Era de madrugada y Hunter no había podido dormir en toda la noche. Estar en una cama que no era la propia, y preocupado por su esposa, lo mantuvo en una vigilia intermitente. Por eso a pesar de que aún era demasiado temprano, decidió levantarse para volver al SDF-3 y así comenzar con su rutina diaria. Sintió que había sido una mala idea decidir dormir en otra nave. Cuando llegó la noche anterior a la puerta de las barracas del SDF-2, el guardia de la entrada lo miró con desconfianza cuando se presentó como Vicealmirante. Estaba vestido de civil y con una pequeña mochila al hombro, así que por su edad y su apariencia no cuadraba con la de un Almirante. Pero al hablar con voz de mando y poner la mirada seria, el guardia por un corto lapso pensó que estaba escuchando a la versión masculina de la Almirante Hayes. Por eso no se puso a discutir con el extraño hombre que tenía enfrente vestido de civil y le dió una barraca de descarte.

Hunter reconoció que a pesar de no tener las comodidades de su casa, la barraca era bastante decente. Incluso un poco más grande de la que tuvo en el SDF-1 cuando era un Teniente. Se colgó su mochila nuevamente al hombro y emprendió el regreso. Todavía era demasiado temprano por lo tanto sería altamente probable que no se cruzara con nadie, especialmente con molestos paparazzis.

–Vaya, vaya, ahora parece que el Vicealmirante está perdido en mi nave –dijo una voz femenina que provenía por detrás de su hombro.

Al darse la vuelta, Rick se encontró con una Lisa Hayes vestida con ropa deportiva mirándolo con ojos desafiantes. Luego de unos segundos Lisa no pudo evitar sonreír por pescar a Rick completamente desorientado como ella estuvo días atrás en la otra nave.

–No estoy perdido. Solo un poco cansado.

–¿A esta hora cansado? –preguntó Lisa asombrada– ¿Qué queda para dentro de un rato cuando comience su turno Almirante?

Rick se encogió de hombros y la miró con un dejo de tristeza. Lisa captó enseguida el estado de ánimo del ex-piloto y de pronto se le ocurrió una idea.

–Vén –le agarró la mano con fuerza, arrastrando a Rick por las calles de la nave.

–¿Me estás secuestrando, Hayes? –dijo Rick sorprendido.

–Deja de protestar piloto y apura tu paso. Voy a llevarte a tomar un rico café y vas a probar el mejor Strudel de toda la nave. Un buen café con algo dulce es el mejor remedio para los pilotos protestones como tú.

–No soy protestón –se defendió–, solo soy un piloto con un poco de espíritu crítico.

–¿Solo un poco?

–Bueno…, quizás un poco bastante –sonrió.

Lisa lo miró complacida. Ya le estaba cambiando el humor lúgubre que vio en Hunter hace apenas unos momentos por el risueño que la hacía reír.

–Aquí llegamos –señaló la Almirante Hayes.

–¿Ese Strudel es tan bueno como el mío?

–Mmm, dejaré que lo decidas por ti mismo, Hunter.

Ingresaron al café que estaba casi vacío por ser demasiado temprano y se sentaron en una mesa bastante alejada de la entrada. La camarera se acercó a la pareja para hacer el pedido, y por supuesto reconoció a la Almirante Hayes. También observó algo intrigada a su acompañante. No había visto nunca en su café a ese hombre tan buen mozo, sino lo hubiera recordado.

–¿Desean ordenar?

–Si –le respondió Lisa–. Queremos dos capuchinos con dos rodajas de Strudel. Por favor tráigalo tibio con una bocha de helado de vainilla al costado.

–Perfecto Almirante. Ya encargo su orden.

Cuando la camarera se alejó, Rick no pudo evitar mirar a Lisa con desconfianza.

–¿Capuchino? –le preguntó intentando mantener una cara seria–. ¿Qué pasó con la firme convicción de que, mmm… a ver si recuerdo bien… mmm: "...el chocolate desvirtua el sabor original del café…"? ¿Hmm?

Lisa se sonrojo como una niña pequeña descubierta por sus padres en una travesura.

–Una puede cambiar de opinión con los años –respondió de forma inocente.

–O si…, claro. Ahora después de tantos años me vas a dar la razón. ¿Desde cuando lo dejaste de tomar negro y sin azucar?

–Desde mi embarazo. Me dio un antojo terrible por el chocolate. No podía tomar ni siquiera un café si no tenía sabor a chocolate. Al final me acostumbre a tomarlo así –dijo con resignación.

–¿Entonces debo agradecer a esos dos demonios que tienes como hijas por ganar una eterna discusión con su madre que se remonta a muchos años atrás?

Rick estaba sonriendo feliz. Era muy raro ganarle una discusión a Lisa. Hayes o gana, o empata. Era contado con los dedos de la mano las veces que Lisa le diera la razón a Rick. Por lo tanto Hunter se estaba regocijado con este pequeño triunfo.

–No vas a ganar ninguna discusión, Hunter. El chocolate desvirtúa el sabor del café.

–Claro…, y por eso tomas capuchino, jaja. La próxima vez que quiera ganar una discusión contigo ya se a quien buscar de aliadas.

–¿Vas a atreverte a poner a mis hijas en mi contra? Ya bastante tuve que aguantar las quejas de que Jack y yo somos pésimos explicando Matemáticas.

La camarera trajo la orden y los dos amigos se pusieron a probar su café caliente. Rick ocultaba su sonrisa triunfal mientras tomaba el capuchino.

–¿Ahora sales a correr? Pensé que lo tuyo era la natación.

–Sigo nadando, pero por problemas de oído no puedo hacerlo a diario como antes. Los años no vienen solos, Rick.

Hunter se rió con el comentario. El también se sentía más cansado que antes. A veces le dolía la espalda después de hacer sus vuelos semanales en el viejo Skull Uno. Pero Lisa, estaba igual de hermosa que como la recordaba.

–Está muy bueno el Strudel, pero el mío es mejor.

–Sabia que dirias eso, piloto –le respondió Lisa sonriente.

Siguieron desayunando en silencio ya que estaban prácticamente solos dentro del café. Lentamente algunos comensales empezaron a llenar el lugar.

–¿Lisa...? –la mira seriamente Rick con la mirada afilada.

–¿Si...? –preguntó intrigada.

–¿Por qué votaste por mí?

Lisa dió un largo suspiro, y antes de contestar, tomó un sorbo de su café.

–Solo vote al mejor candidato que el SDF-3 necesitaba.

–Se que votaste al que considerabas el mejor candidato. Pero, ¿por qué yo? Reinhardt tenía mucha más formación en la Academia Robotech como para dirigir una nave espacial. Yo solo soy un piloto de acrobacias que tiene buena puntería.

–No eres solo un piloto de acrobacias, y lo sabes. Además, para conocimiento técnico está el puesto del Segundo Oficial. Como pasó conmigo y Gloval en el SDF-1. Henry era un hombre de mar que no sabía casi nada de naves espaciales. Yo lo asistía en todas las cuestiones más específicas, pero él era el líder que esa nave necesitaba, y mi elección para nominar al que comandara el SDF-3 fue en ese mismo sentido. Voté por el líder que la expedición requería, y ciertamente Gunther Reinhardt no cubría mis expectativas en ese aspecto.

–Tu voto fue decisivo para que me den el puesto.

–Lo sé –respondió mirándolo a los ojos mientras tomaba otro sorbo de su café–. Lamento haber puesto sobre tus hombros semejante responsabilidad.

–No hay nada que lamentar. Asumí el compromiso por decisión propia. Sabía que no sería fácil –dijo pasando su manos por su revoltoso cabello negro–, pero tuve grandes maestros: Focker, Gloval, y .

Estuvieron mirándose en silencio a los ojos quizás por solo un minuto, pero para ambos pareció una eternidad. Lentamente comenzaron a acercarse, hipnotizados por los ojos del otro. Estaban tan cerca que Lisa podía sentir el aliento de Rick con sabor a chocolate y manzana.

–Le traigo la cuenta, Almirante –dijo la camarera interrumpiendo el momento.

–Gracias –respondió Lisa alejándose un poco de Rick.

–Yo invito –dijo Hunter, colocando unos créditos sobre la mesa.

Ambos se pararon para retirarse. Lisa se percató que todavía era demasiado temprano para comenzar el turno, asi que decidió acompañar a Rick hasta la entrada de la esclusa que conectaba ambas naves.

–Tenemos que dejar de encontrarnos temprano en la madrugada. Si alguien nos estuviera espiando, pensaría que estamos teniendo una aventura –bromeó Rick.

Inmediatamente después de decirlo, Hunter se dió cuenta a quien le había dicho semejante broma. Era el chiste perfecto para alguna de sus amigas del Trío Terrible, e incluso podría bromear de esa manera con Claudia, pero decirle eso a Lisa Hayes era un error garrafal.

«Ups», pensó Rick angustiado. «Me acaba de mirar con la furia de una Comadreja y la frialdad de una Reina del Hielo. Estoy en problemas.» –Emm, en realidad…

–No aclares que oscureces, Hunter –le dijo Lisa enseguida.

Siguieron caminando en silencio unos minutos más hasta llegar a la manga de conexión entre ambas naves.

–Te noto algo cabizbajo, Rick. ¿Por qué estás aquí tan temprano?

–Es Helena. Anoche… discutimos– respondió con un dejo de inseguridad en su voz–. Esta alejandose de mi como ocurrió cuando tuvo su primera recaída. Necesita de toda mi ayuda y se empecina en estar sola –suspiró con preocupación–. Es más obstinada que yo.

–Eso es mucho decir, Hunter.

–Si –respondió resignado–. Le pedí a Miriya que se quedara con ella esta noche y yo decidí dormir en una barraca. Para variar salió publicado otro rumor falso entre Minmei y yo, por eso decidí cambiar de nave y venir a dormir aquí. Pero la verdad es que no pude pegar un ojo.

–¿Se está quejando de las instalaciones de mi nave, piloto?

–No me atrevería, Almirante. Son cómodas –aclaró de forma apresurada–. Soy yo el que no está bien.

–Mmm…– Lisa lo miró con los ojos entrecerrados–, tengo la solución perfecta para tu problema, Hunter –dijo Lisa controlando su reloj–. Todavía tenemos tiempo. ¡Sígueme!

Sosteniéndolo nuevamente de la mano lo arrastró por la nave hacia los hangares.

Cuando llegaron al hangar principal, todo estaba en relativa calma. Todavía no regresaba el escuadrón que patrullaba las inmediaciones del grupo de naves del turno nocturno, y faltaba para que los del turno siguiente llegaran. Lisa seguía arrastrando a Rick de la mano hasta encontrar al Jefe Petrov, mecánico responsable de todos los equipos de mantenimiento de la nave.

–Me imagine que lo encontraría acostado revisando algún motor, Dimitry.

–Que hace tan temprano por mis pagos, Almirante –dijo el viejo mecánico mientras salía de su escondite debajo de una turbina vestido con un mameluco naranja con rastros de grasa y aceite. Al pararse para saludar a la máxima autoridad del SDF-2, se llevó una gran sorpresa. Con una amplia sonrisa se acercó a Rick y lo abrazó de manera fraterna.

–Gusto en verte, Hunter.

–El gusto es mío, Petrov.

El Jefe Dimitry Petrov había comenzado como ayudante de mecánico en el SDF-1 para el escuadrón Bermellon, cuando al flamante Teniente Rick Hunter le fuera asignado justamente comandar dicho escuadrón. Luego durante la Reconstrucción, Petrov formó parte del equipo de mecánicos que controlaba el escuadrón Skull, y más tarde lo ascendieron para comandar los equipos de mecánicos de todos los escuadrones de la base. Cuando surgió el viaje a las estrellas del SDF-2, el viejo mecánico no pudo negarse cuando Lisa Hayes lo convocó para formar parte de la expedición.

–¿Por qué tengo el honor de contar con dos almirantes de incógnito tan temprano en mi hangar?

Lisa Hayes estaba con su conjunto deportivo, y Hunter con unos jeans y remera negra con una pequeña mochila al hombro. Parecían una pareja joven que salía a pasear el fin de semana en vez de ser los oficiales de más alto rango de ambas naves.

–Quiero salir al espacio con nuestro avión. El Almirante Hunter será mi copiloto.

Rick miró a Lisa con incredulidad. «¿Desde cuando Lisa piloteaba aviones?», pensó asombrado.

–El Biplaza está con todos los controles al día y listo para volar, Almirante.

–Bien. ¿Cree tener un traje de piloto del talle del Almirante Hunter?

–Si. En mi oficina, en el gabinete de al lado donde usted guarda su traje y su casco, tengo varios trajes de distintos talles. Seguro que alguno le va a entrar a Hunter. Tambien hay varios cascos genéricos que se pueden usar para cualquier VT. Puede elegir el que más le guste –Lisa asintió con la cabeza y comenzó a dirigirse a la oficina adjunta al hangar. Cuando estaba por alejarse, el jefe Petrov la llamó –Almirante…

–¿Si…?

–Devuélvame el avión en una pieza y con el tanque lleno –le dijo saludándola con la venia militar–. Mire que Hunter es un copiloto peligroso.

Lisa no sabía si estallar furiosa y mandar a su Jefe de Mecánicos al calabozo por insubordinación, o largar una ruidosa carcajada por su desparpajo.

–Me ofendes, Petrov –respondió rápidamente Hunter–. Ahora por castigo voy a traerte el viejo Skull Uno para que revises un leve chillido en el ala izquierda que los mecánicos del SDF-3 no han podido resolver.

El Jefe Dimitry siempre tomaba en cuenta para arreglar o mantener en óptimas condiciones a los VT lo que le decían los buenos pilotos como Rick Hunter, Focker, Sterling o Archer. Petrov sabía que las cualidades de un buen aviador no era solo saber maniobrar en el aire semejantes máquinas, sino tener la habilidad de identificar cada ruido de sus aviones, e indicar con precisión de dónde provenía el problema a resolver. Los verdaderos pilotos de élite tenían un conocimiento de sus máquinas que no todos los pilotos sabían apreciar. Los pilotos promedio dependían más de los mecánicos, en cambio los buenos pilotos como Hunter dependían más de sus propios instintos.

–Con gusto vuelvo a poner mis herramientas en esa belleza de nave –le respondió el mecánico saludando también con una venia militar a Rick.

Lisa entró en una oficina vidriada que daba al hangar principal, y al cerrar la puerta, comenzó a bajar las persianas americanas para proteger a la oficina de cualquier fisgón.

–¿Qué haces Lisa?

–Cierro todas las cortinas para poder cambiarme. Lo hago siempre aquí. No uso los vestuarios de las pilotos. Llego y me voy cuando no hay casi nadie. Camino hacia el avión con el casco puesto, así que es muy difícil que alguien me reconozca. Más o menos cada dos meses, salgo junto a Petrov en un avión Biplaza que usamos solamente él y yo. Cuando salgo a volar siempre me acompaña Dimitri. Todo el contacto de comunicación con el puente lo hace él, así nadie en la nave anda comentando que la Almirante está subida a un VT.

–¿Hace cuanto haces esto?

–Hace bastante –contestó un tanto críptica –Aquí tienes un traje. Creo que este es de tu talla. Si quieres tienes el vestuario de los pilotos al final de pasillo.

–Naaa. Voy a cambiarme aquí también –dijo Rick mientras Lisa lo mira con ojos de fuego y cruzada de brazos–. Espalda con espalda. Prometo no pispear –se apresuró en aclarar–. De todos modos no es algo que no haya visto antes –agregó guiñandole un ojo.

Lisa se sonrojo como un tomate. Quería matarlo y besarlo a la vez. Rick giró dándole la espalda a Lisa y comenzó a quitarse el jean. Rápidamente Lisa también giró y comenzó a hacer lo propio. Luego de quitarse el corpiño ella quiso apoyarlo sobre la mesa para acomodar toda su ropa antes de guardarla en el gabinete. Cuando se dio vuelta para apoyar su ropa, sin querer queriendo su cabeza giró justo en dirección hacia donde estaba parado Rick Hunter quien se estaba quitando su remera negra. Enseguida volvió a mirar hacia otro lado. No quería que Rick la pescara observándolo. Pero su curiosidad por ver si el tatuaje que tenía Hunter era efectivamente el escudo del escuadrón Skull pudo más, y volvió a mirar hacia el cuerpo semidesnudo de Rick.

Efectivamente en esa ancha espalda debajo del hombro derecho estaba la calavera y los dos huesos cruzados, símbolo de los Jolly Roger, escuadrón al que perteneció Mitchel Hunter, el padre de Rick, y que luego se usó como símbolo del escuadrón Skull, cuyo primer líder fue el entrañable piloto Roy Focker, hijo adoptivo de Pops Hunter. Lisa también se dio cuenta que Rick contaba con otro tatuaje debajo del hombro izquierdo, que consistía en dos estrellas y unos números inscripto debajo de las mismas. «¿Quizás las estrellas simbolicen los dos hijos de Rick y los números sean el día que nacieron?», especuló Lisa Hayes para sí.

Estaba por volver a girar para mirar hacia la pared y así poder terminar de colocarse el traje de piloto, cuando vio un tercer tatuaje. Su respiración se paró de repente y su corazón comenzó a latir con fuerza. No estaba segura de lo que vió, porque fue demasiado rápido, pero no se lo iba a preguntar a Rick poniéndose en evidencia que lo estuvo espiando, ¿o si?