–Max –dijo Rick contactando a su amigo desde el intercomunicador de radio abierta al Skull Uno–, pon a Baker en un Biplaza. Si llegan a interceptar al enemigo y encuentran a Lisa, quiero que él la traiga directo para acá, mientras que los escuadrones neutralizan el ataque.
Archer al escuchar la orden, se comunicó de forma privada con el puente.
–¿Hunter, estás seguro que ese chico tiene lo suficiente como para traer a la Almirante Hayes sana y salva? Preferiría ir yo mismo en el Biplaza.
–Te necesito al frente de los escuadrones. Si fuera por mi, estaría yo arriba de un VT, pero mi lugar es aquí en el puente. Y el tuyo es estar liderando a los pilotos. Baker tiene una impecable técnica, y es muy impulsivo y arrogante. Creeme, tiene todas las cualidades que requiere un piloto de élite.
–¿Impulsivo y arrogante? ¿Estás seguro que va a volver sano y salvo con el Huracán Elizabeth como su acompañante? –dijo Archer sin poder evitar sonreír a pesar de todo el drama que estaban por vivir.
–Siempre hay una primera vez para todo, Archer. Baker tiene lo necesario. Confía en mi criterio.
–De acuerdo. Wolf Uno, fuera.
Rick Hunter desembarcó con su flota algo alejado de las coordenadas donde apareció la nave enemiga. Quería evaluar la estrategia más adecuada para acercarse al enemigo y lograr rescatar al Atlantis y a todos sus tripulantes. Como siempre hacía antes de un ataque siempre intentaba pensar qué harían Gloval y Hayes si estuvieran en su lugar: sobre todo Lisa. Durante estos siete años que estuvo al mando del SDF-3, ella había sido su inspiración y su modelo a seguir.
Hunter estaba dudando de las verdaderas intenciones de los Daafensac tras este secuestro. Tenía un gran presentimiento de que la facción que había secuestrado la nave terrestre había sido la de los Disidentes. Lo que no tenía claro aún es si ya habían tomado control absoluto del Atlantis. El temor de Rick era justamente que los enemigos hayan abordado la nave por asalto y el escaso personal a bordo haya dado pelea. Por lo que le informaron los oficiales del puente, en el momento de la explosion, el Atlantis estaba solo con el mínimo personal de guardia porque había muchos cumpliendo licencia luego de haber regresado al SDF-2 tras un viaje de monitoreo por uno de los cuadrantes. ¿Podría un mínimo número de oficiales haber podido hacerle frente al enemigo si intentaban tomar control de la nave sabiendo que estaban en desventaja numérica? ¿Habría Lisa salido ilesa de la explosion y liderando a ese puñado de hombre al combate?
La incertidumbre de los múltiples escenarios posibles lo estaba volviendo loco. Lo primero que hizo fue contactar a la base situada en el planeta Ares. Dicho planeta estaba orbitando justo del otro extremo de la estrella Centauri J a donde las naves terrestres habian fijado coordenadas para su transposición. A pesar de estar bastante lejos de la base, las comunicaciones eran muy fluidas porque al menos estaban en el mismo sistema planetario. Cuando se contactó con la Coronel Porter, Hunter le explicó que la Almirante Hayes estaba a bordo de una nave que había sido secuestrada mediante una transposicion. Rick le pidió a Sammy un reporte exhaustivo sobre los movimientos de las dos facciones de los Daafensac en la región. Incluso le preguntó si tuvieron algún enfrentamiento entre ellos o si amenazaron a la base que los humanos habitaban en Ares.
Sammy inmediatamente le pidió a Rick que se dirigiera del puente del SDF-2 a la oficina de Lisa para mantener una conversación privada, ya que lo que tenía que comunicarle sería confidencial.
–¿Qué tanto misterio Sammy?, dime –le reclamó Hunter de inmediato a su vieja amiga en el momento que apareció en el monitor de la oficina de la Almirante Hayes.
–¿Estás solo? ¿Dónde está Vanessa?
–Vanessa comenzó con contracciones y la envíe al Hospital Militar para que la estabilicen. Los médicos me informaron que ya bajó el ritmo de las contracciones. Seguramente ya sabes que aun su embarazo no está a término, por eso la van a tener en observación. El stress de la situación le desencadenó un inicio de parto prematuro. Por suerte ya está estable. Y para tu tranquilidad, estoy solo aquí en la oficina de Lisa.
–Oh, espero que Vanessa esté bien. Ayer por la noche le envié un mensaje confidencial justamente reportándole actividades sospechosas –dijo con seriedad la más joven integrante del Trío Terrible–. Sabes que mi poder de observación ha aumentado a lo largo de los años –agregó con cara inocente.
Cuando formaba parte del Trío Terrible a bordo del SDF-1, entre ella, Vanessa y Kim se peleaban por ver cuál de las tres podía detectar que piloto estaba enamorado de quien, o si habia algun candidato potable para que alguna de las tres pueda entablar una cita con un posible prospecto. Gloval al compartir tanto tiempo con ellas en el puente se dio cuenta que debía darle un uso más útil a todo ese potencial, por lo que decidió que paralelamente a sus actividades en el puente, las tres oficiales pasen a formar parte del Departamento de Inteligencia. Esto terminó siendo sumamente útil para el entonces Capitán Gloval cuando estas tres alocadas chicas se hicieron amigas de los tres fugitivos zentraedi: Rico, Bron y Konda.
Gracias a ellas, se logró detectar a tiempo potenciales problemas de integración entre razas. Dentro de los zentraedi desertores que habían sido micronizado y vivian entre los humanos dentro del SDF-1, había algunos que no entendían la forma de vida terrestre y boicoteaban a sus pares defenestrando mediante burlas sus intentos de integrarse a la sociedad de los humanos. El Trío al ser tan incisivamente observadoras, detectaron el problema antes que se vuelva un bumerang contra la alianza que Gloval había perpetrado con Breetai.
–Me parece que Vanessa no logró leer tu mensaje porque estuvo desde temprano haciendo guardia en el puente cuando todo esto ocurrió –dijo Rick–. ¿Qué información contenía tu mensaje?
–En realidad lo que le indique a Vanessa es solo una corazonada. Pero la mayoría de las veces mis corazonadas me dan la razón.
–¿Y cual es tu corazonada? –preguntó intrigado el joven almirante.
–Cuando la nave de Edwards estaba regresando al SDF-2, tuvo un pequeño contratiempo por un desperfecto técnico y se quedó en el planeta Hefesto para su reparación. Estuvo tres días posicionado en uno de los talleres de los Daafensac para lograr que le arreglaran el problema y así poder regresar. Lo extraño fue que no detecte ningún movimiento sospechoso. Es como si deliberadamente intentaran hacer todo demasiado bien.
–¿Ese taller dentro del planeta Hefestos está alineado a la facción que tiene un tratado de "No Agresión" con nosotros?
–Si. Todo el planeta Hefesto, o al menos sus gobernantes, son aliados de nosotros, los humanos. La facción que está abiertamente en contra nuestro, son los que habitan en el planeta Artemis. Pero dentro del planeta Hefestos, donde estuvo Edwards esos tres días, hay una facción que está en desacuerdo con nuestra presencia dentro del sistema planetario. El problema es que entre nuestra población hay zentraedi micronizados, y ambas razas, los Daafensac y los Zentraedi estuvieron en guerra muchas décadas. La larga contienda hizo que la relación entre ambas razas fuera desastrosa. Hubo mucha matanza y pérdida de vidas. Similar a lo que ocurrió en nuestro planeta Tierra con la Lluvia de la Muerte. Aunque esto ocurrió hace varios siglos, todavía parte de la población de los Daafensac les tienen resentimiento a los Zentraedi.
–¿Quizás haya población de Artemis que viva en Hefesto?
–Si, eso es así. Por eso me quedé algo intranquila cuando supe que la nave de Edwards se había quedado tres días allí para una reparación.
–¿Y qué averiguaste?
–¿Adivina cuánto tardaron en reparar la nave de Edwards?
–Mmm, no lo sé. ¿Dos días? ¿Y tuvo un solo día ocioso?
–Medio día –dijo Sammy con suspicacia. Sus ojos brillaban cuando contaba un secreto recién descubierto. Se tratara de una infidelidad entre compañeros de trabajo, o una posibilidad de alta traición de un oficial superior, la noticia era igual de emocionante para ella–. Los otros dos días y medio que estuvo "ocioso" nadie salió de la nave. Lo que intuyo es que usaron radio de corta frecuencia para tramar algo con los detractores que se oponen a nuestra presencia, ya que ese canal no tiene registro de grabación automática de llamadas. Si hubo un intercambio de mensajes, no hubo un registro de los mismos. Se cuidaron de dejar cualquier rastro incriminatorio.
–¿Crees que complotó contra nosotros? ¿Contra Lisa? Según mi entender, Edwards ha sido un asistente muy leal al Almirante Donald Hayes, el padre de Lisa.
–Que sea leal al padre no significa que le tenga devoción a la hija. No me confiaría tanto, y mucho menos sabiendo lo difícil que es la convivencia laboral entre Thomas Riley y Lisa. Yo solo detecté un comportamiento sospechoso en la nave que lo tenía como el oficial de mayor rango a bordo. Por eso le avise a Vanessa que estuviera atenta a Edwards. De todas formas ese insufrible General, que encima ahora fue recientemente ascendido a Vicealmirante, siempre ha estado dentro de nuestro radar. Nosotras intentamos anticiparnos a sus jugadas. Pero es un perro muy astuto que muchas veces se termina saliendo con la suya. ¿Dónde está mi querido T.R ahora?
–Fue herido previo a la batalla. Está internado en el Hospital Militar, pero tiene un coma inducido porque sus heridas son demasiado fuertes como para que las pueda soportar estando despierto. De todas formas por suerte está mejorando, pero todavía lo van a mantener inconsciente.
–Que conveniente –dijo en tono sarcástico Sammy Porter.
–¿Crees que se dejó herir a propósito? –preguntó Hunter con sospecha.
–Piensa mal y acertarás.
–Lo voy a tener vigilado.
–Si yo fuera tú, revisaría todos sus movimientos de los últimos días; desde que regresó de Ares.
–Voy a poner un grupo del departamento de Inteligencia del SDF-3 a verificar las cámaras del SDF-2 para ver si encuentran algo para reportar.
–Lo más probable es que no encuentren nada. Edwards sabe como cubrir sus huellas. Mantenme al tanto de las novedades. Por de pronto voy a hablar con las autoridades del planeta Hefesto para informarles que la Almirante Hayes está prisionera por un grupo que proviene del planeta Artemis.
–Solo espero que esto no sea el desencadenante de una innecesaria guerra civil entre ellos y nosotros los humanos quedar atrapados en medio de ese conflicto gratuitamente.
–Si te mueves rápido, estoy segura que esto se podrá evitar. Últimamente los ánimos están bastante caldeados, porque han subido la tasa interna de aduana dentro del sistema planetario. A partir de ese momento comenzaron los roces entre la población de los dos planetas. Solo falta una chispa para desatar la furia de la guerra. Ten cuidado Hunter. Mantenme al tanto de la situación de Lisa, y sobre todo también de Vanessa y su bebé.
–Gracias por todo Sammy, estamos en contacto.
–Un placer hablar contigo, Rick. Se te ve bien. No has cambiado nada en estos doce años. Todavía pareces un indisciplinado piloto más que un respetable almirante –dijo Sammy en tono de burla.
–Más respeto a tu oficial superior –respondió Rick también en tono de broma para intentar distender un poco los nervios que lo tenían todo contracturado.
–Ja, ja. Si, claro. Cambio y fuera, Almirante.
Rick Hunter primero se concentraría en rescatar a Lisa, y luego en descubrir que se traía Edwards entre manos.
Cuando regresó al puente, puso en marcha su plan de ataque. El escuadrón Skull liderado por Sterling atacaría la nave enemiga por la derecha intentando destruir los misiles de corto alcance de la propia nave, y el escuadrón Wolf liderado por Archer atacaría por izquierda enfrentándose a la caballería que lanzara el enemigo a modo de defensa cuando el ataque se pusiera en marcha. El escuadrón Águila, liderado por Miriya Parino, se mantendría en la retaguardia e intentaría ingresar al Atlantis para dar asistencia a los tripulantes y defenderlos en caso de que el enemigo ya hubiera abordado la nave. El resto de los escuadrones se dividirían en cuatro grupos. Tres de ellos se acoplarían a los escuadrones principales, y el cuarto grupo protegería el grupo de naves terrestres. Ya Archer y Sterling habían elaborado un plan en conjunto donde ambos lideraban a todos los escuadrones de las dos grandes naves, pero nunca habían pasado a la etapa de simulacro. Ahora lo implementarían de forma real directamente en la batalla.
Lisa Hayes abrió sus ojos algo aturdida. Sintió un fuerte zumbido en sus dos oídos, producto seguramente de la gran explosión que ocurrió en la entrada de la nave donde se encontraba. No podía ver correctamente porque una gran nube de polvo que seguramente se produjo a raíz de la explosion, estaba invadiendo todo el lugar.
Solo podía ver algunos cuerpos caídos que al igual que ella estaban totalmente aturdidos. El cuerpo que tenía más cerca suyo era el de la Comandante Graham. Se acercó rápidamente hacia ella y se dio cuenta que la mujer yacía inconsciente. Le sintió el pulso, y por suerte aun seguía con vida. Gracias a la morocha oficial, Lisa había sobrevivido. Sue Graham había sentido una leve vibración, previa a la explosion, y le advirtió a la Almirante primero con su mirada completamente aterrada y luego poniendo su propio cuerpo frente a su oficial superior de manera protectora para evitar que la onda expansiva que produjo la detonación de los explosivos dañara a Lisa Hayes.
Lisa inmediatamente dio vuelta el cuerpo de Sue Graham para revisar su espalda ya que esa parte recibió el golpe de las esquirlas voladoras a causa de la explosión. Solo tenía unos pequeños rasguños y muy poco daño. La joven almirante estaba aliviada que la Comandante Graham no haya resultado demasiado lastimada a causa de la explosion. A unos metros más se encontraba un teniente que estaba sangrando producto de una herida. Cuando Lisa se acercó para verla más en detalle y ver si podía ayudarlo para evitar que sangrara demasiado, todo el entorno inmediato donde estaba comenzó a zumbar y a dar vueltas. De inmediato supo que el Atlantis estaba haciendo una transposición.
Sintiendose todavía demasiado mareada por la explosion, la Almirante Hayes decidió sentarse y esperar a que el salto hiperespacial terminara su secuencia para poder acercarse al Teniente para asistirlo.
«¿Por qué el capitán del Atlantis haría una transposición justo después de una explosion?», se preguntó Lisa. «¿Y si estamos bajo ataque?»
La adrenalina se apoderó del cuerpo de la Almirante Hayes, y le inyectó la fuerza que necesitaba para pararse y rápidamente comenzar a chequear primero el estado de todos esos cuerpos tumbados en el suelo. Le controló el pulso a todos, y por suerte ninguno había fallecido a raíz de la explosion. Solamente ese teniente que estaba cerca a ella conversando con Sue Graham momentos previos al incidente, era el que necesitaba atención médica con urgencia para evitar una hemorragia por sangrado. El resto tenía sólo heridas menores.
Unos soldados vinieron corriendo desde otra parte de la nave y comenzaron a ayudar a la almirante con los cuerpos de los que estaban inconscientes para trasladarlos al sector de enfermería más cercano. Lisa una vez que constató que la situación con los heridos estaba controlada, se dirigió directamente al puente de mando del Atlantis.
–¿Capitán, por qué hemos hecho una transposición? ¿Dónde nos encontramos? –preguntó Lisa intentando no perder la calma.
–Almirante Hayes, que bueno que se encuentra bien –dijo el Capitán Aguirre bastante aliviado–. El enemigo nos envolvió en su aura de influencia y nos arrastró a un salto hiperespacial. Si mis instrumentos están funcionando correctamente, hemos arribado al sistema planetario Centarui J.
–¿Nos atacó una nave Daafensac?
–Nadie nos atacó, Almirante. La explosión fue algo interno. Los Daafensac sólo aparecieron de golpe, se acercaron lo suficiente para que quedemos dentro de su radio de influencia y acto seguido realizaron otra transposición arrastrandonos hasta aqui.
–¿Cree que sean Disidentes?
–Lo son. Ya recibí un corto mensaje con amenazas por parte de ellos. Si no cooperamos comenzarán a disparar. Creo que nos quieren como agente de cambio para alguna negociación con la otra facción de los Daafensac.
«¡Diablos!», maldijo Lisa en su interior. –¿Se pudieron comunicar con la Base en Ares? Podemos usar la radio de corto alcance y pedir refuerzos y una señal de auxilio.
–Lo intente, Almirante, pero por la proximidad de la nave enemiga, ellos están interfiriendo con todos nuestros sistemas alterando el funcionamiento de la nave. La tienen cooptada de manera casi absoluta pero desde el exterior. Por lo menos aun no han intentado abordar. Solo espero que el radar de la base en Ares haya detectado algo extraño en el sistema planetario y descubran que estamos aquí.
–Quizás el SDF-2 haya rastreado nuestra ubicación –dijo Lisa pensando en voz alta–. ¿Cuantos oficiales hay a bordo? ¿Con cuantos VT cuenta para formar un escuadrón como primer cordón de defensa? ¿Tiene a bordo artillería suficiente para colocar una barrera o escudo protector dentro de la nave por si el enemigo decide abordar el Atlantis?
El Capitán Aguirre era un hombre valiente. Había formado parte del grupo de Destroids que disparaban los misiles en la maniobra Daedalus cuando era un joven teniente a bordo del SDF-1. Admiraba la entereza con la que la Almirante Hayes se desenvolvía frente a cualquier batalla. Aunque estaba abrumado por la cantidad de preguntas, entendió perfectamente cual era el objetivo de su oficial superior. Ella debía saber si era viable llevarlo a cabo con la capacidad disponible dentro del Atlantis. Con tranquilidad le contestó a la joven almirante:
–Solo el personal de emergencia está a bordo. La mayoría está de licencia ya que tan solo ayer regresamos de un largo viaje. Veré que puedo organizar con los recursos que tenemos a bordo, Almirante.
Lisa estaba preocupada por lo que le dijo Aguirre. Si la explosion fue interna, alguno de los suyos ayudó a generar semejante distractor como para primero lograr neutralizar la nave y así poder luego darle la oportunidad al enemigo de atraparlos en una transposición. Si todo esto fue coordinado con alguien desde adentro, ¿quién podría ser el traidor?
En la nave de los Daafensac Disidentes, se estaba entablando una comunicación con las autoridades máximas del sistema planetario. Quería exigir la libre circulación entre planetas y si no cedían a su pedido, serán capaces de voicotear la paz acordada con los humanos y zentraedi micronizados, los nuevos habitantes en Centauri J. Los Disidentes habían sido capaces de atrapar una nave pequeña, pero estaban dispuestos a enfrentarse con una nave más grande con tal de que los Daafensac Gobernantes claudicar a sus peticiones.
–Almirante, nuestro sistema está detectando una longitud de onda muy corta que se usa para comunicación entre Daafensacs. Creo que nuestros captores están mandando algún tipo de mensaje. La computadora está descifrando la traducción.
–¿Ya avanzó en algo? –preguntó algo ansiosa la Almirante Hayes.
–Si. Parece que somos "carne de cañón". Somos el escudo protector de nuestros captores que exigen algo a cambio para liberarnos. Si eso no ocurre me temo que quedaremos en medio del fuego cruzado entre ambos bandos.
Lisa no podía creer su mala suerte. Estar involucrados en un problema interno entre dos grupos de otra raza y ser utilizados como trofeo de cambio no era una buena noticia. Era altamente probable que pudieran salir lastimados sea cual fuera el bando que ganara.
–Por lo menos sabemos cuales son sus intenciones. Por ahora nos mantendrán intactos para negociar sus intereses hasta que la paciencia se les acabe, o hasta que el SDF-2 nos encuentre.
No termino de decir eso cuando los sensores del Atlantis detectaron unas naves que estaban por concluir una transposición en masa. De golpe aparecieron en el radar del puente del Atlantis varias naves: primero apareció el SDF-2, pero inmediatamente después se hizo presente el SDF-3, como tambien todas las naves subsidiarias de la flota terrestre. Luego de unos cortos minutos, un innumerable cantidad de VT salieron de esas naves hacia donde se encontraba el Atlantis y la nave enemiga de los Daafensacs Disidentes.
–¡Almirante, creo que viene por nosotros! –dijo estremecido de alegría un joven teniente que se encontraba de guardia ese día en el puente del Atlantis.
Lisa estaba tan feliz por la noticia como ese joven oficial, pero estaba conteniendo sus emociones detrás de su caparazón. Como en cada una de las batallas que llevó adelante Lisa Hayes, la Reina del Hielo estaba al mando de sus emociones.
–Aqui líder Wolf, ¿me escucha Atlantis?
–Fuerte y claro, Wolf Uno.
–Mi escuadrón junto al Skull estarémos distrayendo al enemigo para que ustedes logren escapar. Tendrán como apoyo al Águila, un escuadrón del SDF-3. La operación se lleva a cabo desde los puentes de ambas naves. Las frecuencias de Omega Uno y Gamma Uno estarán abiertas para comunicarse con ustedes cuando estén más cerca de su posición.
–Entendido Wolf Uno.
–¿Pueden confirmar si está la Almirante Hayes con ustedes?
El Capitán Aguirre miró hacia la Almirante, quien estaba algo alejada del micrófono. Su jefa estaba con todo el uniforme sucio y rasgado, la cara llena de hollín, y unas lastimaduras por el sacudón de la onda expansiva que generó la explosion. A pesar de su lamentable aspecto, Lisa Hayes estaba completamente lúcida y dispuesta a dar la pelea que sea necesaria para que el Atlantis sea liberado.
–Se encuentra frente a mí y está en perfectas condiciones, General Archer. Lamentablemente tenemos otros soldados que resultaron más lastimados por la explosion.
Jack suspiró aliviado, y fue tan fuerte el resoplido que se escuchó por el micrófono. Lisa estaba emocionada por saber que tenían a toda la caballería pesada al rescate. De todas maneras estaba algo preocupada que hayan hecho tanto despliegue solamente para rescatar a una nave tan pequeña. Por supuesto que era consciente que su presencia a bordo del Atlantis influía en el tamaño del despliegue que tenía esta misión de rescate.
–Un VT biplaza se estará aproximando hacia ustedes en unos momentos. Es el Halcón Uno y está siendo piloteado por el Comandante Baker. Sus instrucciones son sacar a la Almirante cuanto antes del Atlantis.
«¡Que! De ninguna manera voy a huir y dejar a mi gente aquí», pensó Lisa furiosa. Se estaba acercando al micrófono de la consola para contestarle a Jack, pero su ex-esposo fue mucho más rápido que ella. Sabiendo que la noticia no sería acatada con agrado por el Huracán Elizabeth, se apresuró en agregar:
–Cualquier indicación, contactarse con Omega Uno. Cambio y fuera.
«Ya mismo le doy la contraorden a Vanessa para que suspendan a este tal Baker. No me pienso subir al Halcón Uno y dejar a la tripulación aquí»
El Capitán del Atlantis viendo la vehemencia con la que esos ojos verdes aun miraba a la consola donde había aparecido la señal del Wolf Uno, intentó apaciguar la furia de su jefa.
–Sacarla a salvo de aquí cuanto antes es lo mejor, Almirante.
–De ninguna manera voy a dejar esta nave. No me voy a mover de aquí hasta que el último de mis hombres esté a salvo.
La Almirante Hayes tenía tanta frialdad en su tono de voz que el Capitán Aguirre se arrepintió de haber abierto la boca.
–Intente entablar comunicación con Omega Uno, Teniente –le indicó Lisa Hayes al personal de comunicaciones del puente del Atlantis.
Luego de un largo minuto, que pareció casi una eternidad, por fin el SDF-2 estaba a la suficiente distancia como para entablar comunicación con el Atlantis.
–Aquí Atlantis. La Almirante quiere contactarse con Omega Uno, cambio.
Una luz de mensaje privado estaba titilando por la consola del teniente del Atlantis. En realidad un mensaje privado entre consolas de ambos puentes de mando tenía muy poco de "privado". Cualquier comunicación mantenida entre dos personas lo escucharían todos los oficiales presentes allí. Al menos los pilotos que se encontraban arriba de los VT estarían al margen de lo conversado.
«Vanessa, cobarde. Sabe que me voy a negar y me manda por mensaje privado», protestó en su mente Lisa Hayes
–Abra comunicación, Teniente.
–Si, Almirante –respondió de inmediato Alex Foster, Primer Teniente de comunicaciones del Atlantis. Encendió la comunicación directa, y una vez que la conexión se concretó, el teniente se apartó de la consola permitiendo que la Almirante Hayes pueda comunicarse con mayor comodidad.
–Coronel Leeds, no está en mis planes abordar el Halcón Uno abandonando el Atlantis –dijo de inmediato Lisa Hayes.
Rick no pudo evitar sonreír. No esperaba menos de su Comadreja. Extrañaba tanto esa voz enojada a través del TacNet que por un breve momento se olvidó que tenía a toda la flota encolumnada en una misión de rescate a punto de entrar en una potencial hostilidad con sus aliados los Daafensac.
–La Coronel Leeds se retiró por haber comenzado con trabajo de parto. Yo estoy ocupando el puesto de Omega Uno. El Halcon Uno ya está en camino –se escuchó la voz firme del Almirante Hunter por los parlantes de la consola.
«¿Rick en el SDF-2? ¿Vanessa está por tener a su bebe? ¡Guau!», pensó Lisa. Luego de su asombro inicial, respondió de inmediato: –Omega Uno, no voy a abordar ningún VT.
«¡Diablos! ¿Por qué esta mujer siempre tiene que ser tan obstinada?» –Atlantis, el Biplaza estará llegando a su posición en menos de cinco minutos. Está sin escolta. Avanza solo hasta su posición mientras el grupo de escuadrones confunde al enemigo. Déjenlo abordar y tengan a la Almirante lista con traje de vuelo.
–No voy a abandonar esta nave –decretó Lisa Hayes.
–Necesito que todo el personal del Atlantis use máscaras anti gravitatorias –dijo Rick ignorando lo que acababa de escuchar por parte de Lisa–. Y sobre todo a los heridos. La batalla puede volverse difícil y puede que parte del casco de la nave salga dañada. El enemigo los usará de escudo.
–Comprendo, Almirante –respondió el Capitán Aguirre.
–Soy la Almirante de esta flota y no voy a abandonar esta nave –volvió a insistir Lisa. «No permití que mi padre me saque del SDF-1 cuando aterrizamos la primera vez en la Tierra, mucho menos voy a huir como cobarde porque Hunter tiene miedo que quede atrapada en fuego cruzado».
Durante la Primera Guerra Espacial el Almirante Donald Hayes intentó innumerables veces de obligar al Capitán Gloval a extraer a la Comandante Hayes del SDF-1. Como dicha nave estaba en clara sedición contra los mandatos del GTU por la polémica de los civiles que habían quedado a bordo tras la fallida transposición a la Luna el primer día que comenzó la guerra, Henry Gloval podía darse el lujo de desobedecer las órdenes del Comandante Supremo. Negó varias veces la petición de sacar a su Segunda Oficial de la nave. Pero el Atlantis no estaba bajo sedición contra su nave insignia. De hecho, estaba a la espera de un rescate que organizó el SDF-2 con un ataque masivo por la gran cantidad de VT que estarían involucrados en la batalla.
Rick casi adivinando los pensamientos de Lisa, le respondió con crudeza:
–Soy el Almirante a cargo del puente del SDF-2. Debe obedecer mis órdenes, Almirante Hayes.
«¡¿Cómo te atreves?! ¡Cuando te tenga enfrente te voy a matar, Hunter!»
Lisa sabía que por protocolo la máxima autoridad de toda la flota estelar era el oficial a bordo del SDF-2. A pesar de que ella tenía mayor rango al ser Almirante, y Hunter ser su subordinado al ser un Vicealmirante, Rick al estar comandando desde el puente de la mayor nave de la flota, era la máxima autoridad y tenía la última palabra. Más aún si en breve estaba por ocurrir una batalla de forma inminente. Mordiéndose los labios de la bronca, Lisa observó en la consola cuál de las plataformas del Atlantis estaba en condiciones de recibir un Biplaza.
–Informe al Halcón Uno que "el paquete" estará esperando ser recogido en la plataforma número tres. Atlantis fuera –respondió Lisa con frialdad. Cuando cortó comunicación con el SDF-2, golpeó tan fuerte el botón de la consola que el Teniente Foster, quien ocupaba diariamente ese puesto, se asustó pensando que el equipo podría haberse dañado. Lo que no sabía dicho teniente es que todas las consolas de todas las naves terrestres estaban construidas con el mismo diseño que se utilizó para confeccionar los puestos que se usaron originariamente a bordo del SDF-1. En especial la consola de Delta Uno, que había resistido la furia y frustración de su usuaria cuando se irritaba de manera imperiosa contra un molesto piloto que no le daba tregua.
–Ya oyó al Almirante Hunter, Capitán. Comience a repartir las máscaras.
–Por supuesto, Almirante Hayes.
–Necesito un traje de vuelo y un casco.
–El Teniente Hernandez le indicará donde puede conseguir uno.
Lisa salió tras el Teniente Foster para recibir al tal Baker que estaba piloteando el Halcón Uno, SU avión.
