Nota: contenido adulto.

PROCEDAN…

–Déjate llevar, Hayes. Olvida que estás conmigo. Cierra tus ojos.

«Como si eso fuera tan fácil, piloto», pensó Lisa mientras le hacía caso a Rick. Iba a dejarse llevar. Iba a entregarse a él.

–Quiero que este zentraedi finalmente se asuste como ocurrió en el interrogatorio.

–Yo también estaba especulando con provocar esa reacción –suspiró Lisa mientras sentía la mano de Rick posicionarse sobre sus pechos.

–¿Puedo?

Volviendo a abrir sus ojos, Lisa sonrió mientras levantaba su cabeza para mirarlo con seriedad.

–¿Me dices que me deje llevar y al segundo me estás pidiendo permiso? ¿En qué quedamos, Hunter? Te estoy dando "tarjeta verde" para que hagas lo que quieras conmigo. No vuelvas a preguntarmelo. Recuerda que estamos tratando de evitar terminar aplastados como mosquitos. Si llego a decir un NO rotundo, entonces sabrás que cruzate la línea.

–No quiero que estés incómoda –dijo un poco avergonzado.

Lisa volvió a sonreír mientras le acariciaba con ternura la mejilla al piloto. Luego colocó sus manos entre los cabellos alborotados de Rick, y acercándose a su oído le susurró de manera sugerente.

–Procede…, ¿o quieres que le pida al zentraedi que te lo vuelva a repetir?

El corazón de Rick comenzó a latir con fuerza. Llegó el momento de la verdad, pero aun estaba nervioso. Tenía que sacar a relucir a la mujer apasionada que se encontraba oculta tras la cortina de la Reina de Hielo. Debia encontrar la forma de estimular a esta mujer que se encontraba completamente entregada y tendida debajo de él. Rick había fantaseado en sus sueños más salvajes, más ocultos, el poder tener a Lisa Hayes a su merced y ahora ser haria realidad. Lisa volvió a recostarse cerrando sus ojos expectante a lo que el piloto alocado haría con ella.

Las manos de Rick comenzaron a bajarle el bretel de su sostén, y luego con un rapido movimiento mientras acariciaba su espalda, libero el broche para quitarselo. Fue entonces que el cuerpo de Lisa estaba completamente expuesto. Era como un libro en blanco esperando que un hombre escribiera palabras de amor y placer en sus páginas vacías.

Ella sintió las yemas de los dedos de Rick, haciendo suaves movimientos circulares alrededor de sus pezones y automáticamente todo su cuerpo se tensó. No podía evitar moverse de manera suave y sensual a raíz de todas las sensaciones que los dedos de Rick le estaban provocando. La joven comandante estaba mordiendo sus labios para evitar gemir de placer. Luego Lisa sintió la lengua de Rick mojando sus senos para succionarlos inmediatamente después. Cada vez con mayor intensidad, con mayor ritmo. Ambos cuerpos comenzaron a convulsionar de forma salvaje. Un tenue roce de caderas entre ambos había comenzado primero con movimientos tímidos, pero luego el Teniente aumentó la velocidad y la intensidad de la embestida de su cuerpo contra el de ella. Luego, las manos de Hunter bajaron de los redondeados pechos femeninos hacia el ombligo de la mujer.

Lisa sonreía internamente. Parecía que Hunter había prestado atención cuando ella le enumeró los puntos sensibles de su cuerpo. Si tan solo prestara la misma atención para obedecerla sin cuestionamientos durante los patrullajes, sería el piloto perfecto.

–¿De que te ríes? ¿Te gusta Hayes?

Lisa vuelve a abrir los ojos para encontrarse con la mirada profunda de Rick. El piloto la miraba con deseo. La luminosidad que reflejaban los ojos celestes de Hunter eran faros de luz seduciendo a la bella dama de ojos verdes. Intentando esconder el placer que la invadía, Lisa mordió sus labios para evitar sonreír. Pero al ver este gesto en la cara de su oficial superior, la lujuria que Rick sentía por ella se intensificó. Por un instante casi cae en la tentación de volver a besarla. Hunter deseaba entregarse a esos delicados labios. Quería decirle a su comandante que lo que estaban haciendo juntos no era una misión. El realmente añoraba convertir a Lisa Hayes en su mujer. Ella debía ser pura y exclusivamente de él.

–Vas muy bien, Hunter –le dijo Lisa acariciando la mejilla del piloto. Luego ella volvió a tirar su cabeza hacia atrás y con los ojos cerrando se entregó incondicionalmente.

PROCEDAN…

Ambos sonrieron a la vez. No necesitaban del aliento del zentraedi para avanzar. Ellos estaban dispuestos a seguir, sin necesidad de que un soldado enemigo se los recordara a cada momento. Rick comenzó a besar el ombligo de Lisa y ella no pudo evitar reírse por las cosquillas que esto le estaba ocasionando en su cuerpo. No pudo evitar largar algunas inocentes carcajadas cuando comenzó a retorcerse de placer, mientras Hunter seguía aún más con su juego. Rick disfrutaba tan solo de escuchar las risitas de Hayes provocadas por las sensaciones que él le estaba ocasionando con tan solo algunos inocentes besos en su ombligo.

–Ya basta, Rick no puedo aguantar más estas cosquillas.

–Ja, ja, ja. Lo sabía –continuó riéndose de ella–. Voy a bajar un poco más –dijo mientras acariciaba la parte superior de los muslos de la mujer. Comenzó a deslizar su mano desde las rodillas hasta casi llegar a su entrepierna para luego volver a retroceder. En cada caricia avanzaba un poco más cerca de la zona íntima de Lisa, pero a propósito evitaba tocar la zona. Toda esa anticipación con los suaves roce de las manos rugosas de Rick contra la piel suave de sus piernas puso a Lisa al borde del éxtasis. Rick le quitó lentamente la última prenda interior que ella aún tenía puesta. En el borde derecho de su cadera que acababa de quedar expuesta, ella sintió como el teniente comenzaba a darle caricias seguidas de tiernos besos.

–¿Qué haces? ¿Por qué me estás besando allí?

–¿Qué es esto, un pájaro?

Lisa no necesitaba abrir sus ojos para saber lo que Rick había encontrado. Ahora entendía porque el piloto se había detenido en esa parte de su cuerpo.

–Es una mancha de nacimiento. En realidad se parece más a una mariposa…, creo.

–Es cierto. Una bella mariposa –asintió mientras continuaba besándola allí. Cada vez que Rick le tocaba y besaba la marca de nacimiento, provocaba un espasmo de excitación en su cuerpo que terminaba todo retorcido de placer. Karl Riber nunca había llegado a besarla en esa parte de su cuerpo en ninguno de los encuentros furtivos que había mantenido junto a su ex-novio. Fue una sorpresa para Lisa descubrir un nuevo punto erógeno gracias a la curiosidad de Hunter.

–Se nota que te gustan los mimos en este rincón de tu cuerpo, Hayes. No me lo habías mencionado antes.

–Es que no lo sabía. Ah. Sí –Lisa ya no podía evitar comenzar a gemir. Hasta el momento se había mantenido en silencio. Intentaba no demostrarle a Hunter lo mucho que en realidad ella estaba disfrutando a su lado. Pero al abrir su boca para responderle, inevitablemente se le escapó ese grito de placer. Lisa no pudo evitar sonrojarse por su involuntario desliz.

–¿No lo sabías? ¿Nadie te besó aqui jamas?

–No…, ah…, nadie…—contestó rápido volviendo a cerrar inmediatamente su boca para evitar largar otro fuerte gemido como el de recién. «Ah, Rick por favor, necesito que pases ahora mismo a besar otra parte de mi cuerpo. Ya no aguanto más. Este placer es demasiado para mi. Voy a explotar», pensó la joven comandante.

–Asique soy el primero en provocar algo en esta parte de tu cuerpo –dijo con voz ronca mientras acariciaba con su nariz la mancha en forma de mariposa–, y ni siquiera he llegado a besarte entre tus piernas, Lisa.

En ese momento Rick aprovechó e introdujo uno de sus dedos dentro de la cavidad de Lisa, la cuál se encontraba increíblemente lubricada.

–Ya estás lista, Hayes. ¿Lo intentamos?

Al abrir sus ojos, Lisa volvió a perderse en la intensa mirada de ese hombre que la estaba haciendo ver las estrellas. Cuando Rick levantó su cabeza de la entrepierna de Lisa para mirarla, se topó con unos ojos verdes llenos de deseo.

Mientras tanto, la joven comandante trataba de mantener con firmeza sus labios apretados. Estaba segura que una vez que ella abriera su boca, no podría dejar de gemir sin parar. Lisa le daba pudor demostrarle a Hunter de manera tan descarada lo mucho que estaba disfrutando de sus caricias. De todas formas Hayes no podía evitar que su cuerpo se arqueara constantemente, o que sus caderas comenzaran a moverse de manera rítmica. Ella estaba totalmente mojada en su entrepierna porque Rick no le daba tregua al estar constantemente generando en ella un placer más intenso que el anterior imposible de esconder..

Lisa se preguntaba cómo iba a hacer para lidiar con lo que sentiría cuando el intercambio con Hunter se volviera más brusco, más intenso y más salvaje si ahora solamente con este "inocente" juego previo se estaba sintiendo así. Volvió a cerrar sus ojos con un gran suspiro, pero en el momento que sintió la lengua de Rick introducirse en sus genitales, abrió sus ojos sorprendida. Mirando hacia abajo, se encuentra con un pelo negro alborotado y la cara de Hunter estaba enterrada entre sus piernas. Su lengua continuaba con la embestida sin parar, haciendo succiones cada vez más largas y más fuertes.

–¡Rick! –grito. Fue un alarido que le salió desde el fondo de sus tripas–. ¡Si! –Ella no quería que Hunter se detuviera. La intensidad de sus palpitaciones crecieron exponencialmente, y su corazón estaba a punto de explotar. En ese preciso momento es cuando Lisa llega al orgasmo. El primero que tuvo en mucho tiempo–. ¡Uhm! –exhala finalmente relajada.

Mientras Rick termina de complacerla, levanta su mirada y Lisa lo encuentra relamiéndose los labios. El piloto la estaba saboreando, y ese hecho la puso aún más nerviosa. Sobre todo por la sonrisa maliciosa que descubrió en la cara del Teniente.

–Eres absolutamente deliciosa, Lisa –dijo Rick intentando controlar su sonrisa al ver a su oficial superior sonrojarse como un tomate por sus sinceras palabras.

Hunter estaba anonadado de lo húmeda que se encontraba Lisa, y lo poco que tuvo que hacer para lograrlo. Con su ex-novia Jessica, el juego previo era mucho más desgastante, y solo lograba menos de la mitad de lo que había palpado en la entrepierna de Lisa Hayes.

«¿Quizás ella esta así porque es su primera experiencia con el sexo oral?, o ¿quizás estoy haciendo bien las cosas y lo está disfrutando?», reflexionó el piloto .«Estoy maravillado cuando la veo explotar de placer. Soy afortunado de ser el hombre que la marcará a fuego en este momento tan crucial de cualquier mujer. Me encanta haber sido yo quien descubrió esa región erótica cercana a su marca de nacimiento», pensó orgulloso Rick.

El piloto pasó en solo unos cortos pero intensos minutos de tratar a su comandante con cautela y respeto, a disfrutar del placer sexual a su lado. Su ego estaba por las nubes al constatar cómo el cuerpo de Lisa reaccionaba a cada uno de sus movimientos, e incluso comenzó a comportarse de manera posesiva con la sensual mujer que tenía en brazos.

«Ese punto en el cuerpo de Lisa solamente será mío, y de nadie más», pensó el piloto con satisfacción. «Ella estaba fascinada. Era obvio que le encantó porque la escuché jadear de placer, a pesar de que inconscientemente trataba de ocultarlo. Ahora viene lo difícil. Espero que no le duela tanto», se preocupó en silencio. «¿Me dolerá también a mi cuando la penetre? ¿Cuánto tiempo tardará en superar la molestia del desgarro que la hará sangrar?», se preguntó al carraspear su garganta con dificultad perturbado por sus nervios.

PROCEDAN…

El molesto altoparlante los saco a ambos de sus dudas y sus pensamientos, para atreverse a pasar al próximo nivel. Rick todavía tenía sus boxers puestos. Rápidamente se los sacó quito exponiendo su miembro frente a una inmóvil Lisa que estaba intentando contener el aliento.

«O.M.G. Que estoy viendo. Es…, es importante», pensó Lisa sorprendida. La hombría de Rick se parecía a lo que Lisa había visto en su adolescencia en la materia "Apreciación Artística" cuando tenía que estudiar las láminas de las esculturas griegas. Esos hombres musculosos habían alimentado la frondosa imaginación de Lisa y ahora tenía uno de carne y hueso frente a ella. Y en este caso, la realidad frente a ella era tan buena o incluso mejor que sus fantasías. Ella no podía dejar de observarlo, pero para no parecer tan babosa y pervertida frente al irreverente piloto, cada tanto desviaba su mirada hacia el suelo en un intento de pasar más desapercibida.

Al momento de estar completamente desprovisto de ropa frente a su Comandante a Rick le dio algo de pudor, y también comenzó a mirarla de reojo para ver la reacción de Lisa. Estaba inseguro de cómo respondería esta bella mujer a sus dotes masculinos. Pero cuando se dio cuenta que los ojos de Lisa comenzaron a tener un brillo en su mirada y sus mejillas se sonrojaron levemente, el ego de Hunter era tan grande como una supernova a punto de explotar. Solo esperaba poder cumplir con sus expectativas. Rick anhelaba que la primera experiencia sexual de Hayes no fuera algo traumático para ella. Él tenía claro que debía ser respetuoso y considerado, por eso decidió comportarse de una forma tierna y hasta incluso adorable.

–Tengo que ayudarte a que estés listo como lo hiciste hace un rato conmigo, Hunter –se animó a decir Lisa. Sus palabras sonaron casi como una provocación y una promesa que dispararon las hormonas de Rick por las nubes.

Ahora fue ella quien comenzó a depositar pequeños besos en el cuello del piloto y en el lóbulo de sus orejas. Lisa tampoco intentó besar a Rick en los labios. Era como si tácitamente se hubieran puesto de acuerdo que eso era algo prohibido entre ellos.

Ambos tenian en claro que el intercambio pasional de sus labios y sus lenguas explorando sus bocas era mucho mas intimo y descarnado que satisfacerse con un orgasmo realizando sexo oral. Una cosa era el placer y la pasión que sentirían sus cuerpos al intentar demostrar de manera medianamente exitosa como los humanos engendraban a su descendencia, y otra muy distinta era sentirse completamente vulnerables por entregarse mutuamente el corazón y el alma.

Rick se recostó usando como manta de base los suaves uniformes de piloto donde había estado Lisa hasta recién y mirando hacia arriba colocó sus dos manos bajo su cabeza, mirando expectante a su comandante.

–Tu turno de cerrar los ojos, Hunter.

–Quiero mirar –la desafió con una sonrisa pícara.

–No se vale, piloto –se sonrojo Lisa Hayes. Prefería darle el factor sorpresa con los ojos cerrados a tener el escrutinio de sus ojos azules sobre sus movimientos.

Rick obedeció recostándose del todo mientras cerraba sus ojos. Estaba relajado y Lisa podía ver como el pecho del hombre bajo ella subía y bajaba con la respiración pausada, esperando como una presa sumisa a su cazador. Lisa comenzó a masajear los tonificados pectorales del piloto, mientras le besaba sus hombros y su cuello. El aroma que emanaba del cuerpo masculino era embriagador y estimulante para la joven comandante. Siguió bajando con sus besos a los pezones de Rick y cuando ella comenzó a lamerlos y a rascarlos suavemente con sus dientes, la espalda de Hunter se arqueo de golpe y él la abrazó con fuerza para sentir la piel de Lisa contra su cuerpo.

–Mhm, creo que encontré un punto sensible –dijo sonriendo mientras continuaba besando los pechos al Teniente.

–Si…si…

–¿Quieres que pare? –le pregunta Lisa levantando su cabeza para mirarlo.

Rick tenía sus ojos cerrados con fuerza y respiraba de manera entrecortada sacudiendo su cabeza para negarle la petición. Hunter estaba dispuesto a sentir los placeres que Lisa le tenía preparado para él. La Comandante siguió entonces besando el pecho del piloto y bajando cada vez más, acercándose a las caderas del hombre que tenía a su merced mientras con sus manos le masajeaba la espalda que se encontraba completamente tensa y arqueada a raíz de las descargas electricas que Hunter estaba experimentando en todo su cuerpo.

Cuando Lisa arribó con sus suaves besos hasta la entrepierna de Rick como una artillería lista para atacar, su miembro varonil ya estaba completamente rígido. Lisa lo tomó entre sus manos y comenzó a besar su punta con suavidad. Observó como naturalmente Rick comenzó a lubricar de manera involuntaria y entonces ella aprovechó para probarlo. Lisa también estaba curiosa por conocer cómo sería saborear a Rick Hunter. ¿Le gustaría tanto como le pasó a Hunter cuando el piloto probó sus partes íntimas?

Cuando ella comenzó a lamerlo sintió un sabor extraño pero placentero. Fue entonces que decidio abrir grande su boca y darle al piloto el sexo oral que tanto le habia negado a Karl Riber, por pudor, por verguenza o por temor a ser descubierta infraganti por su padre en ese acto tan intimo entre una pareja.

Rick largó un fuerte gemido de placer que descolocó completamente a Lisa. Ella no se esperaba semejante reacción de Hunter. Ella pensaba que lo estaba ayudando a estimularlo un poco para finalmente lograr que estuviera bien firme para la penetración, pero que él estuviera gozando tan intensamente lo que ella le estaba haciendo la abrumó un poco. No pensaba que siendo tan inexperta podía con tan solo seguir sus instintos lograr excitar a un hombre hasta ese nivel. Con Karl nunca había llegado a una situación de intimidad tan extrema, tan intensa, tan gutural.

En ese momento, Rick abrió sus ojos, y abrazó con fuerza a Lisa para acercarla hacia arriba colocando el cuerpo de la mujer debajo para posicionarse sobre ella. En un segundo Lisa pasó de estar sobre Rick estimulando su miembro a tener a Hunter sobre ella dominandola como un macho a su hembra. Los ojos de Rick irradiaban pasión, lujuria, deseo, fuego, celos, dominación y ternura. Una mezcla de sensaciones que dejó perpleja a Lisa quien se encontraba física y psíquicamente rendida a sus pies.

–Llegó el momento. ¿Estas lista?

Lisa se mordió el labio inferior. No sabia que responder. Sentía la punta del miembro de Rick friccionando en la entrada de su muy mojada intimidad. Pero aunque su cuerpo estaba completamente listo, su mente aún lo dudaba. Tenía miedo de entregarse, de terminar con un embarazo no deseado, de que le doliera como escucho por boca de sus compañeras del SDF-1, el Trío Terrible, cuando una noche que salieron las cinco mujeres de copas para despejarse luego de una difícil batalla, las tres intrépidas tenientes confesaron la experiencia de su primera vez y como les había dolido a cada una.

–No estoy bajo ningún control de natalidad, Rick –fue lo único que pudo decirle Lisa.

–No te preocupes. Voy a intentar salir de tu cuerpo a tiempo para terminar afuera.

PROCEDAN…

La indicación del guardia zentraedi era lo que necesitaban para que ambos tomaran valor, y continuaran con la demostración. Tenía la tarea de mostrar cómo se creaban los bebés humanos, y eso era exactamente lo que estaban a punto de hacer. Lisa cerró sus ojos y se relajo. Entonces sintió como lentamente un dolor punzante la cortaba al medio. No podía evitar que las lágrimas cayeran por su mejilla a pesar de tener sus ojos cerrados. Luego sintió como Rick con suaves movimientos le estaban secando sus lágrimas mientras acariciaba y besaba su rostro humedecido.

Luego sintió el aliento de Rick cercano al lóbulo de su oreja, justo en el punto más sensible de su cuello y una dualidad de sensaciones la recorrió por completo. Estaba dolorida, irritada pero también exaltada y excitada a la vez.

–Ya estoy completamente adentro. Voy a comenzar a moverme despacio.

Los nervios de Lisa estaban al extremo. No podría haber pedido por un compañero más considerado y amable que Rick Hunter para este tan importante momento. El piloto volvió a salir con delicadeza del interior de Lisa, aunque no del todo, para luego introducir nuevamente su hombría dentro del cuerpo de la mujer, marcándola como un macho alfa que declara su dominio sobre una de las más deseadas hembras de la manada.

Él se dió cuenta que el dolor de Lisa iba en aumento en lugar de disminuir, por lo que intentó darle más placer para compensar la tensión que sentía en su miembro por lo estrecha que Lisa aún se encontraba en ese momento. Comenzó a masajear con sus boca los pezones erectos de la mujer, y con sus manos a mover rítmicamente las caderas de ella para lograr una penetración aún más profunda y definitiva.

De a poco los gemidos de Lisa se volvieron más seguidos y más fuertes. Este gesto Rick pudo constatar que lo que él le estaba haciendo a Hayes había surtido un efecto positivo. Cada vez le dolía menos y disfrutaba más. El objetivo del piloto era lograr quitarle la molestia a Lisa por completo para poder comenzar con un intercambio más movido y pasional.

–¿Aún sientes dolor? ¿Estas mejor? ¿Quieres que pare? –le preguntaba un jadeante Rick mientras entraba y salía rítmicamente de la empapada cavidad de Lisa Hayes.

–No…, si…, no…, ah... –Rick la miró intrigado–. Siento una leve molestia pero ya no me duele tanto. Estoy mejor –y mirándolo con un brillo de deseo en sus ojos se sonrojo por completo para aclararle a Rick lo que sentía–, no quiero que te detengas.

Rick sonrió de manera cómplice, y totalmente complacido por saber que finalmente Lisa lo deseaba como hombre. Quería hacerla su mujer. Dejarle en claro que ningún otro hombre del SDF-1 podía acercarse a ella. Que era el único hombre que iba a llevarla gritando extasiada hasta las estrellas.

Comenzó a embestirla más fuerte, más rápido, de una forma más salvaje. Se volvió un hombre completamente celoso, pensando en todos esos pilotos que con dos copas de más en el bar frente al Prometheus contaban a viva voz sus fantasías con la Comandante Hayes. No iba a permitir que nadie, ninguno de esos hombres, se le acercara. El único nombre que saldría de la boca de una gimiente Lisa Hayes sería "Rick Hunter". En sus embestidas, tomó las piernas de Lisa para abrirlas aún más y así podía tener un mejor acceso a su interior. Ella era tan ágil y flexible que incluso este hecho excitaba aún más la libido de Rick. Poder tener en brazos a semejante mujer solamente para él era un oscuro deseo hecho realidad.

Hunter estaba a punto de llegar a su clímax e inconscientemente, casi sin darse cuenta, entre sus aceleradas respiraciones y profundos gruñidos, a Rick se le escapó la palabra "...mia…", y para asombro del piloto y también para sorpresa de la propia Lisa, ella casi inmediatamente le respondió con un largo suspiro pronunciando la palabra "...tuya…".

Ambos abrieron sus ojos a la vez para cuestionarse con la mirada la conexión y el intercambio tan profundo e íntimo que acababan de experimentar. Lisa estaba totalmente desatada. Ella también se dió cuenta que su cuerpo estaba en su punto máximo. Era algo imparable que desbordaba de su interior. Necesitaba de Hunter para lograr concluir con el éxtasis que la invadió sin darle tregua. Lisa acercó sus labios al oído de Rick y comenzó a besarlo nuevamente en la zona sensible que ella había descubierto hace un rato en su cuello.

–Te necesito hasta el final –le susurró de forma femenina y sensual–. Tu y yo

En ese momento Lisa sintió una descarga poderosa que se inició en su vientre y se dirigió directo hasta su boca. No pudo evitar darle un chupón tan fuerte a Hunter en su cuello que le terminó dejando una marca morada al piloto. Luego de haber sido marcado por Hayes, Rick comenzó con una embestida intensa y despiadadamente salvaje logrando que Lisa explotara en su interior sacudiéndose de manera involuntaria. Finalmente Hunter también se encontró al borde de su orgasmo.

Rick recordó que debía salir del interior de Lisa, tal cual se lo había prometido, pero para él también era su primera vez. Claramente no era la misma experiencia para Hunter la autosatisfacción que podía darse cada tanto en la ducha para liberar su estrés, donde tenía muy claro cuando estaba a punto de culminar, a esta experiencia de encontrarse dentro del cuerpo de una mujer, sintiéndose "uno" con ella. Lisa había enredado de manera instintiva todo el cuerpo del piloto con sus estilizadas piernas, ayudándolo a ingresar de forma más profunda en su interior, y fue este gesto audaz de su comandante que descolocó completamente al piloto. En un descuido terminó por largar todo su orgasmo tras un fuerte gruñido y gritando el nombre de Lisa. Expulsó hasta su última gota dentro del cuerpo de la mujer que lo había vuelto completamente loco de lujuria.

Finalmente se desplomó sobre ella aun manteniéndose en su interior. Lentamente se separan pero siguen recostados de lado uno frente al otro. Lisa sostenía su cabeza con una de sus manos, mientras la otra estaba sobre el pecho de Rick, haciendo suaves caricias circulares con su dedo pulgar. Por su parte, Rick también tenía su cabeza sostenida por una mano y la otra estaba apoyada entre la cintura y la cadera de Lisa, sosteniéndola de forma posesiva. El piloto también estaba haciendo caricias circulares sobre la marca de nacimiento de Lisa, justo en el punto erotico que Rick había descubierto. Era como si el piloto quisiera seguir provocando a su comandante, midiendo hasta donde podía llegar con la provocación de excitarla aún más. Hasta donde seguiría ardiendo el fuego oculto de la famosa Reina del Hielo del SDF-1, que de hielo tenía poco y nada. Hayes era pura pasión.

–Fue un placer hacer bebés humanos con usted, Comandante –dijo Rick con un brillo especial en sus ojos. Se sentía afortunado de haber sido el primer hombre que hizo sentir a Lisa Hayes toda una mujer. Y qué mujer. Sensual, cariñosa, atrevida, apasionada, sexy, salvaje. El cabello de Lisa caía hasta su cintura, tapando sus pechos con sus mechones color miel. Parecía una sirena con un aire demasiado provocador. Si fuera por Rick, él estaba dispuesto a repetir toda la experiencia nuevamente junto a ella, una y otra vez, hasta el cansancio, o hasta que los zentraedi se aburrieran de observarlos.

Lisa lo pellizcó en el brazo por lo atrevido de su broma. En el fondo también coincidía con el Teniente, que habían vivido un momento mágico entre ambos. Si fuera sincera con sus sentimientos, esta experiencia había sido maravillosa, y coronarla con un embarazo sería magnífico. Pero luego recordó que ellos no eran una pareja, él era un piloto insubordinado y ella su estricta e inflexible oficial superior.

Comandante y Teniente habían acordado derribar a los zentraedi que los mantenían cautivos con la única arma que tenían a disposición: aturdir a sus captores tal cual había ocurrido durante el interrogatorio con su Líder Supremo. Lo único que podían utilizar para derribarlos era usar su astucia mediante el factor sorpresa. No eran Lisa y Rick haciendo el amor, solamente habían tenido un encuentro carnal entre un hombre y una mujer. Lo que había ocurrido entre ellos era únicamente una representación de cómo la raza humana se reproducía mediante el intercambio íntimo entre un macho y una hembra.

Ambos se miraron a los ojos por un largo rato, perdidos en sus propios pensamientos, cuando se dieron cuenta en simultáneo que algo extraño estaba ocurriendo.

–¿Escuchas eso?

–No escucho nada.

–Exactamente.

Se miran a los ojos y ambos sonrieron a la vez.

–¡Los vencimos! –dijeron al unísono.

Se levantaron como un resorte y rápidamente comenzaron a buscar sus pertenencias para vestirse y escapar de allí. Rick encontró la ropa interior verde de Lisa y mientras se la alcanza, el piloto recibe en manos de una muy sonrojada Lisa Hayes sus boxer negros.

–Vaya si que sabes vestirte rápido, Hayes. Parece como si tu padre estuviera a punto de descubrir a su pequeña princesa haciendo algo indebido.

–Callate Hunter o vas a despertar al enemigo –le dijo su comandante mirándolo con dardos de fuego. A pesar de estar algo embroncada por el descaro del piloto, aún tenía su cara rozagante por lo que acababa de experimentar junto a Hunter y su cabello revuelto la hacía lucir adorable.

–Ja, ja, disculpe Comandante. Estoy en eso. De hecho terminé de vestirme antes que usted, bella dama –le sonrió con picardía el Teniente haciéndole un guiño cómplice.

Lisa terminó de subirse el cierre de su traje de vuelo y tomó la mano de Hunter para escapar juntos de allí. Al darse la vuelta para ver si se olvidaba de algo, Lisa vió en el suelo metálico las muestras de su virginidad. Las manchas de sangre ya estaban casi secas como una impronta irreversible. Ella se congeló en el lugar. Esa imagen fue como un balde de agua fría que le mostraba la realidad, pinchando esa hermosa burbuja que había construido a base de suaves caricias realizadas por el valiente e irreverente piloto.

Rick la tironeó del brazo pero ella estaba petrificada. Cuando el piloto se dio la vuelta para ver porque Lisa no avanzaba, Hunter también encontró las manchas rojas sobre el frío metal del laboratorio zentraedi.

–Vámonos. ¡Olvídalo!

«¿Como voy a olvidarlo?», piensa Lisa horrorizada mientras concientiza todo lo que acababa de ocurrir. «Acabo de entregar mi virginidad a un hombre que no es Karl Riber. Tantos años rechazando a los hombres con el solo objeto de preservarme virgen para Karl, y en un rapto de locura termino haciendo esto.»

Entonces Lisa Hayes recordó las palabras de Jack Archer cuando este procuraba por todos los medios seducirla, fracasando una y otra vez en su intento de que Lisa olvidara a Riber para que ella pudiera iniciar una relación amorosa junto al piloto del escuadrón Wolf. "El no merece tu sacrificio. Apuesto a que todo este sufrimiento que te estás auto imponiendo no vale la pena. Podría apostar la vida que Karl no va a ser el hombre al quien le entregues tu virginidad. Él va a dejarte mucho antes. Y cuando eso pase, yo voy a estar esperándote, para hacerte sentir la mujer más deseada de toda la Tierra."

–Jack tenía razón –dice en voz alta Lisa, compartiendo sin querer sus pensamientos más íntimos.

–¿Quién tenía razón? ¿Quién es Jack? –la interrogó Rick mirándola con frialdad. Como ella no le respondía, él le volvió a preguntar con mayor seriedad en su voz– ¿Te refieres al Gigante Asesino, Jack Archer?

Lisa todavía aturdida por sus pensamientos no oyó correctamente lo que Rick le había preguntado. Solo escuchó el nombre de Jack Archer y asintió con la cabeza.

–¿Lo conoces? ¿Tienes alguna relación con él? –dijo Rick cegado por los celos–. ¿Piensas retomar una relación con Archer cuando regresemos a la Tierra ahora que sabes que tu novio no se encuentra en Marte? ¿Por eso solo te espera una misión al regresar al SDF-1? ¿Porque el hombre con el que quieres estar se quedó en la Tierra?

Las preguntas de Rick eran como un bombardeo para el turbado corazón de Lisa. Ella sentía que finalmente había traicionado a Karl, porque al final fue ella quien decidió perder su virginidad, y no solo eso, además lo había disfrutado. Había gozado en los brazos de otro hombre. Del hombre más inesperado para ella, pero a pesar de eso, Hunter la había hecho sentir la mujer más deseada no solo de la Tierra, como le había prometido Archer, sino que en brazos de Rick se había sentido la mujer más deseada de toda la galaxia.

–Lisa, contéstame…¿Conoces a Jack? ¿Saliste con él? –Lisa seguía en silencio mirando las manchas en el suelo– ¡Comandante, contésteme!

Fue entonces que Lisa reaccionó. Tenían que escapar ahora mismo de allí. No podían desperdiciar preciosos minutos porque ella estaba teniendo una crisis existencial.

–Vámonos Teniente, rápido –Lisa comenzó a avanzar tironeando ahora ella de Rick. Pero el piloto se empacó. Quería que Lisa le contestara su pregunta. Los celos y sus propias inseguridades lo estaban cegando. Quería saber si Archer era el que estuvo todo este tiempo ocupando el corazón de Lisa Hayes y él solo fue un visitante inesperado el cual había cumplido su función de cumplir con una misión y eso era todo lo que habría entre ellos.

–No voy a moverme hasta que me contestes, Hayes. ¿Conoces o no a Jack Archer?

–Claro que lo conozco. Estuve con él en la base Wyoming hasta que fue trasladado a Base 6. ¿Cual es tu problema, Hunter?

–Intento seducirte –dijo Rick con brusquedad. No era una pregunta. Era una afirmación.

–¿Qué? ¡No es de tu incumbencia! –dijo una Lisa molesta. No quería discutir sus indefiniciones amorosas con nadie. Ni siquiera con Claudia se animaba a abrirse de manera sincera. Mucho menos con Hunter, con el que acababa de estar gimiendo de placer en sus brazos hace apenas unos minutos.

Rick estaba completamente furioso. No podia creer que Jack Archer no solamente se habia acostado con su novia Jessica, cuando él ni siqueira había logrado convencerla de tener sexo juntos. Ahora se acababa de enterar que Archer llevaba la delantera con respecto al cortejo hacia Lisa Hayes. La furia los cegó y los celos lo estaban volviendo loco de frustración. En un acto de provocación se acercó a Lisa susurrándole al oído un tono lleno de resentimiento y frialdad.

–¿Terminaste enredada en sus sabanas, Lisa? ¿Te arrepientes de haberle entregado tu virginidad a un novato como yo en lugar de entregarte a un amante experimentado como el Gigante Asesino?

Lo siguiente que recibió Rick fue una fuerte cachetada. Era lo que necesitaba para despabilarse. Los celos lo habían obnubilado. Luego de golpear a Hunter, Lisa se tapa la boca asombrada de su propia reacción.

–Lo siento Rick.

–No se preocupe, Hayes –dice llevándose la mano que tenía libre a la mejilla golpeada para masajearla un poco–, me lo merecía por bocon. No es de mi incumbencia. Su vida personal, es justamente eso Comandante, personal. Y con quien usted decida salir o tener una relación no es asunto mío. De ahora en más no voy a molestarla con preguntas indebidas o fuera de lugar –dice un herido Rick Hunter.

Luego emprendieron la marcha para salir de allí. Aún estaban tomados de la mano, pero el toque entre ambos parecía arder de frustración y malos entendidos.

Ambos saltaron de la mesa del observatorio y finalmente escaparon del lugar. Ingresaron a un gran corredor oscuro, y cuando sintieron una leve brisa decidieron orientarse hacia esa dirección. Quizás ese suave viento provenía de una esclusa abierta por la cual podían intentar encontrar algún transporte para lograr finalmente escapar. Pero al avanzar un poco más se encontraron con el peor de los escenarios. Delante de sus ojos estaba la totalidad de la flota enemiga. Millones de naves zentraedi.

Escapar de esa nave tenía aún más sentido viendo esta realidad. Debian advertirle al SDF-1 y a la Tierra del peligro real que significaba enfrentarse a esa raza alienígena llamada Zentraedi. Dejaron de lado su rencilla doméstica para concentrarse en regresar a su nave con vida.

–Cuidado. Alguien viene –dice Hunter agarrado a Lisa por los hombros para esconderse. No quería correr el riesgo de ser apresados nuevamente por una distracción.

–Max, aquí es. Lo logramos –dijo un eufórico Ben Dixon.

–¡Ah! –exclamó Lisa asombrada. ¿Cuántas probabilidades había que se volvieran a encontrar con sus dos compañeros dentro de esta inmensa nave? Una luz de esperanza iluminó la cara de la Comandante. Cualquier cosa era posible ahora que nuevamente estaban los cuatro juntos.

–¡Ben! ¡Max! ¡Aquí estamos! –exclamó Rick.

–¡Teniente! –dijo el Cabo Ben Dixon al reconocer a su oficial superior.

–Estoy sorprendido –agregó Max Sterling.

–Yo también –respondió rápidamente el Teniente Hunter– ¿Alguien tiene idea de que hacemos ahora?

–Miren, esa nave parece estar lista para partir –señaló Sterling a sus compañeros.

–No iremos a ninguna parte si permanecemos aquí –razonó la Comandante Hayes. Como la oficial de mayor rango en el grupo, tomó la decisión de embarcarse en esa nave. Abordarla conllevaba un alto riesgo ya que podría estar zarpando hacia un destino incierto y nunca regresarían a las coordenadas donde se encontraba el SDF-1. Pero esa es la mejor opción y decidieron arriesgarse–. Tendremos una mayor oportunidad de escapar en esa nave…