casadas con ellos! No podríamos ser más parte de ello.
"Sí, lo seremos," respondí con certeza. "Usaremos la ropa que nos compren, viviremos en sus casas, estaremos casadas con ustedes, y comeremos su comida… y todo esto, cada cosa está financiada… todo viene de sus negocios."
No respondió.
Bien.
Lo atrapé con eso.
"Así que, ¿eso es todo lo que ves, Isabella?" Preguntó con la cabeza inclinada. "¿Todo lo que verás es que Em y yo traficamos con coches?"
No. Sí. No lo sé.
"¿Importa?" Pregunté.
"Sí, importa. Porque si crees que mi trabajo es lo único que me define…" Su voz se apagó.
¿Entonces qué? ¿Me dejará ir? ¿Romperá conmigo?
Tragué con fuerza.
"¿Entonces qué?"
Algo se sentía… horrible.
Me sonrió con amargura. "Soy demasiado egoísta para dejarte ir. Importa mucho, pero no lo suficiente como para dejarte ir. No puedo verte con nadie más. Además, ya saben algunas cosas sobre nosotros. Dejarlas ir, ya no es una opción."
Cerré mis ojos cuando se llenaron de lágrimas, y escalofríos recorrieron mi cuerpo cuando me di cuenta que sentí… alivio. No estaba nada más que aliviada. No me dejaría ir.
Lo había mencionado antes, y lo haría de nuevo; algo estaba mal conmigo.
"Lamento no ser más… humano," murmuró.
Obviamente malinterpretó mis lágrimas.
Sin ver, extendí mi mano y empuñé su camiseta.
Acerqué al bastardo, y enterré mi rostro en su pecho.
"Te odio," grazné… y apreté mi agarre en su cintura.
Olía muy bien… Todo hombre. Confort. Seguridad. Calidez.
Lo odiaba.
No dijo nada, pero se relajó… y me sujetó con fuerza… presionando sus labios contra la cima de mi cabeza.
Lo amé y lo aborrecí.
"Vas a odiarme por un tiempo, princesa," susurró. "En especial, porque voy a ir a tu casa mañana por la noche…"
Me tensé.
Lo comprendí.
Me relajé.
Asentí.
No lo odiaba. No podría hacerlo.
Mañana era viernes. Todavía tendría diecisiete años, por supuesto, pero… por la forma en que expresó sus palabras, no había ningún error.
Simplemente no esperaría a mi cumpleaños.
Muchas chicas se comprometían antes de cumplir los dieciocho. Era solo para casarte que tenías que esperar hasta que tuvieras los dieciocho. Y supongo que Edward no quiere esperar.
No te odio, quería decirle.
Pero no estaba lista para eso. Antes bien, me decidí por abrazarlo con fuerza.
¿Por qué sentía mucha calma en su presencia?
¿Por qué me hacía sentir segura?
Mierda, qué desastre era yo.
"¡Ey! ¡Em dijo que están hablando de algo serio, pero están aquí afuera besuqueándose!" Escuchamos gritar a Alec. "¡Traigan sus traseros aquí!"
Ese niño habla como un… no sé… ¿pero besuquearse? ¿Quién dice eso?
Edward y yo nos reímos entre dientes, nos soltamos lentamente el uno al otro, y me alegró que no hubiera vergüenza… o una tensión incómoda.
"Vamos a llevarte adentro, ¿eh, muchacha?" Edward bromeó.
Sonrojada y riendo como una maldita colegiala, asentí y traté de no pensar en lo adorable que era cuando hablaba de esa forma. Tengo que decir que tenía curiosidad, ¿por qué él y Emmett no tenían acento?, aunque había algo allí cuando hablaban. Como la forma en que pronunciaban algunas palabras. Pero además de eso, ellos hablaban inglés americano como todos aquí.
"¿Por qué Emmett y tú no tienen un acento?" Pregunté cuando nos dirigíamos a la cabaña.
"Porque nacimos y crecimos en Estados Unidos." Se encogió de hombros. "Al igual que los Masen, pero de algún modo a ellos se les ha quedado un poco del acento irlandés."
"Mi madre habla con más acento," agregó.
Porque nació siendo una Masen. "¿Y qué tan irlandés eres tú?" Continué.
"Cada fibra de mi cuerpo." Me guiñó un ojo mientras me abría la puerta. "Fue el padre de mi madre el que se mudó de Irlanda a Chicago… Y del lado de mi padre; han estado en Estados Unidos por algunas generaciones más."
"¡Allí están!" Emmett sonrió cuando entramos a la sala.
Contemplé mi entorno.
En verdad era una cabaña de madera ordinaria. Todo en madera oscura. Una chimenea grande. Una alfombra gruesa en el piso de madera. Luz tenue. Un sofá cómodo en medio de la habitación con un sillón a juego.
Nada extravagante, pero aún era hermosa y… sofisticada.
"Encendí el fuego, jefe," Alec anunció orgulloso.
"Excelente, cachorro," Edward se rio entre dientes.
Edward y yo solo nos quedamos allí por un rato mientras veíamos a Emmett y a Alec sacar cosas de dos bolsas enormes que habían traído, y no crean ni por un segundo que no vi a Rose y su sonrisa.
Era pequeña, pero ahí está mientras observa también a Emmett y Alec, desde la silla en la que está sentada.
"Una manta para Sweet Cheeks," dijo Alec, arrojándole una manta de lana en color azul marino.
Yo solo sonreí.
Ese niño es fantástico.
Y…
"¿Cómo está él relacionado…?" Le dije a Edward bajito.
"La esposa de Edward Masen es la hermana de mi madre," murmuró.
Santo… oh… Eso es… estrechamente relacionado.
El tío de Edward y Emmett es el líder de los Masen. Y esta noche temprano me enteré que Alec era el sobrino de Esme…
Joder.
"Entonces, ¿Liam…?" Susurré.
Edward asintió. "Sí, es el hermano mayor de Alec y Nessa."
Mierda.
Pero… espera.
"Pero… si Esme y Elizabeth nacieron con el apellido Masen… Entonces, ¿por qué es el apellido de Edward Masen?"
"Esa es una larga historia… Vamos a guardarla para otro día, ¿eh?" Sugirió en voz baja… y besó mi sien. "Necesitamos un poco de diversión."
Se sintió muy bien.
"Claro," susurré, sin confiar realmente en mi voz.
"Siéntate con Rosalie." Sonrió. "Nosotros, los hombres, tenemos que montar algo de entretenimiento."
"De acuerdo," me reí entre dientes, caminando hacia el gran sillón donde estaba sentada Rose. Sin duda era lo bastante grande para las dos.
"Santo cielo, se ven preciosas, muchachas." Alec sonrió con suficiencia cuando tomé asiento junto a Rose.
Rose y yo… bueno, nos sonrojamos al escuchar al maldito niño. Pero, vamos, el chico era un jodido encanto.
"Sí, claro que sí," me dijo Edward, enviándome otro de sus malditos guiños. "Y tú también, por supuesto, Rosalie," agregó cortésmente, sonriéndole.
"Por supuesto. Te ves hermosa, Isabella," Emmett concordó, dándome una sonrisa apreciativa. "Somos unos bastardos con suerte."
Dios, ¿tenían que ser tan malditamente encantadores?
"Oh, por amor de Dios, solo llámame Bella, ¿quieres?" Gemí. "Nada de esa mierda de Isabella."
"Sí, y es Rose, Edward," agregó Rose.
Jesús, los hombres sonrieron como si acabaran de ganar la lotería.
"Na, na, siguen siendo Tush y Sweet Cheeks para mí," dijo Alec sin darle importancia.
Esta noche era sin duda… prometedora.
Pero entonces recordé algo…
"Um, ¿chicos? ¿Ustedes nos enviaron la ropa?" Pregunté dudosa.
"Sí. ¿No quedó claro?" Emmett preguntó confundido.
"Espera, entonces, ¿ustedes eligieron esmalte de uñas para nosotras?" Rose preguntó con ojos amplios.
Estoy segura que yo también tenía los ojos muy abiertos.
"Espera, ¿el puñetero qué?" Dijo Edward con la voz estrangulada.
"En las bolsas," clarifiqué. "Había esmalte de uñas que combinaba con los atuendos."
"Oh, jodidos demonios," murmuró Emmett, sacudiendo la cabeza.
Edward gimió.
Yo estaba confundida.
"Jesús, voy a matarlas," dijo Edward con un suspiro.
Afortunadamente, Emmett nos ve a Rose y a mí, y decide explicarnos. "Le dijimos a mamá y a tía Tanya que preparan algo sencillo para una noche en la cabaña."
Oooh. Ahora lo entiendo.
"Y les encanta ir de compras," Edward dijo avergonzado.
"Yo diría," Rose bufó. "No tiene nada de sencillo lo que recibimos."
"Secundo eso." Asentí.
"¿Qué quieren decir?" Emmett preguntó.
Me le quedé mirando. ¿Esa mierda no era obvia?
"¿Están bromeando?" Rose se rio con incredulidad. "Esta ropa debe haber costado más que… carajo si lo sé… ¿que toda la ropa que he tenido en mi vida?"
"Exactamente. Y algo más," concordé.
"Uh," fue la respuesta de Edward antes de encogerse de hombros sin darle importancia.
"Será mejor que se acostumbren." Alec nos guiñó un ojo. "Nosotros los Masen y los Cullen mimamos a nuestras damas."
"Eso creo yo también." Emmett asintió.
"Sip." Edward se rio entre dientes.
Um, ¿bien?
En fiiiinn…
La mesa estaba llena de… cosas. Botellas. Vasos. Botanas. Dulces. Sándwiches. Y más… cosas.
Y nuestra noche irlandesa inició.
Alec definitivamente estaba en su elemento mientras contaba chistes vulgares, se le permitió maldecir libremente, y tomar un sorbo de la cerveza de Edward. Y observamos divertidas cómo intentó con zalamerías que le dieran más cerveza.
Afortunadamente, Edward y Emmett fueron firmes al decir que no.
Nos reímos. Rose y yo. No se puede negar que nos partimos el trasero riendo más de una vez, sobre todo cuando Edward y Emmett nos contaron historias sobre su infancia, y lo competitivos que eran, y aún lo son. Y a Alec le encantaba contribuir con sus propias historias; sobre reuniones familiares y días de fiesta. Oh, y el niño tenía una navaja de bolsillo con la que jugueteaba. Sí, me asusté al principio – o sea, ¿un niño de doce años con una maldita navaja de bolsillo? Eso está jodido. Pero… Alec no es un niño ordinario, y no viene de una familia ordinaria. Solo era algo a lo que teníamos que acostumbrarnos, y cuando lo vimos jugar con ella, girándola, haciendo trucos con ella, fue algo difícil no estar impresionadas.
El niño era un pequeño mocoso gánster con su cuchillo, un acento irlandés, y la puñetera fedora.
Era tan casual y… normal. De una forma extrañamente ridícula.
Lo que nos contaron fueron historias llenas de risa, amor, y bromas. Recuerdos sobre como algunos hombres en la familia no podían aguantar el alcohol, y que, pista, pista, Edward y Emmett eran dos de esas personas.
Sí, esas fueron palabras de Alec, pero los hermanos lo negaron, afirmando que eran irlandeses hasta la médula, y que tan pronto como la cerveza fluía libremente, ellos se exaltaban.
Y lo hicieron.
Emmett y Edward nos dieron a Rose y a mí cerveza irlandesa, primero una llamada 'Guinness' o 'una Arthur'—una cerveza de la que habíamos escuchado, por supuesto—pero luego vino la cerveza llamada 'Murphy's', y al parecer esa era su favorita, por el sabor, pero también porque la cerveza viene del condado de Cork en Irlanda de donde provienen los Cullen y los Masen.
Rose y yo escupimos esa mierda, porque puta madre, esa mierda era horrible. ¿Quién demonios quiere cerveza negra? Jodidamente amarga.
Los chicos solo se rieron de nosotros, y nos reprendieron juguetonamente diciendo que no es cerveza; es stout (1).
Lo que sea.
Lo bueno vino después cuando Edward sirvió dos vasos de 'Magners' para Rose y para mí, diciéndonos que definitivamente nos gustaría esa.
No le creímos.
Estábamos equivocadas.
Era jodidamente deliciosa.
Magners era sin duda nuestra favorita, tal vez porque no es cerveza… o stout. Es sidra de manzana, y está… deliciosa.
Y así es como estamos ahora.
Bebiendo sidra, escuchando a Emmett y a Alec discutir sobre fútbol soccer, y a Edward riéndose y sacudiéndoles la cabeza.
No lo odio. Ni de cerca.
"Tal vez deberías reconocer que no llegarán a un acuerdo, Alec," dijo Edward mientras traía otra botella a la mesa. "Y Emmett, si a Alec le gusta el Manchester United, déjalo."
Sin embargo, esa era una locura de acuerdo a Emmett.
Pero lo dejó así y bebió más de esa mierda negra con crema espesa. No, no es espuma, lo juro. Es crema.
Bueno, se ve como crema. No sabe así. Puedo atestiguar eso.
"Es momento de ofrecerles algo de crema irlandesa a las damas, ¿eh?" Edward sugirió con una sonrisa tonta.
El chico irlandés está alegre.
"Si es como la crema de la cerveza negra, entonces no gracias," Rose dijo con una risita.
Estábamos un poco alegres.
"Stout, cariño. No cerveza," la reprendió Alec.
"Maldita sea, detente ahí," dije, enderezándome en mi asiento cuando asimilé las palabras de Edward en mi cabeza. "¿Crema irlandesa? Eso suena como… ya sabes… porque tú eres irlandés… y…" Mi voz se fue apagando sugestivamente.
Bueno, no podía decir esperma en frente del niño, ¿o sí?
Emmett y Edward me miraron con los ojos como platos.
Rose estaba en la misma sintonía que yo.
Alec bebía alegremente de su Sprite.
"Bella… Um, me alegra ver que tienes un lado pervertido," Edward se rio incómodo y se retorció en su asiento. "Pero um, crema irlandesa es una bebida."
"Sí, para algunos," Rose dijo con un resoplido.
Asentí.
Ese fue un día incómodo que tuvimos con la madre de Alice.
Nos dijo—como si estuviéramos en la clase de educación sexual—cómo complacer adecuadamente a nuestro hombre, e involucró algunas bananas.
Un año después, tuvimos que pasar por la misma mierda en la escuela, aunque Mary Brandon fue un poco más… vocal. Así que, sí, sabíamos cómo funcionaban las cosas, y sabíamos qué le gustaría a los hombres, pero eso no significaba que nos encantaba hablar de ello.
Pero volvamos al segundo en que Emmett se está ahogando con su cerveza, y Edward se sonroja.
¿Uh?
"¿Por qué te sonrojas, Edward?" Pregunté con curiosidad antes de beber de mi deliciosa sidra.
"Uh, sí, yo uh, supongo que es el stout," responde, todavía retorciéndose. "Fue demasiado."
"Sip, eso es." Emmett asintió.
Rose y yo nos miramos la una a la otra en confusión, pero entonces solo… no le dimos importancia.
"Um, está bien… En vez de crema irlandesa, voy a decir que es momento de dejar que las chicas prueben Baileys," dijo Edward con voz estrangulada.
Se entregaron dos vasos, y Edward los llenó con algo que parecía leche achocolatada.
Pero las apariencias engañan. Aprendí eso de la cerveza—perdón, stout.
Reconocí la botella, por supuesto. También tienen Baileys aquí, pero ahora que la miro de cerca, puedo ver que dice 'crema irlandesa'.
"¿A qué sabe?" Preguntó Rose, mirando el vaso con dudas y ansiedad.
"Te gustará," prometió Edward y nos dio los vasos.
"A la mayoría de las mujeres les encanta eso, muchachas." Alec sonrió. "Es tan dulce como ustedes, Sweet Cheeks." Nos guiñó un ojo.
Maldita sea, ese niño…
Riéndonos de él, olimos el contenido del vaso, y así fue, olía como a crema de chocolate.
¿Pero sabía así?
"Confía en mí, Bella," murmuró Edward.
Le encanta decir mi nombre.
"Oh, Dios mío, B," Rose gimió. "Malditamente deliciosa. Pruébalo."
Bien, lo haré…
Lo hice.
Oh, ten misericordia de mí.
Estoy enamorada.
Era un suave y cremoso, caramelo achocolatado…
"Proclamo mi amor por Baileys," gemí.
"Yo también," Rose suspiró soñadoramente.
"Muchachos, creo que tienen más competencia," Alec se rio.
Emmett y Edward bufaron.
Rose y yo soltamos unas risitas.
Pasaron unos minutos con la delicia achocolatada, pero Alec estaba impaciente por algo, rebotando por todos lados como una pelotita, así que Rose y yo le dijimos que solo lo escupiera.
Lo hizo. "¡Es momento de tocar!"
¿Uh?
"Tienes razón, chico," Emmett asintió y se puso de pie. "Iré por la guitarra."
"¡Oh, ¿van a tocar para nosotras?!" Pregunté emocionada. "¡¿Algo así como… canciones?!"
Mierda, ¿podría sonar más boba?
"Eso haremos, cariño." Alec sonrió con suficiencia. "Tenemos a Em en el gizmo—o guitarra, y al jefe y a mí en el silbato irlandés."
¿Silbato?
"Pensé que era flauta irlandesa," dije, mirando a Edward que estaba abriendo una bolsa más pequeña.
"Es lo mismo, con nombres diferentes," respondió. "Yo la llamo flauta irlandesa."
"Ahora va a tratar de impresionarte," me dijo Alec. "El jefe es el maestro de los silbatos, y me enseñó todo lo que sé."
"Cierra la boca, niño," se rio Edward entre dientes mientras sacaba varias flautas diferentes.
"Sí, jefe."
No podía dejar de sonreír… era imposible.
"¿Por qué te llama jefe, Edward?" Rose preguntó con curiosidad.
También quería saberlo.
"Porque él es el jefe," Alec se rio monísimo, respondiendo por Edward. "Él es mi padrino… y Emmett es el padrino de Nessa."
Oh.
"Wow, deben haber estado jovencitos cuando eso ocurrió," murmuré cuando hice mis cuentas.
Trece años. Edward tenía trece años, y Emmett tenía catorce. Jesús.
¿Es eso siquiera legal?
"Sí, yo tenía trece años cuando nos los pidieron a Emmett y a mí, pero mis padres quedaron como tutores hasta que llegamos a la mayoría de edad," respondió Edward, sonriéndole a Alec.
Oh.
"Y tengo el mismo nombre que Eddie," Alec terminó de decir mientras Edward le daba una flauta irlandesa.
"¿O quieres el Clarke?" Edward le preguntó.
No entendí. Estaban hablando de música.
"Entonces, eres Alec Edward Masen?" Pregunté.
"Na, el Clare está bien, ¿pero debería tomar el C o el D? Tú tomaras la delantera con el Clarke D, ¿verdad?" Le respondió a Edward.
"Sip. Pero toma, prueba mejor con el Gen en D. Creo que sonará mejor."
Tengo que decir que fue bastante… sexy ver a Edward hablar de música. Alec era jodidamente lindo.
Alec me respondió entonces. "Na, soy Alec Ryan Masen, Tush."
Ryan. Uh.
"¿Tu nombre es Edward Ryan Cullen?" Pregunté.
"Sí, lo es," Edward sonrió. "Y Emmett es Emmett Patrick Cullen."
"Ryan significa rey en gaélico," Alec dijo orgulloso.
"Y Patrick significa noble," Emmett anunció cuando regresó con una guitarra negra acústica.
Rose y yo absorbíamos todo, y era imposible negar que estábamos interesadas, eso es seguro.
"Damas encantadoras, ¿están listas para escuchar unas melodías irlandesas?" Preguntó Edward.
"Sin duda, lo estamos." Sonreí con suficiencia, recargándome para ponerme cómoda.
"¿Con cuál comenzamos?" Emmett preguntó al mismo tiempo que afinaba la guitarra.
Los observamos. Tomadas de la mano debajo de la manta, Rose y yo nos apretábamos siempre que había algo que queríamos que la otra notara, y Rose seguro como el infierno que apretó mi mano cuando Emmett tocó la guitarra.
Estaba tan loca como yo, y créanme, apreté la mano de Rose con fuerza cuando Edward y Alec probaron las flautas… o silbatos.
Era… irlandés. Cálido, divertido y asombroso de ver. Y escuchar.
"¿Qué les parece Dobbin's Flowery Vale?" Alec sugirió.
"Te necesitamos en el violín para esa," Edward señaló.
¿Alec también toca el violín? ¡Maldición!
"¿Scarborough Fair?" Emmett sugirió. "Es fácil para empezar."
"Suena bien, viejo." Alec asintió. "Toma el tono principal, jefe."
"Por supuesto." Edward asintió sentándose al estilo indio en el sofá. "Emmett, tú toma la delantera."
"Está bien," dijo Emmett, guiñándole un ojo a Rose antes de empezar a tocar.
Era… bueno. Impresionante. Talentoso. Y tenía una expresión apacible y serena mientras rasgueaba su guitarra, y no se llevó mucho tiempo antes que Edward entrara con la flauta.
Mi piel se erizó. Por todo el cuerpo. Él fue simple y llanamente magnífico.
Fue… indescriptible.
Alec fue el siguiente, y la forma en que los tres tocaron… reflejando la expresión de los otros…
Rose y yo nos apretábamos las manos con fuerza. Como el demonio. Y estábamos… atrapadas. Extasiadas. Mientras veíamos a los tres… Tres pares de ojos cerrados.
Todos eran prodigios musicales a mis ojos, y sí, la melodía tal vez era tranquila y suave—quizás—pero era muy hermosa. Y tengo que decir que estaba malditamente impresionada con Alec. O sea, el niño tenía doce años…
Y Cristo, cómo se enfrentaron el uno al otro Edward y Alec, sus flautas armonizadas en algunos momentos, y tocando por encima del otro en otros…
Entonces tocaron la última nota.
Rose y yo solo nos quedamos ahí. Impresionadas.
Definitivamente enamoradas de los instrumentos irlandeses. Dios, la flauta era simplemente… maravillosa.
"Creo que están impresionadas." Alec le sonrió a Emmett y a Edward.
Uh, sí, ya lo creo…
"¿Otra?" Edward sonrió con suficiencia.
Asentí muy frenéticamente. Incapaz de hablar.
Y la sonrisa que me dio… fuera de este mundo.
"Creo que es momento de Cooley's Reel, muchachos," dijo Alec, dándoles miradas significativas que no comprendí.
Creo que tienes razón," Emmett concordó.
"Claro, solo voy a ver si tengo la adecuada…" La voz de Edward se detuvo mientras hurgaba entre su colección de flautas.
"¿Necesitas tantas?" Rose preguntó en voz baja, señalando la bolsa con las flautas.
"No, en realidad no, pero es algo así como un hobby, y suenan diferente." Edward se encogió de hombros. "Además, es un instrumento barato, así que es fácil conseguir unos más."
"¡Maldita sea, estás loco, jefe! ¿Unos más?" Alec se carcajeó. "Unos más serían veintiuno… Tú tienes, ¿cuántos, cincuenta?"
Edward sencillamente se rio entre dientes.
"Muy bien, las encontré," dijo, sacando dos flautas de color dorado.
Le dio una a Alec.
"Edward, tú toma la delantera en esta," dijo Emmett.
Lo hizo. Tomar la delantera.
Y apreté la mano de Rose en reflejo.
Esta melodía era alegre, más juguetona, pero más que nada… era rápida.
Y comprendí las miradas significativas de Alec tan pronto como ambos, él y Emmett, se unieron a la canción.
Era… rápida. Lo que nos impresionó.
Joder, como de verdad rápida, y era como una batalla entre Edward y Alec mientras Emmett tocaba tranquilamente, solo para acelerar por un rato para marcar el ritmo para Edward y Alec.
Dedos. Veo los dedos de Edward. Dedos largos. Habilidosos. Veloces. Y…
Estoy acabada.
Podía sentirlo… ahí… y ahí… y ahí.
En cuerpo, mente y alma.
Pero joder, mayormente en mi cuerpo. Maldita sea, esos dedos…
Los chicos continuaron. Por un par de horas, los escuchamos tocar, bebimos sidra y Baileys, y conversamos, reímos, y bromeamos un poco. Y Edward sonrió abiertamente cuando lo llamé Whistler. Alec sonrió y me asintió.
La noche fue maravillosa.
Llegamos a conocer propiamente a dos hombres, y nos gustó. Nos gustó lo que descubrimos.
Todavía había muchas cosas mal en este desastre, pero empezamos a ver—y a reconocer las partes a favor, los aspectos positivos.
Eran casi las dos de la mañana cuando Edward me acompañó a la puerta esa noche. Alec estaba dormido en el coche, y ya habíamos pasado a dejar a Rose.
"Así que… ¿cómo estuvo su noche, señorita Swan?" Preguntó en voz baja cuando llegamos a la puerta.
Él estaba sonriendo.
Pero detrás de su sonrisa había inseguridad y nerviosismo.
"Fue maravilloso, Edward," admití. "Todavía hay muchas cosas que—"
Me interrumpió al colocar su dedo en mis labios.
Me encendió.
"Esta noche no," me suplicó con dulzura. "Sé que hay un millón de cosas incorrectas para ti… y algunas para mí… Pero esta noche no, ¿eh? Por favor."
Tenía razón.
Esta noche había sido asombrosa y no quería arruinarla al decir lo que estaba mal en esta situación.
Sonreí, asintiendo de acuerdo.
Levantándome de puntillas, dejé un dulce beso en su mejilla.
"Buenas noches, Whistler," susurré, disfrutando de la sorpresa que se apoderó de sus rasgos.
"Um, buenas noches, Bella…"
