La Almirante Hayes estaba sentada en su oficina con la mirada perdida en las estrellas. Las palabras de Rick aún resonaban en su cabeza. Pero lo que más le dolía era la mirada de decepción que le dio Hunter antes de alejarse de ella. Lisa estaba consciente que Rick estaba furioso por su traición. Su mente lo sabía, su cuerpo lo sentía, su corazón lo sufría.
Después de no verlo por casi 12 años, el encontronazo que tuvieron en el baño era el peor de los escenarios posibles para un reencuentro. Durante años Lisa había deseado en secreto a Rick Hunter. Luego intentó bloquearlo de su mente, logrando olvidarlo por completo, al menos por un tiempo. Finalmente hace poco, sus sentimientos por el ex-piloto afloraron con fuerza, como si todos esos años que intentó mantenerlo tapado se fueron acumulando y hoy día afloraba desde su interior con una arrolladora intensidad. Ella se contentaba solamente con volver a entablar la amistad que una vez supieron forjar. No pretendía retomar su relación romántica, porque las heridas que había dejado el amor aún no cicatrizaban del todo. Pero las fantasías de un reencuentro pacifico y contemporizador se habían esfumado de un plumazo luego de lo que ocurrió al terminar la desgrabación de la misión de rescate.
Lisa lo había traicionado de la peor manera. Ese hecho la desgarraba por dentro. Rick se había arriesgado a mentir en su declaración cuando regresaron al SDF-1 luego de su gran y espectacular escape de la nave nodriza de los Zentraedi. Lo hizo solo porque ella se lo imploró. Y él, sin dudarlo siquiera, la apoyó incondicionalmente, siempre.
Había una reciprocidad de confianza ciega entre ellos. De dar todo por el otro. Eran un equipo, apoyándose, cuidándose mutuamente las espaldas, recorriendo el camino de la vida, juntos. Esa confianza, ese vínculo, ahora estaba quebrado. Ella lo rompió siendo consciente de las devastadoras consecuencias que esto ocasionaría en su relación con Hunter. Lisa había repetido el mismo error que su padre. Había lastimado a la persona más importante en su vida.
Suspiró de frustración, y trato de responder el mail que Rick le había enviado de la manera más respetuosa posible. Desde la pelea en el baño frente a la sala de reuniones, no habían tenido comunicación directa. Todo el intercambio entre ellos se había circunscripto a notificaciones vía correo electrónico. Mientras escribía en su computadora, Lisa escuchó un golpeteo en su puerta.
–Si, adelante…–indicó con voz monótona la Almirante Hayes.
–Hola Almirante –dijo un sonriente General Sterling.
. –¡Max! Que bueno tenerte por estos lados –responde Lisa con genuina alegría por reencontrarse con Max, levantándose para darle un abrazo– ¿A qué has venido?
–Es un gusto poder finalmente verte a solas para poder conversar después de tanto tiempo, Lisa. Vine hasta el SDF-2 porque nuestro entrañable amigo cascarrabias, me pidió que te entregara esto en persona –dice Max, alcanzándole un gran envoltorio que tenía el tamaño de una carpeta A3. Era un paquete cuidadosamente embalado, cuyo exterior escondía hábilmente su contenido–. Rick me aclaró que era algo muy importante y lo que hay aquí adentro sólo puede ser visto por un Almirante. Por eso él no confiaba en nadie más para hacerte la entrega de este hermoso presente –dice de manera escéptica el General Sterling.
–Gracias Max –dijo Lisa con una tenue sonrisa mientras agarraba el paquete. Inmediatamente se dio la vuelta para dirigirse hacia un gran cuadro que escondía el acceso a una caja fuerte, donde la Almirante Hayes guardaba toda la documentación importante. Antes de ponerlo a resguardo, Lisa le quita el envoltorio y Max puede ver que el valioso paquete que Rick le había encomendado era un microchip zentraedi.
Esa tecnología era algo anticuada, pero el SDF-2 contaba con aparatos disponibles para poder visualizar el contenido del mismo. El micro/marco chip se había usado en el SDF-1. Muchos de los equipos que utilizaban los humanos para operar esa nave alienígena que misteriosamente había caído del cielo y luego fuera reformada por los terrícolas, tenían adaptaciones. Los dispositivos utilizados por los dueños originales de dicha nave extraterrestre se adaptaron en su formato, acceso y tamaño para ser usados por humanos. El chip en manos de un gigante Zentraedi era pequeño, pero en manos de un humano era un macrochip enorme. Por suerte la caja fuerte ubicada en la oficina de Lisa era bastante espaciosa.
–De una caja fuerte a otra caja fuerte. Mejor ni preguntar qué contiene ese microchip. Por suerte soy solamente un General y no un Almirante.
–Hmm… –Lisa deja escapar un corto e intenso soplido de resignación, para luego dirigirle una mirada escéptica a su viejo amigo.
–Estoy seguro que este enojo pasará pronto –dijo Max intentando calmar las aguas, refiriéndose de manera tácita al problema real que acongojaba a Lisa Hayes. Ni bien entró a la oficina había visto la tristeza en la cara de su vieja amiga. Ella tenía exactamente la misma mirada de desasosiego que su otro viejo amigo, el Almirante Hunter. Rick le pidio a Max, su amigo y mano derecha, de la forma más solemne posible con el afan de ocultarle su tristeza, si era posible que llevara ese importante paquete desde el SDF-3 hasta el SDF-2. Sterling no podía entender porque sus dos amigos se empecinaban en ser tan necios.
–No estoy tan segura, Max. Creo que esta vez sobrepasé los límites. Puse por delante mi deber como Almirante por sobre todo lo demas. Me comporte más como una Hayes, que como Lisa. Traicione mi esencia, obre en contra de la mujer que soy, la amiga, la persona. Lo lastime desechando su confianza a la basura. No creo que eso se pueda recuperar tan fácilmente.
–Cuando se le pase la rabieta va a ser el mismo Rick Hunter de siempre. No te olvides que él también es Almirante, y sabe lo duro que puede ser estar al mando, y lo difícil que pueden llegar a ser algunas decisiones "polémicas". Creo que Rick puede entender mucho mejor las razones de Lisa Hayes, la Almirante, de lo que tú crees. Confío en que ambos puedan dejar atrás sus diferencias en pos de algo mejor. De todas formas, ustedes siempre se han relacionado de esta manera. No tiene porque ser diferente ahora.
–Admiro tu optimismo, Max.
Cuando Lisa se quedó sola nuevamente en su oficina, colocó el microchip en el lector y comenzó a correr un video en su pantalla. La imagen estaba dividida en cuatro partes. La filmación se grabó desde varios puntos de vista en simultáneo. Podía observar en la pantalla los gestos en el rostro de Rick como también en el suyo. Mirarse a sí misma era extraño. Ella recordaba perfectamente todo lo que había ocurrido, pero ser espectadora de sus propias reacciones era algo estremecedor.
—Dios mío –dijo Lisa antes de perder el equilibrio. Lo que veían sus ojos era algo totalmente inesperado–. Cuack –vómito Lisa Hayes.
Ahora entendía porque Rick Hunter, uno de los pilotos más experimentados de la RDF había vomitado en la nave enemiga. No era porque se había mareado como dijo en la radio. Era por la impresión de verse desnudo y abrazado a Lisa Hayes. Ella tampoco podía creerlo. Veía su cara en la pantalla y estaba en shock. El placer y la satisfacción que tenía la joven Comandante Hayes en su rostro a través del monitor provocó un violento escalofrío en la madura y curtida Almirante Hayes. Ese día, lo que había vivido junto a Rick había sido demasiado intenso. Lisa le había dado en aquel entonces mucho más que solamente su virginidad al desobediente Teniente Hunter…
