Rick Hunter entró a su barraca lentamente, arrastrando por el brazo a una descompuesta Lisa Hayes. Le indicó que se recostara sobre la cama y como una muy obediente niña pequeña, Lisa hizo lo que Rick le indicó. Ni bien su cabeza tocó la almohada, como por arte de magia, Lisa Hayes se relajó por completo y cayó en un profundo sueño.
A pesar de su terrible dolor de cabeza, Rick era el que estaba en mejor estado de los dos, por lo que decidió que lo mejor sería quitarle el vestido que llevaba puesto y enjuagarlo en el baño. Le bajó despacio el cierre del vestido y rápidamente se lo quitó sin que Lisa se inmutara. Decidió colocar algo suyo mientras tanto, y agarró lo que tenía mas a la mano, que era su vieja remera de entrenamiento del escuadrón Skull que usaba para dormir. Cuando le quitó el vestido, no pudo evitar darle un vistazo a la ropa interior que Lisa tenía puesta. Era de color verde. A pesar de que Rick se sentía fatal, al ver a Lisa usando ese color sonrió para sí mismo. Estaba casi seguro que Lisa tendría puesto algo verde, tan seguro que hubiera apostado en ello. Era de un delicado encaje, y el verde musgo resaltaba sobre su blanca piel. Ya la había visto en traje de vuelo hace pocos días, pero tenerla casi sin ropa en su cama era todo un espectáculo. Aún con aliento a tequila mezclado con aroma a vómito que emanaba de su vestido, el perfume a rosas de su piel era notorio. Cuando le coloco la remera, Rick no pudo evitar acariciar con suavidad la hermosa marca de nacimiento que Lisa tenía cercana a la curvatura de su cadera.
«Si abrieras tus ojos ahora y te dieras cuenta que te estoy mirando, definitivamente me llamarías Piloto Pervertido. Pero estas tan hermosa que me es imposible no admirar tu belleza, Comadreja», pensó Rick. Terminó de colocarle la remera del Skull, acomodó su cuerpo con suavidad, y la arropó con las sábanas.
Dentro del baño, después de enjuagar el vestido de Lisa y colgarlo en una percha para que se secara, decidió darse un baño para intentar quitarse la resaca que tenía encima. Cuando terminó y volvió al dormitorio, vió que Lisa estaba demasiado instalada en su cama. Sería imposible despertarla, así que decidió dejarla dormir allí. El tema era donde dormiría él. Sería caballeroso de su parte cederle la cama a la dama, pero todavía le dolía demasiado la cabeza y realmente necesitaba recostarse sobre algo cómodo. La barraca no contaba con un sillón amplio donde poder dormir, por lo que no le quedaba otra que compartir la cama con ella. Era una cama bastante amplia pero no llegaba a ser una matrimonial. Si fueran una pareja de tortolitos recién casados que duermen abrazados estaría bien, pero no era el caso.
Al final lo que decidió fue recostarse junto a ella pero sobre las mantas para estar de alguna forma separado de ella. Si lo hacía tapado junto a Lisa, corría el riesgo de abrazarla y dormir como cucharita y eso estaba definitivamente prohibido. La sola presencia amenazante del anillo de compromiso en el dedo de Lisa era una advertencia para Hunter que debía comportarse.
«Al final lo único que hago con las mujeres que amo es ser su fiel cuidador. Con Helena soy el enfermero perfecto y con Lisa parezco un hermano mayor que cuida de su rebelde hermanita. Uf. Definitivamente son el presidente del Club de los Perdedores.»
Se colocó el short deportivo que siempre usaba para dormir, junto a otra remera, y se recostó en la cama. Pero el trago que le había preparado el barman ruso, le estaba dando unos calores terribles.
«Es la primera y última vez que le pido un trago a Igor. Tengo tanto calor que ni el frío extremo de Siberia me afectaría en estos momentos», pensó mientras se quitó la remera que se había puesto para dormir. Al final se quedó vestido únicamente con su corto short de entrenamiento, y lo mantuvo puesto porque Lisa estaba recostada a su lado. Si hubiera estado solo en su dormitorio, el calor corporal que sentía era tan fuerte que hubiera dormido completamente desnudo.
Lisa Hayes se desperezó en la cama. Se sentía completamente relajada. Había dormido profundamente. Hace tiempo que no despertaba con esa sensación de relax. Cuando se movió un poco se dió cuenta que tenía alguien que presionaba en su costado. Era muy común que alguna de sus hijas, sino ambas, se pasaran a dormir con ella en la cama. Eso se había acentuado bastante desde que Jack se fuera de la casa cuando ambos decidieron separarse.
Comenzó a mover su mano para intentar encender el velador y correr un poco a su hija hacia un costado pero no encontraba la perilla. «¿Quién movió la lámpara?», pensó mientras intentaba despertarse.
Se incorporó, y cuando acomodó un poco su visión, se dio cuenta que no estaba en su habitación. Al mirar al costado de la cama y ver quien estaba acostado a su lado, todo lo que había ocurrido la noche anterior le cayó como un balde de agua fría que la despabiló por completo.
«¡Santo cielo, dormí con Hunter! Y él está con el torso desnudo ¿Con quién estás soñando Piloto Pervertido?». Rick aún estaba en su quinto sueño, y tenía una leve sonrisa en su rostro. «Seguramente está soñando con aviones», razonó Lisa conociendo muy bien a su acompañante de cama.
Cuando se vió a sí misma, se percató que tenía puesta la remera del escuadrón Skull. A ella le encantaba ponerse esa remera para dormir cuando vivían juntos. El aroma de Rick estaba completamente impregnado en esa remera. «Con razón dormí tan bien», se percató Lisa. El intenso aroma de Hunter siempre lograba tener un efecto sedativo en ella. Lisa se sonrojo un poco al recordar como Rick siempre le decía que se veía excesivamente sexy cuando ella usaba su remera. Al moverse un poco más y tratar de taparse con las sábanas, sin querer movió a Rick y esto provocó que el ex-piloto se despertara. Cuando abrió sus ojos y vio la mirada profunda del verde esmeralda de Lisa, automáticamente surgió una gran sonrisa en su rostro.
–Buenos díasm Comadreja –dijo con voz ronca–. ¿Te sientes mejor?
Ella asintió con la cabeza.
–Que bueno. Hhuum…Ahh…Creo que aún tengo algo de resaca –dijo Rick mientras se desperezaba.
–¿Estuviste tomando? –preguntó sorprendida Lisa. Estaba segura que Rick casi no tomaba alcohol, al igual que Jack.
–No tanto como para terminar vomitando sobre mi ropa, pero sí. Tuve la pésima idea de tomarme un trago con vodka que me dejó completamente fuera de combate –respondió mientras se refregaba la cara con sus manos para intentar terminar de despertarse.
Lisa sonrió con la ocurrencia de Rick. Enseguida recordó todo lo que había sucedido la noche anterior. Estaba claro que nada había pasado entre ella y Rick. Si bien estaba bastante ebria, no le impedía no recordar lo ocurrido. Si hubiera tenido sexo con Hunter, por mas ebria que estuviera, definitivamente lo habria recordado.
–Lamento que me hayas encontrado en ese deplorable estado. Me quitaste el vestido.
–Lo lave. Ya debe estar seco. Está en el baño.
–Gracias.
–¿Quieres darte una ducha? Creo que te ayudaría a despejarte un poco antes de regresar al SDF-2.
–Si, creo que eso haré. Voy al baño a ducharme y cambiarme. Permiso –dijo mientras que se destapaba para salir de la cama. Las largas y estilizadas piernas de Lisa Hayes emergieron desde las sabanas y ese gesto tan simple de Lisa despertó en Rick un sin fin de fantasías que intentó borrarlas de su mente sin éxito. Por suerte Lisa se encerró en el baño. Mientras entraba al sanitario, la vio vestida con esa remera del escuadrón Skull que le quedaba demasiado sexy. Mucho más que cualquier camisón de seda.
A Rick le encantaba cuando ella se la ponía para dormir. «¿Por que de todas las remeras que tenia para ponerle, tuve que elegir justamente esa?» Hunter decidió levantarse, vestirse y preparar un café bien fuerte para ambos. Seguramente tendría que acompañar a Lisa hasta la salida para que no se perdiera dentro de la nave. «Comadreja inteligente pero algo despistada», se rió para sí Rick.
Al poco rato Lisa salió con el cabello mojado y su vestido de la noche anterior puesto. Su rostro estaba algo sonrojado y tenía una mirada tímida que la hacía ver vulnerable pero completamente atractiva. «Peligrosamente sexy», pensó Rick.
–Prepare café.
–Gracias –dijo Lisa extendiendo su mano para tomar la taza. Cuando sus manos se rozaron, y Rick bajó la mirada para ver el toque de Lisa, descubrió que el brillante anillo en el dedo de Lisa aún seguía allí. Amenazante.
–¿Vas a casarte con Riber?
–Si –respondió mientras tomaba un sorbo de su café–, ¿cómo lo sabes?
Rick dirigió una mirada aguda hacia su anillo de compromiso, y Lisa instantáneamente ocultó su mano debajo de la mesa. Se sentía algo incómoda hablando de esto con Rick.
–Dentro de un par de días será la boda –siguió explicando Lisa.
–Ahora veo porque Riber solicitó su traspaso al SDF-3 –dijo rechinando entre dientes.
Ambos siguieron en un incómodo silencio tomando cada uno su café. Lisa observó a derredor y notó que en uno de los estantes estaba el casco negro de Roy Fokker. También había fotografías de Roy. Al lado había otro portarretratos con una fotografía de Rick junto a Helena quien tenía a una bebe en brazos y Rick llevaba sobre sus hombros a una más crecida Dana. Seguramente ese bebe sería la segunda hija de los Sterling. Helena miraba a la pequeña con ternura, y Rick estaba mirando a Helena con devoción. Lisa se percató que al no haber podido tener hijos seguramente había sido algo difícil de afrontar para la pareja de Rick y Helena.
En otro estante de la pequeña biblioteca encontró también la fotografía del día del bautismo de Dana. Lisa tenía a la bebe en brazos y Rick la tomaba de los hombros por detrás mirando totalmente embobado a la primogénita de los Sterling. Era una fotografía hermosa. Muchas veces Lisa había fantaseado que así se verían de felices si tuvieran un bebe de ellos dos en brazos.
«¿Estás viviendo ahora aquí, Hunter?», se preguntó Lisa a sí misma con curiosidad. «Primero duermes en una barraca en el SDF-2 y ahora aquí. Quizás las cosas con Helena están empeorando. Pero eso a mi no debería de importarme…, es un tema de ellos. Exclusivamente de ellos dos. Mejor ni te metas, Hayes», intentó convencerse a sí misma Lisa.
Cuando ambos terminaron el café, Rick se ofreció para acompañar a Lisa hasta la manga que conectaba ambas naves. Ella decidió no protestar, porque estaba segura que se perdería nuevamente y realmente necesitaba de la ayuda de Rick para llegar a buen puerto. Todo el trayecto estuvieron caminando en silencio.
–Gracias por acompañarme hasta aquí, Rick. Y gracias por rescatarme del estado deplorable en el que me encontraba anoche.
–No te preocupes, será nuestro pequeño secreto –dijo guiñandole un ojo. Lisa sonrió agradecida. Rick entonces agregó: –Vi como tocaste la guitarra anoche en La Bodeguita. Ahora entiendo porque Claudia decidió darte la guitarra de Roy a ti para que la conservaras.
–¿Me escuchaste? –preguntó sorprendida.
–Si. Solo un par de canciones. Me fui antes de que terminaran de tocar. Realmente lo haces como toda una profesional.
–Me alegra que te haya gustado. Por lo menos todos esos años en la Academia de Música dieron sus frutos. Pensé mucho en mi madre mientras estaba arriba del escenario tocando los temas.
–Seguro que desde algún lugar tu madre debe estar muy orgullosa de que su hija haya sido la sensación de la noche.
–Gracias. Pero no creo haber sido la sensación.
–Si lo fuiste. Creeme. He escuchado a ese grupo tocar muchas veces. De hecho me encanta escucharlos porque interpretan temas de artistas que aprecio mucho. Definitivamente anoche los aplausos fueron arrolladores. Todos gracias a ti.
Lisa no pudo evitar sonrojarse cuando vio la mirada tierna y orgullosa que Rick le devolvía en sus intensos ojos azules. Se estaba sintiendo algo nerviosa. Como una adolescente después de actuar frente a la escuela y que el chico que le gustaba le decía cuánto había disfrutado del show. Era increíble como Rick Hunter tenía ese poder sobre ella.
–Debo irme. Adiós, Rick.
Nuevamente como la otra vez, Rick se quedó parado mirando como Lisa se alejaba caminando por la manga de conexión. Se dio cuenta que cuando finalmente lograra desenmascarar las malas intenciones de Edwards, y pueda apartarlo de su cargo, Lisa y él se separarían definitivamente. Cada uno estaría navegando en distintas naves en lugares alejados de la galaxia, con solo alguna que otra unión esporádica para reagrupar cada tantos años los suministros de ambas naves.
Con el casamiento de ella con Riber, la perdería nuevamente, quizás de forma definitiva.
