–Buenos días –saludó Rick con una sonrisa sosteniendo una bandeja con tres humeantes tazas–. Almirante, Teniente, les traje una bebida caliente para bajar el almuerzo y hacer más llevadero este trabajo que seguramente la Almirante Hayes debe terminar sin falta. ¿O me equivoco?

–Que amable de su parte, Almirante Hunter –respondió la Teniente Andersen, reconociendo inmediatamente al oficial que sostenía la bandeja–. Déjeme ayudarlo con eso –dijo mientras hacía lugar en la mesa para que Rick apoyara las tazas.

–Le pregunté al cajero como le gustaba a la asistente de la Almirante Hayes su café, y me dijo que usted prefiere en realidad tomar té con limón. Espero no haberme equivocado.

–Muchas gracias Almirante, no se habría molestado. Realmente prefiero el té sobre el café.

La Teniente Andersen estaba sorprendida como de manera tan casual, este hombre se había acercado a la mesa donde estaban trabajando. Nadie, absolutamente nadie, excepto quizás la Coronel Vanessa Leeds o la Coronel Sammy Porter se hubieran animado a semejante hazaña. Incluso el General Archer lo hubiera pensado dos veces antes de intentar interrumpir a la Almirante Hayes mientras estaba concentrada trabajando.

Tampoco pasó desapercibido para la joven Teniente, como la expresión en la cara de Lisa Hayes se había suavizado, e incluso hasta relajado cuando escucho la voz del Almirante Hunter. Le sorprendió como Hayes tomó la taza que el Almirante Hunter le había puesto frente a ella, y sin siquiera preguntar, tomó un sorbo de lo que suponía era el café que le gustaba a la Almirante. De hecho Julie Andersen estaba casi segura que había visto a Lisa Hayes sonreír por un breve instante al momento de tomar su primer sorbo de café.

–Espero que el capuchino sea de su agrado, Almirante Hayes.

–Es perfecto. Gracias, Almirante Hunter.

–¿Estoy interrumpiendo algo importante? –preguntó de lo más campante Rick Hunter.

La Teniente Andersen no pudo evitar ponerse completamente tensa de repente. ¿Cómo era posible que este hombre esté tan relajadamente despreocupado frente a la Almirante Hayes? Julie sabía que Lisa Hayes podía ser muy amable y hasta divertida por momentos, pero la mayoría de las veces tenía puesta la máscara de la rígida oficial superior que todos temían y que en cualquier momento podría mandar a cualquiera a corte marcial por haber hecho el peor de los errores. Intentando mitigar el posible exabrupto de su jefa, la Teneniente decidió explicarle a Hunter que estaban haciendo.

–En realidad quizás usted pueda ayudarnos, Almirante Hunter.

Ambos oficiales miraron sorprendidos hacia la joven militar, y en un segundo Julie se arrepintió terriblemente de haber abierto la boca. Como los tres estaban de repente en un incómodo silencio.

–¿Cómo podría ayudarlas, Teniente?

–Emm. Si…, bueno…–comenzó a dudar Julie Andersen, hasta que vió la mirada de aprobación de su jefe que le dió vía libre para continuar–, en realidad la Almirante Hayes está transcribiendo algunas batallas, que se libraron a bordo del SDF-1 contra los zentraedi, como ejemplo para explicar estrategias militares en la Academia.

–Que buena idea –dijo Rick con sinceridad.

–¿Cuál es la que recuerda con mayor claridad, Almirante Hunter? –preguntó con curiosidad la Teniente Andersen.

–Todas…–dijo con un dejo de nostalgia Rick–. Pero creo que la que tengo más fresca en mi memoria sería la batalla en los Anillos de Saturno.

Ese había sido el bautismo de fuego para Rick Hunter. Su primera batalla real como miembro de la RDF ya que la primera vez que se enfrentó, o más bien esquivó a los zentraedi el día que invadieron la Tierra, él era meramente un piloto civil con mucha destreza, eludiendo a los misiles enemigos. La batalla en Saturno era una experiencia que no olvidaría jamás. Recordaba con claridad cada uno de los regaños que de manera constante recibió por parte de la Comadreja que tenía sentada frente a él, y cómo siendo él meramente un simple Cabo en un momento dado de la batalla tuvo un exabrupto por el TacNet hacia Delta Uno, creando así una dinámica entre ellos que se repitiríra batalla tras batalla durante toda la primera Guerra Robotech.

–Esa ya la entregamos–aclaró Julie–. La Coronel Leeds nos ayudó bastante con el raconto de lo ocurrido. Fue la primera vez que se implementó la maniobra Daidalus.

La Teniente Andersen ya no sabia que mas decir. Sentía que ambos Almirantes estaban en un intenso duelo de miradas, teniendo tácitamente una conversación en silencio frente a ella.

–¿Cual es la que están haciendo ahora? Quizás pueda ayudar como lo hizo la Coronel Leeds con los Anillos de Saturno.

–Estamos haciendo un dos por uno. Son dos batallas que se desarrollaron sobre el Océano Pacifico. Justo cuando el SDF-1 regresó por primera vez a la Tierra luego de ese largo viaje de regreso tras la fallida transposición. ¿Recuerda esas dos batallas, Almirante Hunter?

–Una definitivamente sí –contestó mirando de reojo a Lisa–. La otra me temo que no podré ayudar ya que no estuve involucrado.

–Algo es algo, Almirante Hunter. ¿Le parece que lea en voz alta lo que tengo escrito hasta el momento, Almirante Hayes?

La mente de Lisa había volado hacia otra galaxia, hacia el país de los recuerdos. Como decirle a la Teniente Andersen que Rick no participó de la segunda batalla porque ella misma se había encargado de derribarlo por una distracción que casi le cuesta la vida a Hunter.

–¿Lisa? –preguntó Rick algo preocupado al ver que ella estaba con la mirada perdida y no le había respondido a la Teniente Andersen.

–¿Eh?...disculpa –dijo Lisa saliendo de su ensoñación.

–¿Te sientes bien?

–Si. Solo estoy algo cansada. No pude dormir bien anoche. Eso es todo. ¿En que estábamos?

–Si estás cansada quizás deberías tomarte la tarde –le recomendó Rick.

Lisa lo miró espantada. Como se le ocurría a Hunter recomendarle semejante cosa. Como si no la conociera bien. «¿Tomarme la tarde?», pensó Lisa Hayes espantada. «¿Cómo es posible que se atreva a recomendarme semejante cosa?»

–No es necesario. Hoy voy a intentar terminar más temprano. Deberíamos continuar con esto Teniente –dijo Lisa tratando de desviar la atención de Hunter nuevamente a las batallas.

–¿Quizás deberías relajarte con algún baño con sales para descansar mejor? –le recomendó Rick sabiendo que eso siempre había funcionado con ella en el pasado–. O agregar unos aceites perfumados a tu baño para que puedan ayudar a que concilies más fácilmente el sueño.

La Teniente Andersen estaba asombrada por lo que había escuchado. Era casi como si Hunter y Hayes tuvieran una confianza casi de tipo marital.

–Puede ser… –respondió Lisa con un suspiro mientras relajaba sus hombros– Un buen baño siempre es reparador. Tengo las sales pero el aceite, te lo debo.

–Almirante, quizás pueda llevarse a su casa ese hermoso ramo que tiene en la oficina. Seguramente el perfume de las flores puede ayudarla a relajarse tal como le recomendó el Almirante Hunter –dijo la Teniente.

–¿Flores? –preguntó de manera cauta Rick Hunter.

Lisa quería desaparecer en ese mismo instante a través de un agujero de gusano hacia otra galaxia. En un segundo todo se volvió más turbio de lo que esperaba. La Teniente Julie Andersen era extremadamente eficiente, pero le encantaba conversar y a veces su exceso de franqueza le hacían compartir más información de la necesaria con los demás. Por momentos la joven oficial podía acaparar verborragicamente la conversación sin parar, haciendo ella sola casi el mismo bullicio que hacían el Trío Terrible en el puente del SDF-1.

–La Almirante Hayes recibió de sorpresa en su oficina un hermoso ramo de jazmines que le envió su novio ayer por la tarde.

–¿Novio? –preguntó Hunter mirando de reojo a Lisa Hayes quien tenía sus mejillas completamente rojas y el labio fruncido.

Lisa le dio una leve patada a Rick por debajo de la mesa. «Ni se te ocurra abrir la boca, Hunter», amenazó Lisa en silencio a través de sus ojos verdes completamente enfurecidos. Rick conocía esa mirada de advertencia tan bien, que solo atinó a sonreír levemente en reconocimiento de que había captado el mensaje.

–Sí. Venía con una nota súper romántica… –dijo la Teniente Andersen totalmente al margen de lo que ocurría frente a sus narices.

–¡Teniente Andersen! –la interrumpió Lisa–, no creo que el Almirante Hunter esté interesado en lo que recibí ayer por la tarde.

–Lo siento, Almirante –dijo totalmente avergonzada Julie. Su jefa se había enojado y con justa razón. A veces no podía evitar decir lo primero que se le venía a la mente–. Disculpe Almirante Hunter por irme por las ramas. Acá está el informe de la batalla. ¿Quiere leerlo usted mismo o lo leo para todos en voz alta?

–Mejor en voz alta –respondió Rick intentando controlarse para no explotar en una carcajada por la incomodidad que veía en el rostro de Lisa. Hunter se dió cuenta que la Teniente Andersen había supuesto que el ramo entregado ayer en la oficina de Lisa había sido enviado por Riber y la Comadreja no había tenido el valor para corregir el error de interpretación que tuvo su asistente.

Con voz suave y pausada, Julie Andersen comenzó a relatar cada parte de esa batalla tan feroz, donde los zentraedi se habían acercado demasiado al SDF-1, y todos los tripulantes de dicha nave corrían serio peligro de tener al enemigo entrando dentro de la nave con el seguro propósito de intentar destruir todo por dentro. A Rick le dió un escalofrío al recordar cada momento de desesperación que vivió al intentar alejar a los Pods enemigos de las esclusas de entrada a la nave.

–...y al activar la maniobra Daidalus cuando la nave zentraedi ya estaba demasiado próxima al SDF-1, el "brazo" del SDF-1 se incrustó en el centro de la nave en lugar de hacerlo en su extremo. Los primeros misiles disparados por los Destroids terminaron fuera de la nave enemiga dejando varios de nuestros VT a merced del "fuego amigo". Sin embargo, el daño de la maniobra Daidalus creó una reacción en cadena dentro de la nave enemiga, haciendo una implosión interna que ocasionó la destrucción de la misma. Al ser la primera vez que se desarrollaba la maniobra Daidalus dentro de la atmósfera, no se tuvo en cuenta la proximidad de la explosion de la nave enemiga al SDF-1, el cual fue sacudido por la onda expansiva de la explosion. Afortunadamente el temblor fue mitigado por el agua que rodeaba al SDF-1, gracias a que la nave terrestre se encontraba situada en el lecho del Océano Pacifico.

Rick no dejÓ de mirar a Lisa durante todo el relato de la Teniente Andersen. La Almirante tenía su cara baja, y estaba completamente inmovil, también perdida en sus propios pensamientos, rememorando el pasado. Por debajo de la mesa, Hunter acercó su mano a la de Lisa y le dio un leve apretón en señal de comprensión. Cuando ella sintió su toque, levantó la mirada y cuando encontró esos ojos azules que la miraban con ternura, no pudo seguir conteniendo las lágrimas que invadieron sus párpados, nublando su visión.

Fue un retraso inadmisible –dijo en un susurro Lisa Hayes, exponiendo en voz alta el más duro de los reproches que ella tenía consigo misma.

–Tendría que haberme alejado de la nave Zentraedi–respondió Rick también con suavidad–. Mi función como líder de escuadrón era prever la posibilidad de que el SDF-1 activaría la maniobra Daidalus cuando la nave enemiga estuviera próxima a embestirnos. No era la primera vez que me agarraba dicha maniobra tan cerca de la nave Zentraedi. En Saturno logré salir justo a tiempo.

–Pero era imposible de prever que vendría de costado en lugar de hacerlo de punta. Eso fue por mi distracción. No hay excusa…, fue mi culpa.

Rick volvió a acariciar la mano de Lisa por debajo de mesa para que la Teniente Andersen no se diera por aludida del intercambio afectuoso entre ambos. Al envolver su mano con la de ella, y comenzar a masajearla, logró que Lisa dejara de temblequear su pierna derecha, como lo había estado haciendo durante gran parte del relato.

–¿Usted fue uno de los VT atrapados por el fuego amigo, Almirante Hunter?

Rick sonrió frente a la incredulidad de la Teniente.

–Yo era el líder del escuadrón Bermellón en ese entonces.

–¿Usted fue derribado por nuestros misiles?

–En realidad fui derribado por nuestra querida Almirante Hayes –respondió Rick con sorna mientras aún sostenía la mano de Lisa.

Al oír esto Lisa estaba a punto de matarlo, de nuevo. Como se le ocurrió bromear justo frente a la Teniente Andersen con algo que la había torturado durante años. Lisa sentía todo el peso de la culpa que la carcomía, pensando que Rick podría haber muerto por su impericia esa mañana en el Océano Pacifico.

Rick seguía acariciando la mano de Lisa, intentando demostrarle que no debía seguir torturándose por algo que ya había pasado, y que aún a pesar de todo lo que había ocurrido, él seguía con vida y estaba a su lado.

–¿Quiere agregar algo más, Almirante Hunter?

–Está muy completo. Sobre todo cuando describe cómo tuvimos que cubrir todos los puntos débiles de la nave para evitar infiltrados. Pudimos sostener la defensa el tiempo suficiente hasta que el Daidalus hizo el trabajo final derribando a su nave.

–¿Quiere que le lea la próxima batalla?

–No –respondió de inmediato–. Mi aporte sería nulo ya que no estuve involucrado. Pero quizás le podrían consultar a la Coronel Parino. Ella podría darles una perspectiva diferente de lo ocurrido, que seguramente sería muy enriquecedor para su análisis.

–¿Ya estaba casada con el General Sterling? ¿Pensé que la boda había sido más próxima a la Lluvia de la Muerte?

–Lo que quiere decir el Almirante Hunter es que Miriya Parino nos podría dar el punto de vista del enemigo, ya que en esa batalla estuvo involucrada en la persecución justamente al General Sterling, dentro del SDF-1.

–Ah…, cierto…

–Creo que debo ir regresando al SDF-3. Fue muy aleccionador escuchar el relato de la batalla.

–¿Julie, podrías por favor alcanzarme un postre de manzana y otro café?

–Por supuesto, Almirante Hayes. Con permiso, Almirante Hunter.

La Teniente Andersen se levantó dejando a los dos almirantes solos en la mesa.

Aunque Rick se había despedido, todavía tenía la mano de Lisa en la suya, sin intenciones de soltarla aún.

–¿No quieres escuchar cómo fue que lo hirieron a Roy? –preguntó Lisa cuando vio que la Teniente ya estaba lo suficientemente alejada como para no escuchar su conversación.

–La verdad que no. Aún me duele que él haya ido al frente de mi escuadrón ese dia. Debí ser yo quien enfrentara a las meltrán.

–No te imaginas como pienso una y otra vez qué instrucción debí haber cambiado para lograr cambiar el final de ese fatídico día. Qué podría haber hecho para evitar que nos masacraran, que lo masacraran. Me cuestiono si no debí alejar a Max de la batalla. Roy se quedó sin un buen wingman que lo secundara o lo cubriera.

–Miriya hubiera acribillado a todos. Ella misma me lo confesó un día. Tu decisión fue la correcta, gracias a eso pudiste evitar un mal peor.

–Quedarnos sin Roy Focker fue el peor de los males –dijo Lisa temblorosa.

–Lisa…, no te culpes…, te lo ruego.

Rick estaba dispuesto a abrazar a Lisa allí mismo, frente a toda la tripulación. No podía tolerar ver lo destrozada que estaba su Comadreja por dentro.

–Voy a estar bien. Creo que necesito terminar de una buena vez esta batalla para enterrar mis fantasmas de una vez por todas.

Rick la miró apenado. No le gustaba ver a Lisa tan vulnerable. Tratando de distraer su atención, intentó desviar el tema.

–Tienes a una Teniente bastante boca floja. Creo que en el fondo te gusta estar rodeada por subalternos que no tienen filtro en lo que dicen.

–Por momentos creo que ella sola puede superar al Trío Terrible.

–¿Y al Piloto Pervertido?

–Mmm, ese es insuperable –dijo Lisa intentando suprimir una sonrisa. Luego poniéndose seria y mirando hacia ambos lados para evitar ser escuchados por otros oficiales agregó:–. ¿Cómo se te ocurre regalarme jazmines?

–Porque es tu flor preferida.

–No te hagas el inocente conmigo– lo reprimió–. Estoy a punto de casarme, Hunter –susurró–. Además, ¿acaso no estabas hace un rato muy bien acompañado por una deslumbrante morocha de pelo largo, almorzando a la vista de todos en la cafetería? –agregó a modo de reproche.

«¿La Comadreja está celosa?», se preguntó Rick en su cabeza. Cuando vió esos verdosos ojos que destilaban pasión y furia al mismo tiempo, no pudo evitar sonreír en su interior. «Definitivamente está celosa de Sue Graham», concluyó. Evitando responder la pregunta de Lisa, Rick le retrucó: –Dime a los ojos que no te gustó recibir ese ramo de flores.

Lisa estaba decidida a desafiarlo, pero esos ojos azules le transmitían tanto amor y deseo que fue imposible para ella emitir sonido. Quedó totalmente hipnotizada por su mirada y su respiración comenzó a volverse más pesada. ¿Cómo decirle que no le había gustado recibir el ramo junto a esa nota tan provocativa, cuando en realidad le había encantado sentir que ella aún era alguien especial para Hunter?

–Aquí tiene su pastel de manzana, Almirante Hayes –irrumpió la Teniente Andersen de repente.

Al unirse nuevamente la joven oficial a la mesa donde se encontraban ambos almirantes, Rick Hunter decidió pararse para regresar al SDF-3.

–Rick, espera… –dijo Lisa mientras intentaba detenerlo, sosteniéndolo del brazo.

–¿Qué ocurre? –preguntó intrigado.

–Necesito hablar contigo sobre una cuestión de índole…, personal. ¿Podríamos vernos más tarde? –preguntó Lisa implorando con sus ojos verdes.

Rick quedó algo perplejo por el cambio repentino en la expresión de la cara de Lisa.

Claro…–dijo suavemente.

–Hasta luego, Almirante Hunter –dijo Julie.

–Adiós, Teniente –se despidió cortésmente Rick. Luego se acercó a Lisa y susurrandole al oído le dijo:–. Estoy disponible para juntarnos a conversar cuando quieras, y también puedes contarme qué es lo que te tiene tan mal dormida. Intenta descansar…, Comadreja.

Lentamente y con dificultad se separó de ella. Había sentido el aroma a jazmín en su cabello cuando se acercó a su cuello para murmurarle al oído, y ese perfume tan característico de Lisa Hayes hizo que su corazón se acelerara. Comenzó a caminar a toda velocidad. Necesitaba alejarse rápidamente de allí, debía apartarse de ella. Sin su anillo de bodas en su dedo anular, Rick se sentía más vulnerable.

Cuando Lisa le recordó a Hunter que ella estaba a punto de casarse, Rick lo sintió como una bofetada bien merecida por idiota. Haga lo que haga, Rick siempre sentiría que él fué y será el hombre que más la había lastimado. Quizás su casamiento con su primer amor sea lo mejor para ella. El que Lisa intentara ser feliz con Riber, de algún modo, muy a su pesar, era algo entendible para Rick Hunter.

No le extrañaba que Hayes quisiera rescatar la vida que tuvo antes de la masacre de la Lluvia de la Muerte. Seguramente el estar junto a Riber despertara en Lisa ese pasado donde todo fue mejor, donde no existia el holocausto que destruyó la Tierra. Donde ella aún no tenía que preocuparse por batallas perdidas, o soldados caídos en combate. Donde Lisa era una bella y alegre joven dedicada a la música. Rick sabía que nunca podría competir contra ese pasado dorado, porque su pasado junto a Lisa estaba lleno de angustia, dolor, rechazo y humillación.

Es cierto que tuvieron momentos imborrables, como cada una de las veces que él le había salvado la vida, pero fueron momentos demasiado fugaces. En cambio Riber, tenía un periodo bastante largo del cual agarrarse, y así lograr atraer la atención del corazón de Lisa Hayes nuevamente hacia él.

Rick solo tenía recuerdos de fuego, muerte, desolación, discusiones acaloradas y reproches por dejarla siempre en segundo lugar, como la misma Lisa le había dicho hace un par de noches atrás. Un segundo lugar que Rick mismo permitió, al darle a Minmay el primer asiento, sin cuestionarse realmente si ese era el lugar que le correspondía ocupar a la egocéntrica y caprichosa cantante. Rick sabía que cualquier cosa que hiciera ahora en el presente, no podría jamás esconder o borrar el profundo surco que había provocado la más dura de las heridas en el sangrante corazón de Lisa. El la había abandonado cuando Lisa más lo necesitaba, dejándola sola a la deriva en el SDF-2. Es cierto que tuvo el apoyo de Vanessa, de Sammy e incluso de Archer, pero debía ser ÉL quien tendría que haber estado a su lado todos estos años. Nada ni nadie podría cambiar ese terrible reproche que Rick sentía a diario sobre sus hombros.

«Sé lo que no quiero», pensó Rick recordando su almuerzo con Sue Graham y su deja vu sobre Minmey. «Pero está claro que después de tantos años aún me cuesta entender qué es lo que sí quiero…», se reprochó a sí mismo Rick, recordando lo duro que fue conversar con Helena a corazón abierto la noche anterior…