…Lisa se encontraba sentada en la peluquería con todo su cabello envuelto en papel aluminio con los ojos cerrados. Al abrirlos, vio una mujer pelirroja parada frente a ella. Era su vieja amiga de la Academia Militar, y su aspecto era exactamente igual a como Lisa la recordaba, a pesar de que hace casi dieciocho años que no se veían. Cuando Lisa se inscribió en la Academia Militar para iniciar su entrenamiento para poder aplicar a la Base Sara en Marte, su primera compañera de cuarto fue Helena Chase. Ambas mujeres congeniaron de inmediato y se hicieron grandes amigas y confidentes.

Cuando concluyeron su formación inicial y ambas aplicaron para ingresar a la Academia Robotech, Lisa se retrasó casi un año por la negativa del Almirante Hayes a dejarla ingresar en el programa que daba entrenamiento específico para viajes espaciales. Por esta razón, Helena continuó su formación quedando en un nivel más avanzado que Lisa y sus caminos se separaron. Chase fue asignada a Base Alaska para luego ser transferida a Base 6, en cambio Hayes terminó su entrenamiento en Base Wyoming uniéndose en la etapa final del proyecto Valkiria y luego fue transferida a la Isla Macross para formar parte de la tripulación del recientemente terminado SDF-1. Pero a pesar de estar separadas por haber sido asignadas a diferentes destinos, siempre siguieron en contacto. Para fin de año ambas se saludaban con tarjetas de buenos augurios para el año entrante, e intercambiaban mediante cartas manuscritas un resumen de lo que les había ocurrido a cada una durante el año.

Este intercambio de correspondencia entre las amigas continuó hasta que el SDF-1 "desapareciera" cuando ocurrió la primera invasión Zentraedi al planeta Tierra. Cuando finalmente la nave regresó para quedarse, la Lluvia de la Muerte había hecho estragos en todo el planeta, y las dos oficiales solamente se volvieron a escribir una sola vez durante el periodo de Reconstrucción previo a que Lisa Hayes finalmente dejara la Tierra a bordo del SDF-2.

–No puedo creer haberte encontrado justo aquí, en la peluquería. Creía que sería más probable cruzarnos en alguna reunión pautada para el Alto Mando entre ambas naves.

–Es que la peluquería donde siempre voy en el SDF-2 estaba cerrada –dijo Lisa con una suave sonrisa–. Fue Miriya quien me recomendó venir aquí, así que por eso vine hasta aquí–explicó.

–Mejor así. Estoy feliz de verte. Es increíble…, ¡estas igual! –dijo Helena con ímpetu. Lisa al escuchar la aseveración de su amiga hizo una leve muesca al no estar del todo convencida con la apreciación de su vieja compañera de la Academia– ¿Norma, cuanto le falta a mi amiga para terminar con esta tintura? –preguntó Helena a la estilista.

–Falta poco para que el producto haga efecto, Sra. Hunter. Con el lavado y peinado que voy a realizar después, calculo unos 20 minutos máximo.

–Genial. ¿Tienes tiempo de tomar un café después de eso, Lisa?

Helena estaba tan entusiasmada que le fue casi imposible a Lisa negarse.

–Sí, tengo algo de tiempo.

–Perfecto. Te espero en Dolce Gusto, la cafetería que se encuentra enfrente. Nos vemos.

Exactamente 20 minutos después, Lisa estaba saliendo de la peluquería con su nuevo peinado para su cita de esa noche. Se dirigió a la cafetería, y encontró a Helena Chase tomando un café con torta.

–¿Quieres tomar café, Lisa? Yo me voy a pedir otro.

Lisa asintió con la cabeza mientras tomaba asiento frente a ella. Su amiga parecía feliz de haberla encontrado. Helena era una mujer muy efusiva pero muy introspectiva a la vez. Era una combinación exacta de la burbujeante Kim Young con la analítica Vanessa Leeds.

–¿A qué se debe ese hermoso peinado que te hizo Norma? ¿Vas a hacer algo especial esta noche?

–A decir verdad, sí –dijo Lisa con una sonrisa –, voy a cenar con Karl.

–Vaya –dijo con algo de picardía la pelirroja–, parece que el científico no pierde su tiempo. ¿Vas a darle una segunda oportunidad a Riber?

–Aún no estoy segura. Quizás…–dijo algo insegura– ¿Tratas con él?

–Estoy a cargo de la supervisión de algunos de los proyectos del departamento científico de la nave, asique cuando fue rescatado y se incorporó a la nómina del SDF-3, comencé a interactuar con él y con su esposa en varios proyectos. Además cuando me enteré que los humanos rescatados de la nave enemiga eran antiguos residentes de la Base Sara en Marte y vi su nombre en la lista, quería conocer a tu "famoso" Karl.

Lisa sonrió por el tono sarcástico de su amiga. Cuando compartían habitación en la Academia, por las noches cuando estaban aburridas, Helena le preguntaba a Lisa qué cosas le gustaría hacer cuando se reencontrará con su novio, o que haría con él si en lugar de estar recluido en Marte, estuviera en la Tierra. Era obvio que Chase recordaba todas esas conversaciones entre ambas y por eso era entendible que tuviera curiosidad por finalmente conocer a Karl Riber.

–¿Qué pasó con su esposa?

–Supe que formalizaron legalmente su relación al poco tiempo que abordaron la nave. Ella era científica también como Riber, y muy inteligente por cierto. Junto con su esposo eran los que lideraban todo el equipo de científicos que sobrevivieron al ataque en Marte. Durante sus años de cautiveron hicieron muchas investigaciones, algunas de las cuales fueron muy importantes. Supongo que sabes bien que los Zentraedi no tenían un grupo que se dedicara al mantenimiento de sus equipos, y mucho menos un departamento de innovación. Con la anuencia de sus captores, los humanos que estaban prisioneros, convencieron a los alienígenas de proponer mejoras si los dejaban montar un laboratorio. Creo que gracias a eso, todos los sobrevivientes tuvieron una tarea productiva en que ocupar su mente y darle algún propósito a su día a día. Cuando fueron rescatados, sus trabajos quedaron en la nave enemiga, pero ella junto a Riber pudieron recrear a bordo del SDF-3 casi la totalidad de las hipótesis de sus investigaciones.

»Pero luego de algunos meses de ser rescatados, la salud de la Dra. Diana Caruso empeoró abruptamente. Ella ya estaba muy deteriorada por tantos años de cautiverio cuando abordó el SDF-3. De hecho fue la única mujer que sobrevivió tantos años. En un inicio, cuando fueron capturados en Marte, el grupo estaba conformado por 20 hombres y 7 mujeres, pero por falta de medicina y una alimentación insuficiente varios fallecieron –dijo apenada tomando un sorbo de su café. Luego intentando cambiar de tema, volvió a mirar a Lisa con su burbujeante sonrisa–. Me dijo Rick que tienes dos hermosas hijas. Volvió completamente agotado a casa el día que cuido a una de ellas. Me confesó que con una Mini Lisas, ya se le había complicado bastante. Si hubiera tenido que cuidar a las dos juntas, habría vuelto con varias heridas de guerra del SDF-2.

–Ja, ja. La verdad que son adorables, pero también son bastante bravas. Sarah no tiene pelos en la lengua; es terrible. De todas formas ella estaba muy contenta con el Tio Rick, porque logró sacar un nueve en la prueba de matemáticas.

–Es tan buen tío –suspiró–, adora a los niños. Hubiera sido un gran padre –agregó con algo de melancolía.

–¿Por qué no tuvieron hijos? –preguntó Lisa intrigada. Ella sabía que a su amiga también le gustaban muchos los niños y siempre pensó que Helena quería ser madre algún día.

–No puedo concebir –explicó con la voz entrecortada. Luego trago otro sorbo de café y suspiró–. En realidad no es que no pueda concebir, es que hace ya varios años estoy tomando una medicación y uno de los efectos colaterales es que inhibe la concepción.

–¿Porque estás tomando medicación? –se preocupó Lisa–. ¿Qué es lo que tienes?

–Uf…–resopló agobiada–. El día de la Lluvia de la Muerte, mi cuerpo absorbió algún componente extraño producto de la radiación. Muchos de mis compañeros que sobrevivieron conmigo ese día, también lo tienen. Y ya varios…, varios…–se le formó un nudo en la garganta que no la dejaba continuar. Luego de una pausa y con los ojos llorosos agregó–, fallecieron.

Lisa enseguida le tendió la mano a su amiga para reconfortarla. Luego de un largo silencio, Helena continuó. –La enfermedad no se me manifestó enseguida. En realidad funciona casi como un virus que se va reproduciendo dentro de mi cuerpo lentamente. Los científicos encontraron un componente en el alimento que consumían los zentraedi que inhibe la reproducción de las células dañadas por esa radiación específica. Aparentemente dicho alimento funcionaba como un antídoto, ya que los soldados zentraedi estaban expuestos a esa radiación en muchas de sus batallas. Ese componente peligroso por suerte no está presente en todas las armas que ellos usan. Solamente en unas pocas, y justo las que dispararon cerca de la Base donde yo estaba de guardia ese día, fueron las que contenían ese componente radiactivo.

–¿La reproducción de las células dañadas está controlada por ese remedio que estás tomando?

–Si y no –contestó de inmediato mientras algunas lágrimas empezaron a formarse en los ojos verdes de Helena Chase. Lisa acercó la silla a su lado y la abrazó con ternura, reconfortando a su amiga.

–¿Qué pasa? –preguntó la Almirante con preocupación.

–Ya no me está haciendo el mismo efecto que antes –dijo mientras se sonaba la nariz y secaba sus ojos–. Es como si dicho fármaco hubiera saturado su efectividad. Los biólogos del departamento científico ya no saben cómo mejorar su eficacia. Desde el día que llegamos al SDF-3, Rick se estuvo reuniendo con el Dr. Lang para consultarle a él y a su equipo si habían experimentado con fármacos que incluían antiguos componentes de alimentos zentraedi para paliar enfermedades asociadas a la radiación. Lang tiene mucha más trayectoria en desarrollar cuestiones sanitarias humano-zentraedi desde la época del SDF-1. Me dijo Rick que Lang ya ha tenido algunos avances con respecto a este tema, pero todo aún está en etapa experimental.

–Estoy segura de que Emile Lang va a hacer todo lo posible por encontrar una solución. La voluntad de ese hombre por encontrar una respuesta científica hasta para lo más inverosímil es inmensa. No se queda de brazos cruzados ante ningún desafío. Si no puede encontrar una solución, busca otra alternativa, pero siempre da una respuesta. Nos pasó en el SDF-1, cuando "desapareció" el equipo de transposición que nos permitía hacer los saltos por el hiperespacio y eso nos inhabilitó a disparar el caño principal. No pudo recrear en su momento otro equipo, pero se las ingenió para lograr disparar el cañón principal mediante la transformación de la nave, y agregó la barrera de alfiler como protección del casco. Yo confío mucho en su criterio. Algo se le va a ocurrir.

–Eso espero –dijo Helena secándose las lágrimas con el pañuelo descartable que le alcanzó Lisa. Hay veces que un simple gesto vale más que mil palabras. La Almirante Hayes le sostuvo la mano a la Coronel Chase en silencio, brindándole todo su apoyo.

–Vaya, vaya. Que tenemos aquí… –dijo con sorna una voz estridente que provenía desde la entrada de la cafetería. Ambas militares se tensaron de inmediato. Las dos mujeres reconocieron de quien se trataba. Lisa contuvo la respiración, y Helena apretó sus labios con sus dientes para contener su furia y evitar algún indeseado exabrupto–..., la novia rechazada consolando a la esposa desvalida.

«¿Rechazada?...¡Tu abuelita!…», pensaba Lisa enfurecida. «Te embarazaste a propósito para quedarte con Rick. ¡Caradura! Pero el truco te jugó una mala pasada.»

«Tranquila Helena…», trataba de calmar sus nervios la pelirroja respirando profundamente. «Esta zorra solo te quiere hacer enojar. No le des el gusto.»

Lisa Hayes alzó la mirada desafiando a su eterna rival de antaño. Minmei tenía puesto un provocativo vestido corto de color rojo con un escote demasiado pronunciado y totalmente señido al cuerpo. En los pies usaba unos taco aguja tambien de color rojo, y sobre su cabeza tenia colocado un enorme sombrero de ala ancha que coronaba su larga y morocha cabellera ondulada. Aunque se ocultaba tras unos anteojos negros, todo el atuendo era demasiado llamativo y algo vulgar como para intentar pasar desapercibida. Por un segundo a Lisa le dio lástima ver a una mujer que había tenido el mundo a sus pies tratando de llamar tanto la atención con la ropa que llevaba puesta.

–Hola Minmei. Tanto tiempo sin vernos –le dijo Lisa rechinando los dientes con una sonrisa impostada.

–Mi querida Lisa, no te dejes engañar tan fácilmente por Helena. No creas que ella ha cuidado tan bien de Rick como tú lo esperabas. ¿Recuerdas que me habías pedido que cuidara bien de él por ti? –dijo Minmei intentando provocarla con viejas heridas–. No se porque mi Ricky aun sigue empecinado en seguir con ella –dijo señalando a Helena– cuando está claro que la única que pudo darle los bebés que él tanto deseaba fui yo.

Como aún Lisa Hayes y Helena Chase seguían sosteniéndose de la mano, Helena sin darse cuenta canalizó toda su frustración apretar con fuerza su puño al punto de casi lastimar la mano de su amiga. Lisa entendió por este comentario mal intencionado de Minmei, que de alguna manera la cantante se había enterado del problema médico de Helena, y usaba todos los recursos que tenía para herirla y humillarla.

–No creas que eres la única que puede darle bebés a Hunter –le escupió Lisa en la cara con ganas de acogotar a Miss Macross.

–¿Qué estás insinuando?

–Lo que oíste, ahora vete –la desafío Hayes con la firmeza de una almirante.

–Ah, ahora vas a decirme que le vas a quitar el marido a ésta en su cara– ironizó la cantante.

–Ese sería mi problema, no el tuyo –le respondió Helena–. Ya oíste a Lisa, vete.

–¿Ahora vas a aceptar un trío con ella? –seguía provocando Minmei a Helena–. Porque cuando yo te lo propuse, te negaste.

Helena Chase estaba a punto de pararse para tirarle de los pelos a la señorita Macross, pero Lisa la sostuvo con fuerza para evitar una escena. Ya había divisado por el gran ventanal del café a unos paparazzis que rondaban por la calle seguramente siguiendo a la cantante. No valía la pena que Helena manchara su reputación por un momento de calentura provocado adrede por Miss Macross para hacerla quedar mal ante la opinión pública.

Como ambas oficiales se quedaron quietas en silencio con mirada desafiante, a Minmei no le quedó otra que retirarse sin lograr la foto que quería. La cantante se había enterado que Helena había ido a la peluquería alrededor de esta hora, y como era la costumbre de la Segunda Oficial del SDF-3, siempre terminaba tomando un café enfrente. Cuando Minmei llegó y vio a Lisa Hayes, primero se sorprendió al verla abrazada con la esposa de Rick, pero luego decidió que podría matar dos pájaros de un tiro. Sería perfecto dejar a ambas en ridículo. Los fotógrafos podrían sacar más provecho de esta situación para publicar algún escándalo, y si involucraba a una almirante, la noticia sería más jugosa. Pero a pesar de todas las cosas hirientes que les dijo a ambas mujeres, no logró posicionarse en el lugar de víctima que ella deseaba.

Su intención era lograr publicar en algún medio periodístico una nota escandalosa para luego quejarse con Rick Hunter, y con esa excusa intentar verlo y llorar como una desvalida para que él la consolara. Derrotada, se retiró del lugar, seguida por el séquito de paparazzis que la perseguía, haciendo puchero como una niñita caprichosa de 4 años que no logró obtener lo que quería.

Cuando volvieron a quedarse solas, Lisa se dio cuenta que Helena estaba respirando con dificultad.

–¿Te encuentras bien?

–¡No! La odio, la odio, la odio.

–Es mutuo. Ciertamente ella también te odia.

–¡Es una perra!

–Lo sé.

–No tienes idea de las cosas horribles que Rick tuvo que soportar por su culpa. Que aún tiene que soportar por su culpa. Es imperdonable.

–¿Qué fue lo que le hizo? –preguntó Lisa con cautela.

–No solo rompió su corazón…, también se aseguró de romper su alma.