–Brindemos por nuestra amiga. Porque todavía se puede apostar al amor –dijo Miriya alzando su vaso.
–Salud –dijeron todas al unísono.
Todas tenían jugo de naranja, excepto Lisa que estaba tomando un trago algo suave también a base de naranja. Hayes lo estaba tomando bien despacio. A pesar de que sus amigas le aseguraron que solo tenía un poco de alcohol para dejarla algo alegre, no quería que le afectara tan rápido o le diera sueño o mareos.
Al final Lisa admitió que no fue mala idea juntarse con sus amigas. Necesitaba relajarse y olvidar todo el stress que había estado viviendo estos últimos días. Incluido la organización de un matrimonio express. Todas estaban contando momentos embarazosos que habían vivido junto a Lisa, y cada vez que Hayes negara que eso que contaban fuera cierto tenía que tomar un sorbo de su trago. Por supuesto los cuentos estaban bastante desvirtuados, con el solo efecto de provocar a Lisa y obligarla a bajar de a poco el cóctel que le habían ordenado.
La primera en retirarse fue Vanessa. Geoffrey, su marido, había ido hasta el SDF-3 para ir a buscarla. No quería que ande caminando sola por una nave desconocida después del susto que se habían llevado el día del ataque cuando Vanessa comenzó con contracciones. Al rato Helena también se fue. Al día siguiente bien temprano iba a recibir otra dosis de medicamento y tenía que estar descansada para que le hiciera más efecto.
Lisa y Miriya se quedaron solas conversando.
–Dana siempre pregunta por su madrina. Está contenta de que finalmente va a verte el día de tu casamiento yademás va a conocer a tus hijas. A pesar de que era muy pequeña cuando te fuiste, siempre te recuerda.
Lisa había cuidado mucho de la primogénita de los Sterling cuando aun vivía en la Tierra.
–Era una bebe adorable. Cuando la veía soñaba con tener una hija como ella. Ahora tengo dos, y son tan traviesas como nuestra querida Dana.
Ambas se rieron para no llorar. Ser madres de hijas mujeres con carácter era algo que ambas oficiales militares debían padecer a diario.
–¿Estás segura de lo que estás haciendo? –dijo Miriya de repente.
–¿Por qué lo preguntas?
–No sé. Quizás sean cosas mías, pero no veo ese brillo en tus ojos como cuando me contaste que Hunter te había propuesto casamiento.
–Quizás porque antes aún pensaba que podía ser una princesa y vivir feliz para siempre con su príncipe. Después la vida me llevó hacia otros lugares –dijo con un dejo de amargura.
–Max puede ser algo taciturno por momentos, cosa que me desespera bastante, pero a mis ojos aún sigue siendo mi príncipe. ¿Estás segura que Karl puede ser tu príncipe?
–Si, por supuesto –respondió algo dudosa Lisa. ¿Lo era? –Lo amé demasiado. Estamos retomando nuestra relación desde donde la dejamos. La química sigue intacta.
–¿Y el amor?
Miriya veía dudas en su amiga, y solo quería que ella reflexionara antes de tomar una decisión tan importante.
–El amor se construye día a día. Voy a estar bien. Vamos a estar bien.
El celular de Miriya comenzó a recibir muchos mensajes. La meltrán comenzó a leerlos todos.
–¿Alguna alerta de combate?
–Más que una alerta de combate es una alerta de fiebre con vómitos. Max está desesperado.
–¿Qué pasó?
–Maia está con fiebre y Dana con vómitos –Lisa la miró con piedad. La noche de Miriya recién estaba por comenzar–. No quiero dejarte sola. ¡Es tu despedida de soltera!
–Olvídalo. Tus hijas necesitan los mimos de su madre para sentirse mejor. Además técnicamente no soy soltera. Soy divorciada. Así que mi "despedida" caducó hace mucho tiempo. No te preocupes por mí. Vete. Pido la cuenta y luego me voy.
Miriya la abrazó con fuerza.
–Nunca es tarde para cambiar de idea. Max y yo vamos a apoyarte en lo que sea que decidas –dijo la meltran antes de salir disparada hacia su casa.
Rick Hunter había terminado un turno extenuante. Se sentía demasiado cansado. Quizás hasta derrotado. Y más aún porque tenía que ir a dormir a la barraca en lugar de su casa. Derrotado porque no podía encontrar nada para incriminar a Edwards, derrotado porque sentía que le había fallado a Helena, y derrotado por ese anillo que Lisa lucía en su dedo anular.
«¡Diablos! Archer tenía razón. Soy miembro honorífico del Club de los Perdedores. Necesito un trago». Con eso en mente fue directo a El Pirata Ruso.
–¿Lo de siempre, Almirante? –preguntó el bartender cuando vio a Rick acercarse a la barra. Le consultaba más por cortesía, ya que nunca había visto al Almirante Hunter beber alcohol.
–No. Necesito algo fuerte, Igor. Dame algún trago de tu madre patria. Algo para calmar el frío que siento aquí –dijo apuntando a su corazón.
El barman se quedó estático por la sorpresa. Pero luego de unos segundo comenzó a prepararle un trago. Solo por precaución, se lo preparo a la mitad de graduación alcohólica de lo que llevaba el original. Haría algo fuerte, pero no lo suficientemente letal como para que el Almirante del SDF-3 quedara rendido sobre la barra de su local a la vista de todos los pilotos.
–Aquí tiene la cuenta señorita.
–Gracias –respondió Lisa Hayes.
–En unos minutos va a comenzar otra banda a tocar unas canciones. Es una pena que sus amigas se hayan ido. Pero si lo prefiere puede quedarse, o escuchar desde la barra.
–En realidad ya estoy por irme. Termino mi trago y me voy –dijo amablemente la Almirante Hayes.
Mientras buscaba su escurridiza billetera en su cartera para abonar la cuenta, Lisa reconoció una voz que la estaba llamando por detrás.
–¿Comandante Hayes?
–¿Frank? –pregunto sorprendida mientras se daba la vuelta para ver al hombre de frente–. ¿Frank Caruso?
–El mismo, Comandante. Skull Cinco a su servicio, Delta Uno –dijo el ex-piloto con una sonrisa saludando a Lisa de forma marcial.
–Tanto tiempo. Que sorpresa.
–La vi de lejos, Comandante y dudaba si era o no usted, pero después pensé que quizás había venido desde el SDF-2 y por eso nunca antes la había visto por aquí.
–Si es cierto. Estoy al mando del SDF-2 y ahora son Almirante.
–Guau. Con el Comandante Fokker siempre decíamos que usted llegaría muy lejos.
–¿En qué andas ahora, Frank?
–Ahh, después de la muerte del Comandante Fokker yo decidí renunciar a la RDF.
Mi esposa estaba embarazada y muy asustada, así que decidí dejar los aviones y dedicarme exclusivamente a la batería. Formé varios grupos y ya hace un par de años que toco aquí en La Bodeguita desde que abordamos nuevamente la aventura de ir al espacio. Pero esta vez como un simple civil, Comandante…ehe…digo Almirante.
–Vaya, estaba por irme pero voy a quedarme un poco más para escucharte, Frank.
–¿Le gustaría tocar con los muchachos esta noche?
–¿Qué? –dijo algo sorprendida por el ofrecimiento.
–Se que su fuerte es el teclado, Comandante Hayes, pero el guitarrista del grupo se lastimó un dedo y estamos sin nadie que toque la viola. Hemos adaptado las piezas para que suene bien igual, pero con las cuerdas sonaría muchísimo mejor. Vamos, hágalo por los viejos tiempos. Por Los Calavera que ya no están entre nosotros.
–En realidad tú eres el único Calavera que sobrevivió, Frank.
–Eso no es cierto. Aquí frente a mi tengo a la miembro honorífica del grupo. Vamos. Que dice. Por los viejos tiempos. Además no creo que aquí sepan que usted es una Comandante,..ehe Almirante.
–Hace mucho que no toco la guitarra –dijo algo dudosa. Con el trago que tenía encima Lisa Hayes se sentía bastante más desinhibida. Y era cierto lo que decía Frank que aquí nadie la conocía. Por lo menos haría algo divertido en su fracasada Despedida de Soltera.
–De acuerdo. Me convenciste.
–Perfecto. Vamos atrás del escenario así le doy una hoja con las notas y practicamos un poco los acordes, Comandante.
–Dime Lisa, Frank.
–De acuerdo, Lisa –le dijo guiñandole un ojo.
–Santo Cielo, Igor. Esto es tan fuerte que puede revivir hasta un elefante moribundo.
–Ja, ja. Usted quería algo para entrar en calor, Almirante. Yo solo cumplí sus órdenes.
–Puff. Me gira toda la cabeza y tengo un calor de locos. Creo que tu trago cumplió su propósito. Voy a dormir como un bebe esta noche. Hasta luego, Igor.
–Buen descanso, Almirante. Si puede comer algo antes de dormir le va a evitar la resaca mañana por la mañana. Acá ya cerró la cocina asique no puedo ofrecerle nada.
–Está bien. Gracias.
Rick se retiró intentando caminar en línea recta. No estaba tan mareado, pero sí le dolía demasiado la cabeza. Después de caminar dos cuadras decidió buscar algún almacén para comprar algo para cenar. Cuando pasó por la puerta de La Bodeguita decidió que quizás era mejor comprarse una comida ya hecha en lugar de preparársela en su barraca, sobre todo con el dolor de cabeza que cada vez era más intenso. En ese bar vendían unos sandwiches de pollo para llevar que eran deliciosos.
–Buenas noches Almirante Hunter. ¿Qué desea?
–Un sándwich de pollo. Podría por favor envolverlo para llevar.
–Por supuesto –dijo el cajero del bar mientras recibía la tarjeta del Almirante para cobrarle su orden –Está por comenzar a tocar su banda favorita, Almirante. ¿No va a quedarse a escucharlos?
–Estoy algo cansado. Quizás otro día. Podrías darme un vaso de agua. Estoy algo sediento.
El alcohol lo había deshidratado un poco a Rick. Mientras tomaba su agua, el grupo subió al escenario.
–Buenas noches querido público. Que bueno tenerlos aquí esta noche. Hoy quiero contarles que tengo una vieja amiga que muy amablemente va a reemplazar a Steve esta noche en la guitarra. Por favor damas y caballeros, denle un fuerte aplauso a Lisa Hayes.
Rick se atraganto con el agua y comenzó a toser con fuerza para estabilizarse. «¿Lisa?». Hunter estaba casi al fondo del local, próximo a la salida, muy cerca de la caja, pero podía ver con total claridad la sonrisa resplandeciente de la Comadreja con la guitarra a cuestas sentada sobre un taburete. La luz que alumbraba al escenario cegaba un poco a los músicos que se situaban sobre él, así que Lisa solo veía muchas cabezas que se movían en la oscuridad.
El grupo comenzó a tocar un tema de Bossa Nova que Lisa por suerte conocía. Había acordado con Frank que no intentaría hacer ningún punteo complicado con la guitarra. Si bien le sobraba talento y podía hacerlo, hace mucho que no tocaba el instrumento y tenía miedo de equivocarse, por eso comenzó tocando un punteo básico para entrar en confianza.
Rick miraba como las delicadas manos de Lisa acariciaban las cuerdas de la guitarra y cuando escuchó la canción recordó que era una de las que tocaba Roy con su grupo. El cantante del grupo era un barítono que siempre tenía la habilidad de hacer emocionar a Rick con la entonación que le daba a las canciones, pero al escuchar la guitarra de Lisa sintió una vibración en su cuerpo mucho más profunda que lo dejó sin aliento.
El anillo de compromiso en su dedo brillaba con destellos intensos por la potente luz que alumbraba el escenario. Por un breve momento Hunter deseó que esos destellos fueran de un color verde esmeralda, como el anillo que él le obsequió al momento de pedirle que fuera su esposa. Los aplausos del público lo obligó a enterrar rápidamente ese deseo en el fondo de su corazón. Cuando recobró el aliento comenzó también a aplaudir al grupo por su primera canción.
–Gracias. Ahora a pedido de mi amiga que está tocando aquí esta noche con nosotros vamos a interpretar una canción que hace mucho no tocamos. Espero que les guste: More Than Words.
Los dedos de Lisa rasgaba las cuerdas y con una sonrisa miraba al cantante que con suavidad comenzaba a deslizar las palabras de esa hermosa balada. Toda la habilidad de Lisa para transmitir emociones a través de la música invadieron los sentidos de Hunter. Cuando la canción llegó a la estrofa donde el cantante le dice a su enamorada que tiene el corazón roto, partido en dos, porque lo que realmente quiere es que le demuestren su amor, Hunter no pudo evitar emocionarse. Tardó tanto en decirle a Lisa que la amaba y siempre le había dado señales contradictorias. Debía reconocer que ambos fueron culpables en dilatar tanto el estar juntos.
Estuvieron muy poco tiempo juntos como pareja, pero ese puñado de meses fue suficiente para llenarlo por completo y darle las energías que necesitaba para seguir viviendo si ella. Pero ahora que la veía sonriendo, tocando esta canción para todos, no podía dejar de preguntarse si Lisa la había elegido para que él la escuchara. Para que él reaccionara, y le demostrara que la amaba.
–Aquí tiene su sándwich, Almirante.
–Gracias.
Antes de que la canción terminara con el último acorde, ya Rick Hunter había salido del bar. Comenzó a caminar sin rumbo por el SDF-3. Le deprimía aún más pensar en volver de inmediato solo a su barraca. Pero la cabeza aún le latía con intensidad asique decidió sentarse en un banco en el parque para comer su sándwich allí. Se quedó rumeando en sus pensamientos completamente inmovil. ¿Estaría el corazón de Lisa también partido en dos como el suyo? ¿Realmente este nuevo matrimonio la haría feliz?
Luego de tocar cinco canciones seguidas el grupo tomó un descanso. Lisa estaba feliz. Se sentía completamente plena. La música siempre había sido su refugio en su solitaria niñez cuando su madre enfermó y el volver a tocar en grupo le recordó la vitalidad y la fortaleza que le había dado desde siempre el tocar instrumentos.
–Eso fue fabuloso chicos. La verdad que lo disfruté muchísimo.
–Gracias a usted Comandante. El público estaba encantado. Fue todo un éxito. Otro día tiene que venir con más tiempo y practicamos como en los viejos tiempos para poder tocar más temas. ¿Qué le parece? ¿No va a negarse ahora, o si?
–Lo pensaré –dijo algo risueña.
–Hey, por lo menos no dijo un no rotundo. Venga, que quiero presentarle a alguien –le dijo Frank, tomándola de la mano para llevarla hasta una mesa que se encontraba al fondo del local–. Cariño, quiero presentarte a la Comandante Hayes. El ángel guardián de cualquier piloto. La mujer que se encargó de que regresara a casa a salvo cuando volaba con el escuadrón Skull –luego girando hacia Lisa, agregó:–. Comandante, ella es Estefania, mi esposa.
–Gusto en conocerla –le extendió la mano Lisa.
La esposa de Frank estaba sonriendo y enseguida tomó la mano de Lisa para saludarla: –Es un placer. Por fin puedo conocer a la famosa Comadreja Hayes –dijo con inocencia la mujer.
Lisa abrió sus ojos con sorpresa, y cuando miró de reojo hacia Frank Caruso, se dió cuenta que el ex-piloto estaba totalmente rojo de la vergüenza.
Roy le había parecido tan desopilante el apodo que su pequeño hermanito le había dado a la Comandante Hayes, que para distender un poco la presión en el vestuario una vez que regresaban de alguna dura batalla, de vez en cuando bromeaban entre ellos dándose apodos en forma de burla y nunca faltaba alguno que recordaba entre risas que Delta Uno también era conocida como "la comadreja".
–Amor –dijo con un dejo de reproche–, es Comandante Hayes.
–¿Me equivoque? Perdón. Pensé que era un apelativo cariñoso. Mi esposo me llama todo el tiempo mi Zorrita Rubia.
Al escuchar a su esposa confesar el sobrenombre que usaba con ella en la intimidad frente a la estricta oficial militar que tenía enfrente, el baterista y ex integrante de Los Calavera estaba aún más rojo que antes.
–No se preocupe Estefania. Mi esposo también me llama cariñosamente Comadreja –dijo para tranquilizar a la mujer. «¿Esposo? ¿Dije esposo?», pensó Lisa algo shockeada. «Por favor, Lisa el cóctel que te pidieron las chicas te afectó la cabeza. ¡Rick no es mi esposo! ¡Diablos!»
Su único esposo hasta el momento le decía Huracán Elizabeth tanto en el TacNet como en la intimidad de su alcoba. Pero Hunter que le decía Comadreja también en el TacNet como en la intimidad de forma cariñosa, nunca llegó a ser su esposo. Lisa estaba algo avergonzada por el acto fallido que acababa de mandarse frente a Frank y a Estefania.
–Aquí traje la ronda de tequila que pediste, Frank –dijo una moza trayendo una bandeja llena de vasos con tragos. Ya todos los músicos de la banda se habían reunido en torno a esa mesa, y cada uno agarró un vaso. Lisa para no ser menos, también tomó uno para brindar con el grupo.
–Por el show de esta noche que fue todo un éxito. Salud.
–Salud –respondieron todos al mismo momento para luego tomar del vaso.
De un sorbo Lisa se bajó todo el tequila casi sin darse cuenta. Después de la tercera ronda de tragos, Lisa todavía seguía en pie, pero estaba bastante jocosa. Estaba divertida escuchando anécdotas de Roy Focker contadas por Frank.
–Por Los Calavera que ya no están –levantó Lisa Hayes una cuarta copa de tequila para brindar.
–Por todos mis compadres del Skull que ya se fueron –agregó Frank.
–Salud –gritaron todos al unísono.
–Bueno…, creo que debo irme –se despidió Lisa Hayes.
–Un placer conocerla, Lisa –dijo Estefania–. Espero tenerla nuevamente tocando aquí con mi esposo y los otros muchachos. Tiene un gran don para la música.
–Gracias –dijo mientras la abrazaba–. Buenas noches a todos.
Completamente renovada por cómo había terminado su noche, Lisa salió del bar para regresar al SDF-2. Cuando dio vuelta a la segunda esquina, se dio cuenta que estaba perdida.
«Diablos, no puede ser que siempre me pierda aquí», protestó Lisa en silencio. «Esta nave no es tan distinta al SDF-2. Voy a regresar para atrás y tomar para la izquierda. Creo que allí estaba el parque y creo que estaba cerca de la esclusa. ¿Cierto?»
Mientras vagaba sin sentido de aquí para allí, comenzó a sentirse algo mareada. Comenzó a arrepentirse de haber tomado tragos diferentes. El primero que tomo con sus amigas tenía vodka y luego con los muchachos de la banda tomo tequila. Su estomago no estaba preparado para recibir distintos tipos de alcohol. Por lo menos habían tomado tragos junto a unos deliciosos bocadillos que la ayudaron a tolerar mejor la graduación alcohólica a la que no estaba acostumbrada, pero reconoció que el brindar tantas veces había sido un exceso innecesario y ahora estaba sintiendo las consecuencias.
Mientras regresaba en direccion hacia el parque, a lo lejos vió una figura sentada en un banco con un cabello negro todo desordenado que podia reconocer a metros de distancia.
«¿Hunter? ¿Qué hace sentado en ese banco? Si no estuvieras con los ojos abiertos diría que estás completamente dormido», pensó Lisa. «Porque justo me tenía que topar con él. Parece una broma.» –¿Rick? –dijo Lisa intentando ver si estaba despierto o dormido con los ojos abiertos.
Hunter giró su cabeza mirando hacia la mujer que le acababa de hablar. Definitivamente era la voz de Lisa, pero aún le dolía demasiado la cabeza por el trago que Igor le había preparado, y le estaba costando enfocar la mirada con sus ojos..
–¿Lisa?
–Si –respondió con timidez.
Cuando su mirada enfocó mejor hacia la mujer que tenía enfrente y finalmente vio la tímida sonrisa de Hayes, Rick Hunter sonrió por primera vez en el día.
–¿Estás perdida?
–Si. Soy patética. No puedo lograr memorizar donde se encuentra la salida.
–Ja, ja. Vamos, patética –bromeó Hunter–. Yo te ayudo a salir de este laberinto –dijo levantándose con algo de dificultad.
Ambos estaban caminando algo lento. Se notaba que ninguno de los dos había absorbido correctamente el exceso de alcohol en su sistema. De golpe Lisa comenzó con un ataque de risa y no pudo parar. Tanto era su risa que se agarró el estómago del dolor que le provocaban los espasmos que le generaba la risa excesiva.
–¿Qué es tan gracioso, Hayes?
–Tu. Ja, ja, ja, ja.
–¿Yo?
–Quiero alejarme de ti y te veo en todos lados. Estas hasta en la sopa. Ja, ja, ja, ja…sopa…ja, ja.
Rick refunfuñaba. Su borrachera era más "gruñona" y menos "alegre" que la de Lisa, porque el dolor de cabeza le estaba partiendo al medio.
–Vamos. Estamos cerca de la salida.
–Siempre me ignoras…ja, ja, ja…¿Por qué me ignoras, Hunter? Siempre soy última en tu lista. Incluso la RDF está antes para ti que yo –le dijo mientras perdía algo de equilibrio–. Ja, ja, ja….la RDF….ja, ja, ja….Yo que soy la numero uno, la mujer abnegada que deja a su esposo enojado porque cumplo tres turnos seguidos en lugar de compartir con él la cena junto a nuestras hijas, estoy celosa de la RDF….ja, ja, ja….Que ironía de la vida…
Lisa estaba desvariando. De repente comenzó a largar un vómito tras otro. Hizo un gran enchastre en medio de la vereda, y su vestido estaba completamente sucio.
Rick la miró impávido. El se sentía tan mal que no podía asistirla, solo se quedó quieto mirando como terminaba de vomitar todo el alcohol que tenía en sus sistema de una buena vez. Cuando finalmente Lisa expulsó lo que tenía en su estómago, Hunter le agarró la mano, y como zombie la llevó en silencio hasta su barraca. Estaba borracho pero aún algo lúcido. No podía permitir que Lisa regresara al SDF-2 en ese estado.
