Los personajes de esta historia pertenecen a la increíble Stephanie Meyer, la trama pertenece a la asombrosa autora CaraNo, Alepattz la tradujo, sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo el permiso para publicarla.
Thank you CaraNo for allowing us to share this amazing story in Spanish.
22 - SEATTLE EN DICIEMBRE
BPOV
Horas después de que Edward colgara el teléfono, estábamos de camino a casa.
Vestida con vaqueros, chucks y una sudadera con capucha, casi me sentía como antes. La única diferencia era el precio. Incluso Edward parecía... bueno, en realidad, parecía otra persona. Seguía estando buenísimo, pero ahora tenía un toque especial. Llevaba unos pantalones cargo holgados de color verde militar, una sudadera negra con capucha y unas botas Dr. Martens y parecía... peligroso. Y peligrosamente sexy.
La mierda había saltado por los aires en Chicago, y mientras Edward y yo subíamos al jet privado, él volvía a hablar por teléfono, esta vez con Carlisle. Carlisle a su vez se dirigía a Chicago con Esme, y nos dijeron que Alec y Nessa estaban de camino a Seattle. Todo era un maldito lío y lo único que estaba claro era que Emmett y Edward estaban ahora a cargo de la rama Cullen, mientras que Carlisle se hacía cargo en Chicago. Solo hasta que supiéramos más y pudiéramos tomar mejores decisiones, pero sí, Carlisle era el siguiente hombre en la línea.
Eso me asustó.
Sé que no tomará decisiones como las que toma Ed. Carlisle no es así, y el negocio quedará en pausa... por así decirlo. Pero estará ahí para supervisar... hasta que sepamos más.
"Asegúrate de que Emmett ponga a salvo a Alec y a Nessa", oí que Edward le decía a Carlisle.
Era raro porque cambiaban de idioma. Un minuto hablaban irlandés y otro inglés. Lo raro era que Edward no me ocultaba nada. En cuanto terminaba la llamada, me ponía al corriente, así que lo del irlandés no tenía sentido, pero quizá era algo natural...no sé.
Sin embargo, me había puesto al corriente después de cada llamada, y habían sido muchas entre el hotel y el aeropuerto. Y conozco a mi marido. No me está mintiendo. Está siendo sincero sobre todo.
"Voy a llamar a Jenks en cuanto termine con esto", dijo Edward mientras se sentaba en su asiento. "Sí... Creo que lo ha hecho. Llené el de Bella antes de la boda".
No pregunté, sabiendo que me lo diría pronto.
Antes de tomar asiento, me acerqué al mueble bar y tomé una
botella de cerveza para Whistler y un Bacardi Breezer para mí.
"Gracias", me dijo mientras le entregaba la cerveza.
Le guiñé un ojo y me senté en el sofá del otro lado del pasillo.
Entonces, cuando sacó su mini portátil de su equipaje de mano, pensé que yo también podría llamar a Rose. Tal vez ella podría informarme.
Aparte de estar preocupadísima por Alec y Nessa, estaba tranquila, y mientras me desplazaba hasta el número de Rose en mi teléfono blanco, me di cuenta de que había mucho a lo que acostumbrarse con este estilo de vida, pero hasta ahora lo estaba abrazando todo. Incluso encontraba cierta emoción en ello. Quizás eso se considere terrible por mi parte. Lo más probable. Pero no deja de ser cierto.
"Rosalie", respondió ella.
"Hola, soy yo", respondí antes de dar un sorbo a mi Bacardi.
"Oh, gracias a Dios que llamaste", exhaló. "La mierda es una puta locura aquí, B."
"¿Dónde estás?" pregunté, sentándome más erguida. "¿Estás en Forks?"
"Estamos a punto de salir. He pasado el día con Tanya y Garrett. Emmett me recoge en media hora y luego nos vamos a Seattle a recoger a Nessa y Alec".
"¿Dónde está Em?" Fruncí el ceño, mirando hacia Edward pero estaba ocupado en el teléfono. "Quiero decir, ¿con quién está ahora?"
"Arreglando unos papeles o algo así", dijo. "Y yo estoy en casa de los Cullen con Greg".
Exhalé aliviada. Pero saber que su hombre de seguridad estaba con ella ciertamente hizo más fácil respirar.
"De acuerdo, bien". Asentí, aunque ella no podía verme. "Entonces... ¿puedes ponerme al corriente? Lo único que yo o nosotros... sabemos es que se llevaron a Ed del aeropuerto de Chicago".
Lo más probable es que Edward supiera más ahora de Carlisle, pero yo estaba un poco impaciente.
"Sí", suspiró. "Los Masen venían hacia acá... para la cena de antes de la boda, y Ed iba a salir a fumar o algo así y no regresó. Su guardaespaldas fue encontrado con un disparo fuera de la
aeropuerto. Están bastante seguros de que son los italianos".
Santo cielo.
"Pero... pero... joder, tiene que haber imágenes, ¿no? Quiero decir, los aeropuertos son nada más que seguridad por Cristo".
"Sí, todo fue captado por las cámaras, pero aún así lograron llevarse a Ed. Sin embargo, los hombres que se lo llevaron llevaban máscaras, por lo que no ha habido nadie para identificar".
Yo... realmente no sé qué decir.
"¿Ya ha salido en todas las noticias?". Pregunté, jugueteando con la etiqueta de mi botella. "Jesús, Alec y Nessa deben estar angustiados".
"Esa es la cuestión. No ha salido en las noticias. Bueno, sí, pero la historia oficial es que las imágenes de seguridad del aeropuerto se perdieron. Así que no hay pruebas. Lo único que dicen es que hay el rumor de que Ed Masen ha sido secuestrado".
"¿Qué?" pregunté, confundida. Pero entonces caí en la cuenta. Cristo, trabajan rápido. "¿Entonces quién tiene las imágenes?"
"¿Cómo coño te lo explico?", se rio sin humor. "Supongo que puedo decir que nuestro lado las tiene. Emmett me dijo que los Masen tienen un protocolo a seguir en caso de secuestros".
De nuevo asentí aunque ella no podía verme.
Edward me había hablado de ese protocolo de camino al aeropuerto, y el primer paso era limpiar. No se permitía que nada se filtrara al público, y Ed tenía hombres en la nómina precisamente para eso: limpiar. Así que supongo que empezaron de inmediato, seguramente sobornando... o algo peor... para hacerse con las cintas de seguridad.
Después de la limpieza viene la seguridad, y sé que eso es lo que Carlisle está haciendo ahora mismo: intentar averiguar dónde pueden estar los "enemigos" y cómo han entrado en el país. También, por supuesto, hacia dónde se dirigen. Todo es cuestión de vigilancia y planificación en esta fase.
"Edward me lo contó", murmuré. "Muy bien, ¿qué más? ¿Qué va a pasar ahora?"
"Después de recoger a Nessa y Alec en Seattle, iremos a la casa de Emmett en la isla de Bainbridge, y cuando ustedes lleguen, nos reuniremos en la casa de ustedes, y Alec se quedará allá. Emmett ha llamado a gente de Chicago, y llegarán más tarde".
Personas - seguridad.
De acuerdo. Mierda. Mucha.
Ni siquiera he visto "nuestra" casa. La de Edward está en la misma calle que la de Emmett, pero Rose y yo aún no hemos estado allí.
"¿Y la boda?" Pregunté, sabiendo que se supone que se casan en menos de dos semanas. "¿Se pospone?"
"No. Emmett dijo que parecería sospechoso si la posponíamos, pero sin embargo existe la posibilidad de que nos casemos antes. Tanya está trabajando en ello con los planificadores".
Era mucho para asimilar. Mucho qué procesar.
"¿Por qué te casarías antes?"
"Puedo responder a eso, princesa", oí decir entonces a Edward, y levanté la vista para verlo girar su silla en mi dirección. Ya no estaba al teléfono.
Le hice un gesto con la cabeza. "Rose, Edward ya ha terminado su llamada. Te veremos pronto, ¿sí?"
"Por supuesto. Te amo".
"Yo también te amo."
Tras terminar la llamada, guardé el teléfono en mi bolsillo y me dirigí al otro lado del estrecho pasillo, porque necesitaba estar cerca, maldita sea.
"¿Rose está bien?" murmuró mientras me sentaba en su regazo.
"Sí, creo que sí", suspiré, acurrucándome más cerca de él. "Aunque dice que es una locura".
"Lo es", respondió, asintiendo. "Y tengo algunas cosas que discutir contigo".
Ya no era el chico irlandés.
Era el de los negocios.
"De acuerdo", dije con recelo, sentándome frente a él.
No perdió el tiempo. "La razón por la que Em y Rose se casarán antes es que solamente los esposos y los padres pueden firmar los papeles de pleno consentimiento".
Fruncí el ceño.
Conocía el pleno consentimiento, por supuesto. Era el papel que daba libertad a las chicas. Muchos padres los firmaron hoy en día, pero normalmente gente de ciudades más grandes. Gente que quería avanzar en el mundo o lo que fuera. Y por eso muchos hombres buscaban chicas en pueblos más pequeños, porque era allí donde perduraban las tradiciones. Ellos... nosotros, éramos los que realmente no seguíamos las tendencias. En Estados Unidos seguía siendo ley que los padres o esposos estuvieran al mando, pero el mundo estaba cambiando y muchos querían igualdad. La mayoría de los países de Europa habían cambiado sus leyes, por ejemplo, pero América seguía siendo estricta al respecto.
Totalmente de acuerdo.
¿Significa eso que Edward y Emmett han firmado esos papeles por mí y Rose?
¿Es por eso que Edward es todo negocios en este momento?
Ese papel. Ese papel me daría mis derechos. Mi carnet de conducir tendría un sello, diciendo que soy mi propia persona. Nadie me controla. Podría viajar a donde fuera, hacer lo que fuera, sin necesidad de permiso.
También me daría derecho a divorciarme de Edward.
Así que, de nuevo me pregunto; ¿es por esto por lo que ahora es todo negocios? ¿Porque sabe que ese trozo de papel podría acabar con nuestro matrimonio si yo lo digo?
Lo miré fijamente, notando su falta de expresión. Exterior duro. Los ojos vacíos de emoción.
Estaba más claro que el agua.
"¿Nos dan su pleno consentimiento?" pregunté, sabiendo ya la respuesta.
"Lo hacemos, sí". Asintió con firmeza. "Necesitamos que Rose y tú puedan viajar sin nosotros por si acaso ocurre algo, y no tenemos tiempo para todo el papeleo cuando se trata del consentimiento temporal, ya que viajaremos muy a menudo. Sería demasiado trabajo conseguir tu aprobación previa para cada vez que salgamos del estado. El consentimiento total es lo único que tiene sentido".
Asentí pensativa, eligiendo mis palabras.
"Esto significa que puedo divorciarme de ti", afirmé, enarcando una ceja.
Tragó saliva. "Sí."
Asentí con la cabeza. Otra vez.
"Bien... entonces es bueno que haya algo por encima de ese trozo de papel", dije.
Frunció el ceño, pero por lo demás estaba completamente rígido. "¿Qué sería eso? Nada mejor que ese papel, Bella. Te dará todos tus derechos".
Me encogí de hombros. "Para mí hay algo que lo supera".
"¿Qué?"
"¡Mis votos matrimoniales, estúpido!" Grité. "Me tomo mis votos en serio porque creo en ellos".
El chico irlandés exhaló bruscamente y se relajó.
El chico irlandés cerró los ojos.
"Mierda, me asustaste, princesa", dijo en voz baja, sacudiendo un poco la cabeza.
"No debería", le dije, enganchando un dedo bajo su barbilla para que me mirara. "Te he dicho que te amo. Te he dicho que soy tuya. No me entregaría a ti de todo corazón únicamente porque tuviera que casarme contigo".
"Tú eres la razón por la que soy tuya", continué. "Si no me hubiera enamorado de ti, claro que seguiría siendo tuya, pero no toda yo. Serías mi dueño pero no tendrías todo de mí. Ya lo sabes".
Con una fuerte respiración, se relajó aún más y me acercó más a él.
"Lo sé", suspiró, apoyando la frente contra la mía. "Y tienes razón. Debería haber confiado en tus palabras. No me has dado motivos para creer lo contrario".
Le di un codazo mirándolo hacia arriba, diciéndole en silencio que me besara de una puta vez.
Lo hizo. Con una sonrisa.
"Te amo". Tarareó, capturando mi labio inferior entre los suyos. "Con todo mi corazón."
"Yo también te amo, Whistler", murmuré mientras le rodeaba el cuello con los brazos.
"Somos el uno para el otro".
Sonrió.
El chico irlandés había vuelto.
"Tengo que decirlo, princesa", suspiró, picoteándome. "Me encanta ser tu Whistler".
"Ah, y chico irlandés", se rio entre dientes. "Así es como me llamas en sueños".
Ah, mierda.
"Quizá me refiero a Emmett", bromeé, ocultando mi sonrojo besándole el cuello.
"Claro, nena", rio en voz baja.
*O*O*O*
"Creía que íbamos a Seattle", dije, mirando por la ventanilla mientras descendíamos.
Reconocí el pequeño aeropuerto en cuanto nos acercamos.
Port Angeles.
"Vamos en coche desde aquí", respondió Whistler, rozando con sus labios mis nudillos. "Em encargó un coche para nosotros".
"¿Por qué?"
"Más seguro", dijo en voz baja. "No tenemos vigilado Sea-Tac, así que no sabemos qué tan seguro es allí".
Ah.
Más tarde, cuando desembarcamos, me di cuenta de que Edward me había acercado a su lado, encumbrándose sobre mí de forma más protectora, y me pregunté hasta qué punto era peligroso. ¿Estábamos en peligro? ¿Edward estaba en peligro? ¿Carlisle y Esme? ¿Alec y Nessa? ¿O solo buscaban a Ed y Edward estaba tomando precauciones?
"Señor Cullen", oí decir de cerca una voz familiar.
Conn.
"¿Alguna novedad?" Preguntó Edward, saltándose el saludo mientras los tres nos diríamos a la salida.
"Su padre tiene gente vigilando todos los aeropuertos importantes de la Costa Este, por si aterrizan o hacen una parada allí", contestó Conn. "También ordenó un servicio en el vuelo, y debemos saber si un jet privado aterriza en cualquier lugar cerca de Washington."
"¿Está asegurado el estado?" Edward continuó, sin perder el ritmo. "No queremos a los Avellino cerca de Seattle".
"Dentro de una hora lo estará. El Sr. Denali y su hermano están trabajando en ello".
"Asegúrate de que el ferry desde Vancouver forme parte de eso", señaló Edward, y entonces llegamos a un coche... a lo que Edward hizo un sonido de disgusto.
"¿Pasa algo?" Pregunté.
"Sí, podría decirse que sí", murmuró, abriéndome la puerta. "Conn, ¿esto es lo que ordenó mi hermano?"
"Código amarillo", fue la respuesta de Conn antes de despedirse con un gesto de la cabeza y marcharse en una camioneta roja.
Fue extraño.
¿Dónde estaba su todoterreno?
"A la mierda el código amarillo", refunfuñó Edward, cerrando mi puerta.
No te preocupes, yo tampoco lo entiendo.
Una vez que Edward hubo metido nuestro equipaje en el maletero, se sentó al volante, cerró la puerta de un portazo y puso la marcha atrás. Mientras acelerábamos, seguía murmurando y maldiciendo en voz baja.
"¿Te importaría explicarme qué pasa?" pregunté, girándome en mi asiento para mirarle mejor.
Edward resopló y mantuvo la vista en la carretera. "Maldito Volvo de mierda. En serio, ¿quién conduce esta mierda?"
Oh, Dios mío. Sí, puse los ojos en blanco.
"De todos modos", suspiré, "¿puedes explicar esto del código?".
"Claro", murmuró, todavía con cara de fastidio por una cosa tan simple como un jodido coche. "Hay cinco códigos: Verde, Azul, Amarillo, Rojo y Negro. Verde es el nivel cotidiano cuando las cosas van bien. Azul es cuando hemos detectado algo que necesita supervisión. Es básicamente Verde, pero implica investigar, supervisar y preparar".
Tras encenderse un cigarrillo, bajó un poco la ventanilla, dio una profunda calada que pareció relajarle, y continuó.
Observé y escuché, fascinada tanto por lo que decía como por cómo lo hacía. Estaba en uno de sus muchos elementos.
Sexy.
"Luego está Amarillo", dijo, echándome una mirada de reojo antes de volver a mirar a la carretera. "Y ahí es donde estamos ahora. Amarillo es más acerca de la preparación para el rojo, que es el siguiente código. Se trata de tomar precauciones, asegurar y apagar. Tenemos que pasar desapercibidos, de ahí las putas tristes excusas de los coches. Apestan, pero pasan desapercibidos".
Asentí en señal de comprensión, sintiendo que se me dibujaba una sonrisa al mirarlo.
Pero era innegablemente tierno cuando se quejaba de sus coches y, evidentemente, Volvo no era para él.
Tras otra calada, prosiguió. "El Amarillo también es para poner a salvo a los seres queridos".
Levanté las cejas y, un segundo después, encendí mi propio maldito cigarrillo porque, de repente, el tono de su voz ya no era tan práctico. Era una mezcla de preocupación, aprensión y resignación. Sabía lo que iba a pasar y yo estaba a punto de enterarme.
"Si todo va según lo previsto, Emmett y Rose deberían casarse
en los próximos días, y... entonces..." Dio otra calada a su cigarrillo. "Entonces tenemos que sacarlas del país".
Sus palabras resonaron.
Tenemos que sacarlas del país. Ustedes, fuera del país. Ustedes, ustedes, ustedes... ¿Eso no lo incluía a él?
"¿Por qué?" pregunté en voz baja.
"Porque probablemente los Avellino ya estén aquí", dijo rotundamente. "Como dijo Conn, nuestra gente está de camino a las fronteras, pero no hay mucho que podamos hacer si ya están aquí, y considerando el hecho de que Caius estuvo aquí antes de la boda nos lleva a creer que han planeado esto desde hace tiempo".
Cristo.
Me temblaron las manos al dar una calada y me di cuenta de todo.
No se trataba de robar coches.
Esto era mucho más y ahora nos han arrastrado en medio de una maldita venganza entre dos hermanos. La pregunta es, ¿cuánto afectará esto a Edward y Emmett?
"Entonces, cuando tengamos algo que seguir, cuando tengamos a alguien a quien perseguir", dijo Edward en voz baja, "introducimos el código Rojo, y eso es cobrar".
"No", dije inmediatamente, sacudiendo la cabeza. "De ninguna puta manera, Whistler. No vas a ponerte en peligro. Ni de mierda".
"No te preocupes, princesa, no es así", aseguró, agarrando el volante con más fuerza y me tomó la mano con la que tenía libre. "Emmett y yo no somos así. Solo seremos seguridad para nuestras esposas, así como para Alec, Nessa y cualquier otra persona a la que se le ordene abandonar el país. Supongo que Kate e Irina serán dos de ellas. Lo más probable es que la tía Tanya también".
Lo estudié, lo leí, esperando que eso significara que venía con nosotros.
"Entonces, ¿tú y Em vienen con nosotros?" pregunté. Ojalá pudiera afirmarlo, exigirlo, pero sabía que no podía. No dependía de mí, y tampoco de Edward.
"Los sacaremos de aquí", respondió, apretándome la mano para tranquilizarme. "Y nos quedaremos con ustedes mientras no nos necesite papá. Pero recuerda que los Cullen son diferentes, Bella. El Código Amarillo es solo por precaución, y no tienes de qué preocuparte. Te prometo que te mantendré a salvo".
No entendió una mierda.
"No es mi seguridad lo que me preocupa", le dije. "Es la tuya, Edward".
"Nada va a cambiar", replicó con suavidad. "Eso no es solo porque Emmett y yo lo digamos, también son las reglas de Masen. Los negocios tienen que continuar como siempre para mantener las sospechas al mínimo. Seguimos yendo a Roma, y seguimos teniendo nuestras órdenes, joder, tenemos muchas. Solo tenemos que asegurarnos de que todo el mundo está a salvo antes de continuar".
Oh. Okay. Bien. Mierda. Respira profundo.
"Pero... hay algo que deberías saber".
Uh-oh... Era esa voz otra vez. La de 'por favor, no te enfades conmigo porque no hay nada que pueda hacer'. Esa.
"¿Qué? Pregunté, soltando su mano.
Suspiró y se pasó los dedos por el pelo, me dio otro
mirada de reojo, y luego... "Mira en la guantera".
Joder, ¿y ahora qué?
No quería, por miedo a lo que descubriría, pero... Lo hice de todos modos, y... ¿Qué carajo?
"Precaución, princesa".
"Precaución, una mierda", dije. "¡Es una puta pistola!"
"Sí", respondió simplemente. "Todos estamos armados cuando va más allá del Código Azul".
Tantas cosas se apresuraron a través de mí, y aunque había una pequeña voz en mi cabeza gritando 'wow', había una voz más fuerte gritando que corriera, corriera a esconder a Edward lejos de este mundo. No quería dejar esta vida, este mundo, pero no quería que Whistler saliera herido, maldita sea. Es mi marido, mi todo, ¿y ahora va armado? A la mierda con eso. Está mal.
Peligroso.
Tragué saliva.
Respiraciones temblorosas.
Con los ojos muy abiertos, vi cómo se acercaba y sacaba la pistola, y luego, con los ojos aún más abiertos, vi cómo se la metía en la cintura del pantalón. Lo hizo con tanta facilidad. Como si conociera la pistola. Como si supiera de armas. Como si las hubiera usado antes. Como si hubiera entrenado. Familiarizado. Muy familiarizado con ellas.
Me sonrojé y respiré con más dificultad.
Esto era... demasiado. Casi demasiado. Casi.
"¿Prometes que no te pondrás en peligro?" Respiré.
Me llevé el cigarrillo a los labios, pero me di cuenta de que ya había llegado al filtro.
Lo tiré.
"Te lo prometo", me dijo. "No tienes nada de qué preocuparte".
Respira hondo.
De acuerdo.
Mierda.
"Confío en ti", murmuré.
Fue difícil pronunciar esas palabras, pero eran ciertas. Yo confío en él, y lo sé... Solamente lo sé. Sí, confío en él. Pero mierda, esto es... una locura. Mucho qué asimilar, y no sé lo que siento al respecto. Hay tantas cosas dando vueltas en mi cabeza, y no puedo precisar cada emoción. Corriendo, tirando, surgiendo... tantas cosas. Pero confío en él. Es mi Whistler. Mi chico irlandés. Sabe lo que hace.
"Bien", respondió asintiendo con la cabeza. "Y no te preocupes, tenemos un montón de seguridad esperándonos en casa. No somos solamente Em y yo. Nosotros únicamente dirigimos, no nos ponemos en peligro".
Bueno, eso ha sido un poco contradictorio, pero... ¿ok?
"¿Qué quieres decir?" le pregunté.
Me besó los nudillos antes de explicarme, y me relajé aunque solo fuera un poco.
"Como hemos entrado en código Amarillo, no los verás, pero nuestra casa estará rodeada de guardias. Emmett y yo, junto con Garrett, estamos a cargo de todos ellos, pero eso es todo. No es que vayamos a salir ahí fuera, agitando las Glocks para llamar la atención".
Arqueé una ceja, diciéndole en silencio que no tenía gracia. En absoluto.
"Lo siento", se rio entre dientes. "Pero en serio, Bella, lo tenemos todo bajo control.
Esto ocurre muy raramente, y aunque solamente he experimentado el código Amarillo y Rojo dos veces antes, estamos entrenados para hacer esto. Sabemos lo que estamos haciendo, ¿de acuerdo? "
Suspiré, me recosté en el asiento y... me dejé llevar. Tendría que confiar en él. Y no creas ni por un segundo que no capté lo de 'solamente he estado en esta situación dos veces antes', porque lo hice, pero... no, preguntaré en otro momento. Ya están pasando demasiadas cosas.
"¿Cuál es el Código Negro entonces?" pregunté, recordando que se había olvidado de eso.
Se encogió de hombros. "Código Negro es básicamente correr por tu vida".
Oh. Estupendo. Encantador.
"Súper", murmuré.
Eso me valió una carcajada de mi marido y no creo que quiera saber lo cerca que estuve de darle un puñetazo en los putos huevos.
"Relájate, nena". Se rio. "Negro, sí, es para esconderse cuando todo lo demás ha fallado, pero nunca lo hemos visto. Nunca ha ocurrido en nuestra familia, ¿de acuerdo?"
Lo que sea.
*O*O*O*
Un par de horas más tarde, entramos en nuestra calle.
Mansiones. Por todas partes.
Edward señaló la de Emmett, así como los numerosos coches que pertenecían al "equipo de seguridad". Aparentemente estábamos a salvo.
Sí.
"Solo quiero recordarte, princesa, ahora que nuestra familia es conocida por nuestros negocios, que te asegures de no hablar de nada que no debas", murmuró. Suave y amablemente. "Obviamente tendremos a los federales cerca a partir de ahora".
Obviamente, me reí internamente.
"No hablaré". Me encogí de hombros. "No tengo motivos para hacerlo".
"Sé que no lo harás", rio en voz baja. "Solo quería mencionarlo ya que intentarán escuchar. Llegarán lejos para conseguir pruebas".
Asentí con la cabeza porque lo entendía.
"Muy bien", suspiró, mirando por la ventana. "Esto es todo, princesa. Bienvenida a casa".
Yo también me asomé y... "Santo cielo, Whistler, ¡¿esta es tu casa?!"
Es... enorme.
"Nuestra casa", me recordó.
Nuestra casa.
Sí, estoy sonriendo. Ampliamente.
