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Title: Stealing Marinette
Ship: Adrinette.
Genre: AU, Slash, Humor, WAFF y poquito Angust.
Word Count: 50,100
Word Count per Chapter: 1,100
Rating: PG-13
Chapters: 15/28
Beta: noestribar
Disclaimer: No son míos, si lo fueran seria esclavitud y está mal... o bueno, no podría decirlo en voz alta :v
Music:
Los comentarios, estrellitas, y las galletitas, me hacen feliz.
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—¿Es aquí donde escondes tu botín?— Marinette preguntó tan pronto como entraron en un pequeño apartamento tipo estudio.
—No tengo botines. No soy un saqueador. Soy un ladrón profesional—, dijo Adrien, indignado.
Le abrió la puerta a ella y como no, Marinette ni siquiera lo notó, sino que siguió caminando dentro del pequeño estudio.
Adrien trató de no detenerse a pensar en la locura de su decisión de llevar a Marinette a su casa de seguridad. Pero creyó que debería llevar a Marinette, donde guardaba temporalmente sus bienes robados ya que, como dijo Marinette, "robó" a la pintora.
Marinette, mientras tanto, se paró en el medio y miró alrededor de la habitación desnuda, excepto por una pequeña mesa de madera, un cofre de madera y un enorme gabinete de acero.
—Tampoco tienes mucho aquí como en tu apartamento.
—Soy minimalista—, bromea Adrien. Él sonríe, pero Marinette solo lo mira con la cara en blanco como de costumbre.
—¿Tienes algo escondido aquí ahora?
—No, no los mantengo aquí por mucho tiempo—. Adrien coloca sobre la mesa la bolsa de plástico de la tienda de conveniencia y comienza a moverse con fluidez y confianza por el lugar. —No los guardo. Y punto.
—¿Qué es el más grande que has robado?— Marinette continúa con su investigación.
—Tú—, responde Adrien de inmediato.
Se ríe brevemente cuando Marinette le sonríe y Adrien se sienta con las piernas cruzadas en el suelo y comienza a sacar el contenido de las bolsas de plástico que llevaba con ellos.
—Quiero decir, ¿cuál es el más caro?— Marinette se sienta en el suelo, también, y comienza a jugar con la parte baja de su nuevo sweater, le gusta la textura suave y que es calentito y suelto sin ser sofocante.
Adrien despega la tapa de un recipiente de plástico y el vapor se eleva desde él.
—Una espada samurái— Dice y empuja el cuenco hacia Marinette.
—¿En serio? ¿Era hermosa?— Marinette mira el cuenco humeante y luego lo empuja hacia el ladrón de nuevo. —El mío es extra picante con cebollas verdes.
Adrien recupera el tazón de fideos humeantes y le entrega a la pintora el otro tazón.
—Fue exquisita, perfecta. Casi la guardo, también.
—¿Por qué no lo hiciste?— Marinette pregunta.
—Te dije que no me quedo con lo que robo. No significan nada para mí—, responde Adrien. Cuando levanta la vista, hay una expresión ilegible en el rostro de Marinette.
—Realmente deberías dejar de robar—, dijo Marinette, que suena como si robar fuera solo un mal hábito y no un crimen.
—Lo haré—, dijo Adrien, —tan pronto como me haga lo suficientemente rico.
Marinette parece pensativa. Adrien está agradecido cuando Marinette no hace más preguntas y comienza a comer.
—Entonces, ¿realmente vives de tus pinturas?— Adrien pregunta, soltando la pregunta antes de que Marinette haga más, porque Marinette parece ser muy buena para dirigir sus conversaciones hacia él.
Marinette asiente mientras sorbe ruidosamente los fideos.
—Sin ofender, pero... ¿La gente realmente compra tus pinturas?
—Sí—. Marinette deja el cuenco y abanica su rostro con sus palillos. Su rostro está sonrojado —Y mi abuelo me dejó dinero.
Adrien le ofrece una botella de agua incapaz de quitar los ojos de los labios de Marinette increíblemente rojos por los fideos —extra picantes—.
—Gracias—, dijo Marinette, tomando la botella. —Me dejó una gran suma y muchos tesoros.
—¿Y cuánto es una suma?— Adrien pregunta, intrigado. Sabe que Marinette no podría vivir de sus pinturas. Muy pocos artistas lo hacen.
Marinette toma un par de tragos de agua y luego se limpia la boca con las manos.
—Sobreviviría incluso si no trabajo por el resto de mi vida—. Los labios de Marinette todavía están rojos. Rojos y húmedos. Adrien se humedece los labios y traga con dificultad.
—¿Te gusta el arte?— Marinette pregunta.
—¿Qué? Sí. Lo aprecio—, responde Adrien. Frunce el ceño y aparta la vista de Marinette.
—¿De qué tipo?
—Prefiero los artefactos. Ya sabes, espadas, alfarerías, joyas. Aunque también me gustan las pinturas.
—Mi favorito es el arte ukiyo-e—. Marinette vuelve a comer sus fideos.
—¿Por qué?
—¿Por qué no?
—Son como... pinturas producidas en masa.
—No lo son. Y de todos modos, ¿qué hay de malo en las impresiones producidas en masa? Hay grabados de madera realmente hermosos—, defiende Marinette.
—Hay muchos de ellos, si—. Aunque Adrien tendría que estar de acuerdo en que hay hermosas impresiones, simplemente no se comparan con las pinturas hechas a mano individualmente.
Marinette frunce el ceño mientras lo mira.
—¿Qué hay de malo en eso?
—Se necesita inspiración y un esfuerzo minucioso para crear una belleza genuina. No se puede hacer dos veces, y mucho menos varias veces—, argumenta Adrien. —Una réplica es exactamente eso. Una réplica.
—Las impresiones no son réplicas. ¿Y por qué algo hermoso no debería reproducirse?
Adrien no puede entender por qué está discutiendo con ella o por qué está teniendo ese tipo de conversación con ella en primer lugar, pero no puede detenerse.
—¿Por qué debería reproducirse?
—¿Por qué no?
—Una belleza se ve reforzada por su individualidad. Su valor radica en su inaccesibilidad—, dijo Adrien, con su tono más alto de lo habitual.
Pero la artista se niega a ceder y contraargumenta:
—Si algo realmente es una cosa de belleza, ¿por qué solo uno debería poseerlo? ¿No es mejor si es apreciado por más y más personas? El arte es para todos, la música es accesible para todos, ¿Por qué las pinturas no lo son? Es estúpido.
—¡No!— Adrien exclama, horrorizado por la idea de Marinette. —Imagínate si todos poseen una verdadera Mona Lisa. Sería como violarla en grupo, no es lo mismo crear algo para un grupo selecto y pequeño, a lo que hace la música que realmente necesita a la audiencia para realmente ser bella, las pinturas y algunas obras de arte brillan sin necesidad de un intermediario, simplemente son hermosas porque ya existen—. Cuando Adrien ve la expresión desconcertada en el rostro de Marinette, se queda en silencio.
Por primera vez, Marinette rompe el silencio en una sonrisa genuina.
—Así que realmente te gusta el arte—, dijo Marinette. —Eres como mi abuelo.
Adrien está avergonzado por su arrebato no solicitado. Tímidamente, dijo:
—¿También despotricó como un lunático cuando hablaba de arte?
—Sí, era posesivo con el arte como tú y las tradiciones—, dijo Marinette sonriendo. Terminó su comida bebiendo del tazón lo que queda de la sopa de fideos. Colocó el cuenco vacío y se limpió la boca con el dorso de la mano. —También era un ladrón como tú.
Adrien se atragantó con sus fideos ante las palabras de la artista.
