Jack Baker se acercó a toda velocidad al Atlantis. Ya había recibido en su sistema de navegación cual era la plataforma que debía utilizar para ingresar y retirar a la Almirante Hayes. Debía ser extremadamente rápido como para que ella abordara el VT y regresar por órden del Almirante Hunter de manera inmediata al SDF-2. Su jefe se encargó en recalcar que debía ignorar cualquier contraorden de su ilustre pasajera.
Había escuchado innumerables anécdotas que la tenían a Lisa Hayes como protagonista, contadas por los líderes de los diferentes escuadrones del SDF-3 que habían sido en su momento novatos pilotos a bordo del SDF-1. Las más famosas eran las épicas peleas en el TacNet entre Hayes y Hunter. Baker sabía de lo estricto que podía llegar a ser su jefe, por lo tanto imaginaba que la Almirante Hayes debía ser igual o peor.
Por suerte el enemigo estaba más concentrado en la horda de VT que se aproximaban de frente hacia su nave, por lo tanto el acercamiento del Biplaza al Atlantis había pasado desapercibido. En la recta final, aproximándose a su destino, tuvo que apagar todos los sistemas al mínimo para no ser detectado por las ondas magnéticas que estaban interfiriendo con los sistemas de navegación de la gran nave.
Cuando ingresa su VT al hangar ve a una mujer con un esbelto y curvado cuerpo enfundada en un traje de vuelo y con casco puesto, y a su lado un teniente con el uniforme todo sucio seguramente producto por la resina que habia dejado la explosion interna dentro del Atlantis. Menos de un minuto tardó en abrir su cabina, esperar que la mujer ingresara y luego maniobrar el VT Biplaza haciéndolo girar sobre su eje para poder volver a despegar.
–Bienvenida al Halcón Uno, Almirante Hayes. Tengo órdenes de llevarla de inmediato al SDF-2.
–De acuerdo, piloto.
–Mi nombre es Jack Baker. Soy Comandante a bordo del SDF-3 y líder del escuadrón Cóndor.
–Hmm –mascullo con enojo la Almirante. Jack se dio cuenta que ella estaba bastante enojada, y deseó no haber abierto la boca–. Conozco a otro piloto con su mismo nombre de pila que es propenso a desobedecer las órdenes. ¿Es usted ese tipo de piloto, Comandante?
–No se a que se refiere, Almirante Hayes.
–No creo que Hunter enviara por mí a un piloto que obedezca órdenes de inmediato.
–Algunas las obedezco y otras…, no tanto –respondió algo dudoso.
–Aha, ¿y a cual de los dos almirantes va a obedecer hoy, Jack? Al que esté dispuesto a encerrarlo en el calabozo o al que le haga corte marcial.
–Mmm –pensó Baker por un momento antes de responder. Sintió que estaba en una especie de prueba por parte de la máxima autoridad de la flota espacial, por lo tanto decidió contestar siguiendo su instinto–, creo que a ninguno de los dos.
Lisa intentó contener su sonrisa.
–Vámonos, que estamos retrasando todo el operativo.
–A la orden, Almirante.
El escuadrón Skull comenzó a disparar a las antenas de comunicación de la nave enemiga, y el escuadrón Wolf se enfrentó a la cuadrilla que había lanzado el enemigo para luchar contra los terrestres. Mientras eso ocurría, Miriya Parino, liderando el escuadrón Águila, se aproximó al Atlantis para escoltarlo. Su intención era lograr que la nave secuestrada se acerque al SDF-2. El problema con los sistemas de navegación del Atlantis era que a través de las ondas magnéticas que estaba emitiendo la nave de los Daafensac por alguna de sus antenas, estaban controlando los sistemas de navegación de la misma de forma externa. Miriya y su escuadrón estaban lo suficientemente cerca como para no ser afectados por dichas ondas pero estar disponibles para proteger la nave una vez que emprendan el escape de las garras del enemigo.
–Almirante Hunter, tengo un mensaje entrante de la Base Ares.
–Comuniqueme, Teniente.
La pantalla adjunta al costado de la silla principal del puente del SDF-2 se iluminó, y allí apareció la cara de Sammy Porter vestida con su traje de coronel.
–Tengo noticias favorables, Rick –dijo Sammy yendo directo al grano cuando entablo la comunicación con el Almirante Hunter.
–¿Qué dijo el Consejo del gobierno de los Daafensacs?
–No apoyan ninguna acción de coerción por parte de los Disidentes. Nos dan tarjeta verde para tomar represalia por tener secuestrada una de nuestras naves. No van a romper nuestro tratado de común acuerdo por culpa de unos desquiciados de su propia raza que no saben el valor de las alianzas interespaciales.
–Perfecto. Mi mayor temor era que este enfrentamiento sea como una chispa que desate un polvorín con final incierto. Gracias Sammy. Nos mantenemos en contacto. SDF-2, fuera.
–Cambio y fuera, Almirante.
La pantalla de Rick se apagó. Luego ingrese un código de comunicación desde la misma pantalla para contactar al líder del escuadrón Skull.
–Max, tienes permiso para dejar de disparar a discreción. Intenta hacer más daño a la nave. El objetivo es que huyan haciendo un salto hiperespacial con una transposición. Debes iniciar esto cuando el Atlantis esté lo suficientemente alejado para no volver a ser arrastrado por la burbuja que engloba el salto.
–De acuerdo, Omega Uno.
–Ni bien comiencen con el ciclo de la transposición, alejense de inmediato.
–Entendido.
Luego Hunter ingresó otro código para contactarse con el líder del escuadrón Wolf.
–La operación "Destrozo" ya fue iniciada por el Skull. Mantengan el enfrentamiento con los Pods enemigos lo más alejado posible para no caer en la circunferencia de la transposición cuando el enemigo emprenda la retirada.
Jack Archer le respondió con una venia militar a modo de respuesta.
–El paquete ya está emprendiendo la vuelta –le informó Rick.
Jack ablandó la rigidez de su rostro al estar más aliviado con la noticia de que Lisa ya estuviera más alejada del peligro. Sin embargo mantenía la seriedad en su mirada ya que estaba concentrado intentando sortear los disparos del enemigo a la vez que controlaba la seguridad de su escuadrón en su conjunto.
–Avísame cuando esté segura a bordo del SDF-2 –atino a decir Archer –. Cambio y fuera.
–Atlantis, aquí líder Skull. Hemos logrado derribar la fuente de emisión de las ondas magnéticas. Prueben reiniciar sus propulsores.
–¡Propulsores reiniciados! –grito eufórico el Capitán Aguirre.
–Aléjense a toda velocidad del sector –indicó Hunter desde el TacNet.
El escuadrón Águila junto al Atlantis comenzaron a navegar juntos hacia las coordenadas donde se encontraban las naves terrestres. El escuadrón Wolf desvió los Pods enemigos y el escuadrón Skull comenzó a hacer tanto daño a todos los elementos periféricos de la nave enemiga que de golpe se vio la aureola de la transposición activarse. Los Pods enemigos comenzaron a escabullirse del combate replegándose cerca de la nave madre, seguramente para escapar de allí incorporándose al salto hiperespacial de la nave principal.
–Alejense AHORA –ordenaron Omega Uno y Gamma Uno en simultáneo desde el TacNet a todos los VT.
La orden fue acatada al instante, y todos los pilotos se alejaron de la nave enemiga. En menos de un minuto, justo antes de que la nave hiciera el salto hiperespacial y la aureola de la transposición desapareciera junto con la nave enemiga, ya todos estaban en un rango seguro.
–Almirante, la nave de los Daafensac Disidentes desapareció del radar junto a sus Pods. Nadie resultó arrastrado por el halo de la transposición.
Rick respiró aliviado. Era la primera batalla que libraban en conjunto pilotos del SDF-2 a lado de pilotos del SDF-3 y la coordinación y cooperación entre ambos grupos había sido todo un éxito. El programa de "Intercambio Temporario de Tripulación" que Lisa había implementado, fue sin duda la clave para que esto ocurriera sin roces ni mayores obstáculos. Una luz en la consola de comunicaciones del puesto de Rick se iluminó. Era un mensaje de Omega Cuatro.
–Almirante, el Halcón Uno acaba de ingresar por la plataforma siete al hangar principal.
–Excelente. Por favor informe esto mismo al Wolf Uno.
–Si, señor.
Viendo que todo había terminado, Rick se paró para dejar el puesto de comando del SDF-2. Necesitaba acercarse al hangar principal y constatar con sus propios ojos que Lisa estuviera sin ninguna herida y a salvo a bordo de la nave.
Cuando el Biplaza se detuvo por completo dentro del hangar, ya Rick estaba parado esperando muy cerca a la puerta de acceso de la oficina del Jefe Petrov, donde él y Hayes se habían puesto los trajes de vuelo cuando ambos salieron a volar en el Halcón Uno. Cuando Lisa bajó de la cabina y se quitó el casco, haciendo que todo su cabello color miel se sacudiera sobre sus hombros, el alma le volvió al cuerpo al Almirante Hunter.
Desde que había escuchado la explosion aquella mañana, a Rick se le había congelado el corazón. Mientras daba instrucciones durante la batalla, intentaba mantenerse enfocado para liderar a las tropas con entereza, pero dentro de su alma se sentía un muerto en vida. Estoicamente intentó tolerar la sensación de vacío y desesperación que lo invadió de solo pensar que Lisa estaba en peligro.
Para Rick fue como un dejavu, sintiendo lo mismo que vivió hace años cuando vió desde el gran ventanal del SDF-1 como caía sobre el planeta Tierra la crueldad de la Lluvia de la Muerte. En ese fatídico instante para toda la humanidad, Rick solo había podido pensar en una única persona de los millones de humanos que habitaban el planeta: Lisa Hayes.
Fue inevitable para Rick luchar durante toda la batalla consigo mismo para controlar la sensación de tener todo el estómago retorcido por la incertidumbre que le provocaba no saber si Lisa estaba malherida. Asi se sintió el día que el renegado de Kyron destruyó el SDF-1 en un ataque suicida, teniendo a Lisa Hayes dentro del puente de mando de dicha nave al momento de la embestida.
En los momentos previos al ataque hacia la nave de los Daafensac, mientras seguía con su mirada por el radar como el Halcón Uno se aproximaba al Atlantis para llevarse a Lisa a salvo lejos del peligro, una opresión se instaló en el pecho de Rick Hunter. El estaba reviviendo con nitidez cada uno de los momentos de su vida donde sintió la amenaza real de perder para siempre a manos de la muerte a la mujer que amaba. Mientras el Halcón Uno seguía moviéndose por el monitor de la consola, Rick recordó el día que finalmente se había animado a decirle a Lisa que la amaba.
Tuvo Kyron, ese alocado y rebelde Zentraedi, atacar Ciudad Macross y dejar a Lisa semiinconsciente en el suelo por la explosion del primer bombardeo, para que Rick vea de manera desgarradora como Hayes casi moría frente a sus ojos tan solo minutos después de que ella le declarara que lo amaba. Cuando Rick finalmente logró decir Te Amo por primera vez en su vida a Lisa Hayes, todas sus inseguridades desaparecieron. Decirle en voz alta que la amaba fue como una explosión dentro del alma de Rick que esparció la convicción de que siempre estaría al lado de ella para protegerla, incluso con su propia vida.
En el pasado Hunter había pensado que Lisa no lo querría por ser un hombre poco experimentado en el amor a diferencia de Archer, o porque el compromiso de casarse con Riber era algo que Lisa nunca dejaria atras, o su obsesión por la virilidad y hombría de Lynn Kyle que había deslumbrado a Lisa de inmediato era algo que Rick nunca podría opacar. La represión que Rick se había autoimpuesto por pensar que no era hombre suficiente para ella se desvaneció cuando se animó a confesarle sus sentimientos.
Pero ahora esa opresión en su pecho había regresado. Y hasta que no viera al Halcón Uno volver al SDF-2, no desaparecería. Necesitaba ver nuevamente a Lisa Hayes a los ojos, para inyectarse de energía positiva. Quería cuidarla, protegerla, contenerla, acompañarla, mimarla, consentirla, hacerla reír, abrazarla, besarla, hacerla su mujer una y otra vez amándola como un loco hasta el amanecer. Ese fue el sentimiento que invadió a Hunter nuevamente cuando en el hangar principal del SDF-2 vió a Lisa Hayes caminar hacia su encuentro escoltada por Jack Baker.
–Almirante Hunter, regresé con la Almirante Hayes como me indicó, señor –dijo formalmente el joven piloto haciendo la venia militar–. Estaba por acompañar a la Almirante hasta el Hospital Militar para luego regresar al SDF-3.
–Excelente, Comandante.
–Baker, ¿podría esperar aquí mientras hablo unas palabras con el Almirante Hunter en privado en esta oficina? –indicó Lisa.
–Por supuesto, Almirante Hayes.
Los ojos verdes de Lisa estaban clavados en los azules de Rick y su expresión era indescifrable ya que tenía puesta la máscara de la Reina del Hielo y era imposible para cualquiera, incluso para alguien como Hunter que la conocía muy bien, saber que es lo que estaba pasando bajo la frialdad de su mirada. Ambos entraron a la oficina de Petrov. Por suerte para ello, la oficina tenía en ese momento las persianas bajas, así que cualquier cosa que discutieran allí sería en privado.
–Ahora que estoy nuevamente a bordo del SDF-2 soy la oficial a cargo, Vicelamirante Hunter. El técnico que nos recibió en la plataforma me comunicó que la operación fue todo un éxito. Lo felicito.
Rick se dio cuenta que Lisa estaba usando un tono por demás formal aun sabiendo que estaban solos. De seguro ella estaba demasiado enojada con él a pesar de que lo estaba "felicitando" por el resultado de la misión.
–La misión fue un trabajo en conjunto entre ambas naves y estoy complacido que haya sido un resultado favorable, Almirante Hayes –le respondió Rick usando el mismo lenguaje impersonal que Lisa–. ¿Quisiera saber por qué se encuentra algo molesta, Almirante?
–¡Sabes muy bien porque estoy molesta! No juegues al distraído conmigo, Hunter. Que sea una mujer sensible no implica que no pueda ser también una oficial militar aguerrida. ¿Por qué me quitaste del Atlantis? –gritó molesta golpeando uno de sus puños sobre la mesa mas cercana–. ¡Maldita sea, Hunter! No soy una cobarde que huye del peligro y deja a sus hombres a su suerte.
Lisa había perdido toda la compostura inicial que tuvo cuando estaban ambos fuera de la oficina junto a Baker. Explotó con furia. Tenía toda la cara roja y su respiración era entrecortada. Rick intentó mantener la calma y se acercó a ella hasta tenerla solamente a unos centímetros de distancia. En voz baja y pausada le respondió con la mayor templanza posible: –Tu vida corre peligro. Hay un complot en tu contra. Todavía no estoy seguro si la explosion fue un accidente o algo totalmente intencional con el único objeto de lastimarte. No iba a permitir que durante una batalla estuvieras desprotegida dentro de una nave donde no tengo la certeza de que algún traidor se aproveche de la oportunidad para hacerte más daño. Mi prioridad era mantenerte a salvo, y en simultáneo recuperar el Atlantis junto a toda su tripulación.
Lisa lo miró perpleja, tratando de absorber todo lo que Rick le había contado.
–¿Complot? ¿Estás seguro? –preguntó Lisa un poco mas calmada.
–Kim me envió un mensaje encriptado informándome de la situación. El complot está coordinado desde la Tierra.
–¿Estás seguro? –preguntó algo alarmada Lisa Hayes.
–No. Pero voy a encarar una ardua investigación. Alguien dentro del SDF-2 quiere quitarte del medio y tengo mis sospechas, pero no voy a acusar a nadie hasta que no esté del todo seguro. Los oficiales de inteligencia del SDF-3 serán los responsables de investigar hasta las últimas consecuencias.
Lisa se sintió algo aturdida por la noticia y se llevó sus manos a su rostro. Estaba completamente avergonzada de haber dudado de Rick.
–No lo sabía –dijo aun con sus manos ocultando su rostro y agachándose hacia abajo bastante avergonzada.
–Lo sé –respondió Rick acercándose a ella aún más. Apoyó sus manos sobre las caderas de Lisa para enderezarla y obligarla a verlo a los ojos–. Sé que jamás abandonarías a tus hombres a su suerte. Sé que eres sensible, y eso me encanta de ti. Pero también sé que eres la persona más valiente que conozco y por eso eres nuestra líder indiscutida. Jamás subestimaría la fortaleza de la Almirante Hayes –dijo Rick mientras acercaba su mano al mentón de Lisa para levantarlo aún más y así poder mirar esos ojos verdes que lo volvían loco–. Por un momento pensé que podrías haber muerto. Si mueres, yo muero contigo –le confesó Rick a corazón abierto–. Sería un muerto en vida. Nada tendría sentido.
»Puedo soportar muchas cosas: que estés alejada de mí por años en el espacio, que hayas cumplido tu sueño de ser madre junto a otro hombre, e incluso ver como vuelves a enamorarte de alguien que no te merece. Todos estos años estuve tranquilo porque sabía que estabas a salvo, custodiada por otro piloto que no era yo, pero que haría todo lo posible por mantenerte a salvo. Pero ahora cuando escuché la explosion y luego vi la transposición del enemigo frente a mis ojos, sentí que te estaba perdiendo, que te estabas deslizando de entre mis dedos sin poder hacer nada para protegerte. No puedo aceptar que te mueras –dijo con los ojos llenos de lágrimas–. No mientras yo esté vivo. Te amo demasiado.
El corazón de Lisa comenzó a latir con ferocidad. Vió en los ojos de Rick la angustia que lo embargaba. Pudo sentir en carne propia la desesperación dentro de Hunter cuando él evaluó la posibilidad de que ella podría haber muerto hoy, y lo perdido que él estaría sin ella. El dolor y el desasosiego en la mirada de Hunter la conmovieron revolviéndole todas las tripas. Lisa acercó su mano para acariciar su rostro y fue en ese momento que Rick la besó.
Fue un beso desesperado, apasionado, intenso, desgarrador, sincero, auténtico.
Ya se habían besado de esa manera hace años a bordo de la nave de Breetai cuando quisieron desestabilizar a los zentraedi que tenían el control del Satélite Fábrica. Gracias a ese beso fue que en parte pudieron derrocarlos de manera exitosa y obtener dicho Satélite para construir nuevas naves Robotech.
Esa vez, frente a todos los oficiales y con cámaras que los estaban filmando, ninguno de los dos quería besar al otro porque tenían demasiados sentimientos reprimidos. Pero al momento que sus labios se tocaron toda la fachada que ambos habían construido durante tanto tiempo simulando que no estaban interesados el uno en el otro se fue por la ventana dejando arder dos corazones que latían de manera sincronizada.
Al igual que en aquella oportunidad, profundizaron el beso en un abrazo que acercó los cuerpos de ambos fusionándose como uno solo. Al sentir los pechos redondos de Lisa aprisionados sobre el torso de Rick, Hunter bajo sus manos a los glúteos de Hayes y la aprisionó contra él con fuerza. Deseaba tanto estar dentro de ella y demostrarle cuánto la amaba, cuanto la deseaba. Lisa sintió como se endureció de golpe la entrepierna de Rick e instintivamente ella comenzó a frotar de manera rítmica su cuerpo contra el suyo.
Durante más de 12 años desde que Lisa se despidió de Rick cuando partió para la expedición espacial, ella tenía sus sentimientos por Hunter reprimidos, completamente bajo control. Pero ahora, mientras sentía esos labios que la derretían por completo, algo explotó dentro de ella, y todo su cuerpo comenzó a convulsionar de placer de forma violenta.
«Ahh, Rick. Te amo. Siempre te he amado, y siempre te amaré», oyó Lisa el susurro de su corazón que retumbaba dentro de su cabeza mientras sus labios danzaban contra la boca del piloto besándose con vehemencia.
Rick se percató que Lisa había perdido fuerza en sus piernas y si no fuera porque ella estaba en sus brazos, seguro se desplomaría allí mismo. A raíz de esto, Hunter profundizó aún más el agarre sin dejar de besarla. Cada vez que se besaban de manera apasionada, incluso desde la primera vez que lo hicieron en el interrogatorio frente a Dolza, Rick sentía que Lisa en algún momento colapsaba en sus brazos. Era como si al unir sus labios algo excitante y delicioso la invadía, dejándose dominar de manera invisible por Rick quien quería poseerla de una forma sutil pero ardiente que encendía la llama del deseo en ambos.
Rick comenzó a deslizar sus manos por el curvado cuerpo de Lisa. Quería sentirla, quería excitarla, quería tocarla en su punto sensible cercano a su cadera donde tenía la marca de nacimiento, quería llevarla al límite del deseo. Si no estuviera completamente vestidos, ya hubiera entrado dentro de ella embistiendola con desenfrenada intensidad. Ambos estaban al borde de la locura.
–Despacio. Ahh, me duele –dijo Lisa al momento de sentir que Rick sin querer le había hecho presión en una herida que no había cicatrizado aún a raíz de la explosion.
Hunter se detuvo en seco. Al mirarla a los ojos y ver el sufrimiento físico de Lisa fue como un balde de agua fría para Rick. La soltó de inmediato y la miró con preocupación.
–¿Te lastimé? –preguntó Rick alarmado. Lisa negó con la cabeza aunque su cara expresaba otra cosa–. Lo siento –se disculpó–. Deberías ir ahora mismo con Baker al Hospital Militar mientras que yo regreso al puente.
Lisa se afligió cuando vio como en un instante la mirada de Hunter que estaba ardiente por el deseo, se transformó en ojos tristes que reflejaban una inmensurable melancolía. Ella de repente sintió pánico cuando vió este súbito cambio en él.
–Lo siento Lisa. Esto no debió pasar. No debí besarte. Nunca más voy a volver a hacer esto –dijo con dolor en su voz. Dándose la vuelta se dirigió hacia la puerta y antes de salir volvió a disculparse–. Lo siento, Almirante.
La despedida de Rick fue como una daga directo a su corazón. Cuando se dio cuenta que aun amaba a Hunter con locura, se percató que nunca sería suyo, porque él le había entregado su corazón a otra mujer.
