Enfundados con traje de piloto y con casco puesto, la Almirante Hayes y el Vicealmirante Hunter se dirigieron hacia el avión Biplaza que Petrov les había asignado. Hunter vió como Hayes se trepó arriba de la cabina como toda una profesional. La forma en que Lisa subió al VT parecía más como lo hacía Miriya Parino Sterling que era una piloto que había hecho eso toda su vida, a como lo haría una controladora aérea que nunca dejaba su consola. «¿Hace cuanto que vuelas, Hayes?», pensó Rick intrigado. «Lo tenías bien escondido.»

Ella se sentó en el asiento delantero y Rick atrás. Acordaron que Hunter sería el que abriera comunicación con el puente, al igual que cuando Lisa salía a volar en el Biplaza junto a Petrov. Para maniobrar la salida del hangar, fue Lisa la que tomó los controles ya que estaba más familiarizada con la disposición interna del SDF-2.

En el puente de dicha nave, durante el turno de la madrugada, todo el movimiento era bastante tranquilo ya que estaban navegando por un cuadrante de la galaxia donde no había ninguna amenaza inminente. Era el turno ideal para que oficiales que recién comenzaban, hagan su práctica real de campo. El Cabo Stevens estaba nervioso porque justo esa madrugada había llegado la Coronel Leeds para suplir al Capitan Mathews quien siempre hacía el turno nocturno en el puente del SDF-2. La Coronel tenía fama de ser muy meticulosa en respetar los procedimientos, y ahora con su embarazo, nadie la quería hacer enojar. Revisó tres veces la lista de pilotos que habían despegado hace ya dos horas y todo estaba de acuerdo al plan del día. Dado que todo estaba tranquilo, la Coronel Leeds salió un momento para prepararse un té. En la consola de Stevens comenzó a titilar una luz de comunicación con un avión del hangar principal que no figuraba dentro del listado y el Cabo se quedó estático sin saber qué hacer.

Vanessa desde el asiento principal de mando vió la luz indicativa de la comunicación entrante y comenzó a ponerse algo impaciente ante la quietud del controlador aéreo.

–Cabo, tiene un piloto en espera. ¿Va a atenderlo?

–Claro, si, disculpe Coronel. Es que no sabía si estaba habilitado para responder a quienes no están asignados a este turno.

–¿Y si fuera una emergencia, Cabo?

–Tiene razón Coronel. Ya me comunico –dijo con nerviosismo abriendo el intercomunicador–. Aquí Omega Cuatro. Identifíquese piloto.

–Aqui Hunter a bordo del Halcón Uno. Permiso para despegar en el hangar principal. Espero que me asigne una plataforma para poder despegar. Cambio.

El Cabo Stevens se quedó estático. Nunca había escuchado de un piloto con nombre Hunter que estuviera asignado al turno vespertino. Por eso inmediatamente ingreso el nombre en el sistema para buscarlo dentro de la nómina del SDF-2. Grande fue su sorpresa cuando no aparecía ningún Hunter en el listado. «¿Será que un civil subió a una nave y la estaba decomisando?», pensó el novato oficial.

Mientras tanto dentro del VT, Rick y Lisa esperaban en silencio a la espera de la respuesta del puente. Ambos almirantes acostumbrados a los ritmos vertiginosos de las batallas se estaban impacientando un poco con la lenta respuesta del puente.

–Rick, ¿estás seguro que te escucho bien? ¿Quizás tu radio está defectuosa?

–No creo que Petrov nos deje salir en una nave que no esté 100% en condiciones.

–Déjame intentarlo con el intercomunicador de mi asiento.

–¿Estás segura?

–Aquí Halcón Uno a la espera de recibir indicaciones para el despegue, Omega Cuatro –dijo Lisa con seriedad–. Si estuviéramos bajo ataque, y nosotros seríamos los refuerzos, habría bajas en más de la mitad de un escuadrón a causa de su retraso –dijo bastante indignada–. ¿Qué está esperando, Cabo?

Al reconocer quien hablaba con esa voz firme y punzante, el Cabo se quedó completamente petrificado. Pero no solamente él, sino todos los oficiales que estaban haciendo guardia en el puente en ese momento se quedaron estáticos. Aparentemente si todos habían escuchado correctamente, la Almirante Hayes estaba arriba de un VT con un piloto desconocido a punto de despegar.

Rick se apiadó del pobre controlador aéreo luego de haber recibido semejante reprimenda de la Comadreja por lo tanto volvió a retomar la comunicación.

Omega Cuatro, estamos próximos a la plataforma siete. Permiso para despegar.

Vanessa que estaba escuchando al igual que el resto de los oficiales el intercambio entre Omega Cuatro y el "piloto desconocido" esperó un poco para ver cómo reaccionaba el cabo Stevens ante dicha eventualidad, pero el pobre se tuvo que enfrentar a dos Almirantes en su primer semana como controlador aéreo. Cuando vio que la situación estaba algo caldeada, la Coronel Leeds se levantó y rápidamente se acercó a la consola tomando control de la comunicación.

–Aquí Omega Uno. Tiene autorización para despegar. Aproxime el Halcón Uno a la plataforma siete –dijo Vanessa. Y con una mirada amenazante, agregó–. Más le vale que traiga de vuelta a la pasajera que tiene en su aeronave en una sola pieza, piloto.¿Está claro?

–Fuerte y claro, Coronel. Cambio y fuera –dijo Rick saludando con una venia mientras le guiñaba un ojo.

Vanessa resopló con fastidio y se dio la vuelta para mirar con ojos de fuego a todos los oficiales del puente que estaban escuchando con atención el intercambio entre la Coronel, la Almirante y el piloto desconocido.

–Si me llego a enterar que alguien está comentando por los pasillos que hay dos almirantes volando un VT Biplaza, van a terminar en el calabozo por un mes. ¿Entendido?

–Sí, Coronel –respondieron todos al unísono.

Dentro del Biplaza fue Lisa la encargada de dirigir la aeronave hacia la plataforma siete a la espera de la señal para el despegue. Rick desde el asiento trasero estaba maravillado mirando como ella se manejaba como pez en el agua. Estaba sonriendo de la admiración y el orgullo que sentía al ver lo desenvuelta que era Lisa a la hora de operar los controles para el despegue. Ahora solo faltaba constatar sus habilidades de maniobra al volar en el espacio.

–Creo que Omega Uno del SDF-2 es más mandona que Delta Uno del SDF-1.

–Hmm. Tuvo una buena maestra.

–Aprendiz de Comadreja.

Ambos largaron una carcajada tan fuerte que se podía escuchar incluso atravesando el hermético cierre vidriado de la cabina.

Luego del despegue, Lisa verificó las coordenadas para dirigir el VT a una zona más apartada de la ruta de los escuadrones. Cuando volaba con Dimitry siempre se alejaban a un sector más tranquilo para hacer prácticas de vuelo sin el escrutinio de ningún piloto.

–Quiero que me muestres tus habilidades, Hayes.

–Sujetate fuerte, Hunter.

En un segundo hizo un giro hacia atrás, y luego al estabilizar el avión, viró las alas hacia las tres en punto. Luego volvió a estabilizarse cambiando de modalidad de Caza a Guardián. En medio del giro volvió a cambiar de modalidad para quedar como Caza al terminar la vuelta. Lo realizó con tanta rapidez y naturalidad que Rick tenía sus ojos abiertos como dos faroles azules totalmente asombrado.

–¿Quién te enseñó la maniobra Focker?

–Pues Roy, ¿quién más?

–¿Enserio? ¿Hace cuanto que vuelas?

–Mmm, en la atmósfera desde mis épocas de cadete en la base Wyoming. Allí Roy me enseñó en un Biplaza como realizar este giro.

–¿Sabes que es una maniobra que hacía mi padre? Roy la perfeccionó agregándole el cambio de modalidad cuando se convirtió en piloto de prueba del proyecto Valkyrie. ¿Y en el espacio? ¿Comenzaste a volar junto a Petrov aquí en el SDF-2?

–No. En mis épocas del SDF-1 –dijo Lisa con una sonrisa mirando a Rick a través del espejo retrovisor–. Volaba el Skull Uno. Comencé cuando un piloto boca floja me desafío a probar lo desprotegidos que podían sentirse los pilotos al volar en el espacio.

Con casco y todo, Lisa podía observar como las mejillas de Rick se enrojecieron de la vergüenza por el comentario.

–¿Así que volabas en mi avión, Hayes?

–Que yo sepa el Alfa Uno es propiedad de la RDF, Almirante.

–Gracias que lo traje conmigo en el SDF-3. Si hubiera quedado en la Tierra te aseguro que el desagradable de Anatole Leonard lo hubiera convertido en chatarra. No tiene ni el más mínimo respeto por la leyenda que esa nave representa. Ahora si me haces el honor de pasarme los controles, voy a enseñarte otra de las maniobras legendarias de Mitchel Hunter con un toque personal. ¿Preparada? –le sonrió Rick de manera complice–. Voy a mostrarte lo que hice para esquivar los fragmentos de asteroide en los Anillos de Saturno, hasta que una Comadreja me indico que con esos movimientos estaba delatando mi posición ante el enemigo.

No le dio tiempo a Lisa para responderle la indirecta que Hunter le acabada de recriminar por retarlo en su primera misión, que ya estaban haciendo un triple giro. Primero se recostó hacia la izquierda, luego viró hacia la derecha para nuevamente dirigirse hacia la izquierda. En cada uno de los cambios de dirección fue cambiando de Caza a Battloid, para usar los propulsores de las "piernas" del Battloid para concluir el giro. Luego terminó en modo Guardián y finalizó en modo Caza al completar el tercer giro.

–Quiero probarlo.

–¿Estás segura?

–¿Dudas de mis capacidades, piloto?

–Nunca, Almirante –le respondió Hunter mientras transfería el comando del avión de su puesto de mando al frente donde estaba sentada Lisa.

Hayes comenzó a maniobrar el avión para encarar el primer giro moviendo a la vez las palancas de cambio de modalidad. Sentía que su cuerpo vibraba al momento del giro, uniendo a la máquina y al humano como una sola entidad. El resto de la maniobra que le mostró Hunter, Lisa la realizó casi por instintivo. Era como si su mente supiera el momento exacto en el que sus brazos debían mover los controles del avión para girar y las palancas para el cambio de modalidad.

–¿Qué opinas, Hunter?

–Estoy impresionado. Lo has hecho como una verdadera veterana.

–Salir a volar con Dimitri todos estos años me ayudó a mantener mi destreza intacta –le respondió sonriente.

Rick retomó los controles para maniobrar la nave. Lisa sabía que cuanto más tiempo Rick estuviera vibrando su cuerpo y su alma a la par que al temblor de los motores del VT, todos sus problemas y preocupaciones pasarían a un segundo plano.

–Gracias por traerme, Lisa.

–No hay de que, Rick –respondió.

Por un momento Lisa dudó en preguntarle sobre lo que vio en la oficina de Petrov mientras se cambiaban, pero su curiosidad pudo más

–Cuando nos cambiábamos, vi un tatuaje en tu hombro con el escudo del escuadrón Skull.

–¿No era que no se valía espiar, Hayes?

Lisa se mordió la lengua porque sabía que Rick seguiría cargándola si llegaba a contestar algo en su defensa.

–Lo siento, fue un accidente –intentó exculparse.

–Ja, ja, seguro –ironizó Rick entre risas–. Me lo tatue hace un par de años el día del cumpleaños de Roy. Estaba algo nostálgico. Desde ese día sentí que mi hermano mayor estaba protegiendo mis espaldas. Ese símbolo forma parte de mi historia mucho antes de convertirme en líder del escuadrón Skull. No solamente por Focker, sino porque todos los Hunter fueron parte de los Jolly Rogers. Mi padre, mis tíos, y también mi abuelo.

–También vi otro tatuaje –agregó Lisa algo dudosa.

–¿Otro "accidente"? –preguntó Rick. Sin darle tiempo a que Lisa le contestara, prosiguió–. Las estrellas representan a mis dos hijos. Ellos también están protegiendo mis espaldas. Son mis guardianes, y mi guía.

–¿Los números son la fecha de su cumpleaños?

–Si. Parece que no te perdiste ningún detalle, Lisa –dijo Rick mientras sus ojos azules brillaban de emoción por seguir avergonzando a Hayes por pescar a la rigurosa mujer en una infracción–. Ese tatuaje me lo hice en el quinto aniversario del nacimiento de mis hijos, el mismo año que me tatué el escudo del escuadrón Skull. Los tengo junto a mi. Aunque realmente debo confesar que lo que verdaderamente protege mi espalda en combate es tener a Max a bordo del Skull Uno a mis seis en punto.

Lisa sonrió ante la obvia afirmación de Rick. Cualquiera se sentiría seguro volando junto a Max Sterling.
–En realidad no me refería al tatuaje de las estrellas, sino a otro que tienes cerca de la cadera –dijo Lisa tratando de ver la reacción de Rick por el espejo. Hunter estaba duro como una piedra. Era como si deliberadamente intentara evitar tener cualquier tipo de expresión que delatara lo que estaba pensando o sintiendo. Viendo que Rick se negaba a explayarse, Lisa le hizo otra pregunta–. ¿Cuando te hiciste ese tercer tatuaje? –Hunter seguía en silencio absoluto, pero Lisa era muy obstinada, y no se quedaría sin una respuesta–. ¿Rick?

–¿Si?

Lisa lo miraba por el espejo en silencio, esperando su respuesta.

–¿Cuándo?

Rick hizo un par de maniobras acrobáticas. Necesitaba tomar valor para contestar la pregunta de Lisa.

–Al día siguiente que el SDF-2 dejó la Tierra –dijo de la nada luego de un largo silencio.

Lisa noto a pesar del visor en el casco de Rick, que Hunter tenía sus ojos algo llorosos. A la fuerte y autosuficiente Almirante Hayes se le formó un nudo en la garganta. No le quedaban dudas de lo que había visto mientras se cambiaban era lo que ella realmente suponía.

Rick se había tatuado una mariposa en su cuerpo al día siguiente que se separaron definitivamente, cuando ella emprendió su viaje al espacio. Hunter había grabado en su piel, la misma marca de nacimiento que ella tenía en su propio cuerpo, del mismo tamaño y en el mismo lugar. Por suerte estaba sentada, porque sus piernas comenzaron a temblar de los nervios.

–Quería tenerte conmigo, siempre –explicó Rick con un tono algo áspero en su voz–. Cuando paso por alguna situación difícil, simplemente lo toco y eso me ayuda a recordar tu sonrisa la cual me da fuerzas para seguir adelante.

Por suerte estaban sentados uno atrás del otro. Hunter no hubiera tenido la entereza de sincerarse frente a Lisa sobre su tatuaje con forma de mariposa si hubiera estado mirándola a los ojos. Rick nunca le había confesado a nadie cuál era su verdadero significado. Max se lo había visto innumerables veces en el vestuario de pilotos, pero nunca tuvo la inquietud de preguntar, y Helena era muy respetuosa con Rick cuando se trataba de compartir cosas de su pasado con ella. Su esposa nunca lo invadía con preguntas para averiguar cuestiones de su vida a menos que él quisiera compartirlo con ella.

Durante el resto del viaje se mantuvieron en un silencio sepulcral. Lo único que se escuchaba era la respiración del otro. Cuando regresaron al hangar, Rick ayudó a Lisa a descender y se dirigieron nuevamente a la oficina de Petrov para cambiarse. Ya cambiados sin el traje de piloto, Lisa acompañó a Rick hasta la manga que conectaba ambas naves.

No habían intercambiado palabras. Todavía estaban procesando lo ocurrido durante el vuelo. Al despedirse, Lisa lo miró con ternura.

–Dale tiempo. Seguro que va a aceptar que la ayudes –dijo Lisa refiriéndose a Helena–. Quizás solo necesitaba un poco de aire y algo de distancia. No la presiones. Solo espera que ella sola de seguro va a pedirte ayuda.

Rick resopló con fuerza liberando la bronca que le generaba la frustración de ser puesto a un lado por Helena Chase.

–Gracias por el vuelo. Era justo lo que necesitaba –dijo con suavidad.

Rick y Lisa se quedaron parados un frente al otro sin saber cómo despedirse. La vez anterior Rick espontáneamente abrazó a Lisa a modo de agradecimiento, y en el momento que sintió el tibio cuerpo de Lisa contra el suyo, supo que había sido un error acercarse tanto a ella. Todo su cuerpo se puso en alerta al sentir el femenino perfume de Lisa cuando la tuvo entre sus brazos. En esa ocasión tuvo que alejarse enseguida porque comenzó a sentir que no tenía control sobre lo que ocurría en su entrepierna, y no quería que Lisa se percatara de lo que ella aún generaba en él.

Volver a abrazarla para despedirse sería un error, pero esos ojos verdes que lo miraban con intensidad era adictivos, y a pesar de que su mente le decia que debia mantener distancia, sus sentidos lo guiaron directamente a envolver el delgado cuerpo de Lisa entre sus brazos, acomodando sus manos en sus sensuales curvas sin dejar de hacer pequeñas caricias con sus dedos sobre la remera ajustada que usaba Lisa para hacer sus ejercicios matutinos.

«Cada vez que te veo me doy cuenta que aun estoy perdidamente enamorado de ti», pensó Rick mientras enterraba su nariz en el suave cabello de Lisa, inhalando el aroma a limón que tenía su cabellera color miel. «Tengo que volver a hacer el amor con Helena con urgencia, para sacarte cuanto antes de mi sistema y calmar esta ansiedad creciente que no me deja dormir por las noches. Falta tan poco para no volver a tenerte tan cerca. En unos días ambas naves se separarán nuevamente para explorar distintos cuadrantes de la galaxia. Espero poder calmarme para entonces. Oh Lisa, ¿por qué no puedo olvidarte? ¿Porque me resisto a extirpar lo que siento por ti de mi corazón de una vez por todas?»

–Que tengas un buen día, piloto –se despidió Lisa susurrándole al oído. Luego separó lentamente su cuerpo del de Rick y se dio la vuelta para adentrarse nuevamente dentro del SDF-2.

Hunter se quedó estático en la entrada a la manga, sin dejar de mirar como la mujer que invadía sus sueños se alejaba cada vez más de su vista. Al darse cuenta que debía alejar a Lisa de su alma atormentada, inmediatamente un nudo se formó en su garganta. Pero aunque pareciera una decisión drástica, era lo mejor para todos. No podía seguir expuesto a la tentación que le generaba el deseo de convertir nuevamente a Lisa Hayes en su mujer. No era justo para ella pedirle que ocupe un lugar de amante, ni para Helena engañarla a sus espaldas. Y ni que hablar que seguramente Lisa se negaría rotundamente. Si algo caracterizaba a Hayes, era su lealtad incondicional hacia sus amigas. Quizás por ser hija única, trataba a sus amigas casi como hermanas. Y definitivamente ni él ni ella harían nada para lastimar a Helena.

Además Helena Chase no solamente era la Sra. Hunter. Para Rick, Helena era su mejor amiga, su confidente, la mujer que lo apoyó en sus momentos más duros como hombre y también como oficial al mando de SDF-3.

«¡Diablos Lisa! ¿Qué me has hecho?»