–Es cierto –dijo Lisa sonriendo un poco–. Recuerdo ese día. Fue cuando conocimos a Roy Focker en las prácticas de vuelo.

–Recién se estaba formado de manera incipiente lo que sería el primer escuadrón Skull. Todos esos pilotos entraron con aire de superioridad a querer demostrarnos lo bueno que eran. Lo que más me indignó fue cuando comenzaron a hacer chistes sobre la capacidad técnica de los VT y como iban a necesitar cada vez menos depender de las "controladora aérea" molestandoles el trasero –rió Helena en voz alta.

–Si. Que ilusos. Al final la guerra espacial sólo probó que los pilotos nos necesitan cada vez más.

Ambas rieron juntas. Ellas se enfrentaron en su momento a un grupo de diez jóvenes pilotos, llenos de testosterona, que intentaban derribar con su arrogancia a esas dos hermosas, e inexpertas novatas. Lo que no sabían los integrantes del primer escuadrón Skull, es que esas dos novatas podrían ser mucho más testarudas que todos ellos juntos.

–Y Roy…, era el peor del grupo. Nos insistió por días para que nos uniéramos por las tardes a tomar algo con ellos al bar. Ese antro que se encontraba justo a la salida de la base donde se juntaba a tocar música. Era tan arrogante que hizo el intento de conquistarnos a las dos juntas –resopló Helena con un dejo de fastidio.

–Estaba en su peor momento. Todavía seguía muy herido por el constante rechazo de Claudia Grant. Lo único que lograba era empeorar aún más la situación con nuestra querida amiga al constantemente seguir con la fachada de Casanova y Don Juan.

–Lo mejor de todo fue cuando se enteró que eras hija de tu padre. Ja, ja, ja. La cara que puso fué impagable –sonrió con picardía la pelirroja.

–Pobre Roy. Estaba muy preocupado que Mitchel Hunter lo terminara estrangulando por intentar levantarse a la hija de su amigo, el Almirante. Me hizo jurar, y perjurar, que no se lo contaría a nadie. Creo que ni siquiera se lo conté a Claudia. Ahí fue la primera vez que le pedí prestado el Skull Uno a cambio de mi silencio. Quería saber cómo se sentía volar esa máquina.

–Después de eso se concentró exclusivamente en mí. Para ti era más fácil decirle que no, y rechazarlo una y otra vez, porque estabas completamente enamorada de tu querido científico exiliado en Marte. Pero si yo no hubiera hecho ese juramento contigo ese día de no caer en la tentación de terminar a los besos con un engreído piloto, creo que hubiera sucumbido rápidamente a sus encantos. Por suerte pude desviar su atención hacia ti nuevamente para que me dejara en paz. Cuando le conté que sabias tocar la guitarra, el piano y la batería comenzó a acosarte nuevamente con insistencia para que tocaras en esa banda que habían formado…

–...Los Calavera…– dijo Lisa con añoranza.

–Esa misma.

–Cuando me reencontré con Focker en el SDF-1, logró convencerme de que me uniera a ellos –confesó Lisa algo avergonzada.

–¿Enserio?

–Si, ja, ja. No se como acepté –se sonrojó la Almirante Hayes–. Mi condición fue que tocaría con ellos pero solo para ayudarlos durante los ensayos –sonrió Lisa recordando aquellas épocas–. En su defensa debo decir que Claudia logró domarlo completamente. Parecía otro Roy al que conocimos. El Comandante Focker con el cual me reencontré tiempo después en Macross, era completamente otro hombre. Más maduro.

–Son todos iguales: engreídos, arrogantes y pollerudos.

–Eres mala, Helena –dijo Lisa intentando ocultar su sonrisa.

–Pero tengo razón –se impuso la pelirroja–. Incluso Jack, con su autosuficiencia y su pose de hombre duro que nada le afectaba, es solo una faceta para mostrar a los demás pilotos su hombría. Durante el día encaraba a cualquier mujeres de Base 6 con la intención de tener una aventura de una noche y ya, pero por las madrugadas, cada tanto me llamaba en secreto para insistirme que le diera la oportunidad de demostrarme que podía dejar de salir con varias mujeres a la vez y convertirse en un novio fiel.

–¿Y porque no se la diste?

–¿Qué cosa?

–La oportunidad de demostrarte que podía comprometerse y dejar de ser un mujeriego.

–Tenía terror a no poder tener el temple necesario durante la batalla para dirigirlo directamente hacia el enemigo. El día que unos Malcontentos lo hirieron y tuvo que estar internado en el Hospital Militar casi un mes, creí que me moría. Desde ese día decidí cortar por lo sano y no volver a darle ninguna otra oportunidad o esperanza de nada. Me era difícil disociar al hombre del piloto. Cada vez que el escuadrón Wolf tenía que enfrentarse a los Malcontentos, yo temblaba.

Lisa sabía perfectamente a qué se refería Helena. Ella misma se había sentido así cuando derribó el VT de Rick con "fuego amigo" en medio del Océano Pacífico. Las dos continuaron tomando su café para digerir el trago amargo de lo que implicaba ser una controladora aérea que dirige a los pilotos directamente a la boca hambrienta de los enemigos.

–No sé cómo podías hacerlo –dijo Helena con voz muy seria.

–¿Qué cosa? –preguntó Lisa intrigada.

–Guiar a Rick en la batalla. Y luego también a Jack.

–No fue fácil, pero al final del día siempre la oficial militar que habita en mí terminaba por imponerse –dijo de manera solemne. «No por nada los pilotos me dieron el apodo de La Reina del Hielo», pensó Lisa–. Creo que me ayudó mucho también contar con los genes de mi padre.

–Por eso eres la Almirante de toda la flota estelar –dijo Helena con una sonrisa condescendiente hacia su vieja amiga.

–Supongo…

–Mi primera verdadera crisis con Rick fue cuando quiso rememorar sus días de gloria como piloto de combate cuando en lugar de regresar al SDF-3, se adentro sin dudarlo dentro de la nave enemiga. Justo la que tenía de rehenes a tu querido Riber y compañía. Al inicio de la misión no había buena señal de radio y durante un largo periodo de tiempo tuvimos en el puente la incertidumbre de si estaba o no con vida. El muy inconsciente, a pesar de la mala comunicación, se fue completamente solo a investigar dentro de esa nave. Después cuando uno grupo de nuestros pilotos que llegó más tarde al lugar y logró derribar los sistemas del enemigo que interferían con nuestra frecuencia de comunicación, comencé a escuchar todos los disparos que Rickl estaba esquivando y no se si era peor el silencio absoluto previo o la rafaga de disparos en el altoparlante.

»Mi corazón dejó de latir varias veces ese día. Me sentí completamente traicionada por él. Rick podría haber muerto dejándome viuda y a cargo del SDF-3. Cuando se lo recriminé, tuvo el tupé de decirme que él tenía confianza plena en mis habilidades para convertirme en una excelente líder, y que además nunca estaría sola ya que él estaba seguro que siempre podría contar con el apoyo invaluable de Max que me ayudaría en todo lo que yo necesitara para alivianar la carga de lo que implica ser la máxima autoridad a bordo del SDF-3. Le dije que si volvía a intentar convertirse en un piloto temerario de nuevo, que no contara conmigo como su esposa. Puedo lidiar con la dificultad de estar casada con el Almirante de la nave y tener que tragarme mi orgullo cuando él decide hacer algunas cosas de manera completamente diferente a lo que yo tenía pensado, pero encima de eso tener que estar con el corazón en la boca porque él está jugando a ser líder de escuadrón, es una combinación demasiado grande para lo que mi paciencia puede soportar. Ahí mismo me dijo que él era, fué y será siempre un piloto antes que nada. Fue tan fuerte nuestra discusión, que después de eso tuve mi primera recaída de salud.

Lisa escuchaba a Helena y pensaba internamente en la relación que ella tenía con Jack. Cuántas veces Archer le recriminó que le diera más libertad de acción. Cuando discutían como Almirante y Jefe del Mando Aéreo, ella defendía los intereses de la nave en su conjunto, y él en cambio se concentraba en defender los intereses de los pilotos. Indefectiblemente muchas veces terminaban chocando y llevando todos esos problemas a su casa y a su cama.

–Con Jack nunca fue un problema dirigirlo en combate –confesó Lisa a Helena–. El verdadero problema era resolver cuestiones que iban en contra de sus deseos. Una vez me hizo una rabieta como un niño pequeño y llegó a recriminarme que seguramente con Hunter no me hubiera puesto tan inflexible. En el fondo, de alguna manera me di cuenta que tenía algo de razón. En el pasado cuando discutía con Rick por cuestiones de trabajo, siempre en última instancia ambos sabíamos que estaba el Almirante Gloval a quién podíamos acudir si no lográbamos ponernos de acuerdo en algo. Nunca fue necesario llegar a esa instancia, pero ambos sabíamos que estaba esa posibilidad. En cambio aquí, a bordo del SDF-2, en medio del espacio, las decisiones en última instancia siempre recaen sobre mí. Aun las que no decido yo de manera directa, también recaen en mí por permitirlas. Ese fue realmente el gran problema entre Jack y yo.

Helena se dio cuenta el tono de frustración y tristeza que tenía su amiga cuando relataba sus problemas con sus ex-marido. Debió ser algo doloroso para Lisa decidir divorciarse de Jack. Incluso para Helena mismo, a pesar de que innumerables veces quisiera matar a Rick y mandarlo al diablo, después al final siempre termina arrepintiéndose. Es muy duro terminar con un matrimonio. Y si encima tienen hijos como es el caso de Lisa y Jack, aún peor.

–Bueno, se me hace tarde –dijo la pelirroja chequeando el reloj en su muñeca–. A pesar de estar con licencia por enfermedad, mi querido Almirante Hunter me asignó algunas horas de guardia para mantener mi mente ocupada en otras cosas que no sean mis dolores y mis ñañ í que debo irme. Y tú, tienes que terminar de arreglarte para esa cita con Riber.

–Si. Estoy algo nerviosa. La verdad no se que esperar.

–Solo relájate, y como diría Claudia: "disfruta el momento".

Lisa sonrió pensando en ese consejo tan característico de su mejor amiga. Había días que realmente la extrañaba demasiado.

Ambas se despidieron, y cada una emprendió su rumbo. Helena hacia el puente del SDF-3 y Lisa Hayes hacia su casa a bordo del SDF-2 para terminar arreglarse para su salida con Karl. Mientras caminaba de regreso, la Almirante Hayes sacó su teléfono móvil para hacer una llamada.

–Buenas tardes, Teniente. Podría por favor comunicarme con el Dr. Lang. Gracias… Hola Emile, quería hablar contigo para reasignar prioridades. ¿Recuerdas que te dije hace un mes que le dediques todos tus recursos y tu tiempo a recortar el ciclo entre un disparo y el próximo de los nuevos VT en desmedro de los proyectos biológicos? Bueno, te pido que si bien no lo dejes de lado, ahora le des prioridad uno a los desarrollos químico-biológico humano-zentraedi. Debes poner tu foco en lo que te solicitó el Vicealmirante Hunter… Exacto… Si necesitas colaboración con los médicos del Hospital Militar, no dudes en trabajar en conjunto con ellos…Y una cosa más, no quiero que le apliques nada a la Coronel Chase sin que haya sido testeado al menos tres veces, ¿de acuerdo?... Perfecto. Mañana estaré por el laboratorio para que me expliques cuánto han avanzado con respecto a este tema, y cuales son las posibilidades de desarrollar una o varias soluciones, y si es posible mitigar los efectos adversos de la antigua medicación. Nos vemos. Hasta mañana.

Lisa haría todo lo que estuviera a su alcance para ayudar a su querida y vieja amiga de la Academia…