Como ya saben nada de esto nos pertenece, la dueña de estos personajes es Stephenie Meyer, la autora de esta hermosa historia es la autora FyreByrd y la traducción es de AlePattz, Sullyfunes01 es nuestra prelectora.
Thank you Fyrebyrd for allowing us to share this beautiful story in Spanish.
Capítulo 23: Subida empinada
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Día 24
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EPOV
"¿Qué pasa, hermano?" Jay contesta al teléfono enseguida.
"Nada en realidad, solo quería hablar con mi hermano", le digo.
"Uh, oh. Problemas en el paraíso, supongo". Siempre lo sabe, me lee como a un libro.
Sacudo la cabeza. "No, problemas no, bueno sí, supongo, las cosas definitivamente están cambiando".
"¿Cambiando... cómo?", pregunta.
Me asomo por la ventana para asegurarme de que los chicos se vean bien y vuelvo a la cocina donde les estoy preparando el almuerzo. "Supongo que voy a donar esperma".
"¿Qué?", balbucea.
Pongo los ojos en blanco. "Vamos, hermano. Esto va en serio. No puedo seguir haciéndolo".
"¿Tú? ¿Entonces no fue idea de Bella?", pregunta aparentemente sorprendido.
"No, no puedo seguir acostándome con ella. Yo... siento demasiado", admito.
"Vaya", dice. "¿Entonces lo admites? Estás enamorado de Bella".
No es una pregunta y no sé cómo me siento al respecto. ¿Estoy enamorado de ella? Solo la conozco desde hace un par de semanas. ¿Podría ser eso lo que me tiene tan confundido?
La deseo.
Y no es solamente su cuerpo.
Quiero que sea mía.
¿Acaso eso es amor?
"No sé si estoy enamorado de ella o no. Solo sé que quiero de ella algo más que sexo". Le explico lo que siento lo mejor que puedo.
"¿Se lo has dicho?", pregunta en voz baja.
"Pues claro. Sabe que voy a ir a la clínica en vez de follármela ahora", digo con sorna y no es mi intención, es que es un tema delicado para mí.
"Vaya, hermano, lo entiendo. Duele, sí, y ese dolor que sientes, eso es el amor, pero también puede ser mucho más. Es hermoso cuando lo abrazas y dejas que te lleve a donde quieras. Créeme, lo sé". Y puedo oír la sonrisa en su voz. "Merece la pena. Cada dolor merece la recompensa de tenerla a tu lado al final".
"Pero, ¿y si no quiere tenerme?". pregunto con voz pequeña y derrotada.
"Entonces luchas. Utiliza todo tu arsenal para demostrarle lo que se está perdiendo. Créeme, algunas mujeres son más difíciles de conquistar que otras, pero cuando caen, caen del todo", asegura.
Me dirijo a la puerta trasera y llamo a los chicos para que se laven mientras empiezo a emplatarles la comida. "¿De verdad crees que es tan sencillo? ¿Que puedo conquistarla?" le pregunto, deseando que sea verdad.
Se ríe. "Claro que sí. Primero, eres un Masen, y segundo, solo con estar cerca de ustedes dos fue suficiente, era obvio. Está ahí, hermano. Todo lo que tienes que hacer es luchar", se anima.
"¿Por dónde empiezo?" cuestiono, preguntándome qué podría hacer para cambiar el marcador a mi favor.
"Muy sencillo. Le enseñas lo bueno que puede ser", dice como si fuera lo más fácil.
Y puede que lo sea.
Así que empiezo a organizar un plan en mi mente. Una cita sorpresa para comer es lo primero de la lista. "Gracias, hermano. Creo que puedo hacerlo. Me despido para empezar con eso". Trato de apresurarlo desde el teléfono para poder poner en marcha mi plan.
Ahora se ríe abiertamente. "Claro, úsame y tírame. Ya veo cómo es".
"Sí, sí. Sabes que te quiero", regaño, sonriendo por fin.
"Yo también te quiero, hermano. Hablaremos más tarde. Ya me contarás qué tal".
"Lo haré", le digo, colgando rápidamente.
"Chicos, vengan a comer". Es hora de preparar algo especial para Bella y alegrarle el día.
~SLT~
Estacionamos enfrente de la oficina de Bella y me apresuro a desabrocharles el cinturón a los pequeños alborotadores. Los dos están entusiasmados solo por la aventura.
"Vamos, denme las manos, tenemos que cruzar la calle". Tomo la bolsa con el almuerzo de Bella y me la cuelgo, y luego sujeto a Seth y Jake a cada lado.
Nos acercamos al paso de peatones y esperamos a que cambie el semáforo. Cuando llegamos al otro lado, empezamos a caminar por la acera, hacia el edificio de Bella.
De repente, Jake deja de andar. "Mira, papá Edward, esa es mi heladería". Señala una pequeña tienda enclavada en la hilera de edificios.
"¿Tu heladería?" Levanto la ceja. Se planta en su sitio, así que todos dejamos de caminar.
Mueve la cabeza de arriba abajo rápidamente. "Sí. Siempre me tompran helado allí cuando vengo a ver a mamá".
"¿Ah, sí?" le pregunto, siguiéndole la corriente.
"Sí. ¿Nos llevas?". Responde con su propia pregunta.
"Quizá pasemos después de ver a mamá, pero ahora mismo tenemos que llevarle el almuerzo". Tiro un poco de su mano, esperando que acepte y se ponga en marcha.
Pero no lo hace.
Se suelta de mi mano y se cruza de brazos. "¡No! Quiero helado".
¿Qué demonios? Le pongo la mano en la espalda para empujarlo hacia la acera. "No, Jake, te dije que podríamos ir cuando terminemos".
Se mantiene firme. "Siempre me dan helado cuando vengo a ver a mamá".
Respiro hondo. "Y si esta vez lo quieres, te portarás bien y vendrás conmigo ahora".
"¡No!" Da un pisotón.
Mierda. Esto me resulta familiar. Recuerdo cuando era un niño testarudo, haciendo sufrir a mi mamá.
Por favor, que no sea tan malo como yo.
Me dejo caer delante de él, poniéndome cara a cara. "Jake, vamos a llevarle de comer a tu mamá y luego, si te portas bien, pasaremos por la heladería", le digo con mi voz más seria.
Nunca he tenido que usar esto con él, así que no sé cómo responderá. Espero que se dé cuenta de que hablo en serio y podamos seguir nuestro camino.
Se echa a llorar. "¡No, papá, quiero helado ahora!" Las lágrimas corren por sus mejillas y la gente empieza a mirarnos de reojo al pasar.
Por un segundo, estoy en estado de shock, ya que es la primera vez que me llama solamente papá y eso me llena el corazón de alegría, pero este no es exactamente el escenario que tenía en mente. Intento refrenar mi alegría y volver a la situación que nos ocupa.
"Jacob Charles Swan, cálmate ahora mismo", digo entre dientes apretados. "Si no paras, no tendrás helado".
Grita más fuerte y miro a mi alrededor para ver que casi todo el mundo nos está mirando parados en la acera.
Los saludo con la mano. "Sigan, gente. Aquí no hay nada que ver".
Seth se queda parado mirando entre nosotros. "Papá, estás haciendo llorar a Jake", señala.
"Ya lo veo, Seth", digo bruscamente y luego me siento mal. "Lo siento, amigo. No sé qué hacer".
Se encoge de hombros. "Llévanos a comer un helado". Para un niño de tres años es así de sencillo.
Pero esta es mi prueba. La que le hace saber a Jake que no puede ser mi jefe. Le ofrecí una solución alternativa y se negó. Ahora yo tengo que ser el adulto. Esta es mi oportunidad de hacerle entender quién manda.
Aunque verlo llorar me está rompiendo el corazón.
Seth lo intenta. "Está bien, Jake. Tomaremos helado después de ver a mamá. Papá lo dijo". Se inclina hacia mí, intentando hablar por encima del llanto de Jake.
"¡He dicho que no! Quiero helado ahora". Jake casi grita.
Estoy aturdido y no estoy preparado para este arrebato. Quiero mandarlo todo a la mierda y llevarlos a comer un helado, pero sé que no puedo. Bella nunca aguantaría esto y no puedo dejar que piense que soy un pusilánime.
Le pongo la mano en sus bracitos y dirijo su cara llorosa hacia la mía. "Jacob, vas a dejar de llorar ahora mismo. Ahora no vamos a comer helado. Vamos a ver a mamá y si no vienes de buena gana, siempre puedo cargarte así estés pataleando y gritando".
Simplemente grita más fuerte y yo estoy perdido.
Piensa, Edward, piensa.
¿Qué haría si el de esto fuera Seth?
Seth no haría esta mierda.
Sin embargo, no es Seth, es Jacob y no sabe hasta dónde lo dejaré llegar.
Lo agarro por la cintura y lo levanto, dispuesto a llevarlo pateando y gritando hasta el despacho de Bella. La gente se queda mirando y tengo que contenerme para no decirles que se metan en sus putos asuntos.
"¿Edward?" oigo desde un lado y me giro para ver a Alice acercándose. "¿Tienes algún problemilla?"
Pongo los ojos en blanco. "No, todo va de maravilla", digo con sarcasmo.
Se acerca y me quita a Jake de los brazos. "¿Qué te pasa, cariño?", pregunta, secándole las lágrimas de la cara.
"Papá no me tompra helado. Yo siempre tomo helado". Me mira mal mientras le explica a Alice lo que pasa, hipando y resoplando todo el rato.
Me hace sentir como una mierda.
Alice le sigue la corriente. "Pobrecito".
Suspiro. "Le dije que podía comprarles helado helado después de visitar a Bella", recalco. Quiero que entienda que no lo hago gritar por nada.
Lo deja en la acera y se arrodilla frente a él, secándole la cara con una servilleta. "Jacob, sabes que no debes actuar así. Tu padre dijo que te lo compraría más tarde, así que deberías estar contento con eso. ¿Qué diría tu madre si viera esto?".
Resopla un par de veces e intenta dejar de llorar. "Estaría en problemas".
Seth interviene. "Ajá. Mamá no nos dejará comer helado si lloramos así".
Alice le asiente. "Sí, tu mamá no estaría contenta contigo. ¿Por qué le haces esto a tu papá entonces?".
Aunque sé que debería ser yo quien calmara la situación, no puedo evitar sentirme aliviado de que Alice se haya abalanzado sobre él y Jake se esté secando las lágrimas.
Me pongo de rodillas junto a Alice. "Siento haberte disgustado, amigo, pero tienes que hacer lo que te digo. Te dije que lo haríamos más tarde".
"Edward, creo que puedo explicártelo", dice Alice. "Verás, las únicas veces que Jake ha venido de visita es cuando yo lo he traído. Cada vez que venimos, paramos a comer un helado antes de subir a ver a Bella. Es una especie de tradición. Sé que eso no excusa su comportamiento, pero supongo que, cuando dijiste que vendrías, pensó automáticamente que eso significaba que él iba a comer el helado primero".
Exhalo un suspiro. "Ya lo veo", le digo a Alice y vuelvo a mirar a Jake. "Creo que le debes una disculpa a papá por la forma en que actuaste. Entiendo que estuvieras enfadado, pero no puedes comportarte así y esperar salirte con la tuya".
Vuelve a moquear y se acerca para rodearme el cuello con los brazos. "Lo siento, papá. No volveré a hacerlo".
La suavidad de su voz y la sensación de sus bracitos alrededor de mi cuello me desarman por completo. ¿Y que me llame papá? Siento que me derrito en ese momento, que lo congelo en mi mente para aferrarme a él para siempre.
Me pongo de pie y lo levanto conmigo, extendiendo la otra mano para que Seth la coja. "Vamos, amigos. Vamos a llevarle el almuerzo a mamá". Miro a Alice. "Gracias. No sabes cuánto te agradezco que intervengas para ayudar".
Ella sonríe. "No hay problema y entiendo por qué te mantuviste firme, pero...".
Levanto una ceja. "¿Pero, qué?"
"Bueno, pasaba a ver a Jasper unos minutos y me encantaría llevarlos primero a comer un helado", dice y luego se apresura, "quiero decir, si no te importa. Puedes subir a ver a Bella y yo los llevaré cuando terminemos. Después de todo, es nuestra tradición y me encantaría compartirla también con Seth".
La cabeza de Jake se levanta de donde estaba apoyada en mi hombro. "¿Podemos, papá? Me portaré bien, lo prometo".
Seth, para no quedarse fuera, hace un mohín. "Por favor, papá. Me encanta el helado".
"¿No quieren ver a mamá?". Les pregunto a los dos.
"La vemos después del helado", me asegura Jake.
"Sí, puedes ir tú mientras comemos helado. Luego iremos a verla", razona Seth.
Alice se ríe y le alborota el pelo a Seth. "Tienes unos hijos increíbles, Edward".
Sonrío y le doy la razón. "Los tengo, ¿verdad?".
Probablemente no debería ceder, pero no me imagino diciéndoles que no, así que accedo. "De acuerdo, chicos, voy a dejar que vayan con tía Alice por helado" -ambos chicos cierran el puño en cuanto las palabras salen de mi boca- "pero, la próxima vez que vengamos, no esperen que esta sea la rutina. ¿Entendido?
"Entendido, papá", responde Seth. "Vamos, Jake".
Jake empieza a retorcerse para bajar, pero antes de que lo haga, lo abrazo fuerte. "Te amo, amigo".
Me besa la mejilla. "Yo también te amo, papá. Nos vemos cuando acabemos con el helado. Dile a mamá que iré pronto".
Me río entre dientes y lo suelto para que pueda sujetar la mano extendida de Alice. "Claro, amigo. Más les vale portarse bien con la tía Alice", les advierto.
Seth pone los ojos en blanco. "Somos niños grandes. Nos portamos bien".
Observo cómo se da la vuelta y los conduce a la pequeña heladería. Luego sacudo la cabeza y me dirijo al edificio de Bella.
Cuando salgo del ascensor, me dirijo al mostrador de la secretaria, al final del pasillo. Cuanto más me acerco, más familiar me resulta la rubia fresa sentada detrás del escritorio. Mis pasos se ralentizan.
Qué pequeño es el jodido mundo.
Aquel día parece que fue hace una eternidad.
Mi caminar se convierte en un contoneo y se me dibuja una sonrisa en los labios. Puede que no sea exactamente lo que tenía en mente, pero esto tiene posibilidades.
"Bueno, bueno, ¿qué tenemos aquí?" pregunto acercándome a su mesa.
Ella levanta la vista al oír mi voz y una lenta sonrisa se dibuja en sus labios. "Así que nos encontramos de nuevo, solo que esta vez usted ha venido a mí. ¿Qué puedo hacer por usted, señor...?".
En lugar de decirle mi nombre, le digo lo que puede hacer por mí. "Vengo a ver a la Sra. Swan".
Su ceño se frunce. "No tiene ninguna cita programada para hoy. En realidad, es su primer día de vuelta de... vacaciones. Yo me he encargado de todas sus reuniones, así que ¿quizá era a mí a quien quería ver?"
Decido evitar su sugerencia por un momento. "Qué pequeño es el mundo, ¿eh?"
Se relame los labios. "Un mundo muy pequeño, en efecto".
"Probablemente deba disculparme por mi reacción en nuestro último encuentro. Verás, ese día fue muy estresante para mí", digo con voz suave.
Se inclina hacia delante y apoya los antebrazos en el escritorio. "¿Y este es un día diferente, con circunstancias diferentes?", pregunta sugestivamente.
Realmente tengo que pensar en lo que me está sugiriendo. ¿Puedo hacerlo? ¿Puedo siquiera pensar en coquetear, salir... follarme a otra mujer? Una mujer que no es Bella.
No, no puedo, pero puedo fingir.
"No estoy seguro", digo con aire pensativo. "Depende de lo que tengas en mente".
Echa la cabeza hacia atrás y suelta una risita. "Oh, creo que sabes muy bien lo que tengo en mente".
Me río entre dientes, apoyo los puños en su escritorio y me inclino hacia delante. Por el rabillo del ojo, veo un cuerpo apoyado en la puerta abierta a unos metros de distancia.
Bella.
"Sé exactamente..."
Se aclara la garganta y la secretaria da un respingo. "Bella, siento no haberte visto ahí de pie".
"Seguro que no, Tanya", le contesta Bella con sorna.
Oh, oh.
Entonces dirige sus rayos láser hacia mí. "Edward".
Tanya jadea. "¿Edward?"
"Sí, Edward", suelta Bella sin apenas mirarla. Sus ojos me atraviesan. "¿Dónde están los niños?", me pregunta.
La miro a los ojos y me mantengo firme, sin echarme atrás. "Han ido a comer helado con Alice. Ella los traerá dentro de un rato. En realidad, nos traje el almuerzo".
Tanya se levanta entonces. "¿Y por qué no me dijiste eso?". Se cruza de brazos y parece que no me enfrento solamente a una mujer iracunda, sino a dos.
"¿Dónde está la diversión en eso?" La miro y sonrío. Si voy a ir al infierno, mejor hacerlo a fondo.
Un resoplido devuelve mi atención a Bella. Está de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho y los ojos encendidos de emoción.
Celos.
"Entonces, ¿almorzamos?" pregunto mientras camino en su dirección, quitándome la bolsa de los hombros.
Sus ojos se convierten en rendijas. "¿Seguro que no prefieres compartirlo con otra persona?". Dirige sus malvados orbes hacia Tanya.
"Oh, diablos no", Tanya no está de acuerdo. "No tenía ni idea de quién era, Bella. Lo siento".
Los hombros de Bella se desploman. "Lo sé". Se da la vuelta y entra en su despacho, se detiene para sujetar la puerta y me hace señas para que entre.
Hago lo que me pide y, cuando termino, la cierra de golpe.
Respiro hondo antes de volverme hacia ella, con mi propia rabia por la situación a punto de estallar.
¿Cómo se atreve? ¿A quién coño se cree que está jodiendo? No me quiere y, sin embargo, quiere hacerse la cabreada por un inocente flirteo. Coqueteo que no tenía intención de continuar.
Pero podría si quisiera.
Ella no es mi dueña.
"¿Qué mierda ha sido eso, Edward?", me pregunta y mi ira crece.
"¿Qué aspecto tenía, Bella?". Me burlo de ella porque no puedo contenerme.
"¡Parecía que estabas dispuesto a follarte a mi secretaria encima de su mesa!". Casi grita.
Doy un paso hacia ella. "¿Y qué si lo estaba?"
Sus ojos se abren de par en par y doy otro paso.
"¿Qué esperas de mí?" le pregunto.
Es una súplica.
Doy otro paso.
"No me quieres, pero quieres que nadie más me tenga. ¿Es eso Bella? ¿Es así como lo quieres? ¿Mantenerme alejado de todas las demás mujeres, pero seguir rechazándome tú misma?". Le estoy suplicando que me lo diga, solo necesito que lo diga.
Entonces se recompone y su rostro se convierte en una máscara. "No, eso no es lo que quiero, Edward. Eres libre de hacer lo que quieras. Siento haber reaccionado así. No es asunto mío".
Ahora estoy delante de ella y se niega a mirarme a los ojos.
"Quiero que sea asunto tuyo", digo en voz baja. "Quiero que te importe. Quiero que me quieras. ¿Por qué no puedes quererme, Bella?". Se me quiebra la voz por la tensión de la conversación y también el corazón.
Sus ojos se encuentran con los míos y la grieta de mi corazón se ensancha. "Lo hago", dice.
La ira resurge como la lava de un volcán y estalla sin previo aviso. "¡Entonces tómame, maldita sea! Reclámame, hazme tuyo. Enséñale a Tanya a quién pertenezco, maldita sea. Reclámame". Estoy desesperado.
Su respiración se ha acelerado y la indecisión es clara.
La presiono más. "Hazme tuyo. Deja de torturarnos así. Te quiero a ti. Solo a ti. Por favor, Bella". Apoyo la frente en la suya mientras mis ojos le suplican que tome la decisión correcta.
Segundos después, sus ojos se aclaran y la determinación se instala en sus rasgos. Antes de que pueda leer su decisión, me pone las manos en el pecho y me empuja. Mi espalda choca contra la puerta con un fuerte golpe. Sus dedos se enroscan en mi pelo y atrae mis labios hacia los suyos.
Es fuego y pasión.
Luz y oscuridad.
Presiona y suelta.
Pellizcos y zambullidas.
Todo se desvanece en el fondo y todo lo que puedo sentir es a nosotros.
Bella ha tomado su decisión.
La decisión de poseerme.
Se aparta y me mira fijamente a los ojos, con los labios hinchados y la respiración agitada.
"Tú. eres. Mío. Edward. Masen."
De acuerdo entonces...
