–¡Lisa, viniste! –dijo una sonriente Vanessa Leeds a su amiga mientras le abría la puerta de su casa
–Si, por fin. Siento haber llegado cuando todo terminó. Tuve un dia de locos. ¿Cómo estuvo el Baby Shower?
–Excelente. Recibí un montón de regalos. No me esperaba tantos regalos para mi bebé.
–Te lo mereces. Todos te adoran.
–Entra. Supuse que llegarías tarde así que te reservé un par de sandwiches con sésamo, esos que tanto te gustan.
–Mmm, la verdad que estoy hambrienta. Gracias.
–No hay de que. De todas formas no fuiste la única que llegó tarde. Hunter acaba de irse.
Lisa la miró sorprendida. No se esperaba que Vanessa lo hubiera invitado. Luego de despertar en la cama de Hunter la mañana anterior, tras su "despedida de soltera", ella no volvió a cruzar palabra con Rick. Estuvieron coordinando temas en conjunto que involucraban a ambas naves, pero lo resolvieron vía e-mail, como lo habían hecho al principio luego de esa primera pelea en el baño frente a la sala de reuniones. Estaba claro que ambos se estaban evitando. Ahora en lugar de poner en copia a Vanessa quien estaba de licencia por maternidad en los intercambios de mensajes entre ellos, lo habían puesto a Max Sterling como fiel observador del tire y afloje entre Hayes y Hunter. La joven almirante se sintió tentada en preguntarle a Vanessa cómo lo había visto a Hunter, pero se abstuvo.
–Bueno –dijo Lisa mientras arrastraba una gran caja que había dejado afuera de la entrada–, este es mi regalo para el pequeño Henry.
–¿Qué es eso? –preguntó sorprendida la Coronel Leeds.
–El cochecito que tanto querías –afirmó Hayes con entusiasmo.
–¡No puedo creerlo! Lisa, no debiste –se emocionó Vanessa.
–Todo para mi querido ahijado. Muéstrame lo otros regalos –dijo Lisa mientras se acomodaba en el sillón dándole un mordisco a su sándwich.
Vanessa le mostró los baberos, los conjuntos, las batitas de bebe, la mamadera, el chupete, los mordillos, sonajeros, incluso pañales. Tenía todo para el ajuar del bebé.
–Que hermoso. Me había olvidado lo pequeño que pueden llegar a ser un bebe recién nacido –dijo Lisa mientras apreciaba un pequeño body blanco con estampado de ositos.
–Mira lo que me regaló Archer –dijo Vanessa mientras le mostraba una fina caja que contenía un disco.
–¿Una película porno? Ja, ja, ja. Ese hombre no tiene remedio.
–Me dijo que era para recuperar el fuego de la pasión junto a Geoffrey luego de la cuarentena obligada posterior al parto.
–¿Y te la dio frente a todas las chicas?
–No, vino a darme mi regalo más temprano porque tenía un patrullaje.
–¿Y ese móvil para la cuna con barquitos? –preguntó Lisa intrigada.
–Ese es el regalo de Hunter. Dijo que si mi bebe se va a llamar Henry, entonces debe saber de barcos desde pequeño aunque haya nacido en el espacio. Me aclaró que le hizo el mismo regalo al hijo de Kim que también lleva el nombre de Henry.
–Aha –suspiró Lisa–. Mis hijas tampoco salieron jamás a navegar por el océano. No puedo creer que teniendo los genes de los Hayes mis hijas con nueve años no hayan navegado jamás en un velero. Yo a esa edad ya tenía mi carnet de navegante. Eso es lo que más extraño de la Tierra.
–Yo extraño la lluvia –dijo Vanessa con nostalgia–. Cuando estas empapada de pies a cabeza protestas por eso, pero ahora que no lo tengo debo reconocer que tiene su encanto.
Cuando Vanessa mencionó el estar mojada bajo la lluvia, Lisa recordó una de las últimas veces que le pasó justamente eso. Fue cuando tuvo esa charla en cada de Claudia sobre sus idas y venidas en su relación con Roy Focker, y luego Rick pasó a buscarla por allí. Lisa volvió a suspirar cuando recordó aquella noche.
–Estás demasiado pensativa Lisa. ¿Pasa algo?
–No. Solo recordaba el pasado. Algún día llevaré a mis hijas a navegar, y les haré chapotear con botas en el barro luego de una intensa lluvia. Piensan demasiado en aviones y en películas de princesas.
–No puedes negar que tienen mucho de su padre en ellas.
–Si. Hay días que me impresiona –mencionó Lisa algo pensativa.
–Hunter me preguntó por tu boda –irrumpió Vanessa en sus pensamientos.
–¿En serio? –se sorprendió Lisa. Su corazón comenzó a latir más rápido. Todo lo relacionado con Hunter la ponía nerviosa–. ¿Qué quería saber?
–Me preguntó cómo habían tomado tu hijas la noticia. Me dijo que sabía que las chicas querían a toda costa que tú y Archer vuelvan a estar juntos y estaba algo preocupado por saber cómo reaccionaron a tu decisión de casarte con alguien más.
–¿De verdad le preocupó eso? –preguntó Lisa algo conmovida. Vanessa asintió con la cabeza–. ¿Y qué le contestastes?
–Que estaban algo molestas, pero que en términos generales se lo habían tomado de una forma bastante madura que su madre quisiera rehacer su vida.
Lisa volvió a suspirar. Cuanto más pensaba en Hunter, más dudaba de su compromiso con Karl.
–Por lo menos no hicieron un capricho terrible, pero de ahí a que se lo tomaron de forma madura…
–Ja, ja. Dales crédito a tus hijas. Se están portando bastante bien con todo esto –luego Vanessa se acomodó los anteojos, se cruzó de brazos mirando fijamente a su amiga–. ¿Cuándo piensas hablar con él? Lo estás evitando y eso no es bueno.
–No lo sé. Siempre ocurre algo que me lo impide.
–Oh, ¡vamos Lisa! –protestó Vanessa–, tuviste tiempo para ir con él a volar en un Biplaza. No me vas a engañar tan fácilmente con tus escusas baratas.
–No era el momento. Estaba deprimido.
–Nunca va a ser el momento. Díselo y ya.
Lisa miró a su amiga asustada. La fuerte y autosuficiente Almirante Hayes estaba aterrada.
–Es que Jack…
–No pongas a Archer de excusa. De hecho creo que Jack estuvo tanteando el terreno desde que el SDF-3 llegó. Él está mucho más preparado para enfrentar las consecuencias que tú.
–¿Pero cómo se lo digo? ¿No sé ni por dónde empezar? El Dr. Lang lo explica mucho mejor.
–Solo dile la verdad. No quieras darle la noticia con toda la explicación científica mareandolo con las transposiciones pares e impares.
–A Jack le fue muy útil. El día que me sinceré con él, le ayudó mucho entender como fue que todo ocurrió. Se lo diré después de la boda.
–Mmm –refunfuño ofuscada la embarazada oficial militar–. Cuanto más lo estires, más probabilidades hay de que se entre de otra forma.
–Muy pocas personas lo saben. Solo tú, Sammy, Jack y por supuesto el Dr. Lang y el Dr. Tanaka. Ni siquiera tu esposo lo sabe.
–Lisa, uf –resopló Vanessa–, Rick no es ningun idiota. No crees que va a sospechar cuando sepa que una de tus hijas se llama como tu madre y la otra…oh casualidad, se llama como la suya. No conforme con eso, les pusiste a tus dos hijas como segundo nombre el de tu tía y el de la tía de Hunter: Sarah Susan Hayes y Grace Amelia Hayes. Por favor Lisa. No seas necia. ¿Qué es lo que verdaderamente te está impidiendo decirle que tus hijas son también sus hijas?¿ Es por esa estúpida cláusula de la patria potestad dual que impuso ese cretino del juez que te tocó por "sorteo" en tu trámite de divorcio con Archer? Ese hermano de Edwards en lugar de solucionarles el problema con Jack otorgándoles un divorcio rápido, complicó todo entre ustedes a propósito. Esa cláusula es una estupidez, e incluso Jack la detesta. ¿Es por eso que lo estás postergando tanto, o hay alguna otra razón? –dijo con sospecha Vanessa Leeds.
–No quiero que se sienta obligado a nada –respondió Lisa Hayes con seguridad–. Ni siquiera pretendo que tome el rol de padre. Ellas ya eligieron a Jack para que ocupe ese lugar –explicó con la voz entrecortada. Luego de volver a suspirar y continuó:–. Rick dejó todo, TODO, cuando supo que Minmei estaba embarazada. No quiero eso para mi. No me debe nada. Solo por el hecho que accidentalmente me dejó embarazada hace casi quince años atrás en una alocada misión, donde aún el día de hoy me pregunto cómo logramos regresar con vida al SDF-1, no quiero que lo tome como una obligación.
–Hunter se preocupa por Sarah y también por Grace aunque no la conozca aún. Está claro que cuando sepa la verdad va a querer involucrarse. Y sobre Minmei, sabes que fue algo muy desafortunado y Rick estuvo a su lado pero como padre de esos niños, nada más. En cambio contigo, estoy seguro que aún te ama.
–¡Es un hombre casado! –exclamó desesperada–. ¡Con una amiga!
–Helena me dijo que estaban separados –respondió Vanessa con calma.
–Separados o no, aún lleva la alianza de matrimonio en su mano izquierda. Es suficiente para mi. Estoy segura que ya no me ama. Al menos no como antes. Y yo…–dudo seguir por un instante, pero luego agregó–, tampoco. Estoy lista para seguir adelante con mi vida.
Vanessa vio como una lágrima rebelde se escapó de los ojos verdosos de Lisa Hayes mojando parte de su mejilla. Lo que más le preocupaba era que Lisa estuviera a punto de casarse con alguien solo por no afrontar lo que ella realmente sentía. Estaba incrédula viendo como el mismo error del pasado se volvía a repetir, cuando ella tuvo que decirle a Hunter en la cara que Lisa Hayes estaba enamorada de él porque ninguno de los dos podía dar el brazo a torcer para expresar con sinceridad sus sentimientos.
–¿Retomar una relación de hace veinte años es seguir adelante? –la interpeló su amiga–. Desde que te conocí ese día en la Isla Macross hace dieciseis años, debo decir que eres alguien completamente diferente a esa primera impresión que tuve de tí. Creo que tanto Riber como tú son dos personas distintas que se reencontraron, pensando revivir algo hermoso del pasado pero siendo casi dos extraños.
–Para el caso si crees que veinte años de distancia con Riber es mucho tiempo, también lo son doce años de distancia con Hunter. Muchas cosas pasaron.
–Pero en esencia sigues siendo la misma Lisa Hayes que se despidió de Hunter aquella fría mañana cuando el SDF-2 dejó la Tierra.
–Igual que con Karl. A pesar de ser una almirante de la RDF, en esencia sigo siendo la misma Lisa.
Si Hayes era obstinada, Vanessa no se echaba para atrás. Realmente quería lo mejor para Lisa, por lo tanto decidió hacer un último intento para persuadir a su amiga.
–Si estás tan segura por lo que tienes junto a Karl como para casarte con él, entonces no habría ningún impedimento para que le cuentes a Rick la verdad sobre su paternidad antes de la boda. ¿O tienes miedo que el piloto indisciplinado intente besarte y ahí descubrir que ambos se aman?
Lisa no sabía cómo responderle a Vanessa. Cómo confesarle que ya se había besado con Rick. No quería admitir que su corazón estalló de felicidad cuando estaba en sus brazos, y también se rompió en mil pedazos cuando Hunter se alejó, dejándola más vacía que nunca.
–Tienes razón –contestó Lisa, intentando no responder a su pregunta–. No voy a dilatarlo más. Se lo diré.
Vanessa miró con desconfianza a Lisa. Si estuvieran Kim y Sammy junto a ella en este momento, seguro que estarían apostando 50% a que Lisa le diría la verdad a Rick antes del casamiento, y el otro 50% a que no. Vanessa era de las pesimistas. Estaba casi segura que Lisa no enfrentaría sus demonios de una forma tan sumisa. Y también estaba la incertidumbre de cómo tomaría Rick Hunter la noticia.
