…La Teniente Julie Andersen podía reconocer las leves señales que le daban un claro indicio de que su jefa, la máxima autoridad a bordo, estaba demasiado cansada. La irritación en su voz, las ojeras pronunciadas y estar a media mañana tomando una tercera taza de café no auguraban nada bueno. Por eso decidió proponerle a la Almirante Hayes trabajar en otro ámbito diferente para lograr calmar los ánimos de su oficial superior.

La joven Teniente intuía que parte del malestar que acongojaba a Lisa Hayes era porque no había podido conciliar el sueño adecuadamente, seguramente debido a la inminente boda que se llevaría a cabo esa semana. Hasta la mujer más fuerte e inquebrantable, quien fuera capaz de enfrentarse a cualquier enemigo, podía sentirse vulnerable y algo insegura unos días antes de su boda. Después de todo, casarse con alguien, aunque fuera ya su segunda vez, no dejaba de ser un momento muy importante en la vida de cualquiera. Lisa Hayes merecía sentirse nerviosa como cualquier novia, y su asistente intentaría despejar la mente de su oficial superior proponiéndole algo totalmente diferente, lo cual venían postergando hace tiempo.

–Almirante Hayes, hace un rato me llamó el Mayor Alonso de la Academia Militar –le dijo la Teniente Anderson a Lisa–. Quería consultar si ya tenía terminado el análisis de las próximas dos batallas que acordó entregarle antes de fin de mes. Me dijo que en breve estaría necesitando presentarle a sus estudiantes nuevas estrategias ya que lo tenía estipulado en el plan de estudios. Le comenté al Mayor Alonso que a raíz de que usted quedó atrapada en la explosion que hubo en el Atlantis, todo su trabajo se atrasó. Él lo entendió perfectamente, pero me pidió que intentara encontrarle algún hueco libre en su agenda para terminar con lo pautado lo antes posible.

–De acuerdo –dijo Lisa sosteniéndose la frente con ambas manos. Esas dos batallas las cuales se había comprometido en analizar no se habían postergado solamente por la explosion en el Atlantis. Eran dos momentos en su vida como oficial militar bastante difíciles de rememorar. Pero no podía seguir postergándolo. Debía concluir con esos análisis de una buena vez.

–Acabo de revisar su agenda y tiene casi una hora y media libre de compromisos, coincidiendo con su rato de almuerzo. Quizás sea tiempo suficiente para lograr terminarlas. Solo queda muy poco, Almirante –dijo con entusiasmo la joven asistente.

La Teniente estaba fascinada cuando transcribía para su oficial superior las épicas batallas de la primera guerra Robotech. Le encantaba entender el porqué la Almirante había decidió utilizar una estrategia por sobre otra en los enfrentamientos entre humanos y zentraedi. Luego trataba de redactar con la mayor precisión posible lo conversado con la Almirante, para lograr captar el interés de los cadetes que estudiarían dicha batalla. El énfasis que la Teniente volcaba en los informes no solo residía en describir el análisis técnico, sino también intentaba resaltar cómo la intuición de Lisa Hayes en momentos claves, impartiendo órdenes de ejecutar tal o cual maniobra militar durante los enfrentamientos, habrían sido claves para el éxito logrando que el enemigo se replegara en la mayoría de los casos.

–Lleve la computadora portátil a la cafetería, Teniente. Terminaremos esos dos análisis hoy mismo. No voy a dar más vueltas al asunto. Mientras almorzamos le damos los retoques finales. Vamos.

Rick Hunter se dirigía con fastidio hacia la cafetería del SDF-2 para su almuerzo con la Comandante Sue Graham. Se sentía demasiado incómodo con lo que debía hacer, pero el Mayor Steward le argumentó que era la forma más efectiva de lograr recabar información sobre los movimientos ocultos del Vicealmirante T.R. Edwards. Steward había planeado ofrecerle a la Comandante Graham trabajar como una doble agente: debía seguir trabajando como parte del equipo del Edwards, pero reportar de manera secreta todos sus movimientos a Steward y al equipo de Inteligencia Militar del SDF-3.

Según las suposiciones de Steward, el Vicealmirante Edwards era un hombre demasiado precavido, y era casi imposible que bajara su guardia frente a cualquiera, a menos que contara con su absoluta confianza a menos que comparta su misma motivación. Por eso el oficial de inteligencia del SDF-3 había planificado plantar un señuelo lo suficientemente convincente para que Edwards se tragara el sapo de que Graham le sería completamente leal en detrimento de la Almirante Hayes.

La única contra a este arriesgado plan era que la propia Graham había protegido con su cuerpo a la Almirante durante la explosion en el Atlantis evitando que Lisa Hayes resultara herida. Por eso Steward le pido a su jefe, el Vicealmirante Hunter, que lo ayude a plantar ese señuelo para lograr despejar cualquier recelo sobre las lealtades de Graham.

Desde que Steward vio el comportamiento sospechoso de Sue Graham cuando ella fue al puente del SDF-3 en busca del Almirante Hunter, no pudo evitar mantener un ojo vigilante sobre dicha Comandante. En seguida se dió cuenta que Graham era una más de las tantas oficiales militares que quedaban totalmente deslumbradas por el atractivo y el carisma de su jefe, el Vicealmirante Rick Hunter. A lo largo de los años, el Mayor Steward al estar a cargo de la seguridad personal de la máxima autoridad a bordo del SDF-3, tuvo que lidiar con algunas jóvenes tenientes que desesperadamente intentaban llamar la atención del Almirante Hunter, a veces creando problemas innecesarios incluso en momentos críticos durante algunas batallas.

Más de una vez tuvo que solucionar esos "inconvenientes" teniendo que reasignar personal a distintas partes de la nave con la anuencia del departamento de Recursos Humanos que estaba bajo la supervisión de la Coronel Helena Chase. Cuando ocurrían estos enroques de personal, Helena bromeaba con Steward diciendo que el Almirante Hunter estaba totalmente al margen de todo ese coqueteo femenino que ocurría frente a sus narices. Para la Segunda Oficial del SDF-3, le resultaba "entretenido" o tragicómico ver cómo su esposo ignoraba a las jovencitas demasiado enamoradizas que se le insinuaban de forma descarada. Hunter podía estar super atento a los contratiempos de índole logístico dentro de la nave, o estar al tanto de cualquier mínimo inconveniente en algún abastecimiento de recursos. Incluso a veces era el primero en descular problemas de convivencia entre pilotos de diferentes escuadrones, pero estaba en otra frecuencia completamente diferente cuando se trataba de registrar que podía llegar a ser el foco en la obsesión de alguna mujer.

Con respecto a la evidente obsesión de la Comandante Sue Graham hacia Rick Hunter, el Mayor Steward decidió no comentarle nada a la Segunda Oficial del SDF-3. Decidió tratar el tema en sus propias manos con la mayor discreción posible ya que la Comandante Graham en realidad pertenecía a la tripulación de la otra nave.

Al observar con sigilo a Sue Graham, Steward detectó como la astuta Comandante había creado una sustanciosa red de informantes con los cuales recababa información sobre los movimientos del Almirante Hunter de una forma bastante discreta y sagaz. Steward reconoció con secreta admiración la habilidad que tenía Sue Graham para mantenerse notificada casi en el acto sobre lo que hacía o dejaba de hacer Rick Hunter, incluso antes que él mismo quien era el máximo responsable en velar por la seguridad de su jefe. Por esa razón es que el oficial a cargo del Servicio de Inteligencia Militar del SDF-3, no dudó en reclutarla para convertirla en doble agente. Graham era la candidata perfecta para atrapar a Edwards infraganti.

Era evidente para Steward lo innegablemente sexy que era la Comandante del SDF-2. No le sorprendió en absoluto cuando hizo más averiguaciones sobre Sue Graham, al enterarse que ella había tenido un par de amoríos con militares de alto rango del SDF-2. Ella se había involucrado en su mayoría con hombres casados que terminaban enredados en alguna crisis matrimonial por haberse involucrado con la exuberante Comandante. Estos hechos indefectiblemente eran como pólvora para los jugosos chismes de pasillo. Justo lo que Steward pretendía en este caso.

Se decía por lo bajo que donde Sue Graham ponía el ojo, ponía la bala. Pero de la información "extraoficial" que Steward había recabado, había un dato bastante curioso. Aparentemente según los chismes, en reiteradas oportunidades, Sue Graham había intentado seducir a Jack Archer, cuando el piloto aún estaba casado con Lisa Hayes e incluso también posterior al divorcio entre el General y la Almirante. Según lo que Steward pudo escuchar, la Comandante había sido ignorada por el líder del escuadrón Wolf, creando un resentimiento de Graham hacia Archer pero también hacia su ex-esposa, la Almirante Hayes.

Steward estaba casi seguro que esa controversia personal entre Archer, Hayes y Graham había sido la verdadera razón por la cual el Vicealmirante Edwards decidió incorporar a la Comandante Graham como una de sus asistentes. La mayoría de los empleados de mayor confianza que tenía Edwards en su equipo habían tenido algún altercado con la Almirante Hayes, o con Archer e incluso con la Coronel Leeds o la Coronel Porter. Todos integrantes del círculo íntimo de Lisa Hayes.

Según pudo dilucidar Stewards haciendo un rastreo a fondo sobre Graham, que la joven Comandante no era tan literal como el resto de los asistentes que rodeaban a Edwards. El Jefe de Inteligencia del SDF-3 tenía la corazonada de que la morocha Comandante era lo suficientemente sutil como para poder separar lo profesional de lo personal. Steward estaba casi seguro, por haber desarrollado un instinto durante años tras haber haber investigado a innumerables personas, civiles o militares, que Sue Graham era buena impostando un rol de eficiencia y lealtad. Ella podia ser lo suficientemente astuta como para jugar para sus propios intereses y terminar traicionando al mejor postor, pero era un riesgo que Steward estaba dispuesto a afrontar y el cual el Almirante Hunter le había dado su aval.

Esa mañana, cuando a Graham le dieron el alta médica, Steward la estaba esperando en el hall del Hospital, para mantener una reunión extraoficial con la joven Comandante y proponerle convertirse en doble agente. El Jefe de Inteligencia del SDF-3 se arriesgó al ser completamente franco con ella con respecto a las sospechas hacia Edwards. También le explicó los riesgo que enfrentaba al aceptar esta misión, y sobre todo que rol debía cumplir en la cafetería cuando almorzara con Hunter frente a todos sus compañeros del SDF-2.

También le dijo con crudeza que estaba al tanto del enamoramiento que ella tenía sobre Hunter, e incluso le mostró un listado casi completo de todos los informantes que ella tenía para monitorear los movimientos del Almirante. Ante semejante revelación, Graham se mantuvo estática intentando esconder cualquier atisbo que mostrara sus verdaderos sentimientos frente al oficial del SDF-3. Steward fue inclemente cuando le advirtió que se olvidara de tener alguna posibilidad con Hunter, ya que el Almirante era un hombre que definitivamente no caería fácilmente bajo el hechizo de cualquier mujer. Ante semejante advertencia Sue Graham se cruzó de brazos en una postura desafiante ya que ella no se consideraba cualquier mujer. Con su mirada firme dejó entrever que no se resignaría así nomás a algo o alguien que ella deseara conquistar. Ella era una mujer obstinada, que sabía lo que quería, y también sabía todo lo que debía hacer para conseguirlo. Si tenía que prestarse a crear una imagen frente a todos en la cafetería donde ella quedaba como una mujer humillada y rechazada por Hunter con el solo objeto de lograr que Edwards se comiera el cuento, lo haría.

Pero también usaría la ventaja de ser la doble agente para tener un mayor acercamiento al Almirante e intentar seducirlo a toda costa a escondidas. Incluso a Graham le parecía aún más fascinante y desafiante conseguir la atención de Hunter manteniendo una relación furtiva con el Almirante, que andar pavoneando frente a todos que había conseguido de manera demasiado fácil la atención del atractivo y enigmático Rick Hunter.

A Rick no le agradaba el plan de Steward. Había accedido, pero muy a regañadientes. No le gustaba humillar a ninguna mujer. De hecho durante todos estos años que Minmey lo había acosado constantemente intentando retomar una relación amorosa con él, en ningún momento Hunter la rechazó en público o la hizo quedar en ridículo frente a la prensa. Siempre había intentando razonar con ella de una forma cortés y bastante paciente.

Hunter no negaba que en el pasado sí se había peleado públicamente con una mujer. Su "intercambio de opinión" con Lisa Hayes en el TacNet siempre había sido por motivos estrictamente profesionales, jamás con intención de humillarla como su oficial superior. Además estaba claro para todos, excepto para los dos involucrados, que detrás de esas peleas había algo mucho más profundo que se estaba discutiendo entre ellos.

Rick Hunter, tomaría esta "actuación" como algo estrictamente profesional, para no sentirse tan miserable cuando tuviera a Sue Graham frente a él.

El Almirante quedó sorprendido cuando Steward le insistió que Graham estaba enamorada de él. Rick lo miró con incredulidad, pero decidió no contradecir la hipótesis de Steward. No podía refutar que no estaba en lo cierto cuando el propio Rick aceptaba su incapacidad de registrar si una mujer estaba o no interesada en él. En el pasado tardó demasiado en darse cuenta que Lisa Hayes estaba enamorada de él, y que las cosas que ella hacía por Hunter en la época de la Reconstrucción no era solamente porque eran grandes amigos, sino porque Lisa de manera solapada intentaba seducir a su manera a un muy despistado Rick Hunter que por supuesto no se daba por aludido.

La única parte del plan donde Steward sentía que podía llegar a ser algo endeble su estrategia, era el hecho de que el rechazo público de Hunter hacia Graham fuera razón suficiente para tener a Lisa Hayes como "enemiga" a los ojos de Edwards y así poder lograr convertirse en su confidente.

Estaba claro que Thomas Riley Edwards sabría del amorío fallido entre Hunter y Hayes. Cualquiera que tuviera un rango militar de Mayor para arriba, en la época de la Reconstrucción habría sido un Cabo o un Teniente que estaba al tanto de la dinámica Hunter-Hayes y de los chismes de pasillo que dicha pareja generaba. Incluso Edwards también sabría que Lisa y Rick estuvieron comprometidos y que a último momento Hunter rompió su compromiso decidiendo quedarse en la Tierra en lugar de viajar a bordo del SDF-2.

Lo que no estaba del todo claro para Steward, era si Hunter y Hayes tenían hoy en día algún tipo de romance oculto, por lo tanto era lógico pensar que las mismas dudas surgirían en Edwards. Es cierto que donde hubo fuego, cenizas quedan, pero Steward había sido testigo del cariño y camaradería que existía entre Hunter y Chase. Quizás por esa misma razón Edwards podría concluir que el resentimiento en Sue Graham por ser rechazada públicamente por Hunter podría estar dirigido hacia la Coronel Chase en lugar de enfocarse en la Almirante Hunter.

Lo único que podía hacer Steward era resignarse a que el destino se inclinara a su favor y que Edwards se tragara el sapo de que Graham estaba despechada con Hayes por el rechazo de Hunter.

Cuando Rick llegó a la cafetería, todavía estaba rumiando en su mente como le incomodaba la situación. Él haría lo que el Mayor Steward le indicó, pero pura y exclusivamente para proteger a Lisa.

La actuación y la puesta en escena no eran lo suyo. A veces envidiaba como Minmay podía llegar a representar un papel en alguna película de manera convincentemente e incluso en su vida personal mostrarse vulnerable ante Rick o ante cualquiera, para luego descubrir que ella en ese momento solo estaba haciendo una personificación de una mujer necesitada, y que en realidad estaba en control absoluto de la situación.

Cuando Rick se sentó en la mesa donde lo esperaba la joven Comandante y miró a los ojos a Sue Graham, y enseguida entendió que ella estaba dispuesta a seguir el juego y armar todo la puesta en escena que Steward les había guionado tanto a ella como a Rick. Pero Hunter también observó decepción y dolor en los ojos grises de Graham.

Rick pudo reconocer en la mirada de Sue la misma tristeza y desconsuelo que recordaba de sus encuentros con Lynn Minmay cada vez que la cantante insistía con vehemencia encontrarse con Hunter al menos una vez al año. A Rick se le formó un nudo en el estomago de solo pensar que estaba lastimado a esta joven, pero se armó de valor concentrándose en el objetivo último que sería incriminar a Edwards para impedir que vuelva a atentar contra la vida de Lisa Hayes.

–Almirante Hunter, que bueno que pudo venir a almorzar conmigo hoy –dijo Sue con una sonrisa forzada que escondía la amargura de descubrir durante la reunión secreta que mantuvo por la mañana con el Mayor Steward que había una alta posibilidad de que el Almirante Hunter nunca sería suyo.

–Es un placer para mi su compañía –dijo Rick escondiendo sus dudas mientras observaba que la cafetería efectivamente estaba repleta de militares del SDF-2.

Rick y Sue se encontraban almorzando en una mesa bastante visible para todos, pero a la vez lo suficientemente apartada como para que pudieran conversar libremente entre ellos.

Al aproximarse a la cafetería, Lisa tuvo la necesidad de ir al baño. Durante la mañana el exceso de café que había tomado por la mañana a raíz de la pésima noche que había tenido, le hicieron una mala pasada. Lisa estaba intranquila porque debía enfrentar a Hunter con la verdad, la cual ya no podía seguir postergando, y esos nervios más el exceso de cafeína le afectaron directamente a su intestino como fuertes retorcijones.

–Busque una mesa algo alejada, Teniente. Voy al baño y luego me uno con usted allí. Si quiere puede ir pidiendo el menú del día para mí.

–De acuerdo, Almirante.

Lisa estaba en la tranquilidad del baño, sentada en uno de los cubículos, intentando relajarse para que se le pasara el retorcijón, cuando escuchó a varias mujeres entrar al baño conversando entre ellas.

–¿A que no saben a quien acabo de ver en la cafetería? –dijo una de las mujeres.

Lisa reconoció enseguida la voz. Era una de las técnicas encargadas de utilizar el radar de largo alcance en el puente. Seguramente estaba conversando de chismes de pasillo en el baño con sus amigas. A veces cuando Lisa las veía desde lejos cuchichear entre ellas podía reconocer al Trío Terrible encarnado en ese grupo de revoltosas tenientes.

–No lo sé –dijo otra con algo de fastidio–, dilo ya de una vez.

–Vi a Sue Graham almorzando en una mesa algo apartada con ese bombón que raja la tierra del SDF-2.

–¿Quién? –dijo la tercera algo sobresaltada–. ¿Al Vicealmirante Hunter?

–¡El mismo! ¡Qué maldita afortunada!

–¿Cómo es posible que logre salir con hombres tan apuestos y encima casados y nosotras andamos mendigando sin éxito? Es injusto.

Cuando Lisa escuchó que estaban hablando de Rick y de Sue, contuvo la respiración. No quería que las tenientes se dieran cuenta de su presencia en el baño. Sentía curiosidad por escuchar un poco más de lo que estaban conversando.

–¿Pero saben lo que ví? –dijo con complicidad la primera oficial que habló.

–¿Qué cosa? Me estas matando con tanto suspenso…

Lisa Hayes también estaba expectante por escuchar todo el chisme completo.

–Estoy casi segura que ese hombre no tenía puesto su alianza de matrimonio. El otro día cuando estuvo en el puente dirigiendo la batalla, definitivamente lo llevaba puesto, pero ahora ya no estaba en su dedo.

–¿Creen que se lo habrá sacado para almorzar con Sue? –preguntó una.

–¿Creen que se peleó con su esposa porque Sue fue la tercera en discordia como es su costumbre? –preguntó la otra.

–Quien sabe. Vamos a buscar una mesa algo alejada de ellos pero con la suficiente visión como para no perdernos detalles.

Así como entraron, las tres salieron juntas del baño dejando nuevamente en completo silencio el baño. Lisa no podía salir de su asombro. ¿Rick se había quitado la alianza? ¿Sería eso posible? ¿Realmente estaría encarando una separación definitiva con Helena? ¿Sue Graham usaría la vulnerabilidad de Rick para aprovecharse de la situación?

«Oh, Lisa. Que te importa lo que haga o deje de hacer la Comandante Graham con Rick. No es de tu incumbencia. No te olvides que en unos días vas a convertirte finalmente en la Sra. Riber», intentó convencerse a sí misma Lisa mientras se miraba en el espejo antes de salir hacia la cafetería.

Inconcientemente cuando entró al gran comedor, mientras buscaba la mesa donde la estaba esperando la Teniente Anderson, sus ojos buscaron a un hombre de cabello negro algo despeinado. Escaneando todo el lugar, se percató que su asistente se había sentado justo en la esquina opuesta al lugar donde estaban almorzando Rick y Sue Graham.

«Por suerte están sentados bastante lejos nuestro», suspiró internamente con alivio la Almirante Hayes.

Cuando Lisa llegó a la mesa donde se encontraba la Teniente Andersen, decidió sentarse de espaldas a Hunter y Graham. Realmente tenía que terminar esos informes para entregarlos al Mayor Alonso de la Academia Militar y no quería distracciones. Además, ver a Graham, con su larga cabellera azabache, sentada frente a Rick de forma sugerente, con toda la intención de coquetear con él, era algo que Lisa Hayes no podía tolerar. Esa escena transportó instantáneamente a Lisa directamente al pasado, donde Minmay coqueteaba descaradamente con Rick, dejando a Hunter totalmente obnubilado por los atributos de la cantante. Verlo sentado frente a una despampanante morocha eran recuerdos demasiado dolorosos para Lisa.

–¿Por qué confía en asignarme semejante misión, Almirante? No tengo una buena reputación. De hecho la mayoría de las tenientes de mi edad hablan mal de mí en secreto, me tienen envidia y desean que me vaya mal. ¿Por qué cree que voy a mostrar mi lado vulnerable frente a todos solo para que sea convincente mi coartada?

–Yo juzgo a las personas por su potencial, no por rumores venenosos sobre su vida privada. Además, sé que la Coronel Leeds no le daría responsabilidades o se molestaría en recomendar que la suban de rango, si efectivamente no tuviera los méritos suficientes más allá de los comentarios sobre su vida personal. Si usted llegó a ser promovida a Comandante es porque es una buena oficial militar. Tengo la corazonada de que usted hará lo correcto, Graham –dijo Rick. «Aún a pesar de que tenga que dejar su orgullo de lado para sonar convincente», agregó Rick en su mente. No iba a ser demasiado franco con la mujer que tenía frente a él. De hecho ella lo estaba mirando con un ardiente deseo en sus ojos que llegó a poner algo incómodo a Rick por momentos.

Sue Graham tenía la ilusión de que el Almirante Hunter realmente cayera rendido a sus encantos. Pero ahora que lo tenía frente a ella, dudaba si este hombre algún día tendría el más mínimo interés romántico en ella, o incluso algún interés de índole sexual. Era exasperante para Graham sentirse tan rechazada.

¿Sería verdad que el Almirante no estaba interesado en ella o también estaba haciendo demasiado convincente su parte de la "actuación"? ¿Realmente ella era menos irresistible que la "vieja bruja" de su esposa? Era desconcertante para Sue la actitud de Rick, sobre todo porque ella había confirmado los rumores de que el Almirante estaba durmiendo cama afuera separado de su esposa, pasando sus noches en una barraca del SDF-3.

«¿O será que siente algo por la Almirante Hayes?», pensó la Comandante Graham sin poder evitar sentir celos hacia Lisa quien ya le había arrebatado la posibilidad de estar con Archer. ¿También le sacaría la oportunidad de seducir a Hunter? Cuando Sue Graham vio a Hunter y Hayes la otra mañana notó que el saludo entre ambos fue mucho más que algo meramente fraterno para su gusto. Pero estaba el hecho de que la Almirante Hayes no estaba interesada en Hunter, porque como había leído en un portal de noticias, ella estaría a punto de casarse por segunda vez con un Comandante que formaba parte del equipo científico del SDF-2. Así que quizás era de suponer que esa cercanía que observó entre Hunter y Hayes sea solo parte de una profunda amistad forjada hace tiempo. Hunter no solo tenía un trato cercano con Hayes, sino que también se comportaba de manera cariñosa y afectiva con la Coronel Leeds. Quizás Sue estaba sobre imaginando demasiado, pero no dejaba de ser un enigma para ella el comportamiento de Rick, ya que casi ningún hombre se había resistido a sus encantos.

Sue aprovechó este sentimiento de frustración que la embargó para usarlo como inspiración para finalmente largar al aire lo que Steward le había pedido.

«Que comience el show», pensó Sue Graham.

–Lamento no poder corresponderle. Quizás invitarla a almorzar haya solo una gran confusión. Solo vine con el propósito de expresarle mi admiración por su valentía, y agradecerle que haya salvado a la Almirante Hayes –dijo Rick intentando sonar convincente. En realidad había repetido la frase varias veces en su cabeza, pensando como seria la forma más adecuada para iniciar el rechazo que debía impartir a Graham.

–Almirante…, Rick…, no me haga esto por favor. Deme la oportunidad que merezco –dijo Sue con voz rasposa.

–Lo siento, Comandante.

–NO –dijo un poco más fuerte Graham, llamando la atención de varios militares que estaban sentados en las mesas aledañas–. Usted fue demasiado amable conmigo en el hospital. Es imposible para mi confundir ese comportamiento tan galante y caballeroso con una mera amistad. Sentí algo más y estoy segura que usted también.

–No creo conveniente discutir si ya tiene una idea fija en su mente, Sue.

–¿Por qué me hace esto? –le preguntó al bella comandante con angustia en su voz.

Rick Hunter la miró perplejo. Sintió que el reclamo de la mujer que tenía frente a él no era meramente parte de un plan. Era un lamento demasiado sincero, una desilusión en su mirada, un leve temblequeo en su boca entreabierta. Por un momento se le vino la imagen de Minmay a su mente y eso lo estremeció.

Era como si el tren fantasma de los malos recuerdos se hubiera abalanzado sobre él dejándolo completamente desnudo frente al mundo. Los ojos de reproche y frustración de Sue Graham estaban manipulando sin pudor al hombre frente a ella, implantándole toda la culpa y responsabilidad de su desdicha hacia Hunter. En un flashback Rick pudo identificar como Minmay lo envolvió con su actuación de mujer dolida, forzandolo a hacerse cargo de su desdicha, obligándolo a responder por sus actos, cuando lo único que había hecho Hunter era ayudar a una vieja amiga a esconderse unos días de los paparazzis para poder resolver los problemas de su vida pública.

Hunter despertó de su ensueño, o más bien de su pesadilla, y comenzó a maldecir a Steward por haber acordado con su subordinado semejante cosa. No sabía cómo responderle a Sue Graham. Cómo proceder. Se sentía tan incómodo que comenzó a rascarse la parte posterior de su cuello intentando recalcular en su mente que debía decirle a Graham para que se calmara. O la Comandante era demasiado buena actriz, o realmente ella estaba afectada por la indiferencia de Rick hacia ella como mujer.

La joven mujer intuyó que el Almirante Hunter estaba en una encrucijada, y decidió alejarse de allí. Parte de ella quería seguir con el juego de la víctima, pero su parte racional, sabía que había acordado con el Mayor Steward hacer una escueta escena de celos y abandonar la cafetería lo más rápido posible. Levantándose de su asiento, puso su mejor cara de mujer despechada y sin decir palabra se alejó del lugar dejando a un Rick Hunter aún más aturdido que antes.

Por un momento Hunter sintió que todas las miradas estaban sobre él. Pero inmediatamente cuando levantó su cabeza para inspeccionar el lugar, todos los oficiales miraron automáticamente hacia otro lado, sintiendo vergüenza de haber estado fisgoneando a un Almirante y a su acompañante durante el almuerzo.

Cuando Rick se levantó para dejar el lugar, reconoció un cabello color miel que estaba algo alejada, sentada de espaldas conversando con una Teniente. Se dio cuenta que estaban trabajando y almorzando a la vez. Rick no pudo evitar sonreír, pensando en lo adorable que era su responsable Comadreja. Se dió cuenta que tanto Lisa como su acompañante habían terminado de almorzar. Qué mejor excusa que acercarse a ese par con el pretexto de unirse a su sobremesa con un humeante café para ayudar a digerir el almuerzo.