Abejas y Aves
…–Tu al menos tienes a alguien. A una persona en la Ciudad Macross por cuál deseas regresar. Lo único que me espera a mi es otra misión.
La miro sorprendido. Cómo puede decir eso. Cómo puede creer que los hombres no la miran. Cómo puede pensar que solo me importa Minmay. Es cierto que el carisma de mi amiga es innegable. No por nada tiene a miles de soldados babeando por ella cuando van al Restaurante Chino de los Lynn. Pero Lisa es especial, es única.
Estuve reprimiendo de manera tan efectiva los sentimientos que esos ojos verdes revuelven en mi cada vez que me mira a través de TacNet para no distraer mi foco de la batalla, que incluso en mis sueños balbucee primero el nombre de Minmay. Hace semanas que decidí colocar en mi mente y también en mi corazón a la burbujeante artista como mi escudo protector para impedir caer en el hechizo de la sonrisa de mi Comandante.
Me hubiera muerto de la vergüenza si estando inconsciente en brazos de la Comandante Hayes hubiera gritado el nombre de Lisa en vez de repetir el nombre de Minmay. Casi estaba a punto de hacer un acto fallido confesando mi sentimientos ocultos por Hayes, como hizo ese piloto insensato del escuadrón Ghost en las duchas del vestuario del Prometheus cuando regresamos de una batalla. El muy pervertido se estaba masturbando en las duchas, en un lugar repleto de pilotos, y encima luego de tener que escuchar sus gemidos, terminó gritando el nombre de nuestra comandante para que todos lo escuchemos. Ah, quería molerlo a trompadas ahí mismo. Al final no fue necesario, ya que se fue a las manos con otros dos de sus compañeros de escuadrón.
–No puedo creer eso –digo enseguida pensando en la lista de admiradores que tiene Lisa.
–¡Eh!
–No puedo creer que una vez que regresemos no buscará a alguien a quien amar –intento convencerla. Ya es hora de que olvide a su novio muerto. Es imposible para cualquier hombre competir con un fantasma así. Incluso para alguien tan confiado con las mujeres como Roy, o hasta el propio Archer, no podrían derribar a ese contrincante hasta que Hayes misma lo quite de su corazón.
–No lo sé.
–¡Pues yo sí lo sé! –esta mujer me exaspera. No puedo evitar mirarla desde sus torneadas piernas, subiendo por su curvado cuerpo y terminar en su rostro perfecto. La veo tan vulnerable que despierta en mí un deseo de querer cargarla en mis brazos y reconfortarla. Ese traje de piloto que lleva como una segunda piel, y el cabello mojado le queda tan sexy. Exactamente así lo usó el día de la fiesta y es la imagen de Lisa Hayes que se repite en mis sueños más oscuros. Intento quitarla de mis cabeza, pero sigue apareciendo, una y otra vez, con esa sonrisa, y el vestido negro que uso ese dia, dandole un toque tan femenino–. Con lo hermosa que es podría apostar la vida.
«Dios, mi voz casi me delata», pensé. «Debo controlarme o se va a dar cuenta lo mucho que me gusta».
–Sabes una cosa, no está bien apostar con una dama –dice bromeando.
–Estoy hablando en serio.
–Lo sé –dice sonrojándose. Es tan hermosa cuando se pone tímida. Me encanta su dualidad. Tan firme y segura contra el enemigo, y tan vulnerable cuando se trata de su corazón–. Ya veremos si tiene razón cuando regresemos a la nave –me dice extendiendo la mano para levantarnos juntos–. ¿De acuerdo?
–Será un placer.
Cuando nos agarramos de la mano, siento el mismo shock que casi me tumba cuando bromeabamos en la fiesta y nos dimos la mano al saludarnos mutamente con nuestros sobrenombres de Comadreja y Pervertido.
Es exactamente por esta razón que le insistí que besara a Ben durante el interrogatorio. Si me cuesta separar lo que siento a través de una pantalla, tenerla tan cerca, incluso tocando nuestros cuerpos en un abrazo para besarnos, se me hace muy difícil contenerme. Incluso me cuesta ocultar que "mi amigo" se endurece cuando me acerco a ella y siento su fragancia. Eso requiere de toda mi concentración.
Comenzamos a correr, buscando alguna esclusa abierta. Siento una leve brisa y ella también la nota ya que camina delante mío guiandome en esa dirección. Necesitamos un transporte donde podamos ingresar las coordenadas exactas para regresar con otra transposición al SDF-1. Mientras caminábamos, me distraje por un minuto. Justo ocurrió cuando Lisa giró un momento para mirarme. Su cabello se balanceaba haciéndola lucir más deslumbrante aun. De golpe siento unas gigantescas manos que me atrapan en un instante.
–¡Corra Comandante!… ¡Corre Lisa!... Busca a Max y a Ben –digo con fuerza para que reaccione y logre escapar. «Por favor, ponte a salvo, ahora», rogaba en mi mente.
Pero en lugar de dejarme a mi suerte para salvar su vida, Lisa me mira a los ojos con desesperación.
–¡No voy a dejarte! –me grita. Es exactamente lo que yo le dije cuando la rescaté en Marte.
En ese momento, otro soldado que acompañaba a mi captor, la atrapa con rapidez. Ambos estamos forcejeando con nuestros respectivos captores para ver si lográbamos zafarnos de sus garras, pero era imposible. Pasamos frente a la puerta de la celda de la cual nos habíamos escapado cuando Max nos encontró. Recordé en un flash ese segundo beso traicionero. En teoría era buena idea usar la misma distracción para despistar al enemigo, el tema es que era una distracción tanto para el enemigo como para nosotros. En el momento en que volví a sentir esos labios, y el sabor a café mezclado con sabor a frutillas que tenía la boca de Lisa, me olvidé del mundo y lo único que hice fue profundizar el abrazo sintiendo su cuerpo sobre el mío para saborear su boca.
Finalmente llegamos a nuestro destino. Volvimos al laboratorio donde nos despertamos luego de caer inconscientes tras la pelea con ese zentraedi que usaba una máscara de acero.
Entró al lugar ese hombre que tenía un físico menos desarrollado que los otros soldados, pero se notaba que a cambio poseía un intelecto mucho más agudo y desarrollado que el promedio.
–Micronianos, por orden de Breetai se me ha encomendado obligarlos a continuar con la demostración que se interrumpió en el interrogatorio con el Comandante Supremo. Deben mostrar cómo ocurre la procreación de un microniano por el método de las abejas y las aves, el cual hizo referencia su compañero. Vamos a registrar en video este "proceso de la naturaleza" que termina engendrando a uno de los suyos dentro de sus hembras.
–¿Qué? –dijimos los dos con asombro en simultáneo.
–Lo que oyeron, o sino mis hombres los aplastarán como los seres insignificantes que son.
Mientras se retiraba de aquí, el zentraedi le indicó algo a los dos soldados que nos habían apresado. Nos dejaron solos cuando nuestros captores ingresaron por una pequeña puerta a otro sector del laboratorio. Quizás para monitorear lo que debíamos hacer pero desde un sistema de vigilancia para filmar la "demostración". «Si vuelvo a ver a Ben lo voy a matar por abrir su bocota», pensé enfadado.
–PROCEDAN… –escuché por el altoparlante. Era un chillido ensordecedor que aturdía tanto el tímpano que indefectiblemente nos obligaba a salir de nuestro shock. Creo que tanto Lisa como yo estábamos procesando lo que nos acababan de obligar a hacer. Nada más ni nada menos que debíamos entre Lisa y yo crear a un bebé humano. Como si fuera tan fácil, como hacer una torta, o preparar un postre. Realmente me sentía como una rata de laboratorio expuesta a un experimento.
Quizás si jugábamos bien nuestro papel, lograríamos espantar a esos dos soldados y en una distracción lograr escapar nuevamente. Lo único que espero es concentrarme lo suficiente para que no me ocurra lo que pasó en la celda. Por probar esos labios sabor café de Lisa mis sentidos se desconectaron de la realidad. Si no hubiera sido Max quien entró en su Bateloid disfrazado con uniforme de soldado zentraedi, no sé si la distracción hubiera sido lo suficientemente efectiva. No se quien se hubiera distraído más, si un zentraedi o nosotros. Por suerte el grito de Ben nos despabiló y comenzamos a correr. Pero ahora estamos Lisa y yo solos. No puedo volver a desconcentrarme de semejante manera porque puede llegar a ser nuestro fin.
Quizás lo que deba hacer es tener sexo con ella, pero evitar besarla. Tengo que focalizarme en lograr una distracción lo suficiente buena para lograr escapar. Si la vuelvo a besar mi corazón va a latir tan intensamente que puede llegar a aturdir mi mente por estar babeando por los cautivantes labios de mi hermosa Comandante. Pero, ¿podré estar atento?, o es peor el desnudarnos que solamente besarnos. Son demasiadas dudas.
Lisa me miraba con expresión seria. ¿Estaba enojada de nuevo? Será porque le grite enojado que debía ponerse a salvo en lugar de quedarse conmigo. De verdad me preocupa su seguridad, y me desespera cuando ella se pone en el último lugar.
Quizás está enojada por algo que dije antes. La verdad que siempre estoy enfrentándome a ella, asique podría ser que esté molesta por algo nuevo, por algo viejo o por ambas cosas. No sé porque siempre tiendo a hacerla enojar, a provocarla.
Descargo mi frustración discutiendo con ella, y más de la mitad de las veces ni siquiera pienso lo que dio, solo sale de mi boca lo primero que se me ocurre que podría llegar a molestarla para tener un intercambio verbal con ella. Justamente lo que le dije hace un rato parado aquí mismo es un ejemplo perfecto de mi incesante necesidad de provocar a una irascible Lisa Hayes. Ni bien nos levantamos luego de la terrible golpiza que nos dio el jefe zentraedi de cara metálica, lo primero que se me ocurrió fue decirle en la cara a Lisa que las mujeres no eran aptas para liderar misiones de reconocimiento. Solo se lo dije porque sabía que ese estupido cliché machista iba a irritar a Hayes. El tenerla enojada me permitía entrar en una pelea verbal con ella logrando así descargar mi enojo y mi propia frustración. Desde que la conozco que entramos en esa dinámica de quien hace enojar más a quien. Quien dice cosas ridículamente irrisorias con el solo objeto de irritar más al otro.
Ahora después de echarle en cara que no era apta por el solo hecho de ser mujer, tengo que desnudarme frente a ella y lograr que llegue a un orgasmo. No podría remontar mi buena imagen con ella para lograr con éxito esta "misión" desde un lugar más abajo. «Uf, ¿será por eso que está enojada?», pensé.
–PROCEDAN…
Bueno, alguno de los dos tiene que tomar la iniciativa, sino realmente nos van a aplastar como cucarachas. ¿Pero me corresponde a mi o voy a esperar que ella decida si va a acatar lo que ordenó ese hombrecito zentraedi? ¿O querrá que nos sublevemos? Quizás ella realmente esté pensando que es mejor ser torturada a cumplir con las órdenes del enemigo. Ella es mi oficial superior, ella es la que debe tomar la decisión.
–¿Va a volver a ordenarme que la bese, Comandante? –creo que no quiere volver a besarme, y mucho menos someterse a hacer un bebe humano junto a mi–. Si hubiera escapado como le dije, no tendría que volver a ordenarme nada más en esta vida. Le di la oportunidad de liberarse de mi, Comandante.
–¡Ya basta, Rick! No iba a dejarte, no pienso dejarte, no quiero dejarte. ¿Está claro?
Me alegra que se preocupe por mí, pero no puedo verla en riesgo. Estoy demasiado intranquilo. Odio cuando me siento completamente inutil de no poder ayudarla, de no poder estar ahí para ella.
–PROCEDAN…
–Diablos Rick, comienza. Que esperas. Te ordeno que…, que…, uf, que copulemos.
«¡Qué fue eso!», pensé sorprendido. Se me va a terminar la libido antes de tiempo si comenzamos así. Está bien que sea hermosa, atractiva, sexy, pero con ese tono de científica mandona, "mi amigo" no va a querer funcionar correctamente.
–Pídemelo como se debe, Hayes.
–Quiero que me hagas ver las estrellas, Hunter –me dice mientras se acerca con brillo en los ojos. Comienza a acariciarme en la mejilla, el cuello, el pecho y termina dándole un pequeño toque pícaro a "mi amigo" allí en mi entrepierna. En un segundo volvió a encender mi libido–. Ya estoy completamente húmeda para ti –luego de esa afirmación ya mi libido estaba al tope máximo. Estaba completamente desconcertado. Cómo es que pasó de mandona a provocativa en un segundo.
–¿Y…, lo pedí como se debía, piloto?
–Ahh…, uhm…, claro.
–PROCEDAN…
–Vamos Rick –me apura para que comience con la "misión".
Al fin reacciono y comienzo a quitarme el traje de vuelo. La observo como ella va bajando su cierre para descubrir su desnudez y no puedo dejar de admirar su cuerpo. Quedé sorprendido cuando la vi solamente en ropa interior.
–¿Cuál es el problema, Hunter? –me mira bastante seria.
–Tu…, tu ropa interior es de color verde.
–Si, ¿te gusta? –me sonríe –. Con las chicas del puente decidimos teñir nuestra ropa interior reglamentaria. Es tan básico el diseño, que por lo menos variamos el color. Encontramos un lugar en Macross donde nos tiñeron al por mayor, porque les llevamos bastantes prendas. Pudimos elegiar varios colores, asi no es tan aburrido usar siempre ropa interior de color blanco. Además Sammy se encargó de verificar que no estuviera prohibido por reglamento interno de la RDF poder teñir de otro color una prenda que se usa debajo de otras.
–¿Y qué otros colores tienes? –pregunto intrigado.
–Violeta, azul, rojo y el más polémico, el amarillo.
–Ahora se me va a hacer muy difícil no imaginarse a todas ustedes engamadas con distintos colores –especialmente con el color amarillo. «Que me diria Roy si sabe que me estoy imaginando a su novia Claudia con un sosten amarillo», pienso divertido.
–¡Hunter!…, de verdad que eres un pervertido.
–Ja, ja, ja. Lo siento, Comandante.
Me acerco a ella y la abrazo sin darme cuenta que estamos casi desnudos. Cuando siento su piel contra la mía, me recorre un hormigueo y dudo que pueda seguir enfocado en la "misión". Creo que solamente sin besarla no va a ser suficiente para evitar distracciones.
–¿Lista?
Me mira con dudas, pero de todos modos asiente con la cabeza. Comienzo a besarla con pequeños besos por todo su cuello.
–¿Está bien así? –siento como el vello que tiene la piel en su cuello comienza a reaccionar a las caricias que le dan mis labios– Veo que te gusta…,¿sigo? ¿Es este uno de tus puntos erógenos, Hayes?
Necesito que se relaje para poder realmente cumplir con lo que debemos hacer. No quiero ingresar dentro de ella si se encuentra demasiado tensa. Sería una tarea casi imposible si no está lo suficientemente lubricada. Demasiado doloroso para ambos.
–Lisa, ¿estás escuchándome?
–¿Qué?
–Te acabo de pedir que me indiques cuales son tus puntos sensibles así podemos llegar al clímax más rápidamente.
–Perdón, estaba algo distraída.
–¿No te gustan estos besos? –creo que haga lo que haga, aunque logre excitarla, ella va a estar en contra mío.
–PROCEDAN…
Quiero comenzar pero siento que Lisa está dispersa. La tengo entre mis brazos, incluso la estoy besando en el cuello pero está en otro lado. ¿Estará pensando en su novio muerto en Marte? ¿Y si le chupo el cuello? Y¿ si le dejo una marca? ¿Reaccionará?
–Dime donde. Quiero seguir tus instrucciones al pie de la letra –dijo mientras intento suprimir mi sonrisa. No puedo evitar reírme por lo bizarro de la situación. Yo pidiendo por favor cumplir con sus instrucciones, jajaja.
–¡Rick!
–Ja, ja, ja. Lo siento. Pero de alguna forma tengo que llamar tu atención.
–De acuerdo –suspiró–. Aun soy virgen –dice nerviosa. «Guau, eso no me lo esperaba», pensé sorprendido. Mucho menos de una mujer más madura y sumamente sexy a la cual le sobran pretendientes. No puedo creer que ella no haya tenido ya su primera experiencia sexual con su querido, adorado y perfecto novio del planeta Marte.
Me quedé estático. Cómo le dijo que yo también soy virgen. Tengo que suprimir todo mi orgullo y sincerarme con ella. Me acerco a Lisa y acariciando su mejilla con mis labios, trato de susurrarle al oído. Finalmente me animo a confesarle mi verdad.
–Yo también soy virgen.
–¿En serio? –se la notaba sorprendida– ¿Nunca tuviste sexo con una mujer?
–No con penetración. Pero si tuve sexo oral con mi novia –«Eso cuenta como sexo supongo, sino no se llamaria sexo oral», pense tratando de convencerme–. Ella me lo hizo a mi, y yo también a ella –aclaré.
–¿Con Minmay cuando estuviste atrapado dos semanas en las catacumbas del SDF-1? –consultar. Creo que su intención era verificar con quien había tenido ese tipo de intimidad.
–No. Nada pasó con Minmay –le aclaré–. Ella no es mi novia –quería dejar en claro que no había tenido ningún tipo de intimidad con ella–. Estoy hablando de Jessica.
Al indicar que no era Minmay la mujer con la cual había intentado iniciarme sexualmente terminé metido en un brete. Mi experiencia había quedado trunca porque la muy zorra me engaño con el mejor amigo de mi hermano. Recordar toda esa traumática experiencia me dejó un tanto molesto. Realmente no quería pensar en Jessica ahora mismo. Debía concentrarme en satisfacer a Lisa. Al ver la cara de poker de Hayes, supe que ella necesitaba una explicación extra, por eso decidí aclararle–. Ex-novia, en realidad. Es la costumbre.
Ahí…, ya lo aclaré…, bien aclarado. ¿Será suficiente para que Lisa me crea?
–¿Tuviste sexo oral, Hayes? –pregunto para cambiar rápidamente de tema. Enseguida me arrepentí de mi exabrupto. Creo que me extralimite con la pregunta, pero necesito romper el hielo. Y teniendo en cuenta que debemos estar tenienendo sexo juntos en breve, al final de cuentas la pregunta podria resultar bastante atinada despues de todo.
Me pareció adorable como se sonrojo con la palabra "sexo". –¿Se lo hiciste a tu novio? O, ¿él te lo hizo a ti?
–No y no –respondió enseguida–. Solo introdujo sus dedos dentro mío.
Me lo imaginé. O el novio era un cobarde importante, o la respetaba demasiado. O ambas cosas.
–A pesar de que somos los dos vírgenes, por lo menos te llevo algo de ventaja Hayes –le digo para bromear con ella. Me encanta saber que está en desventaja. No se porque me divierte pensar que ella es inocente e inexperta en algo. No es que yo tenga todo el conocimiento del mundo. Soy tan inexperto como ella. O quizás más que ella. Pero así y todo me regocija el verla sonrojarse.
–PROCEDAN…
–Empecemos. Puedes besarme detrás de mi oreja, acariciar mis pezones, y besarme el ombligo. Esos son mis tres puntos sensibles –enumero Lisa a sus puntos sensibles como si fueran una lista del supermercado. Creo que estaba excesivamente nerviosa, y por alguna extraña razón, me encantaba llevarle la delantera. Poder sorprenderla.
–Mmm, creo que voy a explorar un poco.
–¿Explorar? ¿Qué pretendes?
–¿Confías en mí?
Necesito que ella se relaje. Que se deje llevar por sus emociones. Si eso no ocurre, va a ser imposible intentar algún tipo de intimidad con Lisa. A pesar de todo lo extraño y bizarro que pueda resultar esta experiencia por el hecho de estar obligados a interactuar sexualmente entre nosotros, lo que realmente me importa es que ambos vivamos esta primera experiencia de la manera menos traumática posible, y que podamos percibir un momento placentero. Estoy dispuesto a poner todo de mi para satisfacerla, para hacerla sentirse segura, querida, respetada, deseada, adorada y finalmente poder penetrar dentro de ella toda mi hombría logrando que pueda gemir de placer.
–Sí, confío en ti.
