Como ya saben nada de esto nos pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer, la autora de esta hermosa historia es la autora FyreByrd y la traducción es de AlePattz, Sullyfunes01 es nuestra prelectora, yo tengo permiso de la autora para publicar la traducción.
Thank you Fyrebyrd for allowing us to share this beautiful story in Spanish.
Nota de la autora: Conozcamos a Edward, ¿de acuerdo?
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Capítulo 6: Pavimento rugoso
EPOV
"Gracias por su tiempo, ¿podría hacer pasar al siguiente candidato, por favor?" Le digo al chef idiota que sale por la puerta.
Estoy en el proceso de abrir mi propio restaurante, remodelando, y entrevistando para el puesto de sous chef. Hoy ha sido una puerta giratoria de idiotas. Solo puedo esperar que el próximo sea mejor.
Cuando entra en mi despacho, me siento y lo evalúo. Lleva traje y corbata, y su currículum. Se acerca a mi mesa y me tiende la mano. "Chef Masen, me alegro de conocerlo por fin."
Lo miro fijamente y no muevo ni un músculo. Al ver mi resistencia, deja su currículum sobre mi escritorio y toma la silla frente a mí. "Me emocioné mucho cuando surgió esta oportunidad; la posibilidad de ser jefe de cocina en tu nuevo restaurante está en lo alto de mi lista de prioridades. Me encantaron tus creaciones en Bleu", dice el idiota, besándome el culo lo máximo posible.
Resoplo. "Mira, Sr. Chupamedias, si estuvieras entusiasmado con esta oportunidad, habrías venido preparado."
En su frente se forman líneas de expresión. "Estoy preparado. Tengo un excelente currículum."
Lanzo una carcajada. "¿Crees que me importa una mierda lo que diga tu currículum? Estoy buscando a alguien que sea mi mano derecha en la cocina. Vienes aquí vistiendo un traje. Un puto traje, por el amor de Dios." Me agarro el pelo. "Ni siquiera te has puesto una chaqueta de chef. ¿Qué clase de chef viene a una entrevista sin estar preparado para cocinar? Te diré qué clase... La clase que no consigue el trabajo. Ahora vete a la mierda." Señalo la puerta, asqueado de que se llame a sí mismo chef.
Lanzo su currículum al otro lado de la habitación, solamente para verlo flotar en el suelo a unos metros de distancia. Maldito idiota. Me alegro de que haya sido la última entrevista de hoy. No me ha ayudado en mi búsqueda, pero ya he tenido suficiente con los idiotas por un día. Miro el reloj, ya es casi la hora de ir a recoger a Seth.
Seth es mi pequeño de tres años. María y yo nos casamos nada más salir de la universidad y ambos teníamos grandes sueños. El mío era abrir mi propio restaurante, mientras que el de ella era quedarse con mi herencia. Ahora lo veo, pero entonces no podía decirme nada. No fue hasta que descubrió que estaba embarazada que las cosas empezaron a aclararse.
Vino a verme con los ojos llorosos, como si hubiera escuchado la peor noticia de su vida. Pero resulta que era la mejor noticia de todas. Sin embargo, ella nunca lo vio así. Ahora me doy cuenta de que tuve suerte de que lo llevara a término. No tenía ni seis meses cuando anunció que se divorciaba de mí.
Yo estaba enojado.
¿Cómo podía mirar a nuestro hijo, que se le parece tanto, y querer marcharse? No puedo imaginarlo, pero lo hizo. Le di una buena suma de dinero, así que firmó los papeles y salió por la puerta.
No la hemos visto desde entonces.
¡Que se vaya a la mierda!
Me quito la chaqueta de cocinero y cojo las llaves antes de dirigirme al coche. Ha sido un día largo y agotador y solo quiero posar mis ojos en mi hijo. Él hace que cada día merezca la pena. Quiero poder enseñarle que, aunque nunca tenga que preocuparse por el dinero, debe querer perseguir su sueño.
Sea lo que sea.
A mis padres no les hizo ninguna gracia descubrir que, después de licenciarme en Administración de Empresas, había aceptado un trabajo como cocinero en un restaurante de Seattle. Ya era bastante malo que hubiera seguido a María hasta allí para ir a la universidad, ya que tenía una beca completa, pero luego, "desperdiciar mi título" para ser cocinero, no estaban contentos. Pero me encanta cocinar. Es donde encuentro mi consuelo. Cuando nació Seth, ya había ascendido a sous chef.
Pero cuando María se fue, hice las maletas y volví a casa, a Chicago. Ya echaba de menos a mi familia y quería que formaran parte de la vida de Seth. Nos instalamos y fue casi como si nunca me hubiera ido. No me echaron en cara a María y abrazaron a Seth como el nieto y sobrino que debía ser.
Cuando llego a Miss Lou's, veo a todos los niños corriendo en el patio de juegos. Lou Mallory abrió esta guardería/preescolar en los años cincuenta. Era una época en la que la mayoría de las madres se quedaban en casa con sus hijos, pero para las pocas que no lo hacían, ella creó Miss Lou's Place.
Era una mujer muy adelantada a su tiempo, e incluso mi padre había asistido a su escuela. Hace tiempo que falleció, pero su legado sigue en pie y al cuidado de su hija Lauren. Ella es una mujer robusta de unos sesenta años y ha mantenido los estándares de su madre. En realidad, nunca hubo otra opción cuando llegó el momento de que Seth asistiera.
Observo a mi pequeño mientras corre en un juego de persecución con sus amigos. Tiene el pelo empapado de sudor y las mejillas sonrojadas. Muy confiado, recorre el patio. La señorita Lauren se fija en mí y se acerca. "Edward, me alegro de verte, hijo mío." Cruza la valla y me da un abrazo con un solo brazo.
"Señorita Lauren, ¿cómo ha estado? ¿Estos niños te tienen tirando de los pelos hoy?" Me río y vuelvo la vista para localizar a Seth.
Se gira para hablar conmigo. "Por supuesto que no. Me encanta dejar mi huella en el mundo, una mente joven a la vez."
La miro y enarco una ceja. "¿Le estás lavando el cerebro a mi hijo?"
Se ríe. "Nunca, Edward. Solo recuerda que yo hacía preescolar antes de que el preescolar estuviera de moda."
"Es cierto, y no puedo agradecértelo lo suficiente. Seth llega a casa todo el tiempo con cosas nuevas que ha aprendido durante el día."
Por el rabillo del ojo, veo a Seth resbalándose al pisar un poco de agua. Pone las manos delante de él y se desliza medio metro por el suelo. La señorita Lauren salta y empieza a acercarse a él.
La sujeto del brazo. "Espera un momento, dale una oportunidad. No puedes estar mimándolo todo el tiempo. Después de todo es mi hijo, y sabes que yo odiaba que me mimaran cuando tenía esa edad." La señorita Lauren nos enseñó a mí y a mi hermano cuando éramos pequeños.
Vemos cómo Seth mira a su alrededor, aturdido por haber caído de bruces. Luego se levanta y se sacude el polvo antes de volver a salir. "Ves, mi chico es duro." Le sonrío.
Ella asiente. "Lo es, solo que no sé de dónde viene toda esa torpeza. Tú siempre eras quien corría más rápido y jugaba más fuerte que los demás niños. ¿Tal vez él sea más del lado intelectual?"
Sacudo la cabeza. "Lo sé, ¿verdad? Ese chico parece más inteligente de lo que yo recuerdo cuando tenía su edad. Supongo que lo heredó de su madre, que tuvo una beca completa para ir a la universidad."
Ella dice con una sonrisa. "Lástima que no quiera estar cerca. Tiene un chico increíble."
Asiento con la cabeza. "No lo sé y de todos modos no la necesitamos. Se fue y perdió esa oportunidad."
Mueve la cabeza con tristeza. "Todos los niños pequeños necesitan una madre."
Me cruzo de brazos. "Seth no. Está perfectamente bien sin ella."
Ella resopla, pero no dice nada más.
Compruebo mi reloj. "Seth", grito para llamar su atención. "Vamos, amigo, tenemos que irnos." Miro a la señorita Lauren. "Un placer, como siempre." Le doy mi sonrisa más encantadora y me dirijo a la puerta para saludar a mi pequeño.
Le abro la verja y me aseguro de cerrarla inmediatamente para que ninguno de los otros niños pueda salir. Antes de que podamos dirigirnos al coche, oigo que alguien me llama.
Me giro y me detengo cuando me doy cuenta de que Gina está corriendo hacia nosotros con la mochila de Seth en las manos. "Aquí está la mochila de Seth. No quería que la dejaras", dice jadeando y sin aliento.
Levanto una ceja. "Bueno, estoy seguro de que podría haberla recogido mañana, Gina", digo, acercándome para quitársela.
Ella se congela en su sitio y su cabeza gira en mi dirección. "Es Gianna, me llamo Gianna."
La miro a los ojos. "Oh, lo siento. Debo haber estado pensando en otra persona."
"No. Aquí no hay ninguna Gina. Llevo trabajando aquí desde antes de que empezara Seth", dice, con una sonrisa falsa.
Realmente me importa un bledo. Uno no caga donde come, o en este caso donde come tu hijo. No me importa cómo se llame o lo bonita que es su apariencia, no quiero conocerla. "Oh, lo siento, supongo que lo olvidé."
Se inclina sobre la valla y pone su mano en mi brazo. "No hay problema." Mueve sus pestañas. "¿Tal vez podríamos hacer algo para corregir eso?"
Me alejo de su alcance. "No, no lo creo." Agarro la mano de Seth y me doy la vuelta para irme. "Hasta luego, Gina", le digo por encima del hombro, riendo mientras me alejo.
"Entonces, ¿cómo estuvo la escuela hoy?" Le pregunto a Seth.
"Estuvo bien", responde.
"¿Sí? ¿Te has divertido?" Llegamos al coche y le abro la puerta trasera para que suba dentro.
"Me he hecho daño en la mano", dice extendiéndola para que la vea.
Me río. "Seguro que sí. Te he visto comértela ahí fuera." Lo agarro y lo acerco. "A mí me parece que está bien. ¿Crees que necesitas ir al médico?"
Me retira la mano. "¡Ni hablar! No me duele."
Me aseguro de que se haya abrochado el cinturón y le despeino el pelo. "Lo sé, amigo. ¿Qué tal si buscamos una pizza y nos vamos a casa del tío Jay y la tía Vic?"
"¡Claro que sí!", exclama, levantando el puño.
Pasamos por allí, cogemos dos, de Chicago Deep Dish, y nos dirigimos a casa de James y Victoria. James es mi hermano mayor por dos años. Lo curioso es que nos casamos casi al mismo tiempo, Solo que él tuvo suerte con Vic. Es una gran esposa y madre. Tienen dos niños, uno mayor y otro menor que Seth, y una niña que nacerá en once semanas.
He hablado antes con Jay y necesito un consejo. He recibido un par de mensajes esta semana y espero que pueda ayudarme a decidir cómo manejarlos. Son un poco crípticos, pero urgentes. Sinceramente, no sé qué pensar de ellos.
Seth empieza a desabrochar el cinturón en cuanto el coche se apaga y estamos en su entrada. Para cuando consigo abrir su puerta, ya está saltando del asiento. "Más despacio, amigo. Todavía tenemos que llevar la pizza."
"De acuerdo, papá. Voy a ver a Joseph y a Jared", me informa, ya caminando hacia la puerta principal.
Le sacudo el cabello y tomo la pizza del asiento delantero. Cuando llego a la puerta, Vic ya la tiene abierta. Le doy un beso en la mejilla al pasar. "¿Qué pasa, Vic?, he traído pizza."
"Mmm, ¿has traído una con anchoas?", pregunta, inclinándose hacia las cajas como si fuera a atacarme.
Los mantengo fuera de su alcance. "No, eh, Vic, no podemos hacer enfermar a mi sobrinita antes de que llegue." Me río de su mohín. Por supuesto, tengo una con anchoas. Nadie quiere interponerse entre una mujer embarazada y su comida.
Seth ya se ha ido con los chicos, así que coloco las cajas en la mesa del comedor y miro a mi alrededor buscando a Jay. "Está en su despacho", responde Vic a mi pregunta no formulada.
Sonrío y me acerco a ella, con las manos ya extendidas. "¿Cómo te va ahí, pequeña? ¿Mamá te está tratando bien? No te preocupes, el tío E no le ha echado nada de ese asqueroso pescado a la pizza. No te haría eso."
Vic se ríe y me aparta las manos de un manotazo. "Ve a buscar a tu hermano. Dice que necesitas un consejo de hermano."
Resoplo. "¿Qué está haciendo, leyendo sobre cómo darlo?"
Pone los ojos en blanco. "Ve, te está esperando."
Me dirijo por el pasillo hacia su despacho. Cuando llego, doy dos golpecitos antes de abrir la puerta y asomarme. "¡Qué pasa, hermano! ¿Te escondes aquí o qué?"
Revuelve algunos papeles en su escritorio. "No, solamente estoy trabajando y esperando a que me cuenten toda esa mierda críptica que has mencionado."
Sacudo la cabeza y tomo asiento frente a él. "Hombre, yo tampoco sé qué pensar. Espero que puedas leer entre líneas mejor que yo."
"Bueno, pues vamos a oírlo", dice, agitando la mano con impaciencia.
Saco mi teléfono y tecleo mis mensajes. Pongo el altavoz y selecciono el primero que quiero que escuche.
"Señor Masen, soy Rosalie Hale. Soy la directora del Hospital General de Seattle. Ha llegado a mi conocimiento una situación que involucra a su familia. Es urgente que hable con usted en persona. Puede llamarme si necesita hacer arreglos. Mi número es 555-555-5555. Espero tener noticias suyas pronto."
Las cejas de Jay se levantan en la línea del cabello. "¿El General de Seattle? ¿De qué podrían querer hablar contigo?" Silba. "¿Y la directora? Esa es la gran arma. Hombre, ¿qué demonios has hecho?"
Idiota. "No he hecho nada. No he estado en Seattle en más de dos años. La última vez que estuve en ese hospital fue cuando nació Seth."
Asiente con la cabeza. "Bueno, ella dijo familia. Así que tal vez tenga que ver con eso."
"Sin embargo, no sé qué carajo haría que la directora me llamara tres años después. Pero, escucha, hay otro, de ayer. El primero fue el lunes." Tecleo el siguiente mensaje para él.
"Señor Masen, es la señora Hale de nuevo. Espero, ya que no me ha devuelto la llamada, que esté haciendo preparativos o que ya haya llegado a Seattle. Normalmente se me puede encontrar en el hospital a cualquier hora entre las siete de la mañana y las seis de la tarde. Hay medios más formales para que hacer que venga, pero me gustaría que viniera por su cuenta. Mi número, una vez más, es el 555-555-5555, hasta pronto."
Jay me mira. "¿Qué coño quiere decir con medios más formales?"
"Eso es lo que esperaba que me ayudaras, idiota. Quiero decir, ¿quién se cree que es para amenazarme así? No extraño nada de Seattle cuando me fui. ¿Por qué coño iba a volver?" Me pongo de pie y empiezo a pasearme, tirándome del pelo casi con dolor.
"Mira, hombre, lo más sencillo es llamarla. Habla con ella por teléfono y hazle saber que no tienes intención de volver allí", razona Jay. "Diablos, tienen dos horas de retraso, simplemente llámala ahora." Señala mi teléfono que está sobre su escritorio.
Me detengo y me acomodo en mi silla. No puede hacer daño, ¿verdad? Cojo el teléfono y selecciono su número antes de pulsar enviar. "Señor Masen, esperaba tener noticias suyas de manera voluntaria."
"¿Qué coño se supone que significa eso?" Me quejo.
Ella suspira en la línea. "Significa, señor Masen, que es imperativo que venga a Seattle. Pensé que lo había dejado claro."
"No has dejado nada claro. Lo único que has hecho es dejar mensajes crípticos en mi teléfono durante toda la semana", respondo.
"Mire, no quiero ser evasiva, pero nuestra conversación es sobre un tema muy delicado; uno que debe ser discutido cara a cara", dice seriamente
"¿Tema delicado? ¿Por qué no puede decirlo de una vez, señora? No tengo tiempo para más tonterías ambiguas." Golpeo con la mano en el escritorio.
"¿Puedo suponer que al menos ha reservado su vuelo?", pregunta.
"¿Reservar un vuelo? Por supuesto que no. No voy a reservar una mierda hasta que me digas de qué coño va esto." Exijo.
La línea se queda en silencio mientras ella considera su respuesta. Finalmente, habla. "Señor Masen, se trata de su familia. Es urgente que venga aquí para que podamos hablar cara a cara." Hace una pausa. "Puedo hacer que lo citen si es necesario, pero prefiero no hacerlo. A decir verdad, eso empeorará las cosas para todos nosotros."
Suspiro. "¿Empeorar qué, señora Hale? Todo lo que está haciendo es hablar en círculos."
"Es solo un vuelo. Un, pequeño viaje en avión y todas sus preguntas serán respondidas. ¿Puede hacerlo, señor Masen?", pregunta en voz baja, más apagada de lo que ha estado en toda la conversación.
¿Quiero respuestas? Me doy cuenta de que sí. Esto me ha estado molestando toda la semana. "Muy bien, señora Hale, me ha convencido. Más vale que sea algo de grave importancia para que me saque de mis responsabilidades en casa."
"Le aseguro, señor Masen, que estará definitivamente de acuerdo cuando escuche lo que tengo que decir. ¿Cuándo puedo esperarle?"
"Tendré que mirar los vuelos, pero diría que lo más temprano es mañana por la tarde o tal vez el sábado. ¿Puede trabajar con eso, señora Hale?" Pregunto sarcásticamente.
"Solo llámeme cuando llegue. Y lo siento, señor Masen." La línea se queda en silencio y, al apartar el teléfono, me doy cuenta de que ha terminado la llamada.
"¿Supongo que vas para Seattle?" pregunta Jay, con las cejas alzadas.
Suelto un suspiro. "Eso parece."
"¿Y Seth?"
Me agarro el pelo. "No tengo ni puta idea. La mierda se me revuelve en la cabeza ahora mismo."
"No te preocupes por él", me tranquiliza. "Vic y yo nos quedamos con él. Ve a averiguar qué coño pasa y haznos saber algo en cuanto puedas."
Suspiro aliviado y le hago un firme gesto con la cabeza.
Supongo que tengo que buscar vuelos a Seattle.
Nota de la autora: Puede que tengas dudas de en cuanto a por qué no se consideró que la clínica cometiera un error. Bella utilizó un donante de esperma. Esto significa que fue inseminada con esperma en su útero durante la ovulación. Fue su óvulo en su cuerpo el que fue fecundado, y Carlisle lo sabe ya que es médico.
