Todas las preguntas fueron contestadas uno a uno. Algunos de los zentraedi que habían sido los captores originales de los científicos de la base Marte, se habían "arrepentido", buscando asilo con los humanos. Pero ese grupo estuvo mucho tiempo bajo el estricto monitoreo de la meltran Miriya Parino ya que eran un grupo de zentraedi de choque. Dolza, el líder Supremo de los Zentraedi, enviaba a ese aguerrido escuadron en misiones de reconocimiento. Eran intrépidos y tenían más libertad de acción e iniciativas poco convencionales que un guerrero zentraedi clásico.
Atraparon a varios humanos en una misión de reconocimiento a Marte y decidieron estudiar sus costumbres. Pero mientras preparaban el informe que pensaban presentar ante Dolza donde detallaban lo que habían descubierto respecto al estilo de vida de los micronianos, descubrieron que otras fuerzas de choque fueron eliminadas con anterioridad por haber sido "contaminadas" por el enemigo. Temiendo por sus vidas, decidieron ocultar el hecho de tener micronianos en su poder, escondiendo la presencia de los humanos en su nave. Prefirieron conservarlos en lugar de destruirlos. Quizás en un futuro les podrían servir como moneda de canje con otros enemigos.
Pero muchos años después, cuando la línea de mando en el imperio zentraedi se rompió con la muerte de Dolza y centenares de brigadas comenzaron a vagar sin rumbo ni guía por la galaxia, este grupo fue atrapado por los Bürks convirtiendo a los humanos y a los propios zentraedi como sus prisioneros. Por un tema logístico y de dominación, los Bürks decidieron micronizar a los zentraedi que tenían cautivos para controlarlos mejor.
Max Sterling y Miriya Parino explicaron las tácticas ofensivas de los Bürks, descibiendo una forma de combate brutal y dañina. Atacaban en bloque para luego replegarse, esperando que sus adversarios muestren alguna debilidad para contraatacar nuevamente en bloque, y debilitarlos en choques sucesivos. Estaba claro que no se iba a lograr ningún entendimiento con esa raza que dominaba seis sistemas planetarios.
Por último fue el Almirante Hunter quien detalló el motivo por el cual decidió reingresar a la nave enemiga. En el inicio de la misión, el piloto se había topado con varios zentraedi dispuestos a unirse a los humanos para escapar de los Burks, pero había opiniones encontradas entre sus propios compañeros. Algunos de manera obtusa pensaban que podían destruir tanto a los Bürks como a los humanos y terminaron abatidos por sus propios compañeros en una sangriento enfrentamiento entre ellos. Cuando terminó su relato, evitó el contacto visual con Lisa. A pesar de tener una expresión neutra en su cara, en un momento no pudo evitar rascarse la parte trasera de su cuello y fue entonces cuando a Lisa no le quedaron dudas que Rick Hunter le estaba ocultando algo.
–Entramos en un receso y comenzamos con la próxima desgrabación. Será una misión realizada por el escuadrón Antares del SDF-2 en el planeta Beta donde está asentada la colonia humano-zentraedi.
Varios participantes se pararon para retirarse, sobre todo el grupo de científicos rescatados que habían pertenecido a la Base Sara en Marte. También el que se había parado para irse del lugar fue el Almirante Rick Hunter, quien se despidió de Max y Miriya y salió en silencio de la sala.
Lisa quería interceptarlo, para preguntarle sobre su respuesta evasiva. No quería dejar pasar la oportunidad. Estaba furiosa. No le gustaba que nadie le oculte cosas, y mucho menos Rick Hunter. Cuando ella salió de la sala siguiéndole el rastro, vió que Rick entraba al baño de caballeros, y Lisa decidió entrar y enfrentarlo allí mismo.
–¡Rick!
Hunter se estaba refrescando la cara y cuando escucha la voz de su oficial superior queda totalmente inmovil. Ella estaba alli, queria hablarle, y sabía muy bien por su tono de voz que estaba molesta. Despues de 12 años, esta era la primera vez que se verían a solas cara a cara, y ella estaba tan molesta como siempre. Lentamente se dio vuelta, y vio ese fuego en los ojos de la mujer que ocupaba todos sus pensamientos. Esa pasión que le brotaba por los poros, era exactamente una de las cualidades de Hayes que a Rick tanto le atraían de ella. Verla así, era la tormenta perfecta, pero derretía su corazón.
–Buenos días, Hayes.
Lisa venía muy envalentonada para cuestionarle furiosa qué le estaba ocultando, pero cuando escucho su nombre en sus labios, y se dejo absorber por sus intensos ojos azules, de golpe se olvidó de todo, y lo unico que quería era correr a sus brazos y besarlo.
«Contrólate Lisa, se supone que estas enojada con este piloto cabeza hueca», pensó para sí la Almirante Hayes. –Buenos días para usted Vicealmirante Hunter.
–Asique ahora soy vicealmirante y hace un segundo era Rick.
–Controlate Hunter. ¡Uf! –resopló Lisa –. Estás en la cuerda floja.
–Ah, ¿si? ¿Y se puede saber por qué, mi querida Almirante?¿Qué fue lo que hice?
Lisa casi se derrite ahí mismo cuando Rick le responde con su sonrisa cómplice. No se habían visto por más de una década y estaban actuando entre ellos como si se hubieran visto ayer. Se dió cuenta que lo había extrañado demasiado.
–Qué fue lo que no hiciste, diría yo. No regresaste inmediatamente al SDF-3 para comandar el enfrentamiento desde el puente. No esperaste refuerzos e ingresaste solo a la nave enemiga. No consideraste que ponías al Skull Uno, tu mejor piloto, en la disyuntiva de tener que obedecer tu irresponsable decisión de que se fuera sin ti si no regresabas en 2 minutos, obligándolo a decidir si te dejaba solo, dentro de la nave enemiga, sin importarle la suerte de su mejor amigo y almirante del SDF-3, o, desobedecer tu orden e ir a rescatarte con el riesgo de dejar sin líder a todos los escuadrones del SDF-3. Pero eso no es la peor parte, Rick. Porque después de todo, tanto tú, como yo, e incluso Max, somos soldados y enfrentamos decisiones extremas en momentos difíciles. Lo que no voy a permitir es que me ocultes algo importante –entrecerrando sus ojos lo miró con firmeza–. Te conozco demasiado bien Hunter, y eres pésimo mintiendo. ¿Qué fue lo que realmente pasó en la nave? ¿Cuál fue el verdadero motivo por el que volviste a ingresar completamente solo? Si era tan riesgoso regresar por las bitácoras científicas del Comandante Riber, ¿por qué minutos después decidiste hacerlo? ¿Qué significa Gran Maestro?
Rick Hunter miró hacia arriba largando una corta carcajada. En solo cinco segundos esa hermosa mujer podía convertirse en una molesta pero adorable comadreja parlanchina. Realmente era imposible ocultarle algo a Lisa. ¿Pero cómo haría para explicárselo?
–No es mi intención ocultarlte nada, Lisa. Como almirante es mi obligación no difundir información de un expediente código 0 frente a toda la tripulación. Eso es todo –replica Rick encogiéndose de hombros tratando de quitar dramatismo a su difícil respuesta.
–¿Código 0? No parecía en los audios que algo tan comprometido haya ocurrido. ¿Cuál es el motivo del código 0, Rick?
–El motivo…–Rick Hunter se detiene y comienza a revisar todos los receptáculos del baño constatando que no hubiera nadie escondido allí. Luego se acerca a la puerta de entrada del baño y la traba desde adentro.
–¿Qué ocurre Rick? Estás asustándome.
–Quiero asegurarme que estamos solos. ¿Estás segura que no hay micrófonos en este baño al que tenga acceso el Departamento de Inteligencia?
Lisa se queda mirándolo perpleja, y luego de unos segundos contesta, –No. Que yo sepa este baño no está bajo vigilancia.
–Bien –larga un fuerte soplido y respira hondo tomado valor –. El motivo del código 0 es que los dos almirantes de esta flota, es decir tu y yo, podríamos terminar en corte marcial si se llega a saber el porqué y para qué regrese.
–¿QUÉ? ¡Estas loco! ¿De qué hablas?
–Cuando ingrese a la sala de monitoreo de la nave enemiga buscando algún indicio del origen de la señal de SOS que habíamos recibido días atrás provenientes de esa nave, veo que hay tres personas, mejor dicho tres zentraedis micronizados, observando un video con mucho interés. Un video de dos humanos copulando.
Lisa abre sus dos ojos tan grandes como plato. Casi pierde el equilibrio porque estaba aterrada de intuir lo que Rick estaba a punto de decirle –¿Qué…qué video? –preguntó casi en un susurro.
–El video donde tú y yo estamos haciendo el am…, estamos teniendo sexo mientras estuvimos prisioneros en la nave de Dolza.
–Es imposible. Exedor me aseguró que ese video no existía. Que él nunca lo vió.
–Que él no lo haya visto, no significa que no exista. Sus propios hombres le mintieron, ocultándole el video a Exedor. Creeme, el video existe y está guardado en la seguridad de la caja fuerte de mi oficina en el SDF-3.
Lisa no podía respirar. Sus ojos de repente se volvieron borrosos. Estaba a punto de desmayarse cuando Rick se acerca rápidamente y la toma en sus brazos para evitar que se desplome allí mismo.
Hunter se sienta despacio en el suelo del baño. Tenía abrazada a una tambaleante Lisa que había perdido momentáneamente el conocimiento y no quería caer junto a ella al suelo. Sosteniéndola con mucho cuidado para que Lisa no se golpee por estar inconsciente, acomoda su espalda contra la pared y sostiene el cuerpo de Lisa Hayes sobre él. Después de tanto tiempo tenía todo el cuerpo de Lisa apoyado contra el suyo, sintiendo su calor y el latido de su corazón contra el suyo. Estaba tan hermosa. Rick le acomoda con ternura su cabello y con delicadeza le da una tierna caricia en su mejilla. Tiene tantos deseos de besarla. Podría hacerlo, pero no es correcto. Ella está inconsciente y aprovecharse de una mujer en ese estado sería totalmente inmoral y cobarde. Además, estaba el hecho de que él era un hombre casado.
Pero tener entre sus brazos a la mujer que había estado deseando en secreto durante todos estos años era una tentación demasiado grande. Por suerte Lisa comenzó a recuperar la conciencia moviéndose levemente y con suavidad abre lentamente sus ojos. Cuando ella reconoce que está en brazos de Rick le sonríe levemente. Ambos se miran con ternura, con amor, con deseo, con respeto mutuo.
–¿Me desmayé? –pregunta una confundida Lisa Hayes.
–Mmm, si –responde Rick con una sonrisa –. No iba a dejar que por un fuerte golpe te lastimes, Hayes.
–Gracias por rescatarme de la caída –contesta Lisa mientras se muerde los labios para ocultar su sonrisa.
–Siempre es un placer estar disponible para rescatarte, Lisa –le susurra Rick de manera sugerente en su oído, provocándole una corriente eléctrica que le recorre todo el cuerpo y hace palpitar su corazón de manera desbocada.
Lentamente Lisa comienza a desperezarse para tomar fuerza y finalmente levantarse del suelo. Tuvo que respirar hondo y sacar a flote todo su temple de hielo para alejarse de los brazos de Rick. Él la estaba sosteniendo de una manera tan delicada pero posesiva a la vez. Ella se sentía totalmente segura en sus brazos. Lisa recordó la última vez que habían estado de esta manera tan íntima con Rick. La última vez que habían hecho el amor antes de que él le dijera que se quedaría en la Tierra porque Minmay estaba embarazada. Una leve lágrima se escapa de sus ojos al no poder evitar sentir la angustia que siempre tenía a flor de piel cuando aparecía ese triste recuerdo en su mente y en su corazón.
–¿Estás bien? –pregunta Rick con preocupación, cuando descubre la lágrima que Lisa quería ocultar.
–Si, perfectamente –contesta Lisa mientras termina de pararse.
Ambos se miran largamente en silencio. Lisa Hayes todavía estaba procesando la noticia que Rick acababa de darle y sus implicancias.
–¿Por qué Gran Maestro?
–Uno de los zentraedi me reconoció. Los otros dos estaban muy asustados por mi presencia y comenzaron a disparar. El zentraedi que me reconoció vino a refugiarse tras mi VT. Mientras me enfrentaba a sus compañeros, me confesó que tuvo una pareja meltran con la cual "practicaban" todo lo que aprendieron mirando nuestro video.
–Dios mio –se tapa Lisa Hayes la boca completamente avergonzada por lo que Rick le confesaba.
–Le dije que se quedara a la retaguardia, que volvería por él y por el video. Que necesitaba llegar a las celdas para liberar a los humanos que estaban prisioneros. Me ayudó a encontrar rápidamente el acceso a las celdas y destrabar el código de acceso para liberar las trabas. Le dije que mientras liberaba a todos los prisioneros y organizaba la evacuación, necesitaba que recuperara el video. No podía permitir que cayera en manos de cualquiera. Cuando regrese ya tenía el video en su poder pero sus compañeros zentraedi le estaban dando duro. Estaban furiosos y desconcertados con él, porque había desertado tan intempestivamente apoyándome de manera incondicional.
»Lamentablemente una de las balas le perforó el estómago. Comencé a llevarlo lejos de allí para tenerlo a resguardo y poder tratar su herida, pero el daño era demasiado mortal para resistir un traslado al SDF-3. Me confesó que ya no tenía sentido luchar porque su pareja, la meltran, había muerto en batalla contra los Bürks cuando estos los tomaron prisioneros tanto a ellos como a los humanos de Marte.
–Como sabes si no hay otro video nuestro dando vueltas por la galaxia.
–Le pregunté cómo lo había obtenido. Me dijo que era uno de los encargados de grabarnos. Que su compañero se desmayó en el acto ni bien comenzamos a desnudarnos y que solamente él vio todo lo que hicimos. Estaba tan intrigado por lo que veía que ocultó el video alegando que se había descompuesto el equipo. Ya sabes que los zentraedi no son muy buenos reparando cosas rotas, asique nadie sospecho que en realidad estaba ocultando el video.
»Me dijo que al poco tiempo lo trasladaron a otra unidad y cuando se desmembró todo la flota zentraedi con la muerte de Dolza, fue sobreviviendo gracias a que se cruzó con un escuadrón de Meltran donde conoció a su pareja. Cuando murió en mis brazos vi el agradecimiento en sus ojos –dice Rick casi rompiendo en llanto–. Por enseñarle a intimar con una persona del sexo opuesto.
Rick se tapa la cara con sus manos. No podía mirar a Lisa a los ojos. Estaba avergonzado y conmovido por ese zentraedi que había muerto en sus brazos. Ella se acerca y lo abraza. La existencia de ese video había sido un fantasma en la historia de ambos. Un tabú que habían evitado a toda costa hablar entre ellos, y ahora estaba aflorando como un elefante en un bazar.
–Pero no hay ningún expediente con codigo 0 emitido por el SDF-3. Si fuera el caso, ya Vanesa me hubiera advertido.
–Es que aún no lo redimi. Sabes muy bien que dichos expedientes tienen que pasar si o si por la Tierra primero. Y también sabes qué almirante está a cargo de administrarlos y archivarlos.
–Maistroff…
–Exacto. Por eso quería discutirlo primero entre nosotros. Qué deberíamos hacer Lisa, y cuándo. Es evidente que mentimos en nuestra declaración sobre el Gran Escape de la nave de Dolza…
–No mentimos –interrumpe Lisa–, ocultamos parte de los hechos.
–Explícale ese tecnicismo a Maistroff desde este cuadrante de la galaxia a ver si lo entiende. Todo esto empezó por sus incesantes burlas hacia tí cuando Ben comenzó a declarar sobre nuestros besos frente al enemigo. Era un Coronel idiota entonces y un Almirante idiota ahora.
–Uf, Rick…
–Tampoco quiero que Global se entere a través de Maistroff sobre esto.
Lisa comienza a mover sus manos haciendo círculos con su pulgar. Era un típico movimiento cuando estaba nerviosa por algo.
–¿Pasa algo?
Ella niega con la cabeza pero sigue con el movimiento de sus dedos. Rick levanta las cejas mirándola, estudiándola.
–Global ya lo sabe…–dice en voz baja Lisa.
Rick la mira perplejo. Era como si lo que acababa de oír, aún lo estuviera procesando.
–¿Qué dijiste?
–Que yo ya le conté a Global, extraoficialmente, sobre lo que verdaderamente ocurrió cuando estuvimos prisioneros.
–¿Por qué? –preguntó con frialdad Rick Hunter.
–Rick yo, …bueno…, no tuve opción.
Hunter se quedó en silencio. Inmovil. Luego de un largo suspiro, y comenzó a dar vueltas por el pequeño baño, molesto. Muy molesto. Después de unos segundos, que parecieron eternos, se detuvo en seco y miró a Lisa.
–¿Por qué? ¿Por qué rompiste nuestro pacto, Lisa? ¿Por qué?
–Yo…no tuve opción –vuelve a repetir Lisa, intentando justificar lo injustificable.
–Me hiciste jurar que NUNCA se lo dijese a nadie. Dios mío, Lisa. Juramos ambos por la memoria de nuestras respectivas difuntas madres que solo lo divulgaríamos si ambos estábamos de acuerdo en hacerlo "juntos" –dijo Rick mientras despedía fuego por sus ojos.
–Lo sé, es que…, no tuve opción…–era lo único que salía de los labios de Lisa.
–¿Hace cuánto? –la interrumpe Rick con rispidez–. ¿Hace cuánto que Global sabe sobre esto? ¿Hace cuánto sabe que estuvimos mintiéndole? ¿Que yo, estuve mintiéndole en su cara todo este tiempo?
–Aproximadamente desde que te encomendaron la tarea de supervisar la última etapa de construcción del SDF-3, justo antes que asumieras el mando como Vicealmirante.
–¡Diablos, Lisa!
–¡Lo siento! –dice Lisa cerrando sus ojos, abrumada por el arrepentimiento–. Pero necesitaba de su aprobación para…
–No hay excusa –la mira Rick con firmeza–. Sé que es difícil el intercambio de mensajes con la Tierra, pero podrías haberle dicho a Global que me advierta que él ya lo sabía. Por lo menos para no quedar como un estúpido mentiroso frente a él –agrega un impavido Rick Hunter.
–Es que le pedí deliberadamente que no lo haga.
Rick la mira asombrado. No se esperaba esa explicación.
–¿Pero, por qué? –preguntaba Hunter en voz alta, y una y otra vez también en su cabeza. No podía creer que Lisa hubiera traicionado su confianza justo con Henry Global, una de las personas que Rick más valoraba.
–Quería…, necesitaba…–Lisa balbuceaba. No sabía cómo comenzar a explicarle a Rick la razón que la obligó a romper su juramento, a traicionar su confianza. Veía la decepción en sus ojos y eso le rompía el corazón–. Teníamos que hablar algo en persona primero…
–NUNCA –vuelve a interrumpir Rick resoplando con bronca–, jamás, te falle como soldado. Reconozco que como pareja, pude haberte decepcionado –y con ojos llorosos agrega–, en más de una ocasión. Pero como soldado…, siempre confié en ti, ciegamente, incondicionalmente, con mi propia vida.
Las lágrimas comenzaban a caer de manera incontrolable por las mejillas de Lisa Hayes. La furia y desazón en la voz de Rick la estaban matando lentamente. Lisa había tenido que tragarse su orgullo cuando no tuvo otra alternativa que confesarle a Global su mentira. Sincerarse frente a su mentor fue uno de los desafíos más difíciles que tuvo que afrontar en su vida profesional. Por eso entendía la frustración y la vergüenza que Rick podía sentir al saber que Henry estaba enterado de lo que decidieron ocultarle. Pero ella sabía que Hunter no solo estaba así por Global. Rick estaba desilusionado con ella. Como un soldado desamparado en medio de una cruenta batalla, Lisa le había soltado la mano. Había traicionado su confianza.
–Me hiciste quedar como un ridículo idiota frente al hombre que aprecio como si fuera mi propio padre. El hombre que es mi mentor, mi guía. Como voy a volver a mirarlo a los ojos el día que regrese a la Tierra y sepa que no fui sincero con él. Diablos Lisa, incluso hablamos sobre mi cautiverio en la nave de Dolza una de las últimas veces que estuve con él antes de partir. Quizás me estaba probando, a ver cuando le confesaba la verdad.
–Quizás solo estaba verificando tu lealtad hacia mi. Hacia nuestro secreto.
Rick se dirige hacia la puerta para quitarle la traba y comienza a abrirla.
–¿A dónde vas? Hay algo importante…
–No me interesan tus excusas, Hayes.
–No son excusas, Hunter. Necesito explicar por qué.
Rick se aleja a paso ligero por el pasillo desierto. Estaba tan enceguecido por su bronca que no podía escuchar ni una palabra más que saliera de la boca de Lisa Hayes. Necesitaba decantar esta noticia inesperada. Lisa abre la puerta del baño persiguiendo a Rick.
Justo en ese momento salen Max Sterling y Vanessa Leeds de la sala de reuniones, conversando de manera casual entre ellos.
–¡Rick regresa! ¡No he terminado!
–¡Vete a la mierda, Hayes!
–¡Idiota!
Furiosa, la Almirante Hayes se da la vuelta, dirigiéndose en dirección contraria a la que salió el Almirante Hunter.
Max y Vanessa se congelaron en el lugar cuando vieron un enfurecido Rick Hunter salir del baño dando un portazo, e inmediatamente después ver salir del mismo lugar una muy preocupada Lisa Hayes. Los viejos amigos se miraron a través de los anteojos de ambos con preocupación y escepticismo.
