El General T.R. Edwards no podía dejar de sonreír al ver que la suerte lo acompañaba. Acababa de ver un corto video que había grabado de las cámaras que filmaban el pasillo frente a la sala de reuniones donde se realizaron las desgrabaciones de las misiones más importantes que habían sucedido en el SDF-3 durante estos años, para exponerlas a los distintos referentes más importantes del SDF-2. Lástima que él no había podido ser de la partida ya que estaba "ocupado" visitando las inmediaciones militares construidas en el planeta Ares.

Primero tuvo la dicha que una de las mocosas Hayes-Archer se enfermara, manteniendo a sus dos padres concentrando toda su atención a sus querida pequeña. Eso además ocasionó que la molesta Coronel Leeds estuviera demasiado ocupada tratando de atajar penales ajenos. Lástima que esa insufrible militar estuviera transitando un embarazo ejemplar sin necesidad de reposo o de trabajar menos horas. Si eso llegara a ocurrir, le serían de gran utilidad a Edwards para lograr neutralizarla aún más.

Al ver en el video como Hayes y Hunter se insultaban a la salida de un baño, caminando en direcciones opuestas, totalmente molestos el uno con el otro era algo que llenaba de regocijo al resentido general. Desgraciadamente ese baño no contaba con cámaras ni micrófonos. Hubiera sido muy jugoso escuchar como los viejos amantes se recriminaban mutuamente sus trapitos sucios.

En un principio cuando se enteró de la inminente llegada del SDF-3, estaba algo temeroso que el tiempo haya curado las heridas de la Almirante Hayes y eso arruinara sus planes, pero al parecer, según lo que pudo ver en ese video, los viejos problemas entre ambos almirantes estaban intactos. De todos modos no podía confiarse demasiado. Tampoco podía retrasar lo que había planeado por mucho tiempo, ya que en cualquier momento, la enemistad entre Hunter y Hayes podría cambiar de un momento a otro, y todos sus planes se irían al demonio. Ya se estaba complicando más de la cuenta al tener al SDF-3 con Hunter y Sterling respirándole en la nuca, pero la pieza más importante del tablero era sin duda Lisa Hayes. Cuando hiciera jaque mate, los demás de seguro quedarían demasiado aturdidos para reaccionar a tiempo.

Por eso tenía que apurarse en terminar de concertar el cabo suelto que podía significar Hunter antes que llegara su nombramiento como Vicealmirante. El muy estúpido piloto de circo seguía teniendo su talon de Aquiles en esa despampanante cantante. Según vió en los reportes que consiguió de un topo que hizo rastrillaje en el SDF-3, Rick Hunter había tenido muchos problemas con su esposa a lo largo de los años por culpa de los paparazzis que sistemáticamente publicaban fotografías comprometedoras. Tenía que convencer al representante de Lynn Minmei de hacer un pequeño trabajo sucio para dejar a Hunter fuera de combate. Era muy probable que tuviera que ceder de manera discrecional parte del porcentaje de ganancia de la canción We Will Win que la cantante donó a la RDF a favor del codicioso representante para tenerlo de su lado.

Edwards no pudo evitar pensar en lo que implicaba esa canción para la humanidad, y como se usó como arma letal para ganarle a los Zentraedi después de haber soportado la humillación de recibir sobre el planeta Tierra la Lluvia de la Muerte. Mientras se acomodaba la placa metálica que llevaba sobre su rostro, la cual escondía la gigantesca cicatriz que conserva en su rostro como consecuencia de las heridas que sufrió durante el ataque masivo de los alienígenas mientras él estaba en Base Alaska, su resentimiento y odio hacia Hunter y Hayes se encendía como una llama imposible de extinguir.

Mientras Edwards estuvo dos días consolando a su querida novia, que moría lentamente desangrada soportando una terrible agonía, a solo unos pocos metros de donde ellos se encontraba, estaba la entonces Comandante Lisa Hayes en su puesto de Base Alaska. La muy afortunada hija del almirante, fue rescatada por el entonces Teniente Rick Hunter, líder del escuadrón Skull, saliendo completamente ilesa de Alaska en brazos del piloto.

La novia de Edwards ocupaba la misma silla que Hayes en la sección 47 de Base Alaska, pero en el turno diurno. Si el ataque hubiera ocurrido una hora antes, su novia hubiera sobrevivido, y Lisa sería la que hubiera muerto ese día en Alaska. Por fin había llegado el momento de rectificar las cosas. Hayes tenía que sufrir aún más de lo que sufrió el amor de su vida quien terminó muriendo en sus brazos hace ya 15 años atrás.

Anatole Leonard le había enviado un mensaje encriptado desde la Tierra, avisando que finalmente había conseguido el voto de Maistroff que le permitían postularse definitivamente como Vicealmirante. El muy desgraciado de Maistroff se había pasado años quejándose de Gloval, y ahora que prontamente le tocaría ocupar su silla, estaba mucho más condescendiente y reticente a contradecir a su jefe que antes. Lograr que votara a favor de un candidato que no contaba con el visto bueno de Gloval, había sido más difícil de lo que parecía en un inicio.

Pero todo estaba saliendo demasiado bien. Prontamente se desharía de Hayes y neutralizaría a Hunter. Definitivamente, el poder estaría al fin en sus manos para hacer las cosas que la Almirante Hayes constantemente le boicoteaba.

Rick Hunter se dirigió con paso cansado hacia su casa. Hace dos días que prácticamente no dormía bien, porque estuvo en alerta máxima junto a los ingenieros de la nave, reparando un problema menor en uno de los 16 motores que tenía el SDF-3. Dichos motores trabajaban de forma alternada justamente para permitir reparar al desperfecto en los que no estaban encendidos. Pero el motor Nro.7 seguia recalentando aún cuando las fallas que aparentemente tenía se habían reparado. Luego de mucha prueba y error lograron descubrir que había una pequeña cadena atascada en el engranaje la cual estaba perjudicando el buen funcionamiento del mismo. Ahora lo que tenía que descubrir era si ese "inconveniente" había sido intencional o accidental. A primera hora se reuniría con el Mayor Stewart para encarar una discreta investigación. Hunter tenía la leve sospecha que alguien deliberadamente intentó sabotear la nave, y eso lo tenía demasiado preocupado.

Al llegar a su casa se encontró con Helena sentada a oscuras en medio del living con una cara inexpresiva en su rostro. Sostenía en sus manos una revista que publicaba los chismes jugosos de las celebridades a bordo del SDF-3, y en la tapa, como muchas otras veces, figuraba una foto de Minmei junto a Rick. Cuando Hunter vio la imagen que estaba publicada suspiró frustrado.

–No se cansan de imprimir basura. Esa foto es vieja. Siempre publican una donde parece que me está besando.

–Lo se. Lo recuerdo bien porque yo estuve allí a unos pocos metros de distancia mirando como te saludabas con Minmei mientras esos molestos fotógrafos sacaron esa foto –dijo Helena con voz cansada.

Rick se acercó a ella y se sentó a su lado quitándole la revista que estaba sosteniendo para darle suaves caricias en la palma de su mano.

–¿Qué pasa? –le preguntó con suavidad.

–Estoy cansada.

–¿Tuviste algún dolor nuevo? –preguntó preocupado.

–No es eso. Es…–y señalando la revista, agregó–, es esto.

–Son puras mentiras y lo sabes –le respondió Rick con firmeza.

Helena tenía los ojos llorosos. Estaba angustiada y ya no podía ocultarlo más. La semana anterior había sido el aniversario del nacimiento de los hijos de Rick, y como todos los años, Minmei lo llamó llorando con un ataque de pánico, haciéndolo sentir culpable de que él no entendía su dolor de madre. Como siempre, Rick fue a verla para intentar calmarla. El problema se agravó porque Rick se retiró enseguida, disculpándose con Minmei explicándole que su esposa estaba dolorida y no podía quedar a cuidarla como otros años porque debía estar en casa junto a Helena que necesitaba de su ayuda. Por supuesto Minmei estalló con una furia descontrolada, y al final la cantante estaba mucho más desestabilizada luego que Rick se retirara a cuando él había llegado.

Luego de ese día que Rick dejó a Minmei llorando en su casa, la cantante había estado distribuyendo fotografías viejas donde siempre el ángulo que captó el ojo del lente de la cámara ponían a Rick y a la actriz muy abrazados a punto de besarse. También había dejado horribles mensajes de voz en el teléfono móvil de Helena casi a diario, diciéndole que todas las cosas publicadas eran ciertas y que Rick pronto la dejaría.

Todo este melodrama creado por Minmei, había terminado de afectar los ánimos ya bastante bajos de Helena Chase.

–Hay días en que me pregunto si alguna vez me amaste –dijo susurrando con la voz entrecortada–. Lo puedo ver en tus ojos. Aún estás enamorado de ella.

–¿De qué hablas? ¿Qué dices? Sabes muy bien que por Minmei solo siento afecto, casi como una hermana desvalida. Solo la acompaño cuando realmente la veo que está a punto de desbarrancar, y ni siquiera me quedo lo suficiente. Apenas la ayudo a que se establice cuando está demasiado alterada y luego me voy. Nunca estuve enamorado de ella. Fue solo una calentura del momento. Ya te lo he dicho mil veces.

–No estoy hablando del canario, sino de ella.

Sin nombrarla, Rick inmediatamente supo que Helena se estaba refiriendo a Lisa. Un escalofrío corrió por el cuerpo de Hunter. Nunca hubiera querido llegar a este momento, donde su esposa le preguntara sobre su viejo y gran amor.

–Lisa es mi pasado, y tu eres mi presente.

–¿Estás seguro? –le preguntó Helena con sus labios temblorosos–. Yo creo que está mucho más presente que antes.

–No es cierto –le insistió Rick.

–No hemos hecho el amor desde que atracamos junto al SDF-2. Su sola cercanía te alejó completamente de mí… –dijo angustiada para luego agregar en voz baja–, y ni siquiera eres consciente de ello.

Rick la miró sorprendido. Nunca Helena le había hecho una escena de celos por Minmei, ni siquiera cuando salió publicada una foto donde parecía que él le estaba haciendo el amor a la cantante. Minmei en esa ocación se había desmayado, y al estar usando un vestido strapless con sus hombros completamente descubiertos, al momento de recuperar la conciencia al despertar de su desmayo en los brazos de Rick, el fotógrafo tomó la foto y lo único que mostraba la imagen era a una desnuda Minmei en brazos del Almirante mirándose a los ojos con tanta intensidad que parecía que estuvieran teniendo sexo. En ese momento Helena ni siquiera le pidió ni media explicación. Confió plenamente en la fidelidad de su marido. Pero hablar del fantasma de ojos verdes que habitaba en su corazón era algo que no podía explicar de manera racional.

Como negarle a Helena que Lisa realmente estaba interfiriendo entre ellos. No podía inventar una mentira, porque su esposa lo conocía tan bien que se daría cuenta enseguida. Podría refutarle que no hacían el amor porque ella estaba demasiado dolorida, pero la verdad es que él tranquilamente podría acariciarla con dulzura y suavidad sin llegar a algo más íntimo si su cuerpo no se lo permitiera. Pero lo único que estuvo haciendo últimamente fue cuidarla más como una paciente dolorida que como una mujer que necesita de las caricias de su esposo.

Ya había vivido una experiencia bastante traumática con Minmei esa Navidad que le hizo el amor, pensando toda la noche que en realidad deseaba estar con Lisa y no con ella. Habia sido el peor sexo de su vida, y se juró a si mismo nunca volver a cometer el mismo error. No volvería a intimar con una mujer mientras deseara estar con otra. No se lo haría de nuevo a Minmei, y mucho menos a Helena. Él amaba a su esposa, pero en éste momento se sentía demasiado confundido. Una cosa era el amor que sentía por Helena, y otra muy diferente el deseo que ardía en su interior cuando pensaba en Lisa.

Cuando Hayes se le venía a la mente su corazón palpitaba como loco. En un principio pensó que se sentia así por la ansiedad de verla nuevamente despues de tanto años, pero cada vez que la volvia a ver, el deseo reprimido dentro suyo aumentaba exponencialmente, y aumentaba aun mas la confusión que tenía a su corazón.

–No voy a negarte que siempre va a ser una persona muy importante para mí –dijo finalmente–, pero tu eres mi esposa. Elegí casarme contigo. Para bien y para mal.

–¡También ibas a casarte con ella!

–Pero eso no ocurrió. Ella siguió con su vida y yo con la mía. Y sin ti, yo…, yo…, –la voz de Rick comenzó a entrecortarse por los nervios–, no hubiera podido hacer este loco viaje por las estrellas si no hubieras estado a mi lado –mirando a Helena a los ojos, largó un profundo suspiro y continuó–. Somos un equipo. Nos complementamos. Estamos juntos en esto. No me alejes. No repitas lo mismo que hace cuatro años. No de nuevo –le imploró.

Helena comenzó a sollozar. Rick la conocía bien. Estaba aterrada que el tratamiento que le estaba por cambiar Lang no le hiciera efecto. Lo mismo había ocurrido hace cuatro años cuando la droga que consumía finalmente empezó a ser inocua y su enfermedad volvió a atacar su cuerpo sin piedad. Los científicos del SDF-3 tuvieron que trabajar contra reloj para encontrar una droga sustituta que sea igual de efectiva. En todo ese tiempo, el miedo a la muerte nublo por completo el juicio de Helena Chase, y quiso alejarse de su esposo a toda costa. Sus inseguridades la paralizaban y con tal de no hacer sufrir a Rick por verla tan demacrada su reacción fue intentar alejarlo de ella.

Ahora estaba haciendo exactamente lo mismo. Quería empujar a Rick a los brazos de Lisa. Si el tratamiento médico comenzaba a fallar y su muerte finalmente fuera algo inevitable, por lo menos Rick estaría bien acompañado.

–Quiero estar sola. Por favor vete –dijo Helena mientras se secaba las lágrimas.

–De acuerdo –dijo Rick derrotado–, voy a dormir en el cuarto de invitados.

–¡No! Quiero estar realmente sola. ¡Vete!

Rick no quería seguir discutiendo con ella. Sabía que por las noches el dolor aumentaba y había veces incluso que terminaba con náuseas y vómitos. Prefirió no alterarla más y aceptar irse de la casa.

–Mañana voy a estar aquí por la tarde para ir juntos al SDF-2 para reunirnos con el Dr. Lang. Me dijo que mañana mismo le daría inicio a tu tratamiento –dijo Rick dándole la espalda, a punto de salir de la casa–. Descansa.

Cuando Rick cerró la puerta, y Helena se quedó sola, la mujer comenzó a llorar desconsoladamente. No quería que su esposo la viera en ese estado. Necesitaba desahogar sus penas, sus miedos, sus pesadillas con un llanto desgarrador.

Cabizbajo se alejó de allí, hacia el único lugar donde podrían consolar su amargura de ver a Helena rendirse antes de tiempo. Ya era demasiado tarde y seguramente estarían durmiendo, pero de todas formas Hunter tocó el timbre y una mujer de ojos verdes le abrió la puerta y lo miró algo desconcertada.

–¿Qué pasó Hunter? Parece que te paso un tren por encima –le dijo la meltran. Mirándolo con ojos sospechosos, preguntó–. ¿Volvieron a discutir?

–Me echó de casa.

–¿De nuevo? Ambos son tal para cual. Demasiado testarudos para mi gusto. Quieres quedarte a dormir con las chicas. Sabes que Dana y Maia adoran hacer pijamada con el Tío Rick.

–A mi también, pero no quiero que mañana cuando despierten me vean en este estado. Voy a dormir en una barraca. Yo solo quería pedirte si podías hacerle compañía a Helena esta noche. No quiero que hoy, justo antes de iniciar su nuevo tratamiento, esté sola.

–¿Está asustada?

–Demasiado.

–De acuerdo. Preparo una mochila con ropa, le dejo una nota a Max para que la lea mañana cuando despierte, y nos vamos.

–Gracias.

–Ella es mi mejor amiga. Estuvo a mi lado en muchos momentos difíciles de mi vida como meltran micronizada. Me ayudó dia y noche las primeras semanas cuando Maia nació y no sabía cómo lidiar con dos hijas a la vez, también me acompañó cuando Dana estuvo gravemente internada, y ahora con este nuevo bebe, viene a casa a ayudarme cuando siento algunas náuseas o me trae helado para calmar mis antojos. Como voy a dejarla sola.

Rick sonrió levemente. Realmente le encantaba que la mujer de su mejor amigo y su esposa sean tan compañeras. Junto a los dos terremotos que tenían sus queridos amigos como hijas, los seis eran como una gran familia.

–Pasemos primero por la heladería, que se me antojo un helado de frutilla.

–Esta bien. Te compro uno de frutilla para tu bebe, y otro de chocolate que es el preferido de Helena. Vámonos.

Una vez que se aseguró que Miriya ya se encontraba en su casa haciéndole compañía a Helena, comenzó a dirigirse hacia las barracas para pedir un cuarto donde pasar la noche. Al pasar por un kiosco, vió que seguía a la venta las revista que había tenido Helena en sus manos hace un rato con la publicación de las fotos de él junto a Minmay en la portada, y se dió cuenta que sería una mala idea terminar durmiendo fuera de casa luego de esta publicación, dandole mas tela para tejer a los periodistas sensacionalistas.

Se dio la vuelta, y se dirigió al SDF-2. Al menos allí Rick estaba seguro que a pesar de que Minmay era muy famosa, las escandalosas mentiras que se publicaban sobre ellos dos no tendría tanto impacto o interés ya que en esa nave nadie sabía que Hunter era un importante almirante. Si dormía en una barraca y no en su casa, pasaría más desapercibido en la otra nave que en la propia.