Jack se levantó con dificultad ya que le dolía cada músculo de su cuerpo. Entre su baja tolerancia al whisky, y toda la tensión que había experimentado el día anterior cuando vió a Lisa Hayes junto a Karl Riber, parecía que un grupo de cinco matones le hubiera dado una enorme paliza al piloto del escuadrón Wolf.

Cuando salió del dormitorio, sus ojos se focalizaron en una mesa redonda que tenía el origen de ese maravilloso aroma que lo había despertado: huevos revueltos bien cocidos y panceta crocante, tal cual a él le gustaba. Escuchó ruidos provenientes de la cocina, y decidió sentarse a la mesa para esperar y agradecer a la persona que le había preparado semejante manjar. Con sus ojos cerrados inundó sus pulmones con una respiración profunda, y el deleite de ese aroma matutino le dibujo una sonrisa placentera en el rostro del piloto. En ese preciso momento oyó que alguien lo saludaba.

–Buenos días, Jack.

Archer abrió sus ojos sorprendido al reconocer la voz de la mujer que le había hablado. Dicha mujer se encontraba frente a él con una enorme sonrisa y unos brillantes ojos verdes. Tenía puesto una sensual bata de seda blanca y llevaba suelto su largo y pelirrojo cabello ondulado. En sus manos sostenía una bandeja con dos humeantes tazas de café.

Gamma Uno, ¿cierto? –le preguntó el astuto piloto. Ella le sonrió al instante con picardía–. ¡Lo sabía! Sabía que eras . Aun con interferencia de radio sería imposible no reconocer esa voz. Tu voz. Antes, ahora y siempre.

Ella apoyó la bandeja en la mesa y se sentó frente a él, alcanzándole una de las tazas.

–Aquí tienes. Cafe negro con dos de azúcar.

–Café, huevos, panceta; parece que no olvidaste ningún detalle –dijo feliz. Mirándola directamente a los ojos, agregó–. Gracias, Helena.

–De nada, Jack –respondió mientras se sonrojaba un poco.

–¿Así que te uniste al SDF-3? Pensé que lo tuyo era defender la Tierra en lugar de explorar el espacio. ¿Qué pasó? –preguntó mientras saboreaba sus huevos revueltos.

–Gloval me ofreció el puesto de Segunda Oficial, y acepté.

–Mmh…–mientras saboreaba el desayuno, y a punto de comer su segundo bocado, se quedó petrificado mirando detrás del hombro de Helena Chase. Con su dedo indice estiro el brazo apuntando hacia un portarretratos que se encontraba sobre la cómoda–. ¿Te casaste con Hunter? –susurro con incredulidad. Su tono de voz lleno de desilusión provocó en Helena un golpe de frío que le recorrió todo el cuerpo.

–Si…

–¿Cómo pudiste? –la interrumpe–. ¿Por qué? ¿Por qué él y no yo? –preguntó desahuciado.

–Jack yo…

–Te das cuenta que él es un piloto –dijo con furia aun señalando la fotografía–. Y no cualquier piloto. Es el hijo de Mitchell Hunter, el mejor piloto que vi en mi vida. Incluso mejor que Sterling.

–Jack, él…

–Y además –rió con sarcasmo nuevamente apuntando al portaretratos donde se veí a Helena y a Rick el dia de su boda abrazados y mirándose a los ojos a punto de besarse–, él no fantaseaba con algun dia poder tener una relacion con tu querida amiga de la Academia como yo. El realmente llegó a ser el maldito novio de Lisa Hayes, e incluso estuvieron "comprometidos", para casarse. ¿Y aún así decidiste ser su esposa? –preguntó rechinando sus dientes–. Todas tus trabas eran meras excusas para no estar conmigo, pero en realidad poco te importó cuando se trató de Hunter –dijo con el corazón herido–, ¿cierto?

–¡No! Dejarte ir fue el peor de mis errores –le reveló, intentando retener sus lágrimas–. No quise volver a repetir la misma equivocación dos veces.

–¿Así que Hunter tiene la suerte de ser tu esposo gracias a mí? –preguntó con escepticismo

–En cierta forma, sí. Cuando conocí a Rick, él había dejado de volar hace tiempo. Después me enteré que era piloto, y que había sido líder del escuadrón Skull. Y con respecto a Lisa –suspiró–, me di cuenta que había sido una gran inseguridad de mi parte no creer que tus intenciones para conmigo eran reales. Sabía de tu obsesión por Lisa, y pensé que yo solo era uno de tus tantos pasatiempos–se sinceró Helena–. Cuando finalmente Rick y yo comenzamos a salir como pareja, Lisa y tú estaban juntos a muchos parsec de distancia de la Tierra. Tenía el extraño presentimiento de que solo sería cuestión de tiempo para que finalmente Lisa sucumbiera ante ti. Y no me equivoqué. Rick me contó que tú y ella tienen dos bellas hijas –agregó. Archer no pudo evitar sonreír cuando Helena le mencionó a sus dos grandes tesoros–. Para finalmente responder a tu pregunta quería aclararte que cuando conocí a Rick Hunter decidí dejar mi perjuicio de lado y darme una oportunidad de ser feliz.

–Y, ¿eres feliz?

Helena se quedó pensando un rato antes de responder.

–Rick es un buen esposo. Tenemos nuestros buenos momentos y también algunos malos, pero en términos generales estamos bien.

–No te pregunte si Hunter era bueno contigo, te pregunte si eras feliz.

–Sí, soy feliz a su lado.

Jack sintió una daga incrustarse en su corazón. La segunda en menos de 24 horas. Primero Lisa le dijo que ella quería comenzar algo nuevo con alguien más, y ahora Helena, la mujer que amo en la Tierra y por la cual decidió alejarse porque ella constantemente lo rechazaba, se había casado con otro piloto. Rick Hunter había conseguido que las dos mujeres más importantes en la vida de Archer se enamoraran perdidamente de él e incluso estuvieran dispuestas a casarse. Maldito Hunter.

Jack en el pasado había sentido con cierta molestia un poco de culpa por pensar que le llevaba ventaja al pobre hermanito de Roy cuando finalmente formó una familia junto a Lisa Hayes. Sobre todo porque había sido el propio Hunter quien lo había propuesto para el cargo que ocupaba a bordo del SDF-2. Cuando lo llamó para proponerle ser su reemplazo, Hunter le había pedido encarecidamente a Archer que protegiera a la Almirante Hayes por él. Jack no solo había cumplido con su promesa, sino que también habia aprovechado la oportunidad que las vueltas de la vida le habían dado para proteger a la Almirante, y cuidar de la Mujer. Pero ahora que se acababa de enterar que Rick Hunter era nada más y nada menos que el esposo de su Helena, no podía creer como su pequeño clon era un endemoniado con suerte, y todo este tiempo en lugar de llevarle la ventaja, en realidad estaban empatados.

–¿Y qué pasó con tu anillo? He visto a Hunter usar su alianza. ¿Y la tuya?

Helena mirando a su mano izquierda sonrió. Como siempre Jack seguía siendo un gran observador.

–Hace 4 años tuvimos una importante crisis matrimonial. Me saqué la alianza y luego cuando quise volver a usarla no la encontré más.

–¿Tú la perdiste pero Hunter sí encontró la suya?

–Rick nunca dejó de usar su anillo –sonrió nerviosa–. Nunca se lo sacó. Es demasiado testarudo para dejarse vencer por una crisis de pareja. No estaba dispuesto a perderme.

«Bien por él», pensó Jack. «Por lo menos sabe apreciar lo que vale la pena».

–Ayer me encontré con Lisa –dijo Helena, tratando de desviar la conversación que estaba demasiado centrada en Rick.

–¿En serio? ¿Y de qué hablaron? –preguntó Archer. Jack quería saber si Lisa le había comentado algo a Helena con respecto a sus intenciones con Riber.

«¿De qué crees que hablamos? De Rick y de ti, por supuesto», pensó Helena. –De cuestiones relacionadas con el funcionamiento de naves tan gigantescas como estas; y también de tus dos hermosas hijas –mintió.

–Entonces ya debes saber que Lisa y yo nos divorciamos hace 2 años.

–Lamento que tu relación con ella haya terminado en una separación –dijo con sinceridad–. Quizás puedan reconciliarse.

–No lo sé. Lo dudo. Aunque ganas no me faltan –reconoció el piloto.

Ambos continuaron desayunando en silencio. Luego, cuando Jack terminó de comer todo lo que Helena le había preparado, la ayudó a levantar la mesa y llevar todo a la cocina. Pasando por al lado de una bibilioteca, Jack de dio cuenta que sobre un estante se encontraba un casco gris y negro, bastante gastado, con el símbolo del escuadron Skull incrustado en uno de sus costados. Entonces lo tomó en sus manos para observarlo mejor.

–¿Este casco…?

–Era el casco de Roy Focker –le interrumpió Helena, adivinando la pregunta de Jack–. Rick lo tiene como uno de sus más grandes tesoros.

–Hm. ¡Diablos! Como extraño a ese maldito bastardo –dijo con voz entrecortada.

Helena se acercó a Jack para apoyar su mano sobre el hombro del piloto a modo de consuelo. Sabía cuán importante había sido para Archer su amistad con Focker.

–Me hubiera gustado tener algún recuerdo de él. Pero la Lluvia de la Muerte destruyó todo.

–Creo que Rick conserva algunas fotos viejas de Roy en buen estado. Si quieres le puedo decir que te de alguna copia.

–Gracias –dijo Jack agradecido.

Ambos se miraron a los ojos para luego abrazarse a modo de despedida. Cuando los brazos de Jack envolvieron el delicado cuerpo de Helena, el piloto comenzó a darle suaves caricias con su dedo sobre su espalda. Se quedaron en esa posición disfrutando el momento por un rato. Estaban como hipnotizados por el cosquilleo que le generaba a ambos las caricias de Jack. El aroma embriagador que emanaba sus cuerpos a raíz del roce que sintieron cuando profundizaron el abrazo era como un hechizo difícil de romper. Con mucha dificultad, ambos tomaron distancia y al salir, Jack le volvió a agradecer a Helena el delicioso desayuno.

–Cuídate mucho, Helena.

–Tú también. Me preocupé bastante anoche cuando Rick te trajo demasiado ebrio y semi inconsciente.

–Fue solo un desliz –dijo intentando disculpar su deplorable estado–. Prometo no volver a hacerlo.

–Eso espero. No me gustaría que nada malo te pasara. Te quiero mucho Archer.

–Yo también te quiero, Helena –dijo a corazón abierto. Luego se dio la vuelta y se retiró para comenzar un nuevo día.

Lisa Hayes se desperezó al despertarse. Se dió cuenta que se encontraba sin ropa, envuelta en una sábana, con un hombre desnudo a su lado durmiendo boca abajo, en una habitación que no era la suya. Recuperándose de su ensueño, enseguida recordó dónde estaba y con quién se encontraba.

Después de 20 años, tanto ella como Karl se había dado la oportunidad de pasar una noche juntos. Lisa había soñado innumerables veces en su juventud con ese momento. La joven Hayes fantaseaba a diario reencontrarse con Karl en Marte. Se esforzaba el triple que cualquier otro oficial que acudía a la Academia Robotech, con el objetivo de lograr aplicar para obtener un puesto en ese lejano planeta para finalmente reencontrarse con él. Durante la cena en el restaurante francés, conversaron recordando bellos momentos de su relación, y a medida que avanzaba la noche el deseo de estar juntos se fue incrementando. Cuando finalmente terminaron de cenar y salieron a pasear tomados de la mano como dos novios por el parque del SDF-3, Riber la besó. Un sinfín de restringidas sensaciones reflotaron en Lisa mientras él la besaba. Ella había escondido sus sentimientos para sobrellevar el dolor que le causó creer que Karl había muerto en el ataque a la Base Sara. Estaba claro que la pasión que estaba renaciendo entre ellos esa noche, los llevaría a ambos mucho más allá que solamente probar un apasionado beso.

Karl le propuso ir a su departamento, y al atravesar la puerta la creciente ansiedad que había escalado durante la cena explotó de manera desenfrenada. Fue una noche alocada, dedicada solamente a sentir placer. El cuerpo de Lisa ardía como una adolescente, y su corazón estaba latiendo a mil por hora. Por fin el hombre que la había obsesionado durante tantos años, ahora la tenía a ella en sus brazos. Su cuerpo disfrutaba de los tiernos besos y las suaves caricias en su cuello mientras que Riber le susurraba palabras de amor. Karl continuó tocándola en todas las partes sensibles de su cuerpo, y finalmente ella sucumbió ante él.

Mientras hacían el amor, Lisa no podía evitar gemir cada vez más fuerte mientras su antiguo novio la embestía sin piedad. Por fin habían consumado el acto que ambos tanto habían fantaseado durante todos estos años. En el momento de alcanzar el orgasmo algo había explotado dentro de ella que la hizo temblar de placer. Cuando Karl llegó a su clímax, con voz agitada y algo ronca le confesó que aún la amaba. Que siempre había deseado estar así con ella. Que se había dado por vencido de que algún día podría tenerla nuevamente entre sus brazos, pero que las vueltas de la vida permitieron que finalmente estuvieran de nuevo juntos, amándose con locura.

Luego de semejante confesión, los dos quedaron exhaustos, desnudos, abrazados entre las sábanas, procesando lo que acababa de pasar entre ellos. Lisa estaba emocionalmente exhausta, por lo tanto en lugar de regresar inmediatamente a su casa al SDF-2, se quedó acurrucada en los brazos de Riber, que parecía envolverla de manera posesiva, evitando que se escapara de su lado. Ella decidió entonces relajarse y dormir un poco.

Cuando despertó, se dio cuenta que había dormido más de la cuenta. Debía irse cuanto antes porque su turno en el puente del SDF-2 estaba por comenzar. Nunca jamás había llegado tarde en sus 12 años al frente de esa nave. Ni siquiera cuando retomó sus actividades al concluir su licencia por maternidad pero aún continuaba amamantando a sus gemelas.

Recogió toda la ropa esparcida por el departamento, y sigilosamente se dirigió al baño para no despertar a Karl y así poder cambiarse tranquila. Cuándo se vio al espejo todo su peinado semirecogido de la noche anterior había desaparecido, y su cabello estaba completamente revuelto, al igual que su confundido corazón.

No se arrepentía de lo que había ocurrido la noche anterior, pero no estaba preparada para la declaración de amor eterno que le habia confesado Karl mientras tenían sexo. Lisa necesitaba sacar de su sistema la curiosidad que le daba descubrir cómo se sentía hacerle el amor a Karl Riber. Admitió que no se había decepcionado. Fue tal como ella lo esperaba, e incluso quizás un poco más allá. Pero había algo que faltaba. En el fondo sentía que había estado con un extraño.

Durante la cena deliberadamente evitaron comentar que ambos se habían desposado con alguien más, a pesar de haber estado comprometidos entre sí para casarse. Karl ni siquiera se animó a preguntarle a Lisa si tenía hijos. Definitivamente necesitaban tener muchas citas más antes de formalizar algo más serio entre ellos.

Lisa Hayes todavía tenía que volver al SDF-2, ponerse el uniforme de Almirante y comenzar su día. Tomó una de las gomitas que había usado la estilista para su peinado y recogió su cabello en una cola de caballo. Cuando salió del baño lista para irse, Karl se encontraba despierto aún desnudo en la cama, cubierto con las sábanas, esperándola con una sonrisa en su rostro.

–Buenos días, princesa. ¿Dormiste bien?

Lisa sonrió ante semejante saludo matutino. Hace tiempo que nadie la llamaba princesa, y eso la hizo sentirse especial.

–La verdad que sí. Quedé rendida –dijo de manera sensual, sentándose en el borde de la cama para darle un beso de buenos días a Karl.

Lentamente ambos se acercaron para darse un tierno beso en los labios. Lisa volvió a sentir el aroma varonil de Karl que tanto la había excitado en el pasado. Por un instante dudo de alejarse de allí, pero el deber llamaba, como siempre, para empezar su ajetreado día.

–¿No vas a quedarte para una segunda ronda? –preguntó Karl Riber mientras sus ojos brillaban al anticipar lo que le estaba proponiendo a la sexy mujer que estaba sentada en su cama.

La noche anterior, mientras Riber intentaba conciliar el sueño, comenzó a masajear con suaves caricias la espalda de la mujer que dormía profundamente a su lado. Fue entonces cuando sé lamentó no haber sido el primer hombre en la vida de Lisa. Hubiera deseado ser él quien le quitara la virginidad a ella, en lugar del molesto y arrogante Archer que tanto la había acosado mientras ellos aún estaban de novios viviendo en diferentes planetas.

El destino no permitió que él fuera el primer hombre en darle un orgasmo a Lisa, pero definitivamente sería el último. Después de haber experimentado lo que se sentía hacer el amor con la sensual Lisa Hayes, juró que no permitiría que ningún otro hombre se acercara a ella. Mucho menos su ex-marido.

Karl aun recordaba la pelea que habian tenido cuando el la llamo una noche desde Marte. Lisa le habia confesado que habia un piloto bastante arrogante que la perseguia dia y noche. Los celos de Riber ardieron de inmediato y no pudo evitar tener su primera pelea entre ellos. Karl sabía de la reputación de casanovas que tenían los pilotos y como entre ellos hacían alarde de cuántas mujeres habían caído rendidas a sus encantos. Seguramente Lizzy siendo hija de un Almirante, y una mujer tan delicada, era un jugoso botín para esos pervertidos.

Lo que más bronca le daba a Karl Riber, es que Jack Archer fue el piloto más osado de todos, al lograr casarse con su Lizzy. Seguramente había aprovechado la vulnerabilidad de ella cuando estaba triste por su supuesta muerte, para atacar como un lobo agazapado atrapando a su presa.

Incluso según escuchó por boca de la Coronel Parino Sterling, que Lizzy tenía al menos una hija con Archer. Pero el hecho de que el insufrible piloto fuera el padre de su niña, aumentaba la determinación de Karl en no darle la ventaja a Archer para que intentara reanudar su relación con ella. Ahora Lizzy volvía a ser suya, como siempre debió ser.

–Suena tentador –dijo Lisa con un dejo de picardía–, pero debo comenzar mi turno en breve.

Esas palabras sonaron a rechazo para Riber. Estaba un tanto desilusionado por terminar tan rápido ese reencuentro.

–¿De qué sirve ser la Almirante si no puedes tomarte algunas libertades? –cuestionó un poco molesto.

–Ser la Almirante trae muchas responsabilidades. ¿Cómo voy a exigirles a mis oficiales librar una batalla contra el enemigo si no soy la primera en demostrar el compromiso que este puesto requiere? –explicó en tono firme.

Karl la miró desconcertado. En menos de un minuto, la dulce y delicada Lizzy se había convertido en la reencarnación de Donald Hayes. Anoche ella se comportó exactamente como él recordaba a su bella prometida. Pero esta mañana al mirarla tan decidida, estaba actuando igual al hombre que Karl tanto había temido en sus años de juventud.

Su decisión de alejarse de la Tierra había sido en gran parte porque se negaba a convertirse en un soldado como pretendía Donald Hayes para ser alguien "digno" de estar junto a su preciada hija. Él era un pacifista y un científico, y muy a su pesar, por presiones de su padre, el Coronel Riber, Karl había entrado a la nómina de científicos de la RDF donde Hayes era el Comandante Supremo de todas las fuerzas militares del Gobierno de la Tierra Unida. Para estar libre del constante escrutinio de su futuro suegro, decidió alejarse a Marte, donde funcionaba un destacamento bastante independiente de los mandatos de la RDF, aunque seguían dependiendo de la misma, pero de forma no vinculante.

Gracias al entrenamiento que contaba por haberse enfrentado estoicamente a las rabietas del Almirante Hayes por no ser el novio "perfecto", al momento de tener a los gigantes zentraedi frente a frente, Riber no les había tenido tanto miedo como al cascarrabias del padre de su novia. De hecho, nunca sintió temor frente a sus captores. Por eso se convirtió rápidamente en líder referente dentro de los sobrevivientes de la base Sara.

Ya en la sala de conferencias dentro del SFD-3, cuando vió a Lizzy por primera vez, distinguió un dejo de autoridad en su discurso, aunque su intervención en dicha reunión había sido algo corta. Supuso que eso era parte de la forma que debía un Almirante dirigirse a sus subalternos.

Lo que realmente le molestó fue que Lisa Hayes usara el mismo modismo imitando a su padre cuando estaban solos en la intimidad. Ese gesto de su antigua novia había desconcertado completamente al científico. Para Lisa no fue algo extraño, ya que siempre había adoptado esta actitud defensiva con sus otras parejas cuando le cuestionaban cómo o cuándo debía cumplir su deber como oficial superior. Ella se había dirigido con tono marcial hacia Hunter cuando estuvo en pareja con él y también lo había hecho de la misma forma hacia Arhcer cuando estuvo casada con el líder del escuadrón Wolf. Por eso para la Almirante Lisa Hayes era lo más normal del mundo dirigirse de la misma forma ahora hacia Karl Riber.

–Lamento no ser parte de tus oficiales que van a entregar su vida por una ilusión –dijo con sarcasmo el científico.

–Defender la vida de todos a bordo no es una ilusión, es una obligación –se defendió algo molesta por el prejuicio de Karl. Claramente él no había cambiado su posición con respecto a lo que correspondía ser un militar y ella ahora era la jefa de todos los militares a bordo. Sumando al SDF-2 más el SDF-3, Lisa tenía que velar por 140.000 almas. No podía tomarse a la ligera su puesto de Almirante, y Karl debería tarde o temprano entender eso.

Intentando desviar el tema para descomprimir el enojo creciente en Lisa, Karl intentó reformular su pedido.

–Entonces quizás podríamos vernos esta noche. ¿Te parece juntarnos nuevamente a las ocho en la manga?

–Karl, esta noche…, no puedo –dijo algo apenada. Lisa no quería empeorar aún más la conversación entre ellos.

–¿Por qué, no quieres estar conmigo? –dijo con ojos tristes.

Lisa suspiró. Karl la estaba poniendo en un lugar incómodo por la forma abrupta que estaba planteando sus demandas y exigencias.

–Anoche mis hijas estuvieron a cargo del padre, pero hoy ellas se quedan conmigo en casa.

–Entonces puedo ir yo a pasar la noche a tu casa.

«¿Qué?¿Está loco?», pensó Lisa. «¿Acaso no se da cuenta que presentarle a mis hijas es un paso enorme en una relación? ¿No se da cuenta que además de ser una mujer son una madre? Ni siquiera me anime a contarles a las chicas que estaba saliendo con John, y sé cuanto ellas adoran a su entrenador. Mucho menos voy a presentarles de golpe a alguien que definitivamente Jack se va a encargar en defenestrar frente a ellas». –No creo que sea una buena idea –le replicó enseguida–. Creo que debemos conocernos un poco más.

–¿Conocernos? –dijo algo dolido–. Lizzy, me conoces desde los quince años. ¿Cuanto más necesitas conocerme?

–Karl, han pasado veinte años –intentó razonar con él–. Hemos vivido demasiadas cosas que han afectado nuestras vidas.

–Yo sigo siendo el mismo Karl de siempre –dijo de forma obstinada–. Y anoche se que la Lizzy de la cual me enamoré aún está dentro de ti, a pesar de…

–¿A pesar de qué? –lo interrumpió algo a la defensiva.

–A pesar de que tuviste hijos con otro hombre y de que eres la máxima autoridad aquí.

–¿Te molesta que sea la máxima autoridad militar de la flota?

–Reconozco que estoy bastante sorprendido como una mujer tan joven pueda ocupar el mismo puesto que su padre tardó tanto en conseguir –dijo entredientes, «..y también me molesta…» pensó, aunque no se animó a decirlo en voz alta.

–Karl, mis hijas son lo más importante en mi vida. Y si quieres formar parte de ella tendrás que darme más tiempo para adaptarme a esta nueva situación y poder luego trasladarles a ella mi situación sentimental. Aún están esperanzadas que vuelva a reconciliarme con su padre, así que no ven con buenos ojos que yo salga con alguien más. Tendrás que darme tiempo si estás dispuesto a seguir conmigo.

–¿Veinte años no fue suficiente tiempo? Si no te hubiera dado algo de "tiempo" cuando estaba en la Tierra, quizás nuestra relación hubiera avanzado mucho más rápido y nos hubiéramos casado mucho antes sin necesidad de irme a Marte –dijo con resentimiento.

–La decisión de irte a Marte fue idea exclusivamente tuya. No tenía nada que ver con la evolución de nuestra relación. De hecho fue un gran obstáculo autoimpuesto por tu propia voluntad, Karl.

–Lo que pasó anoche fue especial, Lizzy –dijo suspirando con voz suave–. Quiero que se repita todas las noches de mi vida. ¿Acaso no es lo que tú también deseas?

Lisa largo un largo suspiro. Ella también deseaba darse la oportunidad tan postergada junto a Karl Riber. Pero él debía entender que ella no era la niña que soñaba con casarse y dedicarse a la música, al igual que su madre. Ahora era una mujer, que al igual que su padre, era una oficial militar que ostentaba el rango más alto de toda la flota. Y no solo eso, ella había formado una familia junto a otro hombre donde ambos estaban compartiendo una paternidad compartida a pesar de estar viviendo separados, y eso era algo irrenunciable en su vida.

Si él quería regresar con ella, debía aceptar sus condiciones. O sino, a pesar de haber vislumbrado un posible futuro juntos cuando salieron a cenar anoche, ese futuro no podría prosperar si Karl seguía negando que la situación de ambos había cambiado.

–Debo irme. Pasado mañana seguramente podremos volver a cenar juntos y seguir conversando.

Salió apurada del departamento de Karl. No quería llegar tarde a su turno por continuar discutiendo sin sentido. Comenzó a caminar a paso acelerado para salir de allí pero se había desorientado y no encontraba el camino correcto hacia la manga que unía el SDF-3 con el SDF-2.

–¿Está perdida Almirante y no encuentra la salida correcta de mi nave a la suya? –escucho a Hunter dirigirle en tono burlón desde atrás.

«Diablos, ¿cómo me reconoció?» protestaba Lisa en su interior. «Sobre llovido, mojado. ¡Perfecto!»

Realmente estaba perdida y de verdad necesitaba que alguien le indicara el camino correcto. Al darse la vuelta se encontró con una enorme sonrisa en el rostro de Hunter. Rick vestía ropa deportiva. Estaba todo transpirado luego de su habitual corrida matinal por lo que la musculosa que llevaba puesta estaba pegada al cuerpo resaltando todos sus tonificados músculos.

«Uf, realmente Vanessa tenía razón. Hunter es como un buen vino. Está mejor que antes.» –Buenos días, Vicelamirante –Lisa sonrió de manera forzada–. Tiene razón, estoy perdida. ¿Sería tan amable de indicarme la salida, por favor?