Rick Hunter recién había terminado su turno en el puente del SDF-3 cuando vió en la pantalla de su teléfono móvil una llamada entrante de su amigo Max Sterling. El líder del escuadrón Skull estaba por comenzar su turno de patrullaje, por eso Hunter se apresuró en responder. Por lo general todas las llamadas de Max a su teléfono celular eran para discutir cuestiones personales, casi siempre relacionado con algún favor urgente para sus queridas sobrinas.
–Hola Max. ¿Necesitas algo? ¿Se trata de Dana o de Maia?
–De Archer –respondió el piloto de cabello azul.
Rick levantó sus cejas asombrado. No se esperaba esa respuesta de su amigo.
–¿Qué pasó con Archer?
–Me acaba de llamar el Teniente Wilson, líder del escuadrón Tigre. Él estuvo haciendo las nuevas rondas de intercambio que comenzamos a implementar hace unos días entre escuadrones del SDF-2 y del SDF-3. Me dijo que creía haber visto al Jefe del Mando Aéreo del SDF-2 en El Pirata Ruso, bastante borracho. Dijo que no estaba muy seguro que fuera él porque estaba vestido de civil, pero que claramente era un forastero que no pertenece al SDF-3. Después de lo que me comentaste sobre lo que dijo Vanessa del General Edwards y la pica que tiene tanto con Archer como con Hayes, no creo que sea conveniente que alguien mal intencionado lo vea en estado de ebriedad en el bar que se encuentra justo al lado de la entrada a los hangares.
–No creo que sea Archer. Él es mucho más abstemio que yo. Roy siempre nos cargaba para ver quién de los dos se emborrachaba más rápido con solo medio vaso de cerveza. ¿Además porque venir hasta nuestra nave para emborracharse?
–¿Y si es Archer? El Pirata Ruso es el bar más popular entre los pilotos. No creo que sea bueno para nuestros oficiales ver como el jefe de los pilotos de la otra nave hace una escena.
–Está bien –dice Rick derrotado–, voy a darme una vuelta para ver si es él.
«Lo último que me faltaba», pensó Rick un poco fastidiado. «Hacer de niñero del Gigante Asesino.»
Cuando estaba por entrar al bar para verificar lo que Max le había pedido, vió a Lisa Hayes sonriendo. Estaba sentada sobre un gran ventanal a la calle en el restaurante francés que se encontraba frente al bar. Ella tenía puesto un top negro que dejaba todos sus hombros al descubiertos y estaba peinada con un semirecogido que resaltaba un aire de sensualidad a toda su apariencia. Estaba hermosa y muy sexy. Rick casi se quedó sin aliento al verla allí, con sus brillantes y hermosos ojos verdes, tomando una copa de champagna de forma seductora. Su rostro estaba distendido y se le notaba que estaba contenta. Después Hunter se fijó quién era la persona que la acompañaba en la mesa y sus ojos se volvieron rojos de furia. Ella estaba cenando, sonriendo y brindando con champagne nada más y nada menos que con el insufrible de Karl Riber.
Unos celos surgieron de su interior como una llama que prende de golpe, y Rick tuvo que usar todo su autocontrol para no entrar y agarrar a Riber del cogote para gritarle en la cara que Lisa casi muere por su culpa. Una enorme frustación lo invadió al ver a Hayes tan radiante y sonriente frente a ese idiota. Estaba a punto de darse la vuelta e irse rápidamente a su casa para alejarse, cuando recordó porque estaba allí en primer lugar. Volvió sobre sus pasos e ingresó al bar.
Sobre la barra se encontraba un hombre vestido de civil, que se parecía bastante a Jack Archer. Cuando Rick se acercó, se dio cuenta que efectivamente era el líder del escuadrón Wolf. Para su sorpresa, ya tenía varios vasos vacíos a su lado.
–Cómo está Almirante –lo saluda el bartender–. ¿Quiere tomar algo, Señor?
Rick estaba vestido de civil, pero todos los tripulantes del SDF-3 podían reconocer al Almirante Hunter en cualquier lugar.
–Lo de siempre, por favor Igor.
El bartender se dispuso a prepararle un trago sin alcohol, con granadina, jugo de naranja y limón. El Almirante Hunter solía venir a beber a El Pirata Ruso para conversar con los pilotos y escuchar sus problemas o temores. A veces hablar con la gente en lugares más distendidos como lo es en un bar es más efectivo que conversar en un ambiente más formal como puede ser una oficina que tiene un escritorio de por medio entre dos personas. Sobre todo cuando los temas a tratar son medio escabrosos, como alguna complicación durante una batalla. Hunter nunca tomaba alcohol ya que siempre estaba preparado para alguna emergencia indeseada. Asique el barman estaba al tanto de qué tipo de trago debía prepararle al Almirante Rick Hunter. Se sentó discretamente al lado de Jack y esperó en silencio a que Archer lo reconociera.
–¿Vienes a brindar conmigo…, Hunter? –dijo Jack con la mirada perdida en su bebida, sin siquiera mirarlo. Rick pensó que todavía Archer no se había percatado de su presencia, pero parece que se había equivocado.
–¿Por qué quieres brindar, Archer?
–Brindo por el Club de los Perdedores –dijo mientras chocaba su copa contra la de Hunter.
–¿...? –Rick brindó con el líder del escuadrón Wolf, pero lo miró desconcertado.
–Él nos la va a robar, Hunter. Ella tiene que estar con un piloto, no con un… científico…, puf…, cobarde –dijo hablando con dificultad. Su aliento a alcohol impregnaba todo el lugar, y tartamudeaba un poco al hablar por lo borracho que se encontraba.
Enseguida Rick entendió lo que Jack había querido decirle. Seguramente Archer también había descubierto a Lisa cenando con Riber.
–Nadie puede "robarla" sin su consentimiento. Todo lo que ocurra va a pasar porque ella permite que pase. Siempre ha sido así.
–No entiendes, Hunter. Él no la merece. Ella, todas las noches, se acercaba a un maldito árbol que se encontraba bastante alejado de los malditos hangares, para sentarse allí y mirar el maldito cielo estrellado… –dijo rechinando entre dientes –, buscando al maldito planeta Marte que brillaba a primera hora de la noche para hablar en voz alta imaginando que el maldito de su "novio", Karl Riber, la estaba escuchando. Le contaba cómo había estado su día y cuantas veces ella había pensado en él. Llegaba un punto que su voz parecía angustiarse tanto que le impedía seguir hablando y entonces Lisa comenzaba a llorar. ¡Todas las malditas noches, Hunter! Me acercaba detrás del árbol para escucharla llorar y no podía hacer nada para aliviar su dolor. Quería ir yo mismo a Marte en un maldito transbordador espacial para romperle la maldita cara a pedazos. No tienes una maldita idea de lo que ese maldito bastardo la hizo sufrir. Lo odio más que al maldito enemigo.
«Si tengo idea. Casi muere por su culpa», pensó Rick. «Yo también lo odio más que al enemigo.»
Archer intentaba con mucha dificultad focalizar su mirada en Hunter mientras le estaba hablando. Era evidente que el alcohol lo había afectado bastante.
–¿Por qué lo salvaste? ¿Por qué? –dijo perdiendo un poco el equilibrio mientras intentaba apoyar su dedo acusador sobre el pecho del Almirante–. Ese maldito bastardo no merecía ser rescatado. Lo hubieras dejado con sus malditos papeles en manos del enemigo.
Con un movimiento brusco Jack perdió el equilibrio y casi se cae de su asiento, pero Rick lo sostuvo con rapidez evitando que se cayera.
–Si no lo salvaba –suspiró Hunter con dificultad–, Lisa no me lo hubiera perdonado jamás. Lo hice por ella.
–No se habría enterado –le dijo el líder del escuadrón Wolf con sorna.
–Ja, sí se habría enterado. Lisa es la Almirante de toda la flota espacial, tarde o temprano ella se entera de todo –dijo Hunter con seriedad.
Jack sacudió su cabeza negando la afirmación de Hunter.
–¿Sabes cuántos restaurantes de comida francesa hay en el SDF-3? ¿Lo sabes? –Rick lo miraba en silencio mientras movía su cabeza de un lado hacia el otro–. Cuatro. Tuve que recorrer toda esta maldita nave buscando restaurantes franceses para terminar encontrándola en el último de todos. Y cuando la veo a través de la ventana, ella estaba sonriéndole y limpiándole la comisura de los labios al maldito de Riber que la miraba con ganas de devorarla viva. Todo por tu culpa, Hunter –dijo bebiendo de un solo trago el medio vaso de whisky que tenía en la mano–. Otro de estos, cantinero –le dijo al barman mientras sacudía su vaso vacío.
–Jack, creo que ya es suficiente –dijo Rick con cautela.
–Vamos, Hunter. No seas aguafiestas. Déjame beber –dijo Archer con tristeza en los ojos–. Roy tenía razón, si tú y yo hubiéramos bebido "como hombres", quizás no la habríamos perdido. Y yo –dijo mientras se apuntaba a sí mismo–, soy el mayor perdedor de toooodos. Ella era mi esposa.., mi esposa…, y la perdí como un imbécil.
Rick veía decepción en los ojos del piloto. Era como si se estuviera viendo a sí mismo en un espejo reconociendo la misma decepción que sentía, pero en el rostro de Archer. Hunter también se sentía un perdedor al momento de renunciar al amor de Lisa. Y ahora que finalmente había vuelto a ella, ambos estaban en lugares tan diferentes que acentuaba aún más la sensación de fracaso. Entendía perfectamente cual era el sentimiento de Archer en ese momento.
Jack intentó pararse pero no podía mantenerse derecho. Apoyó su mano en su rostro para calmar el dolor agudo que retumbaba en su cabeza por no estar acostumbrado a ingerir toda esa cantidad de alcohol. Archer podía ser muy similar a su amigo Roy Focker, pero había algo en que era completamente opuesto: no tomaba alcohol y mucho menos pensaba emborracharse al concluir una batalla difícil. En eso había salido abstemio como Rick, el hermanito de su querido amigo. Por eso todos los tragos que había tomado deliberadamente para intentar olvidar a Lisa ahogando sus penas en el alcohol, le jugaron una mala pasada. Cuando intentó dar el primer paso, perdió inmediatamente el equilibrio.
–¡Igor, ayúdame! ¡Diablos, Archer!
Mientras estaba siendo sostenido de ambos lados por Hunter y por el barman, Jack Archer vomitó casi todo lo que había bebido. Las imágenes de esa tarde, cuando se había cruzado inesperadamente con Lisa en su casa, volvían a repetirse en su mente. Luego de tambalearse, se desplomó ahí mismo…
…Archer buscaba en su bolsillo la llave de repuesto que tenía de su antigua casa, donde ahora vivían su ex-mujer con sus dos hijas a tiempo parcial, ya que la otra mitad del tiempo las niñas vivían con él en su nuevo apartamento. Las gemelas lo habían convencido de hacer una pijamada en casa de su tía Vanessa ya que sabían que una vez que naciera su querido primito, no podrían hacerlo por mucho tiempo. Ellas necesitaban terminar un trabajo práctico de Geografía para el día siguiente, pero ambas se habían olvidado los libros de texto de esa materia en particular en la casa que compartían con su madre.
Cuando abre la puerta se encontró con Lisa Hayes de espaldas, agachada, intentando agarrar algo del suelo. Tenía puesto un mini short de lentejuelas color negro, y estando en posicion de cuclillas dicha prenda resaltaban aún más sus torneados gluteos. Por un instante Jack tuvo la tentación de abalanzarse hacia su ex-mujer y estrujarle de manera sensual sus nalgas para que ella gimiera de placer, como solía hacerlo en el pasado cuando aún vivían juntos, pero usó toda su fuerza para contenerse.
Al ser tan corto el short, las largas y atleticas piernas de Lisa se acentuaban aún mas, y cuando ella se levantó, Jack vió que tenia puesto un top negro sin breteles dejando totalmente al descubierto sus hombros y como no estaba usando corpiño, por un momento pudo ver como resaltaban sus dos pezones. Toda la apariencia de Lisa era despampanante.
–¡Aquí está! –dijo Lisa mientras se colocaba en su oreja el aro que se le había caído debajo de la mesa. Cuando se percató de la presencia de Archer, le sonrió para saludarlo–. Hola Jack, ¿qué haces aquí? ¿Dónde están las chicas?
–En lo de Vanessa. Vine por sus libros de Geografía. ¿Qué haces vestida así? –le preguntó cambiando de tema–. ¿A dónde vas? ¿Con quién?
Era evidente que Jack se había puesto celoso, y eso predispuso bastante mal a Lisa. Ya había tenido una tarde difícil al salir de la peluquería y ahora solo quería pasar un rato agradable cenando junto a su primer amor.
–No es de tu incumbencia –contestó Hayes a la defensiva. Jack la miró fijo totalmente insatisfecho con su respuesta, por lo que no le quedó otra a Lisa que ahondar en la explicación–. Voy a cenar con Karl Riber.
Todo el cuerpo de Archer se tensó, y sus mejillas estaban rojas de la furia contenida en su interior.
–¿Van a ir a La Scala? –preguntó sabiendo que ese era el restaurante favorito de su ex-mujer.
–No. Iremos a un restaurante de comida francesa en el SDF-3. Me voy a encontrar con él en la manga que une ambas naves y de allí iremos juntos a cenar.
Lisa ya se estaba impacientando. No tenía por qué darle ninguna explicación a su ex-marido.
–No quiero que uses esas botas con él, Elizabeth –dijo Jack Archer de la nada. En realidad el piloto no quería que Lisa usara ni las botas, ni el top y mucho menos eses mini short. Definitivamente quería impedir a toda costa que ella se muestre así de hermosa delante de su gran rival de antaño. Lo único que atino a criticar para instigarla a cambiar su apariencia fue con el calzado.
–¿Qué? No eres mi padre para decirme lo que puedo y no puedo usar.
Lisa tenía puesto sus botas rojas de caña alta. Ella usaba esas botas bastante seguido porque eran muy cómodas y además le quedaban estupendamente bien. Cualquier ropa que combinara junto a esas botas la hacían lucir una mujer sensual levantando su autoestima cada vez que se las ponía. Esas botas habían sido un regalo de cumpleaños de su tía Susan el año que ella trabajó como modelo antes de entrar a la Academia Robotech. Estaba con otras modelos de la agencia junto a su tía haciendo un desfile en Roma, cuando la Sra. O'Donnell compró para su querida sobrina unas hermosas botas italianas. Cuando se las regaló, Susan le dijo a Lisa que las eligió con el objeto de que las use el día que se reencontrara con su novio. Por esa razón, después de veinte años de recibir ese regalo, Lisa decidió ponerse dicho calzado para salir a cenar con Riber. Finalmente iba a tener una cita con Karl y no dudo ni un segundo en usar las botas para la ocasión.
–Tenias puestas esas botas el día que aceptaste ser mi novia. De ninguna manera vas a usarlas para otro hombre –le dijo Jack Archer en tono posesivo.
Lisa se asombró por el comentario de Jack. Nunca pensó que Archer recordara lo que tenía puesto el día que se pusieron de novios. Pero parece que Jack había recordado muy bien el momento.
Efectivamente ese dia ella tenía puestas sus botas de la suerte, junto a un corto vestido drapeado ajustado al cuerpo de color negro. Había querido usar algo especial para el momento que le dijera al piloto de cabello azabache que tanto la había perseguido durante todos esos años, que finalmente ella estaba dispuesta a sucumbir a sus encantos. Lisa quería que ese día fuera inolvidable para ambos, y por eso había decidido vestirse bastante provocativa para sorprender de manera efectiva al líder del escuadrón Wolf.
–Lo siento mucho Jack, pero voy a usar estas botas, estés o no de acuerdo.
–¿Por qué vas a salir con él? No merece ni un poco de tu tiempo.
–Es un viejo amigo y quiero ponerme al día con su vida y él con la mía.
–Si fueras a cenar con Sterling no creo que irías vestida así. Riber no es un viejo "amigo". Vas a darle otra oportunidad, y ya te advierto que va a volver a lastimarte. Va a romper tu corazón –dijo algo enojado.
–Ya no soy la joven ingenua de hace 20 años. Y si rompe o no mi corazón, no es de tu incumbencia –le respondió bastante molesta.
–Preferiria que vuelvas con Hunter en lugar de estar con ese idiota –dijo sin tapujos.
–Entre Rick y yo nada va a pasar –dijo con tristeza–. No hay posibilidad alguna –agregó resignada.
Después del encuentro en la peluquería esa tarde, ella confirmó que el antiguo líder del escuadrón Skull estaba fuera de su alcance. Entre Lisa Hayes y Rick Hunter solo podría haber una buena amistad, y nada más.
–¿Entonces como uno de tus viejos amantes no está disponible, intentas con el otro? –recriminó Jack Archer algo dolido–. No salgas con él –suplicó suavemente. Se acercó más a ella y la miró con intensidad, derritiendo sus barreras con su mirada profunda–. Hagamos algo juntos– dijo acercándose aún más a ella mientras apoyaba ambas manos sobre los hombros descubiertos de la mujer, deslizándolas con suavidad mientras acariciaba sus brazos para terminar entrelazando sus manos con las de Lisa. Luego la tomó de la cintura, y acercándose aún más, le susurró en el oído–. Dame la oportunidad de demostrarte que yo puedo ser mejor que cualquiera –imploró mientras le daba pequeños besos en su cuello descubierto–. Este tiempo que estuvimos separados me sirvió para reflexionar sobre las cosas que tanto te molestaban. Soy un mejor hombre ahora, y lo sabes –luego acercó tanto sus labios a los de ella que prácticamente se estaban rozando. Finalmente, con voz ronca remató–. Te deseo tanto.
Lisa respiraba aceleradamente, al ritmo de su corazón palpitante. La proximidad, los besos, y el aliento de Archer en su boca le habían bajado todas las defensas. Estaba a punto de besarlo, sucumbiendo a su pedido. Jack era realmente un padre excelente y al vivir en casas separadas, toda la tensión entre ellos había disminuido, calmando las aguas entre ellos. Habían comenzado a relacionarse como antes, con cariño y respeto. Incluso cuando salieron en una cita hace poco, se dio cuenta que la pasión entre ellos estaba intacta. Pero a pesar de que su cuerpo estaba a punto de sucumbir, su mente por alguna extraña razón, aún ponía trabas. La alarma que había seteado en su reloj para salir a horario y así no llegar tarde a su cita comenzó a sonar, y toda la magia entre Jack y ella se rompió en ese instante.
–Debo irme, Jack –dijo con suavidad, despegándose de su abrazo.
–No lo hagas, no vayas –le susurró.
–Lo siento. Es momento de soltar. De comenzar algo nuevo. Tienes que dejarme ir –le dijo Lisa, apoyando su mano sobre el pecho del piloto, justo sobre su corazón. Luego lo acarició suavemente y se despidió dándose la vuelta, lista para partir–. Adiós Jack –cuando estaba por abrir la puerta, agregó–. Los libros de Geografía están en el segundo estante en la biblioteca del dormitorio de las chicas. Nos veremos mañana en la reunión de coordinación. Buenas noches.
Al cerrarse la puerta, Archer entró al cuarto de sus hijas buscando los famosos libros para la tarea escolar. «¿Para qué estudiar Geografía si estamos en el medio del espacio?» pensó rechinando con frustración.
No iba a resignarse tan fácilmente. Una vez que les alcanzara a la casa de Vanessa lo que las niñas necesitaban, iría a ese restaurante francés para evitar a toda costa que Riber se salga con la suya.
Cuando ingresó al SDF-3, preguntó por toda la nave donde quedaba el mejor restaurante francés, pero para su sorpresa, había más de uno, asique se la pasó recorriendo las calles de esa pequeña ciudad creada dentro de la nave, hasta encontrar con el lugar correcto al ver a Lisa y Riber sentados sobre el gran ventanal, en un ambiente bastante romántico, ambientado con velas y con música suave de fondo. Cegado por los celos quería ingresar para hacer una escena, pero los guardias de la entrada no lo dejaron ingresar sin reserva. Indignado decidió esperar a que terminaran de cenar, para poder interceptarlos a la salida.
Pero a medida que pasaba la noche tuvo que ver como espectador la forma en que Lisa se reía de las cosas que Karl le decía, y cómo se trataban mutuamente. No pudo soportarlo más, y decidió esperar en el bar que se encontraba frente al restaurante. Se sentía derrotado por el peor de sus adversarios. Luego de tantos años de esperar a Lisa y finalmente lograr hacerla su mujer, ahora estaba viendo con sus propios ojos como esa exquisita mujer se le escapaba entre los dedos.
La melancolía lo invadió, y viendo algunos militares todavía con uniforme de piloto sentados en una mesa conversando de manera sonriente, Jack recordó a su viejo amigo Roy Focker. Archer no era propenso a beber, pero en este momento de soledad necesitaba a alguien que lo contuviera, y por eso se pidió el trago preferido de su gran amigo: un whisky en las rocas.
Cada tanto miraba de reojo por la puerta para ver si Lisa y Riber seguían cenando. Para hacer más tolerable la espera, se pidió otro trago, y luego otro, y al final otro más. Fue entonces cuando se dio cuenta que Rick Hunter había ingresado al bar. Al principio intentó ignorarlo. No necesitaba otro adversario más, refregándole en la cara lo estúpido que se sentia al ser el "ex" de Lisa Hayes. Pero el curtido piloto se sentó a su lado con respeto. Quizás había sido el espíritu de Focker quien mandó a su pequeño hermanito para ayudarlo. Entonces Jack bajó la guardia y se abrió de manera sincera a quien también fuera un ex-pretendiente de Lisa Hayes…
…Jack Archer abrió levemente sus ojos aún sintiendo un terrible dolor de cabeza. No estaba acostumbrado a las resacas y al mareo a raíz de todo el alcohol que había tomado la noche anterior. Cuando finalmente abrió bien los ojos, se dió cuenta que no estaba en su habitación. Lo último que recordaba era estar tomando un trago junto a Rick Hunter. «¿Habrá sido él quien me trajo hasta aquí?», se cuestionó Archer.
Un agradable aroma a huevos revueltos y panceta ahumada ingresó al dormitorio donde se encontraba Jack. Era su desayuno preferido, y a pesar de que ahora no podía comer esos suntuosos alimentos a diario como en su juventud, era imposible negarse a semejante manjar matutino. Tomó todas las energías que le quedaban y decidió levantarse a pesar de seguir sintiéndose pésimo. Después de todo, había que enfrentar un nuevo día.
