La Comandante Sue Graham se había levantado de muy buen humor. El día anterior recibió una noticia muy jugosa de uno de sus informantes a bordo del SDF-3. Todos sus pálpitos se habían confirmado cuando leyó el mensaje ni bien se despertó: el matrimonio Hunter-Chase no había compartido el lecho la noche anterior. Su informante en el puente del SDF-3 había visto al Almirante Hunter retirarse de su casa con una mochila al hombro, dirigiéndose hacia la manga que conectaba al SDF-2 tarde en la noche.
Estaba segura que fue a causa de un artículo publicado en una revista de chimentos donde estaba involucrado el Almirante Hunter y la cantante Lynn Minmei en un aparente romance, alegando infidelidad por parte de Rick Hunter hacia su esposa, la Coronel Chase. Con otro mensaje que ella le envió al guardia de las barracas del SDF-2, Sue Graham confirmó que anoche un hombre que reclamaba ser almirante, se había alojado allí.
El matrimonio del hombre que tenía en la mira se estaba haciendo pedazos y ella ni siquiera tuvo que ensuciar sus manos para lograrlo. Ese bombón pronto sería suyo. Solo tenía que aprovechar la oportunidad para acercarse al Almirante para usar todos sus encantos. Para ser sincera con ella misma, a Sue le preocupaba más la cantante que la esposa. Por lo que logró enterarse conversando con distintas fuentes, la Coronel Chase era una mujer muy mandona y estricta con los oficiales, en especial con los pilotos. De alguna forma esa descripción le sonó muy similar al carácter irascible de la Almirante Hayes.
Era de esperar que lleve ese temperamento explosivo también a la intimidad de su casa, y lo más probable es que Hunter escapara de esa insoportable mujer refugiándose en los brazos de la caprichosa cantante. La Comandante Graham estaba convencida que los hombres con poder como el Almirante Hunter no toleren tan a la ligera una mujer mandona. Seguro se cansó de su esposa y quiso encontrar algo de cariño en los brazos de una de las mujeres más deseadas de la nave.
Que cayera en la tentación de los brazos de Minmei era su verdadera preocupación. Había muchas publicaciones a lo largo de estos años donde siempre se vinculaba un romance oculto entre Hunter y Minmei. A Graham no le gustaba tener competencia cuando ponía el ojo en alguien que le gustaba. Aparentemente la famosa y admirada estrella siempre estaba a disposición para consolar a un solitario, agobiado o triste Almirante Hunter. Pero Graham estaba dispuesta a cambiar eso de inmediato. La Comandante estaba convencida que Hunter acudía a Minmei más por hábito que porque realmente la deseara.
Lo que pudo constatar consultando con varias fuentes es que la relación entre el almirante y la cantante en muchas ocasiones eran puros rumores y especulaciones de la prensa. Aun así Sue Graham no se confiaba. Ahora que sabía que el Almirante Hunter no durmió en su casa, porque estaba dispuesto a abandonar a su mujer, ella debía a toda costa adelantarse a los hechos y evitar que el viejo hábito de Rick Hunter de ser consolado en brazos de Minmei vuelva a ocurrir. Seria ella, Sue Graham, quien le diera calor y sexo a un marido desausiado. Ya lo habia hecho en el pasado, y habia sido el mejor sexo que tuvo en su vida.
Desde que había visto a Rick Hunter el día que le dio el recibimiento junto a la Coronel Leeds, sus fantasías por meterse en la cama de ese hombre habían crecido de manera exponencial. Estaba totalmente obsesionada con lograrlo, y por eso de manera metódica había ido al SDF-3 para conocer la nave, y las personas que estaban involucradas en la vida de ese hombre que la había deslumbrado.
Todos los días mantenía comunicación con los contactos que había encontrado, para mantener fluida la conexión con ellos, y así lograr noticias jugosas justamente como las que acabada de recibir. Enterarse de manera anticipada de los acontecimientos, incluso antes de ser publicados en alguna revista de chimentos, le daban a Graham una ventaja a la hora de actuar. Y justamente era esa ventaja la que necesitaba para desplazar a Minmei del lugar de mujer disponible para consolar a un hombre despechado. Su intención era ser ella la que ocupara ese rol en el corto plazo.
Decidió dirigirse hacia las barracas para ver si lograba "toparse" con el almirante por casualidad y ver si podía lograr convencerlo de desayunar juntos. Mientras caminaba feliz hacia su próxima presa, se dio cuenta que un hombre muy parecido al Almirante Hunter con una mochila al hombro caminaba a la par junto a otra mujer. Todos sus sentidos se pusieron en alerta. ¿Quién diablos ya le había sacado ventaja?
Cuando se acercó discretamente para ver quien era la mujer e intentar escuchar lo que estaba conversando la pareja, se dio cuenta que su rival era nada más y nada menos que la Almirante Hayes.
Durante años Graham había intentado de manera fallida conquistar al marido de esa mujer, pero Archer siempre la había despreciado. No podía creer como Lisa Hayes podía lograr que ese hombre le sea completamente fiel. Al inicio de la expedición, antes de que ambos estuvieran juntos, Archer se había acostado con casi la mitad de las oficiales a bordo de la nave. Luego, cuando estuvo casado con Hayes, dio un vuelco de 180 grados y se volvió EL esposo más fiel y devoto de todos los pilotos a bordo del SDF-2. Pero luego cuando se divorciaron, Archer volvió a hacer de las suyas saliendo con cualquiera mujer que se le cruzaba en frente, excepto con Sue Graham.
El piloto nunca había aceptado tener sexo con Graham, ni antes, ni durante ni después de su matrimonio junto a Hayes. Era como si Archer deliberadamente la ignorara, y eso enfurecía tanto a la Comandante Graham, que trasladaba todo ese odio y frustración por sentirse rechazada por un hombre que le gustaba en acrecentar su odio hacia la Almirante Hayes. Sue envidiaba la suerte de su oficial superior. Durante varios años Lisa Hayes tuvo todos las noches en su cama a un hombre tan apetecible y salvaje como lo era Archer. El líder del escuadrón Wolf podía derretir la entrepierna de cualquier mujer solamente con la mirada. Lo que aun no entendía Graham era como Hayes al haber tenido la exclusividad de tener a ese hombre solamente para ella cuando estaba casada con él, hubiera sido lo suficientemente estúpida como para dejarlo ir.
Y ahora estaba con otro espécimen masculino, la fantasía platónica de más de la mitad de las oficiales del SDF-3, temprano en la madrugada, caminando junto a él. Graham los observaba desde una discreta distancia. Aunque se dió cuenta que Hunter y Hayes no habían cruzado palabra mientras caminaban por la nave, era palpable la asombrosa familiaridad que había entre ellos. Los siguió de cerca y se dio cuenta que se dirigían hacia la manga que conecta el SDF-2 con el SDF-3. Cuando llegaron al inicio de la manga, vio como la pareja se fundió en un ardiente abrazo.
Cegada por la bronca y la envidia Sue Graham expulsaba humo por los ojos. ¿Cómo había logrado la Almirante Hayes llevarle la delantera?
Comenzó a imaginar infinidad de teorías conspirativas. ¿Acaso Archer la había despreciado en el pasado porque Hayes logró meterle cosas en su cabeza en contra suya? ¿Ahora Hayes haría lo mismo con Hunter, hablando pestes sobre ella, quitándole la posibilidad de tener un romance con el Almirante del SDF-3? Graham estaba preocupada que esa bruja de Hayes frustrara de antemano todos sus intentos por acercarse a Rick Hunter.
Cuando la pareja de almirantes finalmente se despidió, y Lisa Hayes se alejó del lugar, Sue Graham decidio acercarse a Hunter. Estaba a punto de hablar con el Almirante, pero al tenerlo más cerca vio como los ojos de Hunter no podían despegarse del cuerpo de la Almirante Hayes que se alejaba cada vez más. Sue Graham podía ver que Hunter estaba más triste por ver alejarse a Hayes de su vista que por haber dormido fuera de casa, lejos de su esposa el día anterior. ¿Habían pasado la noche juntos? El guardia le había asegurado que ninguna mujer entró a la barraca del misterioso hombre que reclamaba ser almirante.
De estar completamente feliz por tener a Rick Hunter en conflicto con su esposa, pasó a alerta máxima. Si algo no se fiaba Sue Graham era del encanto oculto que tenía Lisa Hayes para lograr tener a un hombre comiendo de su mano. Ya había visto cómo logró tener al Gigante Asesino completamente rendido a sus pies. Inmediatamente Graham se dio cuenta que Hayes sería una rival mucho más peligrosa que la caprichosa cantante. Al final del día, Lynn Minmei solo había logrado el estatus de "amiga" que consuela a un hombre despechado.
Con un humor de perros, Graham se dispuso a encontrarse con el General Edwards. Hace dos días que el insoportable de T.R. Edwards estaba prácticamente acosándola para tener una reunión "secreta". Quería discutir ciertos asuntos con ella. El curtido General era consciente de las habilidades de la Comandante Graham para fidelizar todo tipo de informantes, por lo que siempre trataba de seducir a la joven oficial con puestos y promesas con la condición de que ella estuviera disponible para ejecutar algún sucio favor. Sin embargo ella siempre terminaba negándose. No necesitaba de Edwards para obtener lo que quería, y mucho menos pretendía depender del intercambio de favores con gente dudosa. De todas maneras Graham siempre le daba la oportunidad al cascarrabias del General Edwards de compartir con ella lo que estaba tramando, ya que nunca descartaba la posibilidad de poder usar algún nuevo acontecimiento para su propio interés.
Rick Hunter estaba en la mitad de su turno, cuando recibe un mensaje del General Sterling que necesitaba verlo en su oficina de inmediato. Pocas veces Max lo citaba a su oficina. Por lo general era el piloto de cabellera azul quien se acercaba a Rick, o sino ambos terminaban encontrándose al final del día en El Pirata Ruso, el bar que estaba situado a la salida de los hangares, para conversar de sus asuntos.
Como de todos modos Hunter tenía que retirarse más temprano para acompañar a Helena hacia el SDF-2 para su tratamiento con el Dr. Lang, Rick le pasó el mando del puente al Mayor Stewart y se dirigió a las oficinas de su amigo que se encontraban en el hangar principal.
–Hola Max. ¿Algún problema?
–Cierra la puerta –dijo con tono misterioso mientras se ajustaba sus anteojos.
–¿Qué pasa? Me estás asustando.
–Recibí un mensaje en clave de nuestra amiga y no quería enviarte mis sospechas por mail para no levantar la perdiz.
–¿De qué hablas? –preguntó confundido Hunter.
–Ayer estuvimos alineados al vector de comunicación con la Tierra durante todo el día, y como siempre recibimos de forma anexa noticias desde el Satélite Fábrica. Todo lo que decía el mensaje de Kim Young eran puras incoherencias.
–¿Cómo qué?
–Entre las más disparatadas figuraba que su esposo Nicholas está deseando salir a volar en un Biplaza con el pequeño Henry.
–¿QUE? La única vez que lo lleve en mi Mockingbird para mostrarle Ciudad Macross desde arriba me vomitó toda la cabina. Tiene serios problemas de vértigo y equilibrio. Es hombre no puede subirse a ningún aeroplano.
–Exacto. Por eso creo que hay un mensaje encriptado. Sé que tú y Kim se enviaban mensajes falsos para que los intermediarios del GTU que revisaban la comunicación entre la Tierra y el Satélite Fábrica no se enteraran del verdadero contenido de lo que ella quería informarte.
Durante los años de construcción del SDF-3, Rick era el máximo responsable de llevar semejante empresa a buen término. Kim Young era su asistente y mano derecha. Cuando Rick estaba en la Tierra cumpliendo con formalidades administrativas, Kim Young estaba en el Satelite Fabrica ocupándose de controlar la construcción con sus propios ojos. Cuando surgía algún problema con los avances de la construcción del SDF-3, Kim siempre se lo informaba a Rick mediante un mensaje oculto dentro de otro más "inofensivo". Gracias a los mensajes en clave de Kim, más de una vez pudieron lograr revertir con éxito problemas causados por políticos mal intencionados que hacían lo posible para poner trabas en la construcción.
Así evitaron retrasar el avance del ensamble del SDF-3 por disputas de poder entre distintas facciones políticas que solo querían usar a el Satelite Fabrica como una plataforma para discutir sus diferencias. Gracias a que Rick estaba advertido de antemano de lo que ocurría en el Satélite Fábrica, logró neutralizar a los mafiosos con éxito al adelantarse a los hechos. Más de una vez distintas agrupaciones políticas intentaron ponerlo en ridículo frente al consejo cuando Hunter tenía que presentar sus reportes mensuales. Lo que intentaban era quitarlo del medio para poder poner a algún títere maleable al mando de la supervisión de la construcción del SDF-3. Más de una vez se salvó de ser expulsado por estar advertido de antemano por Kim con esos mensajes encriptados de que estaban por hacerle una cama. Max Sterling estaba seguro que si ahora Kim Young había sido tan obvia de enviar un mensaje en clave, su intención era que ese mensaje llegara a Rick Hunter exclusivamente.
–Quizás lo que quiera decirnos involucre a alguien del Alto Mando de la expedición ya que todos esos oficiales tienen acceso a las comunicaciones entre las naves y la Tierra –pensó Hunter en voz alta.
–Si. Yo también creo lo mismo. Pero mi problema es que se me esta haciendo difícil descifrar el contenido del mensaje. Ya probé aplicando dos códigos diferentes, pero no logro decodificar un mensaje coherente. Quizás Kim aplicó un código que solo tú y ella conocen. Estoy casi seguro que quiere que el mensaje te llegue a ti de forma directa.
Rick estaba seguro que Kim había aplicado quizás una combinación de dos o mas códigos juntos. Ellos utilizaban cinco códigos diferentes para el intercambio de mensajes, y a veces cuando la noticia era demasiado peligrosa, mezclaban una combinación de códigos para evitar a toda costa ser descubiertos. Rick tendría que sentarse con paciencia para desasnar lo que su vieja amiga le había enviado desde la Tierra.
–Hiciste bien en hacerme venir. Me voy a llevar el mensaje impreso para descular tranquilo el mensaje en mi casa, luego de la fiesta de esta noche.
–¿La fiesta es hoy?
–¿Lo olvidaste? Vanessa puso mucho esfuerzo en organizar esta fiesta para integrar a los oficiales de ambas naves. Hizo toda una grilla y nos dividió en grupos por turnos para no dejar a los dos puentes completamente desiertos. Seguro que Miriya está al tanto de la fiesta y ya tiene todo organizado para dejar a tus hijas al cuidado de alguna niñera.
–No me vendría nada mal hacer una salida de adultos sin niñas involucradas –dijo Sterling mientras se desperezaba un poco. Un cansancio repentino lo había invadido al pensar en sus revoltosas y adorables hijas.
–Ja, ja. No puedes vivir con ellas porque te vuelven loco pero tampoco podrías vivir sin ellas. Nos vemos por la noche, Max.
Karl Riber recibió en su correo una invitación a una fiesta organizada en el SDF-2. No le agradaba ir a eventos sociales con oficiales del ejército. Aunque ostentaba un rango de Comandante, se sentía completamente ajeno a todo el grupo de gente que formaba parte de la milicia. Estaba por enviar un mail confirmando que no asistiría, pero luego lo pensó mejor, y se dio cuenta que sería una excelente oportunidad para reencontrarse con Lizzie.
Al día siguiente de la noche que pasaron juntos, Karl fue al SDF-2 y preguntó dónde quedaba la casa de la Almirante Hayes. Cuando le indicaron por fin la dirección, se presentó en la casa de Lisa con un gran ramo de flores. Quien abrió la puerta fue una de las niñas y cuando pregunto por Lizzie ellas le dijeron que estaba equivocado, que allí no vivía ninguna Lizzie y le cerraron la puerta en la cara.
Se quedó completamente atónito, con las flores en la mano sin saber qué hacer. Justo detrás de él se acercaba una Lizzie muy sorprendida de verlo parado en su puerta. Karl aprovechó entonces para entregarle el ramo de flores, y cuando ella abrió la puerta de su casa para entrar, vió como la niña que le había abierto la puerta hace unos instantes estaba parada allí, junto a otra exactamente igual a ella, ambas con cara de enojo. Se sorprendió al reconocer el mismo rostro endurecido que Donald Hayes en esas dos niñas. Realmente habían heredado el carácter de su abuelo.
En menos de cinco minutos, Lizzie le agradeció las flores, las puso en un florero con agua, y luego terminó pidiéndole que se marchara porque estaría ocupada estudiando con las niñas para una prueba que tenían al día siguiente. A Karl no le quedó otra que retirarse completamente derrotado con un sabor amargo en su boca.
Desde ese día, por alguna u otra razón, las hijas de Lizzie le impedían tener tiempo libre para estar juntos. Ni siquiera los días que se suponía estaban en la casa del padre, ella podía darse una escapada al SDF-3 para verlo. Y si no eran sus hijas, alguna emergencia laboral también les impedía que se vieran.
La fiesta sería un momento perfecto para reencontrarse con ella, a pesar de estar rodeado de militares.
Ni bien Karl le escribió a Lizzie por e-mail de ir juntos, ella respondió de inmediato que estaría encantada y que lo esperaba en su casa para que él la recogiera. Después de esa pronta respuesta de la mujer que amaba, sentía que por fin podría comenzar una verdadera relación entre ellos.
Vanessa le pidió ayuda a su marido para colocarse el vestido de fiesta. Su embarazo estaba a punto de culminar, y el vestido corte princesa dejaba a relucir su prominente vientre.
–¿Asique es solo para oficiales del ejército? ¿No aceptan ingenieros en sus fiestas o lo hicieron así para librarte de mí por esta noche? –bromeó el marido de la Coronel Leeds.
–Nada de civiles. Es para afianzar los vínculos entre oficiales de ambas naves, amor. Además vas a estar entretenido cuidando al dúo dinámico.
–Esas niñas me van a dar un infarto uno de estos días.
–Es un entrenamiento para lo que se viene, Querido.
De repente se abrió la puerta principal de la casa de Vanessa y dos niñas revoltosas entraron corriendo.
–¡Tio Geoffrey! ¿Podemos ver una película de princesas con pochoclos? –preguntaron ambas niñas a la vez.
–Yo quiero dulces –dijo una de las gemelas.
–Y yo quiero pochoclo salado –dijo la otra niña.
–¿Podemos? –dijeron ambas al unísono poniendo su mejor cara angelical.
–De acuerdo –dijo resignado el ingeniero.
–Buena suerte, Querido. Que te sea leve… –le dijo Vanessa al despedirse con un corto beso en los labios antes de dirigirse a la fiesta.
–Amor, una cosa más –le dijo su marido a Vanessa cuando estaba a punto de salir–. Mientras te bañabas, llamó la Teniente Andersen y dijo que recibió un mensaje entrante de Sammy el cual estaba destinado exclusivamente para ti.
–Julie es tan correcta que no abre mensajes ajenos. Es mi mejor asistente. Yo en su lugar moriría de la curiosidad. Por eso la adoro.
–Seguro que tú hubieras satisfecho tu curiosidad. No por nada Lisa siempre dice que tanto tú, como Sammy, y tu otra amiga que quedó en la Tierra, las apodaban el Trío Terrible.
–Éramos tres santas –dijo con ironía.
–Seguro…
–Hace tanto que no hablo con Sammy. Desde antes que Edwards fuera a molestarla a la base de Ares. Hace dos días recibí su reporte mensual. Quizás quiera contarme algo de índole personal.
–Quizás está embarazada –espéculo Geoffrey. Ahora que su esposa estaba esperando un bebe, cualquier mensaje sospechoso lo asociaba a un posible embarazo.
–Mmm, no lo creo. Ese piloto arrogante que tiene de marido no quiere tener hijos por un largo rato todavía.
–Y lo bien que hace –murmuró.
–¿Qué dijiste?
–Nada, Amor. Que te diviertas.
Rick y Helena habían regresado del Hospital Militar que se encontraba a bordo del SDF-2 donde se habían reunido con el Dr. Lang y un grupo de médicos que estaban involucrados en desarrollar el medicamento para tratar la extraña enfermedad que padecía la Segunda Oficial del SDF-3. En el equipo había doctores de varias especialidades ya que el virus que afectaba la salud de Helena comprometía en gran medida a sus pulmones pero también a sus huesos. Uno de los médicos que estaba presente en la reunión era el traumatólogo amigo de Lisa, el Dr. Erickson. Justamente él fue quien les explicó a Hunter y a Chase cómo actuaba en virus lastimando los tejidos, y cuáles eran las mejoras que habían implementado en el nuevo medicamento que desarrollaron para tratar la afección que estaba creando tantos dolores en el cuerpo de Helena.
Luego de recibir la medicación, y quedarse un rato en observación, la pareja volvió a su hogar para cambiarse ya que debían regresar nuevamente al SDF-2 por la noche para presentarse a la fiesta que había organizado Vanessa Leeds.
Helena ya estaba más tranquila después de hablar con Lang y con Erickson sobre el tratamiento que estaba por recibir, pero aún estaba muy susceptible. Cuando volvieron a su departamento Rick le dijo a su esposa que se quedaría allí esa noche al concluir la fiesta, y que dormiría en el cuarto de huéspedes con la puerta abierta para estar atento a algún dolor o mareo que se le presentara a Helena por las noches. Lang les había dicho que aún tendría síntomas de dolor por las noches hasta que el nuevo medicamento le hiciera efecto, por eso Hunter decidió de manera unilateral quedarse en casa a pesar de las negativas de su esposa. Él estaría justo frente a su dormitorio para estar cerca por si ella necesitaba ayuda. No le dio la posibilidad de que ella volviera a exigirle a Rick que durmiera en una barraca fuera de casa.
La pelirroja decidió no discutir con Hunter. En el fondo su esposo tenía razón. No podía estar sola, y mucho menos de noche. Además cuando Rick se proponía algo, podía ser el más testarudo de los hombres, así que sería en vano intentar hacerlo cambiar de opinión.
Lisa escuchó el timbre de su casa. Seguramente era Karl quien la venía a buscar para ir a la fiesta, pero estaba llegando algo temprano. Aún no se había cambiado y todavía estaba envuelta en una bata porque recién había salido de la ducha. Todavía debía maquillarse y terminar de cambiarse. Mirando por la mirilla de la puerta, constató que era Riber. Tenía un gran ramo de flores en una de sus manos, iguales a las que le había traído hace unos días atrás. Eran jazmines, sus flores favoritas.
Cuando abrió la puerta, Karl se quedó quieto en su lugar.
–¿Tus hijas están dentro? –preguntó prudentemente antes de entrar.
–No. La Gestapo y la KGB están en casa de Vanessa por esta noche –dijo bromeando al darle a sus hijas esos terribles sobrenombres–. Por eso accedi a que vinieras por mí –agregó con una sonrisa–, pero llegaste algo temprano.
Agarrándole la mano de un tirón, lo obligó a entrar a su casa. Ya más relajado, Karl Riber le entregó el ramo de flores a Lisa.
–Vine antes porque quería aprovechar un tiempo a solas contigo, Lizzie. Realmente deseaba verte.
Riber se acercó a Hayes, y la rodeó con su brazo, acercando su cuerpo al de ella. Lisa estaba algo sorprendida por la acción de Karl, pero no opuso resistencia cuando él profundizó aún más el abrazo para terminar besándola apasionadamente. Lentamente mientras tenía a Lisa en brazos besándola sin parar, la recostó en el sillón poniéndose sobre ella. El científico aprovechó que ella estaba usando una bata para introducir su mano en el pliegue del escote y así poder tocar a su antojo el pecho de la mujer, haciéndola gemir mientras se retorcía del placer.
–Karl…–suspiró–. Tengo que cambiarme.
–Será rápido, lo prometo –dijo él, mientras continuaba bajando su mano de los pechos de la mujer a su entrepierna para seguir masajeando los puntos sensibles de Lizzie.
Cuando vió que ella estaba completamente lista, rápidamente se desnudo de la cintura para abajo, y comenzó el traqueteo entre ambos a un ritmo muy veloz, como si realmente de esa manera pudieran acelerar el proceso llegando más rápido al éxtasis. Lisa no podía creer lo desenfrenado que estaba Karl. Ella lo recordaba más correcto y acartonado, por eso esta versión más salvaje de Riber la sorprendió gratamente.
El científico necesitaba saciar su necesidad de tener sexo con Lizzie. Venía acumulando durante días las ganas de volver a estar dentro de ella y escuchar cómo lograba satisfacerla. De manera inconsciente estaba marcando su territorio antes de concurrir a la fiesta. Quería dejarle en claro a Lizzie que a pesar de que ella estuviera rodeada de militares de alto rango en la fiesta él fuera un simple comandante, ella era su mujer. Ningún otro militar, mucho menos Archer, podría estar con ella esta noche. De ahora en más él sería el único hombre que la haría gemir como una mujer en celo.
Cuando ambos terminaron extasiados, Lisa se levantó rápidamente y se dirigió al baño para higienizarse. Al poco tiempo salió ya cambiada y con un suave maquillaje en su rostro. Los ojos de Karl se abrieron estupefactos cuando vio a la mujer que tenía enfrente. Con un largo vestido amarillo con reflejos dorados. Su dulce y delicada Lizzie parecía una sensual y provocativa sirena. Aún conservaba la sonrisa y esa mirada soñadora en sus ojos verdes producto del apasionado encuentro que habían tenido hace tan solo algunos minutos en el sillón de su casa.
–¿Es apropiado para una almirante usar un vestido con semejante escote y con un tajo que deja ver toda su pierna de forma tan explícita? –se quejó de manera posesiva Karl Riber.
El científico estaba completamente embobado con lo que veía, pero también demasiado celoso de que otros hombres miraran a su mujer con deseo. Lizzie era suya y de nadie más. Y no le gustaba el hecho que otros se den cuenta que clase de mujer era la Almirante debajo del uniforme color negro que usaba diariamente. Más de uno se sorprendería de la mujer que se esconde detrás de la oficial al verla con ese vestido tan sexy. Karl iba a impedir a toda costa que cualquiera intentara tener algo más con ella.
–Soy la Almirante de esta nave –replicó Lisa–, y puedo ponerme lo que se me plazca. Es una fiesta sin uniformes. Si no uso hoy este vestido para esta importante ocasión, creo que nunca saldrá de mi placard. Vámonos, detesto llegar tarde –le respondió si darle más chances de que le exigiera cambiarse de ropa. Si algo no toleraba Lisa Hayes era que un hombre le diga que podía o no podía ponerse. No se lo permitió a su padre, y mucho menos iba a tolerar ese actitud acaparadora y sobreprotectora en su pareja. De todos modos, aún Lisa no estaba muy segura de qué título ponerle a la "relación" que estaba teniendo junto a Karl Riber.
