Vanessa estaba feliz cuando vió el salón lleno de gente disfrutando de manera distendida de la fiesta. Todo lo que había organizado y pensado estaba desarrollándose con éxito. Los días previos a la fiesta tuvo muy presente a sus dos entrañables amigas a las que extrañaba aún más en situaciones como las de hoy. Al ocuparse de la organización, recordó cómo ella junto a Kim y Sammy organizaron la fiesta de cumpleaños de Gloval a bordo del SDF-1, secundadas por Claudia que controlaba en todo momento que las ideas alocadas del Trío Terrible sean las adecuadas para semejante festejo.
Cuando vió entrar a su jefa y querida amiga con un vestido despampanante y de la mano de Karl Riber con una radiante sonrisa, se quedó completamente sorprendida.
–Almirante –dijo levantando su copa con jugo de frutas–, bienvenida. Comandante, me alegro que se haya unido a la fiesta esta noche. Me habían dicho sus compañeros de la base Sara que no era muy adepto a las fiestas. Pero veo que la buena compañía lo hizo cambiar de opinión –dijo mirando a Lisa.
–Debo reconocer que el lugar está muy bien ambientado, y el no usar uniformes lo hace mucho más ameno –respondió el científico.
–Fue Vanessa quien se ocupó de organizar todo –explicó Lisa. Mirando a su amiga, agregó con una sonrisa–. Quedo perfecto. Te felicito.
Vanessa le devolvió la sonrisa y la miró con picardía. En silencio le estaba aclarando a su vieja amiga que le debía una explicación de cómo había terminado en compañía de su ex-novio para venir a esta fiesta y ella estaba al margen de todas las "novedades". Lisa entendió perfectamente que no era bueno mantener secretos con un miembro del Trío Terrible asique agarrando una copa, se acercó a su muy embarazada amiga y antes de dar un sorbo a su bebida de manera disimulada le susurró a su oído: –Después te cuento.
Vanessa también tomó su copa y la miró fijamente diciéndole con la mirada: "más te vale que me cuentes todo, Hayes". Cuando vió que se acercaba a saludar a Lisa el recientemente nombrado Vicealmirante Edwards, Vanessa decidió alejarse cuanto antes de allí con la excusa de tener que revisar algo de la fiesta. No lo soportaba y seguro que la iba a poner de mal humor.
El alto oficial se acercó a su jefa para saludarla protocolarmente con un saludo marcial. Edwards tenía una prótesis en la cara que tapaba parte de su rostro, el cual fue dañado con una explosion el día de la Lluvia de la Muerte, pero aun asi Karl Riber lo reconoció de inmediato al hombre que había sido en el pasado el asistente del Almirante Donald Hayes cuando ambos eran unos novatos en el ejército.
Edwards también reconoció a Riber. Ambos habían coincidido en el curso introductorio de la Academia. Riber hizo únicamente el entrenamiento básico ya que solo le interesaba obtener un rango mínimo para ingresar al equipo científico, mientras que Edwards tenía ambiciones de llegar a lo más alto de la cadena de mando. Ambiciones que estaban por cumplirse.
Edwards usó las conexiones que le dio ser asistente de Donald Hayes para escalar y apalancar su carrera, mientras que Riber solo tuvo que ponerse de novio con la hija del Comandante Supremo para poder obtener rápidamente el puesto de científico que tanto anhelaba. Edwards, al igual que muchos de los compañeros de Riber, estaban extremadamente celosos del científico por tener a la mujer más bella e inalcanzable como su novia. Eso le trajo muchos problemas a Karl con sus primeros compañeros. Por suerte cuando llegó a Marte ninguno sabía que él estaba de novio con la famosa hija del Almirante Hayes.
Riber nunca había querido usar las influencias de su futuro suegro para escalar en su carrera. De hecho le daba mucho pudor, e intentaba valerse por sus propios méritos. Quería demostrarle al cascarrabias del padre de su novia que a pesar de ser un pacifista era digno de estar con ella. Lo único que quería realmente Karl Riber cuando era joven y recién comenzaba su vida era formar parte del mejor equipo científico del planeta, participando de grandes descubrimientos y avances para la ciencia.
–Buenas noches, Almirante. Buenas noches, Riber. Tantos años sin verte. No sabia que estabas a bordo del SDF-3.
–Fui rescatado de una nave enemiga junto a otro grupo de prisioneros de la antigua Base Sara por el Almirante Hunter y su equipo hace un par de años –dijo con un dejo de fastidio.
–Pensé que habías muerto en Marte –replicó Edwards con una pizca de sarcasmo.
T.R. Edwards, al haber sido muchos años el asistente del padre de Lisa, estaba al tanto de la historia fallida entre la hija de su primer jefe y el científico. También sabía que la "muerte" de Riber en Marte era aún hoy una herida abierta en su actual jefa.
–Bueno, estoy vivo y de vuelta junto a mi mujer –dijo mientras rodeaba su brazo por la cintura de Lisa, acercándola hacia él. Riber se había dado cuenta que hablar sobre Marte había dejado algo tensa a Lizzie, pero cuando la abrazó, ella se tensó aún más.
Lisa no era propensa a demostrar afecto cuando estaba frente a toda su tripulación. Es cierto que estaba vestida con un sensual vestido dorado, pero seguía siendo la máxima autoridad. Nunca demostraba en público lo fogosa y cariñosa que podía llegar a ser en la intimidad frente a los otros oficiales. No lo había hecho cuando estuvo en pareja Jack y mucho menos con Rick. Así que no estaba a gusto que Karl la hubiera abrazado tan descaradamente frente al resto. Una cosa era estar de la mano como cualquier pareja pero muy distinto era tener todo su cuerpo acaramelado contra el torso de Riber frente a todos los presentes. Karl no sabía que ese gesto posesivo y desafiante que tuvo como respuesta al sarcasmo de Edwards era lo que había incomodado a Lizzie.
Lisa Hayes intento discretamente alejarse un poco del agarre de Riber y luego usó la excusa universal de cualquier mujer para alejarse de un lugar: –Permiso caballeros –dijo elegantemente–, necesito ir al baño de damas un momento.
Mientras se escapaba de ambos hombres a gran velocidad ellos aun la observaban. Su distinguido y sensual vestido resaltaba todos los atributos de Hayes tanto de frente como desde la retaguardia.
–Hace tiempo que no veía a la Almirante tan radiante –dijo Edwards a Riber para continuar con la conversación–. ¿Han vuelto a estar juntos?
–Si. Como siempre debió ser –respondió con énfasis–. Si no hubiera sido por el Almirante que siempre se entrometía entre nosotros, quizás nunca nos hubiéramos separado –dijo con algo de desdén–. Pero lo importante es que nos hemos reencontrado. Afortunadamente ella está divorciada de ese piloto –dijo refiriéndose a Jack Archer con fastidio–. Solo espero que no se entrometa entre nosotros como lo hizo en su momento el Almirante.
–No creo que tengas demasiados problemas con ese piloto –dijo el petulante de Edwards–. Aunque estoy seguro que aun quiere marcar su territorio con su ex-mujer. He visto que hoy tiene puesto en los puños de su camisa los gemelos del Almirante Donald Hayes –dijo Edwards con intención de sembrar cizaña en el inseguro científico. Cuando vio que Riber torció su boca con fastidio, supo que su comentario había sembrado la discordia que pretendía–. Sin embargo creo que tu verdadera amenaza con Lisa Hayes siempre serán los Almirantes –dijo de manera críptica T.R. Edwards, mientras se alejaba para saludar a otro oficial que acababa de llegar.
Karl Riber lo miró con preocupación y sin entender del todo qué había querido decir su antiguo colega de la Academia. Edwards siempre había sido demasiado engreído y eso nunca le había caído en gracia a Riber. Cuando Lizzie le contó hace años que su compañero de la Academia se había convertido en el asistente de su padre, Riber comenzó a fastidiarse aún más con cualquier comentario al pasar de Edwards cuando se lo cruzaba por la base.
Por alguna extraña razón, siempre sintió que Edwards estaba compitiendo con él, tratando de caerle en gracia al viejo Almirante y mirando a Lizzie de forma sospechosa, como si deseara estar con la hija de su jefe pero intentará a toda costa disimularlo. Quizás dijo ese comentario sobre los Almirantes solamente para irritar su paciencia. Pero de algo estaba seguro Karl Riber: Edwards era alguien astuto, engreído y envidioso. No podía bajar la guardia si estaba rondando alrededor de su Lizzie.
En otro lado del salón, estaban Max y Miriya disfrutando un poco de su tiempo a solas, sin hijas, ni obligaciones de alto rango, ni escuadrones que dirigir, ni aviones que volar. Estaban bailando abrazados, como si estuvieran completamente solos. De repente la pequeña bebé que crecía dentro del vientre de la meltran hizo acto de presencia y ambos padres se dieron cuenta que la nueva integrante de la familia les recordó que no estaban tan solos. Max comenzó a reír, y separándose un poco de su esposa, le masajeó de forma cariñosa su vientre saludando a su nueva hija por nacer, como también lo había hecho durante los otros dos embarazos de Miriya.
–¿No puedes acaso prestarme a mamá un rato, pequeño demonio? La tienes todo el tiempo para ti. Yo solo quiero bailar un tema romántico con tu madre y listo, toda tuya.
–No creo que te entienda, mi amor.
–Oh, si, creeme. Tus hijas me entienden perfectamente. Solo que se hacen las distraídas.
–¿Mis hijas? Creí que también son tuyas, Maximilian.
–¿Cómo están mis queridos amigos? –los interrumpió una voz femenina que estaba detrás de ellos.
–¡Helena! ¡Rick! Al fin llegaron –dijo Miriya al reconocer a su querida amiga.
–La fiesta está excelente. Realmente Vanessa se esmero –dijo el Almirante Hunter mientras observaba todo el lugar.
Mientras la pareja de amigos conversaba animadamente, un depredador se acercaba sigilosamente hacia ellos.
–Vaya, ¿que tenemos aqui? Al fin otro piloto que ascendió recientemente a General. Felicitaciones por el nuevo rango, Archer –dijo jocosa la meltran de cabello verde.
–Gracias Coronel Parino. Se ve radiante esta noche –dijo de manera seductora. Cuando Jack halagaba a una dama, su sonrisa y sus ojos brillaban con perspicacia. Aunque no tenía intenciones de seducir a la esposa de Sterling, era inevitable sonar como un gran conquistador.
–El embarazo hace lucir aún más bella a mi esposa –respondió Max, mientras ponía su brazo alrededor de su mujer de manera protectora. Si bien Archer había dicho un simple halago de cortesía a su esposa, el lobo que habitaba dentro del líder del escuadrón Wolf no se podía subestimar.
–Tu también te ves muy bien –dijo Jack mirando a Helena con intensidad. Una vez que comenzó a mirarla no pudo quitarle los ojos de encima.
La pelirroja se sonrojó de inmediato, aunque intentó disimularlo llevándose la bebida que tenía en la mano a la boca.
–Gracias por el cumplido, Jack –dijo mientras tomaba un sorbo de su trago.
–¿Podría pedirte prestado un rato a tu esposa, Hunter? Quisiera bailar con ella –dijo sin dejar de mirar a Helena directo a sus ojos.
–No tienes que pedirme permiso, Archer. Ella es libre de hacer lo que quiera –dijo Rick con un dejo de molestia. Claramente no le agradaba que su esposa estuviera abrazada en medio de la pista de baile con otro hombre, y mucho menos con alguien que fue importante para ella en el pasado. Pero no iba a comportarse como un posesivo hombre neardental frente a los oficiales de ambas naves.
–Vaya, que liberal resultaste ser, Hunter –dijo Jack mirando a Rick de reojo. Luego volvió a mirar a Helena a los ojos y extendiéndole la mano, le preguntó–. ¿Me harías el honor de bailar conmigo?
Por un momento Helena se quedó estática. No sabía cómo debía reaccionar, aunque sí sabía lo que deseaba hacer. Quería recordar cómo se sentía estar en los brazos de Jack aunque sea un momento. Como los esposos se conocían tan bien entre sí, solo bastaba mirarse a los ojos para tener una conversación en silencio entre ellos. Miró de manera dudosa hacia Rick buscando su aprobación. Su esposo, conociéndola tan bien, no pudo negarse a lo que esos ojos verdes de manera silenciosa le estaban suplicando que la dejara bailar con Archer.
Resignado por complacer a Helena, Rick levantó sus cejas en señal de resignación y moviendo su cabeza en dirección a la pista, le indicó a su esposa que vaya a bailar con el líder del escuadrón Wolf. Helena le regaló una leve sonrisa a Rick en señal de agradecimiento, y mientras aún miraba a su esposo a los ojos, le contestó a Archer –Me encantaría bailar contigo, Jack.
Tomados de la mano, Archer y Chase comenzaron a bailar bajo la mirada atenta de Rick.
Max Sterling, al ver que su amigo estaba bastante inquieto, intentó ayudarlo tratando de distraerlo un poco –Porque no vas a la pista y bailas con Miriya mientras yo voy en busca de algunos tragos. Hay bastante cola en la barra y seguro tardaré un tiempo allí hasta que me den el pedido. ¿Qué dices?
–Creo que es más peligroso bailar con una meltrán embarazada que someterse a una batalla contra el enemigo.
–¡Rick! –dijo Miriya algo indignada, aunque en el fondo sabía que su amigo estaba bromeando.
–Vamos –sonrió Hunter, extendiéndole la mano a la esposa de su amigo–. Primero voy a bailar con una meltrán embarazada y luego voy a bailar con una humana embarazada. Le prometí a Vanessa que bailaría con ella ya que su esposo al ser un civil no está invitado esta noche.
El Almirante Hunter y la Coronel Parino se dirigieron a la pista, mientras que Sterling se acercó a la barra por unos tragos sin alcohol para su amigo y para su esposa, y algo fuerte para él. Solo esperaba que Archer se comportara como un caballero con Helena, y Rick no saltara como leche hervida frente a todos contra el líder Wolf.
Después de bailar dos piezas con Miriya y otras dos piezas con Vanessa, el humor de Rick había mejorado bastante. Estaba por ir a sentarse a la barra junto a Vanessa cuando de repente comenzó a sonar Frank Sinatra con el tema "Fly Me To The Moon". Vanessa recordó con nostalgia que ese era el tema que había bailado con el Almirante Gloval en su cumpleaños a bordo del SDF-1. Rick lo recordó también, y mirando a su vieja amiga la volvió a sostener de la mano guiándola nuevamente hacia la pista de baile.
A pesar de su prominente barriga, Rick la hizo girar y dar vueltas por toda la pista con gracia y delicadeza. Ambos la estaban pasando genial, sonriendo y recordando viejos tiempos. De reojo Hunter se da cuenta que Lisa los estaba mirando con una sonrisa desde el borde de la pista con ese hermoso vestido dorado que le quedaba tan bien y la hacía lucir como una sensual sirena. Lisa aún conservaba su esbelto y escultural cuerpo por lo tanto podia tranquilamente seguir usando uno de sus preciados vestidos de su época como modelo de alta costura.
Mientras bailaba con Rick, Vanessa se percató de las constantes miradas que mutuamente se dirigían Hunter y Hayes. Cuando el tema terminó, Vanessa se acercó un poco más a Rick y murmurandole al oído le dijo– Baila con ella, piloto.
Algo se revolvió dentro del cuerpo de Hunter cuando Vanessa lo incitó a acercarse a Lisa. El estaba por todos los medios intentando alejarse de ella lo más posible, pero su mirada intensa lo atráio como un imán sin escapatoria. «Un solo tema es algo totalmente inofensivo», pensó Hunter. Ya había bailado con Miriya y Vanessa. No tenía nada de malo en bailar con una almirante.
Acercándose con paso decidido hacia Lisa Hayes, Rick Hunter le sonrió a la mujer que invadía sus sueños más secretos. Cuando ambos se miraron a los ojos y ella se sonrojo como una adolescente, Rick no pudo evitar sentir un enorme ego. Ya estaban sonando los acordes del nuevo tema que también era uno cantado por Sinatra: "My Way". Justamente esa canción era la única que Lisa no había bailado en la fiesta del SDF-1 con Rick ya que ese era el tema que ella había tenido destinado para bailar con Gloval.
–¿Le gustaría bailar conmigo esta pieza, Almirante?
–Lizzie no baila en fiestas. No se siente cómoda en el centro de la pista donde todos pueden observarla –dijo a la defensiva Karl Riber. El científico claramente no disimulaba que le agradaba poco y nada el Almirante Hunter. Desde el día que fue rescatado, Riber no pudo perdonarle jamás al Almirante Hunter que no le permitiera volver por sus trabajos, y más aún sabiendo que el propio almirante había expuesto su vida para ingresar nuevamente a la nave enemiga. Karl no podía concentrarse en lo positivo que era haber sido rescatado sano y salvo por un grupo de pilotos que ese día habian arriesgado su vida por él. No podía dejar de concentrarse en lo malo. Por alguna desconocida razón, Hunter lo irritaba demasiado. Quizás porque era el prototipo de héroe de guerra que él nunca sería. Jamás podría convertirse en el soldado heroico que el padre de Lizzie pretendía tener como yerno. Para bien o para mal, el científico siempre sería un pacifista.
Karl Riber, como novio de Lisa, la había acompañado a varias fiestas organizadas por el Almirante Donald Hayes. Cuando asistían a alguna de esas fiestas Lisa siempre se encargaba de quejarse. No le gustaba sentirse arrastrada por su padre a esos eventos insufribles. Lo único bueno era que los pasaba en compañía de Karl que la ayudaba a evitar pasar un mal trago. Riber estaba convencido que Lizzie no quería bailar en esas fiestas porque no le gustaba, pero en realidad la entonces hija del Almirante no quería bailar porque todos los ojos de los oficiales se posarían en ella al momento exponerse en medio de la pista, y para una extremadamente timida y joven Lisa Hayes eso era una verdadera tortura.
–Quizás a Lizzie –dijo Rick con algo de desdén–, no le guste bailar, pero estoy seguro que la Almirante Hayes no escaparía del deber de un buen soldado. ¿O me equivoco?
Con una mirada pícara en sus intensos ojos azules, Rick le extendió la mano a Lisa esperando que ella la tomara. Por un momento pensó que Lisa realmente no bailaría con él, pero cuando sus suaves dedos tocaron la mano de Rick, éste la agarró con fuerza, y atrayéndola de un tirón hacia él la guió al medio de la pista. Cuando llegaron al centro del salón, Rick se dio la vuelta para enfrentar a Lisa ya que venía arrastrándola con paso decidido hasta allí.
Cuando giró y vio a esa hermosa mujer que le quitaba el aliento frente a él, no sabía si estaba listo para tener nuevamente el cuerpo de Lisa tan cerca al suyo. Los acordes seguían avanzando en la canción y cuando la voz sensual y profunda de Sinatra comenzó a sonar por los parlantes, el sonido entró por los poros de ambos almirantes. Inevitablemente se acercaron y Rick colocó sus brazos en la cintura de Lisa atrayéndola hacia él, mientras que Lisa posicionó sus brazos sobre los hombros de Rick envolviéndolo por detrás de su nuca.
Cuando Rick sintió el suave roce de los dedos de Lisa justamente en uno de sus puntos más sensibles detrás de su nuca, toda su piel se erizó, e inconscientemente profundizó aún más el agarre con Lisa atrayéndola completamente contra su cuerpo. Estaban tan pegados que a duras penas podían balancearse suavemente al compás de la música. Hayes continuó haciendo unas imperceptibles caricias con sus dedos en la nuca de Hunter enloqueciendo cada vez más al piloto al punto de olvidarse que estaban en medio de una fiesta con todos observando como los dos más altos oficiales de la tropa bailaban de una manera demasiado íntima a la vista de todos. Lisa por su parte también olvidó que no quería ser vista en brazos de un hombre frente a su tripulación.
Ambos no dejaban de mirarse a los ojos. Estaban sumergidos en un hechizo que no podían romper.
–Este vestido te queda espectacular, pero mi favorito sigue siendo el rojo –dijo Rick intentando provocar a Lisa. Cuando ella se sonrojó, Rick sonrió de manera triunfal porque vió que su intención había dado resultado,
Cuando vivían juntos en Ciudad Monumento, estaban demasiado ocupados con sus obligaciones como oficiales militares. Una de las más importantes era reparar en tiempo record los daños que había sufrido el SDF-2 durante el último ataque suicida de Kyron porque el GTU quería lanzar dicha nave lo más pronto posible al espacio. A raíz de esto Hunter y Hayes casi no tenían tiempo para salir a cenar a ningún lugar. En lugar de eso, pedían delivery de diferentes restaurantes gourmet de la ciudad y con unas velas y buena música, tenían su cita romántica dentro de su departamento. Lisa aprovechaba esas ocasiones para usar sus tres vestidos de alta costura que tenía guardados desde siempre. Milagrosamente dichos vestidos habían sobrevivido a los destrozos que hubo en el barrio militar el día que Kyron perpetuo su ataque final contra el SDF-1.
Esas noches de amor y pasion entre ambos, al momento de la cena, Lisa iba rotando de vestido entre el negro que habia usado aquella noche en el cumpleaños de Gloval, el dorado que tenia puesto para esta fiesta, y el rojo, que segun Rick, era el mas provocativo de los tres.
–¿Aun lo recuerdas? –le preguntó Lisa con timidez. La lujuria en Hunter era mas salvaje las noches que ella usaba el vestido rojo.
–Recuerdo todo –le susurro Rick al oído.
Con el aliento de Hunter en su oreja, sintió un intenso palpitar en su entrepierna que la estremeció de pies a cabeza. Esto descolocó completamente a Lisa. Si no hubiera sido porque estaba en brazos de Hunter que la sostenía con fuerza, ella se habría desmayado ahí mismo.
–¿Viste como se miran? ¿Crees que ella sigue enamorada de él? –le preguntó Miriya a su esposo.
–Así de abrazados los encontré en la celda de la nave Zentraedi cuando los rescaté a ellos y a Ben. De inmediato supe que había algo a punto de explotar entre esos dos tórtolos.
–No me refiero a ello –apuntó Miriya con su copa hacia la pareja Hunter-Hayes –, sino a ellos –giro apuntando su copa a la pareja Archer-Chase –¿Crees que Helena aún siente algo por Jack?
–Mmm, no lo sé. Nunca los vi juntos. No sabría decirte si esa es la forma en que se miraban cuando estaban en pareja. En cambio entre Rick y Lisa no me quedan dudas.
–Yo tampoco tengo dudas de nuestros queridos almirantes. Pero a Helena la conozco bien, y ese brillo en sus ojos se los he visto muy pocas veces. Una de esas veces fue el día que se casó con Rick. Pero hace mucho que no mira a Hunter con esa intensidad en su mirada.
–Lo que sí creo es que va a haber muchas especulaciones mañana entre ambas la tripulación si no hacemos algo pronto. Están todos mirando lo que ocurre en la pista.
–Debemos parar esto ahora mismo. Yo saco a bailar a Jack, y tú a Lisa. Así Rick y Helena pueden estar juntos un rato en la fiesta sin despertar tantas sospechas.
–De acuerdo. Pero cuidado con ese piloto que es todo un Don Juan.
–¿Estás preocupado que el Gigante Asesino llame mi atención? –preguntó algo mimosa Miriya a su esposo–. No te preocupes que no te voy a cambiar por otro modelo, Querido.
Dejando a Max con la boca abierta, Miriya se acercó hacia Helena y Jack interrumpiendo el baile entre ambos y pidiéndole a su amiga pelirroja si le permitía bailar con Archer. Por supuesto Helena no se negó, y Jack tampoco quiso contradecir a una muy decidida meltran que encima estaba embarazada. Justo en ese mismo momento Max le pidió a Rick que le dejara bailar con su vieja amiga y Lisa le sonrió encantada.
En medio de la pista estaban Hunter y Chase sin bailar, y cuando ambos se dieron cuenta lo que habían hecho los Sterling para que ellos estén libres, uno frente al otro, ambos sonrieron al mismo momento. Rick se acercó lentamente a Helena y la envolvió en un abrazo para bailar el último tema de Frank Sinatra de la noche junto a su esposa.
