Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish.
8 – FORKS EN SEPTIEMBRE
BPOV
"¿Ya puedo salir, jefe? ¡Estoy muriendo aquí!" Escuchamos a Alec prácticamente lloriquear.
"¡Sal, cachorro!" Edward se rio entre dientes.
Y salió el cachorro, jugueteando con su navaja, y después la guardó en su bolsillo y se acercó a mí.
"Déjame echarle un vistazo, cariño." Sonrió, haciendo un gesto con su mano. "Los escuché, y sé que están comprometidos."
"No hay forma de ocultarte las cosas, ¿verdad?" Edward se veía divertido. "¿Y de qué estás hablando? Tú estuviste ahí conmigo comprando el anillo, cachorro. Lo has visto."
"Sí, pero no lo he visto en el dedo de Tush, ¿o sí?" Alec argumentó al mismo tiempo que le tendía mi mano para inspección. "Pero tienes razón, jefe… El azul se ve encantador en ella."
"El jefe lo hizo bien, ¿eh?" Me preguntó, sonriendo con suficiencia como el cachorrito arrogante que era.
"Lo hizo muy bien," dije con una risita, sonrojándome cuando Edward me guiñó un ojo.
"El zafiro también es tu piedra de nacimiento, cariño, ¿lo sabías?" Alec continuó.
"No. No, no lo sabía," respondí, mirando a Edward con curiosidad y asintió en confirmación. "¿Cómo te volviste tan listo, Alec?" Me reí entre dientes.
"Nací así, Tush." Me guiñó un ojo… y al fin, soltó mi mano. "Na, pero la chica en Harry Winston nos lo dijo cuando estuvimos ahí. Y le dijo a Emmett que el peridoto era la piedra de nacimiento de Sweet Cheeks, pero Emmett ya tenía los ojos puestos en la esmeralda. Pero oye, las dos son verdes, así que no importa, ¿eh?"
"Pero en serio, jefe, ustedes dos eligieron anillos más grandes que el tamaño de Irlanda por amor del cielo," se rio entre dientes.
Se rio entre dientes.
Bueno, yo todavía lo estaba procesando… todo lo que había dicho.
¿Harry Winston?
Maldición.
¿Y realmente pensaron en todo?
Eso es muy adorable.
Por amor del cielo. Sí, así es como lo dijo Alec. Cielo. Extraño chico. Incluso Edward y Emmett hablaron de forma parecida la última vez que estuvimos aquí.
"De acuerdo, de acuerdo, basta de hablar de joyería, ¿eh?" Edward se echó a reír. "Tienes que empacar tus cosas, cachorro, porque nos iremos en un momento."
"Claro, jefe," dijo Alec al encaminarse adentro… Pero entonces se detuvo… se dio la vuelta y volvió a caminar hacia mí. "Bienvenida a la familia, cariño," dijo antes de besar mi mejilla. "Es un honor tenerte a ti y a Sweet Cheeks con nosotros."
Dios mío, lo amo.
No te pongas emocional, Bella. No te pongas emocional.
"Jesús, entra, Alec," gimió Edward.
Y lo hizo. Alec entró, y Edward me miró muy divertido.
"No puedo creer que mi jodido primo de doce años te hace sonrojar."
Me sonrojé aún más.
Decidí darle algo. "Tú también, Edward."
"¿Sí?"
No estaba divertido ahora. Era una sonrisa genuina. Casi tímida.
"Sí," le dije.
"¡Jefe, hazlo de una vez!" Alec gritó desde adentro.
"Cierto." Edward asintió.
¿Eh?
"La cena de compromiso es esta noche," dijo Edward… recordándomelo.
Claro. Eso.
Asentí.
"Y aunque es algo pequeño con solo la familia cercana, a mi madre le gusta lo formal, así que, espero que esté bien que venga aquí con un vestido para ti."
Vestido. Formal. Esme. Jesús.
"Um, ¿claro? Pero… ¿venir aquí? ¿No estaré yo en casa?" Pregunté confundida.
"Cierto, um, sobre eso. Eres bienvenida a quedarte aquí tanto tiempo como quieras. No tienes que volver con Charlie, Bella. Ya he hablado con él, así que la decisión es tuya."
Mierda, ¿no tengo que volver?
"Solo piénsalo." Se encogió de hombros. "Puedes vivir aquí hasta la boda, o puedes vivir con nosotros en la casa de mis padres, pero pensé que estarías más relajada aquí.
"Y no te preocupes por el transporte de ida y vuelta de la escuela. Nos haremos cargo de eso."
Um, eso es mucho progreso…
Pero-… es, um… qué-…cómo… cuándo… ¿eh?
No, es demasiado.
"Pero Charlie…" No sé qué decir aquí… ¿No tengo que volver con él? ¿Jamás?
"Es un imbécil."
Bueno sí, eso también, supongo…
"Solo ten presente que tienes la opción," murmuró. "Hablé con él antes y le dije que estaría feliz de hacerme cargo desde el principio… desde ahora."
Eh.
"Necesito asimilarlo," murmuré. "Um…. Entonces, solo para… que quede claro. ¿No tengo que volver? ¿Jamás?"
¿Podría quedarme aquí en la cabaña? ¿Y sola? ¿Cuidar de mí misma por primera vez?
Um… wow.
"No tienes que regresar."
"M-" ierda…
No tengo que regresar.
Mi nueva vida está comenzando.
Hasta la boda, puedo… estar aquí… quedarme aquí.
"Sí, por favor," me escuché decir.
"¿Sí?" Respondió, sonriendo un poco.
"Si me aceptas, estaría feliz de quedarme aquí." Extremadamente feliz.
"¿Si te acepto, Bella?" Sonrió, arqueando una ceja. "Cristo, hermosa, por supuesto que quiero que te quedes aquí."
Oh, definitivamente estoy sonriendo en este momento. Y él también está sonriendo.
Maldita sea, es un hombre guapo.
"¡Ya estoy listo, jefe!"
Claro.
"De acuerdo," Edward suspiró.
Nuestra burbuja se rompe… o algo así.
"Mamá estará aquí con Nessa y Rose en una hora, y las cuatro se arreglarán juntas. ¿Está bien?" Preguntó, volviendo al tema principal.
"Claro." Asentí.
"Muy bien. Y mi padre las recogerá a todas como a las seis."
Asentí otra vez, asimilándolo todo.
Era mucho lo que tenía que resolverse… y ahora también había una cena, y no tenía idea de qué esperar.
O sea, sabía que los padres de Rose estarían ahí, y los Cullen, por supuesto… Alec y su hermana…
"¿Quién va ir esta noche?" Pregunté con curiosidad.
"Mmm, veamos," suspiró. "Además de ti, Em, Rose, mis padres, los padres de Rose y los míos… estarán Alec, Nessa, Tanya y su esposo Garrett, y sus dos hijas, Kate e Irina."
Eh. Wow.
A Tanya, claro que la conocía, ya que es la enfermera de la escuela, y he visto a su esposo unas cuantas veces… y sus hijas… Eh, no las he visto en años.
"¿Dónde están Kate e Irina ahora?"
"Las dos se casaron hace algunos años y viven ahora en Seattle."
Eso tiene sentido, supongo. Después de todo, son cuatro o cinco años mayor que yo.
"¿No vendrán sus esposos?"
"No."
Y lo dejó así.
Pero yo no.
"¿Por qué no, Edward?"
No dijo nada.
No iba a ceder en esto. "Dime."
Suspiró… "Están en prisión."
Por supuesto.
¿Dónde más estarían?
Y entonces tengo que preguntar, "¿Alguna vez has estado en prisión?"
Recordé nuestra primera cita… dijo algo sobre tener que "pagar por sus crímenes". ¿Eso significaba prisión?
Cuando frotó la parte de atrás de su cuello, sin decir nada… sí, recibí mi respuesta.
"¿Emmett, también?"
Asintió una vez.
Excelente. Malditamente perfecto.
"¿Por qué, y por cuánto tiempo?"
"Jesús, eres persistente."
Dah.
"Dame una maldita respuesta, Edward."
Ahora estaba molesto. Como el demonio.
No me importó. Sabía eso de mí. Sabía que no soy de las que se echan para atrás, y los dos sabíamos que le gustaba eso de mí.
"Antes que llegáramos a Forks… Emmett y yo pasamos ocho meses en prisión."
Me asustó que no jadeé o me estremecí al escuchar sus palabras. Como si me estuviese acostumbrando a eso.
"¿Por…?"
"Asociación con robo de coches."
Bravo. Bien hecho, idiotas.
"Bueno, entonces no puedes ser realmente bueno en lo que haces," respondí con ironía.
El cabrón sonrió con suficiencia. Y me guiñó un ojo. De forma engreída.
"Oh, no tienes idea, cariño."
Mi respiración se detuvo.
Y tragué con fuerza, porque… porque… lo que recorrió mi cuerpo con escalofríos fue… lujuria.
Lujuria.
Ni odio, disgusto, terror, miedo o incluso irritación… sino maldita lujuria.
Que me jodan.
Afortunadamente, Alec salió entonces, cargando una maleta, y él fue mi distracción.
Gracias.
Y después de unos minutos de un poco de charla, otro cigarrillo, unos cuantos chistes de Alec, y un beso en la mejilla de Edward… se fueron en su Aston.
No se llevó mucho tiempo… esa hora, no se llevó mucho tiempo.
Y en seguida vi que se detuvo el BMW de Esme.
Tres personas salieron.
Una Rose sonriendo, lo que me relajó.
Una chica sonriendo, quién supuse era Nessa.
Y Esme. Una mujer hermosa con ojos verdes y cabello color caramelo rojizo.
Estaba sonriendo.
"¡Oh, querida Isabella! ¡Me alegra tanto conocerte finalmente!"
Hubo abrazos. Chillidos. Una mirada comprensiva de Rose ya que yo estaba en shock. Y más abrazos. Una risa cantarina.
"¡Cielos, ¿dónde están mis modales?!" Esme exclamó antes de volverse hacia la pequeña. "Nessa, ella es Isabella, el sueño de Edward hecho realidad." Me guiñó el ojo. "E Isabella, ella es Nessa, mi sobrina."
"Es un placer conocerte, Nessa." Sonreí. "Y por favor, a las dos, es Bella."
"Encantada de conocerte, Bella," Nessa dijo efusiva. "Creo que ya conociste a mi hermano, ¿verdad? Me disculpo por él."
Ella tampoco era tímida.
Supongo que podías ver que ella y Alec eran hermanos, pero no imaginaría que gemelos. Sobre todo, porque Alec se parecía más a Edward, y Nessa puede que tenga los ojos verdes, pero también tiene el cabello castaño oscuro de Emmett, jodidamente rizado.
Pero Jesús, era preciosa.
Mis reflexiones internas fueron interrumpidas por el chillido de Esme.
Sonó algo así como, "¡EEEEEEEEEEE!"
Algo así.
Y luego vi que sus ojos estaban fijos en mi mano izquierda.
"No sabía que ya te había propuesto matrimonio. ¡Oh, esto es simplemente maravilloso!"
Mmm, ¿verdad?
Rose sonrió con cautela, preguntándome con los ojos si estaba bien.
Asentí y sonreí para tranquilizarla.
Era la verdad. Estaba bien.
Entonces, Rose vio el anillo. "¡Mierda, Bella!"
Sip.
"Lo sé," me reí entre dientes. "Es tan grande como el tuyo."
"Mmmm, mis muchachos sí que saben cómo comprar los grandes," Esme soltó una risita al mostrarnos su anillo.
El anillo que Carlisle le había dado obviamente.
"Hijo de—querido señor," Rose jadeó.
Me impresionó cómo frenó el 'puta'.
"Sí, en serio, qué les pasa a estos hombres," murmuré al mirar boquiabierta el anillo de Esme.
Otros de esos brillantes, megaenorme y fuera de este mundo. Es un enorme, enorme, enorme diamante amarillo, y solo… Cristo, con diamantes más pequeños a su alrededor.
"Oh, ellos nos aman," Esme dijo emocionada. "Todavía no han visto nada, señoritas. Solo esperen y verán."
Sí, uhm, Rose y yo nos quedamos en el 'ellos nos aman'.
De ninguna jodida manera. Nop, no nos aman. Por supuesto, parecemos agradarles, y supongo que creen que seremos buenas esposas, pero amor no tiene una mierda que ver con esto.
"Y les prometo, lindas… Se enamorarán de mis muchachos… Igual que yo me enamoré de mi Carlisle," terminó de decir.
Seguros de sí mismos.
Todos ellos. Muy seguros de sí mismos.
*o*o*o*
Horas más tarde, nosotras… estábamos muy arregladas, y todo era muy elegante. Costoso, lujoso, y extravagante. Nada parecido a lo que Rose y yo hubiésemos experimentado antes.
Nuestra piel estaba muy suave… olíamos muy bien… Y que alguien tenga misericordia, porque creo que amo mi cabello.
Súper, súper, brilloso, lo juro. Y rizado bellamente… en algo como una cola de caballo, pero no en realidad. Casi en un rodete, pero varios rizos quedaron abajo, y… estaba encantada con él.
Rose, también, con su cabello. Muy brillante y bonito. Grandes rizos cayendo por sus hombros. Casi dorados.
Oficialmente, habíamos entrado a un cuento de hadas.
Luego estaban los vestidos.
Ajustados, que abrazaban nuestro cuerpo… también brillosos. Negros. El mío con volantes en un lado, y tenía un tirante con volantes sobre un hombro, pero el otro quedó desnudo.
El de Rose era strapless, precioso y muy… ardiente.
Hubo momentos en que Esme jugó a la estilista con nosotros, mientras Rose y yo solo… nos mirábamos la una a la otra, expresando en silencio que esto era… una locura. Una locura en el buen sentido de la palabra, pero totalmente fuera de serie en demencia.
Por último, había zapatos y maquillaje. También en negro, y mis zapatos, Dios, eran altos… tenían rosas en ellos. Pequeñas rosas en las correas. Malditamente lindos, es todo lo que digo. Y luego el maquillaje. Sencillo pero negro. No tenía idea que mis pestañas fueran así de largas, en serio. O sea, claro que he usado maquillaje antes, pero… bueno, no así. No he conseguido que estén tan… gruesas… y largas.
Simplemente una locura.
Pero Esme era un genio.
*o*o*o*
"Muy bien, bellezas, ¿qué les parece un cigarrillo antes que llegue Carlisle?" Esme sugirió una vez que todas estuvimos listas.
"Um, claro," le dije, un poco asombrada que Esme fumara.
Parecía ser la mujer más inocente en la tierra.
"Oh, y probablemente deberíamos hablar de tu compromiso, Bella," dijo antes de encender su cigarrillo.
Tenía un encendedor con diamantes incrustados.
Solo digo.
"Ya que Kate e Irina están en el pueblo, quizás deberíamos celebrar tu compromiso con Edward mañana antes que vuelvan a Seattle el lunes."
Querido Señor, las cosas están pasando rápido.
"Uh, ¿claro? O sea, eso en realidad no depende de mí, ¿cierto?" Pregunté antes de encender mi propio cigarrillo. "No sé qué piensa Edward."
"¡Qué piensa!" Se echó a reír. "Oh, mi querida Bella. En su mente ustedes dos ya están casados."
"Es lo mismo con Emmett y Rose," agregó con una risita.
Nessa también soltó una risita.
Rose y yo nos reímos nerviosas al mismo tiempo que inhalábamos profundamente de nuestros cigarrillos.
"Está decidido entonces." Esme sonrió radiante. "Tendremos otra cena de compromiso mañana."
Oh, qué encantador.
"Puedo escuchar un coche," exclamó Nessa entonces. "¡Debe ser hora!"
Respiraciones profundas. Respiraciones profundas.
Y sí, un coche se acercaba.
Un Mercedes negro.
Carlisle Cullen.
Era incluso más guapo ahora que cuando Rose y yo lo vimos afuera del hospital hace todas esas semanas atrás. Ahora, con un esmoquin puesto por amor de Dios…
"Buenas tardes, damas," saludó antes de besar a Esme en la mejilla. "Te ves hermosa, querida."
"Sí, sí, tú también. Ya es suficiente de eso, cielo. Ven a conocer a mis nuevas hijas."
Por alguna razón, no me sentí incómoda cuando Esme dijo eso.
Otra hechicera…
"Ella es la Rose de Emmett," dijo Esme con esa sonrisa permanente suya.
"Encantado de conocerte, Rose. Soy Carlisle, el padre de los chicos," dijo con su voz encantadora y aterciopelada antes de besar la mano de Rose.
Ninguno estaba teniendo misericordia de nosotras.
"Un placer conocerte, Carlisle," Rose respondió en voz baja, sonrojándose con más intensidad.
"¡Y esta bella chica se convirtió hoy en la prometida de Edward! ¡¿Puedes creerlo, Carlisle?!" Esme continuó, todavía eufórica en su entusiasmo.
"Mm, Edward me lo dijo," Carlisle dijo, sonriéndome. "Es un placer conocerte finalmente, Bella."
El encantador hombre besó mi mano.
Me sonrojé como loca. Jesús, el hombre era guapísimo.
No es Edward pero… podría serlo.
"Igualmente, Carlisle," le respondí con cortesía… y que me jodan si no estaba sonriendo.
Ese no era el plan desde el principio.
"Oh, Nessa, preciosa, ¿podrías traerme la bolsa de papel negra del coche?" Preguntó Carlisle.
"Claro, tío C," Nessa dijo efusiva antes de salir corriendo.
Alec definitivamente era mi favorito, pero Nessa también era jodidamente adorable, aunque no estoy segura que Rose piense lo mismo. Las dos no parecieron llevarse bien al instante, y por las horas que Nessa habló de Emmett sin parar, creo que es algo territorial.
Nessa ama a su Emmett, y Rose ahora es una amenaza.
Será interesante de ver.
"¿Qué hay en el coche?" Esme preguntó con curiosidad.
"Los chicos tienen regalos para sus chicas, por supuesto," Carlisle respondió con fluidez… y el cabrón nos guiñó el ojo.
¡Todos guiñan el ojo!
Y nos afecta. Jodido infierno.
Espera, ¿regalos?
¡Qué demonios! ¡¿Cómo era posible que hubiera más?!
"Volví," Nessa canturreó cuando subió corriendo los escalones al porche.
"Maravilloso. Gracias, Ness," dijo Carlisle, tomando la bolsa de sus manos.
Nos presentaron dos cajas de joyería en terciopelo.
Querido Jesús.
"Aquí tienen, damas."
Abrí la mía…
No sé si debería llorar… o reír… O tal vez gritar porque era tan malditamente abrumador. Todo esto.
Era un precioso collar de perlas, y yo… respiré con fuerza… cuando Carlisle hizo un gesto hacia él '¿Puedo?'
Asentí. Parpadeando para contener las lágrimas.
"Es precioso, Bella," dijo Esme en voz baja después que Carlisle me lo puso.
"Ciertamente lo es," Carlisle concordó.
Y entonces fue el turno de Rose.
Ella también tenía lágrimas en sus ojos, y sé que una vez más estamos en la misma sintonía. Es muchísimo. Casi. Demasiado. Somos chicas sencillas y esto… esto es simplemente… Mierda, ya dije que una locura, ¿verdad?
"Oh, hace juego con el anillo," Esme dijo efusivamente. "¡Precioso!"
Era el collar de Rose. Cristo, podía ver lo pesado que era.
Nada más que esmeraldas y diamantes.
