–Max te necesito de inmediato en mi oficina –dijo Rick con preocupación por el intercomunicador. «¡Diablos, Kim!», se lamentó Hunter en silencio.

En menos de un minuto, el General Sterling estaba entrando por la puerta bastante intranquilo. No era habitual que Rick Hunter perdiera los estribos con facilidad. Ni siquiera durante la batalla. Solamente se ponía así con Lisa Hayes. Por eso Max supo de inmediato que se trataba de algo muy serio y seguramente relacionado con su querida oficial superior.

–¿Qué pasa, jefe?

–Esto es lo que pasa –dijo Rick mientras le mostraba el papel donde había transcrito el mensaje en clave que recibió de su amiga Kim Young–. Léelo tú mismo.

–"Comadreja en peligro. Complot del calvo con un topo" –Max miró estupefacto a Rick–. La comadreja definitivamente es Lisa. ¿El calvo será Leonard?

–Supongo que sí.

–¿Y el topo? –preguntó Max algo consternado.

–Alguien dentro del SDF-2 o del SDF-3. Seguro que Lisa tiene muchos detractores, pero de ahí a que sean enemigos íntimos, solo unos pocos. Y de esos pocos hay uno que tengo primero en mi lista.

–¿Edwards? –preguntó Max con fastidio. El General que ahora había sido ascendido a Vicealmirante no le caía nada bien a Sterling–. ¿Vas a hablar esto con Lisa cuando la veas esta tarde?

–Voy a hablar de esto ahora mismo con ella. Aunque se niegue voy a convencerla a toda costa que tenga una guardia personal. Por lo menos hasta que podamos aclarar el contenido de este mensaje. No creo que Kim se arriesgue a enviarnos semejante comunicado si no fuera algo serio. Necesito que te ocupes del puente del SDF-3 mientras encuentro a la Almirante Hayes.

–De acuerdo. Ve a rescatar a tu bella dama.

–¡Max! Esto es serio.

–Yo también hablo en serio. Mientras me ocupo de la nave, tú te ocupas de la chica.

Rick estaba refunfuñando. Cómo podía Max bromear en un momento como este. Si no fuera porque era su amigo, le hubiera dado un apercibimiento.

Con paso ligero se acercó a la manga que conecta ambas naves. Cuando terminó de cruzar la esclusa de entrada del SDF-2, sintió un gran temblor en sus pies, y un sonido muy estridente lo ensordeció. Parecía como si hubiera habido una fuerte explosión interna, o quizás un bombardeo producto de un ataque directo al casco de la nave. De repente todas las alarmas comenzaron a sonar por los altoparlantes indicando a los civiles que debían correr hacia los refugios, y los militares debían presentarse cada uno a su puesto. La esclusa donde se conectaba el SDF-2 con el SDF-3 se cerró de golpe y la manga se soltó. En menos de medio minuto cada nave estaba navegando por separado para tener más autonomía de maniobra.

Un frío helado le recorrió todo el cuerpo a Rick recordando la nota que recibió de su amiga en forma encriptada: Comadreja en peligro. «¡LISA!», pensó con desesperación. «¿Dónde estás?»

Corriendo a toda velocidad se dirigió al puente del SDF-2 con la esperanza de que la Almirante Hayes esté en su puesto de mando, sana y salva. Cuando llegó, se encontró con una Vanessa Leeds con cara seria. Demasiado seria. Como en las batallas más duras contra los zentraedi en el espacio exterior a bordo del SDF-1, o luchando contra los Malcontentos en la Tierra durante la Reconstrucción. Ambos se miraron por un segundo y ya Vanessa comprendió todo.

–No sé dónde está. Estaba recorriendo las distintas naves. Quizás quedó atrapada dentro de una de ellas cuando todas se soltaron de sus conexiones con el SDF-2 a raíz de la explosion.

–¿Dónde fue la explosion?

–En una de las mangas de conexión de una de nuestras naves subsidiarias.

–¿Cuál nave?

–El Atlantis. Es una nave relativamente pequeña. No podemos hacer contacto todavía con el Capitán de dicha nave. Y hay un equipo de bomberos apagando las llamas y controlando los destrozos de la explosion que se produjo próximo a la esclusa que conectaba dicha nave con el SDF-2.

El corazón de Rick latía con fuerza. Hasta que no vea y escuche la voz de su Comadreja no estaría tranquilo. Tenía un muy mal presentimiento de que Lisa podría estar a bordo de esa nave.

–Pida de inmediato un reporte a cada nave para saber si la Almirante Hayes ya pasó por allí y a dónde se dirigía luego –indicó Rick con seriedad.

–Ya oyeron al Almirante Hunter. Comuniquense con los capitanes de nuestras naves.

–Sí Coronel –respondieron al instante todos los oficiales del puente.

Enseguida se contactaron con todas las naves para averiguar el paradero de Lisa.

–Coronel Leeds –dijo un Teniente muy joven algo agitado–, ya chequeamos con las siete naves. La Almirante pasó por seis de ellas. Solo faltaba el Atlantis pero aún no podemos comunicarnos. Estamos revisando las cámaras y efectivamente la Almirante Hayes ingresó minutos antes de la explosion al Atlantis.

–¿Ya estaba dentro antes de la explosion? –preguntó Rick.

–Si, Almirante. Por unos cuantos minutos. Pero no estoy seguro si se hizo daño o no. Las cámaras filmaron hasta el momento de la explosion, pero luego se cortó la imagen. Justo se ve salir al Vicealmirante Edwards que sale despedido por la virulencia de la explosion, pero no estoy seguro si la Almirante Hayes estaba detrás de él o todavía permanecía dentro de la nave. Los paramédicos encontraron al Vicealmirante inconsciente y lo llevaron de inmediato al Hospital Militar.

«¡Diablos! Tendría que haber leído el mensaje de Kim ayer por la noche», maldijo Rick en su interior.

–¡Coronel! –gritó con desesperación otra teniente que estaba en el puesto del radar–. Estoy recibiendo señales de una transposición en mi radar. Parece ser una gran nave. No estoy segura de su tamaño hasta que no termine de hacer el proceso del salto hiperespacial. Lo que estoy segura es que van a aparecer casi al lado del Atlantis.

–Preparen todos los escuadrones en alerta de ataque –ordenó el Almirante Hunter con firmeza.

–Ah…ah…–gritó Vanessa retorciéndose del dolor.

–¿Qué pasa? –preguntó Rick con preocupación.

–Creo que son contracciones pero no estoy segura. Nunca había tenido contracciones antes.

–¿Estas en fecha?

–No, todavía me faltan algunas sema…Ah…

–Teniente, acompañe a la Coronel Leeds al Hospital Militar, y que alguien más le avise a su marido que ella está con trabajo de parto.

–Rick no es grave puedo…Ah…

–No te preocupes –le dijo en voz baja tratando de reconfortarla–. Voy a encontrarla, y estará sana y salva junto a nosotros, molestando como siempre. Concéntrate en tu bebe. Yo me quedo a cargo.

Vanessa lo miró con desesperación, pero confiaba en él. Ella estaba segura que si alguien no descansaría hasta tener a su amiga Lisa Hayes a salvo, ese sería sin dudas Rick Hunter. Retorciéndose del dolor se dirigió al Hospital acompañada por una de las tenientes de comunicaciones del puente.

–Comuniquenme con el puente del SDF-3.

–A la orden, Almirante.

–Aquí SDF-3 –se escuchó la voz del Mayor Stewart.

–Aqui Hunter. Comuníqueme con el General Sterling.

–Sí señor –contestó de inmediato.

–¿Qué ocurre? Acabamos de registrar un inicio de transposición.

–Hubo una explosion y la Almirante Hayes está desaparecida. Todavía no sabemos si la nave que está a punto de materializarse frente a nosotros son enemigos o aliados. Te necesito al mando del Skull y todos los escuadrones deben estar en alerta máxima.

–Entendido –respondió su amigo acomodándose los anteojos.

–Señor la nave acaba de terminar su salto hiperespacial –le indico un teniente a Rick desde su puesto de monitoreo–. Lo que divisamos en nuestro radar es una nave como las que usan los Daafensac. Lo que aun no puedo detectar es si son aliados o enemigos.

–¿Daafensac? ¿Esa es la raza que habita en varios planetas en el mismo sistema planetario que Ares, donde tenemos una de nuestras bases?

–Los mismos, señor. Pero están divididos en dos facciones. Hay una facción más intransigente que no está de acuerdo con nuestra presencia en su sistema planetario. Son minoritarios pero muy peligrosos. A simple vista no puedo identificar a qué grupo pertenece esta nave.

–Diríjase a ellos de forma protocolar para averiguar sus intenciones –le indicó Rick.

–Señor, la nave está poniendo en marcha una segunda transposición, y por su proximidad al Atlantis, de seguro arrastrará a nuestra nave en ese nuevo salto hiperespacial –le advirtió de inmediato la teniente encargada del radar.

Delante de sus ojos Rick veía a través del gran ventanal del puente del SDF-2 como la nave enemiga desapareció llevándose al Atlantis y a Lisa que se encontraba dentro de la misma frente a sus narices.

–¡Comuníqueme con el Dr. Lang, ahora!. Quiero que rastreen la estela que deja la nave al concluir la transposición para determinar las coordenadas de destino. Una vez que tengamos el dato certero de a dónde fue a parar el Atlantis junto a la nave de los Daafensac, la flota en su totalidad hará la transposición a las coordenadas que yo ordene.

–Entendido, Almirante.

Un minuto después, cuando el equipo de Lang envió al puente la información que el Almirante Hunter solicitó, se estaban compartiendo las coordenadas para el salto hiperespacial a toda la flota.

–Aqui líder Wolf –se escuchó la voz de Archer por la radio–. ¿Que ocurre Omega Dos?

–Estamos por iniciar una transposición, General –respondió el comandante a cargo del TacNet–. Mantenga a su escuadrón lo más cerca posible al SDF-2 para entrar en el rango de arrastre de la maniobra.

–Archer –dijo Rick desde el comunicador que tenía en su puesto de mando–, la

Almirante Hayes está "Desaparecida en Acción".

–¿QUE? –se oyó el alarido de desesperación de Jack.

–Voy a lanzar una acción coordinada con escuadrones de ambas naves. Los escuadrones Skull y el Wolf irán a la delantera.

Jack no respondió. Todavía no salía de su asombro. Lisa debía estar en la seguridad del puente. Nunca en doce años de viajar junto a ella por el espacio se había enfrentado a esta situación.

–¿Estas…, estás seguro? Quizás sea un error. Quizás…

–Te necesito concentrado, Archer.

Jack apretó sus dientes con fuerza. Hunter tenía razón. No era momento de dudas.

–Estoy a sus órdenes, Almirante –respondió con firmeza.

Gracias, Jack –susurró Rick más para sí mismo; aunque Archer escucho perfectamente lo que dijo su oficial superior.

Cuando la transposición llego a su fin, Rick toma su teléfono personal que guardaba en el bolsillo de su uniforme para hacer un llamado.

–Hola, Rick. ¿Dónde estás? ¿Por qué hicimos una transposición? ¿En qué cuadrante de la galaxia estamos?

El Almirante Hunter hizo una leve sonrisa de costado. Su esposa podía ser bastante insistente cuando se lo proponía.

–Estoy a bordo del SDF-2, en el puente de mando. Una nave enemiga secuestró una de nuestras naves. Estamos en el borde exterior del sistema planetario Centauri J. Max estaba en el puente pero lo envíe con el Skull. Quedó Stewart a cargo, pero te necesito en el puente.

–Dame unos minutos y voy para allá.

–¿Estás bien como para tomar el mando de la nave? –preguntó Rick con algo de preocupación.

–Me siento como nueva –dijo Helena intentando tranquilizar a su marido. Estaban en una situación de extremo peligro y no era momento de bromear, pero a veces no podía con su genio.

–No es que desconfíe de Stewart, pero necesito a la mejor al frente. Pero si no te sientes bien…

–Rick, estoy perfecto. No te preocupes por mí.

–Helena… –dijo Rick con algo de temblor en su voz–, tienen a Lisa.

La Coronel Chase abrió sus ojos totalmente estupefacta por la sorpresa de la revelación de Rick.

–Cuenta conmigo. Voy al puente de inmediato.