Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.

Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish.


9 – FORKS EN SEPTIEMBRE

BPOV

Rose y yo jadeamos al ver aparecer la mansión Cullen, y era otra puta cosa a la que tendríamos que acostumbrarnos.

Vivían en grande.

Tres plantas. Ultra moderna. Con ventanales. Luces brillantes en los árboles. Hermosas flores en jarrones igual de hermosos en las ventanas.

"¡Oh, mira eso, Carlisle! ¡La cena todavía no hay comenzado, y ya se quitaron las chaquetas!" Esme se quejó sin muchas ganas.

Tratamos de ver de lo que estaba hablando, pero era algo difícil ver ya que estaba en el asiento del pasajero, y nosotras estábamos en la parte de atrás.

Mierda.

Ahora sé de lo que está hablando.

Edward, Emmett, Alec y Garrett.

Parados en los escalones del porche, fumando… bromeando… Emmett y Garrett tenían vasos en sus manos. Probablemente whiskey.

Pero que me jodan, estoy mirando a Edward.

Llevaba puesto un esmoquin negro, menos la chaqueta, dejándolo con camisa blanca, chaleco negro, y… maldita sea, tenía las mangas arremangadas.

¿No es ilegal verse tan ardiente? Y guapo, y… sí, de todo. Y Dios, su sonrisa, su risa… mientras tonteaba con Alec. Una vez más, es fuera de este mundo.

Si Nessa no estuviera sentada entre Rose y yo, habría apretado su mano con ganas.

Solo digo.

Los hombres levantaron la vista entonces, viendo el coche detenerse, y… estaba nerviosa. Sentía un revoloteo y… algo más.

Emmett se acercó al coche primero, sabiendo de algún modo que Rose sería la primera en salir del coche, tal vez… Y abrió la puerta al mismo tiempo que Carlisle y Esme salían.

"Rose," escuché a Emmett murmurar, ofreciéndole una mano.

La tomó después de darme una sonrisa nerviosa, y luego… creo que todos escuchamos a Emmett atragantarse.

En ese segundo, me sentí completamente feliz. Por alguna razón, significaba todo para mí ser parte de esto… Pero solo escuchar la reacción de Emmett a la apariencia de Rose… no podía describirse con palabras.

Nessa le siguió. Un poco impaciente, y también un poco molesta porque fuera Carlisle quien la ayudara a salir en lugar de Emmett.

Luego fui yo.

Acercándome, vi aparecer la mano de Edward, y no hubo titubeo, ni aversión, ni una sola emoción negativa cuando la agarré.

Calidez. Firme pero gentil.

"Bella"

Salí. Levanté la vista. Y sonreí.

Edward tragó con fuerza, mirándome con ojos muy abiertos y dejó que recorrieran mi cuerpo.

Me sentí poderosa. Por primera vez, sentí que era yo la que daba las órdenes. Y aunque Edward nunca me había hecho sentir inferior—casi lo contrario—aún soy consciente del mundo en el que vivimos, y es el hombre quién está a cargo. El que tiene el control. Pero ahora, Edward no tiene el control. Ni siquiera un poco.

"Te—" Eso no funcionó. Volvió a intentarlo después de aclarar su garganta. "Te ves… pecaminosamente hermosa, Bella."

Oh, los escalofríos.

"Gracias," susurré. "Y gracias por esto…" Mi voz se apagó, delineando mi collar con mis dedos.

Sus ojos observaron el movimiento. Volvió a tragar con fuerza, y me pregunté; ¿está viendo el collar? ¿O el dedo adornado con su anillo de compromiso…?

Por alguna razón desconocida, espero que sea lo último.

"Es un placer." De nuevo encontró mi mirada. "Cristo, eres…" No continuó.

Las palabras le fallaron.

Una vez más, me hizo sentir poderosa, y hermosa. Sí, era él. Él me hacía sentir de esa forma.

"Tú también," le ofrecí. Era la verdad después de todo.

No se podía negar que Edward Cullen era la criatura más magnífica que caminaba en esta tierra. Al menos a mis ojos.

Una sonrisa creció poco a poco pero segura en su rostro, y sabía que era él volviendo a ser el mismo. Había aprendido eso durante las últimas semanas. Sí, estaba llegando a conocer a Edward.

"Bueno… Vamos a presentarte, ¿eh?" Sonrió, ofreciéndome su brazo.

No fue suficiente.

Así que, en vez de eso tomé su mano, entrelazando nuestros dedos.

Eso se sintió mejor.

Y la expresión de sorpresa de Edward—muy divertida de ver.

"Relájate, Whistler," bromeé. "No parezcas tan constipado."

Ahora él se atragantó, o… tosió… lo que sea.

"Joder, Bella," dijo entre tosidos.

Estaba disfrutando esto. Muchísimo.

"Esto me supera, ¿cierto?" Murmuró, mirándome juguetonamente con el ceño fruncido.

Pero su enorme sonrisa lo delató. Ya saben, completamente.

Habría girado un mechón de cabello entre mis dedos, de haber sido rubia.

Sin ofender.

"Vamos a averiguarlo, ¿quieres?" Pregunté a la ligera.

Él definitivamente estaba divertido.

"Sí. Vamos." Me guiñó un ojo.

Maldición.

De modo que… con nuestros dedos entrelazados, tomó la delantera al subir los escalones… y entrar en la casa.

Maldita sea. No tenía nada más qué decir.

Sí, una cosa; su casa—lo siento, su mansión… es fuera de este mundo.

Ya terminé.

A continuación fueron las presentaciones; y señor ten misericordia, todos eran preciosos en esta puñetera familia.

Y le dije eso a Edward.

Dijo, "Está por volverse aún más hermoso."

Y bromeé, "¿Quieres decir cuándo Rose se vuelva una Cullen?"

Respondió con seriedad, "No, cuando tenga el honor de darte mi apellido."

El problema es… que el sonido de Bella Cullen… ya no sonaba tan horrible.

Prácticamente puedo escuchar a Alice queriendo vomitar en alguna parte.

Como sea.

Rose me miró inquisitivamente por supuesto, cuando me vio tomada de la mano con Edward, pero cuando la sorpresa había desaparecido, me dio esa suave sonrisa que decía 'tal vez esto funcionará después de todo.'

Y también empiezo a creerlo.

Esme por otro lado… Wow, de verdad tenía lágrimas en los ojos cuando vio la mano de Edward en la mía.

Pero al avanzar. Se me presentó apropiadamente a la enfermera de la escuela. Tanya Denali y a su esposo Garrett Denali.

Ella era bonita, muy parecida a Esme—hablando entusiasmada sobre lo perfecta que sería para Edward… y la perra todavía me llamó Allanah. Es una lástima que sea tan malditamente agradable.

Lo mismo aplica a sus hijas, Kate e Irina. También agradables.

Sin embargo, parecían tener algo contra Edward y Emmett, y era algo en lo que había pensado momentáneamente desde esta mañana… cuando me enteré de Emmett y Edward pasando tiempo en prisión. Hizo que me preguntara si había una conexión allí. Si los esposos de Kate e Irina habían estado trabajando con Edward y Emmett cuando los atraparon."

Pero definitivamente no pensaré en eso ahora.

Esta noche se trataba de celebrar a Rose y a Emmett.

Esme, Tanya y sus hijas, junto con Carlisle—eran los más felices. Sin lugar a dudas.

Edward y Emmett también estaban emocionados, pero eran unos caballeros, y parecían no querer celebrar tanto como el resto, simplemente porque podría parecer descortés para mí y para Rose.

Durante la cena, le dije a Edward que se relajara… pero solo me examinó, me observó con el ceño fruncido y luego me dijo, "No puedo hasta que sea mutuo."

Y así quedó.

Pero palabras como esas, sin duda hace que la reciprocidad llegue más pronto.

El bastardo era inteligente.

El resto de la cena fue… como esperaba. No se sintió forzada o incómoda, pero los padres de Rose no estaban precisamente emocionados. Bueno, la madre de Rose, Lillian, menos que su papá. Después de todo, él fue el que accedió a todo.

Pero Rose y yo nos centramos en Emmett, Edward y nuestra pequeña fuente de risas; Alec.

*o*o*o*

"Bien, queridos," dijo Esme, golpeando su copa. "El postre se servirá en la sala en diez minutos."

Fue una mirada significativa para todos los fumadores, así que Edward, Emmett, Rose y yo no perdimos tiempo en llevar nuestros traseros afuera… junto con Carlisle y Garrett, pero ellos prefirieron quedarse mejor en el porche a fumar puros.

"Dame, dame," le dije a Edward. Sí, necesitaba mucho la nicotina. "Estas cosas formales son… Jesús, solo digamos que soy una chica de cabaña cuando se trata de eventos."

"Amén, hermana," Rose concordó mientras Emmett le daba un cigarrillo.

"Oh, Eddie y yo estamos de acuerdo." Emmett asintió. "Afortunadamente, estos eventos no son a menudo."

"Sin embargo, hay otro mañana," continué, dándole a Edward una muy apreciativa sonrisa cuando me dio un cigarrillo.

"¿A qué te refieres?" Edward preguntó con curiosidad. "¿Mañana?"

"Oh, sí, vamos a celebrar nuestro compromiso mañana por la noche," le dije.

Nicotina. Sí. Me encanta.

"Um, ¿qué?" Volvió a hacer eso de atragantarse.

Emmett también estaba algo sorprendido.

"Qué, ¿tenían planes?" Me reí entre dientes.

"Uh, bueno, um, ¿no?" Respondió—no muy fluidamente. Pero entonces se recuperó. "¿Pero ¿cómo… te estás tomando todo esto? Me refiero a que, acabas de soltar que tendremos nuestra fiesta de compromiso mañana, Bella."

Uh, ¿sí? ¿Y?

Ya he aceptado a todo eso. Pensé que estaba claro.

"¿Y?" Pregunté. "O sea, si quieres, estoy segura que podemos posponerla. Solo pensé—"

"No, no," dijo de prisa. "No, maldición, no lo pospongas por . Estaba pensando en ti, Bella."

No, lindura.

O algo así.

"Mañana, será, entonces," sonreí con suficiencia.

Emmett empezó a reírse entonces, "¡Demonios, hermano, ella será tu muerte!"

"Si lo sabré yo," Edward se rio bromeando.

Pero sus ojos, al posarse en mí, estaban llenos de adoración.

"Mierda, tenemos que ir a Seattle mañana," exclamó Emmett. "Será mejor que tengamos tiempo."

Como si estuviera en pánico.

Edward asintió e imitó su expresión.

"¿Qué hay en Seattle?" Rose preguntó.

"Joyeros," los dos respondieron.

"¿Por qué necesitas joyería para mañana?" Pregunté.

En realidad, me dieron una expresión de Dios-eres-tonta, que no me agradó.

"Cuando te comprometes, normalmente das un regalo, pequeña," me dijo Emmett. Como si tuviera cinco años.

"Deténganse ahí, chicos," les dije, apuntándolos con un dedo, y Rose se me unió e hizo lo mismo. "No están hablando en realidad de darnos más, ¿verdad?"

"Sí, será mejor que no," Rose les advirtió.

Y luego bajamos las manos, porque sostenían los cigarrillos… y las necesitábamos.

"Esa no es decisión tuya, princesa." Edward sonrió con suficiencia, rodeándome con un brazo antes de volverme a empujar hacia los escalones. "Es momento de volver a entrar."

¡Ni siquiera se vieron afectados por nuestras duras palabras!

Voy a practicar eso, juro por Dios que lo haré.

"Me encanta darte cosas," murmuró al presionar sus labios contra mi sien.

"No me compres, Edward. No es posible."

"No lo estoy haciendo," respondió, deteniéndose para mirarme. "Nunca te degradaría de esa forma, ni creo que sea posible. Pero me encanta darte cosas, y voy a consentirte."

"¿Por qué?" Solté. "En serio, no lo entiendo, porque no lo necesito. No necesito—"

Los dedos de Edward en mis labios, me callaron de una puta vez.

"Lo sé, Bella," susurró. "Créeme. Lo sé. Y no te preocupes. No es como si fueran a ser joyas todo el tiempo. Deberías saberlo por lo que hemos dejado en sus casilleros, ¿eh?"

Cierto. Eso.

Eso me encantaba.

"También sé que las cosas extravagantes no acelerarán las cosas. Estoy consciente de eso."

Bien.

"Y sé que tú no eres el tipo de chica que solo le importan los regalos y la mierda ostentosa."

Bien también, porque en realidad no lo era.

"Pero," dijo, "en ocasiones te daré estas cosas, porque quiero que las tengas o… demonios, algunas cosas incluso podrían ser algo que quiero verte puesto. ¿De acuerdo?"

De acuerdo. Me siento más calmada.

Asentí.

"Si no es muy a menudo, acepto." Negocié.

"No muy a menudo." Sonrió con suficiencia, y sentí… que tal vez debí haber sido más específica.

Pero en ese momento, Esme nos llamó desde la sala.

"¡Es momento de que Emmett y Rose abran los regalos!" Bromeó emocionado.

¡Ja! Qué risa me da.

Pero maldición, había regalos. De los Denali, de los Cullen, y… de los Masen… en Chicago.

De Edward y Elizabeth Masen, Rose recibió… un maldito coche. No bromeo. Su forma de decir 'bienvenida a la familia'.

Era negro. Un Lexus con vidrios tintados. ¡No, no estoy bromeando! ¡Le dieron un coche!

Bueno, le dieron la foto de un coche, porque el coche lo enviarían a Seattle la próxima semana.

¿Quieren saber algo gracioso?

Rose no tiene licencia de conducción. Ninguna de las dos tiene. Nunca hemos tenido dinero para eso.

Así que, al comentarlo, Carlisle y Esme dijeron que nos darían eso a Rose y a mí como regalos extras.

Me quedé sin palabras.

Pero pasando a otra cosa.

De Carlisle y Esme, Rose recibió algo llamado anillo Claddagh. Un anillo que representa a Irlanda o algo así, y era muy bonito. Era para su meñique derecho, y Esme me guiñó un ojo… haciéndome pensar que tal vez mañana recibiré uno de esos, porque noté… que todos ellos llevaban anillos Claddagh.

Edward, Emmett, Carlisle, Esme, los Denali, Alec y Nessa… todos ellos. Sí, los Hale no, por supuesto.

Edward llevaba un anillo en su pulgar derecho, y era una versión muy masculina del anillo Claddagh, sobre todo cuando lo comparé con el de Emmett y el de Carlisle.

De plata, líneas rectas y ónix negro, ese era el de Edward. Y el de Emmett era un poco más tradicional con detalles – de acuerdo a Carlisle y Esme – pero lo que todos tenían en común eran las dos manos sosteniendo un corazón, y una corona sobre el corazón.

Eran preciosos, y me hizo feliz ver a Rose sonreír cuando vio su dedo meñique, ahora adornado con el anillo irlandés.

"¿Tienes una idea de lo preciosa que eres?" Escuché que Edward susurró.

Sus palabras hicieron que me estremeciera – una reacción que me estaba siendo familiar… y me sonrojé, por supuesto. Algo a lo que también tenía que acostumbrarme.

¿Tiene alguna idea de lo mucho que me afecta? Me pregunté al mismo tiempo que bajaba la cabeza.

Estábamos sentados uno al lado del otro en un sofá de dos plazas, y no me pasó desapercibido que Esme y Tanya nos miraban con frecuencia, así como a Emmett y a Rose—las dos portando sonrisas maternales.

Esas también me afectaban. Me hacían inclinarme a un costado de Edward. Eso a su vez hacía que él rodeara mi cintura con su brazo, y… Dios, me encantaba.

Me hacía sentir segura. Protegida. Y… deseada.

Solo, no esperaba desear a Edward a cambio.

Puede que pareciera infantil, realmente infantil y… casi insultante, pero creo que Edward entendería el significado de las palabras.

Estirándome, un poco, lo olí al susurrarle al oído.

"No puedo odiarte."

Se estremeció, apretando su agarre en mí, y tragó grueso.

Él comprendió.

Sabía que sentía algo más pero no estaba lista, preparada para admitirlo o reconocerlo.

Sabía que nos enfocamos más el uno en el otro el resto de la velada que… en las festividades… pero aun así, no hablamos. Estuvimos callados, cerca el uno del otro. ¿Tal vez… saboreando lo que sentíamos en ese momento? Porque… para mí… esto era realmente mutuo. Justo ahora.

Probablemente lo vería diferente mañana, pero estábamos en el camino correcto… por así decirlo.

Edward me llevó a la cabaña un poco después de la medianoche, y nuevamente, nos quedamos en silencio, y él aún me dejaba tomar la iniciativa cuando se trataba de afecto.

No tenía problemas con besar mi mejilla, o mi sien, o la cima de mi cabeza. Pero nunca los prolongaba. Siempre me daba distancia. Yo marcaba el ritmo. De modo que, cuando viajamos a mi hogar temporal esa noche, tomé su mano. Porque quería hacerlo. Estaba lista para eso.

Y me la besó.

Eso también me encantó.

"Llegamos," murmuró, apretando también ligeramente mi mano.

Miré hacia afuera.

A la cabaña.

En medio de la nada. Ninguna casa en kilómetros. Solo… árboles. Bosque.

A mitad de la noche.

Eh, ya no me parece tan maravillosa.

"Genial," me obligué a decir antes de salir… del coche… y alejarme del calor.

"Qué pasó con permitir que el hombre te abra la puerta, ¿eh?" Sonrió con suficiencia, pero entonces… creo que notó algo en mi expresión.

"¿Qué pasa?" Preguntó, guiándome por el pequeño sendero.

"Um... está un poco oscuro aquí," murmuré, abrazando mi cuerpo… mirando alrededor… escuchando.

Los ruidos del bosque… crujidos…

Mierda.

"¿Escuchaste eso?" Jadeé.

"¿Quieres decir eso?"

¡Lo escuché de nuevo! ¡El crujido!

"Sí," jadeé, acercándome a Edward.

¿Voy a morir aquí?

"Bella, son las llaves," dijo, medio divertido, y medio preocupado.

Entonces lo vi. Era él metiendo las llaves en la cerradura de la puerta.

Claro.

"Oh. Um, sí… por supuesto."

Todavía era un manojo de nervios cuando entramos, y no fue sino hasta que Edward encendió el fuego, y me había puesto mis pijamas, que me relajé… pero solo un poco. Porque iba a dejarme aquí… a morir.

"¿De verdad vas a estar bien aquí sola?"

"No," dije de inmediato, al meterme bajo las mantas en el sofá. "Voy a morir aquí. Lo juro."

Podía escuchar todo. Las ramas y las varas raspando contra la ventana, las tablas del piso crujiendo, el viento soplando… ruidos.

Me sentí agradecida cuando Edward no se burló de mí. En vez de eso se quitó la chaqueta, se arremangó su camisa blanca, y se quitó los zapatos.

Entonces se acercó al sofá, se agachó y besó mi frente.

"Me quedaré hasta que sepa que estás dormida, y cuando despiertes en la mañana, me aseguraré que Alec o Rose estén aquí. ¿Está bien?"

"¿Lo prometes?"

"Lo prometo." Asintió. "Y si despiertas, llámame y estaré aquí en diez minutos."

Podía vivir con eso.

Si alguien podía convertir un viaje de veinticinco minutos a uno de diez, era Edward.

"Me quedaría, pero solo hay un sofá… Pero si quieres, podemos regresar y puedes quedarte en una de las habitaciones de invitados." Sugirió.

Por primera vez, maldije porque la cabaña no era más grande. De verdad solo era una habitación, una cocina y un baño.

"No, sobreviviré… creo… siempre y cuando vengas si te llamo," le dije.

"Claro que vendré. Y mañana traeremos una cama extra, para que no estés sola. Puedo quedarme algunas noches, tal vez Rose se quede algunas noches… y Dios sabe que Alec está dispuesto a ser tu guardaespaldas," bromeó, acariciando mi mejilla.

Se sintió muy bien…

"Me parece bien." Murmuré.

"Excelente. Duerme un poco," murmuró antes de volver a besar mi frente. "¿Quieres que te toque algo?"

Oh, Dios, me encantaría – … ¡sí!

"Sí, por favor." Sonreí.

"Considéralo hecho."

Entonces se puso cómodo en la silla… jugueteó un poco… afinando, rasgueando… viéndose sexy y guapo. Perfecto. Y al saber que él estaba ahí, me relajé… dejé que el cansancio me venciera… Mmm, bostecé…

"Buenas noches, Whistler," susurré soñolienta al cerrar los ojos.

"Buenas noches, princesa," lo escuché susurrar.

Me quedé dormida con el sonido de Edward tocando la guitarra acústica.

Nunca me había sentido mejor.